EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

jueves, 31 de mayo de 2012


Crítica a la Adhesión Crítica
Nota de Opinión


La crítica tiene, o por lo menos debería lucir, como pilar supremo de su estructura el análisis de todas las variables existentes con relación al tema que se pretende escrutar. Deconstruir para construir, especificar cada inciso como camino indispensable hacia la síntesis, hacia un conocimiento integral y completo de cada fenómeno. La crítica es un evento eminentemente científico que requiere metodología, demanda sistematización y precisa del auxilio permanente del juicio y la discriminación como reglas indispensables. Discernir entre lo urgente, lo importante y lo aleatorio de forma no enredarnos en cuestiones menores, inconsistentes, que no hacen al fondo de la cuestión y que en oportunidades sirven como excusas para potenciar titulares de ocasión. De modo que para intentar hacer crítica política, social o económica, es necesario tener conocimientos preliminares que nos permitan navegar con algún margen de solvencia por lecturas que resultan ciertamente complejas, no sólo para evitarnos ridiculizar los debates sino además para impedir ser embaucados.

¿Qué significa entonces adherir críticamente? ¿Qué relación guarda el análisis concienzudo de los fenómenos con la adhesión? ¿Por qué se intenta presentar al llamado apoyo crítico como una suerte de conceptualidad paralela con ciertas dosis de asepsia?

Estimo inferir que la tan mentada “adhesión crítica” o “apoyo crítico” constituye un salvoconducto o pantalla que algunos suelen exhibir a modo de requiebro social en donde se incluyen curiosas y siniestras prevenciones. No existe ninguna razón lógica o científica para aparear ambos conceptos debido a que tanto uno como otro nos hablan de cuestiones marcadamente autárquicas, a las cuales se les fuerza su complementación más allá de la voluntad, aún de la voluntad de aquellos adherentes al apoyo crítico.

Suena a Perogrullo afirmar que uno puede prescindir o no de la adhesión para hacer crítica, al igual que analizar los fenómenos muy poco tiene que ver con adherir o no a determinado formato político o social.

Considero que la “adhesión crítica” está ligada a una concepción personalista y no tanto a los lineamientos políticos, en consecuencia, la cuestión se acuareliza en función de lo individual por sobre lo colectivo. La observo como la parte por el todo. Ergo: tomo la parte de la ley que me gusta, adquiero aquella porción del culto religioso más estimulante, de mi equipo de fútbol solamente acepto sus triunfos, de mi país sólo sus tierras fértiles. Pues no es así, por lo menos con determinadas cuestiones que ostentan topografías indivisibles como lo es un proyecto de gobierno que lleva nueve años de gestión política. Un Físico, un Químico no dejan de serlo por objetar determinados postulados ancestrales más allá que ese cuestionamiento pueda resultar acertado o equivocado. Jamás vamos a escuchar a un Físico o a Químico sentenciar “apoyos críticos” a la ciencia.  Supongamos este razonamiento: – Cómo Físico, apoyo críticamente a la Física porque el señor Newton era un corrupto y no estoy de acuerdo que la ciencia lo siga sosteniendo como un mojón en la materia – ¿Ridículo verdad?

Ante todo son científicos, en consecuencia, dejar de analizar resultaría un oximorón de cara a esa supuesta adhesión.






Dicho esto me permito inferir que cuando se adhiere a un proyecto político se debe hacer sin eufemismos, sin peros, el resto constituye una simple retórica vacua y acomodaticia. Estoy en la vereda que he decidido transitar aún aceptando las existencia de posibles baldosas flojas. ¿Qué quiero decir con esto? Supongamos que a priori no estoy de acuerdo con determinadas medidas que sobre un determinado inciso toma el Gobierno que apoyo. Luego de haber analizado y criticado expresamente dichas normativas persisto en mis cuestionamientos. Tengo varias opciones si es que deseo seguir perteneciendo a ese mismo colectivo político, es decir transitando dicha vereda:

1- Manifestar internamente mis dudas exponiendo eficazmente dichos estudios
2- Entender que existen cuestiones superiores que no siempre están al alcance del común
3- Solidificar mis adhesión elaborando informes alternativos
4- Militar internamente en función de esas dicotomías desestimando las tesis rupturistas
5- Escuchar atentamente a los que no acuerdan con mis tesis
6- Apuntalar el espacio político a través de mecanismos democráticos de debate
7- No victimizarse entendiendo que no tener razón en ocasiones lleva a la felicidad
8- Comprometerse aún en el error, convencido que nuestro colectivo tiene la suficiente capacidad política para reaccionar ante sus propios desaguisados

El otro día escuchaba un audio del Negro Alejandro Dolina que hablaba sobre la pertenencia. Para ello citaba a un oyente que lo escrutaba maliciosamente por su adherencia oficialista argumentando que nuestro país resultaba una Nación de cabotaje y que nada podía compararse con las naciones escandinavas. Parece que el oyente concebía su adhesión crítica a la Patria como una cuestión de formatos y no de esencia. En lo personal me resultó altamente esclarecedora y gratificante la refutación del Negro.
“La Patria al igual que el Padre no se elige. Es un afecto superior que está relacionado con sentimientos individuales que logran entidad colectiva. Dolina afirmaba que era probable que su Padre no haya sido la persona más brillante del mundo; por caso, se había eximido en el intento de sistematizar la Teoría de la Relatividad, en consecuencia, utilizando el mismo razonamiento de su oyente, era posible que Einstein resultase el hombre ideal, al igual que los países escandinavos. ¿Puede ser trocable el afecto, la ponderación por un persona, el amor por una idea, por una Patria, simplemente porque hay quiénes consideran que existen variables superiores?.Y si notamos que tal superioridad es tangible ¿resulta humanamente valedera dicha trasmutación? Uno adhiere a un País, ama a un Padre, a una idea política, adhiriendo también a sus limitaciones, a sus errores, a sus quebrantos porque existen cuestiones que el corazón y la razón (aquello del ser sentipensante) admiten como viables y que hacen a la síntesis ansiada. Eso no significa renunciar a modificar buenamente aquello posible de ser perfeccionado.


A riesgo de ser injusto no me simpatizan los que se autocalifican como adherentes críticos al Proyecto Nacional y Popular vigente. Nos une la crítica, el análisis, no puede ser de otro modo al ser entes políticos, lo que nos diferencia es nuestro sentido íntegro de pertenencia. El significado y el significante político que incluye la militancia. En definitiva es lo que determina nuestro compromiso, nuestra neutralidad y hasta nuestra asepsia; tal vez la observo como una raquítica prevención, configuración timorata mediopelo para no quedar totalmente pegado vaya a saber de qué males; males que seguramente bajo amenaza serán juzgados y debidamente castigados por los neutrales e independientes de turno, fiscales y censores que nunca dejarán de poseer todas las respuestas que, según ellos, nuestra Patria necesita.

