FRASE DE EDUARDO GALEANO

EL ARTE Y LA CIENCIA EN UN DIÁLOGO ENTRE DOS SILENCIOS

lunes, 29 de agosto de 2016

Homo carroñero, especie en franco desarrollo en el sudoeste bonaerense, entre el río Quequen Salado y el río Sauce Grande



Imagen: Gentileza Página Oficial AM 1470 La Dorrego




El término carroñero procede del latín “carnis”, significado de “carne”, es de utilización biológica,  ya que se refiere a aquellos animales que se alimentan de carroña (cadáveres) por lo que también se los puede llamar necrófagos (del griego “nekros” en el sentido de cuerpo muerto”). Dichos productos orgánicos aptos para su nutrición son encontrados muertos, de manera que la característica fundamental es que aquellos que los disfrutan no han tenido que sobrellevar la fatigosa y riesgosa empresa de la caza. De manera que exigirles a estos animales ciertos comportamientos naturales como pensados constituye un despropósito intelectual, sin embargo solemos condenar a estas especies como malvadas y de espantoso rango, incluso merecedoras de extinción, cuando de calificaciones se trata. Así la hiena, el buitre, el tejón, el dragón de Komodo, el demonio de Tasmania son inmediatamente estigmatizados a pesar de ser seres cuya racionalidad no les permite evaluar comportamientos y son solo sus instintos los que determinan el modo de supervivencia. Ahora es realmente curioso que no seamos igualmente de exigentes con aquellos que teniendo capacidades superiores se comportan de igual modo.
Me refiero puntualmente al género humano. Metafóricamente y en sentido peyorativo se les llama carroñeros a aquellos individuos que sacan ventaja de los errores, horrores y desaciertos de los demás o aquellos que rescatan residuos para su aprovechamiento. Y me quiero detener en este punto. La ostentación de la ventaja, o como se diría en mi Flores de la adolescencia, pegarle al tipo que está caído, sujeto al que no enfrentaría en condiciones de paridad. Lo que hace peor al homo carroñero, y allí radica su máxima debilidad, es la necesidad, por placer y egoísmo, de contar con la víctima minutos antes de morir, nada de pasos intermedios que garanticen la vida. Científicamente está comprobado que ciertos individuos de esta especie necesitan para su satisfacción y goce que la carne se encuentre templada y la sangre no llegue coagular. ¿Y por qué dije debilidad?. En innumerables ocasiones esa soberbia vestida de necrofilia se vio sometida al último suspiro de la víctima, a la mordedura póstuma, a la “garra conclusión”, al epílogo y el zarpazo. Y así, el carroñero deja de ser invitado y anfitrión para formar parte del banquete, pero como carroña, a la espera de otros iguales a él. No tengo idea las razones por las cuales este texto decora a modo de prefacio la nota que a continuación cuelgo y que publica la página de la AM 1470 La Dorrego. Tal vez, más temprano que tarde, encontremos la respuesta…






Democracia de baja intensidad



Acaso sea la mejor explicación sobre lo que Cristina expresó hace unos días. El actual proyecto político está cimentado sobre las bases de una democracia de baja intensidad. El análisis le pertenece al Dr. Raúl Alfonsín, y lo desarrolló el 1 de diciembre de 1985 durante la Convocatoria para la convergencia democrática.

La concepción del orden como imposición 
y del conflicto como desorden.

"En una sociedad culturalmente desarticulada, que no reconoce la existencia de espacios normativos comunes entre sus grupos componentes, el orden sólo resulta concebible como producto de una acción coercitiva - y por lo tanto básicamente represiva - del grupo dominante. A la luz de esta concepción, las situaciones de conflicto son vistas como una quiebra antinatural del orden, como algo que debe ser suprimido. De más está decir que todas estas propensiones y actitudes componen cabalmente el cuadro de una mentalidad colectiva poco receptiva para la democracia. De ahí también que la precedente debilidad de la democracia en la Argentina, y la precariedad y la fugacidad de los esfuerzos desplegados hasta ahora por consolidarla, radicaron menos en sus instituciones que en nuestro modo subjetivo de asumirlas. Puede decirse que todos los intentos de revivir la democracia habidos hasta ahora en el último medio siglo han fracasado, en gran medida, porque se encaraba la tarea simplemente como un modo de manipular situaciones objetivas, desatendiendo la mentalidad, la interioridad cultural de la gente. Se daba por sentado que las expectativas naturales de todos o la inmensa mayoría de los argentinos eran democráticas y que si resultaban frustradas por el devenir histórico concreto del país, era porque factores invariablemente exteriores a la mentalidad popular imponían por la fuerza soluciones antidemocráticas. Luchar por la democracia era siempre luchar contra otros. El enemigo estaba afuera y nunca dentro de nosotros. En diciembre de 1983 se inicia por primera vez un esfuerzo de democratización basado en la conciencia de que la clave de los pasados regímenes autoritarios residía menos en la fuerza intrínseca de los mismos que en las posibilidades que tenían de asentarse sobre una cultura política disponible para aceptarlos.

