EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

viernes, 29 de abril de 2016

Maestros del blues. Jimmy Dawkins






Nació en Tchula Mississippi, el 24 de octubre de 1936, guitarrista y cantante, fiel representante del blues eléctrico de Chicago. Es considerado un músico de estudios logrando amplia reputación por la calidad de su sonido. Desde 1969, año de su primera grabación, hasta el año 2005 ha desarrollado una amplia cantidad de proyectos discográficos en solitario, más de dos decenas avalan lo dicho, por fuera de las colaboraciones especiales y sus actuaciones en vivo. Falleció el 10 de abril del 2013 a los 76 años de edad…






Triste tiempo es aquel en el que predominan los gestionalistas




Si hay un término en la modernidad que ha banalizado a la política y la ha puesto en su más bajo rango de importancia es la palabra gestión. Término aceptado por propios y extraños, por el amplio espectro ideológico, por la mass media y por la intelectualidad. Gestión acuareliza la importancia que reviste la toma de decisiones colectivas concretas y direccionadas hacia fines determinados. Gestión, en el inconsciente y consciente colectivo, omite el sesgo ideológico que tienen esas decisiones y los intereses a los que apunta, ya sea para privilegiarlos o beneficiarios, y en consecuencia, a cuales perjudica. Sospechosamente notamos que los perjuicios no son tenidos en cuenta como incisos políticos, acaso daños colaterales de una gestión inevitable. La gestión no admite discusión, la política sí, de allí el gran éxito de la primera dentro de los sectores dominantes. Gestionar es simplemente tramitar burocráticamente sobre cánones ya establecidos sin ponerlos en discusión, hacer política es tomar decisiones aún en contra de esos cánones establecidos, revolviendo y repensando constantemente su significado y su significante, su contenido y su continente. Hay una campo de diferencia entre un político de raza y un gestionalista, lamentablemente estos últimos han ganado la partida, incluso dentro del campo popular, de manera que no esperemos milagros, los resultados vistos y los por venir no pueden ser otros que los actuales, acaso potenciados… 


jueves, 28 de abril de 2016

"Podemos tener democracia o riqueza concentrada, pero no podemos tener ambas."



Pobreza, desigualdades y libertades
Fuente. Revista Sin Permiso
Conferencia de Daniel Raventós, profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, miembro del Comité de Redacción de sinpermiso y presidente de la Red Renta Básica. Es miembro del comité científico de ATTAC. Su último libro es ¿Qué es la Renta Básica? Preguntas (y respuestas) más frecuentes (El Viejo Topo, 2012).



