EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

lunes, 24 de julio de 2017

“Estigmatizapolio”




¿Cuántos de los ciudadanos que otrora se inclinaron fervorosamente por el kichnerismo hoy le dieron la espalda a propósito de la propaganda y el denuesto falsario? Acaso en política la estigmatización de grupos por parte de la poderosa mass media sea un arma extremadamente eficiente para inclinar la balanza. Históricamente no sólo existen hitos a destacar sobre el tema, sino además grandes matanzas. Nadie con las defensas bajas, permeable a la opinión publicada, desea adherir a una agrupación acusada (sea cierto o no) de desquiciada y corrupta, y menos aún que lo relacionen directamente con ella más allá de coincidir con sus lineamientos políticos.
De todos modos no llama tanto la atención que las demás opciones políticas exhiban tantos o más granos que el propio kirchnerismo en estas cuestiones teniendo en cuenta que dichos eczemas se encuentran mimetizados, acaso protegidos por la propia mass media acusadora. Si nos detenemos puntualmente sobre los triunfadores en cada distrito notamos que el tema de la corrupción no ha tenido su correlato electoral. Es la estigmatización mediática de los grupos y personas lo que produce la fuga en sí y no la corrupción misma. Que los kirchneristas somos naturalmente corruptos está tan instalado políticamente como que los judíos se quedaban con las rentas colectivas de los alemanes. No importa que sea cierto o no, es así, es útil como argumento político y no se modifica.
Esta suerte de sayo instalado produce fugas inerciales. Se me dirá que dentro de un cuarto oscuro uno decide autárquicamente, pues me atrevo a soslayar que uno también desea pertenecer socialmente a un colectivo que lo contenga, dejar de ser estigmatizado, siendo el camino más corto deshacerse del sayo. Por eso temo que la estigmatización es otra de las grandes vencedoras de las PASO; sucede que para su tristeza no puede salir a festejar, resultaría vergonzoso que el prejuicio y la falacia conceptual determinen el futuro de una sociedad.




VERDADES, VERSIONES, MENTIRAS, CALUMNIAS Y MANIPULACIONES


por Sebastián Olaso (para La Tecl@ Eñe)


Vivimos en tiempos en que el concepto de verdad se ha vuelto increíblemente complejo. Estoy de acuerdo con que no hay verdades únicas, con que algunas supuestas verdades son apenas factores de poder, visiones fundamentalistas o elementos de dominación o de manipulación. Tengo muy en claro que la idea de un pensamiento único, sin posibilidad de disidencia, puede derivar en sociedades violentas, totalitarias, intolerantes, homogéneas, hegemónicas, represivas. Pero me niego al “borramiento” del concepto de verdad. Me niego a que, como contracara, se anule el concepto de mentira. Me niego a que haya un nuevo totalitarismo donde no haya más que supuestas verdades particulares, personales, que permitan mentir a mansalva, de modo impune. Me niego a que el debate use la expresión su verdad cuando debería usar la expresión su versión: versión que, luego se verá, quizás en algunos casos sea una verdad personal, pero quizás en otros casos sea una mentira lisa y llana.

Por lo tanto, entiendo que es necesario que todos volvamos a considerar hasta dónde vamos a relativizar el concepto de verdad. ¿Toda, toda, toda versión entrará en el criterio de verdad personal?
En este juego de excesos y omisiones que se crea muchas veces cuando se necesita visibilizar algo importante, creo que es necesario, además, no aplanar las miradas. Creo que es necesario restituir un espacio al concepto de verdad. Si lo logramos, vamos a poder ser realmente fuertes en nuestros argumentos, en nuestras opiniones, en nuestro posicionamiento. Si en un lugar hay violencia, ilegalidad, represión, abuso, estafa o cualquier tipo de acción digna de atención, intervención, concientización, ¿para qué adulterar los hechos?

La respuesta no está en mis manos; pero según mi opinión (según mi versión, que luego se verá si califica para ser considerara mi verdad), la adulteración está favorecida, entre otras cosas, por la estigmatización del concepto de verdad. ¿Para qué voy a decir que la última dictadura argentina se apropió de mí, si está probado que se apropió de otros quinientos niños? Y si alguien sigue siendo escéptico con el número, lo indudable es que se apropió, al menos, de los más de 120 nietos recuperados a la fecha. Las atrocidades de la dictadura no necesitan de mi mentira para agravarse. Por lo tanto, mi mentira no solamente me convertiría en un mentiroso, sino que además ayudaría a quienes buscan impunidad para los terroristas de Estado y desprestigio para quienes buscan justicia. Lo mismo ocurre con todo tipo de calumnia, de denuncia falsa, de adulteración de la realidad.


sábado, 22 de julio de 2017

ENTREGÁ EL CHUPETE, Y TENDRÁS UN JUICIO JUSTO... por Osvaldo Fernández Santos, Psicólogo – Psicoanalista para La Tecl@ Eñe







Triste presente el de una sociedad que desprotege y castiga a los más vulnerables. Las propuestas sincrónicas de desatender a los ancianos y perseguir a los niños desamparados, es un cóctel añejado del capitalismo, hoy preparado y servido desde un programa de Excel.
           
El pragmatismo inmoral como filosofía política, sacrifica en el altar de la hipocresía de la conciencia del buen ciudadano -formateada por los medios concentrados de “información” y los memes de los trols-, los residuos de las clases sometidas, los viejos que dependen del Pami y los pibes que sobreviven en la inmediatez del día a día, en un país atendido por quienes se creen y hacen creer que son sus dueños.
           
El vampirismo oligárquico mientras succiona la sangre de los trabajadores, con la redistribución regresiva del ingreso más brutal e inmediata de la historia del país, necesita ofrendar pan y circo, pero siempre le urge más sangre. La obtenida por la confiscación de los medicamentos de los abuelos es desvitalizada, raquítica en términos económicos duros, pero aporta a la perinola de la clase dominante, que cuando la hacen girar están tranquilos, porque saben que todos los laterales dicen: “toma todo”.
           
