EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

viernes, 31 de mayo de 2013

MAESTROS DEL BLUES. BIG BILL BROONZY





 


“Los hombres van a la Iglesia a limpiar su mugre y las mujeres a lucir sus vestidos” mencionó en alguna oportunidad con su mordaz sarcasmo, para luego agregar “esta gente no sólo desconoce como se cosecha el algodón y la caña de azúcar, además les importa tres cominos tal cosa”...





Fue el padre del blues ecléctico, cambió su guitarra acústica por una eléctrica cuando se dio cuenta que la juventud rechazaba de plano el blues rural. Grabó entre 1920 y 1952 más de 250 canciones, siendo dueño de un estilo purista que le permitió perforar los mismos circuitos musicales blancos.

miércoles, 29 de mayo de 2013

CINCO TEMAS EN BUSCA DE UN VOTANTE por NICOLAS CASULLO. Demasiadas coincidencias para sospechar que este formidable texto fue escrito y publicado hace seis años





20 de Mayo de 2007  - Página 12

Huelgas decididas por asambleas de bases. Juicios a viejos represores. Protestas de maestros. Fiscales desprolijos que negocian. Asalto y muerte. Marchas piqueteras en horas pico. Escraches. Denuncias de corrupción contra funcionarios. Ampliación de obras públicas. Cheques para empresas espectrales. Datos de crecimientos productivos y de ventas en supermercados. Tensión entre el Ejecutivo y la Iglesia. Amenaza de ganaderos furiosos. Entre impactos, titulares y caras de un nuevo tipo de locutores indignados, tanto el oficialismo como las diversas oposiciones actúan una gran escena electoral que remite en definitiva a la discusión de cuatro o cinco temas de fondo que se reiteran, en mi experiencia personal, entre interesados del barrio, alumnos universitarios, desasosegados, gente de la cultura y “entendidos” de la política. La pregunta es qué se discute en realidad por debajo de la espectacularidad de la información diaria, de las campañas sucias y el rosario de anécdotas.

¿Señales de época por encima de las fronteras? ¿Estados de la propia política? En realidad el 2007 hace presente, en el país y en términos comiciales, también un tiempo cultural del mundo. Por ejemplo, enjambre de subjetividades sociales en tránsito de conductas y valores que no eligen al votado hasta el día del voto. Una efectiva capacidad de lo mediático como gran constructor de realidades. Una disolvencia de identificaciones tradicionales, una comunidad con violencias, confrontaciones, delitos y miedos que resultan epocales y se dan tanto en México, París como en Moscú al ritmo de una misma música y con las mismas marcas de cervezas.

Variables frente a las cuales la Argentina –como en muchas otras circunstancias– se piensa única en sus precariedades y dolencias. Aunque no deja de ser siempre un ejemplo típico: una monografía apropiada sobre lo que todo teórico europeo venía casualmente pensando: Tony Negri y Paolo Virno para los cacerolazos del 2001. Alain Touraine por derecha y Chantal Mouffe por izquierda en cuanto a la defensa de una democracia liberal estrecha o una democracia transformadora de las correlaciones de fuerzas.


Enemistades/consensos


Como telón de fondo y con respecto a la Argentina electoral, en las tenidas de sobremesa se polemiza sobre dos formas actuales y criollas de pensar y hacer presente lo político. Por una parte el gobierno Kirchnerista que planteó (y obtuvo réditos) de la política leída como confrontación de intereses. Como exposición bastante sobreactuada de los conflictos que atraviesan lo nacional, para señalar que democráticamente hay proyectos y sectores adversarios incompatibles. Que en toda batalla de poderes que realmente afectan situaciones establecidas debe aparecer el “nosotros y ellos”, los amigos y enemigos.

Frente a esta política de tensión, un extendido credo liberal republicano se rehúsa pensar lo político básicamente desde la concreta densidad social. Rechaza el enfrentamiento político de intereses como eje de actuación, también la disparidad fuerte, en tanto plantea la perennidad de la lógica económica imperante. No compete a la política refundar tal mundo previo al mundo, sino aplicarse a una buena gobernabilidad globalizada. Se trata de predicar la necesidad de gestionar adecuadamente el modelo y alcanzar un consenso donde los actores sociales –dominantes y dominados, hegemónicos y subalternos– acuerdan un país que conforme a todos sin modificar el clásico establishment de los poderes.

Estas diferencias precipitan día tras día sobre la tonalidad que adquiere el actual sendero hacia las urnas. Un kirchnerismo acusado de hegemonista, duro, no dialoguista, autoritario, peleador, montonero, demagógico, setentista, pendenciero y autista en sus propósitos. Y una oposición tildada de sin perfiles, componedora de siempre lo mismo, con un elenco de variedades del statu quo, simplemente contrakirchnerista, mejunje postideológico, incapacitada para pensar de otra manera lo nacional establecido, que licua toda línea divisoria entre izquierda y derecha y carece de programa alternativo.


Cultura/política


El país “se deshace” todos los días. Se queda “sin electricidad”, “sin gas”, “sin petróleo”, “sin aviones”, “sin Poder Legislastivo”, Vuelven los secuestros de los grupos de tareas. Prohíben la soja en el planeta. No sobrevivirá ni el más cándido inversor foráneo y los hielos antárticos derretidos taparán hasta la costanera correntina. Se hace evidente el peso cada vez mayor que juega la dimensión cultural en el proceso de la política. Una interminable contienda cultural define hoy el destino político de las sociedades, en cuanto a construcción de mundos simbólicos, de reyertas de representaciones, de gestación de imaginarios circunstanciales, de enfrentamientos por otorgarle determinadas connotaciones a cosas, actores y circunstancias.

Esta dimensión cultural va asumiendo cada vez más un perfil autónomo con respecto la propia (buena o mala) realidad económico-social de los sujetos. Una imagen, una escena, la construcción de un verosímil, el armado informativo, la capacidad de producción inmediata de sentido común, de estados de ánimo tan anonadantes como breves, de creencias en cualquier posibilidad, son políticas que superan “anticuados” antecedentes de actuación cívica, biografía de referentes políticos, estado de los partidos, programáticas escritas y el gris accionar de diputados y senadores.

