EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

jueves, 31 de marzo de 2016

LA ROLANDO RIVAS ANDA A LAS PUTEADAS… A UBERIZAR, A UBERIZAR…. SILICON VALLEY AL RESCATE DEL NEOLIBERALISMO



La uberización del mundo y lo que se viene..

Por Evgeny Morozov para Le Monde diplomatique


Al convertir a particulares con vehículo en choferes ocasionales sin estatuto, la sociedad Uber no sólo logró enfurecer a los taxistas profesionales de distintas partes del mundo: su nombre simboliza hoy el vínculo entre las nuevas tecnologías y la precarización laboral. El éxito de los gigantes de Silicon Valley va de la mano de una ola de desregulaciones.
ace ya casi diez años que somos rehenes de dos conmociones. La primera es producto de Wall Street; la segunda, de Silicon Valley. Uno y otro se complementan de maravillas en el papel del policía malo y el policía bueno: Wall Street predica la penuria y la austeridad; Silicon Valley exalta la abundancia y la innovación.

Primera conmoción: la crisis financiera mundial, que terminó en un salvataje del sistema bancario, transformó al Estado social en un campo de ruinas. El sector público, última muralla contra las avanzadas de la ideología neoliberal, quedó mutilado, o incluso completamente aniquilado. Los servicios públicos que sobrevivieron a los recortes presupuestarios tuvieron que aumentar sus tarifas o se vieron obligados a experimentar nuevas tácticas de supervivencia. Así, algunas instituciones culturales, a falta de una solución mejor, debieron apelar a la generosidad de los particulares recurriendo al financiamiento participativo: como las subvenciones públicas desaparecieron, no les quedó más elección que entre el populismo de mercado o la muerte.


La segunda conmoción, en cambio, es bastante bien vista. En este caso, en el que se trata de digitalizarlo todo y conectarlo todo a Internet –un fenómeno perfectamente normal, según los inversores capitalistas–, las instituciones deben escoger entre la innovación o la muerte. Silicon Valley asegura que la magia de la tecnología va a deslizarse muy naturalmente hasta el más mínimo rincón de nuestras vidas. Oponerse a la innovación equivaldría entonces a renunciar a los ideales de la Ilustración: dirigentes de Google y de Facebook, Larry Page y Mark Zuckerberg serían los Diderot y los Voltaire de nuestro tiempo, reencarnados en empresarios tecnófilos y asociales.


Pero se ha producido un fenómeno extraño: llegamos al punto de creer que la segunda conmoción no tenía nada que ver con la primera. Así se ha podido presentar el auge de los cursos en línea (los MOOC: Massive Open Online Courses) sin hacer referencia a las reducciones presupuestarias que, al mismo tiempo, golpeaban a las universidades. ¡No, la fiebre de los MOOC no era más que la consecuencia natural de la innovación promovida por Silicon Valley! Los hackers, convertidos en empresarios, decidieron “revolucionar” la universidad como antes habían trastornado los campos de la música y el periodismo. 


De la misma manera, hacemos como si no existiera ningún vínculo entre, por un lado, la multiplicación de las aplicaciones concebidas para seguir nuestro estado de salud y, por el otro, los problemas que una población que envejece, que ya padece de obesidad y otras enfermedades, plantea a un sistema de salud fragilizado: no, este último atraviesa nomás su “momento Napster” (1). Abundan los ejemplos de este tipo, que muestran que el relato apologético de la conmoción tecnológica ha eclipsado aquel, mucho más deprimente, de la conmoción política y económica.



Un perfil monetizable



Ahora bien, hay que subrayar que estos dos fenómenos están entrelazados, y que el telón de fondo del evangelio de la innovación no es nada reluciente. Ejemplo en Barcelona: como muchas instituciones culturales españolas, un club de stand-up (unipersonal humorístico), el Teatreneu, sufría un descenso de público desde que el gobierno, buscando desesperadamente cubrir sus necesidades de financiamiento, había decidido aumentar el impuesto sobre las ventas de entradas del 8% al 21%. Los administradores del Teatreneu encontraron entonces una solución ingeniosa: asociándose con la agencia de publicidad Cyranos McCann, equiparon el respaldo de cada sillón con tabletas últimos modelos capaces de analizar las expresiones faciales. Con este nuevo formato, los espectadores pueden entrar gratuitamente pero deben pagar 30 centavos por cada risa reconocida por la tableta, fijando la tarifa máxima en 24 euros (o sea, 80 risas) por espectáculo. Consecuencia, el precio promedio de la entrada aumentó 6 euros. Una aplicación móvil facilita el pago. Además, se puede compartir con los amigos selfies de uno mismo riéndose a carcajadas. El camino de la diversión a lo viral nunca fue tan corto.


Desde el punto de vista de Silicon Valley, éste es un ejemplo perfecto de “conmoción” positiva: la proliferación de los sensores inteligentes conectados a Internet crea nuevos modelos de empresas y nuevas fuentes de ingresos. Además, genera numerosos usos entre los intermediarios, fabricantes de materiales o creadores de softwares. Nunca fue tan sencillo comprar servicios y productos: nuestros smartphones se encargan de hacerlo por nosotros. Pronto, nuestros documentos de identidad podrán hacer lo mismo: MasterCard ya firmó un acuerdo con el gobierno nigeriano para lanzar un documento de identidad que también funciona como tarjeta de crédito.


