EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

miércoles, 28 de febrero de 2018

El silencio de los corderos, los quebrados, los terciarizados... se matea en ronda en lo de Sala, en Guisasola, los invitados Javier Miró, Raphaël Glucksmann





Disparador:

Luciano Ripoll, actual Concejal de UCR Cambiemos de Coronel Dorrego afirmaba en el año 2013 en La AM 1470 La Dorrego:

“Buscamos marcar un posicionamiento distante con el Pro” (L. Ripoll)



Las 40 lucas por mes de su actual salario neoliberal (no socialdemócrata) no lo cambiaron, este semianafabetizado político, al cual le cabe más de un apellido, lo mismo da, recurso que acaba de levantar la mano ante uno de los hechos de corrupción más notorios del distrito desde el advenimiento de la democracia, siguiendo los preceptos de sus corruptos mayores de bancada y del ejecutivo, ya era un literal palurdo sin que medie la relación de dependencia....

Ingresemos en la charla...



Javier “Paco” Miró analiza lo de los silencios:

Quizás sea el momento ya...
Aunque parezca muy anticipado..
Quizás aunque queden muchos días de sufrimiento para el ciudadano común. Quizás es tiempo de darse cuenta que el ajuste nunca termina.
¿Por qué? Es que hay un pequeño instante dentro de los miles que configuran un segundo, en que la víctima comprende, absorbe un conocimiento visceral, indudable, sin retorno.
Se llega a la trágica conclusión de que el psicópata que esta sujetando su cuello enérgicamente con su mano derecha, no va a soltarlo, no esta pretendiendo asustarlo, amenazarlo o darle una lección...
Será posible que la falta de oxígeno en ese fatídico momento le pudiera impedir ver o discernir la gravedad de los sucesos por venir. O tal vez las endorfinas inundan los centros vitales y emergen señales de complacencia hacia un final siniestro.
Quizás no podría haber sido mejor explicado por el Dr Lecter en el silencio de los corderos. Es este instante en que hay que darse cuenta de que el motivo final de tal ajuste es simplemente criminal. No es difícil para economistas y matemáticos hacer modelos y formulas donde pueden con los datos públicamente disponibles, e incluso con la dinámica mas optimista aplicable responder la pregunta. Quizás sea ya tiempo de requerir un pronóstico
Puede alguien decirme si los que se robaron el país, en su ineficiencia y torpeza de embolsar dinero en retirarlo de las arcas en carretilla. Quizás en su “vagancia” o falta de habilidad en el uso de la tan mentada pala no pudieron enterrar tanta riqueza. O quizás de tanta fiesta y desenfreno simplemente olvidaron como el que se va de un baile y deja un abrigo en el guardarropa. Si estos innombrables  bandidos dejaron xxx cantidad de millones de dólares, contratos, desendeudamiento, infraestructura, reserva y lingotes (por favor pongan uds la cantidad) cuánto pronostican los correctos y los honestos, los modernos y eficientes, los que miran para adelante y ha cambiado para siempre una sociedad corrupta; cuánto repito, piensan o pronostican a “grosso modo, sin hilar fino” dejar para la próxima administración. Pero la pregunta mas cruel es por qué. Nadie presenta esta  simple interrogación, posiblemente la sociedad este disfrutando de las endorfinas del ahorcado y el apacible silencio de los corderos.



Raphaël Glucksmann lo interrumpe y afirma que el progresismo, en los últimos 20 años, se ha movido en un campo de ruinas ideológicas, sociales y políticas. Culpar a sus adversarios de populistas, reaccionarios, soberanistas, nacionalistas o xenófobos de sus propios fracasos delata un narcisismo pasado de moda. Para combatirlos a estos eficazmente, no bastarán videoclips, conciertos o encantamientos morales. Hay que empezar reconociendo que durante demasiado tiempo, en su propio discurso, la emancipación individual ha suplantado al horizonte colectivo... Volvamos a la década de 1990. El muro de Berlín acaba de caer. Se proclama el fin de la Historia. La mundialización del mercado, de la democracia, de la cultura occidental constituye el horizonte irrebasable del género humano. Los “progresistas” celebran su triunfo. En una extraña mezcla de ingenuidad y arrogancia concluyen que su bienestar personal hará la felicidad de todos. Los que se obstinan en no comprender la marcha del mundo son “paletos” o “retrasados”, una especie en vías de desaparición. Puesto que todo marcha, no hay necesidad de grandes preguntas, de grandes luchas, de grandes proyectos. En la hora del “laisser-faire”, del dejar hacer y dejar pasar, los poderes públicos se ofrecen a los gestores y a los comunicadores. Goldman Sachs y Euro RSCG [hoy Havas Worldwide, multinacional publicitaria] dirigen el baile. La realización personal sirve de filosofía política.  Durante más de veinte años, los “progresistas” occidentales han acabado en una ingravidez conceptual y una ausencia de inquietud asombrosas. Su mundo era el único mundo deseable y posible. Cuando la Historia llama de nuevo a la puerta, con su boca y su aliento pútrido, se quedan estupefactos en el descansillo, impotentes y mudos. Esto no debía, esto no podía llegar a pasar. Y sin embargo, pasa. Por doquier, al mismo tiempo. 