En el pan y el circo se cristaliza el riesgo de la desubjetivación. La revitalizada compulsión a la repetición noventista, apunta en esta escena, al proceso de desmantelamiento de la subjetividad. La propuesta inmoral de bajar la edad de imputabilidad, conlleva el principio de lo supuestamente conveniente por sobre los valores de la solidaridad y cuidado de niñas y niños, básales de la cultura. En el origen de toda cultura, a partir de la irreductible asimetría de poderes existente entre adultos y niños, opera la pautación que interdicta la apropiación de los cuerpos de los niños por parte de los adultos. La humanización es inherente a la praxis de la responsabilidad por parte de quien detenta el poder ante el otro indefenso y/o dependiente, ninguna ley ética puede invertir el orden de la asimetría estructural y penalizar al niño por la falla del adulto.
           
Blandir de modo mágico-demagógico-cínico la baja de la edad de imputabilidad a los 14 años, para enfrentar la problemática de la “inseguridad”; parte de dos supuestos siniestros: 1) Que sus mentores realmente crean en dicha solución, y/o 2) que se encuentren convencidos de que la medida goza de consenso social, el cual con anterioridad, alimentaron con la amplificación mediática al infinito del accionar de “los pibes chorros” y ahora asesinos. Ante la proposición abyecta de criminalizar aún más la infancia, y antes que el furor punitivo se extienda hasta solicitar la entrega del chupete del “delincuente prematuro”; resulta necesario refutar la lógica pragmática que sostiene el primer supuesto, enfrentando las nauseas que provoca tener que hacerlo.
           
Desde hace 20 años me desempeño como perito psicólogo en el Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires, durante los últimos cuatro, en el Cuerpo Técnico Auxiliar (CTA) del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil, en un departamento judicial que concentra uno de los índices más elevados de apertura de causas penales juveniles. Durante ese período, trabajé en forma absolutamente dominante con jóvenes pobres, con una sola excepción. La abrumadora mayoría de los evaluados fueron jóvenes inculpados de cometer delitos contra la propiedad. En dos oportunidades intervine en casos de lesiones (daños a un tercero), en ambas ocasiones fueron debidas a peleas callejeras. Evalué solo un niño inimputable (menor de 16 años). En forma predominante los jóvenes peritados recibieron diversos maltratos por parte de la policía y fueron alojados en comisarías (circunstancia prohibida por la ley 13.634, pero de práctica corriente).

Intervine en el transcurso de estos cuatro años, en dos casos de homicidio. El párrafo aparte es ex profeso, a buen lector poca aclaración. Uno de ellos se trató de un adulto de 28 años, que llevaba 11 años detenido, y fue condenado por participar en un robo cuando contaba con 17 años de edad, en el cual fue asesinada una persona por parte de un adulto co-autor del acto delictivo. El otro caso de homicidio, se correspondió con un joven de 16 años, de clase media-alta, que al procurar sacar del garaje el auto de los padres, mató a una mujer que pasaba caminando por la vereda de enfrente. Este adolescente es el único caso de los que evalué, donde la policía le brindó contención, y le ofreció ayuda psicológica. Nunca estuvo detenido.

Un modo de dimensionar la incidencia de los delitos cometidos por los jóvenes respecto del delito general, es la situación desencadenada en el ámbito del poder judicial respecto de la evaluación de los niños y niñas abusados sexualmente. A partir de la ley 13298, se solicitó que los niños y niñas presuntamente victimizados sexualmente por adultos, fueran evaluados a modo de colaboración en los CTA. Durante el año 2016, el 80% de las pericias que produje fueron sobre causas de abuso sexual correspondientes al fuero penal de adultos. Es decir, que la comparación de todos los delitos cometidos por los jóvenes infractores contra el delito único de abuso sexual perpetrados por adultos, arroja una relación de 2 a 8.

El método inductivo nunca puede generalizarse en modo automático, no obstante, la casuística obtenida en mi praxis pericial, coincide con los informes realizados por la Comisión Provincial por la Memoria en base a datos aportados por el monitoreo exhaustivo llevado a cabo por el Comité contra la Tortura, el Grupo de Estudios sobre el Sistema Penal y DDHH y el Observatorio de Adolescentes y Jóvenes del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA; estadísticas de la Subsecretaría de Niñez y Adolescencia; e investigaciones de campo. En dichos informes se da cuenta que los delitos cometidos por jóvenes representan un 4,2 % respecto del total de los delitos; y que de ese 4,2%, solo el 0,6 % se corresponde con homicidios consumados por jóvenes y/o con su participación.

Ojala el poeta tenga razón y el tiempo esté a favor de los pequeños, de los desnudos, de los olvidados, y a favor de buenos sueños; porque en el presente la esencia de la ternura como principio humanizante está en riesgo.  







Anexo:

La Carta Robada del Polaquito:

Reclutamiento policial y juego electoral sobre la infancia diezmada por Julian Axat, defensor penal juvenil, poeta y abogado



jueves, 20 de julio de 2017

HASTA LA PROSCRIPCIÓN NO PARAN. Todo aquello posible de derogarse será derogado










Ante semejante propuesta se hace imposible concebir que el colectivo social, de manera masiva, intente comprometerse militando políticamente de manera concreta. Rompe a los ojos que la idea del establishment es descorazonar a la sociedad para que dicho segmento no sufra la intromisión de personas y o proyectos políticos que puedan poner en tela de juicio el orden establecido. Desde la metáfora podemos asumir que los bombardeos de junio del 1955 cayeron nuevamente en diciembre del 2015; por eso no nos puede ni nos debe extrañar que en breve repitan la operación, pero para intentar dar el zarpazo final.

Nuestra historia, como muy bien explicó Tito Cossa hace unos años, demuestra que luego de cada intento inclusivo en pos de desarrollar programas políticos en donde la equidad sea el paradigma arribaron procesos tremendamente reaccionarios. Y esto es bueno que lo ponderen los sectores que se autodefinen como progresistas y populares. Luego del golpe a don Hipólito Yrigoyen no vino Lisandro de la Torre, arribó la década infame; luego del derrocamiento de Perón no llegó el socialismo formal, vino una dictadura y la revolución fusiladora; luego del golpe a Illía no desembarcó la vanguardia, arribó Onganía y el departamento de estado; cuando le tocó el turno a Alfonsín, encalló la segunda década infame de la mano del neoliberalismo. De manera que las violentas lecciones que el establishment anticipa tienen su ineludible correlato político, mensajes que si no sabemos prever y contrarrestar eficazmente obtendrán el mismo éxito del pasado. Y cuando hablo de prever y contrarrestar me refiero a no abandonar los espacios públicos y comunes muy a pesar de que sigan cayendo bombas judiciales.   

