EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

sábado, 29 de abril de 2017

Una discusión socioeconómica y política que se debe el peronismo para sí, pero sobre todo para la sociedad... por Claudia


Las ideas de ayer lucen como ayer en el presente...





A propósito de la siguiente nota de opinión


Claudia la mejora notablemente con disparadores novedosos, duros, argumentos fiscales, aromas de compleja asimilación pero sumamente seductores a la hora de elaborar pensamiento crítico... Claudia es una militante sentipensante del campo nacional y popular a quien respeto intelectualmente y admiro como prosista, que tristemente se ha refugiado en algunos pocos espacios para elaborar ideas fuerzas y compartir sus percepciones debido a cierto maltrato recibido. No cree oportuno disponer de espacios propios, cosa que lamento y se lo manifesté en su momento. Tengo el enorme honor de ser uno de ellos, cosa que le agradezco infinitamente. No conozco más de ella que su manera de pensar, no hay señales personales ni detalles; corrijo, todas sus señales personales y sus detalles están en su dialéctica, en su honesta erística de excelencia...





"La discusión, pendiente desde mediados de los 70 (cuando fue clausurada a fuego y bala), persiste en busca de autor. Y el mundo más allá de Argentina continuó haciéndose a medida del neoliberalismo. Porque éste fue muy hábil en constituir sujetos. La revolución digital se los acercó como nunca antes. Como en Matrix, hay un acuerdo tácito de las víctimas, entregadas totalmente a la resignación.

Experiencias como el cooperativismo en vivienda social y la reingeniería de fábricas autogestionadas apenas si resultaron un mojón sustantivo respecto de por dónde pasaban parte de los cambios necesarios en nuestro país y fueron llevadas adelante desde el “espontaneismo” clarividente o el influjo de viejas ideas de izquierda (que nuestra izquierda local sabe hacer naufragar quedándose en la circunstancia particularísima para nunca ascender a planteo extenso).

Después de los primeros y paradigmáticos ensayos creativos de Perón, el Peronismo ha sido experto en anquilosarse en la medianía (aplicando la creatividad únicamente al tráfico de influencias y, por largo tiempo, a las modalidades mañosas de sufragio que estratificaban viejos feudalismos).

Es cierto, la ceguera respecto de los previsibles finales del sistema neoliberal, cunde. La de hoy es, como decís, una competición desde el espacio y por el espacio. Convencidos todos esos actores sobre la inmovilidad de las situaciones mundiales. Y acerca de la inmovilidad de los sujetos individuales y colectivos, lo cual es todavía más grave. Cuando el tiempo de las administraciones kirchneristas, el tufo a quintas columnas que despedían los funcionarios, desde la tercera línea para abajo, llegaba hasta el mar. Se confió la realidad y la utopía a técnicos especializados - el Peronismo estaba falto de cuadros técnicos, dedicada su dirigencia al menudeo ideológico - , sin que nadie preguntara de qué matrices disciplinarias y paradigmas provenían estos tipos nuevos. Así, capturaron el manejo del campo, del sistema bancario, de cualquier idea posible de industrialización (fijáte cómo ya desapareció del imaginario la sustitución de importaciones). Y siguiendo impronta menemista, se descentralizó en provinciales y unidades todavía menores, los planes de vivienda que motorizaban, a su vez, más industria. Con la excepción honrosa de los emprendimientos de Madres y Tupac, los que, solos y a la deriva, sin registro de pasados ricos en esa temática, hicieron lo que pudieron sin que nadie les advirtiera de determinados peligros. Por supuesto, en tal cuadro de laissez faire generalizado, la corrupción no se hizo esperar: el plato estaba servido y es de muy mala educación despreciar oportunidades.

Pero la realidad habrá de expresarse. La merma de recursos mundiales ya está dibujando otros contornos y otras fronteras. Como en la Guerra de los Antartes, de Oesterheld, la resistencia y la creatividad brotarán a pequeña escala. Y desde lo particular, se elevarán hacia lo general. Porque si las cúpulas insisten en no pensar, los de abajo deben concurrir a hacerlo. Como ocurrió con la negociación de nuestra deuda externa, ésa que imaginara Néstor para escándalo del mundo entero, que partió desde un país destruido y lo elevó por el tiempo en que las quintas columnas lo permitieron. No hay dudas de que Néstor fue, quizás, el último de los peronistas creativos".



jueves, 27 de abril de 2017

La Neo-oposición al neoliberalismo. ¿“Es la oposición, estúpido.. O es la estúpida oposición...”?





A medida que avanza este nuevo ensayo neoliberal, programa que a mi entender y en lo profundo de su idea se desarrolla sin ningún tipo de perturbación social, más allá de algún esporádico espasmo de cotillón urbano, se advierte con preocupación y a propósito de las asimetrías sociales existentes una ausencia total de compromiso para discutir dichos paradigmas. Temo que el neoliberalismo como idea, por fuera de lo que representa la actual banda gobernante, acaso no en su letra chica pero sí en su simbología, ha encontrado nichos de confort en todos los partidos; no tenemos más que atender al lenguaje para comprender que cierto sentido común neoliberal ha cooptado el discurso interno de los colectivos políticos. Sofismas como competencia, costo laboral, cargas sociales, impacto negativo de los subsidios, resultan risibles de escuchar en regiones del país en donde nada de eso existe ni existirá ya que la economía circula de acuerdo a un histórico orden establecido por las anchas avenidas de la explotación, la cartelización comercial y el feudalismo corporestatal. Sin embargo en pequeñas aldeas como en la que vivo ese lenguaje neoliberal ha tomado encarnadura horizontal, y de alguna manera es muy útil para profundizar ese formato medieval que el dependiente de ese sistema acepta como único posible.  