Para Silicon Valley, no se trata en este caso más que de una innovación tecnológica. Se trata de “revolucionar” el dinero líquido. Si bien esta explicación puede satisfacer, e incluso atraer, a empresarios e inversores de riesgo, ¿por qué todo el mundo debería aceptarla sin discusión? Hay que estar totalmente enceguecido por el amor a la innovación –la verdadera religión de nuestro tiempo– para no ver su verdadero precio: el hecho de que, por lo menos en Barcelona, el arte se ha vuelto más caro. Este cuadro tecnocéntrico, al disimular la existencia de la conmoción financiera, oculta la naturaleza y las razones de las transformaciones en curso. Regocijémonos de poder comprar más, y con mayor facilidad. Pero ¿acaso no debemos preocuparnos de que, gracias a esta misma infraestructura, también es infinitamente más fácil debitar de nuestra cuenta bancaria?


Sin lugar a dudas, se puede ganar bastante dinero “revolucionando” el efectivo. Pero, ¿es realmente deseable? El dinero líquido, que no deja huellas, representa una barrera significativa entre el cliente y el mercado. La mayoría de las transacciones efectuadas en papel moneda son singulares, en el sentido de que no están vinculadas unas a otras. Cuando uno paga con su teléfono móvil, o su selfie es registrada para la posteridad, o incluso compartida en una red social, se produce una huella que los publicitarios y otras empresas son capaces de explotar.


De hecho, no es fortuito que una compañía publicitaria esté en el origen de la experiencia barcelonesa: el registro de cada transacción es un buen medio para recuperar datos que servirán para personalizar la publicidad (2). Lo que significa que nuestras transacciones electrónicas nunca están realmente terminadas: los datos que generan permiten no sólo seguirnos de cerca, sino también establecer un lazo entre actividades que tal vez preferiríamos que permanecieran separadas. De repente, nuestra velada divertida en un club de stand-up se vincula con los libros que compramos, con los sitios que frecuentamos, con los viajes que efectuamos, con las calorías que quemamos. En suma, con las nuevas tecnologías todas nuestras andanzas se integran en un perfil único monetizable y optimizable.



Los datos, un recurso preciado



Si bien esta conmoción pasa por la tecnología, sus orígenes están en otra parte. Favorecida por las crisis políticas y económicas, tendrá una profunda incidencia en nuestro modo de vida y nuestras relaciones sociales. Parece difícil preservar valores como la solidaridad en un medio ambiente tecnológico fundado en experiencias personalizadas, individuales y únicas. Silicon Valley no miente: nuestra vida cotidiana se encuentra sin duda alguna revolucionada; pero por fuerzas mucho más solapadas que la digitalización o la conectividad. El fetiche de la innovación no debe servir de pretexto para que soportemos el costo de las recientes turbulencias económicas y políticas.


Esto lo comprendieron los choferes de taxi enfrentados con el poderoso ascenso de Uber, una empresa que propone a particulares que buscan un ingreso adicional transformar su vehículo en taxi y conectarlos con clientes. Contra la pared, los profesionales protestaron. Como las autoridades de regulación, de India a Francia, se enfrentaban con Uber, esta empresa californiana se lanzó a una operación de seducción. Sus dueños, que fueron tan virulentos y sordos ante las críticas, ahora gritan alto y claro que hay que regular el sector. También parecen haber comprendido por qué su empresa es un blanco fácil: sus prácticas son simplemente demasiado infames. El pasado invierno boreal, bajo el fuego nutrido de las críticas, Uber debió renunciar a hacer pagar a los clientes tarifas exorbitantes cuando la demanda aumentaba en horas pico. Pero no es todo. En un genial golpe publicitario, también propuso a uno de sus adversarios más feroces, la ciudad de Boston, acceder al tesoro que constituyen los datos (anónimos) relativos a los itinerarios, para ayudarla a limitar los embotellamientos y mejorar el ordenamiento urbano. Por supuesto, es una mera coincidencia que el Estado de Massachusetts, donde se encuentra Boston, haya recientemente reconocido las plataformas de utilización compartida de los taxis como un medio de transporte legal, eliminando así uno de los principales obstáculos que enfrentaba Uber…


Uber se inscribe en la estela de start-ups más modestas que hacen sus datos accesibles a los urbanistas y a las municipalidades. Y estas últimas se muestran encantadas de afirmar que, con estas informaciones, el ordenamiento urbano se volverá más empírico, más participativo, más innovador. En 2014, la dirección de transportes públicos de Oregón firmó un acuerdo con Strava (una aplicación para smartphones muy popular que sigue los movimientos de los corredores y los ciclistas) y pagó una fuerte suma para acceder a los datos referentes a los itinerarios tomados por los ciclistas usuarios de la aplicación, con el objeto de mejorar las pistas para ciclistas y concebir trayectos alternativos.


El hecho de que Uber aparezca como un reservorio de datos indispensables para los urbanistas es plenamente acorde a la ideología solucionista de Silicon Valley, que consiste en resolver de urgencia por vía digital problemas que no se plantean, o no lo hacen en esos términos. Como las empresas tecnológicas acapararon uno de los más preciosos recursos actuales, los datos, ganaron influencia sobre municipalidades tan desprovistas de dinero como de imaginación, y pueden erigirse en salvadores benevolentes de los monótonos burócratas que pueblan las administraciones.