Para nosotros, defender y consolidar la democracia significa luchar no sólo contra fuerzas antidemocráticas objetivas, sino también contra las deformaciones culturales generadoras de aquella difundida disponibilidad subjetiva que les ha servido siempre de base de sustentación. En esta labor de democratización subjetiva, desempeñan un papel de enorme importancia los educadores, los periodistas, los dirigentes de las organizaciones sociales representativas y los responsables de todos los medios de comunicación masivos".

N de la R: Desde luego que somos nosotros, los ciudadanos, los responsables de tabular y darle dimensión participativa al concepto intensidad. 

domingo, 28 de agosto de 2016

Joseph E. Stiglitz, el enemigo público número uno del establishment financiero internacional




Panamá: "el rey está desnudo" según Stiglitz

Olmedo Beluche es sociólogo y analista político panameño, profesor de la Universidad de Panamá y militante del Partido Alternativa Popular.

El afamado economista norteamericano, Joseph E. Stiglitz, y el abogado especialista en delitos financieros suizo, Mark Pieth, han sido declarados enemigos públicos por el gobierno panameño y la clase capitalista criolla. Los insultos contra ambos no cesan en los medios de comunicación. A Stiglitz particularmente lo han acusado desde dictadorzuelo, a comunista, pasando por agente del imperialismo yanqui. Y pensar que hace unos meses, los dos fueron invitados del presidente Juan C. Varela para integrar una comisión que debería lavar la cara del país ante el escándalo de los "Panama papers".
Recordemos que en abril de este año un grupo de medios de comunicación, agrupados en el llamado Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, y el diario alemán Süddeutsche Zeitung, hicieron pública una enorme cantidad de información filtrada al bufete de abogados panameños Mossack - Fonseca, en la que aparecían importantes personalidades mundiales relacionadas con sociedades anónimas creadas por esta empresa para esconder en diversos paraísos fiscales fortunas no declaradas. Conviene recordar que el Sr. Fonseca a ese momento era asesor personal de Varela y presidente del Partido Panameñista.
Frente al enorme escándalo que se armó, entre cuyas consecuencias estuvo la amenaza directa del gobierno francés de colocar a Panamá en la lista de "paraísos fiscales" por incumplir diversos acuerdos en ese tema, el gobierno de Varela creó una comisión que debía asesorar a Panamá respecto a cómo resolver el problema. Para dar prestigio a su comisión el gobierno panameño invitó a Stiglitz y Pieth, a quienes juntó con "especialistas" panameños como Alberto Alemán Zubieta (Banco General) y Nicolás Ardito Barletta, entre otros.
Y se juntó el agua con el aceite, pues Stiglitz se ha hecho famoso por sus posturas antineoliberales y por fomentar el control público sobre el sector financiero, y Pieth por denunciar los negocios ilícitos que se esconden detrás de la banca, con dos panameños que son creadores y beneficiarios del Centro Bancario y su forma de negocios, entre ellos, la creación de sociedades anónimas y el secreto bancario.
Stiglitz ha dicho ("Why we left the Panama Comission") que él aceptó ser parte de la comisión ante el compromiso del gobierno panameño seguir las recomendaciones para hacer transparente el sistema financiero, y que él como Pieth, solicitaron que se hiciera público el informe de esta comisión (en el que al parecer queda en evidencia algunas prácticas no muy santas). Si lo que se buscaba era transparencia, lo lógico era que la comisión fuera transparente y publicara el informe, a lo que se ha negado el gobierno panameño, ha dicho Stiglitz.
Stiglitz, como el niño del cuento "El rey va desnudo", no ha dicho nada que no se sepa en Panamá y en el mundo. El sistema panameño fue creado para que sirviera de paraíso fiscal, es decir, de lugar donde esconder desde evasiones fiscales a "fortunas mal habidas". Eso es así desde que Pablo Escobar se escondía por aquí cuando la ley lo buscaba en Colombia.
El problema para Varela, los banqueros y grandes bufetes panameños es si van a seguir con ese modelo de "negocios" o van a cambiar. Hasta ahora se resisten al cambio. Por ejemplo, del escándalo de los "Panama papers" lo único que se investiga la procuraduría panameña es quién "hackeó" a Fonseca, no lo que el mundo quiere saber: quiénes esconden sus fortunas en esas sociedades anónimas.
De ese negocio se han hecho millonarios algunos abogados y banqueros, como Ramón Fonseca y otros que todos conocemos. Pero al pueblo panameño no le ha tocado nada de esa riqueza. Así que en su defensa que no apelen a falsos nacionalismos porque la evasión fiscal es una forma de robarle a los pueblos, incluyendo el nuestro.

