EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

jueves, 17 de enero de 2019

El amor y el oxímoron… Estar enamorado del cuerpo, el corazón y la inteligencia de quien piensa y milita aquello que más odias…



Obra de Zdzisław Beksínski

No hay amores banales, como tampoco hay crímenes banales... El amor y el oxímoron: Arendt – Heidegger – por Osvaldo Bayer


La Banalidad del Amor. Por Osvaldo Bayer – Para Revista Sin Permiso

Fuente:


Sí. Tal cual. En vez de La banalidad de la Maldad, como subtituló la ensayista judía Hanna Arendt su libro sobre Eichmann, se ha estrenado una obra teatral en Alemania que lleva por título La banalidad del amor. Y justo se refiere a la relación entre la misma Hanna Arendt con el filósofo alemán Martín Heidegger, quien en 1933 se afilió al partido nazi. Una relación que nadie –la mayoría– ha podido entender todavía. La autora de la obra de teatro también es judía, se llama Savyon Liebrecht y trata de interpretar en la obra de ficción esa relación entre dos personas tan distintas en sus ideologías. La obra se ha estrenado con un gran éxito de público. No es para menos.
Antes de morir, Hannah Arendt declaró: “Me siento elevada hasta hoy por Heidegger como ser pensante y como mujer”. Sí, una escritora que describió como pocos la miseria absoluta de pensamiento del nazismo.
El comienzo de esa relación fue la del profesor con la alumna. Heidegger era ya, a los 35 años, en 1924, un profesor de filosofía cuyos libros habían comenzado a trascender en todo el mundo. Ella, de 17 años, era su alumna. Profesor y alumna pasaron muchas horas muy enamorados en una cabaña no muy lejana de la casa de Heidegger, quien era casado con dos hijos. La relación amorosa fue muy intensa entre 1924 y 1926, hasta que después ella se fue a estudiar a otra universidad. En 1929 Hanna se casó con el escritor Günther Anders. En 1933 ella comienza a hacer una labor muy intensa en defensa de los judíos alemanes y Heidegger se afilia al partido nazi y es elegido rector de la Universidad Albert-Ludwig.
La pregunta es: cómo un hombre de estudios y pensamientos tan profundos como Heidegger pudo apartarse tan profundamente de la ética. Nunca pidió disculpas a la humanidad por haber apoyado en ese momento a un régimen absolutamente racista y totalitario. Tal vez al quedar al desnudo su equivocación o su oportunismo podría haber declarado: sí, yo tal vez fui un genio pero no fui un sabio. Me dejé llevar por los entusiasmos (tal vez la mejor palabra sería oportunismo) de ese entonces pero no supe jugarme por los principios éticos que tienen que ser irrenunciables en todo momento, aunque sea ante el peligro de muerte, de cárcel, de pérdida de posición y más cuando se es un docente famoso. No, nunca se sintió culpable de nada.
Hanna Arendt fue presa por la Gestapo en 1933. En 1937 le fue quitada la ciudadanía alemana y finalmente emigró, primero a Francia y desde 1941 vivirá en Estados Unidos. Allí dedicó sus mejores horas a luchar contra el Holocausto y formó parte de la Reconstrucción Cultural Judía. Terminada la guerra, en 1950, Hanna volvió a visitar a Heidegger y mantuvo una nutrida correspondencia con él hasta que Heidegger murió en 1976. Además se preocupó para que los últimos libros de Heidegger se editaran en Estados Unidos y que las traducciones sean excelentes.
Pero claro, el tema no es sólo Heidegger, sino también Hanna Arendt. Ella, que vivió en carne propia toda la injusticia nazi y su total irracionalidad. Ella que asistió al juicio de Eichmann y supo describir en su libro toda la trivialidad de un asesino de masas, un autor de crímenes de lesa humanidad, pero al mismo tiempo un representante típico de un sistema al que adhirió su amado Heidegger. Cómo nos puede explicar ella que, después de la caída del nazismo, fue a visitarlo y no le pidió que reconociera públicamente haberse equivocado. No, sigue su amistad. Hanna Arendt se conforma tal vez con la única defensa de sí mismo que ensaya Heidegger: “Hitler me engañó, me traicionó”. Un hombre de la inteligencia de Heidegger no puede dejarse engañar por un demagogo que ya en los años ’20 basó su marcha hacia el poder con su injustificable racismo. Hanna Arendt escribirá muchos años después, buscando una interpretación, tal vez de Heidegger o tal vez de ella misma, lo siguiente: “Nosotros, que queremos honrar a los pensadores, y aunque nuestro lugar de residencia se encuentre en el centro del mundo, no podemos dejar de sentir como llamativo y al mismo tiempo enojoso que tanto Platón com Heidegger –cuando se referían a situaciones humanas– buscaran refugio en tiranos y ‘Führer’.” A esa pasión ella la llamó deformation profesionelle. Y añade: “Esa inclinación hacia lo tiránico teóricamente puede adjudicárles a casi todos los grandes pensadores (Kant sería una gran excepción)”. Citándolo a Heidegger continúa: “Muy pocos tenían la capacidad de asombrarse ante la sencillez... tomar ese asombro como lugar habitable... en estos pocos es últimamente igual hacia dónde nos llevan las tormentas del siglo. Porque el huracán que atraviesa el pensamiento de Heidegger –como aquel que todavía nos roza desde la voz de Platón– no tiene nada que ver con el siglo. Proviene de lo más antiguo y deja algo concluso que, como todo lo concluso, atañe al pasado”.
Palabras... Para justificar a quien tal vez seguía siendo, en lo más recóndito, su amor de adolescente. O para justificarse a sí misma. Por qué para un apenas lacayo de cuarta como Eichmann, la pena de la horca, y a Heidegger, la comprensión dentro de la crítica rebuscadamente filosófica. Para Eichmann, el ejecutor, nada más que la soga al cuello. Para Heidegger –que dio el ejemplo en 1933 de afiliarse al partido nazi y así influenciar a sus miles de alumnos y de lectores en su tierra y en el mundo entero–, a él nada más que explicar todo como “una deformación profesional”. ¿Es banal el amor o son banales los que justifican todo a través del amor? Una pregunta difícil de contestar. Ni el amor es banal ni la maldad es banal, aunque muchos se comportan en forma banal con expresiones profundas. (Esto no implica ninguna crítica a los títulos de la obra de Hannah Arendt ni a la obra teatral de Savyon Liebrecht, al contrario, son títulos mordaces que hacen pensar.)
Hanna Arendt escribirá en 1949 que para ella los dos más grandes filósofos de su época fueron Heidegger y Jaspers. La pregunta es: ¿a la humanidad y al propio Heidegger les sirvió de algo en la vida ser “grande”, cuando se falta tan profundamente a la ética?
Pero en esa misma Alemania se demuestra lo que es la verdadera conducta ética. El 15 de enero concurrieron más de setenta mil personas (cálculo del diario principal de Berlín, Tagespiegel) a llevar claveles rojos a la tumba de Rosa Luxemburgo, a 89 años de su cobarde asesinato por militares en Berlín. Se repite así un homenaje que se cumple todos los años. No hay figura que se recuerde así, en ninguna parte del mundo. Ni grandes pensadores, ni héroes históricos, ni políticos. Es un increíble ejemplo de respeto, recuerdo y admiración por la obra y la ética de esa mujer. Sus profundos escritos acerca de cómo el mundo debía luchar por un sistema definitivo que trajera la paz eterna y terminara con las injusticias sociales deberían ser lectura en todos los últimos años de los colegios secundarios y de las universidades, y tema preferido en centros culturales. Fue pacifista y por su lucha estuvo presa en las cárceles del Kaiser casi los cuatro años de la Primera Guerra Mundial. Fue en ese tiempo fundadora del Grupo Internacional Antimilitarista. Propuso siempre la solidaridad internacional de los trabajadores y por eso sostenía que ningún trabajador alemán debía apretar el gatillo contra un trabajador francés o de cualquier otra nación. Cuando, pese a su lucha, se declaró la guerra, dijo: “Cuando escuché la noticia, pensé en suicidarme. Me di cuenta de que había vencido el oportunismo”. Ese oportunismo e irracionalidad que costó la muerte de miles de jóvenes. Rosa estaba contra la violencia y señalaba que el arma fundamental para la revolución obrera debía ser la huelga general. Fue una luchadora contra la pena de muerte. Y defendía la Libertad como un fundamento absoluto de la sociedad. Su frase que más trascendió en la historia fue: “Libertad es siempre la Libertad del que piensa distinto”. Durante la revolución alemana, el 15 de enero de 1919, fue detenida en el hotel Eden, y en la puerta misma el suboficial Runge le dará un culatazo en la cabeza y luego será asesinada por el teniente Souchon, que le pegó un tiro en la sien. Terminaba así esa cabeza que tantos principios profundos enseñó a la humanidad.
En el recordatorio del martes pasado, ante su tumba, se vio a jóvenes y viejos con lágrimas en los ojos. Su tumba quedó cubierta totalmente por claveles rojos que llevaron cada uno de los asistentes. Un diario tituló el acto así: “El día en que faltaron claveles rojos en Berlín”. Y se escucharon las viejas canciones obreras de siglos pasados.
Un ejemplo. Es curioso: los héroes de la sociedad en sus monumentos no son recordados, amén de algún acto oficial cada cincuentenario de su muerte. Pero a Rosa Luxemburgo la recuerdan como a nadie, año tras año, después del espantoso y cobarde crimen.
Que tengan esto en cuenta todos aquellos que aman el poder por el poder mismo. La historia va filtrando y sólo quedan aquellos que dieron sus vidas por esa palabra con la que comenzamos: la Etica, que es siempre el no rotundo a la muerte y el firme sí a la Vida.
No hay amores banales, como tampoco hay crímenes banales.