En varias oportunidades, antes de los comicios del 2015, subrayamos que existían dos instancias históricas más o menos recientes a las cuales el campo nacional y popular debía atender al momento de desarrollar estrategias electorales. Estamos haciendo referencia al período 1989-1995 por un lado, y por el otro a la crisis del 2001 y su correlato en los comicios del 2003. En ambos casos el neoliberalismo como idea se posicionó en la cresta de la ola muy a pesar de sus políticas excluyentes. Algunos compañeros analistas suelen afirmar que el período 1989-1995 encontró a la sociedad con las defensas bajas producto de la hiperinflación, explicación que no me cierra en tanto y en cuanto durante los dos primeros años de ese mismo período se produjeron tres devaluaciones con sus correspondientes hiperinflaciones, la cooptación de la CGT, el desguace del Estado a través de las privatizaciones y el indulto. Muy a pesar de ello y con la falacia del uno a uno la idea neoliberal obtiene en 1995 un triunfo resonante con casi el 50% de los votos emitidos y a veinte puntos de distancia del Frepaso, una versión acuarelizada de la misma idea que luego aliada al radicalismo (17% Massacesi) completaría el peor de los círculos del Dante y que desembocaría en la segunda instancia a analizar, es decir la crisis del 2001 y su correlato en los comicios del 2003.  En este punto y luego del neoliberal blindaje, el neoliberal megacanje, la neoliberal merluza, el neoliberal estado de sitio, la neoliberal violación de la ley de intangibilidad de los depósitos, el neoliberal corralito, los 39 muertos del neoliberalismo, el neoliberal helicóptero, la neoliberal ley de bienes culturales, la neoliberal licuación de pasivos, el neoliberal Default, el neoliberal corralón, los neoliberales asesinatos de Kosteki y Santillán, vuelve a triunfar la idea neoliberal en los comicios 2003: La Alianza Frente por la Lealtad UCD (Menem-Romero) obtiene el primer lugar con un 24.45% mientras que Recrear (López Murphy-Gómez Diez) termina tercero con el 16.37%. Vale decir el neoliberalismo puro y a pesar de la sangre derramada llega, para algunos, a un sorprendente 41%, número que se extiende teniendo en cuenta que dentro del Movimiento Popular Unión y Libertad (Saa-Posse – 14.11%) y dentro del ARI (Carrió-Gutierrez – 14.05%) existían cuadros políticos que bajo ningún concepto litigaban ideológicamente contra el sistema implementado durante la segunda década infame.
Vale decir, un día como hoy de hace 14 años, estuvimos a menos de seis puntos de ser la actual Francia, país que tanto preocupa en el presente a Europa, ya que el FPV logró el 22.24%, cifra que le sirvió, y nos sirvió, para entrar por la ventana al balotaje y determinar la renuncia de Carlos Menem debido a su imagen negativa. Cuestión que en nada se contradice ideológicamente ya que hasta ese momento Néstor Kirchner no se había manifestado taxativamente como lo que luego fue, un adversario palpable del neoliberalismo, incluso muchos lo asimilaban como un gobernador del “sistema”.

Estas dos instancias históricas nos permiten sospechar que no era un eufemismo hablar de dar la batalla cultural debido al peso especifico que posee la idea neoliberal en la sociedad, sobre todo dentro de los sectores medios y  pequeños burgueses a través de sus voceros corporativos, pero temo que se equivocó el campo en donde dar esa batalla. Dicha pelea se debió librar dentro de los autodefinidos partidos políticos nacionales y populares.  Hoy vemos como cuadros encumbrados de dichas agrupaciones, y que hasta hace poco se definían a favor de políticas soberanas, son acérrimos defensores del neoendeudamiento, la apertura de importaciones, de bajar el costo laboral so pretexto de “ser competitivos” y favorecer el empleo, de la privatización y extranjerización de los recursos naturales, de mantener un nivel de desocupación según las exigencias del mercado, de privilegiar la exportación de insumos sin valor agregado eximiendo de todo gravamen o retención, de eliminar en la praxis los convenios colectivos desinflando los derechos adquiridos, el de pisar jubilaciones, pensiones y asignaciones, entre otras medidas regresivas y que desfavorecen el consumo. No vemos en el presente una disputa en el campo de las ideas, si una pulsión de los espacios y por los espacios.

De manera que el campo nacional y popular tenía sobrados antecedentes para permitirse pensar que dentro de sus propias filas el monstruo estaba silente y a la espera. Fue un error histórico y político imperdonable el haber sostenido y luego creer que el neoliberalismo no volvería debido a que resultaba imposible que triunfe con los votos; muchos olvidaron el detalle que en 1995 el propio neoliberalismo le había dado una lección bastante incómoda y realista a tan estúpida tesis.

El presente político se exhibe pornográfico y banal. Mientras las decisiones ejecutivas se toman en los despachos de las grandes corporaciones, el Congreso Nacional le ha cedido su lugar a los estudios televisivos,  sitios en donde el debate de ideas no cuenta y la correlación real de fuerzas menos, todo esto a la par que las sentencias judiciales se dictan en los noticieros, siempre con el auxilio de las eficientes y pensadas operaciones lobotomizadoras.

La oposición todavía no ha entendido, o no se ha esforzado por entender, qué es lo que está ocurriendo, qué es lo que nos está ocurriendo al pueblo profundo. Acaso su extracción burguesa se lo impide. Daría la sensación que se trata de una oposición de formas no de fondos, una oposición antropológica no política, la realidad marca que no están poniendo en tela de juicio las consecuencias de las políticas sino solamente cierta cosmética desprolija. Como en los noventa no se discute el formato, se discute la pizza y el champagne. Incluso en la República de “Opolandia”  han aparecido voces reivindicando algunas políticas de aquella segunda década infame, acaso salvando las distancias,  como si ese segundo ciclo infame tendría la oportunidad de quedar exonerado por este tercero del presente..



martes, 25 de abril de 2017

La Latinoamérica punitiva de las derechas outdoors está en marcha.



Derechas outdoors: la marcha de los oposicionistas en América Latina

Por Esteban de Gori, Camila Vollenweider, Ava Gómez, Bárbara Ester, investigadores del CELAG, para Revista Sin Permiso



