EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

jueves, 30 de marzo de 2017

En política el ridículo es probable y no posee derechos de autor, porque como bien afirmó Discépolo no hay verdad que se resista frente a dos pesos moneda nacional..






Los que con sinceridad y convencimiento político aspiramos por un esquema político alternativo del actual modelo vemos con tristeza cada vez más alejada la posibilidad de no contar con Cristina Fernández como cabeza de proyecto.
Por fuera de cierta fragilidad operativa que se percibe en buena parte de la oposición, dependiente y temerosa del poder corporativo, tampoco observamos cuadros políticos con la suficiente talla para perfeccionar y profundizar lo realizado durante aquellos 12 años. Todos los nombres en danza se hallan muy alejados de poder captar ese voto kirchnerista puro que tanto mortifica con su existencia. De hecho muchos actores kirchneristas suelen tropezar con las musas mediáticas corporativas convencidos de ser las esperanzas blancas dentro del populismo.
La derecha y cierta progresía sueñan con aquello de que “muerto el perro se acabó la rabia”. La “intelligentzia” vernácula aspira que ante la imposibilidad de continuidad ejecutiva de nuestra líder se diluyan o cuando menos se atomicen los paradigmas políticos que la sociedad, mayoritariamente, ha aceptado y aprobado hasta no hace mucho con absoluta contundencia. Por ahora nada dicen sobre cómo harán para que esa porción del pueblo haga borrón y cuenta nueva de sus dichas. No resulta fácil que los pueblos olviden aquellos momentos en los cuales fueron felices. Acaso lo puedan logran a través de “efectos especiales” durante un breve lapso de tiempo. No pudieron con el Yrigoyenismo, no pudieron con el Peronismo, no podrán con el Kirchnerismo. Los pueblos profundos, los marginados por la patria formal, suelen ser muy agradecidos con los que atendieron sus demandas; ser tenido en cuenta forma parte de una hermosa condición humana, experiencia inolvidable que sólo es posible valorar cuando el estado de ausencia, olvido y abandono resulta la norma y el estatus corriente. Ausencia, olvido y abandono son las tres monedas que circulan en el presente. Más se estima al amor cuando éste decide licenciarnos. Pero volvamos a lo nuestro y dejemos que los poetas desentrañen los demonios del amor. Hace un tiempo, en pleno debate histórico-político con un apreciado vecino Guisasolense intercambiábamos opiniones con relación a la memoria de los pueblos. Hombre mayor, Peronista de Perón el hombre, estaba persuadido que el General aún era recordado con afecto por una gran porción de la población, no por bueno, sino porque todos los restantes fueron muy malos. No me atreví a contradecir su tesis porque la premisa estaba inspirada en dichos del propio General. Cuando terminamos la conversación y el hombre de Perón se retiro me quedé pensando que nadie ama por descarte, porque el peronismo no tiene adherentes, tiene amantes incondicionales y eso debe ser observado desde un prisma muy singular, no sólo a partir de lo estrictamente político sino también desde el campo de la sociología y acaso del humanismo. Sospecho que por fuera de modelos políticos sospechosamente modernistas jamás la “mass media” dominante logrará que aquel período inclusivo sea olvidado. No sólo está la historia formal para ello, también juegan la partida las historias mínimas de las personas que lograron sentirse formar parte de un colectivo patrio a partir de aquel 17 de Octubre. Por eso no nos puede llamar a sorpresa que muchos “topos” levantan su nombre para ratificar determinados significantes peronistas; aun, y sin que se les mueva un pelo de vergüenza  la propia “mass media” que lo derrocó lo hace.
Creo no equivocarme al sospechar que lo mismo sucederá con el kirchnerismo. Este período histórico fue tan potente, tan concluyente, desde los afectos y los desafectos, que resulta imposible que no deje huella en el tamiz. Hay grosores que quedarán por siempre enredados en el tejido. Por eso me parece estéril la estrategia y el diseño político del oficialismo. Más temprano que tarde se verán necesitados de seducir a ese colectivo duro, politizado, confrontativo, escrutador, populista; no se atreverán a excluir a Néstor y a Cristina de la contemporaneidad. Todos, aún en franca disidencia, deberán reconocer y no dudo alzarán sus respetos críticos al proceso evolutivo desarrollado desde le 2003 al 2015, una insurrección en paz, amplificadora de derechos, horizontal y democrática como nunca antes hemos vivido, un proyecto político y cultural que modificó una supuesta inercia que parecía inexorable.

Mordisquito afirmó hace más de 60 años..

“Sos el pasado que quiere volver por amor propio, sólo por amor propio (…)¿Y sabés por qué? Porque tu idea y yo sabemos que no debés volver. Y vos también, en el fondo de tu alma, aunque lo escondas, sabés también que no debés volver. Por decoro. Por recuerdo. Por historia. Sos la imagen del retroceso, de la injusticia, del hambre, del entreguismo. El pueblo lo sabe, porque lo padeció, que venís de viejos partidos que nunca hicieron nada en beneficio del pueblo que es la patria (…)¡Vos gobernaste! ¡No una vez, sino varias veces… y mal! (…)No creas que no te oí; bien claro que lo dijiste en una proclamación: «Y podemos asegurar a los obreros que si llegamos al poder las conquistas obtenidas no se perderán». ¿Obtenidas por quién? Por este gobierno. ¿Y si las obtuvo este gobierno, por qué te van a votar a vos? Has perdido hasta la sensación del ridículo” ...

Sin embargo lo que por entonces no pudo percibir el gran Discépolo es que el ridículo no posee derechos de autor y en ocasiones son los pueblos y sus horrores políticos los que pisan sus mismas y viejas huellas, poniendo al frente de las decisiones colectivas a los “particularistas”, perversos, mitómanos y psicópatas que para peor los espían por el ojo de una cerradura, tirándoles por abajo de la puerta solo dos pesos moneda nacional..




miércoles, 29 de marzo de 2017

Las finanzas son el protagonista indiscutido del capitalismo extractivo.


El mundo unificado por la regla dorada de la expropiación capitalista

Por Saskia Sassen,  profesora de Sociología de la Universidad de Columbia, y autora de varios libros, entre ellos “Expulsiones: Brutalidad y Complejidad en la Economía Global”, para Revista Sin Permiso

«Las finanzas son el protagonista indiscutido del capitalismo extractivo. Ha puesto, de hecho, a punto sofisticados instrumentos para conseguir beneficios en todos los aspectos de la vida social». Entrevista de Benedetto Vecchi en  Il Manifesto a la estudiosa estadounidense sobre las tendencias emergentes de la economía mundial.

La exclusión de partes relevantes de la población mundial de la vida activa es la triste realidad del presente y de los años por venir. Es la tesis de Saskia Sassen, socióloga de la globalización y de las ciudades globales, destilada en sus últimos libros [en edición italiana]: Territorio, autorità, diritti (Bruno Mondadori) y Espulsioni (Il Mulino). Y si el primero ofrece una reflexión sobre la relación dinámica entre lo global y lo local, el segundo analiza las características del capitalismo extractivo, categoría o figura de las tendencias emergentes de la economía mundial, en la que la expulsión de poblaciones del lugar en el que siempre han vivido, y el “land-grabbing” [“apropiación de tierras”] son elementos de una extendida práctica de apropiación privada de riquezas naturales y conocimiento.
Las expropiaciones de regiones africanas, asiáticas y hasta europeas para que sirvan a las empresas multinacionales agroalimentarias, el saqueo de los recursos naturales son elementos recurrentes en las crónicas del capitalismo extractivo. En esto son protagonistas las finanzas de una expropiación de riqueza que no tiene antecedentes en la Historia. Un análisis el de Saskia Sassen que delinea un futuro en el que la tendencia a la expulsión de la población tiene el contorno de un apocalipsis social.
La lectura de los ensayos recientemente publicados es testigo, por el contrario, a Saskia Sassen comprometida con oponerse a una lectura reduccionista de la globalización – un paréntesis destinado a cerrarse – para afinar, precisamente, la critica de un capitalismo extractivo al que no le gusta el aislacionismo y que se opone al nacionalismo económico. Entrevistarla es una aventura que alterna encuentros cara a cara (una de las veces que pasó por Roma) y un numeroso intercambio de correos electrónicos a fin de despejar el terreno de posibles equívocos.
Uno de los estribillos de los medios de comunicación reza que la globalización ha llegado a su término con el regreso al centro de la escena del Estado nacional. ¿Cómo interpreta esta fase de la economía global?