El ciudadano va siendo una pura hechura cultural. Nuestra campaña electoral entre oposición y gobierno se ve permanentemente armada hoy por estas atmósferas, climas, campanas humorales como creación ficcional que atañe al “bien público”, “la seguridad”, “la violencia”, “la corrupción”, “el delito”, “la educación”, “el orden”, “el aborto”, “el caos”, “la justicia”, “la memoria”: instancias todas estas que se convirtieron en géneros culturales, en nichos estéticos mediáticos donde la política se ve obligada a anclar diariamente para hacerse audible.

El político sueña solamente la pantalla. La agenda pareciera que la maneja una suerte de niebla massmediática, no las reuniones de los representantes. Y desde esa lógica que les despertenece, oficialismo y oposición intentan hacer oír su palabra. Mientras que una política anacronizada sigue pensando a la cultura como la trilogía de bellas artes, campo intelectual y academia, la cultura ha devenido el espacio único que le dice a la sociedad cómo debe actuar. Efectivamente, cómo ser actores. Y en qué lugar del escenario o las butacas debe sentarse el político.

En el proceso electoral argentino esto se verifica en tanto son mundos enrarecidos, simbólicos, mitos, miedos, déjà vu, réplicas y fantasmas los que deambulan entre nosotros: montoneros, Hitler, Mussolini, Menem, Ceaucescu, Unión Democrática, dictaduras, gorilas del ‘55, Malvinas, 2001, como acontecimientos no que sucedieron, sino que suceden: que están siempre por suceder(nos).


Cercano/lejano


La presente campaña política, siempre un poco más que la inmediata anterior, apuesta todos sus reales a las encuestas. Todo propietario de una de estas empresas auscultadoras es hoy Friederic Hegel en 1807 camino hacia la imprenta para depositar sus originales de La fenomenología del espíritu: es portador del secreto de lo actual. No poca cosa. Todo, en este mayo del 2007, son rotativas de encuestadoras imprimiendo resultados de consultas que simulan anticipar el final en varias semanas con ese mal gusto de contar la película.

Sin embargo, la actual sociedad de mercados, públicos, plateas y audiencias –ya no de masas aglutinadas estilo siglo XX– es hoy una extraña distancia. Distancia social y de convivencia que se intuyen. Que se olfatea de una vereda a la otra. Lejanías y cercanías que percibimos desde las perfumadas brumas de una razón intelectual. Así como indudablemente no hay una sola inflación sino muchas, altas y bajas, es decir hay distancias entre un restaurante o mercadito de Palermo o de Los Polvorines y no tiene nada que ver una inflación con la otra, así también la campaña electoral se desgrana en círculos y más círculos concéntricos que distancian universos sociales de apreciaciones.

Curiosamente, esta campaña electoral bajo signo del gobierno kirchnerista recobra, en plena “posmodernidad de nuevas sensibilidades y subjetividades locas y libertarias”, una suerte de recepción de los mensajes políticos socialmente clasista –al estilo 1950 con el combinado musical y la permanente– donde no se puede saber muy bien qué piensa el otro distante. O se sabe. El otro es el otro, para todo interesado de barrios pudientes leyendo todavía con fruición ese raro objeto llamado diario impreso, y que piensa sobre qué votará “el otro”. Al otro casi nunca se lo imagina con precisión. Algunos aventuran que en el tercer milenio sigue siendo morocho.

La campaña, sumergida en mediciones, discrepa entonces entre los círculos medios que uno frecuenta (porque uno es círculo medio) y lo que se extiende como inmenso y auténtico grueso del país con otro tipo de sabidurías, artes y discernimientos en cuanto a por qué cosas guiarse para el día de las urnas. De ahí las permanentes diferencias entre los porcentajes que obtiene Kirchner y la oposición en aquellas distancias sociales fabuladas y encuestadas, y las que uno obtiene en lo cercano, cuando comparte los scones del té de las cinco de la tarde con conocidos y pares.


Política/antipolítica


Toda discusión sobre las elecciones en estos días puede devenir rápidamente en una ceremonia de sacrificio expiatorio: el político sobre la piedra ritual a punto de ser diseccionado por granuja y malandra. La campaña electoral vuelve a estar impregnada de una fuerte tendencia silvestre antipolítica, conjunto social variopinto que igual va y vota. Desde el 2000 se trata de un ciudadano urbano que fue convirtiendo a los comicios en una ventanilla de pago: experiencia cautiva en la que tiene que hacer cola.

Una antipolítica que reconoce el alto déficit y la corrupción de diversidad de representantes de la política argentina. Pero que en lo profundo e ideológico tiene que ver con otros motivos. En principio forma parte de una vasta cultura antipolítica dominante: la de situar a la política como intrusa, invasora, inconveniente, obstaculizadora del libre juego económico del mercado, como plantea un neoliberalismo triunfante de manera rotunda en las últimas tres décadas capitalistas. Ideología que se fue destilando de mil maneras distintas hasta transformarse en sentido común pletórico: el político es imprevisible, en realidad estaría de más en una sociedad compuesta por empleadores y empleados con “una explotación igualitaria” para todos.

La derecha económica consciente o inconscientemente apuesta a una extinción de la política inmanejable. La izquierda radical comparte ese embate, en tanto para ella representa un mundo burgués indiferenciable que simula pelearse entre sí. Mucho comunicador massmediático con una alta carga de irresponsabilidad lo patrocina y exacerba cotidianamente en una suerte de apuesta al abismo. El camino al sufragio 2007 sufre de este síntoma cualunquista, bastante estudiado últimamente, de claros tintes neofascistas y que remite a la Italia de posguerra y a la Francia de los años ‘50 donde un moralismo patologizado apuesta a un mundo de orden, de mítica “honestidad” cristiana, de autoridad, disciplina, sin generadores de conflictos, sin ideologías “ocultas” ni representantes ladrones elegidos por las turbas clientelísticas. Un recetario que también late en nuestros pantanos telúricos y hace 25 años que yace extrañamente adormecido.