                             Obra de Zdzisław Beksínski

martes, 15 de enero de 2019

100 años de la Semana Trágica…. A esta fiesta quieren volver, este era el cotillón de la fiesta oligarca…






Centenario de la Semana Trágica, cuando el rojo es negro, por Carlos Alberto Suárez, para Revista Sin permiso




El centenario de la Semana Trágica ha sido recordado por buenas notas periodísticas, citando relevantes investigaciones históricas, que a lo largo de los años han dado cuenta de aquellos brutales acontecimientos, que ensombrecieron a la sociedad en general y a la historia de los trabajadores en particular.
 Una primera conclusión de aquella tragedia, que reproducía a una escala mayor la “semana roja”, de 1909 y la huelga durante la celebración del primer Centenario de Mayo, fue la centralidad en la República Argentina de la confrontación capital-trabajo en el desarrollo económico, social y político durante el Siglo XX. La segunda constatación, que también había impactado desde los inicios en el desarrollo capitalista del país en el Siglo XIX, es la extrema vulnerabilidad de su economía con respecto a las contingencias del mercado mundial. Estos factores mencionados, que, sumados a la incapacidad de la clase dominante de prever y procesar, contribuyeron a la imposibilidad de aquella República verdadera, como la definió Tulio Halperín Donghi.