Nuestros principios y nuestras palabras le provocan urticaria a un número creciente de conciudadanos nuestros. ¿Cómo creer, en efecto, en los vuelos líricos sobre el “vivir juntos” enunciados por aquellos que durante tanto tiempo han vivido separados?  

"Los tiempos duros no se acomodan a un pensamiento débil"...


... y me atrevo agregar, con el mate ya lavado, que nadie es bueno porque es inocente, y viceversa, acaso la inocencia política sea el fiel reflejo de una irresponsabilidad ciudadana imperdonable, ya que la vida de cientos de miles va con ella...


Todos los ciudadanos medianamente informados cuya franja etaria supera los 35 años saben perfectamente quién es Macri, cómo construyó su carrera política, cómo alcanzó ser durante los setenta, ochenta y noventa uno de los principales contratistas estatales, cómo logró licuar sus pasivos devaluaciones mediante, deudas que cayeron sobre las espaldas de toda la sociedad. Todos los ciudadanos medianamente informados cuya franja etaria supera los 35 años sabe de sus procesos judiciales y los beneficios que recibió de la justicia vía mayoría automática durante la segunda década infame, procesos que les costaron la cabeza a Nazareno y compañía. De manera que esgrimir conceptualizaciones políticas so pretexto de argumentos éticos mueve literalmente a risa. Por eso es necesario volver de inmediato al debate político práctico. Hoy el tipo tiene inmunidad e impunidad judicial y mediática de manera que ingresar dentro de ese campo es encontrarse con la nada misma. La sociedad argentina ha elegido y debemos admitir que ese 51% se parece bastante a Macri en cuanto a sus paradigmas sociales, económicos y culturales, por eso me parece que es necesario revalorizar la dialéctica y la militancia política del campo popular. Todos los ciudadanos medianamente informados cuya franja etaria supera los 35 años sabe perfectamente que le ocurrió al país con este modelo que está siendo puesto en práctica, de manera que volver hacia aquellos recuerdos tampoco me parece conducente en tanto y en cuanto hoy la sociedad está colocada en otro punto de sus aspiraciones gracias a los 12 años de reconstrucción kirchnerista. La pregunta es ¿Cómo tratar de historizar esos 12 años en función de su praxis para que esa praxis desarrollada se transforme en argumento político?. Y es aquí en donde creo que nuestros mejores cuadros analíticos son los que deben comenzar a ensayar sus estudios al respecto. Qué dejó el kirchnerismo, sus paradigmas, sus logros, sus dificultades y sus imperfecciones. El proceso actual, y nunca mejor utilizada la palabra, es una reacción contra aquello. La rigurosidad de sus medidas reaccionarias y antipopulares no hace otra cosa que resaltar aquellas políticas poniendo en evidencia cuales fueron sus méritos. Pues no les facilitemos las conclusiones, verborragia infectada de clichés y sentido común. Las conclusiones que saque la franja etaria que está por debajo de los 35 años dependerá de nuestras claridades, y es nuestra responsabilidad para que el campo nacional y popular no vuelva a tener un nuevo fin de la historia decretado por el sentido común y conveniente del establishment.. 


lunes, 26 de febrero de 2018

La Independencia que nos falta I y II. Por Mario de Casas


 

En esta primera entrega Mario de Casas hace hincapié en la efectividad con que el lenguaje de los sectores dominantes legitima una humillante subordinación y entrega del país.