Estamos de lleno en una conmoción global, debida a la crisis económica y al reforzamiento del capitalismo que califico como extractivo, que está plasmando una nueva geografía del poder mundial. En esta nueva geografía del poder se han formado zonas intermedias entre lo global y local que han constituido el espacio en el que lo global y local han perdido la opacidad que los caracterizaba para convertirse en momentos distintos, pero interdependientes uno del otro. Son «espacios de frontera» que no tienen nada que ver con la geografía, pero son los lugares, las dinámicas que llevan a tomar decisiones, que arrastran el comportamiento tanto de las instituciones supranacionales como de las nacionales y locales. Con el tiempo, se han anulado saltado las viejas divisiones entre Norte y Sur del planeta, entre Este y Oeste, entre países centrales y países periféricos del capitalismo. Quede bien claro que no han desaparecido sino que se han anulado en el sentido de que ya no son centrales. No resulta, por tanto, relevante establecer si vuelve el Estado nacional, que ya ha sufrido transformaciones en el orden constitucional, en los equilibrios entre los poderes judicial, legislativo, ejecutivo para alinearse con las necesidades de la economía mundial. Ha cedido, por tanto, parte de la propia soberanía en un determinado territorio.
En el ejercicio de la gobernanza mundial son, en todo caso, centrales los  «espacios de frontera» a los que he hecho referencia. Se pliegan a sus deseos la soberanía nacional y las reglas definidas internacionalmente por lo que respecta a los flujos financieros, los derechos humanos, la defensa del medio ambiente. Contribuyen además a plasmar una nueva y todavía mudable división internacional del trabajo.

Donald Trump ha ganado las elecciones convocando al patriotismo. Señala a China y Europa como obstáculos de la economía estadounidense. Ha prometido repatriar el trabajo deslocalizado fuera de los Estados Unidos por las empresas norteamericanas. ¿Podemos considerar a Trump un presidente que quiere la desglobalización? ¿O de modo más realista, como el presidente del declive de los Estados Unidos como única superpotencia mundial?

Por el momento, no puedo decir si Donald Trump será el presidente del declive norteamericano. Es pronto para decirlo. Sé, sin embargo, que ha tomado decisiones peligrosas desde el punto de vista de su contenido racista. Nunca había imaginado que esto pudiera suceder, pero, en cambio, ha sucedido. En los EE.UU. vivimos una situación de desconcierto, de incredulidad que quizás tuvieron ustedes en Italia con Berlusconi: sólo que lo que hizo el líder de Forza Italia es un juego de niños comparado con lo que promete hacer Trump.
Sus posiciones disgustan a las élites liberales. Es cosa sabida, pero no podemos ignorar el hecho de que en un pasado reciente los liberales no se han opuesto eficazmente al incremento de la pobreza y que no han hecho mucho para asentar políticas en apoyo de la clase trabajadora y de la clase media, elementos todos que Trump dice, por el contrario, querer hacer valer.
En el libro Espulsioni el capitalismo extractivo se caracteriza por depredar las riquezas de una nación y abandonar luego el país. Esto podría estar bien por lo que respecta a algunos recursos naturales, el petróleo y otros recursos naturales. El discurso se vuelve más complicado por lo que respecta al “land-grabbing”, la biodiversidad, la propiedad intelectual. Pero si nos detenemos en los “Big data”, la tesis del capitalismo extractivo como brutal práctica predatoria se vuelve problemática. Facebook, Google, Amazon no abandonan jamás el terreno, porque los datos son productos de la actividad digital de hombres y mujeres….
El “land-grabbing”, la biodiversidad, la propiedad intelectual, las plataformas digitales pueden considerarse ciertamente ejemplos de capitalismo extractivo, pero son las finanzas el modelo emergente de capitalismo extractivo.
Las actividades bancarias ofrecen servicios, pero sobre todo prestan dinero y para esto hacen pagar intereses. Hasta aquí, todo normal. Distinto es, en cambio, el caso de los nuevos servicios financieros destinados a extraer valor de cualquier actividad económica, ya se trate de la producción, la distribución o la venta de bienes y servicios.
El corazón del estilo económico occidental ha sido testigo del desplazamiento de un paradigma en el que eran centrales la producción y el consumo de masas a una realidad en la que la capacidad de gasto de los individuos o las familias es objeto de atención por parte de las entidades financieras, que apuntan a explotar justamente esta capacidad de gasto para que produzca ingresos y beneficios. En años recientes se ha escrito y leído mucho acerca de la privatización de los servicios sociales, del crédito al consumo. Bien, las finanzas, extraen valor del consumo, del acceso monetario a la adquisición de servicios sociales, pero también de la  financiación de las empresas, de la Bolsa, de la deuda pública de los estados. Las entidades financieras han desarrollado sofisticados instrumentos para cada uno de estos aspectos y cuando el filón del valor se va agotando abandonan el terreno, indiferentes a la pobreza, a la implosión del vínculo social, incluso al fracaso de los estados nacionales. Es un cambio radical respecto al pasado.

Esta rapacidad de las finanzas tiene características nihilistas, ¿no cree?

Me interesa subrayar el cambio de perspectiva. El consumo ha sido siempre parte integrante del capitalismo, pero estamos frente a una radicalización de su papel. Otro tanto vale para la financiarización del Estado del Bienestar, que era en el pasado prerrogativa del Estado nacional. Ahora son los individuos y las familias los que deben comprárselo, endeudándose con las entidades financieras. Los estados nacionales han visto, sin embargo, incrementar su déficit y para evitar el colapso y el fracaso han recurrido a las entidades financieras. Esto significa que gran parte de los ingresos fiscales están destinados a pagar los intereses de la deuda. Estamos, pues, ante una forma extrema de capitalismo extractivo. Los instrumentos desarrollados, el “software” utilizado, los dispositivos puestos en marcha tienen de hecho que ver con todas las formas de capital. Esta es la dinámica que está cambiando la globalización de los últimos veinte años. No creo, por tanto, que estemos entrando en una  fase de desglobalización, sino en su transformación. El problema estriba en cómo imaginar respuestas a todo esto. Y en esto el retraso es inmenso. Pero no digo que sea imposible remediarlo.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/


lunes, 27 de marzo de 2017

“Cosas tenedes en Argentina”, le diría Alfonso VI a don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid


.. y en su momento parecía broma


ARGENTINA: BOFETÓN

Por Noé Jitrik, crítico literario argentino, así como autor de cuentos, novelas y ensayos críticos, literarios e históricos, para Revista Sin Permiso