Muchas gracias a las personas que han hecho posible este evento y que me han dado la oportunidad de compartir y discutir con todos ustedes algunas propuestas políticas y económicas. Gracias, pues, a los senadores Luis Sánchez y Miguel Barbosa, a los miembros de la CEPAL Hugo Eduardo Beteta y Pablo Yanes, a Rubén Islas, al Senado de la República de México.
Me toca hacer la primera conferencia de este Seminario Internacional lo que significa que tendré que hablar de algunas generalidades sobre aspectos relacionados con la Renta Básica que las personas que hablarán en las sesiones posteriores ya no tendrán la necesidad de repetir. El título de este seminario internacional es “Renta Básica y distribución de la riqueza” y el título de mi intervención es “Renta Básica: pobreza, desigualdad y libertades”. Intentaré ceñirme muy estrechamente a estos enunciados.
Permítanme citarles dos frases de personajes muy diferentes. La primera es de Louis Brandeis, Juez de la Suprema Corte de su país vecino, los EEUU, de 1916 a 1939, que dijo: "Podemos tener democracia o riqueza concentrada, pero no podemos tener ambas." La segunda es de Cass Sunstein, constitucionalista del mismo país que Louis Brandeis. En una entrevista realizada por la University of Chicago Chronicle, en abril de 1999, apuntó: “El argumento de que la libertad depende de los impuestos es tan elemental que uno puede abrigar cierta esperanza de que al menos alguna versión del mismo sea aceptada.” Y continuaba: “No es que el punto sea sorprendente; lo verdaderamente sorprendente es que existan argumentos en contra.” Tanto lo que expresan Brandeis como Sunstein servirá de hilo de unión a mi intervención.
Las grandes desigualdades son una amenaza a la libertad de la mayoría. No ha habido ningún autor mínimamente serio que haya sido un defensor de lo que para simplificar podríamos llamar igualdad total. Si “igualdad total” son palabras con algún sentido preciso. Efectivamente, formamos una especie cuyos integrantes somos muy diferentes. Unas personas son jóvenes y otras casi centenarias, unas gozan de buena salud y otras la tienen muy precaria, unas son muy inteligentes y otras no tanto, a unas les chifla leer prensa deportiva y a otras estudiar a Aristóteles, unas desean escalar montañas y otras atiborrarse de pornografía, etc. Todo eso es muy trivial. Y constatar estas evidencias resultaría innecesario si no fuera porque en ocasiones estas grandes diversidades en las preferencias y en la constitución natural se utilizan para intentar defender situaciones sociales que no son producto de desigualdades más o menos neutras sino que son producto de desigualdades completamente inicuas. Hay desigualdades que no afectan a la libertad de la mayoría, pero hay otras que la comprometen cuando no la impiden.
Para los que somos partidarios de la más de dos veces milenaria tradición de la libertad republicana, las grandes desigualdades económicas son una amenaza a la libertad de la gran mayoría. Cuando un poder privado es tan inmenso que puede imponer su voluntad o, más técnicamente, su concepción particular del bien, al resto de la sociedad o a una gran parte, la libertad de esta mayoría está seriamente afectada. Los poderes privados más desarrollados que actualmente pueden imponer su voluntad a la gran mayoría de la sociedad, incluidos muchos Estados que parecen estar a su servicio (y en muchos casos están directamente a sus órdenes), son las grandes transnacionales. Mediante amenazas de distinto calibre (migración a otro lugar, cierre de fábricas…) estas grandes transnacionales han conseguido entre otros objetivos: rebajas del impuesto de sociedades, bonificaciones fiscales muy diversas, adjudicación de terrenos de forma ventajosa respecto a otras empresas… Y todo esto sin tener en cuenta la corrupción y la compra de favores. ¿Alguien puede dudar que estas situaciones afectan a la libertad de la inmensa mayoría? En otra sesión se hablará sobre un referéndum en Suiza sobre la renta básica. No es de eso a lo que voy ahora a referirme. Sino a una barbaridad que es completamente legal. Zug es una ciudad suiza en la que están censados unos 20.000 habitantes y tiene una superficie de 35 quilómetros cuadrados, pero se trata de una ciudad muy especial. Zug es la sede de casi 30.000 empresas. Muchas de estas sedes de grandes multinacionales ubicadas en este pueblo suizo no tienen ni un solo empleado. Zug fue la pionera suiza en ofrecer impuestos testimoniales a las grandes empresas.
El que fuera presidente de EEUU, F.D. Roosevelt, calificó a las grandes empresas de “monarcas económicos”. La razón es que atentaban contra la libertad de la república, es una vieja tradición monárquica la de atentar contra la libertad republicana. Y lo siguen haciendo hoy de una forma más  impune. ¡Cómo calificaría Roosevelt ahora a estas empresas 80 años después cuando se estima que hay 2,5 lobbistas por cada diputado en EEUU!
La vieja tradición republicana ha defendido: si la existencia material de millones de personas depende de la arbitrariedad de algunos pocos y potentes poderes privados, la libertad de estos millones de personas peligra si no está ya sometida. Y las condiciones de la existencia material hoy de millones de personas depende de unos pocos consejos de administración privados.
Es muy reconfortante para los que amasan grandes fortunas escuchar a periodistas y académicos que atribuyen la razón de estas acumulaciones a los enormes méritos desplegados para conseguirlas. Méritos que les hablan y halagan con músicas que les placen enormemente: si han llegado donde están es porque se trata de grandes emprendedores o inteligentes innovadores o genios financieros o working rich… No todo el mundo dispone de esos méritos y genios, y por tanto, hay que aceptar que es el pago justo a tanta excelencia. No solamente se trata del llamado “sesgo de la confirmación”, según el cual la información acorde con las propias convicciones se procesa de forma mucho más favorable que la información que no se ajusta a las mismas. Hay más. Así, la desigualdad no sería sino el coste que hay que pagar a cambio de la oportunidad. Por recordar algunos datos conocidos que no hacen tan favorables las cosas para los muy ricos: el 40% de los 400 estadounidenses más ricos habían heredado más de un millón de dólares de sus mayores. Con un millón o más de dólares, sin contar relaciones, educación, amistades aportadas por las familias de origen, ya se empieza la carrera de una manera bastante ventajosa. Más gratificante es, empero, para estos tipos achacar a los méritos propios su privilegiada posición. Y siempre hay académicos y periodistas dispuestos a decírselo repetidamente para hacerles más fantástica su ya afortunada existencia. Tampoco es necesario ser muy extremista a la hora de agasajar a los muy ricos y, en perfecta simetría, responsabilizar a los pobres de su desgraciada situación. No hace falta, por ejemplo, llegar a las propuestas de Thomas Nixon Carver, el que fuera catedrático de política económica en la Universidad de Harvard entre 1902 y 1935 y uno de los presidentes de la American