El problema es que las ciudades amigables con Uber corren el riesgo de desarrollar una dependencia excesiva de sus flujos de datos. ¿Por qué aceptar que la empresa se vuelva el único intermediario en la materia? En vez de dejarla aspirar la totalidad de las informaciones relativas a los desplazamientos, las ciudades deberían tratar de obtener esos datos por sus propios medios. Luego podrían autorizar a las empresas a utilizarlos para implantar sus servicios. Si Uber se muestra tan eficaz es porque controla la fuente de producción de los datos: nuestros teléfonos le dicen todo cuanto necesita saber para planificar un itinerario. Pero si las ciudades tomaran el control de esos datos, la empresa, que no posee casi ningún activo, no alcanzaría los 40.000 millones de dólares de su valuación actual. Cabe dudar que sea tan costoso concebir un algoritmo capaz de relacionar la oferta y la demanda… Sin duda bajo la presión de las compañías de taxis, ciudades como Nueva York y Chicago parecen haber comprendido finalmente que había que reaccionar: una y otra intentan lanzar una aplicación centralizada, capaz de enviar taxis tradicionales con la eficacia de Uber. Además de contrarrestar el dominio de esta última, el programa impedirá que los datos referentes a los itinerarios se conviertan en una mercancía costosa, que las ciudades deban comprar.



Crítica del solucionismo



Pero el verdadero desafío consiste en saber cómo hacer funcionar esas aplicaciones con otros modos de transporte. La visión de Uber emerge ahora con claridad: usted lanza la aplicación en su teléfono y un auto viene a buscarlo. Decir que esto no revela una imaginación desbordante estaría mucho más allá de la realidad. Este enfoque funciona en Estados Unidos, donde casi no se camina y donde los transportes públicos son la mayoría de las veces inexistentes. Pero, ¿por qué este modelo debería replicarse en el resto del mundo? El hecho de que la caminata no le reporte nada a Uber no obliga a excluir ese modo de locomoción. La crítica del solucionismo se aplica aquí a la perfección: no sólo éste ofrece una definición demasiado estrecha de los problemas sociales, sino que por lo general lo hace en términos que benefician ante todo a los creadores de la “solución”.

Imagínese que la aplicación desarrollada por su municipalidad pueda informarle de todas las posibilidades de transporte de que dispone (con exclusión de Uber): usted podría tomar la bici que lo espera en la esquina, subir a un minibús cuyo itinerario estuviera adaptado a su destino y al de los otros pasajeros, luego caminar el resto del trayecto para saborear los encantos del mercado del barrio. Algunas ciudades ya lanzaron proyectos semejantes. Helsinki, en colaboración con la start-up Ajelo, creó Kutsuplus, fascinante cruza de Uber y un sistema de transportes públicos tradicional. Los pasajeros ordenan un transporte en su teléfono y la aplicación calcula el mejor medio de conducir a destino a todo el mundo, a partir de datos en tiempo real. También ofrece una estimación del tiempo de trayecto, con Kutsuplus como con otros modos de transporte.


El éxito de proyectos como éste depende de varios factores. En primer lugar, las municipalidades no deben considerar a Uber como el único medio de mejorar la eficacia de los transportes públicos, y mucho menos de reducir los embotellamientos (se puede estar seguro de que los datos que suministra jamás indicarán que hacen falta menos taxis y más pistas para ciclistas o vías peatonales). Luego, los combates relativos a los servicios públicos serán ganados por aquellos que posean los datos y los sensores que los producen. Si se deja todo eso a Uber –o, peor aun, a las empresas de tecnología gigantes que buscan acaparar una parte del jugoso mercado de las “ciudades inteligentes”–, nos estaríamos privando de experimentaciones que permitirían que las colectividades organicen sus transportes como lo deseen.

La asociación entre Uber y la ciudad de Boston suscita además una cuestión política: ¿es posible autorizar a Uber a “poseer” los datos de sus clientes, sea que los utilice como una ventaja a su favor en sus negociaciones con las municipalidades o que simplemente quiera venderlos al mejor postor? Uber, sin haberle realmente formulado la pregunta a nadie, respondió por la afirmativa. Como Google y Facebook lo habían hecho anteriormente.


No obstante, la realidad es más matizada, particularmente porque los sensores integrados en las infraestructuras públicas pueden reproducir esos datos con bastante facilidad. Imaginen lo que sería capaz de hacer una red que combine lectores automáticos de patentes, rutas y semáforos inteligentes: podría localizar y seguir a los vehículos Uber exactamente como lo hacen los smartphones de sus conductores y pasajeros. No se trata de predicar un refuerzo de la vigilancia, sino simplemente de subrayar que Uber pretende ser propietario de datos que no le pertenecen.


No porque Uber venga de California –región conocida por la pobre calidad de sus transportes públicos– uno debe creer que los vehículos individuales a motor son el futuro de los transportes.
Desgraciadamente es lo que podría ocurrir a causa del descenso de las inversiones en las infraestructuras públicas. La solución sería restablecerlas y, para ello, combatir las políticas de recortes presupuestarios. 