En un momento de Los siete locos una súbita palidez invade el rostro de Erdosain: es cuando alguien, no sé quien, acaba de decirle algo humillante.
Una situación parecida se puede encontrar, y no falta quienes hayan hecho esa relación, en Humillados y ofendidos de Dostoievski, un maestro en eso de la humillación traducida por la palidez.
Y lo que en uno y otros ha provocado ese insoportable sentimiento es una especie de bofetón que no es físico, no es una mano que agrede una mejilla sino una frase hiriente, que, como lo haría la mano, pone en cuestión al ser entero, a lo que quien es objeto del agravio es como persona. De ahí el temblor, de ahí la palidez: el bofetón sería entonces lo antagónico del respeto que todo ser humano merece. 
Se puede imaginar lo que tal situación desencadena; algunos seguramente se someten, deben sentir que quien los humilla es un superior y que, en algún sentido, le han revelado una verdad, la verdad de su pecado o la pequeñez de su persona; otros enloquecen, no logran tomar distancia ni considerar lo que son y lo que hacen los humilladores y matan o se matan, es seguramente el caso de Erdosain, su grandeza como personaje, su pobreza como persona; otros se rebelan sordamente y preparan la venganza: esa operación puede ser de corta o de larga duración pero siempre será cruenta, el bofetón como deuda que se paga, la pagan quienes lo han propinado. 
Psicoanálisis aparte, esta situación es vivencia pura, lisa y llana y se puede registrar en los más diversos órdenes; valga como ejemplo el renombrado “bullying”, el trato a los homosexuales, el maltrato conyugal a las mujeres, el jefe de la oficina, el cabo primero, debe haber muchas situaciones más provocadas por los diversos tipos de bofetón. Pero la más importante no es individual sino política y social, véase sin ir más lejos ahora, en estos tiempos insólitos, el tremendo bofetón que está dando el delirante empresario norteamericano Donald Trump, incomprensiblemente instalado en la más poderosa presidencia del mundo, a los millones de inmigrantes, a los siete, por ahora, países musulmanes y, sobre todo, algo nunca visto, a México. Por supuesto que hay reacciones y respuestas, en los Estados Unidos y en México donde un registro permite verificar lo que señalé arriba acerca de las consecuencias. Humillación nacional, palidez que cubre el territorio entero y, por fortuna, reacciones, mucha gente no se quiere dejar humillar.
La espectacularidad de esa actuación –lo que ocurre en los Estados Unidos le importa a todo el mundo– oculta, quizás, los bofetones que se producen aquí, en este ahora atropellado país, en cantidad no menospreciable. Son bofetones de diferente alcance y naturaleza, a los intereses nacionales ante todo, al bienestar de la población después, al pensamiento y a la ciencia, incluso a la institucionalidad y a la legalidad y también al buen gusto y, para no hacer la lista larga, al propio lenguaje. En cada caso se pueden dar ejemplos pero no sólo el respetable público los conoce sino que darían lugar a un condenable énfasis, en esta situación uno se va de boca, la tentación es grande, y empieza a adjetivar y, ya se sabe, el adjetivo usado en exceso conduce ala depresión.
Pero no se puede ignorar que hay bofetones con ruido. ¿Cómo no tomar en cuenta los que no cesa de pegar la itinerante señora Bullrich que, hay que reconocerlo, se anticipó a las estrepitosas declaraciones del antiguo socio de Macri, viejos amores neoyorkinos, muchos negocios internacionales? Bolivianos, paraguayos, peruanos y otros, morenos inclusive, a temblar por el bofetón que les dio, tan sobria –es quizás una exageración– los calificó a todos, sin piedad, de traficantes y ladrones por parte baja, un verdadero peligro para la buena gente como ella que nunca medró ni traficó ni mintió, impecable su moral. Si pudiéramos escuchar de la propia boca de dicha señora el relato, que no va a hacer, de su cambiante existencia política aprenderíamos muchísimo acerca de lo que este gobierno, cuyas espaldas protege, se propone conseguir cuando humilla a tanta gente. El bofetón es, sin anestesia, para los inmigrantes, hermanos latinoamericanos y africanos hasta hace un poco más de un año, proveedores de frutas y verduras y del servicio doméstico, así como para el poco de color y sabor que estos humillados le dan a esa insípida sociedad de ricos y satisfechos que miran debajo de la alfombra si la criada pasó la aspiradora. 
Pero para bofetones hay para elegir desde el 10 de diciembre de 2016: el regalo a los buitres, el regalo a los sojeros, el regalo a los mineros, parece una lista de casamiento que culmina –seguramente no será el último, tampoco la quita a las jubilaciones lo será– con el que puede ser el peor, el intento de hacerle un regalo suntuoso a la familia Macri que, como se puede colegir, no es homónima de la del Presidente sino la del Presidente mismo. ¿A quien, sino por empezar al Estado y, de paso, a las necesidades y penurias proletarias y de clases medias les inflige el insultante bofetón? Todo lo que les falta a estos se le quiere dar a los que tienen todo y que lo han obtenido no de la misma manera en que obtienen lo poco que tienen aquellos a quienes se les saca. En fin, “cosas veredes”, expresión que aunque no sea del Quijote intenta expresar que esto no termina aquí y que “sorpresas te da la vida”.
Para que el bofetón no nos alcance razonamos; en mis conversaciones domésticas surge, debe surgir por todas partes, una pregunta insidiosa, ¿cómo es posible que puedan hacer lo que se les ocurra y no haya reacciones más potentes que las que, dada la significación que tienen los bofetones, son pocas, no atinan a hacerse, sorprendidos de que eso ocurra? El corralito cavallístico, si no recuerdo mal, arrojó a los depositantes contra las puertas cerradas de los bancos: la evocación de esas descargas de ira da lugar a una pregunta angustiosa: ¿no arrojan estos bofetones a los despedidos, a los pequeños y medianos industriales, a los jubilados contra las puertas cerradas de algo? ¿La sociedad entera está muda y pálida de humillación? No toda desde luego, hay quien grita y protesta, políticos, sindicalistas, científicos, intelectuales, día a día diversos sectores salen del estupor y pretenden no ser humillados, pero Milagro Sala sigue presa, bofetón gigantesco, el Gobierno hace todo tipo de contorsiones para que Macri se salga con la suya, los bancos y los importadores aumentan sus ganancias, el costo de la vida es una afrenta, hasta Tokio debe ser más respetuoso del bienestar de sus habitantes. Bofetones, no sé cómo llamar de otra manera, más elegante, de la que hacen gala los economistas macriofílicos o los presuntos filósofos, a tales tremendos bofetones, nunca vistos en la historia de las tristezas argentinas, ni en la década infame.
Mi interlocutor sobre el tema, Oliverio Jitrik, sugiere una interpretación: este país, contra todas las orgullosas creencias cuya edad es de dos siglos, no es, píldora que se han tragado todas nuestras burguesías, el más europeo de América Latina; por el contrario, es un lastimoso país bananero, pero no porque exporte bananas, exporta soja. No es una expresión despectiva endilgada a países aprisionados por lo que antaño se denominaba el imperialismo sino una manera de comprender la impunidad de los que se hacen cargo del gobierno y de las bananas, figuradamente, al mismo tiempo. Me evoca una figura que encarna a la perfección ese destino: Juan Vicente Gómez, el dictador venezolano que reinó durante 35 años: hizo lo que quiso desde el vetusto Palacio Miraflores; más o menos ilustrado, se le reconoce haber modernizado el país –no hizo construir bicisendas en Caracas pero sí aeropuertos–, haber colocado a toda su parentela –tuvo varias decenas de descendientes, entre hijos y nietos– en los puestos del Estado, haber abierto las importaciones y, por supuesto, haber entregado el petróleo y unas cuantas cosas más. Para bananero es suficiente, hubo otros semejantes en la desdichada historia de los dictadores latinoamericanos, siempre ostentosos y al mismo tiempo entreguistas, parece una ley de la naturaleza.
No soy el único en tener esta impresión; tampoco el único que siente que todas las medidas de este gobierno, económicas ni qué hablar, políticas, solapadas y revanchistas, culturales, anticientíficas y mediocrizantes, sociales, discriminatorias y persecutorias, son bofetones que me dan a mí y a millones de argentinos. ¿Qué? ¿Vamos a palidecer y someternos? ¿Vamos a enfermarnos o a salir a matar? ¿O vamos a recuperar el orgullo y a no dejarnos humillar?




sábado, 25 de marzo de 2017

Cambiemos la Clase Media..




