EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

lunes, 18 de septiembre de 2017

Randazzo en Coronel Dorrego... Crónica de un Randazzo anunciado.






El ex auxiliar de ferrocarriles y DNI pasó por Coronel Dorrego y dijo lo que ya todos sabíamos; y no dijo lo que también sabíamos que no iba a decir..







Aquí los antecedentes que avalan el título:


1- Por Mario de Casas,  Ingeniero civil. Diplomado en Economía Política, con Mención en Economía Regional, FLACSO Argentina – para La Tecl@ Eñe




Ni pendencieros ni burócratas, Por Mario de Casas,  Ingeniero civil. Diplomado en Economía Política, con Mención en Economía Regional, FLACSO Argentina – para La Tecl@ Eñe
A partir de la dinámica electoral y del lanzamiento del espacio “Cumplir”, Mario de Casas analiza en este artículo las contradicciones en el seno del Movimiento Nacional, que suelen ser funcionales a los sectores conservadores, también cuestionados desde una perspectiva gramsciana que incluye a la gran prensa.

La dinámica electoral y el lanzamiento del sector autodenominado “Cumplir”, ha puesto en vidriera características del proceso político argentino que si bien no le corresponden en exclusividad se dan aquí con ciertas particularidades.

Se podría definir lo burocrático como un estilo en la práctica política, con distintas aristas, una de las cuales supone actuar en la órbita de valores -o disvalores- e intereses que impone el adversario, particularmente cuando éste se ve favorecido por la relación de fuerzas. Así, por ejemplo, detrás de formulaciones inocentes se encubre la búsqueda de algún objetivo públicamente inconfesable. Es el caso de Randazzo, quien al postularse en estos días ha repetido con indisimulado cinismo “pensamos que los candidatos no deben ser elegidos a dedo”, cuando en 2015 pretendió ser ungido nada menos que candidato presidencial por el dedo de Cristina. No es necesario ser un agudo analista para ver que esa letanía busca ocultar lo que no es otra cosa que una maniobra más para debilitar la única fuerza socio-política con credenciales y posibilidades de derrotar al macrismo, y desandar su proyecto reaccionario.

La burocracia todo lo quiere consensuar, cultiva un falso realismo que termina en pragmatismo ramplón y rechaza cualquier iniciativa de someterse al juicio teórico: los maestritos de la derecha le han enseñado que eso es pura “ideología”, y que la ideología no tiene nada que ver con el mundo práctico. Entonces su actividad está a salvo de ese sentido de innovación propio de la política transformadora, de esa proyección socialmente superadora que ésta busca en cada táctica, en cada hecho para que no se agote en sí mismo.

El burócrata está inmerso en una serie de relaciones superestructurales de las cua­les cree valerse pero que en realidad lo tienen aprisionado; suele ser sensible a tonteras como las acusaciones de “populista”, y cultiva las banalidades sociológicas que le inculcan bajo disfraz “progresista”, por lo que declara fantasioso y aventu­rero todo planteo que desafíe la correlación abrumadora de fuerzas en contra de los intereses populares. Aunque se manifieste con otras palabras, afirma que el Movimiento nacional no debe ser “clasista”, porque confunde la composición policlasista del Movimiento con su ideología: supone que existen ideologías policlasistas o neutras. No puede entender que, en un frente de lucha, estamos todos de acuerdo con el policlasismo; pero que la ideología es transformadora en función de los intereses de los sectores subalternos o es reaccionaria.

Otra seña inconfundible del burócrata es su adhesión a lo que podríamos denominar psicologismo, ese método de análisis político-social apenas un escalón superior a la hechicería: para tener una idea de su cientificidad basta considerar que es el único que conocen los influyentes editorialistas de la derecha vernácula. Los mismos que estiman que los enfrentamientos entre unitarios y federales, la causa yrigoyenista y el régimen conservador o el peronismo y el antiperonismo, fueron expresiones de una tendencia histórica a malgastar las energías nacionales en luchas duales que nos distraen de las tareas constructivas; que nos estamos destruyendo por odios y cuestiones sin importancia, que seríamos un gran país si no fuese por esa idiosincrasia nativa que desde hace quince años nos impulsa a pelear en dos frentes estériles: los del kirchnerismo y el antikirchnerismo. Es decir, que el país se ha malogrado porque nos peleamos por puro pendencieros que somos y que no hay solución mientras no corrijamos ese vicio del carácter; lo que en buen romance significa la domesticación del kirchnerismo y el sometimiento de los sectores populares.

No debe sorprender que surjan burócratas de las filas kirchneristas, corresponde a la contradicción interna del Movimiento nacional: sus componentes principales y su lucha contra la dependencia y por la justicia social lo ubican en uno de los polos de un anta­gonismo irreconciliable en cuyo extremo opuesto está el macrismo; mientras que su organización, estructura y desarrollo teórico están por debajo de esos requerimientos. Seguramente esto no es resultado de la mala suerte, pero tampoco un determinismo que nos condene a convivir con nuestras propias carencias.






2  Por Alberto Nadra, Político, escritor y periodista para La Tecl@ Eñe


Sin adjetivos, discutir y aprender de los errores. Políticamente, Randazzo puede ser un “boludo”, pero de ahí el trayecto hasta “traidor” es considerable. Por Alberto Nadra (para La Tecl@ Eñe)





Ustedes saben, no me preocupa ser “políticamente correcto”, ni adecuarme al sentir mayoritario de los que tienen poder, estén o no en el gobierno, pues jamás busqué beneficios personales, sino la grandeza de la Patria y el bienestar de nuestro pueblo.

Por eso, cuando –a veces como reacción a tanta infamia de los monopolios mediático judiciales, otras por simple anteojeras-- es tan fácil estigmatizar o alinearse como campeones desde posiciones de “purismo”, las más de las veces contradictorias, escribo al correr de la máquina, como es mi costumbre, tanto si me “conviene”, como si no.

A ver compañeros, tratemos de aclarar los tantos.

