EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

viernes, 30 de octubre de 2015

Maestros del Blues. Gregor Hilden






Gregor Hilden es un bluesman alemán que supo ganarse el respeto de sus pares no sólo en Europa sino también en los Estados Unidos. Eximio guitarrista que ya lleva ocho CD grabados y a pesar de su juventud muestra indudables dotes como maestro del género dentro del viejo continente

El poder de seducción en juego, por FRANCISCO BALAZS



Hasta el 22 de noviembre, los candidatos Daniel Scioli y Mauricio Macri concentrarán sus esfuerzos en dirigirse y seducir al treinta por ciento del electorado que no los votó en la primera vuelta. El gran objetivo se centrará en Unidos por una Nueva Argentina (UNA), con su ramificación en la provincia de Córdoba, que el domingo dio muestras claras de apoyo a Cambiemos a partir de su alianza con el radicalismo en uno de los distritos con los que cuenta con mayor peso electoral.
Previo a las elecciones, la puja entre Sergio Massa y Mauricio Macri se centró en quién sería el candidato con mayores posibilidades de vencer a Scioli en un balotaje con el intento de llegar a una polarización que no se produjo. En el caso de Massa, viniendo de muy atrás en la intención de voto respecto de Macri, su discurso se basó en argumentar que su fuerza política era la mejor opción para derrotar a Scioli en un balotaje. En ese camino, salió a disputarle duramente parte del electorado a Cambiemos y allí mostró un marcado discurso antikirchnerista. En definitiva salió a competirle a Cambiemos quién de los dos era más anti-K. Recurrió a propuestas explicitas en esa dirección apuntando al corazón del electorado más refractario al Frente para la Victoria. Adelantó que echaría a todos los miembros de La Cámpora de los puestos que ocupan en el Estado, tildándolos de ñoquis. Sin eufemismos aclaró que eso se resolvía fácilmente con el envío de telegramas de despido el mismo 10 de diciembre. Luego sus propuestas superadoras de su caballito de batalla sobre la inseguridad las elevó al narcotráfico, proponiendo la intervención de las fuerzas armadas y el derribo de aviones.
El kirchnerismo, previendo un escenario de balotaje, también analizó el escenario descontando que gran parte del electorado de UNA es peronista y que el voto a Macri sería un límite para muchos de ellos. Este tipo de especulaciones son complejas y a la vista está el resultado obtenido el domingo por UNA, llegando al 21% de los votos, donde no se encuentran sus aliados de la provincia de Córdoba que le sumaron seis puntos en las PASO y que el domingo votaron en forma mayoritaria a Cambiemos. Es decir Massa, sin contar con los votos de Córdoba, llegó al 21%, lo que indica que logró captar una cantidad de votos importantes, aunque resulta temerario a estas horas adelantar de qué procedencias los obtuvo.
Para triunfar en el balotaje, tanto Scioli como Macri necesitan captar prácticamente la misma cantidad de votos, es decir un 15% más de los obtenidos el domingo. Quién se encuentra más cerca y con más posibilidades es claramente incierto a estas horas. Cuál será la estrategia del candidato del Frente para la Victoria para llegar a ese electorado y cuál será la prenda de negociación y a qué costo que ambos candidatos pondrán en juego se irá evaluando en las próximas semanas. De todas maneras, la elección revela que los acuerdos de cúpulas no son proporcionales a como luego se traducen en los votos de la gente de a pie. Las preferencias de los ciudadanos al momento de elegir no siempre concuerdan con los acuerdos y los toma y daca que lleven adelante sus dirigentes. De allí a confiar que las eventuales negociaciones entre cúpulas resulte una ecuación que se traslade a los votantes es al menos riesgoso al momento de evaluar cómo cada uno de los dos candidatos desplegará sus estrategias en las próximas cuatro semanas.

Fuente: Miradas al Sur



jueves, 29 de octubre de 2015

Resultados electorales: Inciso Equidad



Acaso debamos entender de una buena vez y para siempre que los presentes son los máximos rangos de equidad que se permite la sociedad Argentina. Los resultados de primera vuelta dejan en evidencia que la lucha a favor de la distribución de la riqueza tiene límites en cuanto a la aceptación de las tensiones y los conflictos. De todas maneras eso no implica que se desee retroceder y volver a ciertas políticas de desigualdad por parte de la población, acaso lo que se busca es menguar ese estado de conflicto. Y allí radica el gran embuste que el establishment nos tiene preparados, menguar el conflicto es retroceder ya que implica la subsumisión de la tensión política y social a las variables económicas y financieras en donde todo se observará bajo el prisma de la mayor rentabilidad y del costo/beneficio dejando para una instancia secundaria los programas o proyectos de inclusión.