Temor latente

El entonces candidato a la presidencia, Roque Sáenz Peña (1909), contestaba así a una carta del Gral. Franklin Rawson donde se refería a la protesta social de aquellos días:
“Una revolución grande, profunda, ronca bajo nuestros pies. Es preciso pues que venga de arriba, dirigida por el que manda, para evitar que suba de abajo, en perfiles de anarquía”.
No se refería a la amenaza revolucionaria de Hipólito Yrigoyen con quien negociaba amistosamente.  Sáenz Peña agregaba: “En cuanto a la tendencia que usted llama socialista, la considero simplemente humanitaria y si la mejora del proletariado fuera el único lema de su bandera debemos quitárselo y hacerlo nuestro. Siempre he pensado y he dicho que el socialismo es un pleito que la sociedad moderna debe apresurarse a transar para que las reivindicaciones del trabajo no se escriban con la misma tinta que la Declaración de los Derechos. Yo propongo esas ideas en defensa del orden social y para impedir que un día el derecho de los más proteste del abuso de los menos. Como usted ve, mis ideas son conservadoras y por eso reformamos nuestra legislación y sistematizamos el trabajo protegiéndolo”. 
Esta idea rondó siempre en la cabeza de los más ilustrados representantes de la clase dirigente, que no fueron muchos. En agosto de 1944, el entonces coronel Juan Domingo Perón (que había participado como subteniente en la Semana Trágica), expresó en la Bolsa de Comercio ideas muy similares:

“Lo que quiero es organizar estatalmente a los trabajadores para que el Estado los dirija y les marque rumbos, de esa manera se neutralizarán en su seno las corrientes ideológicas y revolucionarias que pueden poner en peligro nuestra sociedad capitalista de posguerra”.

El ciclo económico

Ya las turbulencias económicas europeas de 1889 repercutieron con fuerza en Buenos Aires, al punto de catalizar la crisis política que desató la Revolución del 90. Fracasado el intento revolucionario, tras dos años depresivos, la economía argentina inició un ciclo ininterrumpido de expansión económica que sólo se interrumpe con el comienzo de la Gran Guerra de 1914.
En aquellos años de oro, todos los indicadores mostraban prosperidad, entre otros una considerable demanda de trabajo que en gran parte se sostenía con un incremento de la inmigración, condiciones para un aumento del salario real. La guerra provocó un inmediato freno a la economía.
En 1914 el PBI cayó 10.4 con respecto al año precedente, también bajaron de golpe la inversión, la inmigración y la participación de la industria en el conjunto del producto bruto. Por consiguiente, los trabajadores sufrieron un prolongado período de penurias y deterioro de sus condiciones de vida. Cuanto peor, peor. Una lección de la crisis económica fue que se apagó la vigorosa lucha y protesta social que acompañó los años de expansión.
El fin de la guerra reconfiguró el capitalismo mundial, cambió la geografía económica y política, especialmente en Europa, y dio lugar a un nuevo ciclo en la producción y el comercio mundial. La noticia del hundimiento de los grandes imperios, y la Revolución Rusa que puso fin a siglos de dominación de los zares, alentó las luchas sociales en todo el planeta.
Sin embargo, las noticias por sí mismas no son detonantes de conflictos sociales. Cuando el mejor clima del comercio mundial se hizo sentir en las orillas del Plata, retornó la demanda de empleos y se restableció la corriente migratoria. Sin embargo, los precios de los productos básicos del consumo de las familias obreras, alimentos y vestuario, tomaron impulso. O sea, lo que entonces se conocía como carestía de la vida, fue un tema de agitación de anarquistas, anarcosindicalistas y socialistas que procuraban organizar al proletariado, no sólo en Buenos Aires, sino en los principales núcleos urbanos del país, tanto en las industrias como en los servicios.
El registro de las luchas muestra un nuevo impulso en reclamos y movilizaciones a partir del final de 1917. Por ejemplo, en Tafí Viejo, Tucumán (a unos 1.200 km de Buenos Aires) se ubicaba uno de los mayores talleres ferroviarios de América Latina, donde trabajaban 5.000 obreros. A fines de septiembre de ese año comienza una huelga por aumento de salarios y mejoras en las condiciones laborales. Rápidamente el conflicto se extiende a Rosario, San Cristóbal, Cruz de Eje, Añatuya, Laguna Paiva, es decir en los importantes núcleos de concentración de la actividad ferroviaria. Rápidamente el gobierno moviliza al Ejército y a sus formaciones parapoliciales dispuestas a realizar todos los trabajos sucios, que toman nombres diversos hasta a unificarse bajo el título de La Liga Patriótica.
La represión de Tafí Viejo dejó un saldo de varios muertos y heridos. Un joven aprendiz, Baltasar Baca, que se había iniciado desde niño en los talleres, es trasladado como represalia por su activismo a San Cristóbal (Santa Fe). Poco tiempo después es ejecutado por miembros de la Liga Patriótica (Juan Carlos Cena, 2009).  En esos mismos días, en Mendoza, el Ejército ametralló una pacífica manifestación de ferroviarios, dejando muertos y heridos. Hasta los años 1960 del Siglo pasado, en cada aniversario de la masacre, el guardabarrera de turno cortaba el tránsito, durante algunos minutos, en el paso a nivel de una céntrica avenida, el lugar donde habían sido abatidos los obreros.
De modo que la Semana Trágica de enero de 1919 se inscribe en un amplio proceso de agitación social, que abarca a la mayoría de los sectores de industriales, de los servicios (principalmente ferroviarios y del transporte urbano y marítimo), maestros, trabajadores postales, hasta un intento de huelga de la policía rosarina, en diciembre de 1918. Según registro oficial, en 1918 se contabilizaron 200 huelgas y 370 en 2019.
El 7 de enero los dueños de los talleres Vasena, emplazados en el barrio San Cristóbal de Buenos Aires (hoy Plaza Martín Fierro), pretenden romper la huelga que se había iniciado a fines del año anterior en reclamo de mayores salarios y una jornada de 8 horas de trabajo. La represión policial deja 4 obreros muertos y unos 30 heridos. La indignación y el dolor alimentan la protesta. Comenzó así la Semana Trágica que se profundiza cuando una multitudinaria manifestación acompaña a los caídos hasta el cementerio de Chacarita y allí, sin mediar advertencia alguna, el Ejército ametralla sin piedad a los trabajadores. Se declara una huelga general que se extiende a localidades del interior del país, Rosario, Mar del Plata, entre otras, y con repercusiones hasta en Montevideo. El general Luis Dellepiane al mando de unos 1.800 efectivos será el responsable de la represión. Además, entrega armas y alienta la formación de las bandas de “amigos del orden”. Los detractores de la huelga y defensores de la postura oficial no pudieron demostrar nunca el “terror rojo”. Las cifras son elocuentes entre 700 a 1300 muertos (esta última cifra fue informada por la embajada de Estados Unidos), de 4.000 a 5.000 heridos civiles; del otro lado, tres muertos en las fuerzas represivas, un cabo, un soldado y un bombero. No hay noticias de que algún oficial haya sido herido.