Hace un tiempo afirmamos que la clase media, a la sazón de un futuro bienestar, no tendría problemas en no ver ciertas cuestiones debido a que estaría, primero asimilando y luego admitiendo por conveniencia su "necesaridad". Un 20% de desocupación o un 35% bajo la línea de pobreza serían considerados daños colaterales, o en su defecto serían gratamente invisibilizados, como ocurrió durante la dictadura y durante la segunda década infame, en donde los gobernantes primero peronistas y luego radicales no omitieron ninguna de las letras neoliberales, ni las grandes, ni las chicas. Esta derecha actual tiene la experiencia de la anterior y no cometerá los mismos desaguisados, aunque muchos de esos sectores medios hayan comenzado a exponer en las calles sus disgustos.

Hace décadas que el mundo está en una crisis terminal por goteo y siempre resuelve por derechas. Es más psicológico y sociológico que político. El feudalismo duró 700 años hasta que en su faz "evolutiva" se reconvirtió hacia el capitalismo, era más económico tener esclavos en comarcas lejanas proveedoras de materias primas que vasallos en los alrededores de los centros de poder. No me parece que haya sido una salida incluyente. Jamás se me ocurriría deslindar el contexto global de nuestras limitaciones. La cosa tiene que ver más con nosotros y nuestro "ser" esponja. Hasta qué punto nuestra clase media es quebrable por el sistema. Convengamos que hasta ahora y a pesar de todo lo nefasto realizado el ejecutivo la lleva cómodo. 

Hoy aún existe un grueso colchón adquisitivo que dejó el kirchnerismo en estos sectores medios, ingresos susceptibles de ser depurados “a piacere” por el neoliberalismo en tanto el discurso se haga carne: No eran derechos era una fiesta del despilfarro. Hay una mecánica comunicacional dominante que habla de despilfarro. El punto de inflexión de la reacción será cuando la clase media se de cuenta que la están esquilmando. Hoy por hoy esa baraja regulatoria la tiene el neoliberalismo con sus voceros. La salida de la segunda década infame se dio cuando les confiscaron los ahorros, diez minutos antes de este evento todo era invisibilizado, incluso el propio penar de su colectivo de clase. Por entonces yo estaba en el Banco Francés. En esos tres últimos años de aquel período, so pretextos "eficienticistas", globales y "reingenieriles" los despidos y los retiros bajo presión eran moneda corriente, Zanola bien gracias, y los laburantes asimilaban el hecho con total subsumisión como algo necesario muy a pesar de que estábamos en plena fusión con una de las entidades más poderosas del mundo financiero internacional: el BBVA, holding que no sólo se chupó al Banco de Crédito de Santibañez, al Francés de Otero Montsegur sino también a la Corp Banca cuyana, incluyendo un plan de expansión de sucursales que de a poco fue cerrando (¿Lavado de burbujas foráneas?). En ese momento aquel laburante de clases medias menospreciaba la marginalidad, la exclusión, la desocupación, la pauperización, la desindustrialización, se mostraba desinteresado sobre el Indec y sus estadísticas, no estaba en su agenda cotidiana hasta que le tocaron los ahorros que ese perverso y excluyente sistema les proveyó. 

Lo que me propongo con el presente texto es tratar de racionalizar su histórico y global comportamiento cuando estuvo de cara a gobiernos, democráticos, de facto o proscriptores, que sin pudores proponían la exclusión de una parte de la población y cómo esos gobiernos limitaron su accionar ante las demandas. Por eso afirmo que del neoliberalismo en ejercicio dependerá la superviviencia de su modelo. En otras latitudes tristemente "funciona". Es la pregunta del millón, ¿Tenemos que esperar que la injusticia nos toque?. Por eso considero que el mayor factor limitante que tendrá el neoliberalismo para plasmar su programa regresivo y de ajuste es su inteligencia en cuanto a su relación con ese mayoritario sector social.


Por lo visto una muy buena parte de nuestra sociedad no está interesada, en el marco de la coyuntura, que el modelo contenga, incluya. Estos amplios sectores se han subsumido a la tecnocracia financiera que proponen los Ceos gobernantes entendiendo que ésta merece de sacrificios humanos, siempre de otros. Si luego de este exitoso y potente shock pragmático e ideológico las clases medias logran estabilizar sus intereses prácticos, la alianza antes mencionada se solidificará y durará mínimamente hasta la próxima crisis, coyuntura que existirá en tanto y en cuanto el propio sistema no piense en su superviviencia, vale decir, tratar de no llegar a un diciembre del 2001. En el presente observamos a dirigentes políticos, sindicalistas, empresarios, antes oficialistas, hoy también, analizando las recetas del presente como las únicas posibles. Dicho esto la alianza ideológica transversal está en marcha y acomoda los melones a medida que el carro avanza sin ningún tipo de deconstrucción o análisis sobre las causas y los efectos de sus espasmos. 

viernes, 24 de marzo de 2017

A 41 años... Bayer, el “Ser” o el “Parecer” de Izquierda, por Rodolfo Braceli




Entrando al siglo XXI después de Cristo éramos un  agujero con forma de mapa, un conato de país que milagrosamente conservaba sus nueve letras del apellido. Este entretenido sitio había sido “rifatizado” con el fervor de la impunidad, saqueado más adentro que desde afuera, entregado obscenamente, loteado al peor postor en sus reservas energéticas, donado a rajacincha. Un poco más atrás, hacia mediados de 1976, este sitio fue desangrado, violado en sus vidas y en sus muertes al compás de una complaciente indiferencia civil, empresarial, ruralista, mediática, eclesiástica, indiferencia que por extendida y general ni disminuye un gramo en su criminalidad. El caso es que la violación de vidas y muertes no fue suficiente, encima se robaron criaturas desde la placenta, por cientos se las robaron. La cuestión es que aquí no quedaron ni los mástiles, desgracia con suerte, acaso aliviadora ¿Qué bandera hubiéramos izado?...
Aquí hay un emporio derechas y una manga de izquierdas, pero con una diferencia capital: las derechas son opciones camufladas en los grandes partidos. Hay derechas explícitas y derechas que no lo parecen. Estas y aquellas tienen un rasgo sólido en común: siempre se juntan, no descansan, ni en los días de guardar, y guardan siempre.
En cuanto a las izquierdas de la Izquierda: decir que esto es un archipiélago resulta en el fondo una especie de autoelogio. Observando la implacable coherencia de Bayer podemos advertir que aquí, a lo largo de décadas, las izquierdas han insistido en confundir estribillo con ideología. Entre la vanidad y el capricho, cada brote de izquierda o de progresismo se autodecapita antes, mucho antes de despuntar y probarse en gestión concreta. La pavorosa capacidad para el suicidio temprano hace que las izquierdas de esta presunta izquierda nacional no necesiten de enemigos. Al enemigo, vuelta a vuelta, le ahorra el trabajo. En realidad nuestras izquierdas no mueren jóvenes ni niñas, no pasan del conato, del presentimiento prenatal, son esquirlas de un cascote inocuo, esquirlas de ética intermitente.
En cambio Bayer ha hecho una ética de la ideología, moral que aflora constante y porfiada en sus escritos y en su hacer.
Sucede que padecemos por estos tierras una suerte desertores que sin embargo se las arreglan para figurar y estar al frente de los canto de utopía. Ya no se puede juzgar más a la piedra ni perdonarle nada, basta de echarle la culpa de la pedrada. Pienso y siento que muchos menos que pocos pueden afirmar por la mañana “yo soy de izquierda”. Eso “soy de izquierda” sólo se puede sostener al final del día, después de revisarnos la jornada, después de ver qué dijimos con las palabras y qué hicimos con las acciones, después de ver qué trecho hay entre nuestros dichos y nuestros hechos…


