EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

viernes, 30 de diciembre de 2016

Maestros del blues. Kim Simmonds y un texto extremo y certero que por conocido no deja de ser oportuno en este año que finaliza.. Agradezco al amigo Emilio Liébana habérmelo compartido.








Kim Simmonds es un guitarrista, compositor, catautor y productor discográfico galés nacido en 1947, reconocido mundialmente por haber sido integrante y fundador de la mítica banda de blues Savoy Brown y que hace poco estuvo de invitada es este espacio. Kim es uno de los músicos más influyentes de Gran Bretaña. Por fuera de los 49 trabajos grabados con el grupo posee cuatro obras como solista. Ellos son:

·                     Solitaire (1997)
·                    Blues Like Midnight (2000)
·                    Struck by Lightning (2006)
·                    Out of the Blue (2008)








Instrucciones para capear el mal tiempo


En primer lugar, no se desespere y en caso de zafarrancho no siga las reglas que el huracán querrá imponerle. Refúgiese en la casa y asegure los postigos una vez que todos los suyos estén a salvo. Comparta el mate y la charla con los compañeros, los besos furtivos y las noches clandestinas, con quien le asegure ternura. No deje que la estupidez se imponga. Defiéndase. A la estética, ética. Esté siempre atento. No les bastará empobrecerlo y lo querrán someter con su propia tristeza. Ríase estentóreamente. Mófese: la derecha está mal cogida. Será imprescindible cenar juntos cada día hasta que la tormenta pase. Son cosas simples, sencillas, pero no por ello, menos eficaces. Diga hacia el costado buen día, por favor y gracias. Y la concha de tu madre cuando lo soliciten desde arriba. Tírele con lo que tenga, pero nunca solo. Ellos saben cómo emboscarlo en la desprevenida soledad de una tarde. Recuerde que los artistas serán siempre nuestros. Y el olvido será feroz con la comparsa de impostores que los acompaña. Todo va a estar bien si me hace caso. Sobreviviremos nuevamente, estamos curtidos. Cuidemos a los pibes que querrán podarlos. Solo es menester bien pertrecharse y no escatimarnos amabilidades. Deberemos dejar a mano los poemas indispensables, el vino tinto y la guitarra. Sonreírles a nuestros viejos como vacuna contra la angustia diaria. Ser piadosos con los amigos. No confundir a los ingenuos con los traidores. Y aún con estos, tener el perdón fácil para cuando vuelvan con las ilusiones forreadas. Aquí nadie sobra. Y eso sí, ser perseverantes y tenaces, escribir religiosamente todos los días, todas las tardes, todas las noches. Aún sostenidos en terquedades si la fe se desmorona. En eso, no habrá tregua para nadie. La poesía les duele a estos hijos de puta.

Alejandro Robino


.... pues entonces tiro para que les duela...

Soneto de la Lágrima

Una lágrima, mezquina y atrevida,
porfiada, teme apenas sostenerse
improvisa senderos sin moverse
de su cauce en tu ruta dolorida.

Desanda la cosmética partida
reside su congoja por saberse
compañera tajante al detenerse
entusiasta por males de crecida.

Es enigma de una gota sometida
ofrenda por quebrarse, por perderse,
sepultura versada y corrompida

quebranto, magro duelo y bienvenida
inasible paisaje sin mecerse
atrevido tormento de la vida.









jueves, 29 de diciembre de 2016

La Restauración de la Inquisición en Argentina



La inquisición fue una institución JUDICIAL creada por el pontificado en la edad media, con la misión de localizar, procesar y sentenciar a las personas culpables de herejía (personas y grupos que cuestionaban o interpretaban de otro modo la fe). 
En el orden primitivo la pena habitual por herejía era la excomunión. Los herejes empezaron a ser considerados enemigos del Estado, sobre todo cuando habían provocado alteraciones del orden público. Los inquisidores se establecían por un periodo definido de semanas o meses en las plaza central de las aldeas, desde donde promulgaban órdenes solicitando que todo culpable de herejía se presentara por propia iniciativa. Los inquisidores podían entablar pleito contra cualquier persona sospechosa. Los acusados estaban obligados bajo juramento a responder de todos los cargos que existían contra ellos, convirtiéndose así en sus propios acusadores. El testimonio de dos testigos se consideraba por lo general prueba de culpabilidad. Hasta aquí la definición histórica de aquel formato. (Fuente: http://www.mgar.net/)