Fuente: Revista Sin Permiso


viernes, 26 de agosto de 2016

Maestros del Blues. Rick Derringer







Nacido en Ohio en agosto de 1947, Rick Derringer se ha configurado con el tiempo como un exitoso músico y productor, incluso ha ganado algún Grammy por su trayectoria. Durante los años setenta incursionó en la banda The McCoys, para luego dedicarse plenamente al blues junto nada menos que a los hermanos Winter. Una veintena de grabaciones hablan de su enorme talento. 







jueves, 25 de agosto de 2016

En Argentina se derrumba todo, menos la perversión y el canibalismo de Cambiemos, y sus insaciables adherentes




La confianza del consumidor se derrumbó un 24,7% en agosto

El Índice de Confianza del Consumidor se desplomó en agosto un 24,7%, respecto del mismo mes del año pasado, indicó este jueves el Centro de Investigación en Finanzas de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella.


Asimismo, con relación a julio pasado, el índice mostró una merma del 6,2%, agregó Di Tella.


La confianza de los argentinos sobre la posibilidad de comprar bienes durables (un auto o electrodomésticos) e inmuebles se hundió un 51,4% en el relevamiento realizado entre el 4 y el 14 de este mes.


Por su parte, la percepción de los argentinos sobre su situación económica personal con relación a un año atrás cayó un 20,1%. 


Y la confianza sobre situación económica del país retrocedió un 9,4% respecto de la consulta realizada por la casa de altos estudios en el mismo mes de 2015.


Juan José Cruces, Director del Centro de Investigación en Finanzas de la UTDT, detalló que "en la comparación interanual, el índice muestra una caída de 24,7% respecto a agosto de 2015 y de 2,5% respecto a agosto de 2014."


Además Cruces señaló que "respecto al mes anterior, entre los subíndices que componen el ICC, Situación Personal, Situación Macroeconómica y de Bienes Durables e Inmuebles caen 2,8%, 9% y 5,8% respectivamente".


Por otra parte, el estudio destaca que la confianza de los consumidores cae un 32,6% interanual en el Gran Buenos Aires, un 14,9% en el Interior del país y un 14,8% en Capital Federal. Respecto al mes anterior, el índice cede un 8,6% en el GBA, un 5,3% en el Interior y un 0,8% en CABA.


Por último, la percepción de los consumidores se contrae un 27,5% interanual para el sector de los encuestados con menores ingresos y 21,7% para el sector de los encuestados con mayores ingresos.

Cayó 13.4% la venta de electrodomésticos:



Fuente: Ámbito Financiero


miércoles, 24 de agosto de 2016

CONGRESO DE LA CGT.. es hora de devolver favores y negociar con Massa para "pisar" el conflicto social, dice Macri...




El difícil camino hacia la unidad

Por Mara Espasande, Historiadora, docente-investigadora de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa), miembro del Centro de Estudios Felipe Varela y del Centro de Estudios para el Desarrollo Nacional Atenea. para Le Monde diplomatique


Después de años de divisiones, y con algunas disidencias, la CGT se unificó a través de la conformación de un gobierno tripartito integrado por Héctor Daer, Carlos Acuña y Juan Carlos Schmid. Remontarse a los orígenes del movimiento obrero argentino permite comprender por qué ha costado tanto alcanzar la unidad a lo largo de la historia.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Sudamérica, en 2015, había 24 millones de afiliados, lo que representa un índice de densidad sindical del 19% sobre la ocupación total. En Argentina esta tasa ascendía al 32%, la más alta del continente. A pesar del debilitamiento causado por la aplicación de las duras políticas neoliberales desde 1976, el movimiento obrero organizado continuó siendo un factor de poder de negociación gremial y un actor político central, con mayor intensidad aún después de la recomposición económica y productiva posterior al 2003.
Desde su surgimiento en la segunda mitad del siglo XIX, el movimiento obrero argentino se reconoció como sujeto político y buscó incidir en el campo político. Esta autopercepción y su disputa por espacios de poder –en particular a partir de 1916– atravesaron toda nuestra historia y son una de las claves para comprender la búsqueda constante de la unidad, a pesar de que sólo se concretara en algunos períodos (1930-1935; 1943-1955; 1960-1968; 1970-1976; 1984-1989; 2004-2012). Ahora bien, la unidad alcanzada puede ser de naturaleza institucional-gremial o política; sin embargo, no siempre que se la alcanzó confluyeron estos dos aspectos.
Una revisión histórica sobre el movimiento obrero argentino permite reflexionar sobre esta problemática.