jueves, 23 de marzo de 2017

Partido de Coronel Dorrego: Boceto




Nos es que en el Partido de Coronel Dorrego no se sepa lo que ocurre, lo que sucede es que no son muchos los que se atreven a plantear cuestionamientos y debates puntuales, chequeo responsable mediante, desde la palabra política y el compromiso social. Tampoco creo que dicha conducta se deba a que estamos frente a una sociedad conservadora, más allá que en muchos aspectos demuestre comportamientos políticos afines con esa idea, los supuestos segmentos progresistas tampoco exhiben demasiado énfasis para desentrañar y explorar nuestros más evidentes secretos. Temo que la cuestión circula por distritos que es necesario desglosar detalladamente, tratando de adjetivar e indignarnos lo menos posible y brindándonos la posibilidad de comprendernos como colectivo actuante. No se trata aquí de plantarnos en el marco de un absurdo denuncismo, inconducente e inquisidor, menos aún colocarnos dentro de la atmósfera del “honestísimo”, ambas teorías no sólo resultan insuficientes y torpemente testimoniales sino además esconden un fraude superior: El no intentar comprender la complejidad de las relaciones humanas. De todos modos y valga la paradoja, algo de este formato resulta gratificante aunque más no sea de modo inconsciente: No existe la burda denuncia como método de hacer política; esto es muy sano, pero al mismo tiempo también nos permite descubrir penosamente que tampoco existen otras maneras de desarrollarla.

Pero vayamos al punto. Rompe a los ojos que una sociedad pequeña encierra interrelaciones humanas que están por encima hasta de los mismos compromisos y convencimientos ideológicos. Además lo que corresponde y lo que no se hacen profundas concesiones en función de aquel correlato mencionado. La ética no resulta un tema que desvela al colectivo social ya que el tamiz afectivo y las relaciones personales son las que priman en el ordenamiento. Es probable entonces que aquel foráneo, huérfano de vasos comunicantes históricos, pueda expresar con mayor libertad y entusiasmo cuestiones que el natural de la localidad no puede, no debe o ni siquiera percibe porque ha nacido, se ha criado y se ha desarrollado buenamente en el marco de aquella lógica. Lo dicho no significa que estemos frente a una sociedad de taxativo sesgo tribal cuyo código regente es un conjunto de leyes tácitas, no dictadas ni escritas, pero por todos asumidas. Me parece que es algo superior y bajo ningún concepto podemos, aquellos que venimos de la extranjería, tratar que la cuestión sea de otro modo por simple ejercicio de la racionalidad. Una racionalidad que nunca debe dejar de lado al corazón como bien nos aconseja el Oriental Eduardo Galeano. El Ser sentipensante lo suele llamar.

La gran pregunta que nos debemos hacer es porqué razón una sociedad cuya base de sustento es la interrelación afectiva (la de nos conocemos todos), esa misma que provoca cierta cuota de complicidad, es tan dura con sus propios hijos, es tan poco integradora, está tan dividida por egoísmos que aparentemente son determinantes, cuestiones que mucho tienen que ver con una historia recordada a medias. De todos modos es notable percibir que a pesar de las tensiones reales y palpables la sangre nunca llega al río y que los límites de esas tensiones están muy bien contendidos por el entramado social. Se me ocurre inferir que esa propia característica es la que sintetiza el dilema: la lógica de la gran familia. Esa misma lógica que provoca integraciones parciales de clanes afines en detrimento de otros conjuntos consanguíneos no afines pero que en algún sitio puntual del distrito encuentran coincidencias comunes, esas que permiten que la delación no se constituya como un fenómeno.

En este sentido observo que los foráneos, cual antropólogos, corremos con ventajas enormes a partir de la ausencia de esos vasos comunicantes y limitantes a la vez. Eso no implica que ostentemos percepciones más respetables que las del resto de la población. Cada uno de nosotros también porta subjetividades que no se pueden ni se deben soslayar; el tema siempre pasará por blanquear desde qué lugar del mundo de los intereses uno dice lo que dice.

¿Estamos entonces frente a una sociedad cobarde como recurrentemente solemos afirmar y aceptar? Estimo que no. Me acerco a calificarla como acostumbrada (resignada tal vez) que no es lo mismo, y ese acostumbramiento o esa resignación nada tiene que ver con el conservadurismo y menos aún con la ausencia de arrojo. Considero que esa habitualidad, ese acostumbramiento, está determinado por factores internos pero más aún por factores externos. Existe un marco geopolítico y económico nacional y hasta internacional, si se afina el lápiz, que hace varias décadas viene minando la subsistencia de los pequeños centros urbanos rurales, variables sociales en muchos casos inducidas por determinadas políticas que tienden a la urbanidad centralista pero también potenciadas por patrones propios de comportamiento (elecciones de vida). Para el sistema siempre va a ser más económico administrar cuatro importantes y complejos centros de salud en una metrópoli que tener que asumir el costo de gran cantidad de hospitales situados en cada una de esas pequeñas localidades. Hablo de costos fijos. Reingeniería se llama el paradigma. De modo que los procesos que tienden a la despoblación de nuestras localidades circulan por una calzada de doble mano.

Hasta que no se activen políticas y procesos para agregarle valor a la producción primaria es improbable que exista desarrollo genuino y crecimiento en el Pago. El trabajo nunca aparece por voluntarismo ni por generación espontánea, se necesitan decisiones e imaginación al respecto. Cosa que no solamente nos cabe como colectivo comarcal, también intervienen decisiones políticas macroeconómicas de índole provincial y nacional. De todas formas nada garantiza que el éxito en esa dirección finalice resultando un proceso de definitivo crecimiento. Si ese embrionario intento no es acompañado por el necesario complemento de los servicios, Coronel Dorrego se convertirá en una suerte de barco factoría que irá a buscar en otros puertos lo que a bordo no tiene. De modo que repensar el distrito, rediseñar el distrito políticamente es la primera de la urgencias para poder modificar la inercia.

No me cabe dudas que tenemos una enorme oportunidad para salir de nuestro acostumbramiento y resignación si intentamos leer y comprender con sumo detalle las problemáticas reales, los intereses colectivos y los egoísmos legítimos, potenciando ese SER sentipensante, dejando de lado el cómodo perfil tribal que promueve una estructura de clanes que no solamente discrimina sino que automáticamente afirma una tendencia excluyente que hace que buena parte de la comunidad no se entienda incluida y en consecuencia no sienta identificación con el terruño; a la postre una sociedad segmentada sin excusas en donde parte de la misma no intenta desentrañar aquellos secretos evidentes por cuestiones de pertenencia y conveniencia, mientras que la otra efectiviza idéntica conducta pero motorizada por el desinterés.

Nadie dice que es fácil la tarea y menos aún que la misma dependa exclusivamente del ejecutivo gobernante. Cada uno tiene una cuotaparte para ofrecer, siendo éste el verdadero dilema del asunto. ¿Cuánto de cada uno de nuestros egoísmos individuales somos capaces de resignar a favor del colectivo social? Se trata entonces de solidificar una estructura solidaria, no caritativa. La caridad no deja de ser un evento individual espasmódico y puntual motivado por una razón específica, la solidaridad es un evento colectivo que tiene la sana pretensión inclusiva de acotar el grado de necesidades, entendiendo a estas como un legítimo derecho. La diferencia es abismal muy a pesar que se suelen elevar ambos conceptos como equivalentes con suma liviandad. La real diferencia la puede establecer el mismo Estado en su faz  sentipensante propiciando políticas solidarias a partir de la democratización de variables que hasta hoy se manifiestan veladamente enquistadas.