Economic Association. Este pimpante economista proponía la esterilización de los “palmariamente ineptos”, es decir, a los que no alcanzaban un ingreso anual de 1.800 dólares. Los que eran pobres. En los años 30 del siglo pasado, que es cuando se hizo la propuesta, esta cantidad abarcaba al 50% de la población de entonces en EEUU, es decir, a unos 60 millones de personas. No se andaba con pequeñeces el señor Carver. Vease: los “palmariamente ineptos” eran los pobres, los que ganaban más de 1.800 dólares anuales, no lo eran. Pero, insisto, no hace falta llegar a tanto extremismo como el de Nixon Carver: es suficiente con que los periodistas y académicos mencionen que los ricos han hecho méritos para justificar sus inmensas fortunas. Sin olvidar a la envidia que, según ellos, invade al resto de la población no rica. Y se llega a la increíble idea de que si se critica a la riqueza y a los ricos es por envidia. ¡Increíble! Pero repito, no hace falta llevar las cosas tan lejos, la justicia de la situación de los ricos se puede presentar más moderadamente. Al fin y al cabo, ¿no son estas fortunas las que contribuyen con alguna cantidad a paliar algunas desgracias en el mundo? La filantropía-caridad-reducción de impuestos a la que se dedican algunos de los grandes multimillonarios no solamente lava conciencias sino que es muy rentable. Y a nadie le amarga un dulce..
Desde el inicio de la crisis económica las distancias sociales y las desigualdades entre los más ricos y el resto de la especie se han incrementado. Ya en el año 2012, por citar a un economista más que conocido, Joseph Stiglitz escribía: “[Q]uienes más padecen las crisis son los trabajadores y las pequeñas empresas, y eso ha sido especialmente cierto durante esta crisis, en la que los beneficios de las grandes empresas siguen siendo elevados en muchos sectores, y a los bancos y a los banqueros les van bien las cosas.” Mucho más recientemente, a raíz de la publicación de los llamados “papeles de Panamá”, Thomas Piketty escribía hace tan solo unos días: “En muchas zonas del mundo, las más grandes fortunas han seguido creciendo desde 2008 mucho más rápidamente que el tamaño de la economía, en parte porque pagan menos impuestos que los demás.”
La relación entre economía y política a veces es clara, a veces sutil y a veces cuesta de encontrar. Pero una idea que me gustaría dejar bien clara es esta: no hay economía o política económica neutra. Toda política económica favorece a unos determinados grupos sociales y perjudica a otros. Se puede decir de muchas maneras diferentes, pero podemos tomar la de un economista hoy legendario, J.K. Galbraith: "la economía no existe aparte de la política".
No hay nada más falso que las cantinelas más repetidas por casi todos los gobernantes europeos cuando se refieren a las políticas económicas puestas en marcha a raíz de la crisis económica: "son las medidas que el país necesita", "son necesarios estos sacrificios para salir pronto de la crisis", "la situación económica impone estas desagradables medidas", "todos debemos sacrificarnos para salir adelante", etc., etc. Ninguna medida de política económica mínimamente importante es neutral en el sentido preciso de que perjudica o beneficia a toda la población. Toda medida de política económica perjudica a unos sectores sociales y beneficia a otros. Ejemplos, meros ejemplos: rebajar los impuestos a los más ricos, congelar o bajar las pensiones, facilitar y abaratar los despidos laborales, bajar el sueldo de los trabajadores del sector público, destinar menos recursos a la educación pública, idear unos presupuestos públicos de austeridad en plena recesión… No es difícil descubrir quién gana y quien pierde en cada uno de estos casos. Primero se decide a qué sectores sociales se va a favorecer y después se instrumentan los medios económicos que hará posible lo primero. En palabras del ya citado Joseph Stiglitz: "El gobierno tiene la potestad de trasladar el dinero de la parte superior a la inferior y a la intermedia y viceversa".  Y lo viene trasladando de la parte inferior a la superior de forma constatada por muchos economistas que se han puesto a estudiar la distribución de la riqueza sin prejuicios: por citar a unos pocos, Roberts, Picketty, Baker, Pizzigati, Zucman, Stiglitz y, entre ustedes en México, Alejandro Nadal y Enrique Del Val Blanco.
La propuesta de la Renta Básica, una asignación monetaria incondicional a toda la población, debe ser vista como un componente de una política económica. La Renta Básica no es solamente una medida contra la pobreza, es una propuesta que pretende ser parte integrante de una política económica diferente a la practicada especialmente a partir de los años 80 en la mayor parte de las economías más desarrolladas. Una política económica que quiere dotar de la existencia material imprescindible a la población para hacer posible la libertad efectiva de todos los miembros de la sociedad.
La propuesta de la Renta Básica es la mejor manera, dada la realidad socioecónomica de principios del siglo XXI, para garantizar la existencia material a toda la población. Una asignación monetaria incondicional a toda la población. Y aquí resulta clave la palabra “incondicional”, cuestión sobre la que a buen seguro algunas personas que hablarán a lo largo de las  distintas sesiones de este seminario se referirán. Piénsese en el sufragio universal, allá donde está conquistado, todas las personas adultas tienen el derecho a ejercer el derecho al voto, sin condiciones, sin tener que demostrar que son ricos o pobres, hombres o mujeres, homosexuales o heterosexuales, gordos o flacos, creyentes en alguna religión o ateos convencidos…
“Pero es que a diferencia del sufragio universal la Renta Básica cuesta dinero”, se ha contestado más de una y de cien veces.
Algunas palabras al respecto. Cuando se está defendiendo la Renta Básica, poco se nos dice si no se acompaña de una propuesta de financiación. La Renta Básica puede financiarse de formas que para mí resultarían completamente rechazables: mediante el desmantelamiento o el debilitamiento de la sanidad y la educación públicas, por ejemplo. O de forma más general, financiar la Renta Básica a costa de desmantelar las conquistas fundamentales del Estado de Bienestar. La Renta Básica al menos como la encuentro política, social y filosóficamente interesante debe ser financiada mediante una reforma fiscal que suponga una gran redistribución de la riqueza de los sectores  más ricos al resto de la población. Esto es lo que hemos hecho tres miembros de la Red Renta Básica, Jordi Arcarons, Lluís Torrens y yo. Disponíamos de casi dos millones de declaraciones del Impuesto de la Renta de las Personas Físicas.
¿Cuáles son las conclusiones del estudio que si luego desean podré detallar?:
*Es posible financiar una Renta Básica para todas las personas adultas del Reino de España de 7.471 euros anuales (que era la cantidad calculada del umbral de la pobreza para el año del estudio) y de 1.494 para los menores, mediante una reforma del Impuesto de la Renta de las Personas Físicas.
