EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

domingo, 29 de diciembre de 2013

En procura de una muerte digna: Los paradigmas del kirchnerismo no se manchan... quien lo hace en pleno velatorio, cuando ninguna defensa es posible, es porque nunca los sintió como propios...




Sospecho que los lectores de este espacio no tendrán dudas sobre cuales son nuestras adhesiones políticas. A esta altura del partido no nos es necesario presentar credenciales que afirmen dichas posturas. El kirchnerismo, primero con Néstor y luego con Cristina, ha sabido cobijar buena parte de nuestras juveniles utopías, aspiraciones ciertamente complejas si leemos con detenimiento nuestra historia reciente. Eso de ampliar derechos, desarrollar políticas inclusivas, otorgarle entidad política a los DD.HH, darle un rol determinante al estado y cuando menos tratar de enfrentar con la mayor fuerza posible al poder real, al poder corporativo, a ese poder que jamás será respetuoso de las reglas democráticas. Sin embargo deseamos reflotar una vieja advertencia consignada antes de agosto del 2011 y que por vieja no deja de tener triste vigencia. Por entonces señalábamos que nuestro afecto por Cristina opacaba la alegría que podía significar un nuevo mandato presidencial. Nuestro innato e histórico canibalismo político, ese que se devora a nuestros mejores hombres y mujeres, iba dar cuenta de ella más temprano que tarde entendiendo la cuestión como inevitable en el marco de una sociedad muy entrenada en la necesidad de encontrar el chivo expiatorio conveniente que lave todos y cada uno de sus desdorosos comportamientos sociales. Ocurrió con el Doctor Rául Alfonsín, ocurre en la actualidad. Al mismo tiempo sabíamos que tanto su propia vocación política como el entusiasmo de la militancia no permitirían en aquel entonces que aquellas dudas humanas encuentren oídos dispuestos para su abrigo.



Rompe a los ojos que luego de haber triunfado pírricamente en las elecciones de medio término muy a pesar de haber perdido un enorme caudal de adherentes (esto concluye que no es responsabilidad del oficialismo las opacas expresiones opositoras contemporáneas) el gobierno ha modificado funcionarios y con ellos políticas y modos. A la par Cristina, acaso debido a la precariedad de su salud, se ha corrido de la arena política ubicándose como una suerte de figura simbólica delegando en gestores genéticamente peronistas el futuro político del kirchnerismo. Disiento con aquellos que afirman que el gobierno se ha derechizado, siempre sostuve que el kirchnerismo nunca se le presentó a la sociedad como una propuesta de izquierda, más allá que a su izquierda no existe nada con aspiraciones ciertas de poder dentro de los resortes de la democracia, quién lo interpretó de ese modo lo hizo a través de una expresión de deseos y no debido a una lectura concreta y correcta de sus dichos, paradigmas y postulados. Por eso mismo no comprendo la lógica de los desencantados que dicen estar parados en dicha vereda ideológica. Lo que sí observo es a un gobierno ciertamente lastimado por el paso del tiempo, acaso avejentado, como sucede con todo lo que es mortal, tratando de arroparse dentro de aquella vieja estructura en la cual encontró su génesis, estructura a la cual nunca le dio la espalda sino todo lo contrario. Recordemos por un momento en donde se rompe la relación intelectual y política del kirchnerismo con un pensador de la talla de José Pablo Feinmann. La fisura definitiva se produce cuando el filósofo progresista le exige públicamente a Néstor Kirchner dar el paso histórico y superador escindiéndose del pejotismo que según aquel representaban algunos gobernadores feudales y la mayoría de los barones del conurbano. Por fuera del acuerdo conceptual que guardo con Feinmann una cuestión compleja surge de inmediato: ¿Era posible desarrollar un proyecto inclusivo que toque intereses determinantes sin el apoyo político de aquellos que tienen una notoria incidencia territorial? Planteado en dichos términos considero que nuestro presente postelectoral nos disipa todas las dudas con relación a cómo el poder real logra disciplinar al poder político democrático cuando este ingresa por los campos de las colisiones individualistas procurando estrellar sin el menor talento y el menor prurito aquel incipiente colectivo transformador. 



Es muy interesante y atinado lo que planteaba Lucas Carrasco hace algunos años atrás más allá de sus actuales fundamentos críticos. Cito textual: “.. van a aparecer como siempre, cuando la historia se pone densa, personajes que creíamos de este lado, y también, algunos que contra todo el bombardeo todavía tendrán algo de dignidad, con perdón de la palabra...” Pues el presente se puso denso, y sabemos lo qué sucede en nuestra patria cuando esa densidad política se transforma en antipolítica; son tiempos de renovar y crear cosmogonías diría Scalabrini, tiempos en donde debemos reencontrarnos con aquellos paradigmas tangibles que nos emocionaron, que nos movilizaron, que provocaron que nuestro pecho se infle cuando ciertas adversidades, críticas y derrotas eran sinónimo de triunfo, ya que teníamos claro en dónde estaba parado el “enemigo”. Hoy muchos de los que estaban de nuestro lado han cambiado de “dignidad” y brindan con los expertos en bombardear a los gobiernos democráticos diría el propio Lucas, brindan con ellos, con los que nunca cambian de “indignidad”. Advierto, no soy de los políticamente panglossianos y comprendo. El rosquerío, los negocios, las prebendas y los retornos forman parte de los usos y costumbres del capitalismo y del no capitalismo (pido no hacerse los boludos) en todas las latitudes del planeta, en todos los niveles administrativos y en todos los poderes públicos y privados, de modo que nadie sueña imponer absurdos alegatos éticos. Además ¿desde qué lugar hacerlos?.. Resulta bizarro que desde el holding América sus periodistas nos hablen de corrupción estructural siendo que les paga el sueldo el autor de una famosa frase que hizo época: “Robo para la Corona”.



Si el kirchnerismo ha muerto, como acuerdan los vaticinios de nuestros adversarios y de nuestros ex compañeros, pues mi deseo es que tenga una muerte digna, y este augurio político no cuenta para los primeros, implacables y despiadados, sino para los segundos. Acaso a estos últimos es lo único que les quede para tratar de pensarse y mostrarse dignos, si es que a esta altura del presente les importa algo del asunto. Uno se imagina dentro de una década recordando aquellos años felices kirchneristas escuchando El Necio de Silvio Rodríguez, a la par que seguirá siendo juzgado como indigno por mantener la dignidad, continuará siendo acusado de corrupto por latrocinios nunca probados y menos aún cometidos (cosa que en nuestra sociedad sucede muy a menudo, me refiero a eso de la condena mediática previa cuando con la política no alcanza), y se sentirá sordo ante la ausencia retórica de aquellos paradigmas inclusivos en bocas aprendices. Sólo se atreverá a recordar en la privacidad de su vejez que a pesar de los errores y los desacuerdos, los nobles paradigmas y las buenas intenciones no se manchan...