Conclusión:

Sospecho que los requerimientos, los pesares y las quejas mediáticas de nuestra población no transitan los senderos del rompimiento, que se quede tranquilo nuestro establishment vernáculo, ni siquiera se le discute políticamente el poder, nunca la revolución partirá desde Coronel Dorrego, hasta nuestros cuadros más extremos e ideologizados de la izquierda son bastantes sumisos y timoratos cuando limites internos se trata, pululan los fronterizos, escasean los fronteras. Lo que solicita el excluido es ser incluido, ser arropado buenamente dentro de un colectivo sentipensante que acepte las disímiles percepciones que se tienen de la realidad, democratizando de ese modo sus actitudes. El excluido desea ser incluido no sólo para gozar de los beneficios colectivos de la renta sino también para colaborar en la construcción del edificio dorreguense. Nunca se podrán lograr esos objetivos con posturas sectarias y tribales lindantes con el canibalismo social. La generosidad como concepto, la honestidad intelectual como sustento, la apertura democrática como mecanismo. Tal vez si intentamos abandonar la pretensión que una futura calle lleve nuestro nombre o que nuestra imagen se vea reflejada en tal o cual foto comenzaríamos a confiar nuestras más secretas ilusiones en el conjunto del colectivo social.


martes, 21 de marzo de 2017

A esta mujer la vida todavía le reclama. Del libro Esta Mujer de Juan Montes



Aún así, y a pesar de todo la vida le reclama.
Aún, después de dar el alma, los hijos, el marido, la vida le reclama más.
Aún, después de haber transitado las más espinosas cumbres, la vida le reclama más cosas.
Aún después de haber puesto su voz en el silencio, su sentido en la piedra, su pensamiento en el vacío, la vida le reclama más cosas todavía.
A ella, a la mujer enérgica, la del carácter fuerte, la del hablar seguro, la vida le reclama.
Le reclama las cosas más sencillas, las que parecen más triviales, las que resultan menos transcendentes: los gestos blandos, las miradas del alma, el abrazo sentido, las palabras humildes, la oración básica, sujeto y predicado, con que se habla a la gente que gusta de novelas, que no lee los diarios y disfruta de músicas románticas.
A ella, la coqueta, la mujer de buen gusto, la que hace culto a la rigurosidad de los detalles, que le gusta la ropa, los zapatos, como a cualquier mujer, que no se muestra siquiera con un mechón desalineado, la vida le reclama.
Le reclama la frescura del rostro, sus pies pisando el césped con rocío, su humildad, su ternura.
Ahora la vida va por más, va por ella, por la que habita debajo de los trajes, por la que se despeina como toda mujer y a la cual, como a toda mujer, también le duele la cabeza y se le hinchan los pies y come chocolates a escondidas.
Y ella sabe, ella entiende que allí guarda la llave del consenso, del amor de la gente más sencilla. Esa gente sencilla que necesita no sólo de políticas para querer al hombre o a la mujer que manda. Esa gente que quiere ser tocada por su transpiración, que amaría sin límites si aceptara tomar un mate.
Y ella quiere. Lo sabe. Ella tiene escondida a la mujer sencilla que teme vulnerar. Y la resguarda detrás de la mirada austera, y la protege debajo de las máscaras, y la quiere sacar, pero le gana el temor a que la vean frágil. Quiere. Pero le cuesta, está más allá de sus manos ese mundo. Y se pregunta...
¿Cómo hacías, mi amor, cómo hacías para desanudarte la corbata y andar desalineado? ¿Cómo hacías mi bien, cómo lograbas caminar entre la gente por esos barrios que te amaron, cómo podías sentarte a tomar un cafecito en cualquier bar cercano a la Rosada? ¿Cómo hacías, querido del alma, para hablarle sencillo al corazón del hombre?





lunes, 20 de marzo de 2017

A propósito de Felipe y del fallo que avala la actuación del INDEC en tiempos de Cristina, un moderno Macchiavello afirmaría: El fin justifica “A” los medios


... esto nos lleva a la conclusión lo fáciles que somos como sociedad... Debe ser por eso que la complejidad y el pensamiento crítico tienen mala prensa... 



Uno tiene la extraña sensación cuando escucha a los periodistas y a los políticos alineados con el oficialismo que al exponer sobre la realidad y el Gobierno Nacional lo hacen hablando de ellos mismos. La imaginación, la ficción y la fábula sólo pueden provenir de un segmento extremadamente subjetivo que poseemos en nuestro interior. Creaciones propias a partir de íntimos “infiernos” diría un escritor. Un doble mecanismo labora en la cuestión: los deseos personales para que determinados eventos ocurran del modo deseado y nuestras propias conductas individuales, vale decir, lo que nosotros somos capaces de fantasear es muy probable que en algún sitio de nuestro subconsciente veamos como potable de realizar. Muy a pesar de la realidad los antagonismos suelen exhibir imágenes difusas, por lo cual tranquilamente se puede afirmar que una Presidente elegida por el 55% de la voluntades en comicios libres y democráticos se transforme en autócrata (persona elegida por ella misma), y como tal en dictadora, sólo porque así deseo pensarlo, más allá que todos los elementos insistan en mostrarnos que no es así. La historia de la humanidad está plagada de mártires, víctimas de la subjetividad, damnificados por ficciones y deseos de terceros, de modo no nos puede causar sorpresa la estigmatización recurrente en la que caen nuestros adversarios centralizados, cual fundamentalistas, en la figura de nuestra líder.

Si de ficciones hablamos cualquiera tiene derecho desde el arte a elaborar creaciones propias. En lo personal valoro por sobremanera dicho género literario y más cuando de notables plumas se trata. El problema radica cuando el análisis político, económico y social comienza a confundirse con tan ilustre sendero poético. Dicho de otro modo, cuando se le pretende dar a la ficción entidad de realidad y por ende de certeza histórica. Lo que sospechamos a partir de nuestro imaginario lo trasladamos como hipótesis, de ese modo su publicación editorializada comienza a formar parte de la opinión pública simplemente porque tuvo la oportunidad de ser divulgada en medios de difusión masivos.

Si Thomas de Quincey hubiera publicado su extraordinaria novela Del Asesinato Como una de las Bellas Artes en un suplemento policial cual si fuera una editorial seriada, es muy probable que parte de la opinión pública le hubiese otorgado al texto rango de apología y de ese modo su temática ostentaría en el presente un falso velo de hipótesis. “Eso de matar encerraba por entonces cuestiones artísticas nada desdeñables”. De todos modos nada nos hace pensar que si tal cosa lindante con el absurdo se daba, millones de desprevenidos podrían llegar a consentir en la actualidad que en el Reino Unido de principios del siglo XIX tal cuestión era aceptada socialmente. Por suerte el notable autor Inglés nunca creyó que su ficción formaba parte de la realidad tangible. Si de su realidad como artista, no como ensayo social.

Hoy notamos que mediocres escritores, sumamente imaginativos pero bastante desdeñables desde la prosa, nos presentan sus cavilaciones internas con formato de ensayo, y no desde la ficción. Publican sus libros y sus textos en los suplementos políticos, sociales o económicos de modo presentarlos como testimonios de la contemporaneidad, simples conjeturas personales que deberían participar de antologías literarias y no formando parte de apéndices analíticos.

¿A qué o a quién responsabilizar de tal situación, de tal confusión?