* Eso significaría acabar con la pobreza de forma inmediata (en el Reino de España el porcentaje de personas pobres ronda el 22-24% de la población).
* El índice de Gini pasaría a ser del 0,25, un nivel similar a los estados menos desigualitarios del mundo. Otros índices no tan conocidos como Kakwani y Suits confirman la gran progresividad fiscal que supondría la implantación de la Renta Básica que proponemos.
Los detalles están publicados y a disposición de quien quiera analizarlos a fondo y no voy a abusar de su paciencia dando aquí más datos.
Se me avisó que el Consejo de Evaluación de la Política de Desarrollo Social de México (Coneval), en su informe 2014 sobre la política social, planteó la necesidad de que en México se discutiese la renta básica universal o ingreso mínimo universal frente a los límites de los programas de transferencias monetarias condicionadas. Esto lo he podido leer en la página 198 del mencionado informe. Creo que será pertinente, ya que se trata de la primera conferencia de este seminario, hacer un breve repaso de las diferencias que la literatura académica ha ido exponiendo a lo largo de las últimas décadas que existen entre los programas de transferencias monetarias condicionadas y la propuesta de la Renta Básica o Ingreso Ciudadano como es más conocido en México.
“El sistema sepulta a la gente en la espantosa trampa de la pobreza.” Estas son palabras recientes de Guy Standing, miembro fundador de la Basic Income Earth Network y teórico del llamado “precariado”. La Renta Básica permite eludir las llamadas trampas de la pobreza y del paro. Las transferencias condicionadas no. Cuando somos perceptores de un subsidio condicionado, nos hallamos ante un fuerte desincentivo a buscar y realizar trabajo remunerado, pues ello implicaría la pérdida del subsidio. Ni que decir tiene, sustituir una prestación monetaria por un salario bajo resultante de una ocupación precaria y alienante no parece la más sensata de las opciones, razón por la cual no pocas personas prefieren no buscar o aceptar esos empleos o hacerlo en la esfera de la economía sumergida. En cambio, un subsidio incondicional como la renta básica funciona como un suelo, nunca como un techo: la realización de trabajo remunerado no implica la pérdida de la prestación, con lo que el desincentivo a la actividad desaparece. Sencillamente, podemos ir acumulando ingresos procedentes de las fuentes que sean, y en caso de que tales ingresos superen ciertos umbrales, nos corresponderá ir aportando a la sociedad a través del sistema impositivo.
Las transferencias condicionadas para recibirlas exigen una serie de condiciones. Puede tratarse de condiciones más o menos exigentes, más o menos generosas, pero son condiciones. Esto supone unos costes administrativos muy altos en proporción al presupuesto general del programa condicionado. En cambio, la Renta Básica representa una simplificación administrativa envidiable como hasta han venido a reconocer algunos de sus críticos. Resulta obvio que esta característica de la Renta Básica, la ausencia casi absoluta de costos administrativos, puede ser de vital importancia en la perspectiva de una efectiva racionalización de las políticas sociales y de redistribución de la riqueza.
La Renta Básica se garantiza ex-ante, las transferencias condicionadas, ex-post. Esta característica convierte a la Renta Básica en una medida esencialmente preventiva de la exclusión. Sobre las transferencias condicionadas, por razones evidentes, no puede afirmarse lo mismo.
La Renta Básica podría ser en muchos casos un estímulo para desarrollar trabajos remunerados, mientras que las transferencias condicionadas no sólo no suponen este incentivo sino que representan todo lo contrario.
Las transferencias condicionadas suponen una violación permanente de la intimidad de muchos de sus posibles beneficiarios. Algo que muchos trabajadores y trabajadoras sociales han denunciado como auténticamente denigrante.
Por añadir otra consideración final. Si bien en condiciones de crisis y de paro masivo como en la actualidad esta razón queda más debilitada, la Renta Básica permite evitar los daños psicológicos y morales vinculados a la estigmatización social del perceptor de un subsidio condicionado. La incondicionalidad de la renta básica permite evitar la estigmatización de los perceptores de las rentas "de pobres" o "de enfermos", etc. Bien a menudo, desde el mundo del trabajo social se pone de manifiesto que uno de los problemas más acuciantes de los subsidios condicionados es la obligación a la que se enfrentan sus (potenciales) perceptores de tener que significarse, en las ventanillas de la administración, como "pobres", como "enfermos", a veces incluso como "culpables" de no haber sabido llevar una vida ordenada y exitosa. Tal es el peso de este estigma social, que no son pocas las ocasiones en las que esos (potenciales) perceptores optan por renunciar al subsidio por no tener que dar excesivas explicaciones y someterse a humillantes controles y comprobaciones.
Hay algo que destaco y que solamente dejo apuntado por si surge la posibilidad de discutirlo en las próximas sesiones: la Renta Básica no solamente es una propuesta para acabar con la pobreza que lo es, sí, y creo que mejor dotada para acabar con la pobreza que los subsidios condicionados y focalizados a la pobreza. Porque como dirían entre otros un viejo amigo argentino y firme partidario de la Renta Básica, Rubén Lo Vuolo, y el aquí presente Pablo Yanes: “los subsidios dirigidos a los pobres son muy pobres”. La Renta Básica además de ser una buena medida contra la pobreza precisamente por ser universal, es también una propuesta que pretende incrementar la libertad de la mayor parte de la población no estrictamente rica.
La propuesta de la Renta Básica ha sido calificada por más de un académico, político o periodista de “radical”. Quien así califica la propuesta de la Renta Básica, debe tener una idea de la radicalidad realmente curiosa. Que una propuesta que permite que toda la población salga de la pobreza mediante una redistribución de la renta y la riqueza sea calificada de radical, es algo realmente impresionante. ¿Es menos radical que la riqueza esté cada vez más desigualitariamente repartida? Más bien, la Renta Básica es de todo punto racional. Y la gran racionalidad de la Renta Básica es lo que la hace peligrosa a los poderosos, timoratos y cortos de miras.
Para acabar me gustaría recordar el título que se ha puesto a mi conferencia y mi conclusión al respecto: las grandes desigualdades no son solamente un problema de diferencias económicas y sociales entre una parte de la población muy pequeña y la otra muy grande, sino que también es una cuestión de libertad. Quien depende de otro para existir socialmente, no es libre. Las personas pobres no solamente tienen falta de recursos, sino que no pueden ser libres. Cuando la riqueza está concentrada en pocas manos, la libertad para la inmensa mayoría está amenazada. De aquí el aviso de Brandeis que les citaba al inicio de la conferencia: "Podemos tener democracia o riqueza concentrada, pero no podemos tener ambas."