miércoles, 28 de octubre de 2015

De cara al 22 de noviembre en vista a lo sucedido el 25 de octubre







Somos un colectivo político que siempre ha aceptado buena y democráticamente el rol que la sociedad le ha consignado a través de comicios libres y transparentes. Por más que han querido enturbiar los actos electorales hemos ganado y perdido indistintamente a lo largo y a lo ancho del país, por mucho o por poco, de manera que es bueno poner las cosas en su lugar. Por eso y volviendo al principio nunca hemos dejado de escuchar el mensaje de las urnas y eso nos ha posibilitado recuperarnos cuando la derrota parecía inexorable y definitiva. Hasta la fecha nuestros compatriotas nos han honrado con otorgarnos amplia representatividad en el Congreso Nacional ostentando cómodas primeras minorías en ambas cámaras, cosa que nos permite una importante autarquía política tanto para impedir cualquier retroceso en las conquistas logradas como para potenciar aún más derechos. Más de la mitad de las provincias serán gobernadas por el FPV y en la mayoría de los casos se obtuvieron victorias contundentes. Como premio a la labor política cumplida por Néstor Kirchner y Cristina Fernández el pueblo nos puso de cara a un ballotage enfrentando al CEO que las corporaciones dominantes y el establishment internacional han instalado para que represente sus intereses dentro del Estado. Por eso nos cabe como adherentes y militantes del proyecto nacional y popular hacer todo lo que esté a nuestro alcance para obtener un triunfo el próximo 22 de noviembre. Y cuando digo todo me refiero a exponer públicamente nuestras bondades, en la dialéctica y en la práctica, y aquellas marcadas diferencias que nos separan de la alianza opositora conservadora.
Ha sido duro el golpe recibido, el resultado en provincia de Buenos Aires determina que esa percepción permanezca indeleble y que de alguna manera le está otorgando en el inconsciente colectivo mayores esperanzas a la oposición. Por lo tanto y ya resueltos los conflictos personales y políticos que las PASO dejaron, más allá de las heridas que nos supimos provocar, es hora de ponernos las pilchas adecuadas y dejarse de personalismos. Hace varios meses que vengo sosteniendo desde este espacio y desde los micrófonos de Testigos de Privilegio que no había lugar para absurdos individualismos debido a que los números eran muy finos. No me gusta tener razón, prefiero ser feliz.  
El proyecto nacional y popular ha logrado ser elegido por el pueblo con Daniel Scioli a la cabeza para continuar y mejorar lo realizado en estos años, y para enfrentar aquello que tanto daño nos hizo en el pasado. Pues debemos enfocarnos en ese objetivo y observar las causas y consecuencia de nuestras decisiones. Si tal como afirmó Aníbal Fernández se le quiso hacer un daño político pues dejemos para más adelante tal discusión interna no sin dejar de entender que el daño mayor no lo sufrió el candidato no deseado por la burocracia del partido sino el mayor damnificado ha sido el pueblo profundo de la Provincia de Buenos Aires. Recuerdo el baño de humildad que pidió nuestra Presidente en su momento. Creo que es necesario abrir nuevamente los grifos y salir con humildad a militar el proyecto colectivo asumiendo que en la realpolitick lo importante debe imponerse por sobre lo superfluo. Por ejemplo, y para comenzar, sería bueno explicarle a la clase media que los inventores del corralito y del corralón, confiscatorio de sus ahorros, indemnizaciones y cuentas,  los que se robaron sus dólares, vienen de la mano del PRO, y están allí con nombre y apellido, y vienen por lo mismo, vienen por tus bolsillos, operatoria que protegió a la banca financiera y a la especulación, y que perjudicó al pueblo en su conjunto, tiempos en donde los morochos piquetes y los blancos de las cacerolas eran una sola voz...


Alejandro Barrios  - Economista - Para escuchar con atención
Gentileza: Remigio Pinat


martes, 27 de octubre de 2015

Gracias compratriota por votar a Macri… Nestor Eduardo Iglesias - Gente de a Pie




Nestor Eduardo Iglesias   - Gente de a Pie

Permiso. 

Voy a opinar.

Gracias compratriota por votar a Macri… 

Por fin volverá el uno a uno y podremos comprar importados sin frenos absurdos.

Gracias compratriota por votar a Macri… Por fin se volverá a privatizar el agua, los trenes, la política,… y todo lo que deba ser del estado pasará como corresponde a manos privadas.

Gracias compratriota por votar a Macri… Por fin se volverá a las jubilaciones privadas y los jubilados tendrán el 82% móvil como tuvieron en los ’90.

Gracias compratriota por votar a Macri… Por fin tendremos un ministro como Melconián, joven recién llegado a la política, fresco, renovador, progresista.

Gracias compratriota por votar a Macri… Por fin se irán los parásitos del estado y pasarán a ocupar los cargos, gerentes de empresas multinacionales más eficaces.

Gracias compratriota por votar a Macri… Por fin se tendrán que ir los paraguayos y bolivianos y uruguayos y peruanos, que tanto daño hacen a esta blanca sociedad y encima nos quitan el trabajo.

Gracias compratriota por votar a Macri… Por fin se terminará con las asignaciones para vacunar gratis y educar gratis a esos hijos de negros cabeza que se gastan la plata en el vino barato de cajita.

Gracias compratriota por votar a Macri… Por fin se acabará con el PROGRESAR, ese subsidio que solo fomenta vagos. Que los hijos de los obreros vayan a la misma fábrica a limpiar que sus padres, y se dejan de tener la pretensión de que todos los que pagamos impuestos, les paguemos una educación universitaria. Cada cual en su lugar.

Gracias compratriota por votar a Macri… Por fin se terminará con esa absurda discusión de discutir salarios sindicalistas y empresarios. Y esas provincianas que limpian casas volverán a limpiarlas sin chistar ni pretender derechos de obra social y jubilación.

Gracias compratriota por votar a Macri… Por fin nos sacamos a la yegua y ponemos en su lugar un exitoso empresario, capaz de dar largos discursos genuinos de estadísticas y políticas de estado de integración latinoamericana.

Gracias compratriota por votar a Macri… Por fin irán de vacaciones aquellos que se lo merezcan. Aquellos que trabajan arduamente en despachos de Puerto Madero ya no tendrán que mirar miles de cabezas oscuras en las playas y en las montañas. Solo se verá por fin, el paisaje.

Gracias compratriota por votar a Macri… Por fin se disciplinarán con la UCEP resurgida, esos inadaptados que pretenden ocupar el espacio que es de todos, que pretenden dormir en bancos de plaza, o bajo un puente, sin importarle que por allí, pasan niños y los ven.

Gracias compratriota por votar a Macri… Por fin podremos comprar dólares sin controles, con lo que nos sobre de la quincena, después de que compremos el pan y la carne picada común y una leche para los hijos.

Gracias compratriota por votar a Macri… 

Por fin sabemos quienes están de cada lado de la grieta. 

Por fin. 