El peligro rojo

La referencia a la Revolución de Octubre de 1917 es ineludible en todas las investigaciones y artículos sobre la Semana Trágica. Imposible desconocer que el acontecimiento conmovió la vida social, política y cultural de la época, reconfiguró tácticas y estrategias políticas en la izquierda y el movimiento sindical y desató un pánico inédito entre los sectores dominantes.  Ese miedo alentó asimismo una violencia “preventiva” inusitada, que se repitió en los años inmediatos posteriores.
La Reforma Universitaria de 1918, asimismo, constituyó uno de los cimbronazos de Octubre en un clima creado por la conquista del sufragio universal y secreto que llevó al radicalismo al gobierno.
Sin embargo, esa posible convulsión volaba más alto en el imaginario social de las patronales y de la Iglesia que en la realidad.
Monseñor de Andrea había impulsado desde principios del Siglo los círculos de obreros católicos, que inicialmente tenían como objetivo disputar el campo sindical con anarquistas y socialistas y más tarde algunos fueron a formar parte de los grupos de rompehuelgas, cuando no en las bandas paramilitares.
La Asociación del Trabajo, fundada en los primeros meses de 1918, fue también una respuesta patronal al nuevo tiempo. Un brillante intelectual, que ganó sus primeras medallas en la defensa del Arzobispado de Córdoba enfrentando a los estudiantes reformistas, el jurista Atilio Dell´Oro Maini, fue secretario de la Asociación y jugó un papel destacado en el asesoramiento de la empresa de Pedro Vasena, el huevo de la serpiente de la Semana Trágica. Recuerda Halperín Donghi que los objetivos de la Asociación del Trabajo eran “muy variados y complejos, pero basta una hojeada a los Boletines de Servicios que publicaría a partir de febrero de 1920 para advertir que era prioritario entre todos ellos el de ofrecer custodia armada y trabajadores temporarios a empresas cuyo personal se encontraba en huelga”.
Si bien Yrigoyen tuvo el propósito de negociar y mediar en cada uno de los conflictos y huelgas que se desataron durante su gestión, al final dejó hacer al Ejército – peor aún - a la Liga Patriótica.  Un paladín del pensamiento nacional-católico, Manuel Gálvez, así lo resumió: “la consecuencia más importante del obrerismo de Yrigoyen – por tanto, de su obra práctica como de su simple actitud ante el proletario – es el haber contenido la revolución social”.
Magnificar el hecho, ya sea un conflicto social o político, para justificar una respuesta aplastante se reitera a lo largo de toda la década, una versión prematura y desprolija de lo que más tarde sería la Doctrina de la Seguridad Nacional. Las huelgas de la Patagonia, otra gran tragedia obrera, en 1921, la masacre de La Forestal, en el norte santafesino, también en ese mismo año, la represión en Avellaneda y otros conflictos de menor envergadura, lo corroboran.