Derechas e izquierdas


El actual itinerario hacia el voto también contiene otra discusión fuerte que pude comprobar en charlas en Buenos Aires y en distintas ciudades del país en estos últimos tiempos. Se postula el anarcronismo de hablar, en relación a los comicios, desde imaginarias derechas e izquierdas, cuando ya no serían tales ni esa topografía hubiese permanecido. Se dice: el kirchnerismo regresó al peronismo a la centroizquierda del mapa pero con toda su derecha adentro. Se dice: las derechas defienden lo mismo que el progresismo en su crítica al gobierno. Todos apuestan a un mitológico “centro” que borraría cualquier huella de derecha e izquierda. La socialdemocracia es una derecha disfrazada. El populismo nunca llega a ser izquierda de verdad. Las posturas radicalizadas de izquierda ya no regresan más políticamente al escenario histórico del mundo.

También sobre este tema, presente en el debate sufragista, el muestrario nacional sufre los avatares de un proceso de época internacionalmente más amplio y abarcador. La extinción de las derechas e izquierdas proviene de un victorioso tiempo cultural neoconservador que se gesta desde finales de los años ‘70 y promulgó el fin de las ideologías, luego el fin de las contraculturas protestatarias, también el fin de la historia, y finalmente el fin de la lógica del conflicto político para sustentar las democracias republicanas liberales.

Proceso de matrimonio entre el libre mercado y este haz de ideologías reactivas a toda transformación social, que se alimenta de la caída de los tétricos stalinismos y socialismos reales, del giro del PC chino hacia el capitalismo, y de una lectura de las socialdemocracias intelectuales europeas que con justicia condenaron la modernidad política del siglo XX en tanto apogeo y ocaso definitivo de las derechas e izquierdas totalitarias.

Pero de manera paradójica la presente escena argentina se encuentra atravesada permanentemente por posicionamientos de izquierdas y derechas casi al desnudo. Mientras se repite –como una letanía supuestamente “sin dueño”– el fin de las derechas y las izquierdas. La campaña electoral vive a diario esta presión atmosférica: desde una lectura divergente sobre alianzas latinoamericanas, hasta lo propalado por un simple programa de radio, o la manera de agarrar un tenedor en la mesa: son actos que en la Argentina exponen una tensión ideológica, política y cultural que remite claramente a izquierdas y derechas. Frente a una huelga, una marcha, un paro de transporte, un piquete, en cuanto a si permitirlo, legitimarlo, prohibirlo o reprimirlo. Un diálogo cotidiano entre argentinos que discrepan duramente.

Frente al delito social, la seguridad, la intervención policial y judicial, el tratamiento con la juventud, las políticas de salud reproductiva, las conductas sociales de la mujer, se respira derecha e izquierda a veces de una forma nauseabunda. Frente a políticas con respecto a las Fuerzas Armadas, los derechos humanos, el juicio a los represores, la memoria de la historia contemporánea, el peronismo, los sectores ganaderos, las privatizadas y sus tarifas, los monopólicos fijadores de precio, la Iglesia de un papado reaccionario, frente a cualquiera de estas cosas el conjunto de la realidad se agrieta de manera grosera entre derechas e izquierdas ideológicas nativas. Este sin duda es otro vector fuerte, trascendente, de un territorio electoral que pisa el sujeto votante y que muchas veces las urnas no despejan ni habilitan del todo como manifestación clara.

martes, 28 de mayo de 2013

EL HOMBRE QUE SE HA PERDIDO A SÍ MISMO de GIOVANNI PAPINI





Nunca he tenido pasión por los bailes o por los disfraces, y no sé cómo dije que sí al señor Secco (Magnetto), que me invitó a una fiesta que daba la última noche de carnaval. La única razón, creo, fue ésta: que todos teníamos que ir vestidos con un dominó blanco y un antifaz negro y bailar sin hablar. Para ver lo que sería, fui.
¡Qué noche tan extravagante fue aquella! ¿Quién era el hombre y quién era la mujer? Encima de cada cara había un antifaz de raso, negro; sobre cada cuerpo, un holgado ropón blanco, Bailaban, creo, incluso hombres con hombres y mujeres con mujeres, y nadie hablaba. A determinada hora terminaron los bailes y todos aquellos embozados, silenciosos, comenzaron a vagar por las habitaciones alfombradas sin hacer ruido ni siquiera con los zapatos, e iban del brazo, o solos, o en grupos, sin orden, sin saber qué hacer. Aquel silencio bajo las grandes luces tranquilas de aquella multitud blanca y negra era más pavoroso que una misa de difuntos.
A mí, no acostumbrado a aquella ceremonia de saltar en pareja, el calor y la fatiga me habían producido dolor de cabeza, de manera que estaba cubierto por un sudorcillo helado y temblaba como si tuviera fiebre. Notaba una confusión, una debilidad tal, que si hubiese tenido fuerza me habría escapado en seguida. Me parecía que la sangre bajara poco a poco del cerebro, que las piernas se doblaran; sentía una opresión angustiosa alrededor del estómago y de la espalda. Estaba a punto de desmayarme, imagino, cuando, levantados los ojos para buscar la salida más próxima, se me puso delante un grandísimo espejo que iba desde el suelo hasta el techo, y tan ancho que cubría media pared. En este espejo se veían reflejados todos aquellos mascarones blancos y negros que vagaban por allí y me entraron ganas -estúpidas ganas infantiles- de mirarme, de ver qué tal estaba metido por primera vez en aquel desmañado vestido.
Miro..., remiro..., busco..., contemplo el espejo..., me asusto. Pero ¿dónde estoy, Dios mío? ¿Quién soy? ¿Cuál es mi cuerpo entre todos estos cuerpos iguales? ¡Yo ya no estoy! ¡Todos iguales, todos de la misma manera! ¿No seré capaz de encontrarme?
 Estoy con la cara hacia el espejo..., pero hay otros que la tienen también en la misma dirección. Yo soy alto, pero casi todos son tan altos como yo. Me muevo para reconocerme, ¡pero casi todos se mueven a mi alrededor!
¿Dónde estoy yo, pues, entre todos ellos? ¿Dónde está mi yo entre toda esta gente extraña y silenciosa? Todos blancos con las caras negras... Yo también, como los demás..., todos iguales, todos Pero ¡yo me quiero a mí! ¡Quiero buscarme! ¡Quiero sentirme a mí mismo! ¡Verme con los demás, pero diferente, destacado de los demás! ¡Quiero verme, ser yo! Me he perdido; me he perdido a mí mismo... ¿Dónde estoy? ¡Búsquenme, encuéntrenme!...
Mientras así me afanaba se me nublaron los ojos, sentí que caía al suelo, y desde entonces, en bastante tiempo, ni supe ni vi nada más.