Se percibe un horizonte complejo, la fuerzas desestabilizadoras han comenzado desde hace un buen tiempo a modelar una nueva coalición destituyente. El poder financiero, las corporaciones mediáticas dominantes y la mesa de enlace han conformado un frente que nuevamente intenta condicionar y si es posible disciplinar al Gobierno Nacional y Popular. Es momento de blancos y de negros, es momento de decisiones concluyentes y taxativas, muy alejadas de la tibieza y de cierta racionalidad (neutralidad) enmascarada.



miércoles, 30 de mayo de 2012


Crónica (Cuento Breve) - Autor: Gustavo Marcelo Sala

                                                          ayer quiso matarme la mujer de mi vida,
                                      apretaba el gatillo cuando se despertó...
                                                                               Joaquín Sabina




Fueron envidia y orgullo de El Perdido.
El Perdido es una de esas aldeas de acuarelizada llanura, de traza pequeña y timorata, en donde en cada ventana, en cada puerta o en cada claraboya están ocultos sentidos bisoños y parlantes de acueducto.
Él, el Delegado Municipal Carlos Orellana; joven, buen mozo, probo y honesto, abogado recibido brillantemente en la Universidad Nacional de La Plata. 
Ella, Paula Rivera Olmos, la criatura adorada; resignada de antemano por sus padres, con el futuro tallado en sus ojos color miel, mil espera, miel deseo. Piel muy blanca, casi transparente al sol o cambiante de rubor según el espectro que la abrace.
Eran ejemplo, intimidad y coincidencia. Las matronas fundadoras garabateaban sonrisas y placeres cuando la pareja alternaba cumplidos y saludos en su rutinaria caminata sabatina y crepuscular de visita al cementerio, o durante el tradicional encuentro religioso dominical.
Ni el peluquero, ni el boticario, ni el médico, ni la maestra sospechaban de un rencor disfrazado de requiebro al momento que sus ojos se encontraban en algún punto del paisaje. Su verdad era silenciosa, ceñida con la firmeza de candados.
Tiempo hacía que no compartían sábanas. El fantasma del desamor amaneció durante cierta primavera cuando Paula comenzó a poetizar con el solitario escritor radicado en la finca lindera al camino real, a orillas del arroyo Los Gauchos.  Ignoraba el escritor que Orellana lo sabía... desconocía Orellana el propietario de esas rimas... Ajenas, las matronas no sospechaban que en breve estarían de riguroso luto y llorando, completando un prolijo cortejo en dirección al sur.
Y no medió palabra, ni agresión, ni roce... no existieron reproches ni violencias, no hubo error, ni omisión, ni angustia; sólo un poco de temor y un suspiro de derrota.
Una mañana de marzo, en el caudal más profundo del arroyo, con la primera bruma de testigo apareció sin vida el cuerpo de Orellana.  Los medios locales titulaban “Muerte por Asfixia”, destacando en cursiva “agua en sus pulmones”... El Perdido completo conjuró desconsoladamente argumentando que el arroyo lo había traicionado. Pasado el tiempo me parece oportuno eximir de cargos al arroyo Los Gauchos. Una parte de la traición continúa con su caminata sabatina durante el crepúsculo, rumbo al cementerio, portando las sietes espinas y la flor de su adulterio; la otra parte de la traición acaba de narrarles la historia.


martes, 29 de mayo de 2012


Raúl Scalabrini Ortiz
14 de Febrero de 1898 - 30 de Mayo de 1959


“Desalojemos de nuestra inteligencia la idea de la facilidad. No es tarea fácil la que hemos acometido, Pero no es tarea ingrata. Luchar por un alto fin es el goce mayor que se ofrece a la perspectiva del hombre. Luchar es, en cierta manera, sinónimo de vivir: Se lucha con la gleba para extraer un puñado de trigo. Se lucha con el mar para transportar de un extremo a otro del planeta mercaderías y ansiedades. Se lucha con la pluma. Se lucha con la espada. El que no lucha, se estanca, como el agua. El que se estanca se pudre.”

Sobre el 17 de octubre de 1945 afirmó: ”Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción de terremoto” “Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo”.

“La historia oficial argentina es una obra de imaginación en que los hechos han sido consciente y deliberadamente deformados, falseados y encadenados de acuerdo a un plan preconcebido que tiende a disimular la obra de intriga cumplida por la diplomacia inglesa, promotora subterránea de los principales acontecimientos ocurridos en este continente” ... “La reconstrucción de la historia argentina es, por eso, urgencia ineludible e impostergable. Esta nueva historia nos mostrará que los llamados “capitales invertidos” no son más que el producto de la riqueza y del trabajo argentinos contabilizados a favor de Gran Bretaña”

“Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros” 


Fuente: www.elforjista.com




lunes, 28 de mayo de 2012


RICHARD WAGNER, por Rafael Barret 


                         
Hay asuntos que hacen la exageración imposible. Al hablar de Wagner, nada debe temer el más noble y apasionado entusiasmo sino quedar pequeño y frío ante la obra del coloso alemán. He visto con gusto que pronto tendremos ocasión de oír dos admirables trozos en que se concentran, como la luz en el diamante, todas las bellezas esparcidas por dos célebres dramas wagnerianos, Lohengrin y Tristán e Isolda, y me parece éste el momento de recordar al genio más poderoso del pasado siglo, al genio quizá más grande de todas las épocas.

Ricardo Wagner nació en 1813. Sus padres le dedicaron a la pintura. Cuando los profesores comenzaban a creerse en presencia de un futuro Rembrandt, el discípulo abandona los pinceles y compone una tragedia en que sucumben treinta personajes. Al fin descubre su vocación y escribe dos óperas, Las Hadas y Rienzi, donde se notan reminiscencias de Meyerbeer.

Con la partitura del Buque Fantasma debajo del brazo, va a París y está a punto de perecer allí de miseria y de desesperación.

Vuelve a su patria y consigue estrenar el Buque; el público lo recibe desconcertado. El famoso Liszt, maestro de capilla en Weimar, monta el Tannhäuser, que levanta una tempestad. La rutina, la envidia y la pereza acusan a Wagner de oscuridad y de pedantería, como acusaron a Gluck y a Beethoven. Hoy, después de cuarenta años de rebeldía al divino yugo, el mundo pone al autor de Tannhäuser en la región sagrada donde están Víctor Hugo, Miguel Ángel y Shakespeare.

