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domingo, 23 de abril de 2017

LA INTERNACIONAL SOCIALISTA EN AMÉRICA LATINA NECESITA TRATAMIENTO.. “Un médico a la derecha”, dijo alguien que sabía del asunto...



Avatares de la Internacional ¿socialista? en América Latina


Por Camila Vollenweider, Esteban de Gori, Ava Gómez , Bárbara Ester. Investigadores del CELAG (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica), para Revista Sin Permiso


La Internacional Socialista (IS) se constituyó desde mediados del siglo XX como el principal mecanismo de internacionalización de los partidos socialdemócratas europeos, en plena configuración de la guerra fría. En particular, fue a partir de 1976 –tras el congreso de la IS celebrado en Ginebra- cuando la expansión de la organización llegó con fuerza a América Latina. Uno de los propósitos más destacados de dicha ramificación continental de la IS fue, por una parte, posicionarse en la región como un tercer actor de influencia local –además de la URSS y EEUU- y, a través del estrechamiento de lazos entre dirigentes y organizaciones, contar con información privilegiada para adelantarse a los complejos escenarios políticos (y militares) que se abrían continuamente en América Latina. De este modo, la IS se constituiría en un interlocutor de peso entre los dos grandes bloques de poder geopolítico.
Las alianzas tejidas en América Latina, por lo tanto, tuvieron dos características: la primera, que las organizaciones políticas no necesariamente tenían que ser socialdemócratas o socialistas, con la finalidad de ampliar el espectro de relaciones y alcances de la IS al interior de cada país; la segunda –en consecuencia- asociarse con aquellas organizaciones que fueran influyentes en la dinámica política doméstica y, también, en las zonas de conflicto regional.

I

Esta variopinta y pragmática configuración de la Internacional Socialista de posguerra se mantiene hasta el día de hoy,  aunque habiendo perdido gran parte de su prestigio y utilidad desde que acabó la guerra fría a comienzos de la década de 1990. En efecto, a pesar de su llamativa tibieza ante algunos de los más importantes golpes de Estado acontecidos en el continente desde 1954 (con el golpe de Estado a Jacobo Arbenz en Guatemala), pasando por el asestado a Joao Goulart en Brasil en 1964 y a Salvador Allende -de ese Partido Socialista chileno fundado en 1933 que se negó a integrar la IS hasta 1996-, entre otros, al menos durante los años que median entre comienzos de la década de 1970 y el fin del conflicto EEUU-URSS la Internacional consiguió ser un actor político de peso, especialmente en Centroamérica. 
Su papel allí osciló –con contradicciones- entre evitar el intervencionismo norteamericano y contener los actores comunistas más radicales en la región. Durante la década de los 80, la IS apoyó al gobierno sandinista que derrocó al dictador Anastasio Somoza, pero no al gobierno revolucionario de El Salvador ni condenó la cruenta guerra civil que padeció, a pesar de que criticaba el injerencismo norteamericano. Apoyó también las acciones independentistas de Puerto Rico, admitiendo en sus filas al Partido Independentista Puertorriqueño en 1983 y al Partido Revolucionario Democrático de Panamá; su relación con Cuba tras el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista fue ambivalente, dependiendo sobre todo del grado de cercanía de los principales líderes socialistas europeos que conducían la institución. Numerosos partidos centroamericanos y del Caribe se incorporaron la IS en ese periodo además de los mencionados, como el Partido Nacional del Pueblo (Jamaica) y el Partido de Liberación Nacional (Costa Rica); otros partidos con influencia en la región –aunque con poca influencia socialista en sus filas- también fueron afiliados, como Acción Democrática (Venezuela).
En cuanto a las dictaduras militares sudamericanas que se desarrollaron en la etapa en cuestión, la Internacional Socialista fue bastante inocua en sus condenas internacionales, sino que varios de sus partidos miembros tuvieron, ante la grave situación, una actuación como mínimo condenable (y no sólo en las últimas dictaduras). En este sentido, el Partido Socialista (PS) de Argentina que se inscribió en el socialismo democrático conformando la Internacional Socialista desde 1951 pero apoyó orgánicamente la “Revolución Libertadora” (1955-1958), denominación del régimen militar que derrocó al gobierno peronista al que el PS consideraba una dictadura, a pesar de haber llegado por el voto popular. Su política colaboracionista con el gobierno de facto produjo un quiebre debido al rechazo de una parte de los dirigentes socialistas, lo que agudizó su fraccionamiento durante la década del ´60.
Asimismo, la Unión Cívica Radical (UCR), otro partido argentino miembro de la IS, jugó un papel controversial durante la dictadura militar denominada Revolución Argentina (1966-1973). Una fracción, la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), apoyó a un sector nacionalista del ejército que asumió la presidencia con Levingston en 1970. Otros casos, como el del Partido Por la Democracia (PPD) chileno hicieron un uso instrumental de la dictadura, aprovechando para fundarse el ocaso del pinochetismo, y constituirse con miembros de un espectro ideológico amplio que abarca desde el socialismo hasta ex miembros de partidos de derecha como el Nacional y Republicano.