Por Mario de Casas para La Tecl@ Eñe

Y es contra todo un orden de cosas que debemos levantarnos. Contra la plutocracia que, en más de una ocasión, entrelazó intereses con los del invasor.
                                                                        Manuel Ugarte


Primera entrega: Introducción

Que las sucesivas genuflexiones explícitas del presidente Macri: “Estoy acá (en Tucumán) tratando de pensar y sentir lo que sentirían ellos en ese momento. Claramente deberían tener angustia de tomar la decisión, querido Rey, de separarse de España”, o la descarada injerencia en los problemas de Venezuela como vocero del Departamento de Estado, no hayan generado un repudio generalizado, está hablando de cuan honda y extendida es la influencia de palabras, ideas y discursos cuya finalidad es legitimar una humillante subordinación y entrega del país. En la efectividad de esta dilatada maniobra hay que buscar las causas de la importante aquiescencia social ante la enajenación de los principales resortes de la economía nacional, el acatamiento a los mandatos de las grandes corporaciones y el incremento de las desigualdades sociales. 

Fenómeno que no es nuevo pero que ha alcanzado una escala inédita, aun cuando en estos días las encuestas estén mostrando un deterioro en la imagen presidencial y del gobierno: en términos estratégicos, el volátil humor social es irrelevante. 

El acoso a la nación por parte de las expresiones imperiales y sus socios locales, con sus graves consecuencias para la mayor parte de la sociedad, cuenta ahora con un plus: la restablecida condición semicolonial del país se ha logrado a partir del triunfo oligárquico en las urnas, reforzando así la máscara del tradicional e insustancial discurso exaltador de la “libertad” y la “democracia”; razón por la cual las actuales circunstancias invisten de una importancia adicional a la necesaria comprensión masiva de la cuestión nacional, categoría fundamental para la transformación social de los pueblos latinoamericanos.
Hace tiempo que en el discurso político de los sectores populares aparecen términos y conceptos legados por los sectores dominantes, que además se han apropiado de palabras caras a la tradición nacional-independentista; como cuando el Diputado Eduardo Amadeo de Cambiemos dice que “es bueno que un sector de la sociedad diga ´Patria o Moyano´” al referirse a la marcha convocada en rechazo a la que realizará el movimiento obrero.
Considerando la trayectoria del personaje, parece que la causa nacional es un asunto de pequeñas minorías y la patria una sospechosa abstracción. Escenario nebuloso en el que no sorprende que las acciones orientadas por el discurso popular no siempre respondan a una estrategia coherente con los intereses que suponen representar.
Los problemas lingüísticos ocupan un lugar importante en la obra de Gramsci; vale la pena subrayarlo y destacar su voluntad de construir un lenguaje teórico y político que rescate y supere las fórmulas establecidas en el marco de una determinada tradición liberadora compartida. La recuperación de un lenguaje adecuado que permita dialogar entre generaciones en el marco de una tradición emancipadora común debería ser la principal tarea prepolítica del movimiento nacional. La batalla por rescatar y dar sentido a las palabras de la propia historia, por dar nombre a las cosas, es probablemente el primer acto autónomo de la lucha ideológica.
La implacable penetración cultural imperialista ha logrado que no pocos cuadros del campo popular justifiquen lo injustificable en nombre de la globalización de la economía y el poder -procesos que no ponen en cuestión-, olvidando que globalización es el nombre del imperialismo en lenguaje ajeno, que el problema no es la globalización sino los globalizadores y que “volver al mundo” -hace unos años “al primer mundo”- es ceder a la coerción de las potencias centrales. Pero ese lenguaje amañado es generoso para nombrar la misma cosa: no faltan los progres que le dicen conflicto Norte-Sur al conflicto imperialista.
La mundialización que hoy padecemos debido a los prodigiosos avances de la tecnología no debe hacernos olvidar que en los fundamentos de nuestra realidad latinoamericana se encuentran la globalización de Alejandro VI y Tordesillas; que el Río de la Plata no toma su nombre -y de él la Argentina- de sus aguas amarronadas sino del legendario Potosí; y que el palo brasil, el azúcar, el oro, los diamantes, el caucho y los esclavos globalizaron al Brasil mucho antes de que los teóricos imperialistas aparecieran en escena.
Para promover tan generalizada confusión, desde mediados del siglo pasado, el gran capital se valió de las ciencias sociales induciéndolas a un importante giro plasmado en el abandono de conceptos y categorías de análisis tales como los sistemas de acumulación capitalista, para reemplazarlos por ríos de tinta sobre la democracia; así, sin adjetivos.
Justamente Gramsci fue la bisagra de ese cambio de paradigmas. La clave fue una engañosa interpretación de su teoría, fundada en la modificación de sus conceptos de sociedad política y sociedad civil; de tal suerte que la consolidación de la sociedad civil, que en el revolucionario italiano equivale a una forma más desarrollada de la dominación de la burguesía -a un “momento” del Estado- que se basa no en la coerción sino en la hegemonía, devino increíblemente en su contrario: el fortalecimiento de la sociedad frente al Estado -reducido a la esfera de la sociedad política-; es decir, una variante del anarco-capitalismo: más sociedad y menos Estado. Situación que ya sabemos a quienes favorece y que no casualmente es una pieza decisiva del discurso macrista. La identificación de la categoríasociedad civil con sociedad en general fue el artilugio teórico que sirvió para disolver la categoría dominación y (re)configurar la sociedad como el escenario de la igualdad jurídica y de las luchas particulares, el lugar de la competencia de individuos y grupos portadores de intereses privados.
Este sinuoso camino tuvo una de sus estaciones en el término subdesarrollo, pantalla eficaz para ocultar el concepto de colonialismo.
En el estudio que Marx y Engels realizaron sobre la guerra civil norteamericana, encontramos la primera aproximación científica a eso que, un siglo más tarde, una corriente económica bautizará como problema del subdesarrollo. La diferencia fundamental entre uno y otro análisis reside en que los primeros desentrañaron la médula misma de la cuestión, en tanto los economistas del “desarrollo” -entre quienes ocupó un lugar destacado el abuelo del ministro Frigerio- merodean en torno a los problemas fundamentales pero inhibidos de captarlos, porque no dejan de expresar la visión rapaz de la burguesía imperialista o la impotencia de las burguesías nacionales.
Esta incapacidad se manifiesta en una terminología con pretensiones científicas. El vocablo subdesarrollo da a entender, primero, una situación inmanente, definida por los meros datos de la estructura interna y, segundo, una insuficiencia cuantitativa: sería el primer eslabón de una serie en cuyo extremo hallaremos los países “desarrollados”. La relación entre las respectivas estructuras -desarrolladas y subdesarrolladas- sería entonces exterior y contingente.
Pero las cosas no son así. No estamos ante una situación de atraso inherente las características propias de nuestros pueblos y sociedades, sino ante una inocultable relación de dependencia, de explotación semicolonial, sobre la cual se basa la prosperidad de las metrópolis y el atraso de las economías tributarias. El escamoteo lingüístico permite a las metrópolis asomarse a nuestras desventuras con aires de hermano mayor.
Consideraciones que ampliaremos en la segunda entrega.