El progresismo en América Latina se había acostumbrado a las plazas llenas y promovió la participación en el espacio público. La mística  reactualizaba la solidaridad entre pares como parte de un proyecto político opuesto al neoliberalismo excluyente. La movilización ciudadana se había vinculado a las políticas de ampliación de derechos y propuestas de estos gobiernos que incorporaban a vastos sectores -antes marginados- a la ciudadanía. Calles y plazas acompañaban a gobiernos que ampliaban derechos, consumo y reivindicaciones históricas. Sin embargo, el idilio popular encontró obstáculos propios del mundo global contemporáneo. La alianza “pos política” de los sectores conservadores construyó un imaginario que convertía al espacio público en un campo minado. Las redes y sus alusiones a un pacifismo blanco de “no conflicto” y la reivindicación del derecho a circular libremente -privilegiando la perspectiva del ciudadano “ocupado”-  se opusieron a las manifestaciones en el espacio urbano.
Su estrategia no fue efectiva, pues la movilización de cada uno de los países latinoamericanos no desapareció. Las manifestaciones urbanas se mantienen como una forma de acción política reconocida como válida para torcer o modificar escenarios políticos. Una plaza llena es más que una plaza, es una caja de resonancia de posibles escenarios electorales o acciones futuras. Las derechas no se fueron del espacio público, sino que se reinventaron y reconfiguraron su estrategia utilizando las tecnologías y redes para la circulación –viralización mediante- de sus mensajes y propuestas.
La primera gran aparición de las derechas en las plazas ocurrió en Venezuela contra el gobierno chavista, luego sería imitado en otros países con experiencias progresistas. En los últimos años, las derechas lograron –ante el impacto de la crisis internacional, la reducción de commodities y precios petroleros- organizar el descontento. Plazas contra el aumento de retenciones a las agro-exportaciones en Argentina; contra la ley de herencia y plusvalía en Ecuador; contra las políticas sociales de Dilma, llegando al punto irrisorio de no sólo avalar el juicio político sino de avalar una intervención militar en Brasil, son algunos ejemplos de la capacidad de movilización de las derechas regionales.
 Los medios de comunicación son clave para la disputa de imaginarios y organización de sentimientos, pero la calle es la calle. Las derechas construyen su sociabilidad también allí. Una sociabilidad reservada a espacios sociales identificados con las expectativas de clases medias y altas, que esgrimen como principal distintivo el movilizarse por su “propia decisión”.
Cuentapropistas políticos autoconvocados desde su propia individualidad  y que reclaman limitar al Estado o, al menos,  las propuestas a su entender “conflictivas”. Las derechas se presentan como un “individuo” asediado por un proyecto estatal. Mientras que los gobiernos progresistas interpelan –generalmente- desde políticas dirigidas a lo universal o al colectivo; las derechas han intentado resignificar la cultura política liberal y sus discursos del Estado minimalista. A su vez,  buscan actualizar algo importante en el mundo político contemporáneo: la sospecha permanente a la política y los políticos.
Los sectores conservadores han sabido leer la subjetividad actual y por ende han suscitado la acción. Las impugnaciones apuntan a la  corrupción o la inseguridad, con razones empíricas y demostrables o no, profundizan la sospecha por la política y  por el otro. El Estado es  percibido como incómodo e intervencionista en lo económico pero laxo para delincuentes, rechazando su “verdadera” función policiaca. Las derechas movilizan sociabilidades contra ciertas políticas estatales para acceder al Estado, eso no es nuevo. Sin embargo, han articulado un eficiente y paradigmático discurso de polarización revanchista que busca suturar la grieta.
La política sigue siendo división de campos adversarios o acciones dirigidas a “ganar” voluntades y modificar escenarios. La estrategia de reorganizar las subjetividades pos-modernas contra políticas progresistas ha puesto a las derechas como espacios con capacidades de daño y presión. Una combinación de intrumentalización de medios de comunicación, redes sociales y ejercicios de “plaza”  ha tenido éxito en algunos países. Ambos, plazas y medios, se retroalimentan gracias a la potencia de la imagen y han permitido –en determinados contextos críticos o ante ciertas políticas estatales- conformar dimensiones que las derechas en la oposición han manejado con cierta experticia. Recientemente, el caso argentino ha presentado una novedad: la convocatoria al espacio público de clases medias y altas que se reconocen en sus distinciones culturales y sociales frente a “sindicalistas”, "kirchneristas", etc. Grupos que “envalentonan” a sus dirigentes y legitiman la continuidad de políticas conservadoras.
Las derechas existen en sus imágenes, en "lo que se ve". La presión electoral de partidos conservadores, el desabastecimiento o la inflación generados por grupos empresariales son intangibles, no se ven. Una plaza, sí.