No soy tan ambicioso para pretender ponernos completamente de acuerdo en estos tiempos complejos, que de todas maneras no lo son más que los que nos tocaron vivir conscientemente a los que llevamos algunos años militando, o sufrir a los que suponen que no se meten en política. Pero razonemos, charlemos sin agresión, tratemos de pensar para buscar los mejores caminos.

Políticamente, Randazzo puede ser un “boludo”, pero de ahí el trayecto hasta “traidor” es considerable.

Aclaro que todo lo dicho y lo por decir es con un fuerte y fraternal espíritu frentista, puesto que como marxista “atemporal”, si tal cosa existiera, me resultaría cómodo eludir lo principal de la accesorio en una etapa y decir, por ejemplo, que no deposito muchas esperanzas en ningún dirigente ni dirigenta de la burguesía, que considere al capitalismo, aún en sus variantes menos “perniciosas”, como su aspiración de máxima, crea que puede ser mejorado con buena voluntad a favor de los trabajadores, y actúa, legisla y gobierna en consecuencia.

No es el caso, y procesos que por comodidad llamamos “populistas”, pese a lo polémico del término, han demostrado cuanto bien se puede hacer al pueblo, sin encarar un rumbo decididamente anticapitalista, aunque uno esté convencido que solo ese camino llevaría a tornar más sólidas las conquistas. Digo sólidas, porque “irreversible”, adjetivo derivado del pujante positivismo del siglo XIX,  que suponía la inevitabilidad del progreso, incluido el social, se ha comprobado una utopía desgarradora, paralizante, y en casos fatal.
¿No es acaso por reacción y rechazo a la desigualdad, la miseria y el dolor de los nuestros, con el sueño de una sociedad mejor, no como un fin en sí mismo sino para cambiar esta realidad, que nos hicimos marxistas, peronistas revolucionarios, radicales yrigoyenistas, cada uno con su enfoque, su propuesta y su camino?

Según el razonamiento de algunos compañeros Randazzo es un traidor por su tozuda pretensión, tal vez justa en un principio, que sin dudas perjudicará en un porcentaje que ignoro, la candidatura de Cristina Fernández, UNICA CANDIDATURA QUE PUEDE GOLPER CON EFICACIA AL MACRISMO.

Por lo tanto, debería profundizar (y adelanto NO es el momento, al menos para regocijo de los monopolios mediáticos) en preguntarnos por qué CFK --que hoy personalmente apoyo sin vacilaciones-- PUSO UN TRAIDOR AL FRENTE DE UN MINISTERIO DURANTE OCHO AÑOS, concretamente sus dos mandatos.

Y si encaramos por ese camino debo recordar que Alberto Fernández fue el Jefe de Gabinete de CFK, al igual que Sergio Massa y Juan Manuel Abal Medina; que Graciela Ocaña estuvo al frente del PAMI con Néstor y con ella de la vital  cartera de Salud (insalubre, dengue por medio), Martín Lousteau en Economía, y que puso A DEDO la mayoría de los candidatos que ahora condena (y condenamos) pues violaron su mandato a las semanas de ser elegidos en las listas del FPV para enfrentar la restauración conservadora.

Como hay algunos iluminados que pretenden, para atacar a Cristina con éste y otros argumentos, vendernos la INFALIBLE  “MUÑECA” POLÍTICA DE NÉSTOR, que sin duda “muñeca” tenía, y del que me enorgullezco haber sido no amigo, pero si compañero de algunas largas charlas, recuerdo que entre los ministros destacados del recordado “flaco” figuraron Roberto Lavagna, José Pampuro, Gustavo Beliz, Horacio Rosatti (el del 2x1 en la Corte, recuerdo), el mismísimo Alberto Fernández como Jefe de Gabinete, y joyitas como Alfonso Prat Gay y Martin Redrado como titulares del Banco Central.

Compañeros, no jodamos con los pases de facturas personales, o pasar de la obsecuencia a la crítica total. Vamos al fondo de la cuestión y discutamos lo que no se hizo (encarar la renta financiera, pesquera, petrolera, minera, y no convertir en ley conquistas que hoy pueden ser revisadas mediante un simple decreto, para citar solo algunas de mayor importancia), lo que se hizo mal (abandonar la idea de “transversalidad” o de un frente nacional  amplio, con protagonismo de todas las fuerzas que fueron conformando el movimiento nacional y popular, dándoles el espacio y la oportunidad para que construyan CONJUNTAMENTE poder popular en el territorio y en cada espacio laboral, productivo, estudiantil).

Se trata DE DISCUTIR Y APRENDER DE LOS ERRORES (los dirigentes en primer lugar), no ignorarlos, y menos repetirlos,  para ahora encarar la PRINCIPAL TAREA DE LA HORA: SUPERAR AL MACRISMO EN LAS PASO DE AGOSTO con particular atención en la figura/símbolo de CFK en la provincia, y DERROTARLO EN OCTUBRE, a lo largo y ancho de país.




3 ¿Randazzo, tajaí ? preguntó preocupado Massa.. Por Gustavo Marcelo Sala


Randazzo viene a finalizar la tarea de Massa, esto es, reencausar al peronismo dentro de esa abstracción de derechas de la que nos habla Horacio González


Horacio González sintetiza al peronismo como "una abstracción de derechas en donde el sistema de bienes de producción privado nunca será puesto en litigio, permitiéndose solamente socializar los servicios, ergo los gastos, nunca las rentas, implementando al mismo tiempo una cierta distribución moderada de la riqueza vía derrame impositivo, no más.." 
Paradójicamente no existe movimiento político o partido más inclusivo que el peronismo. Los diagramas de Venn que confluyen en él son variopintos desde el punto de vista ideológico y digo paradójicamente porque esa diversidad es lo que motoriza la oposición más descarnada y voraz. Sin embargo nunca como antes he observado tanto peronismo antiperonista, incluso durante el menemato las líneas internas opositoras al caudillo riojano se presentaban ciertamente moderadas, respetuosas de su investidura y nunca pusieron en duda su continuidad, a pesar de la notoria destrucción que estaba llevando a cabo. Vale decir, jamás, en aquellos tiempos, le presentaron a la sociedad recetas destituyentes. Acaso la abstracción de derecha de la que nos habla Horacio González tenga que ver con la historia reciente; acaso el kirchnerismo, sin llegar a poder considerarse ni tan siquiera como progresista, no se trate de esa abstracción de derecha pura tal cual el histórico “deber ser” subsistente del peronómetro transversal le exige a su dirigencia.