Gracias porque cuando haya que salir a cortar calles, a quemar gomas, cuando nos quedemos sin laburo y haya que salir a marchar, a poner el cuerpo, a bancarse los gases lacrimógenos y los palos de la montada como nos bancamos hace quince años mientras muchos desde la casa decían que la política y los políticos son una mierda, allí, en ese momento, me voy a acordar de vos,… compatriota.



lunes, 26 de octubre de 2015

Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí (Silvio Rodríguez)





En segunda vuelta comprobaremos si tal como dijo George B. Shaw el odio es la venganza de un cobarde intimidado... Escuchados los discursos opositores no veo otra cosa que odio y sed de venganza. Los chacales huelen a sangre, babean sus apetitos y sospechan que están a punto de devorarse a su presa preferida. Vitorean a sus más crueles y despiadados exponentes. Sabemos que lo único que tenemos nosotros es la voluntad y algo de astucia. Con un 22% nadie daba dos monedas por nuestro futuro y ya llevamos 12 años solidarios. No dudo que la soberbia les hará cometer algunos errores. Si queremos sobrevivir, si no queremos ser devorados por los caníbales deberemos aguzar nuestra astucia política y esa voluntad que nos hizo aguantar durante muchos momentos de nuestra historia hasta los peores tormentos...
Las corporaciones y el establishment han logrado imponer en argentina, con todo éxito, el modelo brasileño. Más allá de haber extremando sus medios con operaciones periodísticas y judiciales de todo tenor pergeñaron un nuevo escenario carioca en la Patria Grande con el objeto de destruirla como ente global. De manera que procuraron no caer en los mismos errores que determinaron el triunfo de una presidente no deseada. Si bien luego lograron disciplinar económicamente al PT sin dudas que Rousseff y Lula siguen siendo, aunque en menor medida, un estorbo para saciar sus deseos neoliberales. Pues esos dos elementos están en vías de extinción dentro de nuestro ámbito.
Con los números puestos, a comenzar a despedirse de aquellas cosas lindas y equitativas que supimos conseguir en estos años. La dinámica de los pueblos es así. Por eso los que creen que interpretan la realidad de manera absoluta más temprano que tarde le pifian. Hay veces que los pueblos dicen basta. Basta de distribución, basta de equidad, basta de inclusión. Queremos otra cosa, sin importar si falta o no falta. Es derrota, sin atenuantes. Ganaron Carrió, Lanata, Magnetto, Morales Solá, el fin de los juicios a los genocidas, Melconian, Singer, Espert, y eso es lo peor que le puede pasar a nuestra sociedad. Pero que va. Seguramente ahora Kovadloff no va a sentenciar que Hitler llegó al poder por medio de elecciones ni hablará de fraudes.
Como en Brasil el líder natural (Lula-Cristina) está fuera de la conversación política por norma constitucional; su delegado (Dilma-Scioli) no posee la impronta ni el peso propio como para definir por sí arrastres adicionales o extrapartidarios. A la par haber dividido al campo popular (Marina Silva-Massa) les garantizó que su delfín (Aecio Neves-Macri) llegue a las instancias definitorias y con serias posibilidades de triunfo. En Argentina y con relación al país hermano, estaba ausente un elemento que en los comicios de ayer el establishment logró corregir: El distrito más importante y determinante (San Pablo-Provincia de Buenos Aires) debía estar en manos afines. De manera que el ballotage del día 22 nos encuentra en el límite de nuestras instancias, tal como le sucedió al PT hace un año atrás. Más allá de nuestro interés político sea como sea habrán ganado las corporaciones y el establishment. De triunfar Scioli asumirá absolutamente debilitado, sin quórum en diputados y habiendo perdido el distrito que él mismo gobernaba. De triunfar Macri el restaurante estará atendido por sus propios dueños, de manera que como consignamos al principio vamos a tener que templarnos en nuestro espíritu para saber que en los próximos años nos espera la ardua tarea de defender en la calle y en la militancia social aquellos beneficios colectivos obtenidos durante el kirchnerismo. El resultado de ayer y el consecuente ajuste son dos hechos que seguramente fueron festejados con algazara por parte de los mercados.
Es una semana triste para el crotaje. La reacción, la restauración conservadora, ha dado un pasito más. Habrá que seguir militando para el 22. A poner el pecho y bancar el traspié.
El que viene será un gobierno débil y dependiente, boceto en el cual están trabajando desde hace cuatro años. El uno por adhesión propia y el otro por limitaciones electorales. Nunca mejor panorama para determinar el perfil de un país subsumido en los suburbios de las decisiones ajenas.
Silvio Rodríguez cantó que los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí. Acaso en la frase está incluida la principal errata del presente electoral. Considero que nuestra propia cobardía en la búsqueda de una supuesta y sospechosa “seguridad  electoral” no nos permitió seguir siendo lo que éramos, empezamos a hacer números, a calcular, a recalcular, a citar consultores y nos alejamos del principal actor e interlocutor político que tiene el kirchnerismo: el pueblo. Y el núcleo duro respondió. Los memoriosos, los agradecidos estuvimos como en cada momento. Hoy, luego de 12 años de esforzada reconstrucción social, con el natural conflicto que ello implica, logramos la pole position (3%), no deja de ser un pequeño mimo, y a imperceptibles milésimas de segundos tenemos a  los personeros de la exclusión, los amantes del mercado, aquellos admiradores de un Estado mínimo y excluyente, los de los 39 muertos del 2001. De todas maneras las carreras se terminan cuando baja la bandera a cuadros y siempre está la chance de una maniobra sorpresiva o de un error de manejo de nuestro rival. Para el 22 hay que trabajar sobre ambas cuestiones y prepararnos ante la contingencia, sobre todo dejar en claro cuáles son los dos modelos de país en pugna sin ningún tipo de eufemismos y contradicción. Y eso no lo puede hacer Cristina, ella no es la candidata, además ya ha hecho mucho por la continuidad del proyecto en estas elecciones, eso lo tiene que hacer Daniel Scioli. El  elector lo está mirando a él y a Macri, ahora es cuando debe demostrar su destreza y capacidad política.






sábado, 24 de octubre de 2015

Maestros del Blues. Jesse Valach and Blues Mountain



Por Javier Paco Miró





Este nombre se va a escuchar cada vez mas en al escena del blues, un músico fuerte, honesto y con pasión, radicado en Melbourne desde hace 3 o 4 años tocando con sus músicos Blues Mountain.
No pude encontrar mucho de su vida , presumo un origen Neocelandez Maori con fuertes influencias musicales en la familia donde siempre se reúnen a tocar y cantar, pero todavía no tiene su biografía.
Su álbum  Blues Mountain - Separation Street está nominado para el Blues award 2015 en Noviembre en Melbourne. Con clima de semifinales de Rugby un Kiwi,residente en Australia,lastima no tener un duo con Pappo. 