Argentina

El 1 de abril algo cambió. Si bien las manifestaciones de sectores de derecha en el ámbito público pueden rastrearse desde el 2008 y el lock out -paro patronal-, despliegue de músculo rural que el sector agropecuario utilizaría por cuatro meses para oponerse al proyecto de ley  conocido como “la 125” que, entre otros regulaciones, modificaba el monto de las retenciones. Entre las medidas hubo desabastecimiento, cortes de ruta y cese de actividades. En los años subsiguientes, también salieron a la calle las clases medias urbanas pidiendo, cacerola en mano, reclamos variopintos tales como el fin del cepo al dólar o el esclarecimiento de la muerte del fiscal A. Nisman. Durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, los sectores de derecha fueron incrementando cada vez más su discurso clasista, elevando a su vez  el grado de misoginia.
¿Qué fue entonces lo que cambió el 1º de abril? En primer lugar, no se trató de una marcha opositora, sino oficialista. Sin embargo en todo momento estuvo presente en la liturgia de los participantes el fantasma del gobierno anterior. En sus cánticos los manifestantes coreaban: “No vuelven más” y “Argentina sin Cristina”, en contra del kirchnerismo –oposición de la oposición- casi a modo de revanchismo blanco. A pesar de bogar por el cese de la grieta y la unión de todos los argentinos, el gobierno de Cambiemos no ha hecho más que atizar la polarización con la actual mandataria. De este modo consigue desviar el foco de atención, es decir que sus propios seguidores hablen de otro en lugar de la propia gestión, artilugios al estilo de “pesada herencia” mediante. Cabe destacar que el término  “kirchnerismo” en la actualidad adquiere dos acepciones: 1- miembros o simpatizantes del gobierno anterior, 2-recurso discursivo que engloba como tal, cualquier crítica u oposición a la actual gestión.
En segundo lugar, la marcha no fue apoyada oficialmente por el gobierno por miedo a una escasa concurrencia de adherentes. La convocatoria a la marcha viralizada mediante redes sociales como #1A se definió a sí misma como autoconvocada  y “en defensa de la democracia” superando los mejores augurios imaginados por la actual gestión. Cabe preguntarse entonces, ¿ante qué ataque a la democracia se manifiesta la defensa? La implementación de políticas neoliberales del gobierno de Cambiemos ha tenido repercusiones sociales, aumento del desempleo, aumento de tarifas, apertura de las importaciones y un endeudamiento desorbitado. Durante el mes de marzo fueron seis las marchas convocadas desde distintos sectores del arco popular reclamando medidas al gobierno, en su mayoría económicas. El 6 de marzo los docentes reclamaron la apertura de la paritaria nacional para sentar las bases de su salario en un contexto inflacionario, el 7 la movilización estuvo convocada por la Confederación General del Trabajo (CGT) allí las bases impusieron a la cúpula dirigente la convocatoria a un paro general en defensa del trabajo y como freno a la caída del salario real y los despidos; el 8 fue el paro internacional de mujeres, pero el cierre de órganos para la defensa de mujeres víctimas de violencia familiar y ante el reposicionamiento del rol de la mujer que el oficialismo hace gala hace más de un año el cariz de la misma fue abiertamente opositor; el 22 ante la falta de acuerdo los docentes volvieron a insistir, el 24 de marzo como todos los años se recuerda el último golpe de Estado y significó una batalla cultural y discursiva con el oficialismo que ha cuestionado públicamente el número de víctimas minimizando el genocidio, y la conmutación de penas a represores. Por último el 30 fue la convocatoria a huelga de las dos Centrales de Trabajadores de la Argentina reclamando el cese de los despidos y un giro de 180 grados en el modelo económico. La continuidad del gobierno en ningún momento  estuvo amenazada, los reclamos del mes de marzo cuadran perfectamente dentro del juego democrático. Sin embargo, las movilizaciones fueron interpretadas como golpistas por los ciber-organizadores del #1A que entre sus cánticos incluyeron: "Dejate de joder, Baradel" y "Los chicos a la escuela" El anti-sindicalismo de sus organizadores se contrapone con los valores democráticos que dicen defender quienes marchan en su nombre.
Otra observación de la marcha apunta al corte generacional, ya que a diferencia del patrón común de las convocatorias en el país, contó con poca participación juvenil. El día elegido fue un sábado por la tarde, pues parte del imaginario de los manifestantes desaprueba las medidas de acción que afecten la libre circulación del tráfico. Además, se trató de un día no laborable reforzando su autopercepción de “trabajadores”, no de todos por supuesto algunos son más trabajadores que otros parafraseando a G. Orwell. Prima la lógica subyacente de quiénes “trabajan dignamente” como parte de un discurso xenófobo y elitista que contrapone a la gente blanca que paga impuestos versus los “negros que no quieren trabajar”. A ellos les dedicaron: "Hay que cantar, hay que cantar, los piqueteros a laburar".
Un Mauricio Macri sorprendido por la adhesión de una porción nada desdeñable de la ciudadanía  celebró vía Twitter el apoyo recibido, y enfatizó el carácter de  autoconvocados: “sin colectivos ni choripán”. Lo cierto es que la muestra de apoyo  legitimó al aumento de la represión a quienes cortaron la autopista en el paro general del 6 de abril y a los docentes que intentaron armar una escuela itinerante enfrente del Congreso, el domingo 9. La Argentina punitiva está en marcha.

Brasil

La destitución de la presidenta electa a finales de 2014, Dilma Rousseff, y el fin de la corrupción en el sistema político brasileño, atribuido al Partido dos Trabalhadores (PT), fueron las principales consignas que levantaron las manifestaciones callejeras de los sectores medios y altos durante 2015 y 2016. La salida a la calle para movilizarse fue convocada por grupos de ciudadanos supuestamente apartidarios, principalmente a través de las redes sociales.
Los grupos que, conformados para la ocasión, iniciaron la convocatoria para salir a las calles de todo el país fueron principalmente el Movimento Brasil Livre (MBL) y Movimento Vem Pra Rua;   Revoltados Online y el Movimento Endireita Brasil, más antiguos, también tuvieron un rol activo en la llamada a salir a protestar. Todos estos grupos coincidieron en su rechazo al gobierno del PT y en su apoyo a la operación judicial contra la corrupción denominada Lava Jato. Aun así, cada uno presenta su impronta y tienen, entre ellos, algunas diferencias. El MBL, conformado sobre todo por jóvenes estudiantes, promueve la transparencia institucional, el libre mercado y el fin de medidas tendientes a favorecer a la población más vulnerable: meritocráticos, abogan por el fin de programas sociales y de medidas dirigidas a mejorar la situación de colectivos específicos, como la población afrodescendiente, las mujeres (particularmente en lo relativo a las cuotas) y colectivos LGBT. Vem Pra Rua fue inicialmente creado durante la campaña presidencial de 2014 con la finalidad de apoyar al entonces candidato, Aécio Neves (Partido da Social Democracia Brasileira, PSDB). Es más “moderado” en cuanto a cantidad de simpatizantes que abogan por una intervención militar y, en su momento, era más proclive al combate a la corrupción que a la destitución de la Presidenta. Endireita Brasil, al igual que los anteriores, es un grupo que promueve un Estado no interventor en la economía y también está vinculado políticamente al PSDB. Finalmente, Revoltados Online es el grupo más extremista, dado que promueve el retorno de los militares al gobierno y tiene como referencia al Diputado ultraderechista y misógino Jair Bolsonaro (Partido Progresista, PP).
En general, las manifestaciones durante esos dos años fueron representativas de sectores medios y altos. Según estimaciones de Datafolha, la gran protesta de marzo de 2016, por ejemplo, el perfil de los manifestantes fue: el 73% de los manifestantes era mayor a 35 años, y 77% declaró ser de color blanco. El dato llamativo es que el 94% afirmó no participar en ninguna de las agrupaciones que organizaron la protesta.
Las movilizaciones oscilaron entre una tonalidad de alegría por el encuentro de miles de personas con importantes reclamos en común –usualmente tenían samba sonando de grandes parlantes- y de bronca, que asomaba cuando los oradores de las agrupaciones convocantes arengaban a los ciudadanos; la furia también aparecía con vehemencia cuando los manifestantes se acercaban a los micrófonos que llevaban los cronistas de las cadenas de televisión. Los organizadores de las protestas optaron por apropiarse de los colores de la bandera brasileña, verde y amarillo, de modo que miles de personas vistieron la camiseta de la selección nacional de futbol, llevaron banderas del país y también pintaron sus caras de estos colores. De entre la multitud destacaron tres gigantescos muñecos inflables: uno de Dilma vestida de rojo –color del PT-, con un antifaz que la caracterizaba como ladrona y con una banda presidencial con la sigla “mae do petrolao”; el segundo era un muñeco de Lula vestido de reo y el tercero un gran pato con la consigna “chega de pagar o pato”, emblema de la campaña lanzada para la ocasión por la FIESP (Federación de las Industrias del Estado de San Pablo).
Fuera Dilma, fuera PT y basta de corrupción fueron las principales consignas elevadas por los manifestantes. El sentir de los concurrentes era principalmente que los males del país, principalmente la corrupción, se debían a los gobiernos del PT. Sin embargo, también hubo consignas contra toda la clase política en tal sentido. Aun así, varios políticos de distintos partidos, pero especialmente del opositor PSDB se hicieron presentes en las protestas de algunas ciudades, generalmente levantando apoyos.
Las consignas más frecuentes, además de la de “impeachment ya”, fueron las que defendían el accionar de la Operación Lava Jato y su cara más visible, el juez Sergio Moro (“Moro, estamos contigo”), las que demandaban conocer el destino de los impuestos (“¿dónde están nuestros impuestos?”) –también las que bregaban por eliminarlos (“menos Estado, menos impuestos”)-y las que exigían una reforma política. Curiosamente, se escuchó el deseo de que los militares retornaran al poder (“intervención militar ya”). También existieron alusiones a la “espontaneidad” de la asistencia, contraponiéndola a la supuesta movilización rentada, característica de  las convocatorias pro gobierno (“vine gratis”).
Ya destituida la presidenta por medio del aclamado impeachment y con las investigaciones de Lava Jato salpicando a buena parte del espectro político –no sólo el PT-, las manifestaciones de la derecha se detuvieron. Volvieron a las calles el pasado 26 de marzo, pero la capacidad de convocatoria de las organizaciones fue sustancialmente menor. Sus reclamos -en medio de medidas gubernamentales altamente lesivas para los trabajadores, las poblaciones indígenas, el medioambiente, para el sistema educativo y el de salud pública- versaron en torno al apoyo de la Operación Lava Jato y el fin de la impunidad de la clase política y no contra el gobierno del reiteradamente delatado por corrupción, Michel Temer.