II

En la segunda entrega de La independencia que nos falta, Mario de Casas sostiene que la formula del desarrollismo debe invertirse: no era “la industrialización” la que iba a romper el atraso ganadero, sino la ruptura del estancamiento ganadero - y primario en general - lo que hubiese hecho posible un desarrollo industrial autónomo.

Por Mario de Casas para La Tecl@ Eñe)

Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos, juro por mi honor y juro por mi patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que se hayan roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español.

Juramento de Simón Bolívar ante Simón Rodríguez. Roma, 1805.

Habíamos iniciado una crítica al concepto de subdesarrollo directamente ligada al problema de la cuestión nacional, que se presenta cuando un pueblo aspira a constituirse plenamente como nación y hay una valla que le impide alcanzar esa realización, su autonomía.
La primera incongruencia del análisis desarrollista consiste, según lo que hemos visto, en ocultar la fuente misma del subdesarrollo, es decir, la inserción de economías dependientes en el sistema de la economía mundial imperialista. La segunda, en encarar la caracterización interna del subdesarrollo y concebir el combate para superarlo en términos de insuficiencia técnica, frente a la cual se requeriría más capital -léase capital extranjero- y mejores métodos e instrumentos de trabajo. Este enfoque ha llegado hoy al paroxismo con el especioso discurso sobre la “brecha tecnológica” y el famoso “know how”.
El subdesarrollo se definiría entonces como pura insipiencia y no como el predominio de estructuras económico sociales que frenan e impiden el desarrollo.
Esta curiosa concepción ha sido causa de históricos equívocos. Se pueden dar distintos ejemplos. Como cuando, frente a la crisis crónica de la ganadería argentina, se sostuvo que la producción de carnes no aumentaría si no se hacían previamente inversiones en infraestructura; o cuando no se explicó por qué, si el país  disponía de un potencial instalado para la producción de maquinaria agrícola en gran escala, esta rama industrial soportó una larga parálisis desde la última dictadura hasta fines de los ´90, que la limitó a trabajar al 40% o menos de su capacidad por falta de demanda, demanda que sí existió y se mantuvo para una producción técnicamente similar pero de bienes de consumo suntuario como los automóviles: la composición de la demanda no es independiente de la estructura socioeconómica y de las decisiones políticas de un país, que a su vez determinan el destino productivo o improductivo del excedente nacional, relación que vale para el desarrollo de importantes innovaciones técnicas que requerirían modestas inversiones.