En lo personal y por una cuestión etaria el kirchnerismo me llegó tarde. Mi vida productiva, mi evolución instructiva, artística y cultural se desarrolló entre dictaduras, desocupación, inflaciones descontroladas, flexibilización laboral, censuras, represión, destrucción de aparato productivo y regímenes en donde el factor financiero y el dólar eran la base y el sustento de la economía nacional. Mis amigos arquitectos, ingenieros, abogados, oficiales obreros y artistas de todas las asignaturas manejaban taxis, repartían diarios, eran meseros, a la par que muchos choferes, repartidores de diarios y mozos estaban desocupados, por suerte eso ahora no sucede. Me da sana envidia Nicolás, mi hijo mayor. Se va de un trabajo por mejoras, nosotros, cuando lo teníamos, nos quedábamos por temor y aceptando todas y cada una de las condiciones de explotación. Aún recuerdo haber compartido colas de casi una cuadra a las siete de la mañana con otros muchachos en pos de un puesto administrativo por el básico y en negro. Y digo colas de casi una cuadra y me cae la ficha cuando no había departamentos para alquilar dentro del mercado inmobiliario lo que ponía a la especulación del mejor postor como variable de mercado. Para ingresar a la Universidad había cupo. Vale decir, no era suficiente con aprobar el examen, había que pagar el curso introductorio de ciertos institutos privados (muy caros por cierto) cuyos directores eran catedráticos de la propia universidad y que dentro del programa preparatorio incluían las certeras pautas del futuro examen. Hoy observo que un profesional recién recibido tiene varias propuestas a lo largo y a lo ancho del país con sólo enviar su currículum. Acaso los subtreinta como los subcuarenta y algunos subcincuenta no comprendan sobre estas historias, pensarán en exageraciones. Para los que pasamos hace un buen rato “la brecha” de los cincuenta nos es imposible olvidar lo que no pudo ser habiendo hecho todo lo posible para lograr el objetivo; algo tan simple y sencillo como proyectar una vida sin mayores sobresaltos. En el 2002 la pesificación asimétrica dio de plano con mi indemnización y quedé al margen del sistema. Hace muy pocos años me incorporé a él y recién hace unos cuantos meses podría decirse que logré cierto equilibrio gracias a la modesta colaboración contable que presto en el desarrollo de una entusiasta y eficiente Pyme familiar que se dedica a puntuales servicios agropecuarios. Mucho tiempo antes de estas buenas nuevas personales adherí al proyecto nacional y popular, aún cuando la taba me mostraba el culo en cada tirada. Mi adhesión comenzó hace mucho tiempo; ante la percepción de los rostros de mis cercanos, vecinos, amigos, conocidos, con los que me llevo y con lo que no me llevo, ante sus progresos, ante sus mejoras, ante sus satisfacciones individuales y familiares, ante sus novedosas y rebuscadas disconformidades. Confieso que aún me causan gracia.



Cuando el kirchnerismo muera mucho lo lamentaré. Pero no lo haré por mí, lo haré por la muerte de sus paradigmas de cara a las generaciones futuras, me dolerá el regreso del individualismo caníbal y sentiré pena por aquellos que siendo contemporáneos a él no lo supieron leer. Y no hablo de entendimiento o de falta de capacidad, hablo de odio y de prejuicio, hablo de los egoísmos ilegítimos, esos que suelen perturbar a la política cuando se intenta transformarla en pura gestión aséptica.



A mi modo de ver el mayor déficit que tiene en la actualidad el Kirchnerismo es que se ha vulgarizado. Su diseño, su discurso actual y sus resoluciones tienen marcadas similitudes con las actitudes previsibles de los partidos de la oposición. Me refiero a que ha mutado hacia formatos pseudopolíticos en donde la política abandonó el escenario, y como dicho formato es el más recurrente de nuestro presente teórico y práctico resulta vulgar, anodino, desesperanzador para los que seguimos observando al kirchnerismo como la única salida posible y concreta hacia una sociedad más justa. Las revolucionarias políticas inclusivas del pasado kirchnerista son aquellas que solidificaron y cimentaron los odios aún vigentes de la burguesía mediopelo, sentimientos muy bien fogoneados por el establishment (he dejado de ganar para que parte de esa renta vaya a parar a manos de los negros de mierda), las políticas gestionalistas y meramente contables del presente, a contracara de la profundización declamada, son las que han disparado en la actualidad la dura crítica de los sectores más radicalizados del proyecto. Si bien considero que el kirchnerismo ha perdido rebeldía política también comprendo que vivir en estado de beligerancia permanente es sumamente desgastante para cualquier oficialismo que a la par debe contemplar el resguardo de sus responsabilidades democráticas e institucionales. Los kirchneristas duros (fieles) entendemos que lo bueno que sucedió durante esta década solamente pudo hacerse porque los proyectos inclusivos se transformaron en decisiones políticas concretas. Los kirchneristas duros (fieles) entendemos que lo malo que sucedió en esta década fue cuando el kirchnerismo dejó de serlo para mutar hacia la vulgaridad del resto de los partidos burgueses. Cuando en política intentás seducir a los que te odian por cuestiones electorales mediante medidas sectarias (subir ganancias o sostener el tema de la seguridad con discurso prestado por ejemplo) terminás maltratando a los que te arroparon (tener estancadas las asignaciones es un dato no menor) ganándote por añadidura el descrédito de los que alguna vez sostuvieron tus banderas. En el medio permacerán los especuladores de siempre: Aquellos que mostraron su desencanto a partir de retornos que consideraron injustos. Volviendo al tema eso no es derechizarse, es haberse rendido antes de dar la última de las batallas culturales o en el mejor de los casos esperar el momento político conveniente para volver a las fuentes. Todos los procesos revolucionarios (que se entienda no estoy afirmando que el kirchnerismo lo sea) tuvieron momentos de amesetamiento incluso estancamiento, dudas y reconversión en función de ordenarse hasta que aclare. El llamado “período especial” cubano es un ejemplo de lo dicho. En la paciencia, en la tolerancia y en la comprensión política de la época por parte del militante kirchnerista, fundamentos que deberían tener íntima relación con su historia real y no con un supuesto “relato”, es en donde descansa esa muerte digna a la que me refería anteriormente.





PD: Luego de varios meses he vuelto a mi vieja Toshiba Satellite, añeja notebook de primera generación, máquina que me obsequiara hace varios años mi entrañable amigo Horacio Colombet. Y con ella volvieron las palabras propias. Acaso ellas se encontraban rigurosa y disciplinadamente escondidas dentro del aparato y en nada se relacionan con mi persona. Lo cierto es que apenas di con su teclado comenzaron a surgir pensamientos o desvaríos, llámele como mejor le parezca. Buen año 2014 para todos y todas... 





MATEANDO CON LA CIENCIA. Hoy ceba MARIO BUNGE







Físico y filósofo nacido en 1919. Tras realizar sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, se doctoró en Física y Matemáticas por la Universidad de La Plata, y estudió Física Nuclear en el Observatorio astronómico de Córdoba. Compaginó ya por entonces su dedicación a la ciencia con el interés por la filosofía, fundando la revista Minerva en 1944. Fue profesor de Física (1956-1958) y de Filosofía (1957-1962) en la Universidad de Buenos Aires, y desde 1962 fue profesor de Filosofía en la McGill University de Montreal. En 1982 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Humanidades.

Interesado principalmente por la lógica de la ciencia y los problemas del conocimiento científico, ha tratado de construir una filosofía científica (más precisamente, una metafísica) que tuviera en cuenta tanto el conocimiento elaborado por la ciencia como el método utilizado por quienes la practican, entendiendo que este último es un proceso que no está exclusivamente supeditado ni a la experiencia ni a la teoría.
Aunque la concepción de la ciencia elaborada por Bunge concede importancia al desarrollo de la investigación científica en la historia, su orientación está principalmente dirigida al análisis formal de dicho desarrollo, y se aparta de la insistencia en los aspectos históricos, psicológicos y sociales propia de enfoques como los de Kuhn y Feyerabend.  
Defensor de un realismo crítico basado en una ontología materialista y pluralista, ha mantenido una actitud beligerante ante el psicoanálisis, al que considera una pseudociencia supeditada a la aceptación acrítica de la doctrina de Freud como argumento de autoridad; en un sentido análogo, considera que el marxismo no ha conseguido superar la condición ideológica de sistema de creencias a causa de su repetición también acrítica de las enseñanzas de Marx.
Su sistema filosófico está expuesto en los ocho volúmenes que integran su Tratado de filosofía básica (1974-1989), titulados respectivamente Sentido y referencia (1974); Interpretación y verdad (1974); El mobiliario del mundo (1977); Un mundo de sistemas (1979); Explorando el mundo (1983); Comprendiendo el mundo (1983); Filosofía de la ciencia y la tecnología (1985) y Ética: lo bueno y lo justo (1989).
Entre sus ensayos más destacados cabe citar Racionalidad y realismo (1985), en el que, desde una perspectiva cientificista y proclamando la supremacía de la ciencia sobre todos los demás tipos de conocimiento, Mario Bunge se propone defender el ámbito de la racionalidad y del realismo científico de los ataques siempre renovados de que fueron objeto durante siglos. Bunge arremete contra el fenomenismo de filósofos y científicos, oponiéndoles un contundente realismo gnoseológico inherente a la investigación científica y técnica, que consiste en estudiar y modificar el mundo real y no en crear mundos imaginarios.
El autor pasa revista crítica al antirrealismo a lo largo de la historia: la tradición fenomenista restaurada por Kant, y que dio origen al ficcionismo y al pragmatismo, en cuya genealogía también se inscribe Nietzsche. El ficcionismo afirma que sólo podemos saber de una cosa A que se comporta como si fuese una cosa B, es decir, que nuestro conocimiento de A es ficticio. Los neoficcionistas de este siglo afirman que las teorías científicas no son más que analogías o metáforas, a lo que opone Bunge que el pensamiento analógico sólo tiene valor heurístico. Según el pragmatismo, no podemos perseguir la verdad sino el éxito, por lo que el pragmatismo es psicológica y metodológicamente falso, además de poco práctico. Otros desafíos al realismo, el sociologismo (la comunidad científica crea los hechos que investiga), la doctrina de Kuhn de las revoluciones científicas y el anarquismo gnoseológico de Feyerabend, son sucesivamente acusados de infidelidad a la historia y a la metodología científica.
En Seudociencia e ideología (1985), Bunge traza un mapa general de la cultura de nuestro tiempo, en cuyo centro sitúa la investigación científica, delimitando las áreas de trabajo genuinas (ciencia y tecnología­, a las que se debería favorecer por ser motores del desarrollo) de las áreas ilegítimas (seudociencia y seudotecnología, que deberían ser abandonadas por su carácter de estafa, que lleva, en el mejor de los casos, al despilfarro). También deberían ser objeto de delimitación las actividades puramente ideológicas, que no por inevitables deben dejar de ser claramente distinguidas de la actividad científica y tecnológica.
En la segunda parte del libro, "Falsificaciones", se definen la seudociencia y la seudotecnología y se dan ejemplos: mentalismo, psicoanálisis y parapsicología, los cuales, aparte de sus distintos modos de proceder anticientíficamente, coinciden en el error de afirmar la realidad de entidades inmateriales. Otras manifestaciones de seudociencia son el sociologismo, el historicismo, la pseudoepistemología y, finalmente, la economía escolástica. La exposición acerca de esta última gira en torno a la polémica entre el autor y J. C. García-Bermejo sobre el libro Economía y filosofía, en la que Mario Bunge pretende revelar el carácter no científico de la mayor parte de los estudios actuales de economía. 

