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lunes, 14 de marzo de 2016

El regreso del neoliberalismo – fragmento del último ensayo escrito por Aldo Ferrer para Le Monde diplomatique, hace apenas unos días.



Por Aldo Ferrer para Le Monde diplomatique Cono Sur


A lo largo de su historia Argentina ha oscilado entre el modelo económico nacional y popular y el neoliberal. El análisis de las principales decisiones del gobierno macrista permite inscribirlo en esta segunda orientación, que en el largo plazo suele generar un aumento de la deuda, alto desempleo y recesión. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial,laeconomíaargentina alterna entre dos modelos de desarrollo,quepodemosdenominar “nacionalypopular”y“neoliberal”.El triunfo de Macri puede entenderse como unnuevocasodeesaalternancia.
Ambos modelos –el nacional y popular y el neoliberal– se despliegan dentro de la economía de mercado. El primero se caracteriza por el protagonismo del Estado, el impulso soberanista y el énfasis en la inclusión social. El segundo, por su confianza en las virtudes del mercado, la apertura incondicional al orden mundial y la prescindencia en la distribución del ingreso. La industrialización por sustitución de importaciones predomina en el modelo nacional y popular; el énfasis en la producción y las exportaciones primarias y las finanzas, en el neoliberal. 


Este ensayo pretende colocar el inicio del gobierno de Macri en perspectiva histórica, analizar la trayectoria de la gestión anterior y explorar el futuro de la economía argentina en el nuevo escenario. 


La alternancia en la historia


En los poco más de ochenta años transcurridos desde el inicio de la Organización Nacional en 1862, con la presidencia de Bartolomé Mitre, hasta la crisis mundial de 1930, predominó el modelo primario-exportador, con una relación privilegiada con Gran Bretaña. El cambio del orden conservador al gobierno de Yrigoyen fue sólo en el plano político. En lo fundamental, la política económica se mantuvo. Lo mismo sucedió desde el golpe de Estado de 1930 hasta el ascenso de Perón.


La alternancia, en suma, nunca se planteó antes de 1945. Su historia comienza en ese entonces. El proyecto “nacional y popular” abarca el primer peronismo (1946-1955) y el peronismo kirchnerista (2003-2015). El modelo ”neoliberal” incluye la última dictadura (1976-1983) y el peronismo menemista (1989-1999). Sumados, ambos abarcan casi cuarenta años de historia. Los otros treinta corresponden a experiencias más breves, en las cuales predominaron, en distinto grado, una u otra de esas orientaciones. Se trata del gobierno de facto entre 1955 y 1958, el desarrollismo frondicista (1958-1962), la presidencia de Arturo Illia (1963-1966), el gobierno de facto entre 1966 y 1973, que incluye mi breve gestión ministerial (1970-71), el segundo peronismo (1973-1976), y las presidencias de Raúl Alfonsín (1983-1989) y Fernando de la Rúa (1999-2001).


En las economías industriales avanzadas también se registra la alternancia, que a veces incluye cambios de rumbo radicales. Por ejemplo, el que tuvo lugar, hacia 1980, entre los modelos keynesiano y neoliberal a partir de los triunfos electorales de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Gran Bretaña. En esas economías la alternancia afecta principalmente la distribución del ingreso y el nivel de actividad. La estructura productiva diversificada y compleja, el papel esencial de la ciencia y la tecnología y la posición en el mercado mundial no se ven esencialmente comprometidos. En Argentina, en cambio, se pone en juego la totalidad del modelo de desarrollo e inserción internacional, la distribución de la riqueza y el ingreso y los equilibrios macroeconómicos. 



1 comentario:

  1. Creo que hay que tomar en consideración, en el caso de Argentina, que recién a partir de 1916 existió la posibilidad de manifestar la voluntad popular (aún sin la participación femenina) por medio del voto obligatorio y secreto.

    A pesar de ello, las oscilaciones para el lado de la derecha se produjeron exclusivamente (excepción: la 2da. presidencia del riojano y el actual gobierno) por medio de golpes de estado con el consabido uso de distintos grados de violencia, persecusión y proscripción.

    También cabe destacar el protagonismo de los medios de propiedad del poder establecido - en la actualidad casi totalmente hegemónico - para fijar agenda, guiar a la opinión pública, convencer con mentiras, ocultar descalabros o inventarlos, según convenga a sus intereses.

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