Cuando recomencé a ver y a hablar era el tercer día de Cuaresma. Me encontré en un corredor largo y blanco, metido dentro de una cama de hierro negro, en medio de varias camas negras iguales a la mía, y de las sábanas iguales y blancas asomaban rostros blancos y amarillos como el mío. También allí me busqué: al sentirme murmurar acudió un doctor vestido de blanco que me miró con curiosidad y me preguntó qué me pasaba. Le dije, en pocas palabras, que me había perdido a mí mismo en una fiesta y que quería encontrarme lo más pronto posible. El doctor, como es costumbre de esas bestias presuntuosas, sonrió cortésmente, me recomendó que estuviera tranquilo y me dijo que me contentaría. Sin embargo, sabía perfectamente que no había creído una palabra de cuanto le había dicho y, dentro de mí, comencé a pensar en la manera de salir de aquellas sábanas blancas y de aquella cama negra.
Al día siguiente vinieron otros doctores y, todos de acuerdo, dijeron que estaba fuera de mí. Era verdad, pero no como lo entendían ellos. Me había perdido a mí mismo, no la razón. Esta razón no era la mía, porque la mía la había perdido junto a mí mismo, pero era una razón y, por tanto, no estaba loco. Tanto es así, que entendía lo que decían y respondía, sin equivocarme, a sus preguntas. Pero de nada me sirvió con aquellos bobos obstinados.
¿Y entonces? Pensé escapar y, dicho y hecho, después de dos días de aquel sufrimiento, a la hora en que venía la gente de fuera para ver a los enfermos, me confundí con otros y salí a una plazoleta soleada que reconocí en seguida. La primera cosa que hice fue ir a casa de aquel señor Secco, que me había invitado a la fiesta, esperando que me encontraría allí, en aquella habitación. Llego, doy un tirón de la campanilla, y viene a abrirme un muchacho que no me quería conocer. Le di un empujón y pasé. El señor Secco estaba tumbado en una mesa y dormitaba, pero se despertó al oír ruido, saltó, agarró un bastón que tenía siempre cerca y, en cuanto me reconoció, me hizo un montón de caricias, se congratuló conmigo por el peligro de que había escapado, me dio de beber y escuchó muy serio mi narración. El señor Secco no es un doctor y por eso no dudó de lo que me había ocurrido. Es más, me acompañó por toda la casa para convencerme de que yo no me había quedado allí la noche de la fiesta. Así, pues, ¡me había perdido en algún otro sitio! ¿Quién podía saberlo? Pregunté al señor Secco los nombres de todos los que habían ido a su baile y él me dio la lista sin hacerse rogar. ¡Qué amable y servicial estaba aquel día! Del señor Secco nunca he tenido ocasión de quejarme, ni entonces ni después.
Salí de su casa un poco consolado, pero no contento. ¿Dónde podía haber ido a parar? Me acordé de aquel alemán -de Pedro Schlemil- que había vendido su sombra y la iba buscando por el mundo. Pero él no había perdido casi nada comparado conmigo, que había perdido el alma, el cuerpo, ¡todo!
Vagué por la ciudad hasta la noche, y miraba a la cara de todos los que encontraba para reconocerme, y todos me miraban mal, y nadie era yo. Fui a casa de aquellos que habían estado conmigo en aquella maldita fiesta de las máscaras blancas. Pero uno estaba fuera; otro no me dejó entrar; el tercero me trató mal; el cuarto quería llamar a la Policía para que volvieran a llevarme al hospital; el quinto me dio la dirección de un médico; el sexto me aconsejó el uso del agua fría; el séptimo me hizo un gran recibimiento, pero no quiso ni oír hablar de mi pena; el octavo negó que hubiera estado en el baile; el noveno admitió que había estado, pero no se acordaba de nada; el décimo estaba enfermo y no hizo otra cosa que desahogarse conmigo sobre la inutilidad de los purgantes; el undécimo se acordaba perfectamente de la fiesta y me dijo que estaba en la sala cuando vio caer como muerta a una máscara, pero no sabía otra cosa sino que aquel desvanecido no era él; el duodécimo palideció cuando le hablé del baile y sacó la bolsa ofreciéndome dinero; el decimotercero...
 ¡Qué importa el decimotercero! Fueron todas visitas inútiles y palabras perdidas. Y cuando, por la noche, volvía hacia casa, me desesperaba y preguntaba continuamente en voz baja: ¿Dónde estoy? ¿Qué haré para reencontrarme?