II

Acabada la guerra fría, se celebró el XVIII Congreso de la IS en Estocolmo, en 1989. Allí primaron los posicionamientos por la paz, los derechos humanos y el medioambiente, además de establecer una nueva Declaración de Principios para la organización y de posicionarse al socialismo democrático como la fuerza del futuro, en tanto “el comunismo estaba en crisis y los conservadores enfrentaban cada vez mayores dificultades a través del mundo”. Sin embargo, en los diez años que transcurrieron entre éste y el XXI Congreso (celebrado en París), varios de los partidos latinoamericanos que pertenecían a la organización fueron gobierno (o aliados) que llevaron adelante justamente políticas conservadoras y que no adoptaron el principio propuesto en Nueva York de que los mercados debían estar “al servicio de las personas y no las personas al servicio de los mercados”.
En este sentido, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), la formación política más antigua del país, que fue creada en 1939 por exiliados dominicanos en la ciudad de La Habana, constituye el mejor ejemplo de partidos que enfrentaron dictaduras y, una vez en el poder, viraron a políticas neoliberales. Durante los años ´70 el partido definió de manera clara su orientación hacia la socialdemocracia, llegando en 1976 a anexionarse a la Internacional Socialista. Pero durante la presidencia del PRD a cargo de Miguel Vargas se observó un nuevo giro político que posicionaría al partido en la centro-derecha, un cambio que se venía evidenciando desde el período 1999-2009.
Otro caso lo constituye la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). El partido peruano fundado por Víctor Raúl  Haya de la Torre también se encuentra entre los partidos fundacionales de IS y a lo largo de su historia ha sido despojado de triunfos electorales por gobiernos militares luego de su victoria en las urnas. Asimismo, atravesó dos largos períodos de ilegalidad, tanto bajo gobiernos militares como civiles. El Partido Aprista Peruano resultó ganador en las elecciones para la Asamblea Constituyente en 1978 y las elecciones presidenciales de 1985 y 2006, ambas bajo la candidatura de Alan García. Sin embargo, las dos presidencias de Alan García dilapidaron el capital político y el imaginario social respecto del APRA. Durante su segundo mandato y, a pesar de que los principios ordenadores del APRA señalan un cariz latinoamericanista, Alan García facilitó a foráneos el acceso a las tierras indígenas para la explotación de sus recursos. Otro foco de cuestionamientos lo constituyeron los sucesivos escándalos de corrupción.
Otro partido emblemático miembro de la IS que se sumó al giro a la derecha durante los 90, incluso antes, es el Partido de la Revolución Institucional (PRI), uno de los partidos más antiguos de México y el que más años ha ejercido el poder. El PRI ingresó a la IS como miembro consultivo en 1996 y en 2003 fue aceptado como miembro pleno. La derechización del PRI es una realidad desde el gobierno de Salinas de Gortari, quien comenzó una etapa de privatizaciones y apertura irrestricta al capital internacional. Ya en la actualidad, el PRI con Peña Nieto ha profundizado este modelo con más privatizaciones y una pronunciada tolerancia hacia la violencia proveniente del narcotráfico. La violencia ejercida por el Estado a través de sus fuerzas de seguridad (como el caso de la masacre de Ayotzinapa) es una constante, y los indicadores socioeconómicos no repuntan con el partido de gobierno. En parte, el PRI pudo llevar a cabo sus políticas “antisocialistas” gracias al apoyo de otro miembro de la Internacional, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) mexicano (que ingresó a la IS como miembro pleno en 1996), socio en el llamado “Pacto por México”, que habilitó las reformas estructurales beneficiarias del capital financiero internacional.