Considerando su carácter esquemático, la fórmula desarrollista puede y debe invertirse: no era “la industrialización” la que iba a romper el atraso ganadero, sino la ruptura del estancamiento ganadero -y primario en general- lo que hubiese hecho posible un desarrollo industrial autónomo. La distancia tecnológica que nos separa de los países de capitalismo avanzado es consecuencia de decisiones políticas. Lo decisivo es la incapacidad del orden ahora fortalecido por el macrismo para sortear una diferencia que justamente los meros datos técnicos -recursos naturales, centros de investigación, experiencia industrial, etc.- no muestran insuperable.
Con estas reflexiones hemos llegado al meollo de la cuestión nacional. Situación que se ha dado en distintas circunstancias en el curso de la historia moderna, según que el pueblo en cuestión a) tenga que soportar el yugo colonial directo porque no ha conquistado todavía la independencia nacional; b) esté disgregado porque aún no consigue su unidad política o c) haya superado la etapa colonial pero el yugo subsista bajo otra forma: una dependencia estructural de tipo económico-social. Éste último es nuestro caso y el de todos los países del subcontinente con los que, en realidad, deberíamos conformar una nación en el sentido moderno del término.
El concepto de nación
La contribución más importante de los marxistas al estudio de la nación fue llamar la atención sobre la estrecha relación que había entre el ascenso del capitalismo y la cristalización del Estado-nación. Sostuvieron que el avance del capitalismo destruía los mercados autárquicos, cortaba sus lazos sociales específicos y abría el camino para el desarrollo de nuevas relaciones sociales y formas de conciencia. “Laissez faire, laissez aller”, el primer grito de guerra del comercio capitalista, no condujo en sus primeras etapas a la globalización generalizada, pero generó las condiciones para el despegue de las economías de mercado más allá de las antiguas estructuras comunitarias. 
La nación no es cualquier tipo de comunidad. Es una formación relativamente nueva en la historia. Las formas antiguas de comunidad, por ejemplo la Ciudad-estado o los Imperios multinacionales, realizaban totalizaciones políticas que no tenían las características de las modernas naciones.

Lo que caracteriza a las naciones que se van formando en la edad moderna e irrumpen en el proceso revolucionario de fines del siglo XVIII y el siglo XIX, es un grado determinado de cohesión comunitaria que está dado por la unidad de un territorio y una lengua común amalgamados por el desarrollo del mercado interno. En otras palabras, una comunidad que ha roto las barreras feudales y el aislamiento, y ha logrado una unidad cimentada en la generalización del intercambio y, por lo tanto, en el avance del capitalismo. La consolidación del Estado-nación se explica por cuanto el capitalismo, la forma más abstracta de control de la propiedad, requería por encima de todo un sistema de leyes que sacralizara la propiedad privada y un Estado que asegurara su cumplimiento.              
En aquel contexto, en los países sometidos o disgregados, la democracia -oposición al absolutismo político- se hacía nacionalista, patriótica; el nacionalismo germinaba entre los sectores más significativos del pueblo: campesinos, artesanos y pequeño-burgueses de las ciudades, industriales y comerciantes. Todos ellos veían en los príncipes y las aristocracias no sólo a los enemigos de la patria, sino también a los tiranos y explotadores.
El gran articulador de este movimiento fue la burguesía, que exigía un régimen liberal y representativo porque el individualismo político complementaba y protegía el liberalismo económico basado en la competencia, la libre contratación y la libertad de trabajo e industria, indispensables para el desarrollo fabril y comercial. Por eso mismo la burguesía pugnaba por asegurarse el mercado interno, e impulsó tanto los casos de independencia nacional como los de unidad nacional tardía -Alemania e Italia- en la Europa del siglo XIX.


Nuestra cuestión nacional


En cambio, lo que ha caracterizado a la cuestión nacional en Hispanoamérica hasta nuestros días es que no ha sido impulsada por el crecimiento de las fuerzas productivas de la sociedad burguesa, sino por un factor externo: la tajante división del mundo capitalista en un centro imperialista y una periferia colonial o semicolonial. La periferia de la que formamos parte entra periódicamente en crisis como consecuencia de múltiples formas de opresión, económica, política e ideológica. No ha habido un crecimiento de la burguesía en el marco del orden capitalista, como clase que genere por lo menos los cimientos para la realización del objetivo estratégico de la unidad y efectiva independencia nacional latinoamericana.
En el caso argentino, el proceso de industrialización -modo de acumulación necesario para la maduración capitalista de una formación social- adquirió cierto desarrollo a partir de la crisis mundial de 1929. Pero ese proceso, forzado por las circunstancias y materializado a través de medidas defensivas, no fue de carácter nacional, sino cerrada y claramente clasista, conducido por la oligarquía terrateniente.