Este ataque judicial y mediático del presente, inédito y descarado es un artero bombardeo en contra de la política. El mensaje es tan simple y tan sencillo que el básico y limitado sentido común de la mass media lo absorbe sin ningún intento de defensa. En la actualidad y gracias al goteo mediático se asume como válido que las decisiones políticas de los gobiernos legítimos y legitimados por el voto popular que apuntan a modernizar una sociedad o darle un sentido más equilibrado a la distribución del poder son judicializables per-se, por una fuerza conservadora fáctica, independientemente de la existencia de un delito.

La proscripción, nuestra proscripción política, será una necesaria herramienta para que el programa de restauración pueda desarrollarse sin conflictos. Proscripción en los medios, en los sindicatos, dentro del poder judicial, en el Congreso. Me refiero a la invisibilización. El apellido Kirchner deberá ser enlodado jurídicamente y estigmatizado lo suficiente como para poder justificar sin demasiados argumentos la desaparición de todos los símbolos de la época. Instalar la idea de “un colectivo político criminal” de un “gobierno criminal” implica parte de esa línea.
Y volvemos al principio, en la coyuntura todo lo posible de derogarse será derogado, y eso incluye las verdades, sean ellas las públicas, las publicadas y las jurídicas. La diferencia política es clara. Ninguno de los proscriptores puso en riesgo al establishment dominante, tanto el primer peronismo como los gobiernos kirchneristas, sobre todo los de Cristina Fernández, fueron los únicos que en cierta medida lo hicieron, y eso se debe castigar, cuestión aleccionadora y condicionante de manera tal que en el corto y mediano plazo no vuelva a suceder.




martes, 18 de julio de 2017

Se trata de la lucha entre las armas del poder confidencial y las cicatrices del poder popular.






La Campaña, por Horacio González, para La Tecl@eñe



Fuente:


La campaña de Cristina no es una “duranbabización de izquierda” figurada en los manuales de procedimiento de los expertos en hacer “ganar” o “perder” elecciones, o en el sentido común al que nos obligan Fantino o Lanata. La campaña de Cristina contiene el germen potencialmente vivo de una asamblea o un mitin de comuneros libres.


Una campaña política, conquista y reafirma voluntades, mientras que la campaña militar busca desmontarle a los otros sus nociones de organización y lucha. No hay allí un tercer opinante, los electores, sino que las cosas se resuelven cuando alguna de las fuerzas bélicas ocupa el centro de irradiación del enemigo por la potencia de sus medios técnicos, intelectuales y beligerantes.

Sabemos las diferencias, pero no perdamos de vista los parecidos. En una campaña, todo es significativo, gestos desapercibidos cobran singular relieve y cálculos mayúsculos pueden pasar sin interés para la crónica. Se le habla al pueblo de la nación a fin de atraer su atención, por lo tanto es un tipo de mensaje que recubre de importancia al interlocutor, el candidato saluda con más atención y hay que detenerse ante cualquier pregunta callejera, a diferencia de un jefe de Estado, un gran Sindicalista o un Canciller, que aunque puede hacerlo, no tiene en general tiempo para eso. Por eso una campaña es un vasto teatro donde el candidato está a la intemperie, todos los elementos que aparecen ante su vista se mueven a su paso o lo sensibilizan. No tiene guardaespaldas o si los tiene no están en primer plano, con lo que una campaña es también un tipo de Estado, pronuncia una forma de poder y decisión, sobreentendiendo que si ésta tiene ámbitos cerrados o exclusivos, la campaña ayuda a pensarlos por el envés.

Si se trata de poderes confidenciales la campaña ayuda a pensarlos con mayor amenidad, y se configuran también más porosos. Y así, si se entiende que el ejercicio del poder podría excluir una porción importante de la palabra pública, ésta después podrá apreciarse si se eclipsa o se muestra rozagante durante la campaña –a cielo abierto-. Pues no hay poder sin campaña ni campaña si una idea de poder. Entonces, la campaña prefigura, adelanta, permite visualizar cómo sería una orden o una decisión grave futura. Sin que nadie necesite decirlo, la campaña anticipa los estilos con los cuales, si el candidato sale elegido, ejercerá sus oficios.
Es sin duda el reino de la promesa. Mejor dicho, el arte de la promesa. Nadie pide contratos electorales; esta expresión es nueva debido a las notorias distancias que estableció Macri entro lo “dicho” y lo que está haciendo. Sabemos que la política es la movilidad de las decisiones en incesantes escenas moduladas en sus diferencias, pero esto ocurre siempre bajo explicaciones pertinentes y críticas al actuar propio. Una elección en las sociedades masivas, mediatizadas y metropolitanizadas, no puede restringirse a un contrato ni puede desentenderse del valor de las promesas. Es cierto, que algo hay de contrato, pero tiene de contrato lo que le permite la promesa y de promesa, lo que le permite el contrato. Por eso la acusación habitual al macrismo de que rompió el contrato electoral, es justa y comprensible, por lo desmesurado de una experiencia política que se lanzaba a una aventura con cálculos previos sobre la distancia entre lo que sabía que decía y lo que sabía que haría. En ese sentido, es lo más grave que ha ocurrido en la historia de todas las campañas políticas argentinas y anuncia un nuevo tipo de político fantochesco o rocambolesco (incluso en su actitud de bailar como un muñeco desarticulado o el remedo de un pato deforme o aturdido en el propio balcón de la casa Rosada). Sería un político de estructura extremadamente simple: una máscara y un despojarse de la máscara. Dos movimientos vinculados a la vida de las marionetas; mucho más temible cuando despojado del embozo, el rostro crispado muestra su temible verdad.