Después del grandioso poema cristiano viene Lohengrin, celestial poema de misterio y de amor. El romántico y suntuoso Luis de Baviera protege al artista, que va engendrando la tetralogía del Anillo del Nibelungos, inmenso ciclo simbólico, Tristán e Isolda, incomparable elegía de pasión y de muerte, Los Maestros Cantores, prodigio de majestuosa y salvaje ironía, Parsifal, augusta y sublime leyenda. Wagner, elevado a las cimas deslumbradoras del arte, es reconocido profeta. Su Meca es Bayreuth. Su teatro es el Templo, y los intérpretes de sus creaciones son los sacerdotes de un culto nuevo. Venerado por la legión innumerable de sus fieles muere en el año 1883, a orillas del Adriático, en plena gloria.



Sucede al imperio absoluto de Goethe en la cronología del pensamiento germánico, el triuniverso formado por Nietzsche, concentrado y violento, Schopenhauer, altivo, ingenioso, enormemente sabio, y Wagner, que completa y supera a los dos por su imponente organización artística.

Los asuntos de sus dramas líricos suelen estar tomados de las tradiciones y de la mitología medievales, y se desarrollan en ambientes fantásticos y a la vez profundamente lógicos. La fábula se humaniza, el símbolo se hace carne. La edad caótica en que los gérmenes de la moral futura brotan de las ruinas de todos los paganismos, es para Wagner el crisol que depura sensaciones extrañas, sentimientos sobrehumanos, ideas eternas, seres dotados de una inmortalidad abrumadora.

¿Qué hombre dominó hasta ese punto la materia, asentó el pie en tierras tan remotas, dispuso de tan distintas y terribles armas para rendir el ideal?

Pintor, él mismo imagina y dibuja las decoraciones y las vestiduras, y evoca escenas de la hermosura centelleante del Fuego Encantado, o del siniestro esplendor del Crepúsculo de los Dioses: poeta, rima él mismo los libretos de sus obras, y produce páginas, como las de Tristán, en que suenan los más altos acentos de la poesía; músico, se apodera de la armonía en el grado perfecto en que la dejó Beethoven, y con formidable empuje hace de ella montañas, paisajes, abismos de sonidos, o con maestría maravillosa la desvanece en murmullos, gemidos y lágrimas.

Y esto no es nada. La trascendencia de Wagner está en que ha transformado, no la música, sino la estética, en que ha creado una forma definitiva, el drama lírico, unidad extraordinaria que resume toda la sensibilidad de una civilización.

Por eso es más que Víctor Hugo. El uno forjó la lengua francesa contemporánea, el otro dio sentido a la lengua universal de la música, y enseñó a expresar con ella lo que no expresa ninguna otra. El uno ha dado un alma al verso, el otro ha dado un alma única a todas las artes.

Sería una mezquindad decir que Wagner ha hecho escuela. Quien revoluciona la humanidad y la orienta por algunos siglos hace más de una escuela. Desde que Wagner ha muerto la estatura de Alemania se ha reducido a la mitad. Allí y fuera de allí la mole ciclópea cierra el horizonte, y por mucho tiempo trabajarán los artistas a la sombra.



domingo, 27 de mayo de 2012


El pecho desnudo (Cuento) Autor: Ítalo Calvino 


                                    


El señor Palomar camina por una playa solitaria. Encuentra unos pocos bañistas. Una joven tendida en la arena toma el sol con el pecho descubierto. Palomar, hombre discreto, vuelve la mirada hacia el horizonte marino. Sabe que en circunstancias análogas, al acercarse un desconocido, las mujeres se apresuran a cubrirse, y eso no le parece bien: porque es molesto para la bañista que tomaba el sol tranquila; porque el hombre que pasa se siente inoportuno; porque el tabú de la desnudez queda implícitamente confirmado; porque las convenciones respetadas a medias propagan la inseguridad e incoherencia en el comportamiento, en vez de libertad y franqueza. Por eso, apenas ve perfilarse desde lejos la nube rosa-bronceado de un torso desnudo de mujer, se apresura a orientar la cabeza de modo que la trayectoria de la mirada quede suspendida en el vacío y garantice su cortés respeto por la frontera invisible que circunda las personas. Pero -piensa mientras sigue andando y, apenas el horizonte se despeja, recuperando el libre movimiento del globo ocular- yo, al proceder así, manifiesto una negativa a ver, es decir, termino también por reforzar la convención que considera ilícita la vista de los senos, o sea, instituyo una especie de corpiño mental suspendido entre mis ojos y ese pecho que, por el vislumbre que de él me ha llegado desde los límites de mi campo visual, me parece fresco y agradable de ver. En una palabra, mi no mirar presupone que estoy pensando en esa desnudez que me preocupa; ésta sigue siendo en el fondo una actitud indiscreta y retrógrada.



De regreso, Palomar vuelve a pasar delante de la bañista, y esta vez mantiene la mirada fija adelante, de modo de rozar con ecuánime uniformidad la espuma de las olas que se retraen, los cascos de las barcas varadas, la toalla extendida en la arena, la henchida luna de piel más clara con el halo moreno del pezón, el perfil de la costa en la calina, gris contra el cielo. Sí -reflexiona, satisfecho de sí mismo, prosiguiendo el camino-, he conseguido que los senos quedaran absorbidos completamente por el paisaje, y que mi mirada no pesara más que la mirada de una gaviota o de una merluza. ¿Pero será justo proceder así? -sigue reflexionando-. ¿No es aplastar la persona humana al nivel de las cosas, considerarla un objeto, y lo que es peor, considerar objeto aquello que en la persona es específico del sexo femenino? ¿No estoy, quizá, perpetuando la vieja costumbre de la supremacía masculina, encallecida con los años en insolencia rutinaria? Gira y vuelve sobre sus pasos. Ahora, al desliza su mirada por la playa con objetividad imparcial, hace de modo que, apenas el pecho de la mujer entra en su campo visual, se note una discontinuidad, una desviación, casi un brinco. La mirada avanza hasta rozar la piel tensa, se retrae, como apreciando con un leve sobresalto la diversa consistencia de la visión y el valor especial que adquiere, y por un momento se mantiene en mitad del aire, describiendo una curva que acompaña el relieve de los senos desde cierta distancia, elusiva, pero también protectora, para reanudar después su curso como si no hubiera pasado nada. Creo que así mi posición resulta bastante clara -piensa Palomar-, sin malentendidos posibles. ¿Pero este sobrevolar de la mirada no podría al fin de cuentas entenderse como una actitud de superioridad, una depreciación de lo que los senos son y significan, un ponerlos en cierto modo aparte, al margen o entre paréntesis? Resulta que ahora vuelvo a relegar los senos a la penumbra donde los han mantenido siglos de pudibundez sexomaníaca y de concupiscencia como pecado...
Tal interpretación va contra las mejores intenciones de Palomar que, pese a pertenecer a la generación madura para la cual la desnudez del pecho femenino iba asociada a la idea de intimidad amorosa, acoge sin embargo favorablemente este cambio en las costumbres, sea por lo que ello significa como reflejo de una mentalidad más abierta de la sociedad, sea porque esa visión en particular le resulta agradable. Este estímulo desinteresado es lo que desearía llegar a expresar con su mirada. Da media vuelta. Con paso resuelto avanza una vez más hacia la mujer tendida al sol. Ahora su mirada, rozando volublemente el paisaje, se detendrá en los senos con cuidado especial, pero se apresurará a integrarlos en un impulso de benevolencia y de gratitud por todo, por el sol y el cielo, por los pinos encorvados y la duna y la arena y los escollos y las nubes y las algas, por el cosmos que gira en torno a esas cúspides nimbadas. Esto tendría que bastar para tranquilizar definitivamente a la bañista solitaria y para despejar el terreno de inferencias desviantes. Pero apenas vuelve a acercarse, ella se incorpora de golpe, se cubre, resopla, se aleja encogiéndose de hombros con fastidio como si huyese de la insistencia molesta de un sátiro. El peso muerto de una tradición de prejuicios impide apreciar en su justo mérito las intenciones más esclarecidas, concluye amargamente Palomar.
FIN