Fuente: http://www.sinpermiso.info/


miércoles, 27 de abril de 2016

El pueblo eligió, sin coerciones de ninguna clase y especie, el exterminio social de buena parte de sus compatriotas






Hannah Arendt afirmó a mediados del siglo pasado que vivimos en un mundo en que el propio cambio se ha convertido en algo tan obvio que corremos el serio riesgo de olvidar, incluso, qué es lo que ha cambiado. Vaya paradoja de nuestra propia contemporaneidad me atrevo agregar. Estimo que muchos de nuestros compatriotas se empecinan por darle formato taxativo a dicha premisa teniendo en cuenta la poca valoración que existe del presente con relación a un pasado no tan lejano. De todas maneras debemos ser justos y separar aquellos que de buena fe aspiran por una sociedad mejor con respecto de aquellos que desean volver a los siniestros tiempos de la flexibilización laboral, la desocupación y el endeudamiento. Si bien es notorio que el discurso está dominado por estos últimos, dado que los medios de comunicación – columna vertebral del sector -  son determinantes en la cuestión, no es menos cierto que una buena porción de la población tiene más que sobrados motivos para exhibir sus pesimismos.

Por fuera del hedonismo (en algún caso me atrevo a decir onanismo) que detentan algunos dirigentes del oficialismo me permito observar que dicho egocentrismo mediático resulta contraproducente ya que lo liga maritalmente con lo más abyecto de nuestra sociedad. Por ahora el pornográfico plan de gobierno sigue estrictamente los cánones establecidos por las corporaciones dominantes, internas y externas, y nada hace pensar que tal modelo se modifique, acaso por su propia naturaleza excluyente, de modo que su discurso encuentra buena predisposición en los sectores que representan dichos intereses en el marco de ese horizonte social, no percibiendo que las mayorías circulan por otros senderos. Con relación al futuro temo que en el discurso corporativo no está incluido el pueblo debido a que la voluntad popular es lo menos trascendente para las corporaciones; históricamente sus objetivos de máxima nunca tuvieron la necesidad de contar con colectivo social, cuando alguna anomalía histórico-política se presentó en la escena, siempre trataron de disciplinarla. En este sentido un detalle político para tener en cuenta es que en la coyuntura las proporcionalidades legislativas guardan escandalosas asimetrías con relación a los resultados electorales dados y esto se encuentra ligado a esa lógica de subsumisión.

De modo que el oficialismo va tras de una agenda política cuyos paradigmas no exhiben intereses concretos para las mayorías por más que ellos aseguren lo contrario en sus discursos. El gobierno, como afirmó Hannah Arendt en su momento, no se ha percatado que algo ha cambiado drásticamente en el espíritu colectivo corriendo el serio riesgo de no entender su propia contemporaneidad.

Por actitudes concretas que a diario podemos visualizar notamos el intento es estratificar a la sociedad situándonos dentro de castas en donde las necesidades colectivas mayoritarias deben aguardar hasta que el resto, con grueso poder de fuego, preste debida conformidad. Sin dudas, una suerte de calificación del voto. Los menos deben tildar las decisiones de los más estableciendo una pirámide muy propia de las organizaciones empresariales, orden que no guarda ningún tipo de relación con la democracia.

Destruir mediante sofismas el sistema de las proporcionalidades, en donde cada ciudadano representa una voluntad política, un voto, es el fundamento práctico de las minorías reaccionarias para tratar de socavar las relaciones sociales y establecer un poder real de carácter privado y omnímodo.

Varios pensadores de la extrema derecha norteamericana están exponiendo la necesidad de bocetar mecanismos que apunten a calificar el voto de modo evitar el “peligro populista”. Curiosa democracia se plantea entonces. Proscripción de hecho. Una elite supuestamente pensante, sobre la base de sus fundamentos e intereses, decide por el resto de la sociedad. Por el túnel del tiempo reaccionario nos quieren depositar en la Grecia antigua 2400 años después. “Les dan casa, comida, colegio, salud y vivienda,  esos tipos no son independientes ni racionales para votar”; sí lo son aquellos que reciben bendiciones dolarizadas y demás prebendas ligadas al poder económico.

En democracia los deseos colectivos deben respetarse a rajatabla, lo primero que debemos hacer como sociedad es hacernos cargo de esas decisiones. El neoliberalismo actuante no asaltó el poder político como si fuera una banda de estafadores y menos aún lo hizo con violencia práctica, si tal cosa hubiera sucedido válido resultaba combatir en contra de dicha irrupción. Aquí fue peor. Un pueblo eligió, sin coerciones de ninguna clase y especie, el exterminio social (exclusión: vocablo preferido utilizado como eufemismo) de buena parte de sus compatriotas. Quién es el que divide entonces a la sociedad en estamentos sociales estancos. Lo que no dice la derecha, en el marco de su irrenunciable vacío político, es cómo percibe el dilema de la fuerza laboral. ¿Una desocupación del 20% es algo admisible o inadmisible dentro del esquema neoliberal ?. El trabajo, para estos sectores, no constituye un derecho ni nada por el estilo. Es considerado un costo más de producción susceptible de ser ponderado bajo las reglas del mercado. Una desocupación del 20% asegura que no se dispare el valor de la fuerza laboral y además garantiza la inexistencia de conflictos internos ante la posibilidad (ficcional) de oferta permanente. Vale decir, ameseta las aspiraciones y en consecuencia baja un potencial intento de reclamo. Perder el trabajo, en ese contexto, constituye transformarse en excluido estructural. Se me objetará que los sindicatos jamás permitirían tal cosa, pues lamento informar que durante los noventa así lo hicieron debido a que muchos de ellos fueron cooptados al transformarse en empresarios. Esto no es novedoso. Tanto el Ingeniero Álvaro Alsogaray como Domingo Cavallo hablaban sobre la necesidad de mantener dicho número de desocupados a favor de la salud de mercado.
El vacío político de la derecha se reserva para sí intersticios tan solapados como peligrosos. ¿Sabrá la voluntad popular qué hacer al respecto?. En el mientras tanto muy pocos parecen percibir que cuanto más lejos estamos de la política y del Estado menos saludable será la vida para la totalidad del colectivo.
De todas maneras algo está pasando en los olvidados suburbios; apartarse de la agenda mediática y ponerse a observar la realidad concreta sería comenzar, cuando menos, con el prólogo de un libro que aún aguarda ser leído.