Dice H.G: “Buena parte de la estructura interna del peronismo está cimentada por la contradicción. Su ala derecha no muestra grietas al respecto, ni la de antaño ni la actual. Hoy la Triple A no es necesaria, su lugar está ocupado por las corporaciones mediáticas afines. Alguna vez Ortega Peña, en la soledad de su banca, habló sobre la necesidad de entablar acciones políticas concretas cuando la correlación de fuerzas lo permitiese, en ocasiones la verdadera identificación debe merecer momentos de profunda meditación, acaso de silencio. Por otro lado si gobernar es movilizar, y sabemos al mismo tiempo que nunca vamos a detentar el poder real para terminar con las asimetrías sociales bueno es hacer todo el ruido posible, porque  gobernar es movilizar, es responder, es contestar. Es hora de movilizar, basta de silencio, es necesario el armado de una ingeniería comunicacional popular que desbarate toda y cada una de las operaciones y a su vez tenga capacidad de contraataque. Los poderes fácticos no van a ceder un milímetro en estas cuestiones”.

Como mencionamos hace pocos días la estigmatización es una conducta política asentada, forma parte de la plataforma política de la derecha peronista y no peronista, de modo que el antagonista ideológico (corporaciones) ha logrado modelar estructuras internas y externas al movimiento que es necesario interpretar en su verdadera dimensión.




4 Anexo.

Los fans de Randazzo – Por Gustavo Marcelo Sala





El movimiento obrero en una encrucijada. Los que apostamos a la lucha sabemos que las clases no son pasivas receptoras de las maniobras de los dirigentes.





Por Guillermo Martín Caviasca, Docente de la UBA y de la UNLP,para La Tecl@ Eñe


El poder del Movimiento Obrero es dilapidado por una CGT que se mantiene unida a partir de la idea de no romper lanzas con el gobierno, objetivo sujeto al binomio “presión/negociación”. El problema y desafío que plantea esta posición es que ante los intereses de un grupo que negocia por sobre las necesidades de todo el movimiento obrero, la ruptura es un destino casi inexorable.



El General Perón insistió siempre a los dirigentes obreros y a los trabajadores en general que mantuvieran la unidad, que preservaran sus organizaciones. Que si así lo hacían no podrían ser vencidos en los periodos en que se desataba una ofensiva contra la clase trabajadora y sus estructuras. Ese consejo fue asumido como una verdad y principio fundante del movimiento obrero argentino. No era nuevo en realidad, desde sus orígenes socialistas y anarquistas, las organizaciones obreras fundaron confederaciones que expresaban esa tendencia a la unidad. También es cierto que en la mayoría de nuestra historia esa unidad fue más teórica que real. Una expresión de deseos. O una muestra de conciencia de clase y su dificultad de hacerla organización concreta.

Salvo bajo los gobierno de Perón, siempre hubo divisiones. Si no explícitas en la existencia de dos o mas confederaciones de gremios; implícitas, de tal forma que operaban en la política nacional diferentes agrupamientos ad hoc para “negociar” o pelear por separado. Combativos y vandoristas. Participacionistas, clasistas, etc. actuaban con dinámicas propias. Así tuvimos CGT Azopardo y de Los Argentinos, JTP, Coordinadoras, Los 25, Gestión y Trabajo, etc. Hasta que la CGT de Ubaldini unificó a los trabajadores y los reclamos populares, fue la última experiencia de unidad que extendió su manto a todo el pueblo con los famosos (y justos) 26 puntos.

En el pasado más reciente, la década menemista, la CGT (que venia unificada desde el periodo alfonsinista bajo la dirección de Ubalidni) de dividió en tres sectores. La CGT permaneció oficialista, o conciliadora, y surgieron en MTA (Movimiento de Trabajadores Argentinos, conducido por el tándem Moyano-Palacios de los sindicatos del transporte) y la CTA (Central de Trabajadores Argentinos: una experiencia nueva propensa a la “libertad sindical” y a aglutinar otros sectores no asalariados, articulada en trono a docentes y estatales). Esas dos expresiones dieron batalla en la segunda mitad del gobierno de Menem, siendo fundamentales en la reaglutinación de la nueva resistencia popular, aunque faltaron a la cita en la crisis del 2001 (o fueron a otra).
Con el kirchnerismo, la hegemonía de Moyano y su prestigio ganado en la oposición al neoliberalismo permitió una reunificación (aunque sin la CTA, que continuó como una confederación menor, atractiva para activos militantes marginados de las direcciones de las grandes estructuras). Moyano condujo la unidad en el periodo expansivo de la economía kirchnerista: millones de trabajadores se incorporaron al empleo formal y los salarios aumentaron. Esto no fue homogéneo y la clase obrera no recupero su homogeneidad del periodo pre-neoliberal, pero sin dudas se expandió en varios sentidos. Uno, de ellos es el de engorde y/o fortalecimiento de las estructuras sindicales que, bajo la legislación argentina son depositarias de un poder y de una representación directa de los trabajadores de su sector económico.

La coincidencia de la crisis política entre MO y el kirchnerismo con la primera crisis económica pos 2001 no debe sorprendernos. Allí se desnudaron perspectivas distintas de construcción política y de concepción de cómo se construye poder social. Sin entrar a profundizar, el sindicalismo reclamaba para sí el tradicional peso de la clase obrera organizada sindicalmente en las estructuras del peronismo y dentro del Estado. El kirchnerismo buscaba una representación multisectorial de sujetos sociales con sus reclamos en “pie de igualdad”. El kirchnerismo triunfó sobre el MO, ya que representaba una tendencia de la sociedad “pos fordista”: la ruptura de la homogeneidad de trabajador asalariado, la dispersión de los sujetos oprimidos, la “diversidad”. Aunque en ese triunfo fue gran parte de su poder real y de la sustancia que hacia al peronismo un poder social que iba mas allá de su número electoral.