viernes, 23 de octubre de 2015

Lo tengo que matar, le dije al tipo. Y el tipo me respondió, dele don Sala, yo sé que usted tiene una buena razón…







Alteridad se denomina a la condición o estado de ser otro o del ser diferente y como tal a toda la amplia gama de imágenes y representaciones del otro y del nosotros que esta trae consigo. Dicho esto la humilde saga político-costumbrista “Lo que me dijo el tipo” me ha dado enormes satisfacciones literarias y también políticas, sobre todo aquellas ligadas a las complicidades relacionadas con la profundidad del mensaje. Uno ha intentado mediante un diálogo ficcional muy básico y sencillo recrear situaciones cotidianas en donde un par de tipos muy distintos pero complementarios se encuentran a diario debido a que su mundo es tan pequeño que no logran evitarse. Sus senderos, sus toscas, sus rutinas son sus inexorables continuidades. Y qué hacen para romper esa rutina. Conversan, se cruzan chicanas, se aprenden, se aprehenden. Así de simple, así de tonto me atrevería a decir.
Pero quien no entiende de alteridad, de transformarse en el otro, en sus dolores y en sus alegrías, menos puede distinguir la diferencia entre la realidad y la ficción, incisos que conviven y que forman parte de esa falsa unidad llamada individuo. Desdoblarse, en dos, en tres, en cuatro, en tantas cantidades como esa propia falsa unidad requiere. Y resulta que uno se encuentra en una situación límite y debe matar una parte de “su” tipo, porque nuevamente la barbarie y la ignorancia han ganado la pulseada.
Fascistas con y sin carnet, protagonistas y correveidiles, no busquen más al tipo, lo acabo de llevar a un cementerio literario íntimo, dejen de joder a los inocentes habitantes reales que me rodean circunstancialmente so pretexto de una risible peligrosidad. Abandonen esa fatigosa tarea de censores, no es necesario que sigan indagando, violando esas almas sensibles y honestas que por suerte aún existen en la villa. Nadie me da letra, hace muchos años que el tipo observa con mis ojos y yo hablo por su boca, son tan previsibles y evidentes que uno termina acertando en el marco de la ficción por fuerza de su propia estupidez. No les alcanza con hacer mierda a Coronel Dorrego, la destrucción debe ser completa.
Es probable que dentro de un tiempo publique la saga completa a modo de epitafio en donde este triste texto labore de preludio. Lo reconozco, son invencibles, tanto como la imbecilidad.






jueves, 22 de octubre de 2015

Izquierda política y nacionalismo.



Esteban Cruz Hidalgo. Licenciado en Economía y Máster Universitario en Investigación en Ciencias Sociales y Jurídicas.

Fuente: Diario Público de España


¿Qué implicaciones éticas, morales y políticas tiene una identidad concreta para exigir un marco institucional particular que distorsione la igualdad de oportunidades? ¿Hasta qué punto la libertad como capacidad queda limitada por el poder que los demás tienen sobre uno?
La tradición ética que se erige sobre los principios de justicia social y progreso, integra brillantes mentes de diversas disciplinas como el economista Amartya Sen, la filósofa Martha Nussbaum, o el historiador Eric Hobsbawm. Estos autores, pueden enmarcarse dentro de la corriente política del republicanismo, definido como el compromiso de los individuos con unas instituciones de las que conscientemente forman parte, y de las que se sienten responsables para que operen como instrumento de justicia en la sociedad, desmarcándose así del nacionalismo.
Martha Nussbaum advirtió de la distorsión de los objetivos de la izquierda que se denomina nacionalista, que supedita a los individuos a determinadas esencias o cualidades que transcienden a ellos mismos, con las siguientes palabras: “este énfasis en el orgullo patriótico es moralmente peligroso y que, en última instancia, subvierte alguno de los objetivos más dignos que el patriotismo pretende alcanzar: por ejemplo, el de la unidad nacional en la lealtad a los ideales morales de justicia e igualdad”(Los límites del patriotismo. Identidad, pertenencia y “ciudadanía mundial”, 1999).
Si bien, sería injusto e insolente tratar a todos los nacionalismos igual. Se debe ser consciente de las diferentes realidades que habitan en los modernos nacionalismos que proliferan en el seno de naciones desarrolladas, con los que florecen en regiones cuya realidad social hacen de la reivindicación de justicia y la igualdad su razón de ser. Este es el derecho de los pueblos a la libre autodeterminación tal como es reflejado en la Carta Internacional de Derechos Humanos. Esta cara de la identidad cultural en la acción política, como manifestación de la situación de desventaja sufrida por grupos minoritarios que reclaman poder vivir su cultura con los mismos derechos sociales y políticos que el resto, es totalmente diferente de aquella que, a través de un exceso de importancia a unos determinados factores culturales, puede suponer una amenaza para las libertades individuales.
La capacidad de lograr algo, la libertad efectiva de conseguirlo y no solo el tener permiso para ello, es lo que se encuentra en el corazón del enfoque de las capacidades de Amartya Sen, que vincula la calidad de vida y el bienestar con la libertad. Según señala: “el funcionamiento es algo que se logra, mientras que la capacidad es la facultad de lograr. Los funcionamientos están, de alguna manera, más directamente relacionados con las condiciones de vida, puesto que son diferentes aspectos de las mismas. Las capacidades, por el contrario, son una noción referente a la libertad en un sentido positivo: qué oportunidades reales se tienen en relación con la vida que uno podría llevar” (Sobre ética y economía, 1989).
Para explicar la libertad del sujeto de poder vivir de una u otra forma, de alcanzar o decidirse por unos u otros objetivos, hay que considerar todo el repertorio de funcionamientos a su alcance, los cuales dependen en última estancia del marco institucional existente. Se trata pues, de que las personas tengan las oportunidades de elegir la vida que ellos quieren llevar, sin limitarse a la concepción de libertad tan insuficiente de quienes no se preocupan en absoluto de si algunas personas disfrutan de las oportunidades o son sistemáticamente privadas de ellas.
Pero, ¿Cómo pueden los nacionalismos restringir las oportunidades reales de los individuos?