Fuente: Biografías y vidas..

sábado, 28 de diciembre de 2013

GRANDES MUJERES DE LA HISTORIA – VIRGILIA D ´ANDREA



“... todo revolucionario puede ser detenido, pues dado que es revolucionario, es de suponer que prepara la revolución; todo ello significa que se hará un proceso contra las intenciones...”



Virgilia D'Andrea, poeta, periodista, militante anarquista y antifascista, nació en la tranquila Sulmona Abruzzo, en 1890 por una familia rica, pero su paz se interrumpe bruscamente cuando, a la edad de tan sólo seis años, la pérdida de un corto tiempo, hermanos y ambos padres. Un huérfano es recibido por una institución religiosa, que se crió y estudió y donde, tal vez debido a la rigidez de la universidad, comenzará a madurar su inclinación anárquica. Un interés más profundo en la injusticia social sovverrà tras la muerte del rey, Umberto I, que tuvo lugar en 1900 en Monza, a manos de Gaetano Brescia, el personaje que va a ser para ella un modelo de la vida real. Ley Leopardi, Ada Negri, Mario Rapisardi y Carducci, afinando su sensibilidad poética ya prometedor y en 1909 dejó su Sulmona natal y se trasladó a Nápoles, donde completó sus estudios universitarios después de graduarse comenzó a enseñar, pero con la entrada de Italia en la La Primera Guerra Mundial dejó el trabajo, se arrojó de cabeza en el activismo social: primero puesto del lado de la fila anti-intervencionista, sólo entonces aterrizará anarquismo.
El encuentro con su futuro esposo Armando Borghi, el hombre que se convertirá en su compañero inseparable en la vida y en la lucha política, se llevará a cabo durante una de esas reuniones clandestinas de la Confederación Italiana de Sindicatos (USI). Estos son los años en los que colabora con el periódico del partido, "Guerra de Clases", en la que está encarcelado en Bolonia y Milán por conspirar contra los poderes del Estado y en la cárcel, durante el cual, escribió sus primeros poemas. La participación activa en la llamada "revolución social" en Italia tiene lugar después de la reunión con Errico Malatesta en 1919, pero la esperanza de una revolución "desde abajo" D'Andrea abandona tras el asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg , el fracaso de la insurrección espartaquista en Alemania, con el fracaso de la ocupación de las fábricas y sobre todo y sobre todo debido a la llegada del fascismo, para lo que se verá obligado a abandonar Italia con su compañero Armando. Después de un primer período en Berlín, la pareja se trasladará más tarde a París, donde permanecerá durante tres años, desde 1923 hasta 1926, hasta que la decisión de emigrar de Aldeas sólo en los Estados Unidos (Virgilia llegará sólo en 1928).
En 1922 en Milán, lanzó "Tormento", su primera colección de poemas. Incluso en Francia, la intensa actividad política de los D'Andrea no se detiene: conoce la triste realidad de los refugiados políticos y no ha disminuido para apoyar la causa revolucionaria. En el período 27-28 de publicar la revista "Sleep", el órgano en el que se introduce en la dura polémica surgida a raíz del asesinato "legal" en Estados Unidos de los anarquistas italianos Sacco y Vanzetti.Incluso una vez que se unió a su esposo en Estados Unidos, la "maestra Abruzzo", continuará su caso a favor del anarquismo, la búsqueda de partidarios entusiastas de los inmigrantes italianos más radicales, convirtiendo lo largo y ancho de los Estados Unidos y el hogar acogedor en el anarquista sarda Michele Schirru. Pero en 1932 el estado de su salud se deteriora y muere en su casa de Nueva York de un tumor maligno, poco antes de dar publicó sus últimas "Luces en la Noche" colección de la poesía. Una vida en el nombre de la lucha política en cuando, pero siempre llena de amor y altruismo, se puede ver en sus poemas, llenos de sensibilidad femenina odio puro y la violencia, pero animada por el constante deseo de liberar al hombre Hoy la tragedia de la dictadura para la civilización del mañana va a ser liberada de la opresión.

Fuente: SGUARDI.info




viernes, 27 de diciembre de 2013

Maestros del Blues. Arthur “Big Boy” Crudup


 

Por esta sección han pasado los más notables guitarristas, armoniquistas, pianistas y vocalistas del género. Hoy nos convoca un gran compositor, autor de los blues más populares de su época. A pesar de su masiva difusión radial, esto es a mediados del siglo pasado, nunca logró disfrutar de una economía desahogada. Para los puristas su trabajo no lucía y estaba catalogado como un músico elemental; su fuerte descasaba en la palabra, y en su cadencia al momento de interpretarla. En la actualidad su obra recorre los senderos más trascendentes para los estudiosos del blues. Debido a la influencia musical que ejerció sobre Elvis Presley algunos lo consideran como el padre del Rock & Roll...

 

 


ALGO MÁS SOBRE CHINA.. SU ECONOMÍA FRONTERAS AFUERA Y LA RELACIÓN CON LATINOAMÉRICA



China comprará más productos de América Latina que la UE en 2016

El avance de China como socia de Latinoamérica debe continuar los próximos años, lo que puede hacer que el gigante asiático supere a la Unión Europea como segundo destino de las exportaciones de la región en 2016, solo detrás de Estados Unidos. La hazaña tendrá lugar si el ritmo de crecimiento de la demanda china y europea por productos latinoamericanos se mantiene hasta entonces, explica el informe Promoción del Comercio e Inversiones con China, producido por la CEPAL.
Para Brasil, China es el principal país destino de las exportaciones. Superó a EE.UU a finales del 2009 tras la crisis financiera que devastó el mercado norteamericano. Pero cuando la comparación es la Unión Europea, el Viejo Continente aún tiene ventaja sobre China. Ésta, sin embargo, disminuyó en 2013, como muestran los números del Ministerio de Desarrollo brasileño. Entre enero y noviembre de este año, la UE importó de Brasil el equivalente a 44.000 millones de dólares, o el 19,93% del total de las exportaciones. En 2012 esa participación era del 20,24%.
Los chinos, por su parte, aumentaron sus pedidos, principalmente de bienes primarios, como soja y minerales metálicos, lo que hizo las exportaciones brasileñas para este país avancen más del 12%, haciendo que su participación total subiese del 17% en 2012 al 19,23% este año.