Ya sea porque el candidato macrista no posee las facultades de la oratoria, sino de una prédica primitiva, paternalista y ofensiva (siempre atemorizadora; su sonrisa es cruel, como mínimo sobradora), ya sea porque las asesorías del caso privilegiaron las imágenes llamadas de “proximidad” por sobre el discurso “dicho a los vientos”, es decir a las multitudes, a la historia o al horizonte utópico que posee toda sociedad, se ha girado hacia un tipo de enunciado basado en arquetipos vacíos, meramente escénicos, que luego se multiplican en “red”. Son ejemplos vastamente conocidos el timbreo, las fotos donde “no se lo sorprenda hablando sino siempre escuchando”, la cercanía con la “gente”, donde el acontecimiento semeja a una reunión de amigos, las referencias cachadoras al fútbol, hechas en reuniones internacionales (como si ninguna otra cosa importara, sólo la camaradería de los hinchas de fútbol, “amigos fingidos en la chistosa incompatibilidad”). Lo cierto es que las experiencias políticas de este tipo, ficticiamente “despolitizadoras” y trazando una línea de abyección contra el “pasado”, además de invocar la “izquierda” en el sentido de fin de las ideologías. Llamándose entonces izquierda al acto de invocar “millenials" –o sea baratijas y mitologemas de periodistas detrás de su bestseller-, conceptos reducidos al uso legendario y absorbente de las redes y todos sus sistemas de control de tendencias de consumo, lo que es un fenómeno que ni deja de reiterar motivos ultra conocidos ni  pierde interés para su estudio etnográfico (como “Adolescencia y Sexo en Samoa”, de Margaret Mead, complejo monumento al relativismo cultural que hoy debilitaría hasta el sarcasmo estas nociones periodísticas sobre los nuevos adolecentes). Nociones periodísticas y electorales, que se traducen en la angustiosa pregunta de los políticos  ¿Qué pasa con los jóvenes?

Los medios de comunicación, ignorantes en cualquier tipo de filosofía a que fuese, han  consagrado la idea de proximidad, actuación, guerra de palabras, modelos de conflicto, creación de conceptos, como el notorio, amenazante y pendenciero de “grieta”, etc. No puede pedírseles que invoquen a Emmanuel Levinas –la alteridad del otro vista en su rostro cercano e infinito-, pero algo hacen los medios: creando una falsa intimidad, anulan falsamente toda lejanía real. En los medios sólo hay destierro, exterioridad, extrañamiento. Pero siempre se apela a una actuación de la proximidad. En cierto programa que se burla de los que concurren llamándolos “intratables”, todos hacen sus papeles, donde la creencia íntima que los sostendría ya no actúa en la creación de situaciones  discursivas sino de roles guionados. El propósito es demoler al gobierno anterior, pero alguien hace de “kirchnerista” y otros “invitados” pueden o no desarrollar un tema en medio de la baraúnda deliberada del programa. Pero predomina la conversión de la política en una teatralidad deforme, que alcanza incluso a los que auténticamente allí despliegan algún razonamiento sostenido en andamios de sensatez. Reina una falsa intimidad, tomada de modelos anteriores de la televisión (a pesar de sus ostensibles diferencias), desde Polémica en el Bar hasta 6,7,8, del cual extraen no pocas nociones respecto a énfasis y ridiculización  de situaciones. La tecnología de la televisión cruza todas las fronteras.

Por eso,  queda como metodología de la enunciación social la idea del sufrimiento directo, o de la exhibición directa del sufrir, de la pérdida personal o de la polémica (verdadera o falsa). El límite se corre siempre y no es posible anclarlo nunca. La reiterada situación deliberadamente provocada de que tal “cruzó” a cuál, es la idea de sociedad de los Medios, el “cruzar” es una polémica inducida –entre Moria Casán y Rial, por ejemplo- y luego este arquetipo se verifica en el mismo “cruce” entre políticos, por ejemplo, en la desfachatez cultivada y fina de Lipovetzky y el primitivismo de un macrismo con pocas horas de enteramiento en Chapalmadal, con algún oponente prefabricado, en Intratables, o con una discusión seria pero jamás posible, fuera de la rapidez de una breve intervención aguda y bien puesta, por un Yasky o un Moreau.

En los últimos tiempos se suele escuchar que algunos mencionan el parecido de la campaña de Cristina con lo “exorcismos” y las apologías al desinterés político y las situaciones de proximidad emotiva creadas artificialmente. Desde luego, no compartimos esta idea, que ya  muchos rebatieron oportunamente. Pero como es evidente que hubo una rotación en el predominio de oratorias políticas ante y frente a la historia, donde se alternaban lo demostrativo con lo emotivo, y el contrapunto se establecía con la presencia simultánea del orador y de multitudinarios oyentes (por ejemplo, en el interior de los patios de la casa de gobierno), todos ellos en el mismo espacio tiempo específico del discurso. Al parecer esto ha sido abandonado, no sólo porque no se tiene el gobierno sino porque ahora los alegatos “ante las exigencias de época” parecerían exteriores a la trama interna de los aparatos electrónico-visuales que crean diseminaciones homogéneas. Al parecer las únicas posibles.

No parecería tener vigencia ahora un discurso trasmitido por televisión, sino un discurso que retoma las raíces teatrales de la televisión desde sus vísceras más internas. No obstante, la relación entre ejemplificación con casos dolorosos y el “método” que consagra casos incidentales como arquetipos “platónicos”, tiene un doble sentido. Se puede partir de la exposición de los damnificados (y agregar o no consideraciones específicas desde el oído que escucha, esto es, quien construyó esa posición privilegiada de escucha que no obstante la convierte en una más, sino en la que escucha) o a la inversa, se puede trazar un panorama general de las atmósferas corrosivas del trabajo, la convivencia, la justicia, la educación, etc., y si se opta por ello, hacerse acompañar por los damnificados y quebrantados por las políticas macristas.

Y allí se presentaría una cuestión no poco importante. El modo de expresión del político cuando habla del estropicio social no puede ser neutro y siempre hay un componente de pasión en sus palabras. Esta pasión no es posible organizarla (sin embargo así lo pensaban Gramsci) ni graduarla en estantes fijos, aunque el riesgo es siempre el síndrome televisivo. La televisión nace del llano; no sólo le gusta hacer llorar, en una mímesis mecánica que se dirigiría a la sensibilidad no menos “automática” del espectador, sino que siente que llegó a la igualdad consigo mismo cuando alguien llora en pantalla. En el cine no es igual, puesto que se sabe que es una representación, pero la televisión, alarmantemente sobrecargada de símbolos, todo se presenta como “naturalista”. Por lo tanto, llorar allí resulta cercano a lo ficticio, aunque íntimamente, el sujeto de llanto posea el sentimiento verdadero de su autenticidad.