Atendiendo al marco institucional vigente, bajo dominio claramente neoliberal, las capacidades de la gran mayoría de la población dependen en buena parte de los servicios públicos a los que pueden acceder, como sanidad, educación, transporte e incluso vivienda. Con la imposición política de una restricción a los presupuestos públicos, la política fiscal queda condicionada a la capacidad de recaudar impuestos o de emitir deuda pública.
Como las personas tienen diferentes circunstancias y situaciones, que inciden en sus capacidades, unas necesitaran mayores recursos que otras para lograr las mismas oportunidades. De no tomar en consideración tales disparidades, hay quienes se verán empujados a tomar decisiones en un cuadro de posibilidades muy restringido, diseñado por las decisiones de otras personas que han tenido un abanico de opciones más amplio. Evidentemente, el horizonte que se abre no es ilimitado, pero sí que se puede hacer mucho por ampliarlo y salvar ciertas circunstancias perniciosas, y la mejor herramienta para ello es el gasto público.
Esta forma de proceder es lo que denominamos justicia social, la creación de un marco institucional que atenúe las desiguales condiciones y situaciones en las que los individuos, de manera arbitraria, nos vemos abocados en alguna etapa de nuestras vidas.

Centrándonos en los territorios, existen factores naturales e históricos que afectan a su desarrollo, tales como guerras, recursos, condiciones ambientales, etc. Pese a todo, no hay nada que las instituciones no puedan compensar, mediante las herramientas adecuadas, revirtiendo una dinámica histórica adversa. El progreso no tiene nada de natural, y bien gestionado, tiende a la integración de la humanidad mediante un proceso de convergencia que, no sin obstáculos o resistencias, tiende a equiparar las condiciones de vida y oportunidades, tanto de clase como territoriales. Tal dinámica lleva a la alteración de las relaciones de poder, alertando a quienes ven peligrar su posición dominante y desencadenando reacciones por su parte. Tal proceder es algo que, de una forma u otra, ha caracterizado la evolución de la civilización.
En el caso que nos ocupa, un proceso de convergencia regional modificaría la situación de ciertos grupos de poder. Modificaría su posición frente a la negociación y localización de todo tipo de inversiones, tanto privadas como públicas, así como el manejo de otras tareas relacionadas con los asuntos públicos. Una distribución más beneficiosa del presupuesto total significaría un mayor espacio fiscal para gastar, blindándose mediante la reafirmación de los valores nacionales, y promoviendo artificios de diferenciación con respecto al resto de la sociedad, fundamentalmente históricos, que ocupan un lugar importante en todos los sistemas conocidos de educación pública. Hobsbawm denunció tales maniobras apuntando que la historia es: “la materia prima que se transforma en propaganda y mitología […] Las cosechas que cultivamos en nuestros campos pueden acabar convertidas en alguna versión del opio del pueblo” (Sobre la historia, 1998). A su vez, la convergencia con el resto de regiones sería obstaculizada, pues no se estaría distribuyendo el presupuesto en función de criterios de justicia social, sino por la jerarquía de una determinada identidad, quedando las oportunidades que se den en el resto de territorios, sometidas a sus relaciones.
La consecuencia inevitable del desarrollo desigual sería una balanza comercial positiva de la región desarrollada, por su dedicación a actividades de mayor valor añadido, a consecuencia del resto. En cuanto el mecanismo de encaje de tal superávit comercial dentro de los balances, que son las transferencias interregionales, no obedezca a criterios contables, la propia producción de la región más desarrollada se verá afectada, pues no el resto de regiones no tendrán los recursos para absorber sus excesos de capacidad productiva, aumentando el desempleo interior y disminuyendo la riqueza total.
En fin, aún por mucho que sean interiorizadas como suyas por las masas las estrategias nacionalistas, éstas no sirven más que para mantener una posición de poder respecto a otros, en perjuicio del bienestar del conjunto. La izquierda no puede arroparse con propaganda nacionalista y abandonar el discurso de la igualdad de oportunidades, aceptando una natural disparidad de capacidades, cayendo en el fragoroso debate de los sentimientos y las identidades. La bandera de los progresistas no debe ser otra que la justicia social, que represente a todas y a todos aún seamos muy diferentes, independientemente de cómo nos sintamos. Una sociedad plural no necesita fronteras, sino integración y convivencia en un marco institucional común que nos permita desarrollar nuestras capacidades, sin resquebrajar la libertad individual, que se ve afectada en cuanto las decisiones se toman en función de determinados aspectos que transcienden a las personas. ¿O es que pretendemos cambiar jerarquías de clase por identitarias? Los progresistas deben dar un paso al frente y romper con este sinsentido.


miércoles, 21 de octubre de 2015

Los nuevos Estados de vigilancia - Ignacio Ramonet

Fuente: Le Monde diplomatique en Español









La idea de un mundo situado bajo “vigilancia total” ha parecido durante mucho tiempo
 un delirio utópico o paranoico, fruto de la imaginación más o menos alucinada de los obsesos de la conspiración. Sin embargo, hay que reconocer la evidencia: vivimos, aquí y ahora, bajo la mirada de una especie de imperio de la vigilancia. Sin que lo sepamos, cada vez más nos observan, nos espían, nos vigilan, nos controlan, nos fichan. Cada día, nuevas tecnologías se refinan en el seguimiento de nuestro rastro. Empresas comerciales y agencias publicitarias registran nuestra vida. Pero, sobre todo, bajo el pretexto de luchar contra el terrorismo o contra otras plagas (pornografía infantil, blanqueo de dinero, narcotráfico), los Gobiernos  –incluidos los más democráticos– se erigen en Gran Hermano y ya no dudan en infringir sus propias leyes para espiarnos mejor. En secreto, los nuevos Estados orwellianos  buscan establecer ficheros exhaustivos de nuestros contactos y de nuestros datos personales tal y como figuran en diferentes soportes electrónicos.