Fuente: Le Monde diplomatique Cono Sur

miércoles, 23 de marzo de 2016

¡Hemos dicho muchas veces resistencia, porque militamos en la alegría de la lucha y en la belleza de la desobediencia. Militamos como respiramos. Militamos porque vivir implica dignidad y esperanza. A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar! ( Rafael Alberti)


¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!( Rafael Alberti)

LA POÉTICA DE LA MILITANCIA, LA MILITANCIA DE LOS POETAS


por Sofía Castañón: Diputada por Asturies, integrante del Conseyu Ciudadano de Podemos Xixón y Francis Gil: Analista político. Unidad de Análisis Estratégico de Podemos


Escribir una poética para explicar por qué, desde dónde se escribe. Lo más parecido en el terreno ideológico a la pregunta de la prensa: “¿y cómo le dio a usted por meterse en política?”. Explicar lo que se hace, como si no se explicara por sí mismo. ¿Se puede no estar en política? Otra cosa es hacerlo conscientemente. Desde lo consciente, escribir.
La poesía es una posición. La militancia es posicionarse. Y nosotros tenemos una posición social y nos posicionamos políticamente. Llevamos años cavando silenciosas trincheras con palabras de belleza infinita; lucha, dignidad y justicia. Del uso, podrían haberse vaciado. Quien primero comparó la belleza de alguien con una flor, acertó. Quien lo hace ahora nos parece casi imbécil. Recuperar palabras tantas veces dichas en contextos vacíos, empleadas para amparar lo contrario de la dignidad, lo contrario de la lucha y, desde luego, lo contrario de la justicia.
Pero seguimos en pie: frente a la mezquina realidad impuesta desde sus tristes mundos administrados, hemos tejido redes secretas de solidaridad, hemos constituido núcleos irradiadores de esperanza y bases de apoyo popular a un proyecto; recuperar la alegría de la lucha y la poética de la desobediencia. Hemos dicho muchas veces resistencia, porque militamos en la alegría de la lucha y en la belleza de la desobediencia. Militamos como respiramos. Militamos porque vivir implica dignidad y esperanza.
Lo escribe David Franco Monthiel: “Hemos venido para no hacernos los sordos, para golpear con la palabra”. Hemos construido un artefacto político que puede convertirse en el instrumento de verdadero cambio social. Como lo describiría la poeta Chantal Maillard, cuando habla del artefacto poético (la forma del poema) frente al insecto que lo habita (el poema en sí), tenemos la máquina de guerra política que desafía las lógicas del adversario y abre la posibilidad de un cambio real. Una máquina política de asedio democrático, capaz de aglutinar multitud de subjetividades, de articular los deseos… y ganar, golpe a golpe y verso a verso, la libertad. Pero nada de esto obtendrá su sentido si el artefacto -bien armado y eficaz- carece del poema, carece de la certeza y la voluntad de cambio. Esa manera de mirar, mezcla de conocer la resistencia y tener hambre de horizonte.
Somos un movimiento popular que no quiere perderse en rodeos del discurso, que entendemos que no es de recibo una lengua gremial cuando de lo que se habla es de decisiones que afectan a la vida de cuarenta y cinco millones de personas. La sociedad civil que salió a las calles diciendo “No hay pan para tanto chorizo”, “Me sobra mes a final de sueldo”. Somos rebeldes sin casa pero con causa. Movimiento popular que adopta la forma-Partido, como figura política, como medio, no como fin en sí mismo, para recuperar la democracia y la soberanía popular. Somos “su” problema porque somos la evidencia de “su” fracaso. Y  claro que somos inevitables, porque somos pueblo.
No disociamos la palabra de la política, y no existe poesía que no se posicione. “La poesía no se vende, porque la poesía no se vende”. O, en palabras de William Ospina, “el arte celebra las cosas porque las ama, la publicidad celebra las cosas porque las quiere vender”. Los poderes fingen que lo ignoran, pero la memoria de nuestro pueblo es poesía y militancia, barricada y literatura, amor y política. No lo pierden de vista, y por eso se censura el ingenio y por eso se promueve la tristeza. Por eso nos quieren dar tan mal circo y meter a nuestros artistas en la cárcel. Pero desprecian el poder que tienen las voces que hablan claro, que no engañan, que convencen. Que no dictaminan, sino que ofrecen otras maneras de entender el mundo, otras formas de pensar.
En realidad ya hemos ganado. Esa es la paradoja política de Schrödinger a la que nos enfrentamos. ¿Hemos ganado? ¿Qué hemos ganado? “La verdad no está en un sueño, sino en muchos sueños”, apuntaba Pasolini. Y nosotras, ya lo hemos dicho muchas veces, nos tomamos muy en serio nuestros sueños. Pero la verdad es siempre provisional y concreta. Nada, nunca, volverá a ser igual que antes. Lo hicimos, les ganamos, pero… ¿Lo saben? No. Lo niegan, se niegan a asumirlo. Nuestros sueños ganaron, todo ha cambiado, pero todavía no lo vemos. Hemos ganado la calle y eso es ganar todo. Les hemos derrotado en el campo simbólico, en el espacio del imaginario de lo posible, ganamos el “Sí se puede” y ellos perdieron su coartada histórica, impusimos un campo semiótico donde no podían codificarnos, arrinconarnos y descartarnos. Hicimos poesía de la política convirtiendo su discurso en su contradicción. Nuestra estrategia política ha ejecutado la línea de comandos de la correlación de debilidades y operado sobre las superestructuras que instituyen las equivalencias de significantes que les sostenía como sujeto político hegemónico indisputado. También ahí perdieron cuando nos rebelamos.
Rebelarse es un impulso. Nos rebelamos instintivamente, irreflexivamente, ante la injusticia. Nos indignamos porque sentimos la injusticia de una forma física, enfermamos ante ella. Tenemos ese problema, vibramos, nos emocionamos, sentimos como propio el dolor ajeno. No es una cuestión teórica, no sólo, es una pulsión básica, una forma de ser, en el sentido del ser en-sí; militar en una causa, es indiferente cual, es una forma de estar en el mundo, de estar con el resto del mundo para algo más que para-sí. Vivimos en, por, para y con los demás. No hay ciencia en la sensación primaria del rechazo a la injusticia, hay ética, ontología y poesía. La política es para nosotras una forma poética, una forma de comunicación y comunidad que, como en los movimientos de vanguardia de principios del siglo XX, nos transforma personalmente, nos mejora en el interactuar con los demás para construir otra realidad, desde la diferencia.
No queremos celebrar el día de la poesía, realmente querríamos que la poesía ocupara los días, que fuera la figura política del cambio. Que rebelarse fuera sólo revelarse a los demás, mostrarse, dejarse ver, existir.
Y ahí los versos casi proféticos del final de País (Libros de la Herida) de Alberto Porlan: “derrotemos al último enemigo/ que por dentro nos vence:/ el miedo que tenemos a juntarnos/ porque nos conocemos”. Derrotamos a ese enemigo en mayo de 2011. Nos vimos, nos reconocimos, nos escuchamos y vimos todo lo que nos unía. Con cuidado y con fraternidad, comenzamos a construir y tejer redes, crear nudos. Nuestra sonrisa surge del encuentro, por eso esta sonrisa les molesta tanto, porque en ella asoma la fuerza que tenemos, nuestra poética de sabernos pueblo y de saber lo que queremos. Esa es la belleza de lo político; la sonrisa de un pueblo.