En primer lugar otorgarle cierta responsabilidad a nuestra cultura judeocristiana sería un buen comienzo. La Biblia es un buen ejemplo del asunto. Texto cuyas historias tienen entidad de documento taxativo. Tanto el nuevo como el viejo testamento contienen asertos que muy difícilmente ingresen dentro de los senderos de la refutación y el debate desde la historicidad aún a instancias de párrafos cuya verosimilitud resulta del más burdo imaginario. De modo que culturalmente estamos predispuestos para aceptar fraudes intelectuales como cuestiones fehacientes. Si es posible aceptar mansamente la virginidad de María o que un hombre con sólo elevar un báculo hacia el firmamento posea la potestad de separar las aguas de un río, cuántas razones culturales habría para no asumir que mediante la falacia y el embuste es posible construir a un demonio contemporáneo. Podría afirmarse que una buena parte de nuestra estructura intelectual necesita del embeleco engañoso para sobrevivir, para convencernos de nuestro propio imaginario. Acaso que otra cosa encierra la fe. Diezmo mediante, es posible construir a partir de la debilidad, del amor, la carencia, el odio, el sectarismo, la discriminación, el fanatismo. Durante la Edad Media y parte del Renacimiento, estamos hablando de varios siglos, la Inquisición no sólo fue un sujeto religioso sino además un sujeto político que estableció un relato satánico hacia todo aquello que no estuviera dentro de los cánones vaticanos.  Solamente algunos pocos artistas y científicos trataron de sobreponerse a tal oscurantismo. El precio pagado en vidas fue elevadísimo debido a que la política estaba en consonancia con el relato instalado por el poder real.

Otra parte de la responsabilidad la tienen los editores de los medios de comunicación. De alguna manera ellos son los que determinan que ciertos relatos de ficción ostenten entidad editorial. Esa extraña miscelánea que implica la construcción de un imaginario para favorecer propios intereses. Manejar la información, acaso crearla, escindir la parte que me desvela porque el todo que me incomoda, o directamente mentir, lo que vulgarmente se llama operar.

Hoy podemos ejercitarnos a través de los antecedentes profesionales de cada autor y de cada medio; y aquí nos cabe una buena parte de responsabilidad. La verdad y la mentira están al alcance de la mano, ni siquiera debemos ir tan lejos en el tiempo; sólo estamos obligados a ejercitarnos en la lectura de esos mismos relatos para hallar las muescas que irrefutablemente marca la tangible realidad. Y no hablo de contradicciones, hablo directamente sobre cuestiones inexistentes que originaron delicados conflictos que en algún caso intentaron condicionar y hasta conspirar contra el mismo contrato social: La Democracia.

La incidencia de la opinión publicada en la opinión pública no se puede minimizar, lo que automáticamente debería determinar que los receptores eleven sus defensas a partir de ese fundamental ejercicio. En el año 2011 fracasaron de cabo a rabo montados en el éxito del 2009. Temo que en su oportunidad el antagonista subestimó al pueblo reiterando recetas. Sospecho que aprendida la lección intentarán modificar las estrategias comunicacionales, cuestiones que estamos percibiendo con una crudeza inusitada. Si bien las ficciones planteadas son las mismas, los modos y las formas han potenciado sus signos de virulencia.

Un sistema electrónico, para poder funcionar eficientemente, necesita que cada componente reciba los impulsos y la información adecuada para cumplir con su rol dentro del mecanismo. A la par cada microelemento tiene sus capacidades de reacción ante la contingencia; la verdad tecnológica, si se me permite la desmesura. ¿Qué ocurriría con ese mecanismo si comenzamos a incorporarle elementos fraudulentos, ficcionales, engañosos? La respuesta cae de maduro. No funcionaría o en el mejor de los casos operaría durante un tiempo hasta que las demás piezas de entramado mecánico se vean afectadas.
Algo similar ocurre con el sistema democrático y lo vemos claramente en varios países europeos. La falacia mercantil y financiera están incorporadas al mecanismo social por medio de la ficción mediática, de ese modo las personas no escogen en función de sus propios deseos, lo hacen a favor de un sistema que privilegia intereses corporativos, muy alejados de las necesidades colectivas.

Sobre la base de lo dicho ¿Cómo distinguir a un analista de la realidad honesto intelectualmente, que dice desde dónde habla, por sobre los encantadores que editorializan deseos propios?

Como primer ejercicio si deseamos acercarnos a la verdad resulta inevitable como receptores despojarnos de nuestros propios deseos. Eso no implica abandonar las subjetividades. Todo lo contrario. Este sencillo ejercicio no evitara caer en las redes de las ficciones que generan los deseos ajenos. Si en la coyuntura se afirma que se acabó la fiesta y nada será como fue hasta el 2011, qué era lo que criticaba entonces: ¿El incipiente proceso industrializador, la AUH, la distribución de la riqueza, la nacionalización de los fondos de pensión, la recuperación de YPF, la inclusión de los sectores más postergados, los aumentos bianuales de las jubilaciones y pensiones, las paritarias? Justamente cuestiones que en el marco de la coyuntura internacional son instancias que indudablemente menguan el impacto de la debacle.

Tanto nosotros como los Gobiernos, en todas sus  jurisdicciones, merecemos que los análisis políticos se construyan a partir de la realidad y no de la ficción. A los poderes en ejercicio les será de utilidad para corregir sus erratas y pendientes, a nosotros para comprender que la vulgar linealidad conceptual conspira contra el colectivo. La facilidad es mala novia, de modo que otorgarle crédito a todos aquellos que simplifican la coyuntura proyectando sus propios deseos es, fue y seguirá siendo responsabilidad nuestra.

Para finalizar una breve reflexión: Como las viudas negras te sedujeron con sus sofismas y falacias. Caíste en la red, les creíste y ahora resulta que no solo la metodología utilizada para medir el IPC, la inflación, ligada al CER, durante la gestión Moreno, no merece objeciones sino que además este fallo beneficia enormemente al actual gobierno, cuyos integrantes motorizaron la mentira tejiendo esa telaraña. Estás a punto de sentirte un boludo por milésima vez en un año y medio, sin embargo eso no te hace mella ya que está en tu naturaleza biológica ser carne de caníbal.

Aquí la crónica sobre el fallo:




domingo, 19 de marzo de 2017

Seguramente en el futuro no se discutirá el dato duro de que partir de 2003 la economía y la industria, experimentaron uno de los procesos de recuperación más importantes de su historia... Peeero..



La Industria que supimos CONSEGUIR

Por Claudio Scaletta, Economista y Periodista para Le Monde diplomatique (Fragmento)