sábado, 26 de mayo de 2012



Mateando con la Ciencia: Hoy ceban Michel Mayor y Didier Queloz



Planetas Extrasolares

En octubre de 1995 los astrónomos suizos Michel Mayor y Didier Queloz dan a conocer el descubrimiento del primer planeta fuera del sistema solar. Se trata de 51 Pegasi B que orbita alrededor de la estrella Pegaso 51. Las evidencias de la existencia de este planeta se hallaron gracias al estudio que se realizó durante dos años de las oscilaciones de la estrella Pegaso 51. Los científicos descubrieron que el planeta extrasolar está muy cercano  a su estrella y que su masa es la mitad de la de Júpiter.
El año 1999 fue muy rico en cuanto al descubrimiento de planetas extrasolares luego del primero mencionado. Uno de los más significativos fue el hallazgo del primer sistema extrasolar de estrellas. Se descubrió un sistema compuesto de tres planetas orbitando una estrella tipo solar a la que se llamó Upsilon Andrómeda. Dos equipos de investigaron dieron en simultaneo con el hallazgo: Los de la Universidad Estatal de San Francisco encabezados por los astrofísicos Geoffrey Marcy y Paul Butler y por el otro el Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica conducido por el astrónomo Robert Noyes.
Paralelamente el equipo del Observatorio Austral Europeo descubrió dos planetas en el Hemisferio sur: MACHO-98-BLG-35 y el IOTA-Hior-B utilizando la técnica de buscar cambios periódicos en la velocidad de la estrella a la que orbitan. Este instituto también halló un nuevo planeta extrasolar orbitando alrededor de la estrella extrasolar HD 130322 en la constelación de Virgo. El equipo de Marcy y Butler también descubrió otros siete planetas extrasolares, ellos son en órbita con las siguientes estrellas.

HD 20945 en la constelación de Pegaso
HD 10697 en la constelación de Piscis
HD 37124 en la constelación de Tauro
HD 134987 en la constelación de Libra
HD 177830 en la constelación de Vulpecula
HD 192263 en la constelación de Aquila
HD 222582 en la constelación de Acuario




viernes, 25 de mayo de 2012

GRANDES MUJERES DE LA HISTORIA


ELISA LYNCH


HISTORIA DE AMOR, TRAICIÓN Y MUERTE

Para algunos, una arribista; para otros, una mujer heroica. La compañera del mariscal Francisco Solano López conoció las mieles del poder, acompañó a su amante y a su hijito durante la guerra de la Triple Alianza, los vio morir y los enterró con sus propias manos.
                                                                                    por Amanda Paltrinieri

La señora de Quatrefages

Como Evita, Elisa Lynch tuvo una infancia desamparada: apenas quedó huérfana de padre, cuando tenía diez años, su madre se desembarazó de ella y de su hermano John, de catorce. El chico ingresó en la marina británica; ella fue a parar a un internado en Dublin. Al tiempo, la viuda volvió a casarse. Del internado Elisa sólo sacó dos cosas positivas: una buena formación cultural y la amistad de una compañera, Eduvigis Strafford. Su destino, en el mejor de los casos, era el de convertirse en institutriz o algo por el estilo. El modo que eligió para escapar de esa realidad no fue el mejor: a los quince años, entre 1850 y 1851, se casó con Carlos Javier de Quatrefages - un médico militar francés casi cuarentón que le había presentado su hermano - y se fue a vivir con él a Argelia. No tardó en arrepentirse. Hay dos versiones del encuentro entre Elisa y Francisco Solano López, quien llegó a Europa en 1854 como ministro plenipotenciario enviado por su padre, Carlos Antonio López, presidente del Paraguay. Cada versión, por supuesto, coincide con la visión que se tenga de Elisa. La más romántica dice que el encuentro fue en Argel y que el flechazo fue instantáneo. A los diecinueve años Elisa ya se había desencantado de su marido y de la vida mediocre en la colonia francesa. La seducción de López y las maravillas que hablaba de su tierra bastaron para encender la imaginación de la joven al punto que decidió abandonar a su marido. Sin decirle a Quatrefages que se trataba de una separación, Elisa viajó a visitar a su amiga Eduvigis. En Londres volvió a ver a López y combinaron para encontrarse más adelante en París. La otra versión es mucho más sórdida. Dice que Quatrefages prácticamente tiró a Elisa en brazos de su superior, un coronel apellidado D’Aubry, para conseguir ascensos en su carrera. La aparición de otro amante (el conde ruso Mijail Meden) derivó en un duelo que le costó la vida a D’Aubry. Quatrefages, preocupado por los alcances del escándalo, "exilió" a su mujer, quien finalmente recaló en París y comenzó a trabajar en una casa de citas. Por esos días, un asistente de López pensó en ella para distraer al joven recién llegado. Lo cierto es que, juntos, Francisco y Elisa conocieron a Napoleón III y la emperatriz Eugenia y recorrieron las principales ciudades de Europa. Entretanto, Elisa quedó embarazada de su primer hijo, Panchito, y López pagó a Quatrefages el dinero que éste exigía para conceder el divorcio. A fines de 1854, López volvió al Paraguay a bordo del Tacuarí, un buque de guerra que había comprado para su país. Elisa lo siguió en otra nave: convencida de que iban a casarse, se lanzó a la aventura de vivir en esa tierra lejana que su amante le había pintado como una potencia de riquezas incomparables y paisajes maravillosos.