De la década infame al peronismo

Hacia fines del siglo XIX Argentina, México, Brasil, y en menor medida Chile, fueron los países que lograron una mejor inserción en el mercado mundial. A pesar de producirse en el marco de la construcción de un régimen semicolonial, se logró el desarrollo de una amplia infraestructura (en Argentina, por ejemplo, a partir de los ferrocarriles) que dio origen a una clase trabajadora urbana.
En este contexto, con la llegada de inmigración europea se crearon los primeros sindicatos bajo la influencia de ideologías tales como el comunismo, el socialismo, el anarquismo y el sindicalismo revolucionario. Salvo estos últimos, en su gran mayoría entendían al sindicalismo no sólo como herramienta gremial, sino también como espacios desde los cuales actuar políticamente.
La primera experiencia de unidad del movimiento obrero se produjo en el marco de la dictadura de José Félix Uriburu. La creación de la Confederación General del Trabajo (CGT), el 27 de septiembre de 1930 –días después del primer golpe de Estado en el país– fue resultado de la unión de la Confederación Obrera Argentina (COA) y la Unión Sindical Argentina (USA), luego de que el gobierno aplicara la Ley Marcial y fusilara a un trabajador. La unidad institucional-gremial se logró a partir de la necesidad de resistir a una dictadura que avasallaba los derechos básicos de los trabajadores. Sin embargo, por su origen ideológico diverso –la COA era socialista y la USA sindicalista– no se logró construir un programa político uniforme y estas diferencias llevaron a una ruptura en 1935 (a partir de la cual se conformaron la CGT Independencia y la CGT Catamarca).
La confluencia entre la organización institucional, gremial y política se produjo recién tiempo después, en el marco de la gestación del movimiento peronista hacia 1943. Durante la gestión al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión, Juan Perón no sólo consagró los derechos por los que los trabajadores venían luchando hacía décadas, sino que también sancionó la Ley de Asociaciones Profesionales 23.852, que estableció el mecanismo legal para la conformación del sindicato único por rama con capacidad de recibir las cotizaciones y de negociar con la patronal y el Estado, lo que dio origen a una institucionalidad propia del movimiento obrero argentino que explicará en parte su devenir histórico. Durante los dos gobiernos de Perón (1946-1955) el movimiento obrero sostuvo la unidad tan mentada. La CGT se convirtió en una de las centrales obreras más poderosas del continente, no sólo por su conformación numérica, sino también por su vínculo privilegiado con el Estado, que le permitía incidir profundamente en las políticas públicas. El secretario general de la CGT participaba en las reuniones de gabinete, en cada Ministerio funcionaba una comisión integrada por representantes de la central obrera, existía un agregado obrero en cada embajada argentina y tenían representación en el Congreso Nacional (un tercio de participación en las listas electorales). También, acompañando la política de integración latinoamericana promovida por Perón, impulsaron la creación de la “Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS)”.
Sin embargo, la relación de Perón con la conducción de la Confederación obrera no estuvo exenta de conflictos. El primer enfrentamiento se produjo poco después de las elecciones de 1946. Luego del 17 de octubre de 1945, sectores de la CGT cercanos a Perón habían creado el Partido Laborista, que se presentó como una organización política de los trabajadores con una dinámica autónoma frente a los partidos políticos existentes y que le permitió ganar las elecciones. Se destacaron allí Cipriano Reyes (trabajador de la carne) y Luis Gay (telefónico). Tres meses después de las elecciones, Perón decidió que el partido laborista fuera disuelto con la intención de que todas las fuerzas aliadas se concentraran en el Partido Único de la Revolución Nacional, antecedente del Partido Peronista. Esta tensión puede vincularse con la necesidad de la construcción de un frente policlasista de liberación nacional en el que los trabajadores eran, indudablemente, la columna vertebral, pero no el único actor social que lo conformaría. Tanto Reyes como Gay fueron entonces desplazados de la estructura orgánica del peronismo. Sin embargo, las fricciones entre la conducción del movimiento nacional y la de la CGT no implicaron –como afirma cierta historiografía – la sumisión de la CGT al gobierno nacional.