Frente al nuevo gobierno de Cambiemos, el MO argentino tiene un desafío novedoso: es la primera vez que encuentra como antagonista a un gobierno plenamente antiobrero y antisindical con amplia legitimidad electoral. Para muchos eso debía indicar que la unidad de la CGT era un hecho cantado. Era la única alternativa racional para enfrentar lo que aparece como un indudable proyecto que tiene como objeto deshacer las estructuras legales, institucionales y sociales que hicieron del MO argentino un factor de poder ineludible, una corporación de peso institucional, casi una parte del Estado; o como dijo Antonio Gramsci “estado” en sentido amplio. Pero la unidad fue más difícil de lo previsible. Subsistieron, aunque en decadencia prolongada, dos CTAs, diversas corrientes de izquierda y fracciones de derecha con el nombre de “62 organizaciones” directamente vinculadas al gobierno y las patronales.

Igualmente la CGT se reconstruyó con un hipotético poder de fuego en condiciones de parar el país con facilidad. Para lograr la unidad reflejó a varias tendencias y con la novedad de incorporar a organizaciones que representan  a la amplia fracción de trabajadores excluidos del sistema de salario formal. Pero las estructuras sindicales si bien conservan su poder institucional, han cambiado en consonancia con ya varias décadas de primacía de un nuevo modo de acumulación  Que implica esto: en cada etapa histórica el capitalismo transforma las relaciones con el asalariado, para organizar la extracción de plusvalía acorde a su propia acumulación y a las transformaciones materiales, sociales y políticas. También transforma las relaciones entre capitalistas y entre Estados. En relación con esto se transforman las instituciones estatales y sociales que expresan ese nuevo modo de acumulación. El capitalismo neoliberal no pudo en Argentina transformar radicalmente a los sindicatos, en su forma, pero cambió su representatividad y transformó (o alteró la relación de fuerzas) al interior de su capa dirigente y con sus bases.

La estructura sindical argentina es una fuerza social no solo por sus bases obreras, sino por que los sindicalistas constituyen una capa que cumple muchas funciones y que están a la cabeza de un enorme “aparato”. Al interior de esa capa se consolido una tendencia que concibe al sindicalismo cono “gestión”, en algunos casos como función ordenadora del trabajo para el capital y en otros como parte del Estado. Es la ideología de los antiguos participacionistas. Es la salida que le dio en Menemismo a una parte mayoritaria de las direcciones, crecer como “aparato”, como mediadores entre el capital y el trabajo, como socios en empresas, aun `perdiendo en algunos casos el grueso de sus afiliados. Solo en caso de la Unión Ferroviaria, socia de la privatización y desguase del sistema ferroviario, dejo 60 mil trabajadores en la calle y al gremio con solo 8000 afiliados. No fue “solo”· corrupción personal, sino una concepción de adaptación de la función sindical a la nueva lógica del capital.
Es imposible entender el comportamiento de la dirección sindical si no damos cuenta de las transformaciones estructurales del capitalismo y como operan en la forma concreta de organización sindical argentina. El macrismo tiene como objetivo estratégico transformar tanto la legislación laboral como la organización sindical. O sea alterar el balance de poder entre las clases dando cuenta jurídicamente de lo que el capitalismo actual a nivel global (no necesariamente nacional) considera óptimo. Es una identificación con los modelos tipo chileno y brasileño, pero en Europa la cuestión es similar. En realidad la historia del MO argentino es muy diferente a la de los latinoamericanos, es más poderoso en todos los sentidos, y es un actor indiscutido de la lucha política y de la pelea económica. Y lo es por peso propio.

En estos últimos dos años se esta implementando un modelo de país que pretende ser un cambio radical y profundo que “termine con la argentina populista”. Amparado en caballitos de batalla como la corrupción, lo que se realiza es, en primer instancia, una transferencia de ingresos de los asalariados a los propietarios, en segunda de los sectores de la economía mercado internistas a los globalizados, y en tercera desde el país hacia en extranjero. Pero esto, que dicho así solo prueba a ofensiva del capital en el terreno económico, aspira a ser sancionado como una transformación estructural que cierre el ciclo abierto en 1976. Lo cual implica barrer lo que queda de las viejas conquistas hechas instituciones por el peronismo. Adecuar Argentina al mundo es hacer de nuestro país un espacio de negocios, es hacer dogma la idea de mercado como mejor regulador de la economía, la moneda, el trabajo y la naturaleza. Y por lo tanto eliminar las trabas a ese sistema, una de ellas es el sindicalismo tal como lo concibió el peronismo. O sea terminar con el poder sindical autónomo y con capacidad de veto. ¿Permitirán los dirigentes esto? Muchos indicios dicen que si, pero la pelea en el mundo sindical esta desarrollándose en este momento. Dependerá de la habilidad el gobierno para “negociar” con una mayoría dispuesta a “moderar” y “preservar” mediante el diálogo.

Sin embargo en el MO hay una amplia cantidad de militantes que ven con claridad el problema y también un conjunto de dirigentes que lo expresan públicamente. Los agrupamientos y tendencias son diversos, desde Pablo Moyano hasta las CTAs, desde la Corriente Federal hasta el triunviro Shmid. Pero la relación de fuerzas muestra que sindicatos como UOM, SMATA, por mencionar dos de los industriales, se encuentran en la vereda de la “pacificación”. Lo de SMATA es lamentable ya que su integración a los intereses del complejo automotriz es total. Pero la UOM no muestra tener nada que ganar, parece condenada a una caída libre que no se refleja en una resistencia acorde. Aunque algunas ramas esta insertas en núcleos dinámicos del capitalismo argentino como los siderometalúrgicos. Los gremios del transporte, que fueron el pilar de la resistencia sindical al menemismo y claves en cualquier plan de lucha, tiene una baja importante la UTA conducida por Fernández. Esta organización es socia privilegiada del ministro de transporte Dietrich. Si en los 90 la UF fue el paradigma de la integración como socio de negocios y abandono a sus bases (amen renunciar a toda retórica de defensa del patrimonio nacional), hoy se suman los colectiveros dejando al mundo del transporte débil para garantizar un paro. Y así podríamos extendernos en corrientes como la expresada por la UOCRA tradicional gremio participacionista y los estatales de UPCN, los del agua, etc. etc.