Colombia

La movilización y presencia en las calles de la extrema derecha ha sido, durante los últimos dos años, una de las estrategias de posicionamiento y reivindicación de sus dinámicas discursivas. En efecto, el objetivo de las recientes manifestaciones del uribismo es posicionar una serie de relatos de cara a las elecciones de 2018, usando como trampolín el desencanto popular resultante de la desaceleración económica.
El primer ejercicio connotado y efectivo en cuanto a la capacidad de movilización tuvo lugar durante el delicado periodo de “preacuerdo”, el 2 de abril de 2016. Desde entonces el discurso de la negación, No+, se convirtió en la forma de resumir las supuestas adversidades de los ciudadanos, dentro de las cuales -desde luego-, el uribismo posicionaba sus relatos: “No + impunidad”, “No+ entrega del país a las FARC”, relativo a la también posicionada entrega de la patria al “castro-chavismo” y, finalmente, lo que vincularía al ala más extrema de la derecha colombiana cercana de algunas facciones de la iglesia católica y de la evangélica, el No a la denominada “ideología de género”.
La primera manifestación mostró un uribismo fuerte, capaz de convencer discursivamente a diversos sectores de la sociedad colombiana; desde los ultraconservadores, hasta aquellos insatisfechos con el desempeño del Ejecutivo. El relato alimentó el miedo de los colombianos de llegar a parecerse a la versión que los medios de comunicación del oligopolio comunicacional del país (en particular los de propiedad del ultraconservador Carlos Ardila Lülle; RCN Radio, RCN Televisión y NTN24) han inoculado sobre Venezuela o de implantar una supuesta ideología de género, hasta ahora no identificada en los acuerdos. Ello dio lugar a una movilización amplia en las principales ciudades del país, siendo Medellín en la que se identificó una mayor afluencia de personas.
Esta marcha tuvo un importante impacto en redes sociales, donde un ejército de seguidores se encargó, al unísono con RCN, de demostrar la fuerza de la marcha: selfies con Uribe, videos, narraciones de la marcha a través de Twitter, fueron las herramientas de difusión.
Las manifestaciones de la extrema derecha continuaron atrayendo cada vez más a los adalides del conservadurismo: el día de la firma de los acuerdos en Cartagena, Alejandro Ordóñez, quien se hubiera desempeñado como Procurador General de la Nación se sumó a Uribe y junto a estos, dos pastores de iglesias evangélicas impulsaron una nueva protesta en contra de la firma que estaba teniendo lugar en la ciudad caribeña.
Hasta entonces, el Gobierno parecía obviar estas demostraciones de músculo político en las calles, difundidas fundamentalmente a través de redes sociales. Pero poco después el Ejecutivo se enfrentaría el traspié más importante de su administración: el No de la mayor parte de los ciudadanos que votaron en el plebiscito del 2 de octubre a los acuerdos de paz alcanzados con las FARC-EP, un resultado que tomó por sorpresa hasta a los uribistas.
El cambio de la torna supuso un ajuste discursivo en la extrema derecha: “Los del ‘No’ también queremos paz, solo que pensamos que sin justicia no la vamos a tener”, señaló Uribe, conforme los resultados fueron públicos, algo del todo contradictorio: ahora sí querían la paz, pero no de la manera planteada por el Gobierno. Matizaron, ante la avalancha nacional, pero sobre todo internacional, que refería casi como un acto de irresponsabilidad la respuesta popular impulsada (mentiras mediante) por el sector más retrógrado de la sociedad colombiana.
Se hizo necesario llevar a cabo un giro y posicionar con vehemencia otros relatos lejanos de la agresividad con la que se los estaba relacionando. Fue en este entonces cuando estalló el escándalo de Odebrecht. Si bien el uribismo tenía varias figuras connotadas implicadas en el escándalo de la empresa brasileña, el esfuerzo se centró en posicionar al oficialismo como único responsable de los altos niveles de corrupción evidentes en el país, de esta forma se fue organizando una nueva marcha, esta vez sacarían a las calles (paradójicamente) el discurso de la corrupción.
Habiéndose librado de Oscar Iván Zuluaga, implicado en el escándalo referido, la convocatoria del 1 de abril de 2017 se centró en el “rechazo a la corrupción”. Así, el día sábado tuvo lugar la marcha, donde Álvaro Uribe, desde su feudo político (Medellín), pidió la renuncia del presidente Santos y llevó nuevamente a la extrema derecha a la calle, ataviada con banderas de Colombia, camisetas de la selección de fútbol y con un insólito acompañamiento del que fuera uno de los sicarios más temidos de Pablo Escobar, actualmente con presencia en redes sociales a través de su canal de Youtube, Jhon Jairo Velásquez, alias Popeye. En esta ocasión, la extrema derecha mostró cierta capacidad de convocatoria, aunque menor respecto a las marchas que se desarrollaron el año pasado.
La presencia de la extrema derecha en la calle ha sido funcional para posicionar los ejes discursivos que circundarán la campaña electoral de 2018. Los relatos y simbología usados hacen constante alusión a una concepción particular del patriotismo que permite a los participantes identificarse como defensores de la soberanía nacional frente a la “invasión del castro-chavismo”, la corrupción y la moralidad. La estrategia fue funcional en 2016, cuando el proceso de paz era materia de discusión, sin embargo, hoy parece que el ejercicio de participación colectiva se empieza a desvanecer, con una tendencia a la reducción de la participación ciudadana, pasmosa ante la incertidumbre de 2018.