Fuente: Diario Público de España


lunes, 21 de marzo de 2016

SEMANA DE LA MEMORIA. 24 de MARZO 1976- 2016







Rodolfo Braceli sobre Osvaldo Bayer, la poesía, las luchas, la memoria, el presente  y el ser de izquierdas… Sinopsis del prólogo incluido en el  poemario Los Cantos de la Sed…  

“... estamos frente a uno de los intensos del mundo, los que saben y siente que pecar más que necesario es imprescindible, porque sin el pecado el mundo de los humanos ya hubiera sucumbido en un desmayo en cadena, masivo, sin retorno, que reemplazaría cualquier clase de Apocalipsis. Pecado es no pecar, pecado mortal, definitivamente mortal. No hay peor pecado que el que no se comete, así en la tierra como en la tierra...”
Bayer es un poeta, de lo contrario nunca hubiera podido enarbolar y sostener, sin feriados, sus denuncias ante los consentidos genocidios de entrecasa en nuestra patria idolatrada. Con esta faena ardua, pertinaz, nos enseña que la memoria no es retroceso, es “semillación, de un futuro por lo menos diferente.
El poeta Bayer, el ser de izquierdas Bayer, es un porfiado cruzado de la solidaridad, es un revelador de despojos e injusticias siempre licuados por la cómoda desmemoria. Nos enseña además que la paciencia no es resignación, todo lo contrario, nos enseña que la incómoda y despreciada memoria es la forma más ardua del optimismo.
Dice Bayer: “A veces no sé si soy egoísta. Predico mi valentía y cuando veo que me siguen, los convenzo para que me dejen. Esto es lo cobarde de mi valentía, me duele ver a los puros de corazón vivir de las fiebres de mi frente… “

“Mis músculos son poderosos cuando abrazan, mil labios son hermosos cuando besan, mis palabras son bellas sólo cuando aman, los pobres me dan limosna, los ricos me envidian. ¡Mujeres! En mis palabras beberéis del vino más puro y las mieles de los prados, en mis palabras siempre estará el poeta del sombrero de alas anchas..”


¿Qué es la poesía?


Será la sed hasta las últimas primeras consecuencias, será el verbo sin retorno arrojándose sin red, acaso lo sea el navegante que en pleno mar decide quebrar el eje de su brújula, quizás la ética hasta más allá de las últimas consecuencias, será tal vez la curiosidad sin retorno, la desesperación entusiasmada, la ética convertida en ideología, el pensamiento menos pensado, o el compromiso incondicional con todo lo humano que tiene pulso sobre la tierra.
En Bayer como en Walsh, la militancia encarnó en la literatura o viceversa, la literatura dispuesta a inmolarse en la acción, la palabra hasta las últimas consecuencias, la palabra sin red, la palabra que cuesta la cárcel, el exilio o la vida. Una palabra arrojada así de ese modo en el mundo no puede no ser poesía..
Qué duda cabe que Osvaldo es un poeta, es su forma de estar dentro del mundo, poeta de cuerpo y de palabra sobre esas causas perdidas socavadas por la obscena desmemoria, esas causas que nuestros pulpos medios de descomunicación ningunean, minimizan y ocultan si asco. Justamente poesía de entrega discreta, sin alardes, sin mediáticos heroísmos. Honra y merece el aire que respira, hace poesía al andar, no le baja la mirada al abismo, salta sin red, insiste en machacar sin ser por ello reiterativo. Reiterativa es la crueldad y la “asesinación” consumada por el neoconservadurismo, por el neoliberalismo, por el neodesguace, por la neobuitredad. Bayer es el poema, nada más arriesgado que la poesía de las acciones concretas en este valle de lágrimas propiciadas en estos asfaltos sembrados de hipocresías, agachadas, mutaciones oportunistas, de alevosa desmemoria convalidada por la incoherencia convertida en hábito.