No se sabe aún cuál será el efecto que la recuperación americana puede traer para el comercio global. Pero, incluso aunque los estadounidenses aumenten las importaciones a medio plazo, China continuará con su política de expandir el mercado de consumo interno y garantizar el crecimiento de la renta de su población.
Entre 2000 y 2012, el comercio chino con Latinoamérica se multiplicó el 21%  convirtiendo a China en un actor céntrico para los países de la región.
En contrapartida, China ya ha superado a la UE como segundo mayor exportador para las naciones latinoamericanas. Las canastas, sin embargo, no son equivalentes. La cesta latinoamericana de exportación se compone en su mayoría de materias primas. En sentido inverso, las manufacturas chinas, de tecnología simple, representan más del 90% de las importaciones de América Latina, en la clásica ecuación a la cual está sometido el continente.
La situación es dispar y alimenta otra dificultad para las naciones latinoamericanas. La política industrial china termina por privilegiar una cadena productiva con otros países asiáticos vecinos. Es decir, países como Malasia, Vietnam o Corea del Sur son proveedores de las industrias chinas. “El comercio intercontinental asiático representa 53% del total”, dice Sergio Amaral, director del Centro de Estudios Americanos de la Fundación Armando Álvares Penteado (Faap), de São Paulo. En comparación, el comercio intercontinental en Latinoamérica es de solo el 20%, mientras que el restante 80% de las relaciones comerciales son con países de fuera de la región. “Eso quiere decir que China ejerce el papel de atenuar el comercio entre los países de Latinoamérica”, analiza.
El foco en atender demandas de materia prima por parte de Asia, cada vez más creciente, hace que los países de la región coloquen en segundo plano el valor agregado en sus productos manufacturados. “China expone nuestro déficit en competitividad. Eso añade para nosotros”, enfatiza Amaral.
Para Clodoaldo Hugueney, que fue embajador del Brasil en China, es posible corregir la ruta rápidamente, trabajando para desarrollar un pensamiento estratégico en la región. “Es preciso reunir a académicos, empresarios y Gobiernos para saber lo que se espera de esa relación con los chinos”, recomienda Hugueney. “Es necesario planificar con visión a largo plazo”, añade. Cree que tras el ciclo de materias primas, habrá otro de demanda de alimentos industrializados, lo que abre una gran oportunidad para todos los países del continente. Eso hace la planificación aún más fundamental para afrontar lo que se avecina en un futuro próximo.
Las relaciones entre China y Brasil siguen la misma norma que China estableció con sus principales socios de la región: exportación de materias primas para garantizar el abastecimiento del gigante mercado interno, donde la urbanización de las zonas rurales aumenta el consumo de alimentos y de bienes duraderos. De esta forma, la búsqueda de proveedores de soja para alimentar el ganado, por ejemplo, y de petróleo para garantizar energía y combustible, hacen que la balanza de los países latinoamericanos dependan mucho más de la tierra de Mao Tsé Tung. El informe de la Cepal muestra que solo cinco prodcutos exportados por los principales países de Latinoamérica para China representan entre un 80% y un 90% del total de las divisas obtenidas por cada una de esas naciones con las exportaciones al mercado asiático.
Los chinos no se hacen protagonistas de las compras latinoamericanas porque México, que exportó 370.000 millones el año pasado, tiene a Estados Unidos como principal destino de sus productos. Pero China también quiere avanzar en dirección a los mexicanos, como quedó claro con la visita del líder Xi Jinping en junio,  cuando firmó el pacto del tequila. El acuerdo prometía un mayor equilibrio en las relaciones entre los dos países, abriendo espacios para productos mexicanos en territorio chino. Actualmente, la balanza es deficitaria en 50.000 millones de dólares para México.
China tiene un déficit de tierras cultivables y de agua, mientras Latinoamérica tiene excedente
En contrapartida, los chinos anunciaron que van a aumentar sus inversiones productivas en México. Nuevamente, las áreas elegidas no sorprenden: minería, energía e infraestructuras. Con la apertura de capital de la petrolera Pemex, no será sorpresa si otros gigantes chinos como Sinopec, CNOOC y CNPC se instalen allí, así como hicieron en Brasil. China ya se ha convertido en la mayor importadora de petróleo del mundo. Con una producción interna de cuatro millones de barriles por día, el país importa 6,4 millones de barriles diarios para mover su economía.
“China no es importante solo para Latinoamérica. Es importante para el comercio de todo el mundo”, afirma Hugueney. “Existe complementariedad entre ellos y el continente latinoamericano porque ellos demandan recursos naturales que nosotros tenemos de sobra”, dice Hugueney. Sergio Amaral, de la Faap, observa que la boda entre la China y América Latina era casi inevitable. “China tiene un déficit de tierras cultivables y de agua, mientras Latinoamérica tiene un excedente”, dice Amaral. “Si quisiéramos duplicar nuestra producción de alimentos, tenemos 120% espacio para eso”, agrega.
China, por otro lado, tiene un excedente de capital productivo para invertir, algo que en países con tasas de ahorro más pequeños, como Brasil, es muy bienvenido. Entre 2004 y 2012, el país contabilizaba más de 120 proyectos con capital chino, que sumaban anuncios de 25.000 millones de dólares. No siempre esos recursos constan en las estadísticas de inversión extranjera del Banco Central, pues hay operaciones trianguladas que entran por otros países destinados a los proyectos emprendedores chinos.
Esa participación creció aún más este año, con la entrada de Petrochina y de CNOOC en la sociedad del campo de Libra (Río de Janeiro). Ambas se hicieron socias de Petrobras en un consorcio que contó también con Shell y la francesa Total para la explotación del área, que contiene hasta 12.000 millones de barriles de petróleo en la capa de gran profundidad.

Fuente: Diario El País..


jueves, 26 de diciembre de 2013

NO LLORES POR MI.. CHINA.. (Mao)



LOS PARADÓJICOS LOGROS “BURGUESES” DE LA REVOLUCIÓN MAOÍSTA
¿Qué capitalismo es el chino?
por Maurice Meisner para Le Monde diplomatic