Nota completa en




Crecimiento con transformación inconclusa

Seguramente en el futuro no se discutirá el dato duro de que a partir de 2003 la economía y la industria, experimentaron uno de los procesos de recuperación más importantes de su historia, apenas interrumpido por la crisis internacional de 2008-09, y que se extendió por lo menos hasta 2011, momento a partir del cual comenzó a operar la restricción externa. Para 2012, el PIB industrial había crecido el 110% desde la crisis de 2001 y el empleo sectorial el 60%. Durante el período, las exportaciones de manufacturas de origen industrial se multiplicaron casi por 4, con un crecimiento del 284%, mientras que las de origen agropecuario aumentaron el 244% .
Las ramas de insumos básicos, como aluminio, petroquímica y siderurgia, mantuvieron su buen desempeño, pero también se reactivaron sectores afectados durante el ciclo 1976-2001, como astilleros, metalmecánica, plásticos, bebidas, textiles, química y gráfica. Se impulsaron ramas no tradicionales, como el software, y producciones regionales como la avícola, jugos cítricos y biocombustibles. También se sumaron sectores “nuevos”, como biotecnología y genética, y se registraron avances en agroquímicos, productos farmacéuticos, maquinaria agrícola de precisión y equipamiento médico. Con un activo apoyo estatal se revitalizó el sector nuclear a través de la inauguración de Atucha II, la extensión de Embalse y la producción de agua pesada y el enriquecimiento de uranio, además de los satélites y los avances en la industria aeronáutica.
Pero también hubo claroscuros. El dato más crítico fue que no existió un cambio estructural, en el doble sentido de un aumento del peso relativo de la industria en el producto y de resolución del problema cíclico de la restricción externa. Salvo en el período inmediato posterior a la crisis, no se registraron saltos importantes en la participación del PIB industrial sobre el total.
La relevancia estructural y de largo plazo del déficit de divisas demanda detenerse brevemente en los sectores más críticos. El primero es el automotor. En la década del 70 se producían poco menos de 200 mil unidades anuales, pero la integración nacional llegó a ser casi total. Durante la década pasada se produjeron medio millón de unidades en promedio, pero con una integración local que se redujo a menos del 20%. El vuelco importador fue el resultado de un cambio de estrategia de las multinacionales. Desde fines de los 80 se había optado por ampliar la escala del mercado vía la integración económica con Brasil y la construcción de plataformas productivas regionales. Esta nueva estructura, que se extendió también a las proveedoras, se tradujo no sólo en la resignación de ingeniería y capacidades locales, sino en un déficit comercial que, en la década pasada, promedió los 4.200 millones de dólares anuales. Esto hizo que cuanto más creciera la producción más aumentara el déficit. El dato central es que las automotrices locales se volvieron ensambladoras de una plataforma regional que permite a las multinacionales aprovechar los mercados internos altamente protegidos del Mercosur.
El segundo caso, aun más dispendioso, fue el de las armadurías de la electrónica fueguina, cuya integración local escasamente supera el packaging. Allí también unas pocas empresas recibieron subsidios multimillonarios. En 2012 el costo fiscal por cada trabajador ocupado en las ensambladoras fueguinas era de 700 mil pesos anuales. Entre 2010 y 2013 las compras al exterior del complejo pasaron de 2.100 a 4.500 millones de dólares, es decir del 3,7 al 6,1% de las importaciones totales.
En términos generales, para 2010 el rojo de divisas total del sector industrial fue de 6.000 millones de dólares. Para 2011-2013 el desbalance había saltado a más de 13.000 millones anuales. Haciendo foco en 2013, el peor año, se observa que mientras el sector alimenticio realizó un aporte positivo al balance de divisas de 6.300 millones de dólares, el resto generó un déficit de 21.800 millones. De ese rojo, el 38% correspondió a la industria automotriz y el 34% a la electrónica, maquinaria y equipos.
La mirada de conjunto muestra que a partir de los 2000 se aprovechó el desendeudamiento público y privado y la abundancia de divisas emergente de los buenos precios internacionales de los commodities para impulsar el consumo. Si bien no existió una planificación sectorial deliberada, hubo señales arancelarias (retenciones) en favor de las manufacturas que no siempre rindieron los frutos esperados. Existió una fuerte protección que, de la mano del consumo, favoreció a sectores como indumentaria. Se mantuvieron los regímenes especiales, como el automotor y la electrónica fueguina, con pocas exigencias y resultados muy deficitarios. Volvió a utilizarse el “compre nacional” para impulsar sectores de alta tecnología, lo que permitió recuperar capacidades tecnológicas propias en el área nuclear y satelital.
En infraestructura el avance fue relativo. El déficit vial quedó pendiente y las inversiones en ferrocarriles se demoraron hasta el final del período. Lo mismo puede decirse de la tardía recuperación de YPF y de la falta de transformación de la matriz energética, que profundizó su dependencia de los hidrocarburos y contribuyó fuertemente a la restricción externa partir de 2012. La inversión pública no estuvo a la altura del crecimiento alcanzado.
Estos datos permiten adelantar unas pocas conclusiones muy generales.
En primer lugar, con el crecimiento no alcanza. Toda la experiencia local desde los inicios de la industrialización sustitutiva parece gritar que sin la conducción y la planificación del Estado no hay desarrollo, entendido como transformación cualitativa de la estructura productiva para alejar la restricción externa. Prácticamente no existen sectores industriales que hayan surgido por señales de mercado o como consecuencia espontánea del crecimiento.
Pero al mismo tiempo, como demuestran las experiencias de la industria automotriz y las armadurías de electrónica fueguina, el Estado también puede hacer muy malas elecciones: deficitarias, sumamente costosas y con nulo o casi nulo efecto multiplicador.
Finalmente, no es posible pensar integralmente la economía ni los sectores manufactureros sin proponerse contribuir también a alejar la restricción externa. Las industrias que no pueden reducir su déficit en divisas son inviables en el largo plazo, por lo que la creación de empleo en el corto no resulta un argumento estable para justificarlas. La función de la industria es crear riqueza y reducir su déficit de divisas, es decir, crecimiento con estabilidad de largo plazo.


El presente


El crecimiento de los doce años de kirchnerismo acumuló tensiones que se agudizaron con la reaparición de la restricción externa a partir de 2011. En perspectiva histórica volvió a verificarse el dato fáctico de que el déficit de divisas suele ser acompañado por un cambio de régimen económico, en este caso marcado por el ascenso de Mauricio Macri. El problema a analizar reside en la naturaleza del ajuste subsiguiente. Siempre haciendo foco en las manufacturas y dejando de lado los juicios de valor, pueden tomarse como fuente los datos conocidos, que son dos.
El primero, externo, es un ciclo internacional con presiones liberalizadoras en el que los principales núcleos dinámicos tienden a cerrarse sobre sí mismos. Estados Unidos evalúa procesos de reshoring, es decir, de recuperar fronteras adentro procesos productivos que había exportado en la búsqueda de reducir costos de mano de obra. China, en tanto, nunca dejó de avanzar en su integración productiva: así como integró su siderurgia, lo mismo hace con el resto de los sectores. Hoy, por ejemplo, ya importa más porotos de soja que aceite. Resulta cada vez más difícil pensar dónde están las complementariedades míticas de las “cadenas globales de valor”.
El segundo dato es interno. El énfasis discursivo del nuevo gobierno se centra en la competitividad y la apertura más o menos gradual “al mundo”, es decir al orden neoliberal y financiero. Si bien no cree en los instrumentos tradicionales de la política industrial, sí estableció señales de mercado para algunos sectores con ventajas competitivas estáticas: la agroindustria, la minería y la energía, para las que eliminó retenciones y subió precios en boca de pozo. También generó condiciones favorables para el giro de utilidades de las firmas multinacionales.
En este escenario es posible predecir que, si se logra estabilizar la macroeconomía, florecerán las industrias vinculadas a estos sectores tradicionales, como la química que produce fertilizantes. Firmas tecnológicas como INVAP ya comienzan a pensar en la reconversión a las energías renovables o en la provisión de equipamiento para la industria petrolera. No está claro si se seguirán exportando reactores, pero para el sector nuclear será mejor reorientarse a las áreas médicas. Al igual que durante el ciclo de desarticulación neoliberal, las industrias básicas monopólicas creadas en los 60 y 70 no enfrentarán mayores turbulencias bajo el gobierno del PRO. Lo mismo ocurrirá con sectores asentados y con mercado interno protegido, como la industria farmacéutica. Seguramente sectores altamente deficitarios, como el automotor, se verán compelidos a realizar un ajuste por la caída de la demanda. La subsistencia del régimen fueguino seguirá dependiendo de lo que siempre dependió: su capacidad de lobby. Las ramas intensivas en mano de obra, menos productivas por definición, como textil y calzado, se contarán entre las más afectadas.
En términos generales se reducirá la industria liviana, se mantendrá la básica y podrían retroceder el conjunto de experiencias, saberes e instituciones que integran el sistema nacional de innovación. No está claro todavía si en algún momento el desarrollo de la infraestructura a través del impulso a la obra pública, que tracciona muchos sectores, se convertirá en realidad. Tampoco si habrá una transformación que permita alejar el horizonte de restricción externa. Por ahora, el presupuesto elaborado por el gobierno prevé la continuidad del déficit comercial, lo que supone una dependencia inestable de los capitales internacionales. En este contexto, las únicas estrategias que resultan claras son el endeudamiento externo y la espera al ingreso de capitales que refuercen los sectores tradicionales. Mirando la historia, no es difícil intuir que la economía y la industria local se desenvolverán nuevamente en el marco conocido del desarrollo dependiente.

Fuente: Le Monde diplomatique