Entre la resistencia y la integración

Pero esta experiencia inédita de unidad, de confluencia gremial y política, encontró profundas dificultades para volver a concretarse en otros momentos históricos. Más allá de volver a alcanzar la unidad institucional, las diferencias políticas al interior del movimiento resultaron en numerosas ocasiones insoslayables. A pesar de esto, la “unidad” siguió –y siegue siendo–, tanto en la retórica como en la acción, un objetivo primordial. Esto se debe, en gran medida, a que el movimiento obrero se asume como actor político, con derecho a participar y a generar propuestas propias que puedan representar al conjunto del campo popular. En este marco, la unidad es central para la acumulación de poder.
Tal es así que el protagonismo político de los sindicatos no sólo continuó a partir del golpe de Estado 1955, sino que se profundizó a través de la organización de los trabajadores desde las comisiones internas, quienes resistieron y lucharon por el retorno de Perón y construyeron programas políticos propios de carácter fuertemente combativo. Ejemplo de dicho protagonismo fue la participación electoral de candidatos de extracción sindical en los momentos en que los gobiernos de Frondizi e Illia permitieron la presentación de listas peronistas. Tal es el caso de las elecciones de 1962, cuando se presentaron Andrés Framini como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires y Sebastián Borro (Frigorífico Nacional), Jorge Di Pascuale (Farmacia), Roberto García (Caucho) y Estaquio Tolosa (Portuarios) como candidatos a diputados nacionales. También es el caso de las elecciones legislativas de 1965 en las que se impuso el peronismo, derrotando a los radicales, pero también a la línea del metalúrgico Augusto Vandor que pretendía crear un “peronismo sin Perón”.
Sin embargo, luego del golpe de la Libertadora primó un proceso de tensión entre la unidad y la fragmentación, en el cual se osciló entre la resistencia y la negociación. El momento de mayor unidad durante la etapa de proscripción se produjo alrededor del Plan de Lucha impulsado en 1964, protagonizado por el conjunto del movimiento obrero organizado.
Ahora bien, ¿cuáles son las causas que explican las divergencias políticas iniciadas en 1955 que provocaron diversas rupturas?
Cada proceso de ruptura o unificación debe ser estudiado a partir del contexto en el cual ocurre, ya que sus causas varían notablemente según se trate de momentos de dictadura y proscripción o de democracia (ya sea popular o antipopular). Sin embargo, sí existe un elemento estructural que las explica vinculado a la cuestión organizativa institucional. El modelo francés con el cual surgió la CGT generó que la dirección de la Central tuviese una limitada capacidad de intervención e influencia en cada sindicato nacional, instancia donde realmente se concentra el poder. Esta autonomía abrió la posibilidad de que algunos sindicatos, frente a los gobiernos dictatoriales o democráticos pero antipopulares, adquirieran una lógica corporativista donde priorizaban la negociación con el gobierno de turno, generando la ruptura de aquellos grupos que optaban por la confrontación abierta. Un ejemplo de esto fue la ruptura dentro de las “62 Organizaciones” y otro el surgimiento de la CGT de los Argentinos (1968). Por otro lado, el movimiento obrero, al constituir un actor central del peronismo, se vio atravesado por sus contradicciones y divisiones.
La reunificación se produciría recién en 1970 –por directiva de Perón– bajo la figura de José Ignacio Rucci. Pero, en el marco del profundo enfrentamiento entre los diferentes sectores del peronismo, la unidad fue superficial y eclosionó tras la muerte de Perón.
Durante la dictadura de 1976 la CGT –que en primera instancia fue intervenida y luego disuelta– se volvió a dividir en dos sectores: por un lado, el opositor Grupo de los 25, que luego dio paso a la Confederación Única de Trabajadores Argentinos (CUTA) y a la CGT-Brasil; y por otro la dialoguista Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y luego CGT Azopardo.
A partir de la lucha de un amplio sector del sindicalismo contra la dictadura, decisiva para lograr su caída, la CGT nuevamente se reunificó. El sector que hegemonizó ese proceso fue el más combativo, liderado por Saúl Ubaldini (del sindicato cervecero), en abierta oposición a los preceptos neoliberales. La conducción de la CGT presentó un programa político que comprendía una propuesta integral en torno a las cuestiones económicas, políticas y sociales, denominado luego “los 26 puntos”. Sin embargo, un sector de la dirigencia presentó programas o declaraciones alternativas que omitían las definiciones políticas y se centraban, principalmente, en los reclamos gremiales.
Pero la combatividad del movimiento obrero durante la etapa alfonsinista se vio fuertemente diezmada por el inicio del gobierno de Carlos Menem y su duro programa neoliberal, que resultó trágico para el movimiento popular, en particular por haber sido implementado por un gobierno peronista. Frente al desconcierto generalizado, en 1989 podían identificarse al menos cuatro corrientes sindicales: aquellos que apoyaban abiertamente al menemismo (Barrionuevo de Gastronómicos, West Ocampo de Sanidad, Gerardo Martínez de la UOCRA, Zanola de Bancarios), los que apoyaban la continuidad de Ubaldini (ATE, UTA, CTERA, Judiciales, telefónicos, entre otros), la UOM, liderada por Lorenzo Miguel, que realizaba un apoyo cauto a Ubaldini y los independientes que, si bien evitaban definiciones claras, fueron funcionales al oficialismo (SMATA, UPCN, Luz y Fuerza, entre otros). En ese contexto, además, se generaron espacios abiertamente opositores. En 1991 un conjunto de dirigentes sindicales (Germán Abdala, Víctor de Gennaro y Mary Sánchez) constituyeron el Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA), mientras que en 1994 se fundó el MTA –como una corriente interna dentro de la CGT– con un documento redactado por Ubaldini, Moyano y Palacios que convocaba a “intensificar la defensa de los intereses de los trabajadores” sosteniendo la “independencia de cualquier poder político, en virtud de que solamente la lucha del trabajador salvará al trabajador”.
En el año 2000, bajo el gobierno de la Alianza –y la aplicación de la flexibilización laboral–, se produjo finalmente la división institucional de la CGT quedando conformadas la “CGT oficial” con Rodolfo Daer y la “CGT disidente” conducida por Moyano, que en la acción articuló numerosas jornadas de lucha con la CTA.
Luego del estallido de la crisis del 2001 y la llegada al gobierno de Néstor Kirchner, comenzó un proceso de reunificación impulsado por el presidente que, en el marco de un país desbastado, necesitaba construir poder político. En 2004, bajo la figura de una dirección colegiada, la CGT logró nuevamente la tan mentada unidad. En este marco de reconstitución de alianzas, el movimiento obrero logró restablecer su presencia dentro del Partido Justicialista, situación que había sido socavada luego de la derrota electoral de 1983 y profundizada durante la etapa menemista. La participación electoral en esta etapa había sido escasa y poco exitosa. Basta recordar las elecciones a gobernador de la provincia de Buenos Aires de 1991, en las que se presentó Ubaldini con un partido político propio y alcanzó un ínfimo porcentaje de votos. Vale la pena recordar que la CGT no posee una relación orgánica con ningún partido político sino una vinculación política e identitaria históricamente construida desde el surgimiento del peronismo. Esto provoca, como se mencionó, que el movimiento obrero se encuentre atravesado por los conflictos desarrollados dentro del movimiento y que, en su búsqueda de participación política, entable una compleja relación con el PJ (y con el FPV).
Esta vocación de participación política en el marco de la reconstrucción del movimiento nacional generó el surgimiento de un espacio político sindical denominado Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista. Este proceso abrió un camino de encuentros –y desencuentros– con el gobierno nacional; tensiones que se profundizaron luego de la muerte de Néstor Kirchner y que desembocaron en la ruptura de Moyano con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en 2012.