Fuente:
I

II



La banalización del humanismo: “Un hueso para el perro no es caridad y menos solidaridad. Si lo es el hueso compartido con el perro cuando estás tan hambriento como el perro” (Jack London)




ELOGIO DE LA BONDAD

Prefacio del libro de Daniel Raventós Julie Wark titulado Against Charity., para Revista Sin Permiso


Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/elogio-de-la-bondad

 

La palabra inglesa kind (tipo, clase)— palabra raíz de kindness (bondad) — en inglés antiguo cynd(e), es de origen germánico y está relacionada con kin (familiares). El sentido original era naturaleza o característica innata, por lo que vino a significar una clase de algo, distinguido por sus características innatas y, para el siglo XIV, cortesía o acciones nobles que expresaban el sentimiento que los familiares o semejantes tienen entre sí. Hay un sentido de igualdad forjado en esta palabra. También de fraternidad. Y de respeto.
La caridad, al menos en su forma institucional, casi ha dejado atrás sus muy tempranos significados de la bondad en sus sentidos de "disposición para hacer el bien" y "buenos sentimientos, buena voluntad y amabilidad" para asumir su forma actual de relación entre el que da y el que recibe, que es desigual porque el receptor no está en posición de corresponder. Pero todavía se presenta generalmente como bondad, o como una forma de enmascarar la poco amable (unkind) disparidad construida en la relación y, a veces, quizás, expresando el deseo de que nunca haya renunciado a su pasado más amable. Por ejemplo, Jack London escribía: “Un hueso para el perro no es caridad. La caridad es el hueso compartido con el perro cuando estás tan hambriento como el perro”. La “caridad” que describe se remonta a los orígenes y se parece más a la bondad que a la caridad tal y como la conocemos porque sugiere igualdad, una suerte de familiaridad o parentesco (kinship) en el hambre entre el que da y el perro. Y tal vez el perro pueda corresponder al hombre dándole calor.
El tipo de caridad más habitual, la que ha sido institucionalizada, es de la que habla Chinua Achebe en su Anthills of the Savannah: “Mientras llevamos a cabo nuestras buenas obras, no olvidemos que la solución real reside en un mundo donde la caridad se habrá vuelto innecesaria”. Este es, por desgracia, el tipo de caridad que se ha vuelto casi sacrosanta, el tipo de caridad que atrae la atención sobre lo diferente, y se enmascara como bondad cuando generalmente beneficia al donante más que a quien recibe. Una de las revelaciones menos jugosas de las grabaciones de Lady Di recientemente lanzadas es que, cuando se le preguntó por qué participaba en obras de caridad, se ríe y dice: “¡No tengo nada más que hacer!”. Demasiado para los destinatarios.
Dado que, en su sentido más antiguo, la bondad (kindness: el tratamiento otorgado a los familiares o a los miembros de una comunidad de semejantes) se ocupa del bien de los familiares y de la comunidad, Aristóteles nos dice en el primer parágrafo de la Política: “Todo estado es una comunidad de algún tipo, y cada comunidad se establece con miras a algún bien [...] Pero si todas las comunidades aspiran a algún bien, el estado o la comunidad política que es superior, y que abarca a todas las demás, apunta al bien en mayor grado que cualquier otra, y al más alto bien”. Hoy en día, sin embargo, la palabra operativa en política es “división”, el gran abismo entre los muy ricos y la gran cantidad de pobres, la división entre hombres y mujeres, ciudadanos y refugiados, negros y blancos, el enfrentamiento de un grupo étnico contra otro, una religión contra las otras, el “progreso” contra el planeta, lo privado contra lo público, y así sucesivamente. El gobierno, y especialmente la Administración Trump, está incitando a la división en beneficio de unos pocos poderosos en lo que equivale a una guerra abierta contra la esfera pública, lo público en sí y el bien público. La caridad institucional, que enriquece aún más a los millonarios y multimillonarios exentos de impuestos mientras reparten su filantropía entre sus proyectos preferidos, solo contribuye a sostener esta división.