El milagro paraguayo

Francisco Solano López no le había mentido en algo: a mediados del siglo pasado Paraguay era una rara perla en el continente. Mientras las naciones hispanoamericanas vivían un continuo baño de sangre, el país se mantuvo entre 1816 y 1840 con las fronteras virtualmente cerradas, gobernado por el dictador supremo Gaspar Rodríguez de Francia, cuya obsesión (aparte de aplastar toda posible oposición) era defenderse de las aspiraciones hegemónicas de Buenos Aires y de su otro poderoso vecino, Brasil. A pesar de su absolutismo, Francia dejó a su muerte un Paraguay de campesinos sin pobreza ni esclavitud, sin guerras intestinas y con una economía sólida. El padre de Francisco, Carlos Antonio López (quien asumió la presidencia en 1844), dio otra vuelta de tuerca a la economía e industrializó el país. Quebró parcialmente el aislamiento contratando técnicos extranjeros y enviando jóvenes para estudiar en el exterior; construyó el primer ferrocarril y el primer telégrafo de Sudamérica, creó una flota mercante y hornos de fundición y afianzó la agricultura y la ganadería con obras de irrigación y mejoras técnicas. Pero López también veía como inevitable el conflicto que se desataría después de su muerte: las aspiraciones territoriales de Brasil y la Argentina, sumadas a los intereses británicos (opuestos a los paraguayos, cuya economía estaba en manos del Estado) no presagiaban nada bueno. Mientras hacía valer su muñeca diplomática, comenzó a preparar el país para llegar a la guerra en las mejores condiciones posibles.

Decepción y desquite

Apenas llegó a Paraguay, Elisa supo que no habría casamiento. Además de la oposición familiar hacia ella - rayana en el odio - y del desprecio de la sociedad paraguaya, estaba Juanita Pesoa, un antiguo amor que ya le había dado un hijo a Francisco. Hubo muchas otras mujeres en realidad, pero las dos siguieron con él hasta el fin. Ésa no fue la única decepción para Elisa. Si en Europa se habían mostrado juntos (él la acompañaba a misa en la catedral de Notre Dame, la llenó de joyas y la llevaba a todas partes), en su tierra López la enclaustró en una quinta a la que iba de tanto en tanto. Allí nació su segunda hija, Corina Adelaida, que murió al poco tiempo. Pero la irlandesa era brava y pudo desquitarse parcialmente cuando murió López padre y Francisco Solano fue nombrado presidente a despecho de su hermano Benigno. Elisa se trasladó a la ciudad para estar más cerca de su amante (en rigor, nunca vivieron juntos) y comenzó a influir en la sociedad y en el gobierno. En lo social, modificó las costumbres de Asunción e impuso las modas parisienses: llegaban revistas, vinos, telas y perfumes franceses; en los salones se comenzó a hablar de literatura y a jugar al ajedrez; se construyeron balnearios. En lo político, se manejó como una jefa de Estado extraoficial (entre otras cosas, tuvo que ver con la creación del primer hospital para mujeres) que atendía algunas demandas de la gente del pueblo. Francisco Solano fue, además, nombrado mariscal. Pero él no tenía la visión política de su padre. De él había heredado la desconfianza política hacia sus vecinos, pero - admirador del Segundo Imperio francés que conoció en su viaje - estaba convencido de que había llegado el momento en que el Paraguay debía hacer oír su voz en América. En ese sentido, también hay dos versiones con respecto a la influencia de Elisa: para unos trató de prolongar el compás de espera, al menos hasta recibir las armas y los barcos encargados a Francia. Para otros, su sueño de ser la emperatriz de un Napoléon americano empujó a López hacia lo inevitable. También se dijo que mandó asesinar a Panchita Garmendia, un amor juvenil de López a quien llamaban "la doncella del Paraguay". Entre tanto, Elisa había dado a luz a Federico, Carlos, Leopoldo y Enrique.

La guerra

Los desaciertos diplomáticos de López, las ambiciones del Brasil y las mezquindades políticas de la Argentina y el Uruguay (enfrascados en sus guerras internas) derivaron en un ajedrez en el que las alianzas políticas cambiaban día a día. Pero el propio López encendió la mecha que desató la guerra (originalmente contra Brasil) y desembocó en la firma del Tratado de la Triple Alianza, cuyos objetivos eran implacables: hacer desaparecer el gobierno de López, cobrarle al Paraguay los gastos de la guerra y (aunque se hablaba de respetar la integridad territorial del contrincante) hacerse con la mayor cantidad de territorio paraguayo posible (Nueva 210).Corría 1865. López partió al frente y Elisa (junto con Panchito, de diez años) pronto se reunió con él. En el campo de batalla la llamaban "el coronel". Acompañó a López hasta las cercanías de Yataití-Corá (donde el mariscal se reunió infructuosamente con el general uruguayo Venancio Flores y el general Bartolomé Mitre), tuvo su séptimo hijo (Miguel, quien murió de cólera pocos días después) en medio de la batalla de Tuyutí y pasó su posparto atendiendo heridos. A todo esto, mientras el cólera y la guerra hacían estragos, López veía resquebrajarse el frente interno: sus hermanos conspiraban contra él (ordenó ejecutarlos junto a los demás cabecillas) y se dice que su propia madre le envió unos chipás envenenados, pero no llegó a comerlos porque una de sus tantas hijas naturales alcanzó a avisarle a tiempo. Entre combate y combate, Elisa y Francisco se desencontraron varias veces, y en una ocasión la irlandesa estuvo a punto de caer en manos enemigas, pero fue rescatada por el general Martin Mac Mahon, ministro plenipotenciario de los Estados Unidos, quien además era portador del testamento por el que López dejaba a Elisa todos sus bienes.

La tragedia de Cerro Corá

La ciudad de Asunción había caído en 1869 y se formó un gobierno provisional en reemplazo de López. A esa altura, los propios aliados (aunque finalmente se repartieron casi la mitad del territorio paraguayo) estaban horrorizados de su propia victoria: habían muerto 90 por ciento de los varones, y en total casi las tres cuartas partes de la población. El país nunca pudo recuperarse de esa sangría.Casi sin seguidores, el mariscal (y con él Elisa y Panchito, por entonces de quince años) siguió combatiendo hasta el fin. Y el fin llegó a principios de 1870, en Cerro Corá. Elisa vio morir a sus seres queridos: Francisco, alcanzado por lanzazos y balazos; Panchito, por defenderla a ella. Apenas alcanzó a cortar a cada uno un mechón de pelo que guardó en un relicario y a cavar con sus manos la fosa para enterrarlos. Fue tomada prisionera, despojada de sus bienes -a pedido de las damas paraguayas- y expulsada.