El programa de reformas lanzado por Deng Xiaoping en 1978 pretendía construir las bases para la modernización socialista del país. Pero produjo el más espectacular proceso de desarrollo capitalista de la historia. Paradójicamente, las condiciones para esta transformación provienen de los logros “burgueses” de la revolución maoísta de 1949.
En 1978, cuando Deng Xiaoping lanzó su programa de reformas de mercado, su finalidad no era crear una economía capitalista. Deng, el “líder supremo” de China en el período post-maoísta, fue comunista desde sus 20 años, cuando era estudiante en Francia e ingresó al Partido Comunista Chino (PCCh), en 1924. En 1978 todavía preveía un futuro socialista para China. Pero como Lenin, Deng no se oponía a usar los medios del mercado capitalista para lograr los objetivos socialistas. El objetivo inmediato era el rápido desarrollo económico, empleando los métodos más expeditivos disponibles, manifiestamente para construir la base material para el socialismo. Si el poder político permanecía en manos del PCCh, Deng asumía que los deseados resultados socialistas surgirían finalmente del “desarrollo de las fuerzas productivas”.
Pero lo que realmente se produjo no fue la construcción de los cimientos del socialismo, sino el más masivo proceso de desarrollo capitalista en la historia contemporánea.
Hacia mediados de la década de 1990, los aspectos esenciales de una economía capitalista estaban firmemente establecidos. En primer lugar, la obtención de ganancias fue universalizada en la vida económica y establecida como el principal criterio para juzgar el éxito o el fracaso de virtualmente todas las empresas económicas. En segundo lugar, China se integró en la economía capitalista mundial, y ello inevitablemente tiende a remodelar las relaciones económicas y sociales internas de acuerdo con las normas capitalistas internacionales. En tercer lugar, se creó un enorme mercado de trabajo, en parte por la proletarización de cientos de millones de campesinos que fueron forzados a ello por la nueva mercantilización de la tierra; en parte por la destrucción del “tazón de arroz y de hierro”, el término despreciativo que utilizaban los reformistas partidarios del mercado para referirse al sistema de seguridad de empleo y los beneficios de seguridad social de que gozaba una parte de la clase obrera urbana. Y en cuarto lugar, los reformadores post-maoístas procedieron con cautela pero inexorablemente hacia un sistema de facto (si no necesariamente de jure) de propiedad privada de los medios de producción, primero en el campo a través de formas variadas de tierras “contratadas”, y luego más explícitamente en las empresas urbanas y las propiedades inmobiliarias.
“Empresarios socialistas”
Los dirigentes chinos post-maoístas reconocieron desde el inicio que una economía de mercado presuponía una burguesía, o una clase de “empresarios socialistas”, tal como preferían llamarlos. Pero la burguesía china moderna, que siempre fue una clase pequeña y débil, había dejado de existir a fines de los años 1950. La mayoría de los miembros más ricos de la burguesía se fueron del continente en 1949, cuando el triunfo comunista, y sus empresas abandonadas fueron nacionalizadas inevitablemente por el nuevo régimen. Las industrias y otros negocios de aquellos burgueses que se quedaron fueron expropiados o comprados por el nuevo Estado comunista. En el segundo caso, los ex propietarios recibieron como compensación bonos del gobierno a tasas bajas no heredables. Así, lo que quedaba de la burguesía china al final del período maoísta, en 1976, era un pequeño grupo de ancianos jubilados que cobraban modestos dividendos de los bonos estatales.
De modo que si se iba a implementar una estrategia de mercado debía crearse una burguesía. ¿Y qué más lógico que ésta fuese en gran parte reclutada en las filas del PCCh? Los funcionarios del partido tenían la influencia política y las habilidades para aprovechar mejor las ventajas pecuniarias que ofrecía el mercado. Superando las inhibiciones ideológicas –cuando existían– muchos cuadros del partido se precipitaron a participar ellos mismos en los negocios o a acomodar a sus hijos, parientes y amigos en posiciones lucrativas en lo que pronto se convertiría en una red de relaciones clientelares.
En la década de 1980, con la creación de una burguesía funcional, se cubrieron los requisitos esenciales, sociales e institucionales para una economía capitalista. Al mismo tiempo, las condiciones sociales para el capitalismo fueron reforzadas ideológicamente por la creciente influencia de las teorías económicas neoliberales y una creencia casi mística en la “magia del mercado”. Los planificadores económicos chinos, algunos de los cuales habían estudiado en las escuelas de negocios de los países industrializados, comenzaron a imitar a sus homólogos occidentales. Y, como un signo del humor intelectual imperante, los escritos de Milton Friedman adquirieron una popularidad extraordinaria entre los intelectuales, estudiantes y funcionarios gubernamentales. Friedman, el gurú del “libre mercado”, visitó China para dar una muy publicitada gira de conferencias en 1980 y 1988, prodigando elogios a sus nuevos discípulos chinos.
Costos sociales extremos
Durante las tres décadas transcurridas desde 1978, y sobre la base de una ya considerable estructura industrial moderna construida durante el cuarto de siglo anterior, el PIB chino creció a una tasa anual promedio del 9%, un ritmo a largo plazo sin precedentes en la historia contemporánea. El frenético y masivo avance del desarrollo capitalista en China rememora el asombro que llevó a Karl Marx a escribir que la burguesía “ha creado fuerzas productivas más masivas y colosales que todas las generaciones precedentes juntas. La sujeción de las fuerzas de la naturaleza al hombre, la maquinaria, la aplicación de la química a la industria y la agricultura, la navegación a vapor, los ferrocarriles, los telégrafos eléctricos, la preparación de continentes enteros para el cultivo, la canalización de ríos, poblaciones enteras trasladadas fuera de sus tierras... ¿quién un siglo antes tenía siquiera un presentimiento de que semejantes fuerzas productivas dormían en el regazo del trabajo social?” (1).
Pero en Marx la celebración de las fuerzas productivas del capitalismo iba acompañada por un agudo reconocimiento de su destructividad social y de una razonada advertencia sobre los espantosos costos humanos que exigirían las ingobernables fuerzas económicas que el capitalismo había desencadenado. “Una sociedad que ha conjurado semejantes medios poderosos de producción e intercambio –escribió Marx– es como el hechicero que ya no puede controlar los poderes subterráneos que ha invocado con sus sortilegios” (2).
Los “poderes subterráneos” que los reformadores de mercado del PCCh han desatado son ahora evidentes. Cientos de millones de campesinos han sido expulsados de las tierras que ocupaban, transformándose en una gran “población flotante” de trabajadores que buscan trabajos temporales en la construcción o como sirvientes en las ciudades y pueblos. Aquellos que permanecen en el campo son oprimidos por los corruptos funcionarios locales, una fuente continua de “acumulación primitiva de capital” para los empresarios burocráticos. En las florecientes ciudades, los nuevos ricos alardean de sus riquezas e imitan a sus homólogos occidentales en una orgía de consumo ostentoso. Al mismo tiempo la clase obrera urbana, amenazada por un vasto ejército de reserva laboral, sufre la erosión de su tradicional seguridad de empleo y de sus beneficios sociales.
Por supuesto, no hay nada particularmente chino en lo que se refiere a estos costos sociales del desarrollo capitalista. La mercantilización del trabajo y la tierra, el crecimiento de agudas disparidades sociales, la masiva destrucción ambiental: en las tempranas etapas de la industrialización capitalista esos males sociales fueron generados en todas partes. Pero en China, debido a la escala y al ritmo extraordinariamente acelerado del desarrollo, las consecuencias sociales son más extremas y se producen en la mayor escala de la historia capitalista mundial.
Pero aún habría que preguntarse si el capitalismo chino es realmente capitalismo. Un pequeño y menguante número de observadores extranjeros simpatizantes enfatiza el rol del Estado y los sectores colectivos en la economía china, sosteniendo que es efectivamente una “economía socialista de mercado”, a mitad de camino entre el capitalismo y el socialismo, y tienen la esperanza de que finalmente se dirija hacia este último. Un número mucho mayor de observadores occidentales duda de la autenticidad del capitalismo chino, al que frecuentemente llaman “capitalismo de compinches” o “corporativismo leninista”. Ambos puntos de vista se centran alrededor del papel del Estado comunista en la economía china, un asunto de necesario análisis para lograr cierta comprensión de la naturaleza social del régimen chino y su futura dirección.
Creación de una burguesía
El rol del Estado en el desarrollo del capitalismo ha sido oscurecido, a causa de la necesidad ideológica de retratar al capitalismo como la expresión de cierta naturaleza humana esencial. Esta necesidad encontró su expresión en la ideología del “libre mercado”, que sostiene que el capitalismo opera mejor (y más naturalmente) cuando está libre de toda intervención gubernamental externa.
Sin embargo, el poder del Estado ha estado íntimamente involucrado en el desarrollo del capitalismo moderno desde su origen. Incluso en Inglaterra, la patria clásica del desarrollo capitalista, fue necesaria la intervención del Estado para crear un mercado de trabajo, una condición esencial para el desarrollo del capitalismo industrial moderno. Los cercamientos de tierras del siglo XVII, que promovieron el capitalismo rural mientras empujaban a millones de campesinos fuera del campo para ser finalmente transformados en proletarios urbanos, no fueron simplemente el trabajo de leyes económicas naturales sino leyes del Parlamento impuestas por los jueces y la policía. Y fue la reforma de la Ley de Pobres de 1834 la que finalmente eliminó los derechos tradicionales de subsistencia a favor de un “mercado libre de trabajo”, cuyo funcionamiento fue impuesto mediante la amenaza del hospicio. El Estado británico estuvo muy implicado en la creación de las condiciones necesarias para el desarrollo del capitalismo industrial moderno.