Presente e incertidumbre

El contexto político nacional y latinoamericano ha cambiado. Frente a las políticas del gobierno de Mauricio Macri que afectan los derechos de los trabajadores se está avanzando hacia un nuevo Congreso que permita la unidad de las tres CGT (Moyano, Caló y Barrionuevo). Además, el pasado 29 de abril las cinco centrales obreras (las tres CGT y las dos CTA) realizaron a una multitudinaria manifestación. En el documento presentado ese día –bautizado por los organizadores “Documento de Unidad para la Justicia Social”– la “unidad” es definida fundamentalmente desde la necesidad de resistir a las ofensivas de un gobierno caracterizado como antipopular. En él se sostiene: “Aún en democracia los actores económicos ejercen una enorme influencia sobre los gobiernos; esta comprobación nos obliga a dar cuenta de las nuevas coordenadas de la situación, asumiendo que sólo la UNIDAD de la CGT puede lograr trazar el sendero hacia la justicia social”.
Habrá que esperar para saber si las cinco centrales obreras continúan con la unidad de acción –lo que parece dudoso considerando las diferentes reacciones frente al veto presidencial de la ley antidespidos– y si las CGT, finalmente, alcanzan la tan anhelada unidad. Lo que sí parece claro es que existe desde las bases una fuerte presión para que las dirigencias sindicales avancen hacia la unidad y asuman una defensa más férrea de sus derechos. La posibilidad de construir un programa político en común dependerá de la capacidad de cada sindicato de generar en las bases espacios de debate interno que puedan luego expresarse en la discusión de las cúpulas, proceso sin duda necesario para frenar los atropellos realizados por el gobierno actual a los derechos de los trabajadores.

Fuente: Le Monde diplomatique Cono Sur


lunes, 22 de agosto de 2016

“Los que cambian sin traicionarse siempre cambian dentro de una permanencia fundante…” ese es el verdadero cambio…





(Viejo texto “postPASO 2013”, levemente “aggionardo” al momento. Si alguno ya lo leyó, pido disculpas por la insistencia, pero me parece que viene muy a cuento con el presente)

“Los que cambian sin traicionarse siempre cambian dentro de una permanencia fundante” afirmó José Pablo Feinmann en Historia y Pasión, formidable texto que el propio filósofo compartió con Horacio González. En el mismo desarrollaron las diversas contradicciones del campo popular en estos últimos cuarenta años. A propósito de la coyuntura bueno es traer a la mesa una cita de Roberto Carri, que data de fines de los sesenta, y que ambos pensadores reconocen como deslumbrante a vistas de lo que por estas horas sucede: “El imperialismo no es una forma de vida exterior de las naciones, sino una estructura interna”. Acaso la frase nos coloca en el punto de partida para deconstruir las relaciones existentes entre ese drama violento que es la liberación con la necesidad de cambiar sin traicionar y esa permanencia fundante que en lo personal me permito denominar Patria.

El mismo Perón fue el que sentenció sobre la violencia del drama liberador, el Perón que supo homenajear a Pinochet en una tarde cualquiera en la base de Morón, ambos con atuendo castrense, el mismo que afirmó que conducir es manejar el desorden, el mismo que cuando mataron al Che sentenció que había muerto el mejor de nosotros, el mismo que desde puerta de hierro certificaba que con varios años menos él también saldría a poner bombas.
La liberación nacional es un drama violento y pasional, y me atrevo agregar contradictorio. Por entonces Lanusse, el responsable de la matanza de Trelew, desechando colaborar con la CIA para derrocar a Salvador Allende; Perón aceptando el convite y colmando de medallas a un dictador y asesino, mientras que las organizaciones armadas vernáculas clamaban por la patria socialista, al grito de Perón, Perón..