¡Cuánto me busqué también los demás días! Entré en cien cafés; pasé las noches en diez teatros; tomé parte en demostraciones políticas; asistía a los sermones de Cuaresma; me hice invitar a comidas y recepciones; fui a las clases de la Universidad; me mezclé con la gente de los paseos; pasé horas enteras en la ventana, o quieto en la acera junto a una esquina; miré y escruté miles y miles de caras, seguí a miles y miles de hombres, siempre con la esperanza de reencontrarme y la desesperación de no reconocerme.
Se me ocurrió imprimir unos manifiestos con la descripción exacta de cómo era antes de perderme, y aquello sí que fue grande. Al cabo de un día que los avisos estaban en las paredes, me atraparon tres o cuatro tipos que decían: «¡Es éste, es éste!» Y así gritando me llevaron a mi casa. Golpearon la puerta, tocaron el timbre, llamaron, pero nadie respondió. Yo no tenía ni familia, ni criada, y en casa no había nadie. Al fin, indignados, me dejaron.
-¡Maldito tú y quien te busca!
-Pero ¡qué buscar! Esta es una burla de algún señor extravagante. ¡Los hombres no se pierden como los perros!
Estábamos ya casi al final de la Cuaresma y todavía no tenía ningún indicio de mí, y cada hora que pasaba era una esperanza menos. Sentía que viviendo de aquella manera, con aquel deseo, con aquella congoja, me volvería loco de verdad, y no veía la manera de salir de todo eso. Pasaba el día mirando y espiando a la gente, y los ojos me salían de la cara a fuerza de mirar; me había crecido la barba; me había vuelto seco, amarillo, espantoso. Cuando pasaba por delante de un espejo, volvía los ojos a otra parte para no verme. Me daba cuenta de que los hombres, las mujeres, y especialmente los niños, se reían a mis espaldas, y alguna vez incluso a la cara. Muchos caballeros me preguntaban, con aire piadoso, si me encontraba mal. Una vez, una viejecita me regaló algunas pastillas, elogiándolas mucho.
Pero no estaba enfermo, no. ¡Me quería a mí mismo! ¿Qué había de malo en ello? Todos los hombres quieren este bien. Cada uno se posee a sí mismo: nadie puede ser privado de sí mismo. ¿Por qué aquella imposible, inaudita desgracia me había sucedido precisamente a mí? ¿Qué había hecho para merecerla? ¿Acaso porque había ido a aquella estúpida fiesta? ¿Y los otros, entonces? También ellos habían ido, y habían vuelto a su casa con su cuerpo y su alma, ¡y ahora se reían a mi costa! Sin embargo, tenía que haber un medio para poner remedio a tal desgracia. Quien no muere se encuentra. Se encuentra un bolso ajado, ¿y no se encontraría un hombre? ¿Qué hace el Ayuntamiento que no se ocupa de estos casos? Y el Estado, ¿no es responsable de todos los ciudadanos?
Movido por esos y parecidos pensamientos, fui una mañana al caserón del Municipio, subí al despacho del Registro Civil y pregunté a un empleado en dónde se encontraba en aquel momento Fulano de Tal, es decir, yo mismo, el yo que había perdido. El empleado me pidió dinero, y, después de haber buscado un poco, me dijo mi dirección, ¡la dirección de mi casa! Intenté entonces explicarle que aquella había sido, en efecto, la casa de aquella persona, pero que desde hacía algún tiempo se había perdido y que precisamente por eso preguntaba en dónde podría encontrarla. Aquel ignorante no quiso o no supo entenderme; me dijo que no era posible que uno se perdiera a sí mismo y que, de todos modos, él no sabía nada más. Le contesté que la cosa era tan posible que me había sucedido precisamente a mí, y que él, como funcionario del Municipio, tenía el deber de saber dónde se encontraban todos los habitantes de la ciudad, del primero al último. No hubo manera: él empezó a gritar, yo a chillar. Llegaron sus compañeros y me echaron de allí por las malas.
Cuando estuve en los porches del palacio me dejaron, y yo, en lugar de escapar, empecé a pasear arriba y abajo, furioso, esperando a que saliera alguien que pudiera darme tazón. Paseando de esta manera, a lo largo de la pared, me llamó la atención un gran cartel que tenía escrito arriba: Objetos perdidos encontrados. Me estremecí, y me puse a leerlo con cuidado: siete llaves, una cartera con tres letras, una aguja de plata, dos pares de gafas, una Divina Comedia, un bolso de señora, cinco paraguas, un dominó blanco con máscara negra...
...Sentí un escalofrío por la espalda. ¿Mi dominó? Era un indicio, ¡el primer indicio! Corrí al despacho donde guardan todas las cosas encontradas y pedí mi dominó. Di todos los detalles que me solicitaron: me enseñaron mi vestido blanco. Estaba un poco sucio por una parte, pero lo reconocí: ¡era el mío! Lo había encontrado un muchacho, el primer día de Cuaresma, por la mañana temprano, en la calle donde vivía el señor Secco. Todo contento lo lié, me metí el antifaz en el bolsillo y salí corriendo hacia casa.
¿Por qué estaba tan contento? Sin embargo, aquel maldito saco blanco había sido el motivo principal de mi desgracia y, en aquel momento, no podía verdaderamente ayudarme a encontrarme a mí mismo.
 Pero, como empujado por un anhelo sin tazón, apenas llegué a casa, me lo puse nerviosamente, me coloqué la máscara sobre la cara y corrí ante un gran espejo antiguo, en el que había pintadas, hacia los ángulos, algunas descoloridas flores sentimentales.
Me miré... ¡Heme aquí! ¡Era yo! ¡Soy yo! Me había encontrado. Era yo, en persona. Yo solo. No había otros hombres a mi alrededor. El vestido blanco era mío y sentía que dentro de él estaba mi cuerpo; la máscara negra era la mía y cubría de verdad mí rostro. Me reconocí. Había vuelto. Me había atrapado a mí mismo. Reí y lloré de gozo. Me acaricié.
Pero desde aquel día no he tenido el valor de desnudarme, y estoy siempre en casa, solo, vestido con mi dominó blanco, con mi máscara negra sobre la cara, para estar seguro de no perderme nunca más...

lunes, 27 de mayo de 2013

EN POLÍTICA LA COMODIDAD NUNCA HA SIDO BUENA NOVIA





El debate político de la Patria se ha reducido por completo. Y no puede ser de otra manera cuando uno de los interlocutores se niega rotundamente a entender sobre cuestiones determinantes. Me refiero puntualmente a realizar una sesuda comparativa entre el país del 2003 y el país del 2013. En la actualidad opera con mayor contundencia una misteriosa y casi ridícula puja de rating entre un show televisivo “pseudopolítico” y un partido de fútbol plagado de suplentes, que abordar un análisis serio sobre el proceso político vigente y sus posibles correcciones de cara al futuro. Considero que hay conductas que no tienen retorno. Comportamientos sembrados de incoherencias y perversiones que en algún caso nos tranquilizan como oficialistas, ya que están cometiendo los mismos errores que en el 2011, pero que en lo profundo de nuestras convicciones políticas en nada enriquecen al conjunto.
Como mencionara Nicolás Casullo hace una década, “Néstor Kirchner asume en el 2003 la responsabilidad de una pieza semiarqueológica: los militantes peronistas "setenteros", ahora cincuentones, quienes viven la biografía del movimiento del 45 como sentados en una estación abandonada y ventosa muy al sur del país por donde volver a pasar, aunque todavía no se note, ni se crea, ni se oiga, aquel verdadero tren de la historia que algún día podrá llenar de humo purificador a la patria”. Pues desde aquel momento hasta la fecha, desde aquella invitación al sueño cuál es el balance. Hay cientos de contadores que se esfuerzan por exhibir lo que debió haber sido sin especificar los cómo, los modos. Por ejemplo: ¿Puede haber AUH sin la nacionalización de los fondos de pensión y sin las retenciones que afectan a los productos primarios? ¿Podemos establecer estrategias industrialistas para agregarle valor a nuestras exportaciones sin tener el manejo soberano de nuestras fuentes de energía? ¿Cómo se logra estar cerca del hambre cero sin afectar intereses de los sectores dominantes?.