O sea si antes se acusaba de “reformismo burocrático” al sindicalismo vandorista hegemónico, hoy avanza una tendencia que tiende a la hegemonía y se reorienta hacia la “gestión de recursos humanos autónoma” para amoldarse al capitalismo, tal es el lugar que se le reserva en el modo de acumulación actual. Sin embargo la resistencia es fuerte, como lo expresan Palazzo en la conducción de bancarios, los sindicalistas de Seguridad Social como Fabre, los Camioneros y la izquierda. Pero insuficiente para ganar la disputa y hacer jugar el aparato en un plan de lucha y parar el país por una decisión orgánica. Quizás haya que reemplazarla por la lucha.

El 23 de setiembre el máximo organismo representativo de los trabajadores (o de los dirigentes, que asumimos con un grado de legitimidad aunque no nos guste en numerosos casos) el Comité Central Confederal, se reunirá para ver como enfrenta al macrismo. Estamos ante una coyuntura estratégica. El proyecto que expresa Cambiemos puede ser revalidado electoralmente.

Vivimos una situación “enrarecida”. La desaparición de Maldonado en coincidencia con el desarrollo de las PASO se instala como centro de discusión con cada vez mayor fuerza. Ha dejado en un segundo plano a temas como el plan económico y laboral del gobierno, la corrupción y la inseguridad. Es un tema más enrarecido aún por la fantasiosa creación de la comunicación oficial de una “guerrilla indígena” en el sur, y por la cada vez mas fuerte certeza de participación la gendarmería en una desaparición forzada y en un operativo dirigido directamente por el gobierno contra siete personas que cortaban una ruta. ¿Cuánto puede afectar esto la decisión de lucha de la dirección sindical? Eso depende de si apuestan a la gobernabilidad, a calmar el ambiente, a colaborar que las cosas fluyan lo más encauzadamente para Cambiemos y los políticos que aspiran a una reproducción ordenada del statu quo; o si apuestan a “patear el tablero”. Entre dos elecciones nos encontramos en una situación clave para desgastarlo, Los sindicatos son la única estructura organizada del pueblo argentino con la capacidad de darle una batalla real y ponerle palos en la rueda, y hasta derrotarlo.

Parece difícil con las expresiones de dirección existentes. Pero, en muchos casos, la política del gobierno y la burguesía ensoberbecida, logran lo que la organización conciente no. Si el macrismo y las patronales van por todo por sentirse demasiado fuertes o porque se sienten ante una oportunidad histórica, quizás generen una reacción que vuelque a los acomodaticios tras las fracciones dirigentes dispuestas a luchar. Por otro lado la presión de las bases, de las organizaciones de base, de las regionales, y algunos sindicatos pueden ayudar a crear un clima que altere la correlación de fuerzas hacia el polo de la confrontación.

Hoy la unidad sindical proclamada por Perón parece más bien un ancla que un poder. La unidad construida en la CGT depende de un equilibrio de tendencias que se mantienen unidas a partir de un punto en el cual se impone no romper lanzas con el gobierno. Se lleva la idea de “presión/negociación” al plano exclusivo del diálogo. Cuando la “amenaza” de plan de lucha llega a la CGT los dialoguistas apelan al “dialogo” o amenazan con la ruptura. Y el gobierno dialoga, eso es verdad, avanza y dialoga. Los planes de lucha se desinflan, se reducen a la retórica, el pueblo se desalienta y pierde confianza. El enorme poder del MO expresado, aún en esta situación calamitosa, en tres grandes movilizaciones y un paro general masivo, es dilapidado. Pero aún Perón, apóstol de la unidad, que tanto llena la boca de los sindicalistas (aunque cada vez menos), sabia que cuando “algunos” negociaban demasiado y ponían sus intereses de grupo por sobre los del “movimiento” había que romper y potenciar líneas de mayor dureza.

El futuro no es predecible. Los que apostamos a la lucha sabemos que las clases no son pasivas receptoras de maniobras de los dirigentes. Allí tarde o temprano se dirán las palabras que barrerán (o no) a este proyecto macrista y a los que lo acompañan desde los sitiales que no deberían ocupar en los sindicatos.

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sábado, 16 de septiembre de 2017

El modelo es Blade Runner. El modelo es hoy. Por Mariano Dubin, para La Tecl@eñe







Bullrich en Tel Aviv o un salto en la violencia política

Por Mariano Dubin, Licenciado en Letras. Docente e investigador de la Universidad Nacional de La Plata. Para La Tecl@ Eñe


Las PASO fueron otro derrumbe estadístico. Cristina Kirchner no arrasó. Y el PRO, luego de un año y medio de políticas reaccionarias, logró un piso electoral nada despreciable de un tercio del voto nacional. Lejos, desde ya, de los “comienzos fundacionales” de Alfonsín, Menem y Kirchner con primeras elecciones contundentes pero lejos, también, del fantasma delarruista.

De un escrutinio mustio surgió un triunfo electoral escueto de Cristina Kirchner en Provincia de Buenos Aires. Ahora en una nueva elección que posibilita la polarización, tal vez, tengamos un número preciso de votantes que apoyan al gobierno: ¿cuántos electores de Randazzo, de Massa, de otras fuerzas, terminarán en Esteban Bullrich? En este “ballotage” se juega más que la pasión de pertenencia, la de rechazo: ¿qué es más masivo el antikirchnerismo o el antimacrismo? Podremos conocer pronto el aguante popular al macrismo que lograría una estructura de sentimiento anhelada por cualquier populismo: un voto que no se referencia en su inmediatez material sino en la adhesión de valores postreros. Hay otra hipótesis (más frágil): que el PRO haya alcanzado su techo y el votante de Massa que simpatiza con Macri ya haya migrado. Los números finales nos darán material de análisis pero siempre en proceso de ser otra cosa: todo puede transformarse en la creciente conflictividad social.