Ecuador

En Ecuador las derechas construyeron sus plazas. En 2015, se probaron nuevamente en las calles y lograron movilizar un conjunto de ciudadanos de sectores urbanos, clase media, preferentemente, y alta. No era la primera vez que suscitaban la acción ciudadana, pero en este caso la movilización fue importante.  Lograron apropiarse del espacio público a partir de la propuesta de ley sobre las herencias y de plusvalía. Construyeron una oposición al  gobierno sobre algunos núcleos culturales y discursivos que reactualizaban la larga tradición liberal ecuatoriana y algunas críticas al modelo económico que venía impulsando el oficialismo.  El debate económico y las maneras de superar los efectos de la crisis internacional organizaron las protestas contra el oficialismo y las defensas del mismo. Era evidente que los sectores medios no criticaban una propuesta que tenía como destinatarios significativos a los empresarios, sino que fueron movilizaciones donde ese reclamo pudo articularse a otros descontentos. Ese “avanzar” del Estado sobre los individuos fue “transformado” como  “problema” para todos.  El ejercicio de la autoridad presidencial fue vinculado a una invasión sobre los bienes personales. Los conceptos que atravesaron las manifestaciones fueron “confiscación”, “robo” y medidas de castigo para los empresarios.  En estas marchas se fue organizando la oposición, todos los actores de éste se probaron la “camiseta”: Nebot, Rodas, Viteri, Lasso, entre otros. A su vez, se consolidó un espectro opositor más allá de las elites de derechas, el acompañamiento de clases medias y sectores indígenas daban cuenta de una potente articulación en marcha.
La convocatoria a participar “sin banderas” le otorgaba esa dimensión pospolitica que busca expulsar o “correr” los intereses partidarios o la disputa política. Son movilización de profundas discursividades políticas (e intereses definidos) pero ese escenario se construye asociando “política” al Estado y “lugar vacío de ella” a la oposición. El mito del Estado Robin Hood,  que “te saca” es algo que recorre y actualiza los miedos políticos más profundos.
Las elecciones presidenciales y las presiones sobre los resultados de la segunda vuelta –que inicio Lasso- permitieron una movilización opositora que reedito la sospecha (posmoderna y neoliberal) sobre el Estado. Ella fue articulada en torno a la supuesta corrupción del oficialismo, como sobre el conteo final. De esta manera, la victoria del oficialismo no clausura estos imaginarios políticos. Todo lo contrario. Hay una plaza que puede ser puesta en marcha.

Fuenmte: Revista Sin Permiso


domingo, 23 de abril de 2017

LA INTERNACIONAL SOCIALISTA EN AMÉRICA LATINA NECESITA TRATAMIENTO.. “Un médico a la derecha”, dijo alguien que sabía del asunto...



Avatares de la Internacional ¿socialista? en América Latina


Por Camila Vollenweider, Esteban de Gori, Ava Gómez , Bárbara Ester. Investigadores del CELAG (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica), para Revista Sin Permiso


La Internacional Socialista (IS) se constituyó desde mediados del siglo XX como el principal mecanismo de internacionalización de los partidos socialdemócratas europeos, en plena configuración de la guerra fría. En particular, fue a partir de 1976 –tras el congreso de la IS celebrado en Ginebra- cuando la expansión de la organización llegó con fuerza a América Latina. Uno de los propósitos más destacados de dicha ramificación continental de la IS fue, por una parte, posicionarse en la región como un tercer actor de influencia local –además de la URSS y EEUU- y, a través del estrechamiento de lazos entre dirigentes y organizaciones, contar con información privilegiada para adelantarse a los complejos escenarios políticos (y militares) que se abrían continuamente en América Latina. De este modo, la IS se constituiría en un interlocutor de peso entre los dos grandes bloques de poder geopolítico.
Las alianzas tejidas en América Latina, por lo tanto, tuvieron dos características: la primera, que las organizaciones políticas no necesariamente tenían que ser socialdemócratas o socialistas, con la finalidad de ampliar el espectro de relaciones y alcances de la IS al interior de cada país; la segunda –en consecuencia- asociarse con aquellas organizaciones que fueran influyentes en la dinámica política doméstica y, también, en las zonas de conflicto regional.