¿A qué viene todo esto? La campaña de Cristina no es una “duranbabización de izquierda”, por el solo hecho de que allí hay pueblos, gentes, militantes, encarnaduras heterogéneas, de donde sale un dolor compartido, no prefigurado en las cuartillas que el guionista escribe trabajosamente en sus cartujas de la “rosadita publicitaria”. No obstante esa autenticidad del llanto y el consuelo, figuras propias de un sentimiento extendido desde todos los rituales de salvación, hay otra situación que no puede faltar, que es la drasticidad específica de la historia. Esta nunca puede anularse. Pero no es igual un acto público al drama del desposeído en su seno familiar o en su biografía personal. El drama de la historia recorre especialmente a las multitudes y a los políticos, y su evidencia mayor se expresa en las cuerdas oratorias diversas. Estas ni deben dejarse penetrar por un pasionalismo obvio ni deben dejar que éste se ausente de la acción del orador, que hace de sus pasiones un moderada continencia, fórmula pedagógica más añeja, que nunca desaparecerá ante la dependencia mecánica que introdujeron los tiempos y modos de entendimiento regulados por la televisión. (Fantino: “explique fácil profesor, para que la gente entienda”).

No desaparecerá el orador clásico de los siglos anteriores a las eras telecomunicaciones, las redes y el remodelamiento subjetivo por parte de las empresas fusionadas que trabajan con el cautiverio de la conciencia a través de imágenes precatalogadas –no así las imágenes libres-. No desaparecerá porque está en la esencia igualitaria de lo humano. El sentido común clásico se ha convertido en añicos irrecomponibles ante los profesionales del control de los sentimientos, pero no ha desaparecido en su raíz vinculada a la vida de los pueblos antiguos y modernos, ese formidable pragmatismo creador, del cual incluso Gramsci fue un hijo. Pero la política no es un acto mimético con el sentido común. Trabaja con él, es su interior, sus bordes, su contextura utópica y también su exterior. No consiste en “elevarlo”, ni en “tratar de comprenderlo”, sino en interrogarlo simultáneamente desde adentro y desde su copertenencia a él y desde el mínimo de alejamiento que se permita el político para crear una distancia –otra forma del sentido común- que sea atravesable por quienes cayeron presos del otro sentido común, que ya le anulaba el síntoma interno de su propio interrogarse a sí mismo. Por eso una campaña debe tomar el sentido común, redescubrirlo e invocarlo sutilmente y con no menos sutileza ofrecerle otros caminos, es decir, desdoblar el sentido común pétreo –al que nos obligan Fantino o Lanata- por un sentido común con episodios heterogéneos, que no se rinden ante la idea intelectual sino que también la recreen, porque en ese sentido común también hay filosofía. Una campaña de este tenor, está inscrita en la historia de las sociedades, no en los manuales de procedimiento de los expertos en hacer “ganar” o “perder” elecciones. A esos expertos, si realmente existen, se les escapa la tortuga todo el día. La política no puede regularse con la enciclopedia de Diderot o con manuales Lerú. En el acto de Mar del Plata, además de los casos de destierro del vivir digno y aceptable, a la vista, también surgieron voces del público, con opiniones gritadas o lanzadas con desenfado. Era el germen vivo de un acto pedagógico que potencialmente contenía una asamblea o un mitin de comuneros libres.







lunes, 17 de julio de 2017

Martínez: Sin riesgo, dar la vida es cotillón.. y no hay riesgo, a nadie le importa tener tu vida..





Mirtha y muchos otros a los cuales se los puede ver, leer y escuchar en los medios dominantes darían la vida para que no vuelva el kirchnerismo. Típico de burgués: dar a modo de altruista donación y sin riesgo lo que a nadie le importa recibir, lo que le sobra, lo que ya no tiene ningún tipo de valor más que para un minoritario, directo y selecto grupo hereditario. Ante la pregunta del hombre rata, pokemón de abortada evolución, con relación a cuales cree que son las razones de tanta adhesión a esa idea política; la dama que es capaz de entregarle a la sociedad sus más de noventa años entre cipayos y serviles, entre desaparecedores - ahora los convoca nuevamente en contra de La Cámpora – juntas militares que festejan mundiales y millones, manifiesta que es por causa del fanatismo. Un fanatismo lábil al lado del suyo, ya que por lo menos esos fervorosos adherentes aún tienen esperanzas en los comicios y en la democracia y no se les ocurre para nada dar la vida para evitar que triunfe una idea adversaria, por más nefasta que sea, cuestión que la realidad exhibe a diario. Dar la vida no es otra cosa que disponerse a morir o disponerse a matar, y todos sabemos que esta señora, como tantos otros, adhirieron a las matanzas de sus aliados de clase, los dictadores setentistas y los gestores noventistas, pero nunca mancharon sus manos de sangre, para eso estaban los que se dedicaban a matar y a morir, ella solamente les preparaba el almuerzo. Y me hizo recordar a ese tipo que al escuchar por la radio de su auto que había un loco circulando a contramano por Av. Libertador se dijo para sí, pues son miles, son miles... Hay personas que no se las puede tomar seriamente, es un despropósito intentarlo, acaso lo que más indigne es que a tamaña llanura intelectual y argumentativa, excelsa de un fanatismo procaz y menesteroso, ausente de quijotismo y vergonzante, un fanatismo que hasta ignora poseer, le haya ido tan bien y sea considerada un elemento exitoso: y quizás uno se deba detener y observar que tal resultante sea lógica dentro de una sociedad en donde la pobreza intelectual está exhibiendo sus mejores cuadros de la mano de este "inhumanismo" socioeconómico dominante.

sábado, 15 de julio de 2017

Los arsenales y el régimen Por Mario de Casas para La Tecl@ Eñe...








La quita de pensiones a personas con discapacidad y las brutales represiones a integrantes del Frente por el Trabajo y la Dignidad Milagro Sala y a los trabajadores de PepsiCo revelan el carácter autoritario del Régimen, afirma Mario de Casas en este artículo. Ante la gravedad de los hechos se impone el imperativo político que formuló Cristina el último 25 de mayo: “Hay que construir la unidad para poner límites al ajuste”


Por Mario de Casas, Ingeniero civil. Diplomado en Economía Política, con Mención en Economía Regional, FLACSO Argentina – UNCuyo. FpV


La impresionante concurrencia de masas que se dio cita en el estadio de Arsenal, la quita de pensiones a personas con discapacidad y las brutales represiones a integrantes del Frente por el Trabajo y la Dignidad Milagro Sala en la avenida 9 de julio y a los trabajadores de PepsiCo, son expresiones genuinas del dilema sociopolítico que protagoniza el país.