Ser o Parecer de Izquierda


Entrando al siglo XXI después de Cristo éramos un  agujero con forma de mapa, un conato de país que milagrosamente conservaba sus nueve letras del apellido. Este entretenido sitio había sido “rifatizado” con el fervor de la impunidad, saqueado más adentro que desde afuera, entregado obscenamente, loteado al peor postor en sus reservas energéticas, donado a rajacincha. Un poco más atrás, hacia mediados de 1976, este sitio fue desangrado, violado en sus vidas y en sus muertes al compás de una complaciente indiferencia civil, empresarial, ruralista, mediática, eclesiástica, indiferencia que por extendida y general ni disminuye un gramo en su criminalidad. El caso es que la violación de vidas y muertes no fue suficiente, encima se robaron criaturas desde la placenta, por cientos se las robaron. La cuestión es que aquí no quedaron ni los mástiles, desgracia con suerte, acaso aliviadora ¿Qué bandera hubiéramos izado?...
Aquí hay un emporio derechas y una manga de izquierdas, pero con una diferencia capital: las derechas son opciones camufladas en los grandes partidos. Hay derechas explícitas y derechas que no lo parecen. Estas y aquellas tienen un rasgo sólido en común: siempre se juntan, no descansan, ni en los días de guardar, y guardan siempre.
En cuanto a las izquierdas de la Izquierda: decir que esto es un archipiélago resulta en el fondo una especie de autoelogio. Observando la implacable coherencia de Bayer podemos advertir que aquí, a lo largo de décadas, las izquierdas han insistido en confundir estribillo con ideología. Entre la vanidad y el capricho, cada brote de izquierda o de progresismo se autodecapita antes, mucho antes de despuntar y probarse en gestión concreta. La pavorosa capacidad para el suicidio temprano hace que las izquierdas de esta presunta izquierda nacional no necesiten de enemigos. Al enemigo, vuelta a vuelta, le ahorra el trabajo. En realidad nuestras izquierdas no mueran jóvenes ni niñas, no pasan del conato, del presentimiento prenatal, son esquirlas de una cascote inocuo, esquirlas de ética intermitente.
En cambio Bayer ha hecho una ética de la ideología, moral que aflora constante y porfiada en sus escritos y en su hacer.
Sucede que padecemos por estos Pagos una suerte desertores que sin embargo se las arreglan para figurar y estar al frente de los canto de utopía. Ya no se puede juzgar más a la piedra ni perdonarle nada, basta de echarle la culpa de la pedrada. Pienso y siento que muhcos menos que pocos pueden afirmar por la mañana “yo soy de izquierda”. Eso “soy de izquierda” sólo se puede sostener al final del día, después de revisarnos la jornada, después de ver que dijimos con las palabras y qué hicimos con las acciones, después de ver qué trecho hay entre nuestros dichos y nuestros hechos…


viernes, 18 de marzo de 2016

MONTSEÑOR AGUER: EN ESTA SEMANA SANTA ES NECESARIO UN AJUSTE EN EL REPARTO DE LOS PANES Y LOS PECES....ENTRE BARRABÁS Y AGUER.. YO NO DUDO...





Para Montseñor Aguer es necesario recortar los panes y los peces.. Ese concepto que el intento de equidad está relacionado con el despilfarro y que el orden está relacionado con la abstinencia es muy propio de la reacción. Que los muchos, los pobres, se abstengan, para que los pocos, los ricos, ganen y ordenen las cuentas. La nota es tremenda, no tiene desperdicio y va en sintonía con la de Buryaile quien afirmó que con el gobierno anterior nos habíamos acostumbrado a comer barato..





Nota: El compañero Ramiro Larrosa , dirigente del Partido Justicialista de la sexta sección electoral de la Provincia de Buenos Aires me alcanzó este articulo del cual todavía no salgo de mí asombro..  




Monseñor Aguer: “Aquí hubo un show de compras”