No obstante, hay datos a considerar. Cristina Kirchner está muy lejos de ser un cadáver político como le gustaría a Feinmann y a los periodistas que hacen de sus frustraciones e impotencias personales (y sobres que van y vienen) un programa ideológico. Está muy lejos, asimismo, de líderes de mayorías como Hugo Chávez o Juan Perón. No sólo por sus votos magros sino por la pasión que despierta en las clases populares: sí, hay voto pero no hay pasión mayoritaria. Hay un sector de amor desmedido (como todo verdadero amor, por otra parte) en pequeños sectores sociales. Hay un sector de las clases trabajadoras que la votan con indiferencia o pragmatismo y otro importante sector que nunca la votaría. El kirchnerismo en su derrota política de 2015 se replegó en grupos militantes de clase media que creen, a un destiempo histórico y contra toda prueba documentada, que la ilustración es el arma política por excelencia. Hicieron, en su momento, picnics militantesen las zonas más ricas de Capital Federal (donde Macri había sido votado por casi el 80% de los votantes). La calle, por el contrario, sigue siendo más prolífica y salvaje. Ahí aparece, nuevamente, el desmadre popular: trabajadores, desocupados, cartoneros, campesinos. Cortes de rutas, marchas multitudinarias, asambleas. Sin embargo, nadie logra hacer de esa acumulación social, una síntesis política.

¿Culpa de Cristina Kirchner? No, esa es la fácil. Pensar que la política argentina depende de las posibilidades e imposibilidades de un actor. Miren a los costados de la rosca política y vean el mayor de los desiertos ideológicos. No se puede exigir a otro lo que no es y lo que uno no ha construido.

El Macrismo espera que el piso techo electoral de Cristina Kirchner no sea sólo un tapón para el propio kirchnerismo sino para toda la oposición. Los peronistas que no asumen su liderazgo aciertan que hay un límite en su forma de construcción pero no revisan sus formas mezquinas que replican en versiones cada vez más fragmentadas y reaccionarias. En ese esquema hay Macri ad aeternum. Aunque sabemos que en este mundo criollo la eternidad la venden cortada en cualquier esquina: lo que hoy aparece como estructura perfecta, mañana son sus escombros donde sobrevivimos.

De fondo, el peronismo vive en una confusión. Confunde unidad con rosqueo de dirigentes y liderazgo con narcisismo. Falta programa, movimiento de masas, unidad. Falta todo. Menos narcisismos y cacicazgos sin indios. Eso sobra.

Hay una actitud democratizante, parlamentaria, menchevique que asusta. El peronismo nunca fue liberal. O lo fue de manera póstuma. Hasta la izquierda parece un actor cortés. El PRO, en cambio, es mucho más inteligente y salvaje. Claro: el manejo del Estado, representar a las clases dominantes, controlar todas las fuerzas represivas, la justicia, el periodismo y otras instituciones basadas en el proxenetismo de los apellidos ilustres es clave. Nuestro devenir ontológico electoral y republicano es débil frente al pragmatismo conservador. El PRO, como siempre fueron los liberales argentinos, no cree en las reglas republicanas sino para sodomizar a los otros.

No sólo en el truquito del conteo son hábiles sino en reconstruir una agenda represiva. Acá, también, hay un doble movimiento: no es sólo el Estado imponiendo su supremacía sino, como sucedió en todo proceso autoritario perdurable, sectores sociales amplios (aunque no necesariamente mayoritarios) que van instaurando la tópica fascista. Hay un electorado macrista (y tal vez no siempre macrista) que está imponiendo la necesidad de la violencia estatal. Hay ganas de un muerto. O varios. El PRO tiene que jugar en ese equilibrio. También tiene al progrechetismo de los Piter Robledo. El Macri más capaz es el que logra contener a todos.

Lo evidente es el salto en la violencia política. Un salto cualitativo en la lucha de clases. La historia demuestra que no hay vuelta atrás. Un cambio propiciado, en gran parte, por las clases altas y su violencia clasista (un clasismo más perdurable que el de las clases trabajadoras, por cierto). Pero cuando la lucha de clases se tensa no hay paz social sin refundación política. Eso significa muertos y represión. Significa audacia política. Todo a verse.

Sin duda esta violencia política nos exige un análisis no parlamentario (¡hay que dejar de ver el canal de Boudou!). La represión es, sin duda, una apelación política de mediano plazo. Uno pensaría sino que la violencia de Lewis, de Benetton, de Braun, de Rocca, de Blaquier da cuenta de un momento pre revolucionario o de una restauración conservadora post revolucionaria: ¿dónde están los soviets de fábrica, los territorios liberados? En ningún lado. Lo que no niega una estructura social y de derechos extendidos por el kirchnerismo que se busca desmantelar. Vivimos una (fantasmagórica) fiesta prolongada de las clases medias que gozan su llegada a Miami (con o sin tornado) luego de una temporada en los gulags kirchneristas.

No hay otra lectura posible a una decisión (donde juegan, también, Tel Aviv y Washington) de un reordenamiento político y económico y donde lo militar y, en particular, los servicios de inteligencia juegan un papel novedoso. Bullrich en Tel Aviv sería el título de la nueva obra. Cambien mapuches por palestinos y tendrán toda una hoja de ruta de la derecha sionista de los últimos (casi) setenta años.