Pogromo y terror blanco

“Un pequeño esfuerzo y habremos terminado dando severa lección inolvidable a los elementos disolventes de la nacionalidad argentina”, exhorta el jefe de Policía, según el diario La Prensa del 12 de enero.
El Ejército patrulla la ciudad, secundado por grupos civiles. Este “cepillado” de los barrios incluye la destrucción de locales sindicales y de centros de actividades sociales y culturales de los inmigrantes, detenciones masivas, vejaciones de mujeres y niñas y centenares de detenidos. Paradójicamente en los barrios judíos se transformó en los mismos pogromos, de los que habían escapado en sus lugares de origen para venir a la Argentina como la tierra prometida, según desgarradores testimonios de esos días. Los judíos eran la tercera comunidad entre los extranjeros, después de italianos y españoles y catalanes (que en esos días para los grupos de choque eran también sinónimo de anarquistas).
El nacional catolicismo propagó de manera sistemática el fantasma de la conspiración haciendo blanco en los judíos, particularmente los que llegaron de la Europa oriental, que fueron bautizados “rusos”, que luego de la Revolución pasaron a ser sinónimos de ácratas o maximalistas.
El nacional-clericalismo consolidó su triste protagonismo durante esa época, que había comenzado como batalla ideológica y cultural en una cruzada en defensa de los valores que definían como nacionales que enfrentaba la “amenaza” de las ideas “disolventes” de los inmigrantes. Una coherencia en el pensamiento y la acción nacionalista clerical que viajó a lo largo del Siglo XX en Argentina.  Manuel Carlés fue la figura emblemática, que inspiró el tránsito de la palabra a la acción. Escribió con sangre los valores que pretendía restaurar. Obtuvo todo el apoyo oficial, fue designado por Yrigoyen interventor en Salta, luego tuvo protagonismo en la intervención de San Juan en 1923, participó en la represión de la huelga de los maestros mendocinos y para sus postulados doctrinarios gozó de una tribuna privilegiada: fue profesor del Colegio Militar y de la Escuela Superior de Guerra, donde se formaron centenares de altos oficiales de las Fuerzas Armadas.


lunes, 14 de enero de 2019

EL REGRESO DEL TÉCNICO DE LA DICTADURA (Alguien escribió en Mar del Plata, a propósito del proyecto Alvarado: Quien se acuesta con Menotti, aparece robado – Nada es casual en estos tiempos)





Llega a la selección en 1974 a instancias de la derecha peronista y David Bracutto, interventor de la AFA en tiempos de Isabel. Uno de sus soportes políticos fue Paulino Niembro, padre de Fernando, con el cual se distanció luego del golpe militar por haber continuado en el cargo. Este enfrentamiento se evidenció hacia fines de la dictadura y principios de la democracia.


Como dijimos, cuando llega el golpe militar de 1976 se queda en su cargo de DT de las selecciones nacionales sin que medien en él angustias humanísticas y menos ideológicas, estando presto y siendo sensible para todos los requerimientos propagandísticos que el régimen necesitaba a modo de imagen. Lo hizo tanto en los mundiales de 1978, muy oscuro logro por cierto, y el Campeonato Juvenil por invitación Coca Cola de 1979, selección ésta que armó y diseñó el gran Maestro Ernesto Ducchini, profesional que fue exonerado del cargo a último momento por cuestiones de protagonismo. Recordemos dos detalles: En 1980 recibió por parte del establishment de ocupación territorial de aquel momento el premio Konex y en segundo lugar el decreto que la dictadura había establecido a modo de bando prohibiendo que se critique a la selección y a su técnico durante aquel subproceso.


Durante los ochenta, protagoniza junto al secretario de Comercio Radical Ricardo Campero, al Secretario de Deportes Rodolfo “Michingo” O'Reilly, a su Subsecretario Osvaldo Otero, y al propio Presidente Raúl Alfonsín un intento de destitución, abortado por Julio Grondona, de quien, por entonces, era técnico de la selección, nos referimos al Dr. Carlos Salvador Bilardo quien a la postre sería Campeón en 1986, Subcampeón en 1990 y Subcampeón en el año 2014, en este último caso como Director General de Selecciones. Recordemos que el Dr. Bilardo fue quien designó a Alejandro Sabella como Director Técnico. El soporte del Diario Clarín y del Diario Tiempo Argentino fueron determinantes para el intento. En el caso del primero va de suyo su relación con el área deportes, incluso siendo columnista, y en el segundo se trataba de un pasquín mantenido con dineros públicos por parte de la Junta Coordinadora al mando del nefasto Coti Nosiglia, actual operador de Cambiemos.


Durante la década de los noventa pierde algo de su estrella debido a que a la prensa masturbadora se le hace insostenible defender sus continuos fracasos. Barcelona, Boca, Atlético de Madrid, River, Peñarol, Independiente, Sampdoria, Rosario Central, y su lamentable incursión como titular en la empresa Telemarket, sello que llevaría a la quiebra al Club Alvarado de Mar del Plata y un reguero de deudas nunca honradas con aquel sonado proyecto privatizador. El arquero de ese inolvidable conjunto, el gran Néstor Lo Tártaro, declaró alguna vez: “Era un equipazo. Hubo tipos como Hugo Jenkins y el Flaco Menotti que nos estafaron. El único que dió la cara fue Eduardo Metzguer. Nadie nos había dicho que para cobrar teníamos que ganar (y algunos sostienen como ideología que lo que importa no es ganar, pero lo ponían como condición de cobro y supervivienca). Lo que le hicieron a Barbitas fue inadmisible“.
Su único objetivo fue apropiarse del Estadio Minella y negociarlo con Torneos y Competencias para los certámenes de verano. Telemarket estaba formada por: Hugo Jinkins (hoy preso por el Fifagate), el mencionado dirigente radical Osvaldo Otero, ya en los noventa Presidente de Racing, el productor Eduardo Metzguer, el mismo que entregó a Victor Hugo y no se hizo cargo de sus responsabilidades cuando los goles de Real Madrid-Boca, evento el cual mediante una decisión vergonzosa de la justica el periodista aún está pagando una indemnización de casi 3 millones de pesos. 