Más traiciones

Finalmente, Elisa partió a Europa con sus niños. No le quedaban más de quince años de vida, pero todavía le faltaba sufrir la muerte de otro hijo, Leopoldo, y la traición de casi todas las personas en quienes confiaba para recuperar sus posesiones. Los únicos respaldos que tuvo provinieron de su fiel amiga Eduvigis Strafford y del general Mac Mahon (quien le devolvió el dinero que Elisa le había dado, declaró a su favor ante los estrados y puso a su disposición al cónsul norteamericano en París, amigo suyo). Tuvo una decepción más: regresó a Asunción - invitada por el presidente Juan Gill, quien se declaraba un leal servidor y aconsejaba su presencia para defender los intereses por los que luchaba - y se alojó en la casa de una amiga. Pero apenas se enteraron de su llegada, un grupo de patricias armó revuelo y pidió que la expulsaran. Gill les hizo caso. Volvió a París, donde sobrevivía vendiendo las pocas cosas que le quedaban, y enfermó de cáncer. Murió a los cincuenta años en la miseria, con la sola compañía de Eduvigis y una hermana de ésta, de su hijo Federico, un médico y la portera del edificio donde vivía. Tenía en sus manos su único tesoro: el relicario con los cabellos de Francisco y Panchito. La que había sido casi una emperatriz tuvo el más modesto de los entierros en el cementerio de Montmartre.

Fuente: www.amanza.com.ar


jueves, 24 de mayo de 2012



TILINGOS
Arturo Jauretche 
25 de Mayo 1974 – 25 de Mayo 2012
en un nuevo aniversario de su partida, 
siempre presente




CONFIRMADO me propuso este tema. Pensé entonces que era la oportunidad para ofrecer una respuesta, entre las muchas que pueden articularse, a un interrogante que plantea José Luís de Imaz en Los que mandan; "¿Por qué, no obstante su peso económico, su rol en la modernización, y haber sido innovadores tecnológicos, los empresarios no pesan en la vida del país?".
O pesan al revés. Este es el caso de ciertos tipos de grupos económicos capitalistas, adscriptos a la política de la Sociedad Rural, ya consolidados dentro del viejo sistema agro-importador, que prefieren un mercado interno pobre en condiciones de monopolio a un mercado en crecimiento en condiciones de competencia, como los que apoyaron la política de contención del progreso en las Juntas Reguladoras de la Década Infame. Sólo que éstos sí saben lo que quieren.
Pero no voy a hablar de economía, sino del tema propuesto; de la forma en que la tilinguería impone sus pautas, y cómo ellas están perturbando el desarrollo de la inteligencia nacional y sus impulsos creadores. Y ésta es cosa de que debe tomar cuenta también el político militante, si es que no sabe que el comité ha muerto definitivamente. Porque los estados de opinión, entre los cuales tiene importancia fundamental el slogan que surge de la cuestión de los status, pesan mucho más que una recluta que sólo vale para las elecciones internas. En el Espasa Calpe se lee tilingo: "Argentinismo: Insustancial, ligero, que habla muchas tonterías". Segovia, en su Diccionario de Argentinismo", expresa: "Dícese de la persona simple y ligera que suele hablar muchas tonterías".
Los paisanos, de un tipo así, dicen; "Hombre sin fundamento". 
Don Hipólito - desde luego, Yrigoyen es el Hipólito por antonomasia - decía "palangana". Supongo a esta expresión tradicional y fundada en la poca cosa y mucho ruido de la enlosada al caer retumbante. Usted lo conoce al tilingo. Y si no lo conoce, ahí lo tiene al lado, en esta mesa de un café céntrico donde se han sentado cuatro o cinco tipos con portafolios. Algún día habrá que escribir la historia del hombre del portafolio. Hubo la etapa de la posguerra con los "ingenieri" italianos recién llegados que escondían bajo el cuero -con una sugestión de planos y patentes de invención - el sándwich de milanesa del almuerzo. Ahora es posible que el portafolio contenga la cuarenta y cinco persuasiva, o la concluyente tartamuda portátil. Pero esos que están en la mesa de al lado sólo llevan allí sueños, proyectos, hipotéticas transacciones. Andan a la búsqueda de enganchar algo, intermediar en alguna operación cualquiera para ganar una comisión, y muchas veces intermediando entre intermediarios. Generalmente se ayudan con el teléfono de un amigo que tiene escritorio y al que han pedido permiso para que les "dejen dicho". Ese teléfono, la mesa del café y el portafolio constituyen su establecimiento comercial.
Mientras llega "el asunto*', hablan de fútbol, de carreras, de política, de economía. Cuando tocan estos dos temas últimos, nunca faltará quien diga: "Lo que pasa es que los obreros no producen". Ahí está el tilingo. No se le ha ocurrido averiguar qué es lo que él produce y qué producen todos ellos, puntas sueltas, mallas erradas en la enorme red de intermediación que es Buenos Aires. Que un tipo que no produce diga, en una reunión de tipos que no producen, que no producen los únicos que producen algo, es tilinguería. En esto de producir, tenemos muchos productores rurales por el estilo que creen que la condición de productor la da la propiedad de una estancia, unos breeches y unas botas de polo, que viven en la ciudad -"porque mi señora dice que hay que educar a los chicos"- y dan una vuelta por el campo cada quince días. Productores rurales son los que trabajan y producen en el campo, que pueden ser patrones o peones, pero no los que no intervienen en la producción sino como propietarios, y que son rentistas aunque no arrienden. Estos también son de los que dicen que los "obreros" no producen. Y ya no desde la posición marginal del tipo del portafolio, sino empinándose como "fuerza viva" sobre la que descansa la economía del país. Inevitablemente, éstos y otros representantes de la tilinguería son los que, ante la menor dificultad, califican al país: "Este país  de m...", colocándose fuera del mistao a los efectos de la adjetivación. Y la verdad es que el país lo único que tiene de eso son ellos: los tilingos.

EL racismo es otra forma frecuente de la tilinguería.