Volviendo al pensamiento de Carri el peronismo es una clara muestra de lo afirmado. Buena parte de su estructura interna está cimentada por dicha contradicción. Su ala derecha no muestra grietas al respecto, ni la de antaño ni la actual. Hoy la Triple A no es necesaria, su lugar está ocupado por las corporaciones mediáticas afines. Alguna vez Ortega Peña, en la soledad de su banca, habló sobre la necesidad de entablar acciones políticas concretas cuando la correlación de fuerzas lo permitiese, en ocasiones la verdadera identificación debe merecer momentos de profunda meditación, acaso de silencio. Por otro lado si gobernar es movilizar, y sabemos al mismo tiempo que nunca vamos a detentar el poder real para terminar con las asimetrías sociales bueno es hacer todo el ruido posible, porque  gobernar es movilizar, es responder, es contestar. Es hora de movilizar, basta de silencio, es necesario el armado de una ingeniería comunicacional popular que desbarate toda y cada una de las operaciones y a su vez tenga capacidad de contraataque. Los poderes fácticos no van a ceder un milímetro en estas cuestiones.

José Pablo Feinmann, hombre no muy querido en estos espacios pero que yo sigo con sano interés crítico, sentencia que definirse como un K o como un “antiK” son expresiones terribles. “Todo lo que uno “es” queda reducido a eso”. Pues en lo personal acepto la reducción (definición – lugar - inclusión). En este momento político tal identificación es la adhesión simbólica que yo hago sobre eso tan violento y pasional que es la liberación nacional, la Patria Grande, en el marco de una contemporaneidad compleja que evidentemente ha modificado substancialmente sus paradigmas históricos. Muy atinadamente Horacio González nos desafía preguntándonos a quiénes leímos y quiénes somos luego de haberlos leído... ¿Somos centralidad existencialista o simples consumidores, seres, a decir de Sastre, carentes de toda determinación, o algo más? La ex Presidente nos escruta a cada momento cuando habla, asuntos que irritan al oficialismo debido al denso contenido de imágenes que propone en sus discursos. En ellos formula pensamientos tan profundos como inesperados, cosa que pone de mal humor a la derecha ya que instala sobre la mesa la historia trágica del País. De todas formas y según José Pablo la vanguardia no puede existir en soledad, tiene que estar integrada a la masa, al pueblo, a las clases, a los que sea, pero no puede existir sola porque empieza a girar en el vacío. Pregunto: ¿Existen en la actualidad vanguardias de pensamiento insertas dentro de las masas?

Hoy la fuerza más importante de capitalismo es la ilegalidad, se reproduce en base a ella, el capitalista está por encima de la ley, encima de la misma constitución. Soy pesimista, lo admito. Coincido con Horacio González, el pesimismo es una buena forma de medir fuerzas, no sólo las del antagonista sino las propias. El optimismo es la voluntad, el pesimismo la razón. Ya lo mencionó David Viñas en aquel cruce con Cristina cuando en plena crisis política de comienzos de siglo la chicaneó con el "ser planglossiano" de Voltaire.
Como mencionamos hace pocos días la estigmatización es una conducta política asentada, forma parte de la plataforma política de la derecha peronista y no peronista, de modo que el antagonista ideológico (corporaciones) ha logrado modelar estructuras internas y externas al movimiento que es necesario interpretar en su verdadera dimensión.

Al principio afirmamos que “los que cambian sin traicionarse siempre cambian dentro de una permanencia fundante”, el problema es cuando esos cuadros políticos abandonan lo fundante a favor de reemplazar metódicamente la incidencia de las bases de los partidos populares facilitando de ese modo que el campo fáctico ejerza su descomunal poder, ya de por sí autárquico, con absoluta libertad...

... hoy el peronismo exhibe lo que quiero y lo que detesto al mismo tiempo, tanto mis utopías juveniles como mis profundos desconsuelos pesimistas le son abarcativos. Sin considerarme peronista sufro de ambas cuestiones con siniestra encarnadura, el resto no cuenta. Mi socialismo no encuentra cobijo, tal vez mi socialismo no existe, acaso nunca existió y sólo se trataba de una construcción propia basada en una literatura pseudopolítica tan vacía como banal. Desde luego que no reniego de Marx, ni de Gramsci, ni de Adorno, ni de Benjamin, ni de Sastre, de Althusser, si protesto contra aquellos nacionales que sin leerlos “con nuestros ojos” nos quisieron hacer creer que formaban parte de dicho pensamiento. Pero dejemos de lado la inútil catarsis.