I

Esta variopinta y pragmática configuración de la Internacional Socialista de posguerra se mantiene hasta el día de hoy,  aunque habiendo perdido gran parte de su prestigio y utilidad desde que acabó la guerra fría a comienzos de la década de 1990. En efecto, a pesar de su llamativa tibieza ante algunos de los más importantes golpes de Estado acontecidos en el continente desde 1954 (con el golpe de Estado a Jacobo Arbenz en Guatemala), pasando por el asestado a Joao Goulart en Brasil en 1964 y a Salvador Allende -de ese Partido Socialista chileno fundado en 1933 que se negó a integrar la IS hasta 1996-, entre otros, al menos durante los años que median entre comienzos de la década de 1970 y el fin del conflicto EEUU-URSS la Internacional consiguió ser un actor político de peso, especialmente en Centroamérica. 
Su papel allí osciló –con contradicciones- entre evitar el intervencionismo norteamericano y contener los actores comunistas más radicales en la región. Durante la década de los 80, la IS apoyó al gobierno sandinista que derrocó al dictador Anastasio Somoza, pero no al gobierno revolucionario de El Salvador ni condenó la cruenta guerra civil que padeció, a pesar de que criticaba el injerencismo norteamericano. Apoyó también las acciones independentistas de Puerto Rico, admitiendo en sus filas al Partido Independentista Puertorriqueño en 1983 y al Partido Revolucionario Democrático de Panamá; su relación con Cuba tras el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista fue ambivalente, dependiendo sobre todo del grado de cercanía de los principales líderes socialistas europeos que conducían la institución. Numerosos partidos centroamericanos y del Caribe se incorporaron la IS en ese periodo además de los mencionados, como el Partido Nacional del Pueblo (Jamaica) y el Partido de Liberación Nacional (Costa Rica); otros partidos con influencia en la región –aunque con poca influencia socialista en sus filas- también fueron afiliados, como Acción Democrática (Venezuela).
En cuanto a las dictaduras militares sudamericanas que se desarrollaron en la etapa en cuestión, la Internacional Socialista fue bastante inocua en sus condenas internacionales, sino que varios de sus partidos miembros tuvieron, ante la grave situación, una actuación como mínimo condenable (y no sólo en las últimas dictaduras). En este sentido, el Partido Socialista (PS) de Argentina que se inscribió en el socialismo democrático conformando la Internacional Socialista desde 1951 pero apoyó orgánicamente la “Revolución Libertadora” (1955-1958), denominación del régimen militar que derrocó al gobierno peronista al que el PS consideraba una dictadura, a pesar de haber llegado por el voto popular. Su política colaboracionista con el gobierno de facto produjo un quiebre debido al rechazo de una parte de los dirigentes socialistas, lo que agudizó su fraccionamiento durante la década del ´60.
Asimismo, la Unión Cívica Radical (UCR), otro partido argentino miembro de la IS, jugó un papel controversial durante la dictadura militar denominada Revolución Argentina (1966-1973). Una fracción, la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), apoyó a un sector nacionalista del ejército que asumió la presidencia con Levingston en 1970. Otros casos, como el del Partido Por la Democracia (PPD) chileno hicieron un uso instrumental de la dictadura, aprovechando para fundarse el ocaso del pinochetismo, y constituirse con miembros de un espectro ideológico amplio que abarca desde el socialismo hasta ex miembros de partidos de derecha como el Nacional y Republicano.

II

Acabada la guerra fría, se celebró el XVIII Congreso de la IS en Estocolmo, en 1989. Allí primaron los posicionamientos por la paz, los derechos humanos y el medioambiente, además de establecer una nueva Declaración de Principios para la organización y de posicionarse al socialismo democrático como la fuerza del futuro, en tanto “el comunismo estaba en crisis y los conservadores enfrentaban cada vez mayores dificultades a través del mundo”. Sin embargo, en los diez años que transcurrieron entre éste y el XXI Congreso (celebrado en París), varios de los partidos latinoamericanos que pertenecían a la organización fueron gobierno (o aliados) que llevaron adelante justamente políticas conservadoras y que no adoptaron el principio propuesto en Nueva York de que los mercados debían estar “al servicio de las personas y no las personas al servicio de los mercados”.
En este sentido, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), la formación política más antigua del país, que fue creada en 1939 por exiliados dominicanos en la ciudad de La Habana, constituye el mejor ejemplo de partidos que enfrentaron dictaduras y, una vez en el poder, viraron a políticas neoliberales. Durante los años ´70 el partido definió de manera clara su orientación hacia la socialdemocracia, llegando en 1976 a anexionarse a la Internacional Socialista. Pero durante la presidencia del PRD a cargo de Miguel Vargas se observó un nuevo giro político que posicionaría al partido en la centro-derecha, un cambio que se venía evidenciando desde el período 1999-2009.
Otro caso lo constituye la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). El partido peruano fundado por Víctor Raúl  Haya de la Torre también se encuentra entre los partidos fundacionales de IS y a lo largo de su historia ha sido despojado de triunfos electorales por gobiernos militares luego de su victoria en las urnas. Asimismo, atravesó dos largos períodos de ilegalidad, tanto bajo gobiernos militares como civiles. El Partido Aprista Peruano resultó ganador en las elecciones para la Asamblea Constituyente en 1978 y las elecciones presidenciales de 1985 y 2006, ambas bajo la candidatura de Alan García. Sin embargo, las dos presidencias de Alan García dilapidaron el capital político y el imaginario social respecto del APRA. Durante su segundo mandato y, a pesar de que los principios ordenadores del APRA señalan un cariz latinoamericanista, Alan García facilitó a foráneos el acceso a las tierras indígenas para la explotación de sus recursos. Otro foco de cuestionamientos lo constituyeron los sucesivos escándalos de corrupción.
Otro partido emblemático miembro de la IS que se sumó al giro a la derecha durante los 90, incluso antes, es el Partido de la Revolución Institucional (PRI), uno de los partidos más antiguos de México y el que más años ha ejercido el poder. El PRI ingresó a la IS como miembro consultivo en 1996 y en 2003 fue aceptado como miembro pleno. La derechización del PRI es una realidad desde el gobierno de Salinas de Gortari, quien comenzó una etapa de privatizaciones y apertura irrestricta al capital internacional. Ya en la actualidad, el PRI con Peña Nieto ha profundizado este modelo con más privatizaciones y una pronunciada tolerancia hacia la violencia proveniente del narcotráfico. La violencia ejercida por el Estado a través de sus fuerzas de seguridad (como el caso de la masacre de Ayotzinapa) es una constante, y los indicadores socioeconómicos no repuntan con el partido de gobierno. En parte, el PRI pudo llevar a cabo sus políticas “antisocialistas” gracias al apoyo de otro miembro de la Internacional, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) mexicano (que ingresó a la IS como miembro pleno en 1996), socio en el llamado “Pacto por México”, que habilitó las reformas estructurales beneficiarias del capital financiero internacional.