Por esta misma época Menotti fue tentado por el Menemismo para ser candidato a Gobernador por Santa Fe por uno de los sublemas. Las encuestas lo hicieron desistir. Cómo será la cañada que quedó detrás de Reutemann.


Luego de un silencio prolongado, con problemas de salud mediante, desde hace un año se lo notaba bastante requerido por los medios del establishment, coincidieron sus amigos de siempre un cambio en el clima de época, con el agregado de los operadores recién llegados, cuadros que componen la neocofradía de la posverdad, esos mismos que desean barrer la historia. Le vino como de perillas la receta que propone "olvidar y mirar hacia adelante". Y el hombre volvió, regresó como de costumbre, como una suerte de pensador progreliberal del fútbol argentino, y como no podía ser de otra manera rodeado de un séquito de amantes de dudosa integridad periodística, de la mano de la derecha más corrupta y psicótica. Lo mencionamos varias veces a Marx, prócer del pensamiento filosófico y socioeconómico, que para beneplácito progre es bastante mencionado por el técnico a la hora de citar: Ya no es tragedia, es farsa. Los de por aquí, los moradores de este humilde espacio, vamos a seguir recordando, pese a quien le pese, desenmascarando a los topos... 

Y quien quiera leer que lea…



Al Toque … Nota de opinión







domingo, 13 de enero de 2019

A la nave Coronel Dorrego, desde el año 2015, se le alinearon y acercaron los planetas, a tal punto que chocaron entre sí… conduce “El Chano” Reyes






Crónica de una suerte anunciada hace tres años... Nueva pérdida en la coparticipación provincial para Coronel Dorrego





Sos contador Reyes, garra la calcu... Si le sumás (acumulado por cierto - sin incluir el no menor detalle devaluatorio) los casi 6 puntos que te dieron de menos en el 2016 y nunca te devolvieron (ergo ya van para 3 años) más este 3.3 % de carencia adicional, ya te cobraron los pomposos 33 palitos que con sorna, propaganda y altivez te habían adelantado en cuotas para obras a principios de tu gestión. Sorna, propaganda y altivez que nos trasladaste de manera duranbarbeana, corrijo, a los primates y psicópatas que manejás con la billetera, no a todos. Encima te sacaron el fondo sojero. La vida es un asiento contable (diría que un asiento de inodoro contable con tapa, para que no se vea la mugre, pero no alcanza, se huele, se te huele). Viste campeón te hicieron (a vos no, vos no sos un costo, a nosotros, los que vos llamás costos, nos hicieron) lo que desde hace años nos hacen los radicales en Dorrego con las obras. Las termina pagando el frentista, sean fondos reintegrables o no reintegrables, y así las pagamos dos y hasta tres veces, depende de qué se trata. En tu caso las pagás con coparticipación. Brillante campeón, un pingazo de vecino a la hora de manejar nuestros intereses… te das cuenta por qué los dorreguenses no necesitamos enemigos, para eso están Reyes, los Radicales y coso… mientras alcance para el blindaje mediático... todo marcha en Las Mostazas.. 

Insisto, en democracia es muy bueno que hasta los perversos estén representados y dentro del sistema. Descubrir que son más, desilusiona



sábado, 12 de enero de 2019

Según Macri nuestra presente Fiesta será Inolvidable, como en la película de Peter Sellers. Lo que omite revelar es que él es el error…







El actor hindú Hrundi V. Bakshi (Peter Sellers) ha conseguido un trabajo como extra en varias películas hollywoodienses; pero un día su suerte cambia y es escogido como protagonista de la remake de una antigua película, con tal mala suerte que en el descanso destroza sin querer el decorado y es despedido, siendo proscripto por el productor para trabajar nuevamente en o para Hollywood.
La trama se complica cuando, por error, recibe una invitación a una fiesta que organiza el mismo productor de la película por el cumpleaños de su esposa, y él acepta ir. Una vez dentro se verá envuelto en diversos sucesos que involucran una invasión de espuma, un elefante bebé, un camarero borracho, un pollo volador, un grupo de músicos rusos, un loro y un sinfín de situaciones disparatadas.
La obra, del año 1968, se ha vuelto una película de culto del cine de humor. (https://es.wikipedia.org/wiki/The_Party)




La Fiesta y la historia – Por E. Raúl Zaffaroni, para La Tecl@ Eñe

Fuente:

Surge un nuevo teórico de la historia contemporánea argentina…
Según el nuevo teórico de la historia contemporánea argentina, nos hallamos con una teoría que considera que toda elevación del nivel de vida de la población fue una fiesta irresponsable. El nuevo teórico se atribuye todo el mérito del avance colonialista sin precedentes que lleva a cabo, pero oculta que ese esfuerzo es favorecido por la eclosión plena del totalitarismo financiero mundial.