martes, 26 de abril de 2016

LA REVOLUCION CUBANA LUEGO DE LA VISITA DE OBAMA







LA REVOLUCIÓN EN PLENA TRANSICIÓN


¿Qué pasó en el VII Congreso del PCC?

Por Luciana Garbarino para Le Monde diplomatique Cono Sur


Un nuevo episodio de la Revolución se abre tras la clausura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC). En un contexto de permanentes reformas y de incertidumbre acerca del rumbo del modelo cubano, el PCC volvió a confirmar su confianza en el socialismo y trazó los desafíos que se abren para el país en los próximos años.   
Menos de un mes después de la visita de Barack Obama a Cuba y con la melodía de Jumping Jack Flash todavía flotando en el aire, entre el 16 y el 18 de abril sesionó el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC).
El encuentro ocurrió, tal como estaba previsto, cinco años después del importantísimo VI Congreso cuando se aprobaron “Los lineamientos de la política económica y social” en el marco de la actualización del modelo cubano iniciado con la presidencia de Raúl Castro. Desde entonces se han producido gran cantidad de cambios tanto en el plano interno como en el externo. A nivel nacional se destacan la entrega de tierras estatales a privados, el retorno del trabajo por cuenta propia o la expansión de formas no estatales, como las cooperativas, a los sectores industriales y de servicios. En el plano internacional, el acercamiento a Estados Unidos es evidentemente el hecho más destacado, dentro de un proceso más amplio de recuperación de protagonismo en América Latina y el Caribe y de evolución de los vínculos bilaterales con la Unión Europea.
Este nuevo Congreso tenía entonces como principales objetivos analizar la evolución de la economía del último quinquenio, actualizar los lineamientos para el período 2016-2021 –año del próximo Congreso– y sentar las bases para un Plan Nacional de Desarrollo económico y social hasta el 2030.


El debe y el haber


En el informe Central presentado por Raúl ante un auditorio de 1.000 delegados que representan a los más de 670.000 militantes actuales del PCC, el presidente hizo un balance de las transformaciones en marcha. Fue un discurso que tuvo la virtud de tocar las principales preocupaciones de cubanos y observadores externos y de no hacer oídos sordos a los problemas irresueltos y a los extendidos temores por el desenlace de la Revolución.
El discurso insistió con la idea de que en Cuba jamás se aplicarán las “terapias de choque” y manifestó el compromiso de continuar con la actualización del socialismo. “Las fórmulas neoliberales que propugnan la privatización acelerada del patrimonio estatal y de los servicios sociales como la salud, la educación y la seguridad social, nunca serán aplicadas en el socialismo cubano”. Con respecto al desempeño económico general, si bien en los últimos cinco años se produjo un crecimiento promedio anual del 2,8% del PIB, el Presidente resaltó que no fue suficiente para asegurar la creación de las condiciones productivas y de infraestructura requeridas para mejorar el desarrollo y el consumo de la población.
Como principal desafío en el corto plazo, Raúl volvió a destacar la urgencia de terminar con la dualidad monetaria que resquebraja el pilar igualitario de la Revolución. El fenómeno de la “pirámide in­vertida” no permite retribuir de manera justa el trabajo en función de su cantidad, calidad y complejidad y ello genera desmotivación en la fuerza laboral y en los cuadros. En este sentido, el problema de los bajos salarios volvió a ser puesto en el centro de las preocupaciones. El mandatario también se refirió al éxito de las iniciativas no estatales, como las cooperativas, el cuentapropismo y la mediana y pequeña empresa, que no son en esencia antisocialistas, pero que deben tener límites bien definidos para evitar la concentración de la propiedad y de la riqueza. En este sentido, sin embargo, advirtió “no somos ingenuos ni ignoramos las aspiraciones de poderosas fuerzas externas que apuestan a lo que llaman el ‘empoderamiento’ de las formas no estatales de gestión, con el fin de generar agentes de cambio con la esperanza de acabar con la Revolución y el socialismo en Cuba por otras vías”.
Con respecto a la inversión extranjera, Raúl celebró la constitución de la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, un territorio a 45 kilómetros de la Habana que brinda incentivos y seguridad jurídica a los inversionistas, y destacó que actualmente el 70% de las inversiones se destinan al sector productivo e infraestructuras, mientras que en 2010 la cifra era del 45%.
En cuando a la relación con Estados Unidos, el discurso volvió a denunciar la vigencia del bloqueo y a las medidas adoptadas por Obama para flexibilizarlo como insuficientes. Asimismo insistió en la permanencia de políticas que alientan la emigración ilegal de la isla, como la “Ley de Ajuste Cubana” o la “política de los pies secos-pies mojados”. La lectura del acercamiento de su viejo enemigo es la del temor norteamericano a quedar aislado en el hemisferio, en un contexto de avance de gobiernos de izquierda y de estructuras de integración regional como la CELAC (hay que recordar que la normalización de las relaciones ocurrió en diciembre de 2014 puesto que el escenario regional ha cambiado mucho desde entonces). Por lo tanto, el propósito del gobierno cubano es avanzar en una relación que reporte mutuos beneficios, respetando las diferencias. “Es preciso reiterar que no debe pretenderse que para lograrlo Cuba renuncie a los principios de la Revolución ni realice concesiones inherentes a su soberanía e independencia”, afirmó Raúl.
En el plano político, si bien se especulaba con una posible transición hacia un sistema de partidos, lo que hubo fue una reivindicación a ultranza del sistema vigente. “En Cuba tenemos un Partido único, y a mucha honra, que representa y garantiza la unidad de la nación cubana, arma estratégica principal con que hemos contado para edificar la obra de la Revo­lución”. No obstante, también se habló de reformar la constitución, creada en 1976 y modificada parcialmente en 1992 y 2002, para adecuarla a las actuales condiciones económicas y sociales.