La tilinguería racista no es de ahora y tiene la tradición histórica de todo el liberalismo. Su padre más conocido es Sarmiento, y ese racismo está contenido implícitamente en el pueril dilema de "civilización y barbarie". Todo lo respetable es del Norte de Europa, y lo intolerable, español o americano, mayormente si mestizo. De allí la imagen del mundo distribuido por la enseñanza y todos los medios de formación de la inteligencia que han manejado la superestructura cultural del país. Recuerdo que cuando cayó Frondizi, uno de esos tilingos racistas me dijo, en medio de su euforia:
-¡Por fin cayó el italiano! Se quedó un poco perplejo cuando yo le contesté:
-¡Sí!, lo volteó Poggi. Muchos estábamos enfrentados a Frondizi; pero es bueno que no nos confundan con estos otros que al margen de la realidad argentina, tan italiana en el presidente como en el general que lo volteó, sólo se guiaban por los esquemas de su tilinguería. Ernesto Sábato, con buen humor, pero tal vez respirando por la herida, ha dicho en Sobre héroes y tumbas más o menos lo siguiente: "Más vale descender de un chanchero de Bayona llamado Vignau, que de un profesor de filosofía napolitano". La cita me chocó en mi trasfondo tilingo (fui a la misma escuela y leí la misma literatura) porque tengo una abuela bearnesa también Vignau, tal vez más que por lo de Bayona, por lo de chanchero (vuelvo a recordar que fui a la misma escuela, etcétera).
La verdad que ni el presidente ni el general son italianos. Simplemente son argentinos de esta Argentina real que los liberales apuraron cortando las raíces. Pero la idea liberal o sarmientina no era ésa. Ella tenía, y tiene, una escala de valores raciales que se identifican por los apellidos cuando son extranjeros. Arriba están los nórdicos -con escandinavos, anglosajones y germánicos-; después siguen los franceses; y después los bearneses y los vascos; más abajo los españoles y los italianos, y al último, muy lejos, los turcos y los judíos. Cuando yo era chiquilín nunca oí nombrar a un inglés -que generalmente era irlandés, pero la diferencia era muy sutil para entonces- sin decir "Don", aunque estuviera "mamao hasta las patas". El francés, a veces, ligaba el Don; y en ocasiones, el vasco. Jamás el español, que era "gallego de...", lo mismo que el italiano "gringo de...". ¡Para qué hablar del turco y del ruso.' En La condición del extranjero en América, Sarmiento parece revisar sus tesis sobre la inmigración. Pero no nos engañemos: se sintió defraudado por la misma porque vino del Mediodía de Europa. El hubiera querido una inmigración de arquetipos, y los arquetipos son los que estaban en lo alto de su escalera antiamericana y antiespañola. Afortunadamente fracasó, y eso es lo que nos ha salvado como nación. En algún lugar he recordado las palabras de Hornero Manzi cuando me dijo: - Lo que nos ha salvado es la actitud del italiano y el turco, que en lugar de proponerse como arquetipos, propusieron como tal al gaucho; así, en el ridículo del cocoliche se nacionalizaron en lugar de desnacionalizarnos. Sólo falta imaginar lo que hubiera ocurrido si las pampas y las aldeas se hubieran poblado de los ejemplares arquetipos deseados por ese racismo, con la actitud de obsecuencia de las generaciones liberales para todo lo foráneo. Ya se ha dicho que esa tilinguería racista viene de lejos.
Pero se acentúa cuando se producen cambios sociales. Entonces, la tilinguería se exacerba en una peyorativa actitud racista. Pasó con el acceso al poder del radicalismo. Los tilingos de entonces cargaron el acento sobre los apellidos italianos de la nueva promoción política suscitada con el ascenso de la clase media: la pequeña burguesía inmigratoria y los doctores de primera napa nacional. La oposición conservadora adoptó un aire peyorativo que se tradujo en toda una literatura política, que fue del periódico - La Mañana y La Fronda, sucesivamente, fueron sus expresiones más calificadas- hasta el discurso parlamentario. Se jugaba, por ejemplo, con la equívoca significación de algunos apellidos; así, la triple fórmula Coulom-Coulin-Culacciatti, que integraba, con la igual finalidad peyorativa hacia los criollos desconocidos, don Julio del C. Moreno -un personaje riojano- completaba el ridículo en la imagen anal. Hasta cuando el apellido era patricio se lo modificaba para ponerlo a tono: así, padeciendo Yrigoyen de un posible mal de las vías urinarias, el doctor Meabe, su médico de cabecera, se convertía en el doctor Meabene para adecuarlo a la cita siguiente que era la de un correligionario de la 3a Don Plácido Meo.
En realidad, para los que lo escribían no se trataba de otra cosa que de un recurso humorístico. Pero para el tilingo de entonces el fundamento más real, el que más invocaba, el que más jugaba, era ese de los "gringos", Y lo de "gringos" sólo jugaba para los descendientes de inmigrantes provenientes del Mediodía de Europa. No para los otros. Pasó mucha agua bajo los puentes, y vino otro movimiento multitudinario: el de 1945. Ya los gringos se habían incorporado y su presencia política no lesionaba a la tilinguería, no sé si es porque de las nuevas promociones ascendentes habían salido también promociones de tilingos. Sólo así puede explicarse que un hijo de italianos -Sammartino- haya hablado despectivamente de los "negros" al referirse al "aluvión zoológico", en una caracterización evidentemente racial y peyorativa, cuando aún estaba fresca la tinta que lo había calificado a él también peyorativamente. Que "el gringuito" de unos pocos años atrás se sienta vieja clase frente a los descendientes de los conquistadores en la confrontación de sus apellidos no revela simplemente que "el gringuito" se ha incorporado a la tilinguería. Lo grave es que se ha frustrado como guarango. Y la guaranguería es la espontaneidad de las nuevas clases, de las promociones que irrumpen con cada ascenso de la sociedad, porque los dos grandes movimientos populares del siglo - el de 1914-16 y el de 1943-45- han sido la expresión de eso: de ascensos masivos.
                                                                                                             Junio de 1966

Fuente: www.magicasruinas .com.ar



miércoles, 23 de mayo de 2012


Alrededor del Cabildo, el Abrazo de los Eunucos

Nota de Opinión



Hace pocos días un compañero de estos espacios, Manuel El Coronel, advertía acertadamente sobre la construcción político-mediática de un microclima destituyente similar al vivido luego de los comicios del año 2007 lo que a la sazón desembocó en la desmesurada asonada campestre y su correlato electoral en las elecciones de medio término del año 2009.

Ciertos incisos comunes son dables observar: A la pretensión de motorizar y nacionalizar un nuevo conflicto agrícola a propósito de la necesaria y justa reevaluación impositiva bonaerense, atrasada en no menos de una década, se suma la andanada de acusaciones y pedidos de explicaciones sobre la base de la catarata desinformativa (sin ninguna prueba concreta – espejo de Skanska) que tiene en vigilia el accionar del Vicepresidente Amado Boudou. La ley de medios de la democracia vuelve a estar en el centro de la escena debido al fallo de la Corte que impone un tope taxativo a las trampas cautelares habiendo determinado el 7 de diciembre del corriente año como fecha testigo para iniciar el proceso de desinversión de las corporaciones que hasta ahora no han cumplido con el artículo 161 de dicha normativa constitucional.