En el estadio se consumó un hecho político revelador de que si el odio a Cristina como persona se ha cultivado e inducido sin descanso, no ha sido por razones baladíes. Cristina es el símbolo que congrega la resistencia al Régimen, no sólo ahora sino desde que asumió su primera Presidencia. En el espacio público, ella es un factor de desarrollo de la conciencia política de los sectores populares; en cambio, considerada al margen de las masas que la siguen no sería motivo de alarma, y la histeria que despierta en las huestes oligárquicas perdería la base de sustentación que la mantiene y exacerba.

Generalizando el razonamiento, cabe afirmar que los kirchneristas no son el blanco de la hostilidad, es el kirchnerismo. Como ciudadanos dispersos no somos un problema. Lo preocupante es que actuemos como fuerza organizada y cohesionada -de ahí los esfuerzos por dividirnos-; y que kirchnerismo y antikirchnerismo sean, en esta etapa, una forma imperfecta pero posible de manifestación de la lucha de clases. Por eso los predicadores que vociferan “hay que cerrar la grieta” nos quieren sometidos, no como somos, sino como seríamos si renegásemos de nuestras convicciones.

El instinto de conservación de la oligarquía es la mejor guía para caracterizar al kirchnerismo: no lo juzga según los disfraces teóricos que ella misma le atribuye, como cuando habla de “populismo”, sino por lo que realmente es: una amenaza tangible a sus privilegios, una expresión transformadora concreta. Así, ante la vigencia y fortaleza del liderazgo de Cristina, la actitud del Régimen nos ubicó en el rol que objetivamente cumplimos.

La prueba más contundente es que quienes encabezan los aparatos satélites, condicionaron sus candidaturas a la de Cristina, alguno hasta incurrió en el sincericidio de explicar que es candidato sólo “para frenar a Cristina”. Conforman un pseudopluripartidismo, una unidad no una variedad. Por encima de diferencias insignificantes, todos coinciden en la doctrina del antipopulismo -aunque no sepan qué es el populismo-. Se entiende: “antipopulismo” es en realidad la ideología común implantada en este momento histórico por el imperialismo en su pretendida jurisdicción regional para ahogar los movimientos nacional-populares. Es decir que “populismo” -como estigmatización- cumple hoy en nuestra América la misma función que cumplió el término “comunismo” durante la guerra fría: atacar a todo movimiento que ponga en peligro los intereses de la explotación interna y del saqueo neocolonial; aquí y ahora, ese movimiento se llama kirchnerismo.

Por otra parte, la quita de pensiones -que el cinismo oficial presentó como un acto de buena administración- y las represiones en la 9 de julio y PepsiCo -incluida la grave hipótesis que las vincula con especulaciones electorales de la alianza Cambiemos- son hechos de violencia pura y dura que nos han permitido ver al Régimen desnudo, sin sus mistificaciones. El país entero pudo verlo tal cual es, violento por naturaleza, despejado el follaje de los buenos modales, de la juridicidad que le pertenece o de las palabras que en su discurso son cáscaras vacías, como libertad, república o democracia: los derechos y garantías que en teoría nos corresponden a todos y todas han quedado reducidos a patrimonio de una minoría; las instituciones han revelado su contenido clasista, es decir, ya no son otra cosa que formas cristalizadas del privilegio.

Los hechos esclarecen el sentido profundo del imperativo político que formuló Cristina el último 25 de mayo: “Hay que construir la unidad para poner límites al ajuste”. Primer paso para recuperar lo perdido y profundizar las transformaciones, la única unidad que más temprano que tarde integrará una mayoría.







jueves, 13 de julio de 2017

La grieta no está en la inclusión, la grieta está en la equidad... La equidad tiene enemigos políticos muy poderosos que la inclusión no tiene...





Por el año 2012, y aún sin permitirnos darnos cuenta de este posible y nefasto presente afirmábamos que una comunidad solidaria no ve a la caridad como norma, no la necesita, debido a que la equidad está naturalizada. Una comunidad solidaria entiende que el aporte colectivo hace al bien común de todos sus habitantes y trabaja a favor de que nada quede sujeto al azar. Una sociedad solidaria no pone delante a la propiedad privada como motor de sus desvelos, privilegia a la propiedad social para que todos sus componentes sin excepción puedan gozar de una vida digna, plena de derechos y responsable de sus obligaciones. Justamente y por el contrario lo que hace una sociedad caritativa es dejar de lado por un rato los principios individualistas ante dilemas límite, colabora buenamente basándose en un deber social, para luego retomar sus vicios cuando la calma vuelve. La caridad como acto inclusivo sigue siendo un evento particular insertado dentro de un contexto eminentemente voluntarista y privado, sigue constituyendo un resorte individual, caótico.
Por lo cual podemos inferir y concluir sin ningún tipo de eufemismo que el problema del humanismo de la civilización moderna no es la inclusión sino la equidad. 

Todos estamos más o menos de acuerdo en función de nuestra formación y convicciones sobre los derechos inalienables que tiene una persona al nacer, es decir son derechos inclusivos que están en todas las constituciones, documentos y cartas de internacionales, tanto continentales como universales. Pero hete aquí que eso no implica en absoluto que tal concepto incluya la equidad como valor a sostener, porque este mérito deviene de un orden que es necesario organizar desde la idea política y su campo de acción, la sociedad.