Renovación generacional


Una de las principales preocupaciones del actual gobierno es la de renovar a los cuadros de la generación histórica. En este sentido, en el VII Congreso se alcanzaron algunos tímidos avances.
El mayor inmovilismo se observa en el Buró Político –órgano superior de dirección del PCC–, en el que Raúl Castro continuará como Primer Secretario hasta 2021 (a pesar de que su presidencia termina en 2018) y José Ramón Machado, también octogenario, como Segundo Secretario. También permanecen otros miembros de la vieja guardia, como el comandante Ramiro Valdés y Leopoldo Cintra Frías, ministro de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, hay que destacar dos cuestiones que matizan esta afirmación. Por un lado, que el Buró Político incorporó a cinco nuevos miembros que son todos cuadros jóvenes, pasando a tener ahora un total de 17 integrantes. Y por otro que el Buró decidió mantener a Miguel Díaz-Canel, de 56 años y previsible sucesor de Castro en el Ejecutivo, como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
Es posible que la permanencia de dirigentes históricos en órganos de decisión fundamentales obedezca al deseo de retener el control en un contexto de transición como el actual, en el que todavía se avizoran grandes reformas y las elecciones en Estados Unidos abren grandes interrogantes acerca del futuro del país.
El rejuvenecimiento es más visible en el Comité Central, integrado ahora por 142 miembros (antes tenía 116) con una edad promedio de 54 años. De hecho, una de las propuestas aprobadas en el Congreso fue la establecer un máximo de 60 años para ingresar al Comité Central y de 70 años para desempeñar cargos de dirección en el partido. Este condicionamiento, dice Raúl, “sumado a la limitación de hasta dos períodos consecutivos para ocupar responsabilidades políticas, ga­rantizará, desde la base, el rejuvenecimiento sistemático en todo el sistema de cargos partidistas”.
El cierre contó con la presencia de Fidel Castro quien, a pesar de su avanzada edad, dio un lúcido discurso reivindicando la Revolución y advirtiendo sobre la importancia de mostrarle a América Latina y el mundo que el pueblo cubano triunfará. Frente a un auditorio conmovido manifestó que tal vez era una de sus últimas apariciones en esa sala: “Pronto cumpliré 90 años, nunca se me habría ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo, fue un capricho del azar. Pronto seré ya como todos los demás. A todos nos llegará nuestro turno…”.
Parece difícil determinar un plan de desarrollo para Cuba de aquí a 2030, en un marco de tanta incertidumbre. También parecía imposible que Fidel Castro llegara a los 90 años. Y sin embargo…
1. Los nuevos miembros son Miriam Nicado, doctora en Ciencias Matemáticas y rectora de la Universidad de las Ciencias Informáticas, Teresa Amarelle, Secretaria General de la Dirección Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas, Marta Ayala, doctora en Ciencias Biológicas, Ulises Guilarte Secretario General de la Central de Trabajadores de Cuba y Roberto Morales, ex ministro de Salud Pública.


© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

domingo, 24 de abril de 2016

EL ADELANTADO RODRIGO DIÁZ DE CAPARROS, PARA VENDER SU NUEVO LIBRO, ACABA DE FUNDAR CARACAS, QUE YA ESTABA FUNDADA, PERO ÉL NO LO VIO


Como siempre, arriba de una endeble escalera intelectual, un tipo que cobra y mucho, por llegar tarde para desasnarnos por lo que ya sabemos y sufrimos




Martín Caparrós reúne, en una misma obra, algunas de sus mejores crónicas, intercaladas con reflexiones sobre su vida y oficio. En un mano a mano con 3 Días, da sus primeras impresiones sobre la administración de Cambiemos.