Tras la ola de ataques terroristas que ha golpeado, desde hace algunos años, ciudades como Nueva York, París, Boston, Ottawa, Londres o Madrid, las autoridades no han dudado en utilizar el gran pavor de las sociedades conmocionadas para intensificar la vigilancia y para reducir más la protección de nuestra vida privada. 

Entendámonos: el problema no es la vigilancia en general, es la vigilancia masiva clandestina. Es evidente que, en un Estado democrático, las autoridades cuentan con toda la legitimidad, basándose en la ley y con la autorización previa de un juez, para poner bajo vigilancia a cualquier persona que consideren sospechosa. Como dice Edward Snowden: “No hay ningún problema si se trata de poner bajo escucha a  Osama Bin Laden. Siempre que los investigadores tengan que disponer del permiso de un juez –un juez independiente, un juez auténtico, no un juez secreto–, y puedan probar que existe una buena razón para emitir una orden, entonces pueden llevar a cabo ese trabajo. El problema se plantea cuando nos controlan a todos, en masa, todo el tiempo y sin ninguna justificación” .

Con ayuda de algoritmos cada vez más perfeccionados, miles de investigadores, de ingenieros, de matemáticos, de estadistas y de informáticos buscan y clasifican la información que generamos sobre nosotros mismos. Satélites y drones de mirada penetrante nos siguen desde el espacio. En las terminales de los aeropuertos, escáneres biométricos analizan nuestros andares, “leen” nuestro iris y nuestras huellas digitales. Cámaras de infrarrojos miden nuestra temperatura. Las pupilas silenciosas de las cámaras de vídeo nos escrutan en las aceras de las ciudades o en los pasillos de los hipermercados. También siguen nuestra pista en el trabajo, en las calles, en el autobús, en el banco, en el metro, en el estadio, en los aparcamientos, en los ascensores, en los centros comerciales, en las carreteras, en las estaciones, en los aeropuertos...

Cabe señalar que la inimaginable revolución digital que vivimos, que ya ha transformado tantas actividades y profesiones, también ha trastornado totalmente el ámbito de los servicios de información y de la vigilancia. En la época de Internet, la vigilancia ha pasado a ser algo omnipresente y perfectamente inmaterial, imperceptible, “indetectable”,  invisible. Además, se caracteriza técnicamente por una simplicidad pasmosa. Se acabaron los trabajos de albañilería para instalar cables y micrófonos, como en la célebre película La Conversación, donde podíamos ver cómo un grupo de “fontaneros” presentaba, en un Feria consagrada a las técnicas de vigilancia, ‘chivatos’ más o menos elaborados equipados con  cajas rebosantes de cables eléctricos que había que esconder en los muros o en el suelo...

Varios estrepitosos escándalos de esa época –el caso Watergate en Estados Unidos, el de los “fontaneros de Le Canard enchaîné” en Francia–, fracasos humillantes para las oficinas de los servicios de información, demostraron los límites de estos antiguos métodos mecánicos, fácilmente detectables y localizables.


Hoy en día, poner a alguien bajo escucha ha pasado a ser algo de una facilidad desconcertante. Al alcance del primero que llega. Una persona normal y corriente que quiera espiar a alguien de su entorno puede encontrar en venta libre en el comercio un amplio abanico de opciones: nada menos que media docena de programas informáticos para espiar (mSpy, GsmSpy, FlexiSpy, Spyera, EasySpy) que “leen” sin problemas los contenidos de los teléfonos móviles: mensajes de texto, correos electrónicos, cuentas en Facebook, Whatsapp, Twitter, etc. Con el auge del consumo en línea, la vigilancia de tipo comercial también se ha desarrollado enormemente, dando lugar a un gigantesco mercado de nuestros datos personales, que se han convertido en mercancías. Durante cada una de nuestras conexiones a una página web, las cookies guardan el conjunto de las búsquedas realizadas y permiten establecer nuestro perfil de consumidor. En menos de veinte milésimas de segundo, el editor de la página visitada vende a los posibles anunciantes la información que nos concierne revelada por las cookies. Apenas unas milésimas de segundo más tarde, la publicidad que se supone que causa más impacto en nosotros aparece en nuestra pantalla. Y así quedamos ya fichados definitivamente.

De alguna manera, la vigilancia se ha “privatizado” y “democratizado”. Ya no es un asunto reservado sólo a los servicios estatales de información. Pero, a la vez, la capacidad de los Estados en materia de espionaje masivo ha crecido de modo exponencial. Y esto también se debe a la estrecha complicidad entablada con las grandes empresas privadas que dominan las industrias de la informática y de las telecomunicaciones. Julian Assange lo afirma: “Las nuevas sociedades como Google, Apple, Amazon y, más recientemente, Facebook han tejido estrechos vínculos con el aparato de Estado en Washington, en particular con los responsables de Asuntos Exteriores”. Este Complejo de la seguridad y de lo digital –Estado + aparato militar de seguridad + industrias gigantes de la Web– constituye un auténtico imperio de la vigilancia cuyo objetivo, muy concreto y muy claro, es poner Internet, todo Internet y a todos los internautas bajo escucha. Para controlar la sociedad.

Para las generaciones de menos de cuarenta años, la Red es, simplemente, el ecosistema en el que han pulido su mente, su curiosidad, sus gustos y su personalidad. Desde su punto de vista, Internet no es sólo una herramienta autónoma que se utilizaría para tareas concretas. Es una inmensa esfera intelectual donde se aprende a explorar libremente todos los saberes. Y, de forma simultánea, un ágora sin límites, un foro donde las personas se reúnen, dialogan, intercambian y adquieren, a menudo de forma compartida, una cultura, conocimientos, valores.