La represión no es, necesariamente, pura dominación. El macrismo lo sabe: ahí están los 30 muertos del fracaso De la Rúa. La Alianza no logró dominación, ni hegemonía. Macri va por la hegemonía y espera replicar un modelo de apoyo popular a la represión. Para eso necesita un Estado atomizado, una población confundida y luchas sectoriales asfixiadas en su inmediatez. Chile y Colombia, con diferencias sustanciales, son modelos posibles. A diferencia de las colonias y neocolonias pretéritas, donde el Estado apostaba a una infraestructura centralizada y compleja, la tierra arrasada es el plan óptimo del imperialismo. La distopía presente nunca sería la del mundo controlado y homogéneo a lo 1984 o Un mundo feliz. El modelo es el caos. El refrán popular ya lo define: a río revuelto, ganancia de pescador. El modelo es Blade Runner. El modelo es hoy.


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jueves, 14 de septiembre de 2017

“En un país colonial las oligarquías son las dueñas de los diccionarios.” John William Cooke. Colonización de la subjetividad: La falsa oposición populismo-democracia. Por Nora Merlin










Por Nora Merlin,  Psicoanalista - Magíster en Ciencias Políticas. Autora de Populismo y psicoanálisis (Letra Viva, 2014). Autora de Colonización de la subjetividad. Medios masivos de comunicación en la época del biomercado para La Tecl@ Eñe




El poder neoliberal se apropió de los significantes “democracia” y “república”, intentando imponer sus significados como si fuesen naturales o necesarios. Periodistas”, políticos y jueces del establishment promueven la caracterización de los populismos como una amenaza para la república y la democracia. El verdadero peligro, afirma Nora Merlin en esta nota, es esta nueva forma del capitalismo, el neoliberalismo, que va erosionando los pilares fundamentales  de la república.

Una tendencia mundial muestra que el neoliberalismo crece a escala planetaria, contaminando toda la cultura. Los Estados, manejados por gobiernos que representan intereses corporativos, administran los negocios del capital internacional y terminan siendo meros gestores o marionetas de las megaempresas. El poder neoliberal se apropió de los significantes “democracia” y “república”, intentando imponer sus significados como si fuesen naturales o necesarios. Los “periodistas”, los políticos y los jueces del establishment instalan y promueven el prejuicio que afirma que los populismos van en contra de la república y constituyen una amenaza para la democracia. Ese prejuicio constituye una falacia ideológica que pretende conservar los ideales de las minorías privilegiadas. Sostenemos, por el contrario,  que el verdadero peligro es esta nueva forma del capitalismo, el neoliberalismo, que va erosionando los pilares fundamentales  de la república: “libertad, igualdad y fraternidad”,  la conocida frase nacida en la Revolución francesa que en el siglo XIX se convirtió en el grito de republicanos y liberales a favor de la democracia. Veamos qué sucede en el neoliberalismo con cada uno de estos términos.


Libertad


La mayoría de los gobiernos en esta etapa neoliberal acceden al manejo del Estado por el voto y, como hemos sostenido en otros artículos, poco va quedando de libertad de elección ya que los medios masivos colonizan la subjetividad, crean la realidad y manipulan las supuestas “elecciones libres” a partir de un totalitarismo comunicacional corporativo. Con voracidad el poder busca consumir al sujeto, producir una nueva subjetividad e imponer opinión pública a través de un discurso único. Si los sentidos o las representaciones no se debaten sino que se cristalizan, se literalizan transformándose en monolíticos, la práctica democrática es interrumpida dando lugar al autoritarismo y, en el caso extremo, al totalitarismo. El poder reprime el antagonismo propio de la política en los cuerpos o en lo simbólico, desconociendo las diferencias, la pluralidad de voces, los desacuerdos, las demandas populares, lo heterogéneo; en definitiva todos los elementos de la construcción populista. La democracia se reduce a un legalismo formal de elección de representantes, un juego de instituciones, donde los Estados resultan manejados por gobiernos que representan el poder: un simulacro de democracia.


Igualdad


El neoliberalismo constituye una potencia que, en acto, está estableciendo una cultura global de masas, alimentada por un totalitarismo comunicacional de discurso único, digitando la opinión pública, que resulta sometida de manera inconsciente. Una cultura homogeneizada y basada en un supuesto consenso que evita el conflicto político, se sitúa en las antípodas del principio de igualdad democrático. El rebaño totalitario se configura como una estructura fundada en la identificación, la sugestión, que se pretende garantía de pertenencia social,  cuando en realidad es un ordenamiento meramente imaginario.

La cultura resulta planteada como un negocio, al quedar organizada por el imperativo de consumo, que coexiste con la inequidad en la distribución de la renta y la dificultad para adquirir los objetos necesarios en el mercado. La subjetividad resulta colonizada por los principios empresariales: el gerente de sí mismo, el emprendedor, el deudor, la meritocracia y los rendimientos que nunca dan con la cifra esperada.

Esto acarrea una desigualdad en aumento y la creciente uniformidad de una masa que rechaza al sujeto del lenguaje y va en contra de la política.


Fraternidad


Vemos surgir un “mundo feliz”, conformista y cínico, que goza  del consumo de fármacos y de todo tipo de objetos tecnológicos, en el que se reprime el disenso y se desalienta la participación apasionada en nombre de una falsa armonía, mas determinada por el new age que por la política. El “manual neoliberal” sostiene el ideal de la gestión junto con múltiples operaciones orientadas a desprestigiar la política y transformar el conflicto que la define en una disputa entre individuos motivada por el odio.  La política demonizada, asociada a la violencia y recortada como una cuestión moral entre buenos y malos, que lleva a convertir al adversario en el enemigo al que se debe erradicar como si fuera “el mal”. De ahí el auge del racismo, la xenofobia y una creciente hostilidad hacia el prójimo, que el Estado no regula sino que, por el contrario, alimenta.

El poder mediático concentrado promueve la satisfacción en la venganza y en un odio radical contra la alteridad. El odio es una afecto disolvente de los vínculos sociales que, junto a la agresividad, resulta descender de la pulsión de muerte. Se torna muy difícil conmover las identificaciones hostiles, racistas y antidemocráticas, no por déficit epistémico sino porque los medios de comunicación y el marketing político realizan una eficaz manipulación del afecto.

Los Estados neoliberales han fracasado en su función fundamental: evitar el poder del más fuerte, hoy las corporaciones, y limitar la violencia entre las personas.