Recién cuando superó la veintena de libros, Martín Caparrós se animó a definirse como "escritor". Aún cuando en su historial ya figuraban novelas como Valfierno, No velas a tus muertos o La Historia, aquel libro que -según él- nadie leyó. O incluso, cuando ya había publicado junto con Eduardo Anguita La Voluntad, una obra de tres o cinco tomos (según la edición) que retrata la militancia revolucionaria de finales de los sesenta y comienzos de los setenta.
También, ya había hecho crónicas tan extensas que tomaron forma de libro, como El Interior o Dios Mío. Un viaje por la India en busca de Sai Baba. Sumado a un sinfín de relatos periodísticos que fueron publicados en los medios más prestigiosos del mundo y, varios de ellos, compilados en Larga distancia, La patria capicúa, Bingo! o La guerra moderna.
Pero esta vez, el escritor que se asoma detrás de sus bigotes condensó en una sola obra algunos de sus mejores textos, intercalados con sus recuerdos y reflexiones. Lo llamó LACRÓNICA -así, todo junto- y es, como él mismo dice, "un raro recorrido por mi vida y mi oficio".
Durante la entrevista concedida a 3Días, Caparrós dio su visión sobre el rol del periodismo en la actualidad, la "guerra Clarín-Gobierno", los Panama Papers y el actual Gobierno, además de hablar sobre sus publicaciones.



Cuando tenés que completar en una planilla tu profesión, ¿qué ponés?


- En ese momento de verdad extrema que son los formularios de los aeropuertos, durante décadas puse "periodista". Entonces me daba pudor escribir "escritor", lo pensaba no como una descripción sino como un título casi de nobleza. Hace unos años, con dos docenas de libros publicados, decidí que quizá fuera un mal escritor, pero sin dudas era uno, y eso es lo que escribo ahora.



Lo que te atrae de la crónica es su "indefinición". ¿Puede ser que a nivel general te atraiga? El Hambre es una especie de crónica-ensayo o en Palí-Palí mezclás la crónica con la fotografía.


- Estoy cada vez más convencido de que lo bueno de la literatura
y también mucho malo, por supuesto se encuentra en la mezcla, en el cruce de los géneros. Los libros cuyo género está claro suelen ser los que las editoriales arman para llenar su avidez de resultados financieros: las novelas históricas, el thriller, la chick-lit, la autoayuda, las diversas divulgaciones.



¿Con qué criterio elegiste las crónicas que integran el libro?


- Con varios: el primero y principal, que me gustaran. Pero, también, que me sirvieran para poner en escena los conceptos y criterios que trato de resumir en los capítulos escritos especialmente para el libro, donde hablo de mi historia profesional y de cómo trabajo, un raro recorrido por mi vida y mi oficio.



¿Qué rol creés que cumple o debería cumplir el periodismo en la sociedad?


- Averiguar, contar, analizar, pensar. ¿Será tan complicado?



¿Cómo creés que impactó la "guerra" Clarín-Gobierno en el periodismo, en los periodistas y en los argentinos en general?


-En el periodismo, bien, obligando a las grandes empresas indolentes a hacer un poco de periodismo para llevar adelante sus pequeños combates. Entre los argentinos, bien, obligando a muchos a ejercer una lectura crítica de esos medios que hacían periodismo para llevar adelante sus pequeños combates. En los periodistas, la verdad: ¿importa?



¿Hacia dónde creés que va el periodismo? ¿Hacia el de datos o al que cuenta lo que vemos, pero desde otro ángulo?


- El periodismo nunca va hacia un lugar, por la simple razón de que no existe "el periodismo" si no, por suerte, formas variadas de ejercerlo. El así llamado periodismo de datos
¿Los otros de qué son? ¿De remolachas? es una opción interesantísima, y más cuando se ejerce, como en el caso de los Panamá (papers), en conjunto: una actividad muy individualista convertida en un esfuerzo común. Pero mirar lo que no queremos ver y contarlo mejor también es una opción; así como buscar formas nuevas para hacerlo en los avances técnicos, e inventar cada vez más pequeños medios independientes gracias a esos avances, y tantas otras cosas.



Los Panama Papers, ¿taparon un poco las denuncias de corrupción contra el Kirchnerismo?



- No, yo no soy tan mala, vos sos tan malo como yo. ¿No parece un argumento de salita de cinco? ¿Llegaremos algún día a primer grado?



A su vez, ¿qué pensás del desfile de ex funcionarios por Comodoro Py? ¿Es un respiro para Cambiemos, en medio de aumentos de tarifas, inflación y los Panama Papers?


- Un problema de cierto periodismo argentino es que puede pensar los problemas en términos de "respiro para Cambiemos" o así. Los aumentos de tarifas, inflación, etcétera, son el tema, más allá de cómo impacten sobre los veinte nabos que nos gobiernan. El periodismo que me interesa es el que trata de contar cómo impactan sobre 20 millones.



Definís a la Argentina como un "país calesita", y decís que uno de los motivos por los que te fuiste a España es porque sentías que te estabas repitiendo, que ya no aportabas nada nuevo. ¿Creés que con Cambiemos nos bajaremos de esa calesita?


- No me parece que nos estemos bajando ni un poquito. Hace unos meses manoteamos una sortija, la del final de la épica chanta, la de la cara amable y la charlita. Pero en términos sociales y económicos, no se se ven razones para muchas sonrisas: todo parece seguir en la línea desastrosa del kirchnerismo, sólo que un poco más y menos sanateado. Pero esto acaba de empezar.



¿Cómo definirías a Cambiemos, teniendo en cuenta las medidas que tomó en estos meses?


- Un gobierno de centro derecha contemporánea: con buenos modos y ciertos reflejos democráticos, pero ninguna intención, como es lógico, de crear una sociedad más justa en su reparto de la riqueza, de las opciones, de la vida. Un gobierno de privados, de gente que fue, en su enorme mayoría a colegios privados, universidades privadas, hospitales privados
y algún barrio privado: que viven en esa Argentina privada que empezó a construir el golpe del 76 y que no la van a cambiar. Este gobierno es el resultado muy poco alentador del desastre kirchnerista.

Fuente: El Cronista Comercial





Caparros, un apasionado de la investigación histórica, 
igual que Mastropiero