John W. Cooke sentenció por el 64: “para saber cuales son nuestras fallas y llegar a sus causas hay que tener una visión global de la Argentina, de las fuerzas que chocan en su seno, de las características que revisten esos conflictos. Dentro de ese marco histórico, hay que examinar el significado del peronismo, con qué tendencias sociales es irreductiblemente antagónico, qué políticas lo condenarán a frustrarse y cuáles sirven al objetivo de realizarnos como destino nacional. Por no plantearse correctamente todo esto, las burocracias siempre rectifican los aciertos y reinciden en los errores. La indigencia teórica arrastra a los desastres estratégicos. Lo primero que procuramos demostrar en la brevedad de este informe es que la teoría política no es una ciencia enigmática cuya jerarquía cabalística manejan unos pocos iniciados, sino un instrumento de las masas para desatar la tremenda potencia contenida en ellas. No les llega como un conjunto de mandamientos dictados desde las alturas, sino por un proceso de su propia conciencia hacia la comprensión del mundo que han de transformar”.
Resulta muy fácil caer en la celada reduccionista cuando el antagonista es tan básico. No se puede salir a jugar sin entrenar, y uno entrena con los propios. Por eso desarrollar pensamiento crítico dentro del oficialismo, dentro de ese multitudinario pogo popular del 25 me parece esencial en los tiempos que corren. De ese modo nos evitaremos caer en la indigencia teórica de la que nos habló Cooke. Ante la existencia de una oposición exigente nos debemos exigir, pero ante la ausencia de ella, tal como ocurre en el presente, nos debemos interpelar doblemente, la comodidad intelectual nunca ha sido  buena novia.




EL CUARTO 25 DE MAYO por HUGO PRESMAN



1810-1973-2003...


El 25 de mayo del 2013 coincide con 10 años de kirchnerismo. Más que un modelo, una dinámica política con rupturas importantes  y con continuidades con la década del noventa El balance arroja un superávit que era difícil de atisbar y mucho menos imaginar o pronosticar en aquél incierto 25 de mayo del 2003.

Tres gobiernos que han concretado entre otras medidas rupturistas con la década anterior tales como: haber colocado la política sobre la economía y haber recuperado la presencia del Estado como regulador y limitador de las desmesuras del mercado; la negociación de la deuda, con su significativa quita y reprogramación de los pagos bajando el peso fundamental de la misma, que precipitó todas las crisis económicas desde 1983, un verdadero caballo de Troya dejado por la dictadura establishment-militar; el crecimiento a tasas chinas del PBI, la política de derechos humanos y el juzgamiento de los genocidas; la apertura de la Casa de Gobierno a las organizaciones sociales y organismos de derechos humanos; el cambio en la integración de la Suprema Corte de Justicia y el modo de la elección de sus integrantes;  la política exterior latinoamericana; el no al ALCA, un hito histórico; la estatización del correo, de Aerolíneas Argentinas, de YPF, de Aguas Argentinas y de las AFJP;  la mejoría en la distribución del ingreso; la disminución a límites manejables de la desocupación con la creación de millones de puestos de trabajo; la posibilidad de incorporar a dos millones de personas a la jubilación que habían quedado excluidas de las AFJP (y que debido a su pase al Estado los jubilados obtengan dos aumentos anuales que por ahora han sido superiores a la inflación); la asignación universal por hijo; el matrimonio igualitario y  la identidad de género; la ley de las empleadas del hogar; la nueva ley que rige las relaciones laborales de los  peones rurales; la ley de medios de comunicación; el proyecto modernizador de unificación de los códigos civil y comercial; el fomento a la industria; el funcionamiento pleno de las convenciones colectivas de trabajo y de las paritarias; la no judicialización de la protesta social; el intento de recuperar el predio de la Rural; las luchas contra ciertos sectores importantes del poder, como la Iglesia, la mesa de enlace agropecuaria, Techint, Repsol, Shell, AEA; la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, hasta ese momento trinchera financiera del neoliberalismo; la incorporación de los jóvenes a la política, la repatriación de científicos; el aliento a la ciencia y a la tecnología; el haber llevado el presupuesto en educación al 6% del PBI, la construcción de escuelas y hospitales; la construcción de viviendas populares, las políticas económicas contracíclicas, muy valorables, en momentos de crisis internacionales y propias. 

Como continuidades, y por lo tanto materias pendientes: la concentración y extranjerización de la economía; una estructura económica exportadora que continúa primarizada; la lamentable política minera;  el mantenimiento de un regresivo sistema tributario; el atraso notable en lo que se refiere a transporte e infraestructura; la tardanza en asumir el déficit energético que hoy constituye una hipoteca en la balanza de pagos; el enriquecimiento de funcionarios imposible de justificar. Como déficits propios, la inexistencia de estadísticas confiables con la intervención del INDEC, la minimización del efecto muy negativo de la brecha cambiaria, la tardanza en hacerse cargo de la necesidad de acotar la inflación con medidas imaginativas, la minimización del problema de la seguridad, la indiferencia sobre los derechos de los pueblos originarios con importantes violaciones a los derechos humanos, el no haber puesto todos los recursos del estado para aclarar desapariciones como la de Jorge Julio López y Luciano Arruga, la desarticulación de organismos de contralor,  la complicada construcción política durante la segunda presidencia de Cristina Fernández difícil de descodificar y que abre un importante interrogante de cara al futuro. Tendencia al aislamiento y una creciente tentación de considerar enemigo a quien desde el mismo campo señala problemas evidentes, lo que alienta al chupamedismo y la alcahuetería.