Internet representa, a ojos de estas nuevas generaciones, lo que era para sus mayores, de forma simultánea, la escuela y la biblioteca, el arte y la enciclopedia, la polis y el templo, el mercado y la cooperativa, el estadio y el escenario, el viaje y los juegos, el circo y el burdel... Es tan fabuloso que “el individuo, en su placer por evolucionar en un universo tecnológico, no se preocupa por saber, y menos aún por comprender, que las máquinas gestionan su día a día. Que cada uno de sus actos y gestos es grabado, filtrado, analizado y, eventualmente, vigilado. Que, lejos de liberarlo de sus obstáculos físicos, la informática de la comunicación constituye sin duda la herramienta de vigilancia y de control más increíble que el ser humano haya podido crear jamás”.

Este intento de control total de Internet representa un peligro inédito para nuestras sociedades democráticas: “Permitir la vigilancia de Internet –afirma Glenn Greenwald, el periodista estadounidense que difundió las revelaciones de Edward Snowden– viene a ser lo mismo que someter a un control estatal exhaustivo prácticamente todas las formas de interacción humana, incluido el pensamiento propiamente dicho”.

Ésta es la gran diferencia con los sistemas de vigilancia que existían antes. Sabemos, desde Michel Foucault, que la vigilancia ocupa una posición central en la organización de las sociedades modernas. Éstas son “sociedades disciplinarias” donde el poder, por medio de técnicas y de estrategias complejas de vigilancia, busca ejercer el mayor control social posible.


Esta voluntad por parte del Estado de saberlo todo sobre los ciudadanos está legitimada políticamente por la promesa de una mayor eficacia en la administración burocrática de la sociedad. Así, el Estado afirma que será más competitivo y, por lo tanto, servirá mejor a los ciudadanos si los conoce mejor, de la forma más profunda posible. Sin embargo, al haber pasado a ser cada vez más invasiva, la intrusión del Estado ha terminado provocando, desde hace tiempo, un creciente rechazo entre los ciudadanos que aprecian el santuario de la vida privada. Desde 1835, Alexis de Tocqueville señalaba ya que las democracias modernas de masas producen ciudadanos privados cuya principal preocupación es la protección de sus derechos. Y que esto hace que sean particularmente quisquillosos y belicosos contra las pretensiones intrusivas y abusivas del Estado.

Esta tradición se prolonga en la actualidad en la persona de los “lanzadores de alertas”, como Julian Assange y Edward Snowden, ambos perseguidos ferozmente por Estados Unidos. Y, en defensa de ellos, el gran intelectual estadounidense Noam Chomsky afirma: “Para estos ‘lanzadores de alertas’, su lucha por una información libre y transparente es una lucha casi natural. ¿Tendrán éxito? Depende de la gente. Si Snowden, Assange y otros hacen lo que hacen, lo hacen en su calidad de ciudadanos. Están ayudando al público a descubrir lo que hacen sus propios Gobiernos. ¿Existe acaso una tarea más noble para un ciudadano libre? Y se los castiga severamente. Si Washington pudiera echarles el guante, sería peor aún. En Estados Unidos existe una ley de espionaje que data de la Primera Guerra Mundial; Obama la ha usado para evitar que la información difundida por Assange y Snowden llegue al público. El Gobierno va a intentarlo todo, incluso lo indecible, para protegerse de su ‘enemigo  principal’.  Y el ‘enemigo principal’ de cualquier Gobierno es su propia población”.

En la era de Internet, el control del Estado alcanza dimensiones alucinantes, ya que, de una manera o de otra, como ya se ha dicho, confiamos a Internet nuestros pensamientos más personales e íntimos, tanto profesionales como emocionales. Así, cuando el Estado, con ayuda de tecnologías súper poderosas, decide pasar a escanear nuestro uso de Internet, no sólo rebasa sus funciones, sino que, además, profana nuestra intimidad, deshuesa literalmente nuestro espíritu y saquea el refugio de nuestra vida privada.

Sin saberlo, a ojos de los nuevos “Estados de vigilancia”, nos convertimos en clones del héroe de la película El Show de Truman, expuestos en directo a la mirada de miles de cámaras y a la escucha de miles de micrófonos que exponen nuestra vida privada a la curiosidad planetaria de los servicios de información.

A este respecto, Vince Cerf, uno de los inventores de la Web, considera que “en la época de las tecnologías digitales modernas, la vida privada es una anomalía...”. Leonard Kleinroc, uno de los pioneros de Internet, es aún más pesimista: “Básicamente –considera–, nuestra vida privada se ha acabado y, por así decirlo, es imposible recuperarla” .


 Por una parte, muchos ciudadanos se resignan, como si de una especie de fatalidad de la época se tratara, al fin de nuestro derecho al anonimato. Por otra parte, esta preocupación de defender nuestra vida privada puede parecer reaccionaria o “sospechosa” porque sólo aquellos que tienen algo que esconder intentan esquivar el control público. Por lo tanto, las personas que consideran que no tienen nada que reprocharse ni nada que ocultar, no son hostiles a la vigilancia del Estado. Sobre todo si ésta, tal y como lo prometen y lo repiten las autoridades, está acompañada por una ganancia sustancial en materia de seguridad. Sin embargo, este discurso –“Dadme un poco de vuestra libertad, os la devuelvo centuplicada en garantía de seguridad.”– es una estafa. La seguridad total no existe, no puede existir. Es un engaño. Sin embargo, la “vigilancia total” se ha convertido en una realidad indiscutible.

Contra la estafa de la seguridad, cantinela constante de todos los poderes, recordemos la lúcida advertencia lanzada por Benjamin Franklin, uno de los autores de la Constitución estadounidense: “Un pueblo dispuesto a sacrificar un poco de libertad por un poco de seguridad no merece ni lo primero ni lo segundo. Y acaba perdiendo las dos”.

Una sentencia de perfecta actualidad y que debería animarnos a defender nuestro derecho a la vida privada, cuya principal función no es otra que proteger nuestra intimidad. Jean-Jacques Rousseau, filósofo de la Ilustración y primer pensador que “descubrió” la intimidad, nos dio el ejemplo. ¿No fue él también el primero en rebelarse contra la sociedad de su tiempo y contra su voluntad inquisidora de querer controlar la conciencia de los individuos?