En el desarrollo del capitalismo tardío el Estado ha tenido un papel cada vez más importante. El Estado de Bismarck aportó la mayor parte del impulso y la dirección para el rápido desarrollo del moderno capitalismo industrial en Alemania a fines del siglo XIX, mientras que la industrialización promovida por el Estado fue la característica dominante de la historia de Japón en la era Meiji (1868-1912), los dos casos más celebrados de la denominada “modernización conservadora”. En los “nuevos países industrializados” del período posterior a la Segunda Guerra Mundial, la modernización capitalista patrocinada por el Estado ha sido casi universal. Corea del Sur, Taiwán y Singapur están entre los ejemplos más exitosos. Una variante de este modelo de industrialización ha sido una “triple alianza” (entre el Estado, las multinacionales y el capital local) supervisada por el Estado, un diseño que puede ser ejemplificado por Brasil, en las décadas subsiguientes a la Segunda Guerra Mundial (3).
Alemania, Japón, ¿China?
En todos estos casos de “modernización conservadora” –es decir, la modernización capitalista sin una revolución democrática burguesa completa– la burguesía (el agente del desarrollo capitalista) no ha tenido en demasía el ejercicio del poder a través del aparato del Estado, sino que más bien ha sido dependiente del Estado. Tanto en la Alemania del canciller Bismarck como en el Japón de Meiji, la naciente burguesía intercambió “el derecho a gobernar por el derecho a hacer dinero” (4).
La China post-maoísta podría ser vista como otra variante de este camino conservador hacia la modernización capitalista. Pero en un aspecto esencial el modelo chino contemporáneo es de un carácter aun más centrado en el Estado y más burocrático de lo que fueron sus predecesores alemán y japonés. En la Alemania de Bismarck y el Japón de Meiji existían clases burguesas autóctonas (aunque débiles), cuyos intereses el Estado autocrático podría promover y cuyas energías podrían ser guiadas por las autoridades estatales hacia el objetivo del desarrollo económico nacional. El resultado de ambos casos fue una burguesía dependiente del Estado, pero no simplemente una creación del Estado.
En China, al contrario, a fines de la década de 1970, cuando se lanzó el programa de reforma de mercado, hacía largo tiempo que la burguesía china había dejado de existir en tanto clase social operativa. Se tenía que crear de nuevo una burguesía. Esto fue realizado por el mismo Estado-Partido Comunista, que asumió la tarea de producir tanto la burguesía urbana como la rural, en gran medida desde sus propias filas. Sin embargo, la economía china funcionalmente no es hoy menos capitalista de lo que fueron sus contrapartes alemana y japonesa un siglo antes.
Es muy posible que el peculiar origen de la burguesía china contemporánea tenga consecuencias políticas menos felices. Sobre la base de una lectura más bien simplista del surgimiento de la democracia política en los primeros países industrializados (como por ejemplo Inglaterra, Francia, Estados Unidos), está ampliamente asumido que la burguesía, por virtud tanto de sus intereses económicos como por sus ideales, procura limitar el poder del Estado. Así, se predica con frecuencia que el desarrollo del capitalismo y el crecimiento de la burguesía en China conducirán a un proceso de evolución política democrática. Pero resulta improbable que una burguesía que es creación del Estado comunista, que permanece tan dependiente de ese Estado y que en muchos aspectos aún está ligada material y psicológicamente al aparato del Estado-Partido, tienda a limitar el poder de un Estado del que tanto se beneficia. No se trata tanto de que la nueva burguesía china sea políticamente tímida, sino de que sus intereses económicos están bien protegidos por el Estado que la creó. De producirse, cualquier impulso serio para un proceso de evolución democrática vendría así de las víctimas, y no de los beneficiarios del capitalismo promovido por el Estado.
El nuevo “taller del mundo”
Los aspectos sociales y políticos del desarrollo económico en la China post-maoísta conforman un régimen que puede ser caracterizado mejor como un capitalismo burocrático; esto es, un sistema de economía política donde el poder político es empleado para generar la acumulación privada a través de métodos capitalistas de actividad económica. El fenómeno no es una novedad en la historia mundial. En efecto, en mayor o menor medida, el uso de influencias políticas para obtener beneficios económicos privados es un rasgo extendido de la economía capitalista. Incluso en los países capitalistas más avanzados, los que más ruidosamente se presentan como los campeones de las virtudes del prístino “mercado libre”, una carrera gubernamental es frecuentemente el preludio para otra carrera más lucrativa en una empresa capitalista usualmente relacionada con el aparato estatal.
En la historia de China, el capitalismo burocrático ha sido un fenómeno inusualmente importante. Sus orígenes se remontan a más de 2.000 años, hasta la antigua dinastía Han, cuando los monopolios del Estado fueron establecidos para la producción y la venta de bienes tan lucrativos como la sal y el hierro. Los comerciantes privados administraban la producción y la distribución, pero lo hacían bajo la supervisión de los burócratas imperiales. Los empresarios privados y los funcionarios del Estado conformaron una relación simbiótica, y ambos se beneficiaron enormemente durante siglos. Pero no fue hasta el ascenso del régimen nacionalista de Chiang Kai-Shek, en 1927, que China tuvo la dudosa distinción de producir el que es tal vez el caso clásico de “capitalismo burocrático” en la historia mundial. Durante el período de gobierno nacionalista (1927-1949), el sector moderno de la economía china estuvo dominado por las “cuatro grandes familias”: los Kung, los Soong, los Chen y los Chiang. Estrechamente relacionadas mediante la política y los matrimonios, estas cuatro familias controlaban el aparato del Partido-Estado nacionalista, y por virtud de este control político dominaban –como capitalistas privados– el sector moderno de la economía china.
Los objetivos principales de la Revolución Comunista, tal como Mao Zedong los enunciara en la década de 1940, eran destruir a los terratenientes feudales en el campo y a la “burguesía burocrática” en las ciudades. No era la intención, decía Mao, eliminar el capitalismo en general, el que continuaría existiendo “durante un largo período” para servir a las necesidades del desarrollo económico nacional (5). Por eso es irónico que sólo treinta años después del triunfo revolucionario, el Estado comunista recreara una burguesía burocrática junto con el capitalismo en general.
Ritmo y escala asombrosos
El capitalismo burocrático de la China post-maoísta no representa una simple resurrección de la economía política de la era del Guomindang. El capitalismo burocrático bajo el régimen del Guomindang (y sus encarnaciones anteriores del siglo XIX), estuvo económicamente estancado, aun cuando la burguesía burocrática prosperó. En sorprendente contraste, el capitalismo burocrático de la China contemporánea está asociado a tasas de crecimiento económico extraordinariamente altas, que han transformado a este país, en palabras de Martin Wolf, en “el taller del mundo”, un título antes reclamado por Inglaterra en el siglo XIX (6). El ritmo y la escala del avance económico de la República Popular son sorprendentes. Informes recientes, por ejemplo, revelan que China suma ahora más poder de energía eléctrica cada año que todo lo producido por Gran Bretaña en su red eléctrica nacional (7). Y en la reciente reunión del Congreso Nacional del Pueblo en Pekín, el primer ministro chino Wen Jiabao anunció un programa de modernización de la industria del acero, revelando que las viejas plantas que serán reemplazadas tienen ellas solas más capacidad productiva que la totalidad de la capacidad productiva de la industria del acero de Alemania (8).
¿Por qué el capitalismo burocrático del período nacionalista perpetuó el estancamiento económico, mientras un sistema sociopolítico muy similar en la China post-maoísta ha logrado un fenomenal crecimiento económico? Cualquier investigación seria acerca de las razones de este sorprendente contraste debería centrarse, en gran medida, en las diferencias existentes entre las sociedades chinas anterior y posterior a la revolución. O, más precisamente, se debe tener en cuenta los logros de la Revolución de 1949 en tanto revolución burguesa. El régimen nacionalista de Chiang Kai-Shek, más allá de sus bien conocidos defectos internos, se encontró en el contexto histórico más desfavorable, un sistema casi feudal de propiedad terrateniente que despilfarraba –más que acumulaba– capital, y un sistema político arcaico jaqueado por los señores de la guerra separatistas; un país política y económicamente fragmentado por el impacto de un siglo de imperialismo extranjero, y una burguesía débil y dependiente del capital extranjero. Los esfuerzos del régimen nacionalista para aliviar estas cargas precapitalistas, incluso a la luz del corto plazo y los limitados medios con que contaba, fueron débiles en el mejor de los casos.
Por otro lado, el régimen comunista chino realizó con éxito, en la década de 1950, las tareas esenciales de una revolución burguesa, aunque sin su componente democrático. Los comunistas unificaron una China por largo tiempo desintegrada, se liberaron de las intromisiones imperialistas y establecieron un gobierno duro pero efectivo. Con esto crearon las bases para un Estado-nación independiente y un mercado nacional; la clase parasitaria de los aristócratas-terratenientes fue destruida con la campaña de reforma agraria de 1950-1952, lo que permitió canalizar el excedente agrario en capital para financiar un programa de rápida industrialización impulsado por el Estado y lograr sorprendentes avances en alfabetización, atención médica y educación, creando una fuerza de trabajo moderna y excepcionalmente capaz. En síntesis, el gobierno maoísta, especialmente en la primera década, creó las condiciones esenciales para el proceso de rápido desarrollo capitalista que ha tenido lugar durante las tres últimas décadas.
El espectacular ascenso económico de China, por lo tanto, no es simplemente el resultado de las reformas de mercado de Deng Xiaoping y sus sucesores. También le debe mucho a los logros “burgueses” positivos de la Revolución de 1949. La herencia real de la revolución no fue el socialismo, un objetivo todavía proclamado ritualmente en Pekín, sino más bien el moderno objetivo nacionalista de la riqueza y el poder del Estado-nación. 