En un punto intermedio, una interpretación histórica valorable pero sesgada de la década del setenta.

 Parece evidente que los avances sociales y políticos son mucho más intensos que los operados en el campo de la estructura económica.

El décimo año del ciclo se presenta con un frente externo caracterizado por el acoso de los fondos buitre; una disminución significativa del crecimiento económico; caída en la construcción; un aumento pequeño de la desocupación; el desgajamiento del apoyo sindical; el enfrentamiento con el cavernícola poder judicial;  un malestar creciente en las clases medias traducido en tres cacerolazos en los últimos nueve meses;  y una intensificación notable del conflicto con los medios dominantes que han decidido echar el resto para desestabilizar en forma brutal , hacer retroceder al gobierno e infligirle una derrota en el 2015. Tropiezan en su intención con una oposición carente de alternativas, fragmentada, no representativa, y manejada por Clarín en forma tan desfachatada como la pretendida ley de defensa de la libertad de prensa que intentan imponer legislativamente dos candidatos del grupo, como Macri y De la Sota, con concesiones al medio que dejarían al colonial tratado Roca- Runciman como un ejemplo de soberanía.

El kirchnerismo ha demostrado en situaciones difíciles una gran capacidad de avanzar.

A su vez el gobierno carece también de un candidato para el 2015, cerrada la posibilidad de reelección de Cristina.

Detrás de este escenario intrincado, está la lucha de dos proyectos en pugna, ese que atraviesa la historia argentina y que se caracteriza porque ninguno se puede imponer definitivamente. 

24-05-2013 
Todos los derechos reservados. Hugo Presman. Para publicar citar fuente.
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domingo, 26 de mayo de 2013

JUAN JOSÉ HERNÁNDEZ ARREGUI sobre los intelectuales burgueses





“La clase media tiende a la formación de grupos intelectuales que fluctúan, por diversos motivos, entre las élites que miran hacia arriba y los ghettos espirituales que miran hacia abajo. Esto explica la abundancia de intelectuales de izquierda que se pasan a la derecha ideológica, al conservatismo social. En realidad, los intelectuales son los que sienten más vivamente esta situación incierta que ocupan en la sociedad. Mientras la perspectiva de descender les lleva a la comprensión de la lucha que libra la clase trabajadora por otra parte les estimula a no caer en ella”.
“En la escuela le enseñaron a preferir el inmigrante al nativo, en el colegio nacional que el capital extranjero es civilizador, en la Universidad que la Constitución de 1853 ha hecho la grandeza de la Nación o que la inestabilidad política del país es la recidiva de la montonera o de la molicie del criollo. Este estado de espíritu, fomentado sutilmente por la clase alta aliada del imperialismo, distorsiona la conciencia de estos grupos, cuyo escepticismo frente al país favorece el pasivo sometimiento intelectual”.
“Estos intelectuales democráticos, a veces a pesar de ellos, sin conciencia de su verdadera situación al ligarse a la oligarquía, representan a la pequeña burguesía pro imperialista. El carácter uniformemente extranjerizante de sus escritos, refleja la naturaleza portuaria de esa mentalidad parasitaria del comercio de exportación. En esa literatura hay una voluntad narcotizante en el doble plano estético y político”.


Nota: El tamaño de las ilustraciones forma parte de la editorial...

MAESTROS DEL BLUES. LONNIE JOHNSON




Existe un mito sobradamente justificado que pone al amante del blues como un ser poco menos que solitario, envuelto en la bruma provocada por los vapores del alcohol y el semblante de unos ojos cavernosos en los que aún brilla el fulgor de millones de lágrimas, rostro cruzado por innumerables arrugas que confieren un mayor grado de dramatismo al personaje, empuñando una guitarra polvorienta y medio rota, con dedos grandes y uñas sucias. El bluesman de los años veinte se parece más a un habitante de las chabolas levantadas en las periferias de las grandes urbes del siglo XX que a un ilusionado juglar de los campos de Alabama. Este retrato no encaja en absoluto con Lonnie Johnson. Un exquisito guitarrista de estilo pulido, refinado y con veleidades jazzísticas, dotado de una voz limpia y clara, elegante y bien timbrada. En suma un autor e intérprete sofisticado pero bastante original que fue capaz de dominar más de doce instrumentos. Lonnie es el peldaño necesario entre el blues y el jazz tradicional. (Carlos Tena)...





GRANDES MUJERES DE LA HISTORIA Y MATEANDO CON LA CIENCIA. HOY CEBA MARGARET MEAD








La socióloga Emily Fogg y el profesor de Economía Edward Sherwood Mead recibieron a su primogénita Margaret, el 16 de diciembre de 1901, en Filadelfia, Estados Unidos. Desde el primer momento le brindaron gran cariño y un respeto que le permitió, crecer afirmando una personalidad donde la comprensión hacia sus semejantes figuraba entre los principales valores.

De su padre asimiló la convicción de que lo más importante que una persona podía hacer era agregar algo al cúmulo de conocimientos del mundo. También importante fue la influencia de su abuela materna, Martha Ramsay -pionera de la psicología infantil-, que le inculcó hábitos de observación y reflexión sobre la conducta de los pequeños y, además, le enseñó a no sentirse disminuida ante los varones por su condición de mujer. El resultado de esta educación fue una adolescente segura de sí misma, dueña de una comprensión del prójimo poco común para su edad.

Su gran curiosidad intelectual la inclinaba hacia las letras y la pintura y, por ello, se inscribió a los 18 años en la Universidad de Indiana. Sin embargo, al año siguiente ingresó en el Bernard College de la Universidad de Columbia, donde asistió a un curso de Antropología dictado por Franz Boas y Ruth Benedict, dos grandes maestros de la disciplina que ella tanto amaba, que la decidió definitivamente por las ciencias de la cultura. 


SOCIEDADES EXTRAÑAS


Adolescente todavía, conoció a Luder Cressman, un joven seminarista protestante tan apasionado por la poesía como ella, con quien inició un largo noviazgo que culminó en su primer matrimonio celebrado a los 22 años de edad. Pero esta unión duraría poco tiempo: el dogma religioso era incompatible con la desprejuiciada formación de Margaret y poco después de obtener su licenciatura (1925) se separaron; él marchó a Inglaterra, en tanto que ella realizaba su primera expedición a las pequeñas islas Tau, del grupo de Samoa, en Oceanía.