III

Podría decirse que el XXII Congreso de la IS, celebrado en Sao Paulo en 2003 estableció una serie de metas a futuro que resultaron una paradoja histórica: salvo excepciones, los gobiernos que las llevaron adelante no pertenecían a la IS y buena parte de su oposición partidaria estaba nucleada dentro de la entidad. Entre los temas que posicionó como importantes este Congreso estuvieron: la abolición de los paraísos fiscales, la profundización de la integración regional, en el sentido de exceder los acuerdos comerciales, el combate al desempleo y la informalidad; también alertó que “Los neoconservadores intentan explotar la situación para desmantelar todas las formas de gobernanza global, minimizar el papel de las Naciones Unidas, menoscabar las instituciones multilaterales, fomentar el unilateralismo y la consagración del mercado, e imponer la voluntad de los poderosos para decidir el futuro de la humanidad”.
Los gobiernos progresistas que surgieron en la región a partir de entonces –excepto el de Chávez unos años antes- pujaron firmemente para llevar a cabo éstas y otras metas. Ninguno de los partidos que los sostenían (Frente para la Victoria en Argentina, Partido Socialista Unido de Venezuela, Partido dos Trabalhadores en Brasil, Alianza País en Ecuador y el Movimiento al Socialismo en Bolivia) fueron ni son miembros de la IS, en tanto que la mayoría de la oposición política que enfrentaron sí lo eran. Paralelamente, partidos gobernantes miembros de la organización –como el PRI- actuaban en el sentido contrario a los postulados del Congreso de 2003.
A escasos 6 meses de que Hugo Chávez ocupara la presidencia de Venezuela, en una reunión de Consejo de la IS celebrada en Buenos Aires en 1999, ya advertían preocupación frente “a la evolución del proceso político en Venezuela y a la política de confrontación permanente del gobierno con las autoridades establecidas”. Siguiendo el comportamiento de Felipe González, histórico de la IS, durante el golpe de estado contra Chávez en 2002 la SICLAC (Comité de la IS para América Latina y el Caribe, creado en 1980) manifestó su apoyo a Acción Democrática, miembro de la agrupación y uno de los principales actores movilizadores en pro del quiebre constitucional. Tras las llamadas “guarimbas” de 2014 -cuyo objetivo de derrocar al presidente Nicolás Maduro dejó tras de sí 43 muertos, 800 heridos y daños materiales por 10 mil millones de dólares- nuevamente la SICLAC exigió la liberación de “todos los estudiantes y presos políticos y el cese de la persecución a opositores”. Dentro de los “presos políticos” se encuentra Leopoldo López de Voluntad Popular –también miembro de la IS-, acusado de incitación al desorden público, asociación ilícita y atentados a la propiedad.
Si bien la IS no deja de condenar otros presuntos casos de políticos presos, como el de la activista social y Diputada del PARLASUR Milagro Sala, detenida arbitrariamente desde hace más de un año por el gobierno de la alianza Cambiemos –a la cual pertenece la UCR, miembro de la IS-, su énfasis se coloca en los “perseguidos” que pertenecen a partidos afiliados.
Tal es el caso de Samuel Doria Medina y el de Rafael Filizzola, además del de Leopoldo López. En una resolución del último Congreso mundial celebrado en Cartagena, Colombia, en marzo de 2017 la organización emitió una resolución especial condenando todos los casos de persecución político-judicial, pero sólo mencionando puntualmente los casos del dirigente boliviano y del presidente del Partido Democrático Progresista paraguayo. Doria Medina, empresario multimillonario y presidente de Unidad Nacional (UN)– partido fundado en 2003 e incorporado a la IS en el Congreso de Cartagena gracias a las gestiones del PSOE- enfrenta al menos diez procesos judiciales por diversas causas que incluyen supuestos delitos de contratos lesivos al Estado, conducta antieconómica, terrorismo financiero y malversación de fondos. UN es opositora al gobierno de Evo Morales y consiguió que la IS manifestara preocupación por la iniciativa soberana del gobierno de convocar a un referéndum por la reelección. Filizzola, por su parte, creó el PDP en 2007, de cara a las elecciones del año siguiente. Fue ministro del Interior de Fernando Lugo, gobierno del que salió poco antes del golpe. Si bien en un comienzo fue afín al gobierno del PSUV -participó como expositor en el Congreso Bolivariano de los Pueblos en 2004- luego él y su partido se convirtieron en acérrimos detractores del chavismo incluso bregando por su no incorporación al MERCOSUR. A pesar de que la IS manifestó preocupación por el golpe parlamentario a Fernando Lugo, su partido votó a favor. La supuesta persecución judicial contra Filizzola comenzó con denuncias del cartismo, mientras estaba en campaña, por sobrefacturación en la compra de material bélico mientras fue ministro. La denuncia prosperó y Filizzola denunció persecución del gobierno de Horacio Cartes; sin embargo en ese momento, la fiscalía que le procesó estaba en manos de figuras de su mismo partido, el PDP.
Durante el último encuentro de la IS, además, se emitió una resolución contra Venezuela en la que se “reitera una vez más, su profunda preocupación por la grave crisis política, económica y social por la que atraviesa Venezuela como consecuencia de políticas económicas y sociales equivocadas, así como, por actitudes autoritarias que violentan no sólo los principios democráticos que impulsamos en la Internacional Socialista, sino una sistemática violación de los derechos humanos, que se configura en política de Estado y que rechazamos de manera enérgica”. No hay menciones igualmente enfatizadas respecto de las violaciones a los derechos humanos en el cada vez más militarizado México del PRI o en una Colombia –gobernada por el Partido Liberal, ambos miembros de la IS- donde los asesinatos de dirigentes sociales y campesinos son una constante.
Quizás por estas y otras razones, el Partido Socialista Uruguayo (PSU) abandonó la agrupación socialista antes del pasado Congreso. En su comunicado indica que desde 2008 "se ha venido planteando con fuerza la necesidad de una reforma" en la IS, incluyendo "períodos de dirección más cortos, transparencia, equilibrio entre las regiones, equilibrio entre géneros en los organismos de conducción, mejora en la comunicación interna y externa, fortalecimiento en el vínculo con sus organizaciones fraternas, límites en los mandatos", entre otros. Nueve años después, indica el PSU, nada cambió. En el comunicado señalan su disconformidad con la incorporación de nuevas organizaciones a la IS que "diluyó al máximo su identidad socialista, asumiendo incluso posturas cada vez más lejanas a perspectivas de izquierda". En uno de los pasajes más duros, el partido expresa: "entendemos que actualmente la conducción de la organización no está a la altura de su historia y por tanto no nos sentimos representados por ésta". Motivos sobran.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/



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