José Claudio Escribano, fuente de toda inspiración neoliberal para la política argentina sostenía por 1975, desde el diario La Nación, que “hay que abandonar la democracia en situaciones excepcionales como la que vive la Argentina, hay mucha gente que se está yendo a España, es bueno advertirle a España el elemento que está recibiendo”. ¿Es posible que José Claudio Escribano sea en la actualidad un acabado y firme sostenedor del republicanismo? Pues la derecha peronista y la alianza oficialista lo admiten como tal; abrevan de sus discursos y se alinean incondicionalmente en pos de la destrucción del kichnerismo. En tal caso no nos debe sorprender. El deseo es que Néstor Kirchner muera de nuevo, y que los cuadros vuelvan a colgarse, y terminar con el delirio de la Patria Grande, el desendeudamiento y del Estado como motor de estrategias inclusivas. Los que más tienen deben pagar lo que ellos deseen pagar y si no alcanza a privatizar y a tomar deuda. Horacio González lo describe de manera sangrienta: “Época muy terrible la actual, aunque interesantísima. Desde la izquierda se afirmaba que estábamos ante un gobierno capitalista, neodesarrollista y burgués, mientras se toman medidas estatistas que exceden un mero programa capitalista. Aún así personas que se dicen socialistas tienen programas menos avanzados. El nombre del socialismo quedó vaciado por dentro de un gobierno que se decía capitalista pero que sin embargo tomó medidas muy cercanas a una especie de progresismo, a veces de manera muy contundente, a veces de manera moderada”.


... hace pocos años algunos de nosotros sosteníamos sobre la necesidad de reformar la constitución con el objeto de incluir en ella todos los derechos y beneficios colectivos que durante estos años se fueron incorporando, al mismo tiempo excluíamos de plano cualquier inciso que promueva una posible reelección de modo no empañar el objetivo político de máxima. Lamentablemente algunas voces del propio kirchnerismo encendieron una llama que nunca acabó de apagarse y que sirvió de plataforma para que el establishment establezca un nicho argumentativo que fue grácilmente aceptado por buena parte de la sociedad. A partir de allí la construcción del temor hegemónico fue sólo un trámite mediático que sin solución de continuidad se fue fortaleciendo en la misma medida que en paralelo las denuncias sobre corrupción sembraban con explosivos adicionales un campo que ya exhibía una buena cantidad de minas dispersas. La liberación nacional seguirá siendo un drama violento y pasional. Si la salida es por derecha un nuevo proceso inclusivo trunco se percibe en el horizonte. En lo personal no soy ni más ni menos kirchnerista que en el 2005, 2007, 2009, 2011, 2013 o 2015, poco me importa el relato corporativo, siempre lo consideré un fraude intelectual, sigo teniendo el mismo compromiso militante. Nunca pensé en un antagonista derrotado; la derecha, el establishment, las corporaciones jamás se rendirán. Ni con un 55, ni con un 75 ni con un 90 por ciento en contra. Detentan el poder real en sus manos, nunca dejarán de ser peligrosos, no se detienen en los porcentajes ni en la voluntad popular, saben que con una ingeniería paralela y fáctica pueden perforar cualquier estructura política, cualquier andamiaje social. Acaso no alcanza con enumerar la cantidad de los nuestros a los que han adquirido por módicos mendrugos, en algún caso sobra con un par de fetas de salame debido a sus estúpidos egos. ¿Qué está pasando con nuestra pasión? Los verdaderos militantes se perciben en la adversidad. Se vienen tiempos excitantes y complejos, acaso contradictorios, peligrosos quizás, tiempos en donde el cuerpo juega tanto como la inteligencia, tiempos en los cuales la política y la militancia deben redimensionarse. Se está jugando con fuego y algunos fumadores compulsivos no se dan cuenta. No nos quieren derrotar en las urnas, nos quieren eliminar fácticamente, de modo no quede vestigio de aquel proceso político imperfecto que intentó un desarrollo autárquico e independiente de un modeló hegemónico mundial basado en el ajuste, la dependencia financiera y la concentración monopólica en cuanto a la producción de bienes y servicios.



La 125 fue un momento bisagra en la historia del kirchnerismo. Muchos de que adheríamos al modelo nos dimos cuenta que estábamos en peligro y salimos, salimos no sólo a bancar los trapos como vulgarmente de dice, salimos a defender nuestras esperanzas, nuestros paradigmas inclusivos, nuestros deseos libertarios. Y perdimos y volvimos. El escenario se reitera, como tristemente se reitera la historia. Lamentablemente la memoria circular hace lo suyo debiendo entender que el resignado eterno retorno que le quieren adosar a nuestra Patria tienen nombres y apellidos, y siempre son los mismos...



Las fuerzas de la oligarquía jamás abandonaron sus apetitos y jamás lo abandonarán, es bueno tenerlo en claro. La lucha es permanente. Ciertamente duele que algunos compañeros subyugados por los cantos de sirenas hayan optado por el enfrentamiento coreuta basados en prediseñados repertorios sectarios y clasistas, va de suyo el precio que tienen y que tendrán que pagar al ser cobijados por las corporaciones. Detenerse en sus lógicas es ingresar en sus malevolentes mundos de intereses. En lo personal me abstengo, deberemos insistir en nuestros convencimientos, luego de doce años de exhibir lo que somos es muy difícil que alguien nos vea con otros ojos. Somos populistas, desarrollistas, distribucionistas, incluyentes, intentamos ser independientes, autárquicos en cuanto a nuestras decisiones intestinas, latinoamericanistas, profundamente democráticos, si este compendio de características basales no alcanzan para entender de qué lado se encuentra la liberación la seguiremos sufriendo como un drama violento y pasional y no disfrutándola políticamente como un drama violento y pasional...