III

Podría decirse que el XXII Congreso de la IS, celebrado en Sao Paulo en 2003 estableció una serie de metas a futuro que resultaron una paradoja histórica: salvo excepciones, los gobiernos que las llevaron adelante no pertenecían a la IS y buena parte de su oposición partidaria estaba nucleada dentro de la entidad. Entre los temas que posicionó como importantes este Congreso estuvieron: la abolición de los paraísos fiscales, la profundización de la integración regional, en el sentido de exceder los acuerdos comerciales, el combate al desempleo y la informalidad; también alertó que “Los neoconservadores intentan explotar la situación para desmantelar todas las formas de gobernanza global, minimizar el papel de las Naciones Unidas, menoscabar las instituciones multilaterales, fomentar el unilateralismo y la consagración del mercado, e imponer la voluntad de los poderosos para decidir el futuro de la humanidad”.
Los gobiernos progresistas que surgieron en la región a partir de entonces –excepto el de Chávez unos años antes- pujaron firmemente para llevar a cabo éstas y otras metas. Ninguno de los partidos que los sostenían (Frente para la Victoria en Argentina, Partido Socialista Unido de Venezuela, Partido dos Trabalhadores en Brasil, Alianza País en Ecuador y el Movimiento al Socialismo en Bolivia) fueron ni son miembros de la IS, en tanto que la mayoría de la oposición política que enfrentaron sí lo eran. Paralelamente, partidos gobernantes miembros de la organización –como el PRI- actuaban en el sentido contrario a los postulados del Congreso de 2003.
A escasos 6 meses de que Hugo Chávez ocupara la presidencia de Venezuela, en una reunión de Consejo de la IS celebrada en Buenos Aires en 1999, ya advertían preocupación frente “a la evolución del proceso político en Venezuela y a la política de confrontación permanente del gobierno con las autoridades establecidas”. Siguiendo el comportamiento de Felipe González, histórico de la IS, durante el golpe de estado contra Chávez en 2002 la SICLAC (Comité de la IS para América Latina y el Caribe, creado en 1980) manifestó su apoyo a Acción Democrática, miembro de la agrupación y uno de los principales actores movilizadores en pro del quiebre constitucional. Tras las llamadas “guarimbas” de 2014 -cuyo objetivo de derrocar al presidente Nicolás Maduro dejó tras de sí 43 muertos, 800 heridos y daños materiales por 10 mil millones de dólares- nuevamente la SICLAC exigió la liberación de “todos los estudiantes y presos políticos y el cese de la persecución a opositores”. Dentro de los “presos políticos” se encuentra Leopoldo López de Voluntad Popular –también miembro de la IS-, acusado de incitación al desorden público, asociación ilícita y atentados a la propiedad.
Si bien la IS no deja de condenar otros presuntos casos de políticos presos, como el de la activista social y Diputada del PARLASUR Milagro Sala, detenida arbitrariamente desde hace más de un año por el gobierno de la alianza Cambiemos –a la cual pertenece la UCR, miembro de la IS-, su énfasis se coloca en los “perseguidos” que pertenecen a partidos afiliados.
Tal es el caso de Samuel Doria Medina y el de Rafael Filizzola, además del de Leopoldo López. En una resolución del último Congreso mundial celebrado en Cartagena, Colombia, en marzo de 2017 la organización emitió una resolución especial condenando todos los casos de persecución político-judicial, pero sólo mencionando puntualmente los casos del dirigente boliviano y del presidente del Partido Democrático Progresista paraguayo. Doria Medina, empresario multimillonario y presidente de Unidad Nacional (UN)– partido fundado en 2003 e incorporado a la IS en el Congreso de Cartagena gracias a las gestiones del PSOE- enfrenta al menos diez procesos judiciales por diversas causas que incluyen supuestos delitos de contratos lesivos al Estado, conducta antieconómica, terrorismo financiero y malversación de fondos. UN es opositora al gobierno de Evo Morales y consiguió que la IS manifestara preocupación por la iniciativa soberana del gobierno de convocar a un referéndum por la reelección. Filizzola, por su parte, creó el PDP en 2007, de cara a las elecciones del año siguiente. Fue ministro del Interior de Fernando Lugo, gobierno del que salió poco antes del golpe. Si bien en un comienzo fue afín al gobierno del PSUV -participó como expositor en el Congreso Bolivariano de los Pueblos en 2004- luego él y su partido se convirtieron en acérrimos detractores del chavismo incluso bregando por su no incorporación al MERCOSUR. A pesar de que la IS manifestó preocupación por el golpe parlamentario a Fernando Lugo, su partido votó a favor. La supuesta persecución judicial contra Filizzola comenzó con denuncias del cartismo, mientras estaba en campaña, por sobrefacturación en la compra de material bélico mientras fue ministro. La denuncia prosperó y Filizzola denunció persecución del gobierno de Horacio Cartes; sin embargo en ese momento, la fiscalía que le procesó estaba en manos de figuras de su mismo partido, el PDP.
Durante el último encuentro de la IS, además, se emitió una resolución contra Venezuela en la que se “reitera una vez más, su profunda preocupación por la grave crisis política, económica y social por la que atraviesa Venezuela como consecuencia de políticas económicas y sociales equivocadas, así como, por actitudes autoritarias que violentan no sólo los principios democráticos que impulsamos en la Internacional Socialista, sino una sistemática violación de los derechos humanos, que se configura en política de Estado y que rechazamos de manera enérgica”. No hay menciones igualmente enfatizadas respecto de las violaciones a los derechos humanos en el cada vez más militarizado México del PRI o en una Colombia –gobernada por el Partido Liberal, ambos miembros de la IS- donde los asesinatos de dirigentes sociales y campesinos son una constante.
Quizás por estas y otras razones, el Partido Socialista Uruguayo (PSU) abandonó la agrupación socialista antes del pasado Congreso. En su comunicado indica que desde 2008 "se ha venido planteando con fuerza la necesidad de una reforma" en la IS, incluyendo "períodos de dirección más cortos, transparencia, equilibrio entre las regiones, equilibrio entre géneros en los organismos de conducción, mejora en la comunicación interna y externa, fortalecimiento en el vínculo con sus organizaciones fraternas, límites en los mandatos", entre otros. Nueve años después, indica el PSU, nada cambió. En el comunicado señalan su disconformidad con la incorporación de nuevas organizaciones a la IS que "diluyó al máximo su identidad socialista, asumiendo incluso posturas cada vez más lejanas a perspectivas de izquierda". En uno de los pasajes más duros, el partido expresa: "entendemos que actualmente la conducción de la organización no está a la altura de su historia y por tanto no nos sentimos representados por ésta". Motivos sobran.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/