miércoles, 25 de diciembre de 2013

El denominador común de la Patria Grande: La oposición sin rumbo




por Eric Nepomuceno desde Río de Janeiro para Página 12

El año termina con los dos principales candidatos de la oposición –Eduardo Campos, del Partido Socialista Brasileño (PSB), y Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), el mismo del ex presidente Fernando Henrique Cardoso y que sufrió tres contundentes derrotas en las más recientes disputas presidenciales– buscando un rumbo, cualquier rumbo, para derrotar a Dilma Rousseff, del PT del ex presidente Lula da Silva, en octubre de 2014.
Del lado de Campos, la gran duda es qué hacer con la ambientalista evangélica Marina Silva, que en la primera vuelta de las elecciones de 2010 recaudó casi 20 millones de votos, forzando el ballottage entre Dilma y José Serra, del PSDB.
Es una situación esdrújula: cuando su nombre aparece en las encuestas, en lugar de Campos, Marina obtiene casi el doble de votos del candidato. Cuando Campos aparece trayendo a Marina como postulante a vicepresidente, las intenciones de voto igualmente llegan a casi el doble. Ocurre que las divergencias entre el Rede –el frustrado partido político que Marina quiso crear y no logró por no atender a los requisitos de la legislación electoral– y el PSB son más evidentes cada día. Armonizar agua y aceite es un desafío milenario que todavía no llegó a solución alguna. Campos, por ejemplo, lanza guiños intensos al agronegocio. La gente de Marina tiene ojeriza al agronegocio. ¿Cómo superar esa diferencia? Campos busca un discurso coordinado, que sea seductor al centroizquierda y a los desilusionados del PT. El discurso de Marina es cada vez más incomprensible, y pasa a millas de distancia de seguir un raciocinio claro y coordinado. Lo natural y lógico, acorde con los sondeos y encuestas, sería que Campos ceda a Marina la candidatura presidencial. Pero sería como prestar la sigla a un adversario.
Del lado de Neves, la gran duda es qué hacer para convencer al electorado de que su partido tiene un programa consistente y viable, suficiente para sanar fallas y conducir el país a buen puerto. Y más: como lograr consolidar su candidatura frente a la sombra siempre presente de José Serra, quien fue derrotado por Lula en 2002 y por Dilma en 2010, pero sigue decidido a presentarse una vez más. Aécio Neves controla el partido y es considerado el candidato natural. Pero para Serra natural es que ocurra lo que él desea, en toda y cualquier circunstancia. La semana pasada lanzó un corto manifiesto, agradeciendo a las personas que defendían su candidatura. El texto fue considerado una declaración de resistencia, pero a los dos días el mismo Serra se negó a confirmar que disputaría algún puesto parlamentario. Si es poco lo que él puede hacer dentro del partido para impedir la postulación de Aécio Neves, es mucho lo que puede hacer para impedir un crecimiento de su rival entre el electorado de San Pablo, el más grande del país.
Mientras tanto, entre un tropiezo y otro, entre una indefinición y otra, Neves presentó lo que serían los doce puntos principales de su programa de gobierno. Ha sido la alegría de Dilma y del PT. Defendió el Bolsa Familia, principal programa social lanzado por Lula, y el Más Médico, el programa de contratación de médicos extranjeros para atender a las poblaciones más carentes del país, en localidades que los profesionales brasileños se rehúsan a ir. En un océano de vaguedades, exhibiendo una muestra formidable de clichés y lugares comunes, sin una única idea concreta, el palabrerío de Neves naufragó rotundamente. Y le dejó a Dilma espacio para un comentario contundente: al saber que Neves había defendido, a nombre de su partido, el Más Médicos, la presidenta agradeció que finalmente la oposición reconozca algo positivo en su gobierno. Y remató: “Lástima que a la hora de votar el proyecto en el Congreso no hayan tenido la lucidez que ahora muestra el señor senador”.
La verdad es que el camino de Dilma Rousseff para reelegirse no está exento de dificultades y, luego de las masivas manifestaciones de protesta de junio y julio, nadie cree que será un paseo tranquilo. Ella sigue con enorme ventaja frente a los otros dos, y si las elecciones se realizaran hoy, ganaría en la primera vuelta. Pero el panorama deberá cambiar de aquí a las elecciones.
Hay problemas en las cuentas públicas, la inflación sigue presionando (las previsiones indican 5,8 por ciento este año), el país sigue careciendo de estructura (puertos, rutas y aeropuertos son, más que un desastre, una ofensa), los servicios de educación, salud y transporte públicos son crónicamente pésimos, y el 66 por ciento de los brasileños quiere cambios. Sería un escenario bastante favorable a la oposición, si la oposición fuese capaz de proponer una alternativa concreta, sustancial y viable al gobierno.
Pero, por lo que se ve, la oposición tiene en Brasil la consistencia y la solidez de un inmenso flan de nubes. Su costado más consolidado y firme está en los grandes medios de comunicación, los grandes conglomerados informativos. Pero nadie los vota a ellos.

lunes, 23 de diciembre de 2013

POR UNAS FIESTAS EN PAZ Y SIN PIROTECNIA... FELICIDADES COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS DE DEBATES, DE ACUERDOS Y DESACUERDOS, DE RENGLONES, DE LÍNEAS Y DE INTERLÍNEAS. FELICIDADES A TODAS Y A TODOS, A LOS QUE NOS QUIEREN Y TAMBIÉN A LOS QUE NO NOS QUIEREN...







LA SERVILLETA DE CARRIÓ, EDITORIAL - REVISTA 23 (imperdible lo de la Jueza María Gabriela Lanz)


Corría el año 1996 cuando el por entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, denunció que su par de Interior, Carlos Corach, le escribió en una servilleta de papel la lista de los jueces federales que respondían al menemismo. Desde aquel momento, “la servilleta de Corach” quedó inscripta en la cultura política argentina como la influencia que puede ejercer un funcionario o dirigente para torcer la voluntad de la Justicia. Dieciocho años después, la campaña electoral que cubrió casi todo este año convirtió a Elisa Carrió en una denunciadora serial que encontró en algunos jueces y fiscales el eco necesario para sus acusaciones. La diputada nacional parece así haber confeccionado su propia servilleta, que le garantiza instalación mediática y dividendos electorales. Pero poco parece haber ayudado en el esclarecimiento de los hechos que denuncia.

La vinculación que la Justicia deberá investigar entre el fiscal recientemente suspendido José María Campagnoli y Elisa Carrió puede constituir una muestra de los estrechos lazos que la diputada nacional tejió en estos años con distintos estamentos del Poder Judicial. Sucede que Marcela Campagnoli, hermana del fiscal, es amiga personal de la legisladora y fue concejal de la Coalición Cívica en el municipio de Pilar. Precisamente Carrió fue una de las denunciantes de la causa en la que se investiga por lavado de dinero al empresario Lázaro Báez y por la que fue apartado Campagnoli, luego de ser acusado de forzar su competencia. Obviamente que apenas conocida la decisión del tribunal de enjuiciamiento que suspendió a Campagnoli, Carrió presentó una denuncia por encubrimiento agravado y abuso de autoridad contra la procuradora Alejandra Gils Carbó y contra los funcionarios que votaron la suspensión de Campagnoli, pero nada dijo acerca de los vínculos que la unirían con el fiscal.