La historia es una ciencia a la que muchas personas dedican su vida. Cuando el investigador se dedica a la historia contemporánea, uno de los problemas de difícil solución es el de los límites temporales. Entre nosotros se acaba de exponer una teoría de la historia contemporánea argentina bastante original, especialmente porque ningún otro teórico mostró mayor capacidad de síntesis.
Según esta teoría, nuestra historia contemporánea tendría 73 años, de los cuales los primeros setenta habrían consistido en una fiesta, que terminó hace tres años, lo que según el historiador que la enuncia sería un plazo muy breve para colocar en su lugar lo que la fiesta desacomodó.
La extraordinaria capacidad de síntesis del teórico le lleva a evitar mayores desarrollos, por lo que su enunciado debe ser casi entendido como una premisa, de la cual deducir los criterios a que responde su particular teoría. Esto suele suceder con todos los grandes teóricos, razón por la cual deben ser interpretados.   
Si bien no todos los argentinos actuales han vivido en totalidad esos años (faltan unos cuantos sin aviso), todos conocen la historia, al menos por tradición oral. De toda forma, esta teoría motivará muchas reflexiones tanto en los sobrevivientes de toda la supuesta fiesta como en los que sólo estuvieron en parte de ella.
El criterio delimitador de lo contemporáneo debe deducirse con método matemático: 2018 menos tres es igual a 2015; 2015 menos setenta, es igual a 1945. Nos atrevemos a decir que para esta teoría lo contemporáneo comenzó el 17 de octubre de 1945.
Cabe advertir que este teórico de la historia no se refiere a una fiesta en la forma positiva de festejo, celebración, alegría, sino que emplea la expresión en sentido negativo, como derroche, desorden, falta de seriedad, irresponsabilidad, borrachera.
Hasta aquí la nueva teoría de la historia contemporánea de los argentinos no sería muy novedosa, porque se inscribe como una más dentro de la categoría de historias gorilas de la Argentina.
Otro de los problemas difíciles de superar en la historia contemporánea es que siempre se halla muy influida por la subjetividad del investigador
Tratándose de una historia gorila, como es lógico, la subjetividad gorila del teórico es posible que le haya hecho vivenciar esos setenta años –o la parte que vivió- como una fiesta en sentido negativopero no todos los argentinos hemos tenido la misma vivencia ni mucho menos.
Hace setenta años quien escribe estaba comenzando a aprender a leer y escribir en la escuela pública del barrio, junto a los hijos de los trabajadores de la zona y a algunos de los hijos de inmigrantes que habían huido de la Europa devastada. Hay muchos recuerdos festivos de ese tiempo, pero no en el sentido negativo del novel teorizador de la historia nacional, sino en el positivo de verdadera vivencia de alegría.
Pero del corte histórico de esta teoría de la historia contemporánea argentina se debe deducir también que antes de 1945 no había fiesta en sentido negativo, sino que todo sería lo contrario de una fiesta, es decir, que todo habría sido serio.
Por ende, tendríamos que considerar que lo serio era el gobierno de Castillo, que había tratado por todos los medios de evitar que Ortíz pudiese reasumir la presidencia. Ortiz había intervenido la provincia de Buenos Aires por negarse a encubrir el escandaloso fraude electoral conservador y, por las dudas, prohibieron que lo atendiese un famoso oftalmólogo español, ante el temor de que le devolviera la visión. También habrá sido seria la imposición de la candidatura presidencial de Patrón Costas, pues ni siquiera toleraron la de Rodolfo Moreno (h). Toda esa seriedad provocó el golpe de 1943.
Habrían sido serios también los años treinta, la prisión de Yrigoyen en Martín García, la proscripción del radicalismo, los relegados radicales en Ushuaia, la anulación de la elección de Pueyrredón-Guido, el asesinato de Bardabehre, el tratado Roca-Runciman, el suicidio de Lisandro de la Torre, la acordada de la Corte Suprema en 1930, etc.
Pero si antes todo fue serio, también habría que poner en la cuenta de la seriedad que la Argentina supuestamente se proyectaba como potencia al mundo en el primer centenario, tal como suele hacerlo La Nación, incluyendo a sus jefes de policía asesinando trabajadores y al fraude electoral anterior a la ley Sáenz Peña, la Liga Patriótica, etc., aunque habría habido cierto antecedente festivo que, sin duda sería don Hipólito, al que le puso fin Uriburu con sus ideas corporativistas y su ley marcial. 
Pero la verdadera fiesta, para nuestro nuevo teorizador, habría comenzado cuando a un coronel se le ocurrió dialogar con los sindicatos, quisieron eliminarlo del mapa político, lo llevaron también a Martín García y pasaron masivamente el Riachuelo quienes lo rescataron.
Ese día se produciría el corte gorila de nuestra contemporaneidad histórica. 
Sin duda que, de inmediato, la seriedad argentina reaccionó y se juntó toda en la Unión Democrática, desde la derecha hasta la izquierda, todos alucinando ser los aliados en lucha contra el eje y, aunque estaban en el extremo sur del mundo, creían desembarcar en Normandía encabezados por el embajador norteamericano. Desde esta teoría gorila de nuestra historia, con Braden a la cabeza, estos alucinados eran los serios y Perón el iniciador de la fiesta.