La historia, por supuesto, y los estudios psicológicos -siendo el experimento de Milgram uno de los más notorios- han mostrado cómo en un contexto autoritario y egocéntrico, seres humanos aparentemente razonables pueden llegar a ser insensibilizados ante el sufrimiento de los otros y actuar cruelmente entre sí. El coste psicológico de esta insensibilización sobre los perpetradores o los instrumentos humanos de falta de amabilidad o la crueldad (unkindness) (dondekind se toma como adjetivo [bondadoso] y sustantivo [semejantes]) no recibe mucha atención, pero, por poner un ejemplo, el Centro RAND para Investigación de Políticas de Salud Militar estima que el 20% de los veteranos que sirvieron en Irak o Afganistán sufren depresión grave o trastorno de estrés postraumático. Ser cruel (unkind) y, por tanto, actuar en contra de la propia familia humana (kin), no es bueno para los humanos. Sin embargo, la misantropía sistemática de líderes políticos para quienes la gente común tiene escaso valor, y los multimillonarios que no son personas como nosotros, sino que se pavonean como personajes extravagantes que hacen extrañas declaraciones en sus demostraciones de irrealidad, insensibilizan a naciones enteras ante la difícil situación de los demás, llevando, a nivel individual, a crímenes de odio, ataques racistas y un resurgimiento de la extrema derecha, y a nivel nacional, a los que imponen políticas de austeridad que, con conocimiento de causa (y sólo hace falta leer las memorias recientes de Yanis Varoufakis, Comportarse como adultos, para ver lo bien que conocen la causa) destruyen millones de vidas, y a gobiernos que están gastando miles de millones de dólares para dañar a refugiados e inmigrantes, para vergüenza y angustia de muchos ciudadanos ante este tratamiento de nuestros semejantes.
La compulsión terrible y estúpida de la vida capitalista está, en nombre de la libertad, restringiendo cada vez más nuestras opciones de elección de vida y estrangulando nuestra capacidad para apreciar la belleza de nuestro planeta y aprender de otras especies más humildes hasta tal punto que lo estamos matando todo sin pensar, con tal de obtener bienes de consumo innecesarios e idiotas distracciones. Los científicos están hablando de una Sexta Extinción. Si no somos capaces de reconocernos y respetarnos mutuamente, reclamar nuestra especie (kin), nuestra familia humana, reconocer a todos los seres humanos como nuestros parientes, y practicar la bondad (kindness) con nuestros semejantes y otras especies animales y vegetales no tan semejantes con las que compartimos el planeta, la alternativa a la que nos dirigimos es realmente aterradora.
Nuestro título es Against Charity, pero podría ser igualmente "For Kindness" (también en el sentido común de reconocer a todos, a cada uno, de nuestro tipo), que de hecho sería un llamado por los derechos humanos universales y sus tres grandes principios de libertad, justicia y dignidad. Casi cualquier ser humano dirá que él o ella aspira a tenerlos y disfrutarlos. Pero no pueden ser dados por la caridad porque la igualdad y la fraternidad son sus otras dos cualidades esenciales. Solo pueden ser efectivos cuando reconocemos que todos somos parientes (kin). Y cuando actuamos en (y para el bien de la) especie. Entonces, al escribir este libro, no nos limitamos a revelar la caridad como la estafa de "bondad" (kindness) que es, sino que también hemos descrito los medios por los cuales podemos ser más amables (kinder) entre nosotros como criaturas, -como familiares -que comparten el mismo planeta.
Tal medida debería ser universal. Nadie puede ser excluido o tratado como diferente. Una renta básica universal e incondicional no es una quimera. En términos económicos, es perfectamente factible. Y podría garantizar el derecho a existir absolutamente de todos. La pobreza podría ser abolida y la violencia de lo que Pankaj Mishra describe en su reciente libro La edad de la ira como una pandemia global de ira podría al menos atenuarse. Con una renta básica universal e incondicional, sería posible compartir los valores de libertad, justicia y dignidad con toda nuestra familia humana por el simple hecho de respetar el derecho básico (o “primer derecho”) de la existencia material. Si pudiéramos lograrlo, la caridad sería innecesaria y podría sentar las bases para que la amabilidad y la bondad (kindness) prevalezcan.


viernes, 23 de febrero de 2018

Estación José A. Guisasola. Un fresco de Florencio Molina Campos






El crepúsculo guisasolense no siempre fue tranquilo y más cuando desde “arriba” mandan hacer una redada con dato firme proveniente de las eficaces y serviciales usinas correveidiles. Tiempos de esperanzadora prosperidad, 1953, gobernaba el peronismo doctrina, meses de hasta 2500 habitantes cuando la cosecha. En cierta ocasión una muy concurrida verbena de barajas terminó en el juzgado de Bahía Blanca, previo paso por la comisaría de Coronel Dorrego. El éxito de la celada motivó la pesca de notorios vecinos del lugar, los había crotos y de abolengo, almas ausentes de sus obligaciones, los cuales, por cuestiones de número, tuvieron que ser trasladados en colectivo. El autor del recitado prefirió el anonimato, algunos viejos coleros del lugar afirman que su identidad coincide con la del delator, otros sentencian que el payador, ante la falta de inspiración, planificó la emboscada para poder argumentar artísticamente con sus bordonas por unos cuantos meses en los boliches del Pago.