Los patéticos y minusválidos abrazos al Cabildo porteño y al Palacio de Tribunales, en ambos casos llamativamente reclamantes y heterogéneos, configuraron un nuevo intento por recrear el grupo A, construcción legislativa fantasmal, plagada de errores y horrores voluntarios que nos trajo aparejado no menos de dos años de absurdas zancadillas y falsas denuncias. Entre los patrocinantes del cónclave, cuadras mediante, pudimos observar tanto al Pro (haciéndole el aguante a su procesado líder), como a cuadros de Proyecto Sur y hasta el mismo ex candidato del Socialismo Hermes Binner, cuyas explicaciones sobre sus contratos directos con Bolt-Clarín nunca fueron convincentes y menos aún observados con detenimiento, ni mediáticamente y menos aún judicialmente.

(Como entusiasta socialista me permito recomendar, a nuestros compañeros de la izquierda, el artículo de Atilio Borón titulado Argentina: Dilema de la Izquierda Marxista ALAI AMLATINA del 19-5-2012).
“No hay una solución sencilla para el enigma que representa el peronismo en la política argentina: un proyecto burgués, sin dudas, porque la misma Cristina ha dicho una y mil veces que lo que anhela es instalar en la Argentina un “capitalismo serio”, pero dotado de una envidiable base popular que ha mantenido su lealtad al peronismo durante sesenta y siete años, desde las lejanas jornadas fundacionales del 17 de Octubre de 1945. No es lo mismo, para la izquierda, posicionarse frente a Piñera, Calderón, Santos o Chinchilla, que hacerlo frente a Cristina o, salvando algunas diferencias, frente a Dilma en Brasil. De ahí la enorme dificultad de la izquierda marxista para hacer política, para pasar de sus más que justificadas denuncias –éticas, económicas, políticas- a la construcción de una alternativa de masas orientada hacia la superación histórica del capitalismo”.


Entre uno y otro había de todo, como en botica. El empeño opositor es recurrente de modo que no entusiasma para ser pensado justamente por adolecer de argumentos políticos básicos. Desde lo económico se intenta presentar un proceso de desaceleración del crecimiento y del consumo como si fuera un derrotero deficitario y no como lo que realmente es. Pretender que en plena ebullición económica internacional el país continúe creciendo a tasas del ocho o nueve por ciento resulta poco menos que ilusorio. Es razonable entender que estos momios se reduzcan ostensiblemente producto de puntuales correcciones. De modo que crecer al tres o cuatro por ciento anualmente no significa dejar de crecer, significa crecer menos que no es lo mismo. Parece tonto aclararlo, pero se hace necesario. La baja en el consumo, debido que aún no se han cerrado las paritarias, tiene que ver con un elemento substancial y novedoso en la coyuntura: la incertidumbre que aún detenta la interna sindical. Elemento este que no estaba en aquel momento histórico. Nada hace pensar, ni siquiera a los más enfáticos detractores del modelo, que se reitere aquel microclima económico 2008/2009 en donde el crecimiento se detuvo ostensiblemente producto de la crisis global. Inclusive sus editorialistas más serios, en los suplementos económicos dominicales, suelen afirmar que el Gobierno siempre ha tenido los reflejos políticos adecuados y en algún caso sorpresivos para resolver cuestiones que parecían inexorables.

Sugestivamente, o no tanto, el dólar paralelo vuelve a concitar atención de cártel francés aún sabiendo que sólo mueve entre un dos y un cuatro por ciento de las operaciones rutinarias de cambio.

Una nueva coalición del miedo está en marcha y tristemente, como la anterior, no se está construyendo estimulada por la dinámica política, el debate y el juego de las ideas, sino por la necesidad de preservación. En ocasiones cuando transitamos por el desierto intelectual corremos el riesgo de que la sed nos impulse a beber  elixires nauseabundos. Se percibió penoso observar al excandidato presidencial Socialista al momento que la periodista María Belén Aramburu lo consultara sobre el fallo de la Corte con respecto a la Ley de Medios Audiovisuales derivando de modo precipitado la cuestión, sin complejos ni eufemismos, hacia el tema Boudou. 

Los medios hegemónicos han disciplinado nuevamente a la oposición detrás de sus propios intereses. Para ello han utilizado sofismas de toda clase y tenor: Desde montar curiosas paradojas y operaciones mediáticas, exigiendo conferencias de prensa como cuestión determinante (¿?), hasta menoscabar el intento comercial para abrir mercados emergentes (en este caso el africano), colocando como excusa el modelo político local. Llamativa cuestión que no parece ser tema fundamental cuando de otras latitudes se trata: China, Rusia, etc. Como dato adicional recordemos que si bien Jimmy Carter censuró públicamente a la dictadura cívico/militar por violaciones sobre los DD.HH en Argentina, nunca EE.UU. dejó de comerciar con nuestro país a pesar de la sanguinaria cacería que por entonces se estaba llevando a cabo, al igual que Francia, Alemania, Reino Unido y demás democracias occidentales (Todo esto ocurría mientras Clarín y La Nación se asociaban con ese mismo “Estado asesino” en Papel Prensa... cuestiones de la manipulación informativa. Propongo revisar los archivos de modo constatar la ausencia de crítica al respecto sobre dichas conductas comerciales).

Los que nos identificamos con el actual proyecto nacional y popular debemos poner atención a las muescas que la contemporaneidad nos presenta. Leer con atención el presente y sobre todo detenernos en las entrelíneas de los editorialistas corporativos, de ahí parten claramente y sin medias tintas las estrategias destituyentes. Por ejemplo, ya han instalado como tema la concreta y puntual intencionalidad de ejecutivo por modificar la constitución de modo enmendar el inciso que reza sobre la reelección presidencial (una reciente declaración de Stolbizer lo da por cierto). Ergo. Se tira una sospecha, se la adereza, se la motoriza y queda exhibida como verdad revelada en boca de los gestores de turno, tratando de crear una atmósfera cuasi autoritaria de incierta reacción colectiva, sobre todo en los segmentos medios de la sociedad, aún cuando el propio oficialismo haya desestimado inmediatamente la versión.

Agenda corporativa, denuncismo, honestismo, desmesura en la protesta, interna gremial, mesa de enlace, factores internacionales, reinstalación del tema de la inseguridad, ausencia de política en la oposición parecen darle la razón a nuestro amigo dorreguense, más allá que el 54% resulta insoslayable en el análisis. De todas formas es probable que los próximos comicios arrojen un escenario disímil debido a que siempre las elecciones legislativas incluyen una atomización lógica en todo el frente político, no sólo dentro de las filas oficiales. Sabemos también que dicha coyuntura será presentada como una derrota del kirchnerismo, aunque el resultado no impacte en absoluto en la distribución de los escaños.

Mientras tanto la oposición continua su eunuco derrotero. Políticos que no lo son, que no hablan de política, que no proponen políticas y que se contentan por cuidar y proteger los harenes de terceros, poderosos jeques que les aseguran su necesario e imprescindible estado de conservación.