“El fin de la vida privada sería una auténtica calamidad existencial”, ha subrayado igualmente la filósofa contemporánea Hanna Arendt en su libro La condición humana. Con una formidable clarividencia, en su obra señala los peligros para la democracia de una sociedad donde la distinción entre la vida privada y la vida pública estaría establecida de forma insuficiente, lo que, según Arendt, significaría el fin del hombre libre. Y arrastraría a nuestras sociedades, de manera implacable, hacia nuevas formas de totalitarismo.

martes, 20 de octubre de 2015

El Pibe Mariano Ferreyra - A 5 años de su asesinato





20 de Octubre 2010 


La hipocresía de una sociedad se ve maximizada cuando aparece la muerte descolocando de plano todo tipo de argumentación política. Cada estrato, interesado o no interesado, verá en el crimen un aura conveniente para acercar aguas a su molino, desestimando la universalidad que el fenómeno permite develar. 
De ese modo se establecen críticos postulados acerca de ordenamientos o vicios que llevan más de dos décadas de haber echado raíces. Por caso los sistemas de terciarización laboral.
La contratación de servicios a terceros forma parte de una de las estrategias empresariales más resonantes de principios de los noventa que se constituyeron unánimemente, sin contradicciones sociales ni ideológicas,  a través del paradigma de la REINGENIERÍA.  
Esto es modernizarse: devaluado sofisma que incide en el abaratamiento de los costos bajo el prisma de la competitividad, objetivo evidente para el logro de una mayor rentabilidad económica. Así pues la sociedad en su conjunto ha aceptado este mecanismo tanto en el ámbito estatal como en el privado sin que nadie hasta el momento se haya escandalizado por lo que dicha práctica ocultaba.
Un Estado Nacional, Provincial o Municipal puede contratar un servicio de pavimentación, mantenimiento o de recolección de residuos a sabiendas que la mano de obra afectada no le acarreará conflictos directos ya que no se hallará dentro de su esfera de control. 
Poseer rodados, maquinarias y operarios bajo relación de dependencia ocasiona distracciones económicamente negativas que apuntan a un gasto innecesario susceptible de ser evitado. 

Recordemos a Dromí y su acto fallido privatizador. Con un canon mensual o anual  se arregla el asunto. 
En el ámbito privado este mecanismo tiene la doble utilidad mercantilista de mimetizar ganancias disimulando verdaderos gastos contablemente gravados, por supuestas inversiones contablemente exentas, y a la vez, evade la responsabilidad de todo compromiso patronal con respecto a los aportes laborales, implementando esta ignominiosa omisión como hábil estrategia empresarial.  Aclaro que en carne propia fui víctima del tal  paradigma corporativo en el BBVA.
Los gremios afines no alzarán sus voces al respecto ya que dichos trabajadores no se encuadran dentro de su marco representativo, de modo que esa mano de obra de segunda siempre tendrá condiciones de minusvalidez en la defensa de sus reclamos y derechos elementales. Más aún cuando una pequeña resistencia organizada por estos expresa públicamente los negocios que algunos jerarcas sindicales sostienen con los empresarios favorecidos. 
Fábricas, Bancos, Pymes, Empresas de Servicios, Asociaciones sin fines de lucro, Sindicatos, Medios de Comunicación y hasta el mismo Estado han aceptado este formato y con él un fuerte crecimiento del empleo en negro hasta que la muerte los separe. Y la muerte llegó y con ella la hipócrita indignación.
A partir de aquí comienza el juego de la morbosa culpabilidad. La muerte será suficiente excusa para derivar responsabilidades en pos de un voto y no de entender que un sistema social basado en la simple ecuación costo beneficio incluye contraindicaciones que no somos capaces de atender hasta que un difunto nos avisa que la cosa no es cómo nosotros pensábamos.
Vivimos en una sociedad de sorprendidos. Parece que nadie sabe lo que hace y por qué lo hace. Como aquel viejo esquema de los monos, la banana, la escalera y el chorro de agua que somete al mico ante cada intento de capturar el plátano y el consecuente castigo que sufre por el resto de la caterva cuando muestra cierta inquietud investigadora. 
El problema aparece cuando uno devela que lo que hace no guarda ningún tipo de regla humanitaria y menos aún sentido inteligente. 
Un ordenamiento inercial involuntario piensa por nosotros dejando nuestros débiles razonamientos esenciales para cosas como el entretenimiento, el consumo banal o la burguesa victimización. 
El pibe Ferreyra, mal que nos pese, sólo será un nuevo trapo que embolsará vientos de nuevas y viejas protestas, mientras todos los actores sociales (Altamira incluido y su recordado brindis en el marco de una empresa oligopólica que no permite sindicalización alguna, que tiene casi todos sus servicios terciarizados y la propiedad de Papel Prensa con contratos tintos en sangre) continuaremos viviendo nuestros magros egoísmos tratando de no ser descubiertos, de no ser criticados y de seguir esculpiendo un ordenamiento más cómodo que inteligente, de modo no tengamos nunca la osadía de ascender el tenor y aceptar el hermoso desafío de pensar si la cosa puede ser un poco más justa de lo que es.
Y marchas tardías, y quejas absurdas, y ceños fruncidos… todo hace al maquillaje imprescindible para convencernos que somos espectadores de una realidad que nos es ajena, en lugar de hacernos cargo por aquello que supimos conseguir con nuestras propias elecciones colectivas.
Kosteki, Santillán, Ferreyra, Pocho Lepratti, Aníbal Verón, Teresa Rodríguez, el profe Fuentealba y otros tantos no deben ser mancillados por la imbecilidad cotidiana en reuniones y discursos de urgencia y ocasión.
Algún día deberemos crecer y dejar de ser adolescentes e hipócritamente funcionales.
 
Si optamos por serlo no veo qué sentido tiene continuar considerándonos una Nación y no una suma de individualidades que vive, en forma casual, dentro de una línea divisoria, tan difusa como intangible llamada país.