Esa fiesta parece haber tenido de todo: viva el cáncer debe haber sido una mera consigna ocasional, los fuegos artificiales en la Plaza de Mayo con algunos centenares de muertos, serían fruto de un simple accidente pirotécnico, casi llegan a volar la destilería de La Plata en el entusiasmo celebratorio. Y también, como parte de la fiesta, fusilaron por delitos políticos en 1956, derogaron una Constitución por bando militar, hubo miles de presos y exiliados, el partido mayoritario fue proscripto, expidieron el inaudito decreto 4161, convocaron a una constituyente sin Congreso, asediaron con tentativas de golpes de Estado a Frondizi, anularon las elecciones de 1962, mandaron al presidente a Martín García (desde entonces es la isla YPF), convocaron a otra elección con el partido mayoritario proscripto, derrocaron al nuevo presidente (Illia), se instaló la llamada Revolución Argentina con aires franquistas, y así siguió la fiesta con la alternativa del período peronista hasta la dictadura cívico-militar de 1976-1983, cuyas atrocidades hicieron empalidecer a todas las anteriores.
Todo esto es parte de la fiesta según la vivencia un tanto demasiado cargada de subjetividad gorila por parte del novísimo teórico. Pero como éste piensa en grande, pasa por alto esas nimiedades o detalles menores y, justamente eso hace que su teorización resulte original en comparación con las otras historiografías gorilas. Realmente, supera a La Nación en mucho.
La originalidad consiste en que no salva a nadie de esa fiesta, ni siquiera a la gente que debiera considerar seria, como Prebisch, Alzogaray, Krieger Vasena, Rodrigo, Martínez de Hoz y Cavallo. Según la nueva teoría, ellos fueron parte de la fiesta.
Debemos prestar especial atención a esta característica de la nueva teoría de nuestra historia contemporánea: los serios de ese período, también deben ser considerados parte de la fiesta.
Veamos la importancia de esta inclusión, porque es la primera vez que en una historia confesamente gorila, se coloca a sus predecesores serios en el mismo festival del peronismo, al afirmar que la fiesta recién termina en 2015.
Cabe pensar que para nuestro nuevo teórico, esos personajes no estuvieron a la altura de las circunstancias, por lo que deben ser considerados parte de la fiesta, dado que no se animaron a hacer todo lo necesario para pararla. Sólo en los últimos tres años, con el teórico historiador a la cabeza, se vuelve a la seriedad sin vueltas. Lo que esos personajes no se animaron a hacer, lo está haciendo en realidad nuestro teórico que también se considera protagonista de la historia y no sólo historiador: no se limita a hablarnos de la historia, sino que también la hace.
Su ministro completa esta versión al afirmar que nadie antes se había animado a hacer semejante ajuste sin que lo echen, únicamente ellos son los que llegaron para parar en serio la fiesta e impedir que vuelva a reiniciarse.
El teórico se ufana con cierta razón, porque en los setenta años que abarca su valoración científica de nuestra historia (1945-2015) hubo momentos en que se amplió la base de ciudadanía real, el pueblo vivió mejor, hubo empleo, producción, salud, vivienda, seguridad social, etc., aunque no toda la deseada, pero la hubo y, desde su punto de vista, todo eso fue fiesta. Pero también hubo etapas de retroceso que, para nuestro teórico fueron insuficientes: no alcanzó con el Plan Prebisch y sus sucesores, todos ellos, desde su actual perspectiva teórica, fueron ineficaces, pese a los miles de muertos que quedaron por el camino. Por eso los humilla en su teoría, considerándolos parte de la fiesta.
En algún sentido es verdad que la Argentina perdió durante setenta años la oportunidad de ser una colonia y ahora, es al actual régimen al que le incumbe llevar a cabo por completo esa tarea, que no puede concretar del todo en tres años, porque es muy poco tiempo para volvernos plenamente una colonia. Para eso es necesario llegar al fondo, borrar hasta la memoria de los próceres, razón por la que empieza a cambiarlos por animalitos en peligro de extinción, justamente como parte del desastre que impulsa.  
También es verdad que nadie hizo en tan poco tiempo un esfuerzo tan grande como esta administración, producto de un abrupto cambio de régimen, para dejarnos en posición subordinada en el mundo. Nadie en tan poco tiempo nos comprometió el futuro con una deuda sideral y, cuando se le agotó el mercado, acudió al FMI. Menos de tres años para empobrecernos y comprometernos con una deuda de más de 230.000 millones de dólares, es una tarea bien intensa en favor del totalitarismo financiero tardocolonial que estamos sufriendo.
Pero nuestro flamante teórico de nuestra historia contemporánea exagera bastante sus propios méritos, porque oculta que lo ayuda el marco de poder mundial. Cuando le tocó actuar a los predecesores que ahora humilla, dejándolos reducidos a partícipes de la fiesta en sentido negativo, el poder de las transnacionales aún no había cooptado del todo la política en los países del hemisferio norte; el capitalismo financiero no había sometido del todo al productivo; algo mandaban aún los políticos, no habían cedido todavía todo su poder a los gerentes de transnacionales, la riqueza no se había concentrado tanto como ahora, el totalitarismo financiero de nuestros días no había llegado al apogeo en que lo encuentra el teórico, que surfea sobre su ola.
En síntesis: nos hallamos con una teoría gorila de nuestra historia que, al igual que otras, considera que toda elevación del nivel de vida de la población fue una fiesta irresponsable; pero a diferencia de las otras, subestima sus predecesores por incapaces y, por ende, los humilla dejándolos inmersos en la fiesta. Se atribuye todo el mérito del avance colonialista sin precedentes que lleva a cabo; pero oculta que ese esfuerzo es favorecido por la eclosión plena del totalitarismo financiero mundial.
No sabemos si los actuales repetidores de Friedrich von Hayek, Ludwig von Mises, Milton Friedman y la rusa Ayn Rand (partidaria entusiasta de Joseph McCarthy), estarán impulsando un premio universal al colonialismo, pero lo sospechamos, porque la marcada subjetividad de esta teoría parece responder al  afán del teorizador por ser el primer galardonado y, con sinceridad, creemos que lo merecería.