Me lo imagino paisano

Jueves 10 de Septiembre de 1953

Letra de:  adiviná si podés... R.M.S



I

Caminando y fatigado
de mi casa al colectivo
yo vi a unos cuantos amigos
que a Dorrego habían llegado.
Los muchachos aparcaron
en donde un zaguán grandote
que al mando de otro muchacho
entraban en fila y al trote.


II

Ahí adentro un señor
ordenaba revisarlos
y al mismo tiempo dejarlos
sin plata en el tirador.
“Qué no se le pase Cabo
y menos se vaya a olvidar
de no dejarles en cinto
por si se intentan ahorcar”.


III

Yo pregunté qué pasaba
en esa “comisería”,
toda la gente decía
y hacían correr la “bola”,
es gente de Guisasola
que viene  por unos días.


IV

Ahí está un mocito guapo
hombre muy altanero
¡Permiso, piso señores
pa´nombrar al confitero.
Teófilo manda aquí,
García se tiene fe
jueguen, jueguen al nueve real
aunque venga Manzanet¡


V

Y bueno vamo a jugar
dijo un hombre muy gallardo
yo me llamo Juan Eduardo
a mi no me van a llevar,
y si me quiere arrestar
que lo hagan bien por derecha
porque de un solo soplido
no se me apagar la mecha.


VI

Hay dos gorditos traviesos
que les gusta el entrevero
son el Rengo José Elías,
y Codi el colectivero.
Dejala, Dejala “Baisano”
que venga esa “burquería”
que con esa bata chueca
la saca de la confitería.


VII

Siguiendo por un petiso
que hace roncha en las reuniones
jugaba los patacones
como ristra de chorizo.
¡Ah Panchito, qué entusiasta!
aquella noche de orgía
por estar con los muchachos
abandonaste la Panadería.


VIII

Allí se encontraba “El Pibe”,
metido en el entrevero
con el diez y el siete en mano
y la pinta e´ marinero.
¡Me paga este nueve real
que me voy a retirar!
parecía que pensaba
que se iba para alta mar.


IX

Y está el Cachito trajeado
de taura deja el lamento
¡copo la banca cunau
soy padrino e casamiento!.
A la banca la coparon
y la cosa se puso negra
cuando salió del cuadrado
y se topó con la suegra.


X

Allí se encontraba Echarri
haciéndose el compadrito
conversaba muy ufano
con un hombre morochito.
Ramoncito era señores
que estaba allí entre la gente
presenciando la jugada
espiaba entre sus lentes.


XI

Hay muchos en la volteada
cayeron de varias partes
con Anibal Oyanarte
y Yamil en la jornada.
¡Ah Turquito pendenciero
te estabas haciendo el gil
y has tenido que caer
como bicho en el candil.


XII

Hay otros dos que me quedan
pa´ terminar el relato
¡qué buitres son estos nenes
vieran muchachos qué plato!.
Que yunta pa´un mancero
si los dos tiran parejo
donde Balda hace “pata ancha”
el Chividín el “pellejo”.


XIII

Allí en la comisería
donde contaron la fija
dormían todos de  a dos
por escasez de cobijas.


XIV

El flaquito Casenave
dormía con Don Perico
y le decía soñando
¡te juego un partido al pico!.
Deja de joder che flaco
no me metás más en líos
y tapame bien los pieses
porque me muero de frío.


XV

Así terminó la farra
con milonga y pericón
cargando todas las “jergas”
arriba de aquel camión.
Y se fueron a Bahía
corriendo como una bola
a pagar los Patacones
la barra de Guisasola.


XVI

Uno, dos, tres, cuatro, cinco,
seis, siente, ocho, nueve, diez.
Como he contado al derecho
puedo contar al revés.
Diez, nueve, ocho, siete, seis,
cinco, cuatro, tres, dos, uno,
¡vivan todos los que estaban
Sin despreciar a ninguno!