Y es allí en donde nos topamos con ese fenómeno tan despiadado que promueve la lucha interna que estamos viviendo en estos momentos: el egoísmo montado sobre el caballo de la competitividad que propone el sistema para sobrevivir, inciso en las que ingresan todas las armas posibles de ser utilizadas por el hombre común. Según afirma Jean Grave el hombre es egoísta, puesto que sólo obra movido por los sentimientos del interés individual más puro. Si la sociedad no le deja la facultad de guardar para sí lo que podría procurarse por medio de su trabajo, de acumularlo y legarlo a quien mejor le plazca, se rompe el resorte motor de toda iniciativa, de todo trabajo. El día que los individuos dejen de tener la posibilidad de atesorar, ya no trabajarán más, ya no habrá más sociedad, más progreso, nada, en fin. El individuo, por el mero hecho de su existencia, tiene el derecho de vivir, de desarrollarse y de evolucionar. Los privilegiados pueden recusarle este derecho, limitárselo, pero cuanto más llega a ser el individuo consciente de sí mismo, cuanto más sabe usar de su derecho, tanto más se resiste al freno que se le ha impuesto. El individuo tiene derecho a satisfacer todas sus necesidades, a la expansión de toda su individualidad, pero puesto que no está solo en la tierra y que el derecho del recién llegado es tan imprescriptible como el del que llegó primero, es evidente que sólo había dos soluciones para que estos derechos diversos se ejercieran: ¡la guerra, o la asociación!
Un sistema equitativo, igualitario, quita de plano a la caridad individual de la escena, en consecuencia muchas instituciones intermedias o religiosas dejarían de ostentar  sentido político para pasar a tener sentido meramente espiritual dentro de la individualidad del sujeto, vale decir, se atomizaría su poder.
La equidad tiene enemigos políticos muy poderosos que la inclusión no tiene por eso no nos puede llamar la atención que cuando, desde el sistema capitalista, se desarrollan análisis sobre la temática dichos términos se hayan escindidos y se encuentren fuera de toda complementariedad. La equidad distribuye los frutos del árbol de manera que no habrá demanda ociosa ni comercial, en consecuencia la acumulación no tendría sentido social ni económico. Pero en el presente los frutos de ese árbol distribuidos caóticamente y por la fuerza son insumos negociables por un “don” que se reserva para sí arrojarle uno de ellos al pasajero andrajoso, “Credo” mediante. 


Para finalizar vuelvo a Jean Grave: El hombre es un animal perfectible que tiene defectos, pero también cualidades; organicen un estado social que le permita el uso de estas cualidades, moderen sus defectos o hagan que su ejecución acarree su propio castigo. Procuren sobre todo que este estado social no tolere instituciones donde estos defectos puedan encontrar armas para oprimir a los demás, y verán a los hombres cómo sabrán ayudarse mutuamente sin fuerza coercitiva.

Sin adjetivos, discutir y aprender de los errores. Políticamente, Randazzo puede ser un “boludo”, pero de ahí el trayecto hasta “traidor” es considerable. Por Alberto Nadra (para La Tecl@ Eñe)






Por Alberto Nadra, Político, escritor y periodista para La Tecl@ Eñe



Ustedes saben, no me preocupa ser “políticamente correcto”, ni adecuarme al sentir mayoritario de los que tienen poder, estén o no en el gobierno, pues jamás busqué beneficios personales, sino la grandeza de la Patria y el bienestar de nuestro pueblo.

Por eso, cuando –a veces como reacción a tanta infamia de los monopolios mediático judiciales, otras por simple anteojeras-- es tan fácil estigmatizar o alinearse como campeones desde posiciones de “purismo”, las más de las veces contradictorias, escribo al correr de la máquina, como es mi costumbre, tanto si me “conviene”, como si no.

A ver compañeros, tratemos de aclarar los tantos.

No soy tan ambicioso para pretender ponernos completamente de acuerdo en estos tiempos complejos, que de todas maneras no lo son más que los que nos tocaron vivir conscientemente a los que llevamos algunos años militando, o sufrir a los que suponen que no se meten en política. Pero razonemos, charlemos sin agresión, tratemos de pensar para buscar los mejores caminos.

Políticamente, Randazzo puede ser un “boludo”, pero de ahí el trayecto hasta “traidor” es considerable.

Aclaro que todo lo dicho y lo por decir es con un fuerte y fraternal espíritu frentista, puesto que como marxista “atemporal”, si tal cosa existiera, me resultaría cómodo eludir lo principal de la accesorio en una etapa y decir, por ejemplo, que no deposito muchas esperanzas en ningún dirigente ni dirigenta de la burguesía, que considere al capitalismo, aún en sus variantes menos “perniciosas”, como su aspiración de máxima, crea que puede ser mejorado con buena voluntad a favor de los trabajadores, y actúa, legisla y gobierna en consecuencia.

No es el caso, y procesos que por comodidad llamamos “populistas”, pese a lo polémico del término, han demostrado cuanto bien se puede hacer al pueblo, sin encarar un rumbo decididamente anticapitalista, aunque uno esté convencido que solo ese camino llevaría a tornar más sólidas las conquistas. Digo sólidas, porque “irreversible”, adjetivo derivado del pujante positivismo del siglo XIX,  que suponía la inevitabilidad del progreso, incluido el social, se ha comprobado una utopía desgarradora, paralizante, y en casos fatal.
¿No es acaso por reacción y rechazo a la desigualdad, la miseria y el dolor de los nuestros, con el sueño de una sociedad mejor, no como un fin en sí mismo sino para cambiar esta realidad, que nos hicimos marxistas, peronistas revolucionarios, radicales yrigoyenistas, cada uno con su enfoque, su propuesta y su camino?

Según el razonamiento de algunos compañeros Randazzo es un traidor por su tozuda pretensión, tal vez justa en un principio, que sin dudas perjudicará en un porcentaje que ignoro, la candidatura de Cristina Fernández, UNICA CANDIDATURA QUE PUEDE GOLPER CON EFICACIA AL MACRISMO.

Por lo tanto, debería profundizar (y adelanto NO es el momento, al menos para regocijo de los monopolios mediáticos) en preguntarnos por qué CFK --que hoy personalmente apoyo sin vacilaciones-- PUSO UN TRAIDOR AL FRENTE DE UN MINISTERIO DURANTE OCHO AÑOS, concretamente sus dos mandatos.

Y si encaramos por ese camino debo recordar que Alberto Fernández fue el Jefe de Gabinete de CFK, al igual que Sergio Massa y Juan Manuel Abal Medina; que Graciela Ocaña estuvo al frente del PAMI con Néstor y con ella de la vital  cartera de Salud (insalubre, dengue por medio), Martín Lousteau en Economía, y que puso A DEDO la mayoría de los candidatos que ahora condena (y condenamos) pues violaron su mandato a las semanas de ser elegidos en las listas del FPV para enfrentar la restauración conservadora.