A la distancia geográfica que la separaba de su medio habitual había que añadir la espiritual. Durante un año compartió su vida con una comunidad samoana cuyo acervo cultural representaba milenios de evolución divergente de la historia de Occidente. Allí aprendió a andar descalza, vestirse con faldas de paja e inclinarse casi hasta el suelo en presencia de un individuo de mayor rango social, pero también conoció una actitud distinta hacia la niñez y la juventud, una sociedad donde la represión sexual era infinitamente menor y diferente de la occidental, donde el conocimiento del cuerpo era mayor y donde la crisis de la pubertad era desconocida.

Margaret, que distaba mucho de ser simplemente una viajera curiosa, volcó luego esas experiencias en un libro que se convirtió en un clásico de la literatura etnográfica: Adolescencia y cultura en Samoa. A su regreso, inició su labor docente en el Museo de Historia Natural de Nueva York, donde desempeñó larga y proficua labor científica. Realiza numerosos viajes a Europa, donde asiste a cursos y conferencias de su especialidad y, en 1928, se casa con el doctor Reo Fortune; tiempo más tarde publican juntos Educación y cultura en Nueva Guinea, fruto del esfuerzo en común.

Solo en 1930 se le presenta la oportunidad de realizar un trabajo de campo en Estados Unidos. Lo lleva a cabo entre los indios omaha, en la reserva de Nebraska, y publica los resultados bajo el título de La cambiante cultura de una tribu india. A fines de 1931, el matrimonio desembarca en Nueva Guinea y se instala en las aldeas de los arapesh, pueblo montañés, pacífico y mal nutrido que los acoge hospitalariamente. Allí desarrollan una importante investigación sobre la influencia de los roles sexuales en la cultura, y sobre las formas en que están relacionadas las diferencias innatas de temperamento y cultura.

Además, estudian el condicionamiento de las personalidades sociales en los dos sexos y compilan los resultados en Sexo y temperamento en las sociedades primitivas. La estada en Nueva Guinea se prolonga y también los caníbales mundu gumores del río Yuat y los cazadores de cabezas tchambulis se prestan para que Margaret prosiguiera investigando sobre educación y conducta, infantil. En dos años, ella y sus colaboradores rescatan para la historia de la humanidad la memoria y las costumbres de 30 culturas primitivas de la región. La cuestión fundamental estaba centrada en la relación existente entre las formas de organización social y los tipos de las estructuras de carácter. A partir de estos estudios llegan a demostrar la interdependencia entre el estilo de vida y ciertos rasgos asociados de carácter que antes se consideraban innatos.

Pero no todo marchaba bien en la vida de Margaret. Los desacuerdos con su esposo van separando a la pareja y en 1935 se divorcia de Reo Fortune, quien se traslada a China a dictar cátedra. Ella, por su parte, viaja a Inglaterra y ese mismo año contrae enlace con George Bateson, antropólogo británico que había colaborado en las investigaciones realizadas en Nueva Guinea. Juntos preparan una expedición a la isla de Bali, donde trabajan durante más de tres años.

Cuando regresa de Bali, en 1939, está embarazada, hecho que la toma de sorpresa, puesto que pensaba que ya no habría de tener hijos. Grandes cuidados y sacrificios tuvo que realizar para concretar ese sueño que ya creía inalcanzable.

El 8 de diciembre de 1939 nace Mary Catherine, muy parecida a su madre, quien poco después reanuda su tarea docente y recibe el título honorífico dé Doctora en Ciencias. Su maternidad y la segunda guerra le imponen una vida más sedentaria, pero no menos activa. Además de atender su cátedra se desempeña como secretaria ejecutiva del Comité de Hábitos Alimentarios del Consejo Nacional de Investigaciones de su país. Luego de la guerra colabora con distintos organismos de asistencia de la O.N.U.

Publica constantemente folletos e investigaciones, preside asociaciones y entidades científicas de gran jerarquía como la Asociación Antropológica Norteamericana, en 1960, y sin embargo encuentra tiempo suficiente para volver repetidas veces a las Islas del Pacífico y de Oceanía.

A los 70 años, abuela ella misma, conoce a los nietos y biznietos de aquellos manus, iatmules, mundugumores y sa-moanos que le abrieron sus hogares cuando ella era joven recién graduada. A los samoanos los visitó por última vez en 1973, cuando ejercía la presidencia de la Unión Internacional de Ciencias Antropológicas y Etnológicas.


EL VERDADERO SENTIDO DE UNA VIDA


Su incesante actividad, traducida en viajes, cátedras, publicaciones y trabajos en diferentes comités científicos, le valía ya el reconocimiento internacional. Pero fue después del conflicto mundial, al acercarse al medio siglo de vida laboriosa, cuando comienza a publicar sus reflexiones sobre la sociedad industrial y, en particular, los Estados Unidos. Como si tratara de hallarse a sí misma, se había adentrado en las costumbres de otros pueblos para observar con una nueva luz la cultura de su propia comunidad.

En 1948 aparece su libro Hombre y mujer, donde comienza a advertir al orgulloso pueblo norteamericano que se inicia un período de profundas renovaciones, donde corre peligro no solo el modo de vida americano, sino también la existencia misma de la humanidad, amenazada tanto por el cataclismo nuclear como por la incomprensión, el prejuicio y la opresión, ejercidos en el nivel de las grandes potencias y las clases sociales e incluso en las relaciones personales.

Cuestiona también, con gran lucidez, el porvenir de instituciones tales como el matrimonio y el sistema, educativo. Combate en todo terreno las remoras racistas y ello le vale ser denostada por los círculos más regresivos y conservadores. Pero, por otro lado, estas actividades le granjean la confianza de los intelectuales jóvenes del mundo entero, a pesar de la distancia generacional que la separa de ellos y que Margaret Mead nunca pretendió ignorar.

Fuente Consultada:
 
Vida y Pasión de Grandes Mujeres - Las Reinas - Elsa Fólder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
http://www.portalplanetasedna.com.ar/margaret_mead.htm