Totalitarismo neoliberal


Constatamos que el poder neoliberal ataca con toda su artillería: política, económica, mediática, judicial, imaginaria y simbólica a los populismos. Desprestigiándolos globalmente los desestabiliza, realiza golpes institucionales como una “cruzada democrática” y de “lucha contra la corrupción”. Persigue a dirigentes sociales y políticos, logrando ganar en la batalla cultural por la imposición de significados, al convencer que populismo es igual a fascismo, y que en consecuencia se trata de un totalitarismo que se opone a la democracia y a la república.

Nuestra posición es que el populismo, tal como lo estableció Ernesto Laclau en su libro La razón populista (2008), amplía la democracia, la radicaliza, aportándole un pueblo que se  construye  hegemónicamente por voluntad popular, en la que  no hay privilegio estructural de un agente o una clase y no hay sentidos naturales ni intereses históricos necesarios. Se trata  de una iniciativa política contingente que supone la articulación de demandas como práctica concreta, un colectivo de diferencias y equivalencias en permanente tensión; el trazado de una frontera que divide lo social en dos campos, y que en el proceso mismo se constituye lo que se quiere representar: el pueblo. La hegemonía postula una democracia participativa, que incluye el afecto, los cuerpos, las voces, las demandas. Las acciones del pueblo constituyen un movimiento instituyente que mantiene viva la democracia, asegurando su realización en función de los intereses del pueblo, evitando devenir un dogma fijo y establecido para siempre. Las instituciones neoliberales no escuchan ni reconocen al pueblo sino que lo rechazan, lo que transforma a la democracia, que debería ser el gobierno del pueblo, en una gestión de expertos, en una tecnocracia  sometida a los poderes corporativos.


Populismo y democracia


El populismo constituye una posibilidad distinta a la masa de construir lo común. Contrariamente a lo que algunos afirman prejuiciosamente, el populismo lejos está de oponerse a la democracia o de constituir un obstáculo para su buen funcionamiento: ambos se retroalimentan y precisan mutuamente, la presencia combinada de pueblo y Estado puede ofrecer una perspectiva realista en la ruta democrática.

El populismo pone en escena un movimiento discursivo y afectivo, una voluntad popular que interpela y demanda al Estado, radicaliza la democracia y se sitúa en las antípodas de representar un peligro para ella. Constituye un experimento soberano de autonomía frente a la civilización global, que pretende legislar a favor de las minorías privilegiadas. Una apuesta política distinta a la uniformidad de las recetas que proponen universalmente los expertos del neoliberalismo.


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martes, 12 de septiembre de 2017

Los melones en el carro se acomodan solos, dice el neoliberalismo... y los convenció de que son melones







Los melones en el carro se acomodan solos, y eso el neoliberalismo lo sabe y lo profundiza, a tal punto que solo necesita andar de acuerdo a su ritmo, siguiendo su ruta proyectada, no apartándose ni un centímetro de sus senderos cardinales, embarazando aún más el recorrido. Sabe que algunos de los melones que lleva dentro del carro se mostrarán disconformes, ciertamente crispados, frutos que pasados los kilómetros se exhibirán fatigados debido a que las comodidades no son las requeridas o soñadas; aún así el neoliberalismo conductor está absolutamente seguro que ese melón, a poco de mirar a por fuera del carro, verá que la suerte que le espera en la extranjería lejos está de ser mejor, en consecuencia hará todo el esfuerzo demandado de forma tal se conforme y se adapte a ese rincón en donde por mandato del mercado de frutos dejará descansar su mutilada existencia hasta finalmente compartir la elegante mesa gourmet del cochero y sus amigos, pero solo como refrescante alimento de fin de fiesta.

Acaso las cuestiones más complejas de asimilar con relación a este drawiniano fresco social relatado sean por un lado la resistencia de los pocos melones que prefieren no subir al carro, cucumis melos minoritarios que optan por la libertad de sus paradigmas y que se niegan por convicción a ser bocado neoliberal y que en su lugar luchan para que ese carro nunca llegue a su destino final, enfrentando la superioridad moral de los que arriba se muestran apretados, silentes, mirando siempre el mismo cielo, acomodados  y conformes por obra gracia de sus quiebres y los quiebres del camino.

Los melones en el carro se acomodan solos, y eso el neoliberalismo lo sabe, y a tal punto lo sabe que hasta se da el lujo de llevar en su carga algunos frutos recelosos, de manera demostrarles a los demás que si estos están, el destino no puede ser tan malo como los perversos de las zanjas linderas les quieren hacer creer. Para ello “los medios, como fines estratégicos, disfrazados de medios de comunicación e información”, fuentes de “aculturización y gatopardismo” son convenientemente llevados adelante y manejados por melones que por ventura neoliberal suelen ocupar lugares ventajosos dentro del carro, sitios de ex profeso determinados por el conductor y que el resto que se acomoda solo, desconoce o prefiere ignorar; el neoliberalismo sabe que la mejor manera de disciplinar es la amenaza de caída, situación que el mayoral no tendrá inconveniente en afrontar si pierde velocidad de acción o se encuentra ante un conflicto de carga.

No hay que preocuparse o alarmarse:

los melones se acomodan solos, afirma el neoliberalismo...

los melones se acomodan solos afirman los medios...

los melones se acomodan solos afirman los melones incluidos...

los melones incluidos se acomodan solos sentencian los melones que aún fuera desean ser incluidos dentro del carro...

los melones incluidos y los melones que desean ser incluidos se acomodan solos dictaminan los melones que aspiran a no ser manjar de unos pocos y que justamente prefieren mantenerse a la vera del sendero libres y a la espera de refrescar el alma de tanto melón burgués cuyo máximo anhelo es ser comido por una pudiente caterva de psicópatas en medio de una pornográfica verbena clasista...

los melones se acomodan solos, decimos los que no nos consideramos melones sino personas, porque el asunto no es ser melón contestatario o progre sino dejar de asumirse melón, abandonando la idea de ir a los tumbos, luchando para que ese carro deje de circular más temprano que tarde...