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viernes, 24 de marzo de 2017

A 41 años... Bayer, el “Ser” o el “Parecer” de Izquierda, por Rodolfo Braceli




Entrando al siglo XXI después de Cristo éramos un  agujero con forma de mapa, un conato de país que milagrosamente conservaba sus nueve letras del apellido. Este entretenido sitio había sido “rifatizado” con el fervor de la impunidad, saqueado más adentro que desde afuera, entregado obscenamente, loteado al peor postor en sus reservas energéticas, donado a rajacincha. Un poco más atrás, hacia mediados de 1976, este sitio fue desangrado, violado en sus vidas y en sus muertes al compás de una complaciente indiferencia civil, empresarial, ruralista, mediática, eclesiástica, indiferencia que por extendida y general ni disminuye un gramo en su criminalidad. El caso es que la violación de vidas y muertes no fue suficiente, encima se robaron criaturas desde la placenta, por cientos se las robaron. La cuestión es que aquí no quedaron ni los mástiles, desgracia con suerte, acaso aliviadora ¿Qué bandera hubiéramos izado?...
Aquí hay un emporio derechas y una manga de izquierdas, pero con una diferencia capital: las derechas son opciones camufladas en los grandes partidos. Hay derechas explícitas y derechas que no lo parecen. Estas y aquellas tienen un rasgo sólido en común: siempre se juntan, no descansan, ni en los días de guardar, y guardan siempre.
En cuanto a las izquierdas de la Izquierda: decir que esto es un archipiélago resulta en el fondo una especie de autoelogio. Observando la implacable coherencia de Bayer podemos advertir que aquí, a lo largo de décadas, las izquierdas han insistido en confundir estribillo con ideología. Entre la vanidad y el capricho, cada brote de izquierda o de progresismo se autodecapita antes, mucho antes de despuntar y probarse en gestión concreta. La pavorosa capacidad para el suicidio temprano hace que las izquierdas de esta presunta izquierda nacional no necesiten de enemigos. Al enemigo, vuelta a vuelta, le ahorra el trabajo. En realidad nuestras izquierdas no mueren jóvenes ni niñas, no pasan del conato, del presentimiento prenatal, son esquirlas de un cascote inocuo, esquirlas de ética intermitente.
En cambio Bayer ha hecho una ética de la ideología, moral que aflora constante y porfiada en sus escritos y en su hacer.
Sucede que padecemos por estos tierras una suerte desertores que sin embargo se las arreglan para figurar y estar al frente de los canto de utopía. Ya no se puede juzgar más a la piedra ni perdonarle nada, basta de echarle la culpa de la pedrada. Pienso y siento que muchos menos que pocos pueden afirmar por la mañana “yo soy de izquierda”. Eso “soy de izquierda” sólo se puede sostener al final del día, después de revisarnos la jornada, después de ver qué dijimos con las palabras y qué hicimos con las acciones, después de ver qué trecho hay entre nuestros dichos y nuestros hechos…


3 comentarios:

  1. 30.000 compañeros desaparecidos, presentes! Ahora y siempre.

    Abrazo amigo.

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    1. Abrazo Daniel y como podemos observar la lucha nunca termina..

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  2. Me gusta eso que dice Barceli "a lo largo de las decadas han insistido en confundir estribillo con ideologia", me hace acordar a Silvio " Fuera de la vanguardia o evidente panfleto"

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