Las pruebas que presenta Carrió ante la Justicia en varias de sus denuncias no suelen ser más que recortes de diarios o informes periodísticos. Esto la lleva a que varias de sus denuncias queden en el ridículo ante la falta de rigurosidad de la información o porque directamente se trata de mentiras que resultan publicadas. Fue lo que sucedió con aquella entrevista que el dueño de la Editorial Perfil, Jorge Fontevecchia, le hiciera en el diario del mismo nombre al presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, y donde se vio obligado a reconocer que el magistrado nunca dijo que se había reunido con el secretario legal de la Presidencia, Carlos Zannini, para “conversar” sobre el fallo que declaró constitucional la Ley de Medios. Pero en el ínterin, Carrió salió con los botines de punta al sostener que, con su supuesta declaración, Lorenzetti “ha reconocido el más grave delito republicano que es la violación de la división de poderes” y sentenció que por lo tanto era “causal de juicio político”. De paso, aprovechó para rescatar de los magistrados que integran la Corte a Carlos Fayt, quien justamente fue el único que se opuso rotundamente a fallar a favor de la constitucionalidad de la ley. “Él todavía sabe lo que es la Justicia, los otros no son nada”, sentenció Lilita en ese momento. Incluso, en su acostumbrada visión autorreferencial quedó en evidencia. Reconoció que tenía vínculos con Fayt pero que dejó de tenerlos desde el año 2003, “por la división de poderes”, sin advertir que el nonagenario juez integra el máximo tribunal desde el regreso de la democracia, en 1983.

Otro de los jueces friendly que integran la servilleta de la voraz diputada es Claudio Bonadío. A él recurrió en agosto de este año cuando apuntó contra el empresario Cristóbal López, al acusarlo de “cohecho y tráfico de influencias”, en el marco de las negociaciones por la venta de los activos de la filial argentina de la empresa brasileña Petrobras. “Se ha publicado que el empresario López habría pagado un soborno por 10 millones de dólares para destrabar la compra de la refinería San Lorenzo”, aseguró Carrió en su presentación ante el juez. La prueba de su contundente denuncia no era otra que una nota publicada en la revista brasileña Epoca. Bonadío hizo lugar a la presentación pero desde entonces nada pudo comprobar la Justicia con respecto a la denuncia. 

El caso Ciccone representa una causa que para una denunciadora serial como Carrió no podía dejarla sin protagonismo. El filón que encontró la dirigente de UNEN fue denunciar al secretario de Comunicaciones, Néstor Berner, y a agentes de la Inspección General de la Justicia por supuestamente darle protección a Amado Boudou. La denuncia fue tramitada justamente al juzgado de Bonadío.

Fue precisamente Bonadío quien sobreseyó a Carrió en mayo de 2010, en la causa que le inició Aníbal Fernández cuando se desempeñaba como ministro de Seguridad. La diputada lo involucró directamente con las bandas de delincuentes que operan en el conurbano bonaerense. Pero para el juez, los dichos de Carrió “revistieron su opinión en torno a una autoridad pública en lo tocante a sus actividades como tal y más allá de los calificativos empleados”.

En tiempos de campaña, la denuncia sistemática fue la plataforma política de Carrió para posicionarse tanto en las PASO como en las elecciones generales de octubre. Para varias de estas iniciativas concurrió a Tribunales con su nuevo socio político, Pino Solanas. El esquema metodológico era un triángulo que se iniciaba en la “investigación periodista” de Jorge Lanata en Periodismo Para Todos, continuaba con la denuncia de la pareja (la misma que era parodiada en un sketch del programa) en la Justicia y culminaba en el despacho de un funcionario receptivo. Al día siguiente de ganar la interna de UNEN, Carrió y Solanas se presentaron en el juzgado de Daniel Rafecas para denunciar que el jefe del Ejército, César Milani, “por enriquecimiento ilícito”, a partir de un informe difundido en el programa de Lanata.

Con todo, Rafecas no se animó a darle lugar a cada una de las presentaciones hechas por la pareja denunciadora. El tándem Carrió-Solanas había acusado a Milani de haber realizado actos de inteligencia militar para cuestiones de política interna. Pero en este caso el juez se vio obligado a darle la razón al fiscal Jorge Di Lello, quien había determinado que “vistas las respuestas efectuadas por los denunciantes (a quienes les habían pedido precisiones) y compulsadas las notas periodísticas aludidas, es posible advertir que los diputados realizan afirmaciones y conjeturas sin sustento fáctico a fin de imputar a Milani hechos relacionados con la infracción a la ley de inteligencia militar”.

El perfil denunciador que Carrió le imprimió a la campaña no le resultó gratis y generó más de un chisporroteo con sus socios del heterogéneo abanico de fuerzas que integran UNEN. El momento de mayor tensión se vivió en el debate que protagonizaron sus precandidatos en la pantalla de TN. Allí, Carrió les recriminó no haber denunciado “nunca” casos de corrupción. El radical Ricardo Gil Lavedra no tardó en salirle al cruce y le señaló que “resulta patético tratar de abrir un concurso de ‘denunciantes’ de hechos de corrupción”. Su correligionario Rodolfo Terragno no se quedó atrás y le recordó que “yo no sólo he denunciado; he mandado corruptos a la cárcel. Muchos lo han olvidado porque nunca caí en el exhibicionismo ético”.

Así como Carrió encontró fiscales que con suma celeridad tomaran sus denuncias, también contó con otros que con la misma velocidad desestimaron los cargos que se abrieron en su contra. Por ejemplo, el fiscal Carlos Stornelli desestimó rápidamente una denuncia por enriquecimiento ilícito que el abogado Gustavo Ogni había presentado contra la diputada por la compra de un terreno en el Club de Campo Chacras de la Cruz y la construcción de una importante vivienda. La información fue publicada por la revista Veintitrés y sirvió como base para la denuncia judicial rápidamente desestimada por Stornelli. Sobre este fiscal, Lilita nunca pidió investigación alguna por la fastuosa vivienda de su propiedad y los costosos automóviles con los que se desplaza por la ciudad.

Así, con funcionarios judiciales que le siguen el juego, Elisa Carrió escribe su propia servilleta. ¿Será Justicia? 


El paso en falso de la jueza Lanz

La jueza María Gabriela Lanz fue quien convalidó el accionar de José María Campagnoli en la causa por lavado de dinero que involucra a Lázaro Báez y por la que resultó apartado por “sobreactuación”. La pareja de la jueza, Valentín Temes Coto, fue condenado el lunes pasado por el Tribunal en lo Penal Económico Nº 3 a veinte años de prisión por encabezar una banda de narcotraficantes que contrabandeó 3.200 kilos de cocaína desde Brasil y la Argentina hacia España. Lanz intentó entonces declarar como testigo a favor de su pareja porque creía en su inocencia. Al ofrecerse como garante, la jueza intentaba que Temes Coto saliera en libertad, pero el pedido de excarcelación fue rechazado.
La banda liderada por Temes Coto pretendía contrabandear la cocaína a través de cajones de manzanas, y por eso a la operación pasó a llamarse “manzanas blancas”. La pareja de la magistrada era quien lideraba las maniobras y el que tenía los contactos con el cartel que comercializaba la droga en España.

El 16 de junio de 2010 se interceptó en el puerto un embarque de 1.647 kilos de cocaína. Y otro embarque había partido días antes y fue detenido en una escala en Santos, Brasil, con 1.700 kilos. A partir de esas dos intercepciones comenzó la investigación que terminó esta semana con la prisión para Temes Coto. Por la misma operación fueron condenados su secretario, Claudio Maidana, a 15 años de prisión, y Nelson Hinricksen, a 15 años, que era el encargado de la empresa Frutol, en la ciudad de Allen, Río Negro.

Con todo, la condena para los tres acusados resultó menor a la que solicitaron la fiscalía y la querella, que estuvo representada por la AFIP. El pedido era de 22 años de pena para Temes Coto, 18 para Maidana y 15 para Hinricksen. Se trató del máximo solicitado por el organismo recaudador.