Como hay algunos iluminados que pretenden, para atacar a Cristina con éste y otros argumentos, vendernos la INFALIBLE  “MUÑECA” POLÍTICA DE NÉSTOR, que sin duda “muñeca” tenía, y del que me enorgullezco haber sido no amigo, pero si compañero de algunas largas charlas, recuerdo que entre los ministros destacados del recordado “flaco” figuraron Roberto Lavagna, José Pampuro, Gustavo Beliz, Horacio Rosatti (el del 2x1 en la Corte, recuerdo), el mismísimo Alberto Fernández como Jefe de Gabinete, y joyitas como Alfonso Prat Gay y Martin Redrado como titulares del Banco Central.

Compañeros, no jodamos con los pases de facturas personales, o pasar de la obsecuencia a la crítica total. Vamos al fondo de la cuestión y discutamos lo que no se hizo (encarar la renta financiera, pesquera, petrolera, minera, y no convertir en ley conquistas que hoy pueden ser revisadas mediante un simple decreto, para citar solo algunas de mayor importancia), lo que se hizo mal (abandonar la idea de “transversalidad” o de un frente nacional  amplio, con protagonismo de todas las fuerzas que fueron conformando el movimiento nacional y popular, dándoles el espacio y la oportunidad para que construyan CONJUNTAMENTE poder popular en el territorio y en cada espacio laboral, productivo, estudiantil).

Se trata DE DISCUTIR Y APRENDER DE LOS ERRORES (los dirigentes en primer lugar), no ignorarlos, y menos repetirlos,  para ahora encarar la PRINCIPAL TAREA DE LA HORA: SUPERAR AL MACRISMO EN LAS PASO DE AGOSTO con particular atención en la figura/símbolo de CFK en la provincia, y DERROTARLO EN OCTUBRE, a lo largo y ancho de país.


martes, 11 de julio de 2017

Veníamos mal con la cuestión minero-ambiental, pero el neoliberalismo logra que siempre se pueda estar, no peor... sino mucho peor...



Argentina: un acuerdo de espaldas a la sociedad

Maristella Svampa,  Socióloga y escritora, profesora de la UNLP, Investigadora Principal del Conicet y miembro de Plataforma 2012 y Enrique Viale, Presidente de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, para  Revista Sin Permiso



Son notorias y muy alarmantes las modificaciones que introduce el reciente Acuerdo Federal Minero firmado entre el Presidente de la Nación y 14 gobernadores. Detrás de una fachada discursiva que propone una mejor gestión del ambiente, este acuerdo en realidad dispone todo lo contrario. El mismo busca consolidar un modelo minero netamente extractivista, ideado en la década de los noventa, a expensas de la Naturaleza, los territorios y los derechos de las comunidades locales.
Hace tiempo que la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM), conformada por las grandes transnacionales del sector, viene realizando un poderoso lobby que, por un lado, apunta a profundizar el generoso marco jurídico y económico que beneficia la actividad; por otro lado, desconoce y pasa por encima de la normativa ambiental provincial y nacional, gestada en la última década al calor de las luchas socioambientales. En efecto, este Acuerdo tiene la tarea de atacar los escollos que, desde la óptica de la CAEM, vienen a “ensombrecer” el despliegue de la actividad.
Así, ante la evidente ausencia de Licencia social (siete provincias sancionaron leyes que prohíben la actividad, como consecuencia de las movilizaciones populares), el acuerdo obliga a incorporar propaganda minera en la currícula de las escuelas primarias, secundarias y terciarios. En otras palabras, los departamentos de marketing de las grandes empresas mineras tendrán el ingreso asegurado a las escuelas públicas de todo el país.
El Acuerdo desconoce también la vigencia de la Ley Nacional de Glaciares pues pretender autorizar la actividad en zonas prohibidas, con supuestos “cuidados ambientales”. Esto constituye una grosera violación de la ley que es clara y contundente al respecto; esto es, no permite bajo ninguna modalidad la explotación minera en glaciares y zona periglaciar.
Además de consolidar el tope de regalías provinciales del 3%, impuesto en los ´90, el acuerdo arremete contra las empresas provinciales mineras, cuyo objetivo era capturar algo más de renta, un punto que la CAEM venía cuestionando hace tiempo. El Acuerdo prácticamente aniquila la posibilidad de creación de este tipo de empresas públicas. Por último, el Acuerdo se arroga el derecho de definir “la participación ciudadana”, ítem que está lejos de ser precisado. No se menciona la consulta previa, libre e informada a pueblos indígenas (una normativa internacional incluida en la Constitución nacional y constituciones provinciales), como tampoco aquellos dispositivos constitucionales ligados a la democracia participativa, que exigen numerosas comunidades locales.
Que la realidad es más controversial y compleja que los discursos engañosos del lobby minero lo demuestra el hecho de que, a diferencia del Acuerdo de 1993, firmado por todas las provincias, éste sólo es suscripto por 14, con la ausencia de importantes jurisdicciones como Chubut, La Rioja o San Luis. Recordemos que fue en Esquel (Chubut) donde nació la lucha contra la megaminería en Argentina a principios de siglo XXI, que luego se propagó a otras provincias y en 2012 tuvo en el levantamiento de Famatina (La Rioja) una de sus expresiones más emblemáticas. Graves accidentes como los de la Barrick Gold en la mina Veladero (antes considerada como “el modelo”, impulsado por la provincia de San Juan), pusieron en evidencia el carácter insustentable de este tipo de minería.
Por otro lado, hay que preguntarse qué posición adoptarán Mendoza y Córdoba, dos provincias que cuentan con comunidades académicas concientizadas e importantes movimientos socioambientales, y donde las leyes de prohibición de la megaminería fueron reconfirmadas por los respectivos Tribunales Superiores de Justicia, después de un largo período de judicialización, promovido por sectores promineros.
En suma, dicho Acuerdo no solo se firma sin participación alguna de la sociedad civil. Pretende además instalarse en la realidad de las provincias como si éstas fueran territorios ausentes de conflictos y no existieran normativas que prohíben ciertas actividades extractivas en pos del cuidado del ambiente. La lupa está puesta ahora en el Congreso Nacional y las legislaturas provinciales, quienes tienen la potestad de rechazar legislativamente dicho Acuerdo.

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