"En la Argentina hubo un show de compras", señaló esta semana el arzobispo de La Plata, Monseñor Rubén Aguer, despegándose de la aprobación facilista del Papa Francisco hacia la gestión kirchnerista durante 2003-2015. En esta línea criticó el “despropósito del consumismo” y advirtió que" “va a doler terriblemente la abstinencia de las compras”. En esta línea, definió al consumismo como aquel comportamiento que las personas tienen al “comprar lo que no se necesita, con la plata que no se tiene. Y esto es lo que ocurrió en los últimos años en la Argentina”, dijo.
“El problema es que hemos adquirido el hábito del consumismo. Nos va a doler terriblemente la abstinencia de las compras, el cuidar la energía tratando de no dejar luces innecesariamente encendidas y tantas otras cosas que tenemos que moderar porque los bolsillos no nos dan”, añadió.
En ese marco, señaló que “la solución no son los planes, no son los subsidios, sino que la cuestión de un trabajo genuino tiene que ver con un país que funciona plenamente y no con un Estado que se mete en todo y se acostumbra a la autofagia, a comerse a sí mismo sacando plata a todas sus instituciones y dándole a la maquinita de imprimir papeles que cada vez valen menos”.
“Cuando se rompen los platos siempre hay que preguntar quién los paga, y ¿quién los paga? Lamentablemente siempre los pagan más los más pobres”, alertó.
Aguer sostuvo que en Argentina “hay platos que se rompieron, muchos platos rotos que vamos a tener que pagar todos -más los pobres, insisto- porque nos hemos acostumbrado mal. ¿Cómo se recomponen todas estas cosas? No se recomponen fácilmente. Cada tantos años la Argentina tiene estos problemas; los llamamos crisis, que se repiten periódicamente sin que aprendamos”.
La plática del arzobispo fue una fotografia de un Estado parasitario y populista, que terminó perjudicando como siempre a los más pobres.

Fuente: La Nueva Provincia




Maestros del Blues. Leela James




Nació el 2 de junio de 1983. Es una cantante estadounidense del neo soul con marcada presencia dentro del Blues y del R&B. Su primera incursión musical fue en el año 2002, trabajando en el álbum de Norman Brown. Ya en el 2004 comenzó a crear su álbum debut junto a figuras del R&estadounidense. En 2005 se editó "A change is gonna come", título tomado del tema de 1964 de Sam Cooke El primer single, que salió meses antes que el disco, fue "Good time", al cual le siguió "Music", que consiguió colocarse en el top10 de la mayoría de listas de ventas estadounidenses.







jueves, 17 de marzo de 2016

EL ESTABLISHMENT LATINOAMERICANO VA POR LA CABEZA DE LOS LÍDERES POPULARES



Lula, el hijo de Brasil
Por Luciana Rabinovich para Le Monde diplomatique, El Explorador


En el medio de la crisis política en Brasil, Lula da Silva asumió como Jefe de Gabinete del gobierno de Dilma Rousseff y, cuarenta minutos después, su designación fue suspendida por un juez federal de Brasilia para “no perjudicar el ejercicio del Poder Judicial”. Aquí, Luciana Rabinovich describe la figura del líder del PT.

Luiz Inácio Lula da Silva nació el 27 de octubre de 1945 en Garanhuns, municipio del Estado de Pernambuco, en el nordeste de Brasil. A los siete años emigró junto con su madre, Doña Lindu, y sus siete hermanos a la ciudad de Guarujá, en el Estado de San Pablo, para escapar de la extrema pobreza en que vivían. A los 15, obtuvo el diploma que le permitió convertirse en tornero mecánico. Inspirado por su hermano Frei Chico, en 1968 comenzó a interesarse por la política y llegó a ser presidente del sindicato metalúrgico dos veces: en 1975 y nuevamente en 1978, llegando a representar a 100 mil trabajadores. 


En marzo de 1979 tuvo lugar un paro con ocupación del estadio de Vila Euclides, en São Bernardo do Campo. Con 80 mil metalúrgicos reunidos, y ningún micrófono, Lula se las ingenió para hacerse oír. Según retrata el film de Fábio Barreto, Lula, el hijo de Brasil (2009), Lula comenzó a hablar, pidiendo a quienes estaban más cerca de él que repitieran sus palabras a sus compañeros de atrás. Así, una ola de voces entusiastas se fue propagando por el estadio, logrando que todos oyeran, y que cada uno se apropiara de las palabras del dirigente, haciendo suyas aquellas reivindicaciones. Sin duda, todo un modo de hacer y entender la política…

En este clima de intensa movilización, frente a una dictadura que ya mostraba síntomas de decadencia, a comienzos de 1980 Lula ayudó a crear, junto con un grupo de intelectuales y católicos de izquierda, el Partido de los Trabajadores (PT).


Unos años después, en 1986, se convirtió en el diputado federal más votado del país. A partir de ese momento, comenzó el lento pero firme camino a la Presidencia. Tres veces se presentó como candidato… La cuarta fue la vencida. Con un cambio de estrategia, Lula adoptó un discurso más moderado que en su época de dirigente sindical, pero siempre apoyándose en la necesidad de un cambio para su país, supeditando lo económico a lo social. “Mi objetivo es que, cuando termine mi mandato, todos los brasileños coman tres veces por día”, sostuvo durante la campaña. Lula resultó vencedor en 2002, con un 63% de los votos en la segunda vuelta. 

En su carta al pueblo brasilero, de junio de ese año, afirmaba, frente a los serios problemas económicos que aquejaban al país: “Nadie tiene que enseñarme la importancia del control de la inflación. Inicié mi vida sindical indignado por la corrosión del poder de compra de los salarios de los trabajadores. Ahora quiero reafirmar ese compromiso histórico con el combate contra la inflación, pero acompañado de crecimiento, generación de empleo y distribución de la renta, construyendo un país más solidario y fraterno, un Brasil de todos”. 


Lula terminó su mandato con un 87% de aprobación, llegando a ser uno de los presidentes más populares de la historia del país, y uno de los políticos más respetados del mundo. Quién hubiera imaginado que ese niño que vendía naranjas y tapioca en la calle terminaría en la tapa de la revista Time como el líder más influyente del mundo o elegido por el Financial Times como uno de los grandes protagonistas de la primera década del incierto siglo XXI. 



miércoles, 16 de marzo de 2016

La resistencia Argentina ante los buitres encontró la mayor resistencia en Argentina




LA NOTICIA DEL DÍA: LA HEROICA RESISTENCIA ARGENTINA - así la llamaron algunos desde Europa - ANTE LA VORACIDAD DE LOS FONDOS BUITRES FUE DERROTADA DESDE ADENTRO, NO DESDE AFUERA, NUNCA LO OLVIDEMOS. Pero hay algo más grave aún. A nivel internacional sufre una derrota similar el intento de Naciones Unidas por legislar las reestructuraciones de las deudas soberanas de los países, cuestión que impacta directamente en las regiones más pobres y desiguales del planeta. No fue magia, tampoco fueron marcianos que bajaron en un plato volador, fueron electores y dirigentes argentinos con impronta neoliberal los que lo hicieron...


Las revelaciones, casuales y no casuales, que nos depara el tiempo nos confirman que aquellos que fuimos catalogados injustamente de fraudulentos no lo éramos tanto y aquellos impolutos plagados de superioridad moral que nos acusaron de fraude en realidad lo eran en primera persona, solo había que saber esperar por la desnudez de la verdad para poder liberarse definitivamente de tamaña carga. La verdad es una vieja solterona y fea que muy pocos respetan, aprecian y menos desean ver desnuda. Yo hoy le agradezco enormemente su presencia en mi vida, así de desnuda, así de fea, así de solterona..

lunes, 14 de marzo de 2016

El regreso del neoliberalismo – fragmento del último ensayo escrito por Aldo Ferrer para Le Monde diplomatique, hace apenas unos días.



Por Aldo Ferrer para Le Monde diplomatique Cono Sur


A lo largo de su historia Argentina ha oscilado entre el modelo económico nacional y popular y el neoliberal. El análisis de las principales decisiones del gobierno macrista permite inscribirlo en esta segunda orientación, que en el largo plazo suele generar un aumento de la deuda, alto desempleo y recesión. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial,laeconomíaargentina alterna entre dos modelos de desarrollo,quepodemosdenominar “nacionalypopular”y“neoliberal”.El triunfo de Macri puede entenderse como unnuevocasodeesaalternancia.
Ambos modelos –el nacional y popular y el neoliberal– se despliegan dentro de la economía de mercado. El primero se caracteriza por el protagonismo del Estado, el impulso soberanista y el énfasis en la inclusión social. El segundo, por su confianza en las virtudes del mercado, la apertura incondicional al orden mundial y la prescindencia en la distribución del ingreso. La industrialización por sustitución de importaciones predomina en el modelo nacional y popular; el énfasis en la producción y las exportaciones primarias y las finanzas, en el neoliberal. 


Este ensayo pretende colocar el inicio del gobierno de Macri en perspectiva histórica, analizar la trayectoria de la gestión anterior y explorar el futuro de la economía argentina en el nuevo escenario. 


La alternancia en la historia


En los poco más de ochenta años transcurridos desde el inicio de la Organización Nacional en 1862, con la presidencia de Bartolomé Mitre, hasta la crisis mundial de 1930, predominó el modelo primario-exportador, con una relación privilegiada con Gran Bretaña. El cambio del orden conservador al gobierno de Yrigoyen fue sólo en el plano político. En lo fundamental, la política económica se mantuvo. Lo mismo sucedió desde el golpe de Estado de 1930 hasta el ascenso de Perón.


La alternancia, en suma, nunca se planteó antes de 1945. Su historia comienza en ese entonces. El proyecto “nacional y popular” abarca el primer peronismo (1946-1955) y el peronismo kirchnerista (2003-2015). El modelo ”neoliberal” incluye la última dictadura (1976-1983) y el peronismo menemista (1989-1999). Sumados, ambos abarcan casi cuarenta años de historia. Los otros treinta corresponden a experiencias más breves, en las cuales predominaron, en distinto grado, una u otra de esas orientaciones. Se trata del gobierno de facto entre 1955 y 1958, el desarrollismo frondicista (1958-1962), la presidencia de Arturo Illia (1963-1966), el gobierno de facto entre 1966 y 1973, que incluye mi breve gestión ministerial (1970-71), el segundo peronismo (1973-1976), y las presidencias de Raúl Alfonsín (1983-1989) y Fernando de la Rúa (1999-2001).


En las economías industriales avanzadas también se registra la alternancia, que a veces incluye cambios de rumbo radicales. Por ejemplo, el que tuvo lugar, hacia 1980, entre los modelos keynesiano y neoliberal a partir de los triunfos electorales de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Gran Bretaña. En esas economías la alternancia afecta principalmente la distribución del ingreso y el nivel de actividad. La estructura productiva diversificada y compleja, el papel esencial de la ciencia y la tecnología y la posición en el mercado mundial no se ven esencialmente comprometidos. En Argentina, en cambio, se pone en juego la totalidad del modelo de desarrollo e inserción internacional, la distribución de la riqueza y el ingreso y los equilibrios macroeconómicos.