No observo, lo mencionado muy diferente a las prácticas actuales de la justicia argentina. Creer en otros formatos sociales, en otro tipo de orden económico, y militar políticamente por ello es suficiente razón para ser estigmatizado como hereje al orden establecido y en consecuencia un peligro social que es necesario domesticar o encarcelar. El poder judicial ha logrado en un año, como aquella institución medieval, cercar al campo de las ideas de manera taxativa. El bien y el mal han quedado establecidos jurídicamente desde el fundamentalismo ideológico  y nada parece que puede perforar tan nefasta lógica. Estamos en las vísperas de una restauración inquisidora que no va a cejar en su intento de eliminar esa supuesta herejía que pone en discusión el orden natural que ha determinado esta nueva jerarquía social encabezada por las corporaciones. Los inquisidores vienen por nosotros, y no tan solo por nuestros derechos, como mencionó Cristina, sino también por nuestras intenciones, sueños, deseos, locuras, libertades, miedos, angustias y sobre todo por nuestros pensamientos. Desean eliminar de plano todo concepto de equidad y de inclusión ensuciando tales paradigmas con todo tipo de operaciones para luego  proceder en consecuencia, encarcelando, torturando y si es necesario matando. Es probable que nuestros líderes sean los primeros en caer, pero tras ellos, nosotros cual fichas de dominó, seremos derrumbe sin solución de continuidad hasta que la soberbia les indique que la tarea está cumplida.
En lo personal acepto con resignación el reto de los tiempos inquisidores y le pongo el cuerpo y mi pluma, no tengo más, me hubiera gustado otro futuro. Es lo que nos tocó. Estarán aquellos que ante la situación decidan abandonar por razones y circunstancias que no me competen analizar y menos juzgar, no soy inquisidor. Pero tengo claro que el enemigo hoy posee todas las barajas valiosas del mazo prestas a ser disparadas, que en condiciones normales no podemos vencer en la partida, de manera que solo nos queda la imaginación, la tenacidad, la valentía, la voluntad y la convicción como puntos de partida para la lucha. Una lucha que observo en tonos bermellón, con lagos y meandros de coágulos,  con lágrimas y con dolor, una lucha que lejos está de tener garantía de victoria, ni en el corto ni en el mediano plazo, una lucha que nos compromete como seres sentipensantes si verdaderamente deseamos ser la conciencia de una época ignominiosa.




El día después de la muerte de la libertad






Sentar precedentes jurídicos. En tren de suposiciones, supongamos. El Intendente de Coronel Dorrego, Contador Raúl Reyes se muestra molesto por mis críticas públicas y manifestaciones las cuales no puede hacer callar por obvias razones republicanas. Un buen día se realiza una manifestación de protesta en su contra en donde le son arrojados 3 huevos. El tipo me responsabiliza como instigador de la revuelta debido a mis duros escritos y marcada militancia opositora más allá de que no puede probar de manera fehaciente que estuve en el lugar de los eventos. Uno de sus correveidiles municipales perjura, ante el juez, que me vio en las cercanías por los ventanales del municipio. Resumiendo, me como una condena de 3 años de prisión en suspenso con la obligación de realizar trabajos comunitarios. Hasta aquí los hechos... Pero vamos al impacto social y político del fallo. El deseo de acotar los niveles de protesta del pueblo profundo es evidente. Obvio que no tener la envergadura política de Milagro hace parecer que lo que le sucede a ella no nos puede pasar a nosotros. Y no es así. El fallo en si propio, si se confirma, tiene las características de una amenaza concreta del establishment corpojudicial oficialista. Si esto es avalado por las cortes superiores estará establecido jurídicamente una suerte de estado de sitio encubierto en donde toda manifestación popular disidente, a lo largo y a lo ancho del país, estará sujeta al ignominioso precedente hoy ejecutado. Estamos ante una dictadura en donde la interpretación política por parte del poder real de los hechos es más poderosa que los hechos en sí propios. Aquellos que están felices con esta condena a nuestra referente social les pido que una vez terminados los festejos piensen lo peligroso de esta metodología si el día de mañana la taba en lugar de caerles suerte, les cae culo. A qué me refiero, y no lo hago con ningún sesgo vengativo. Muy simple. Cuando analizo una jugada política siempre pienso en las consecuencias globales de la misma. No me detengo en el simplismo del beneficio coyuntural. Ergo, por costumbre trato siempre de poner de manera imaginaria esa herramienta política en manos de mi adversario para poder comprender si mi decisión es la correcta o acaso por ceguera intelectual no le estoy entregando en bandeja el garrote con el cual me golpeará..
Si en el 2008 en lugar de estar gobernando Cristina, gobernaba Cambiemos, les cuento a los estimados chacareros de mi Pago que muchos de sus colegas e incluso alguno de ustedes, en distintos puntos del país, tendrían una condena de 3 años en su legajo de antecedentes. Digo, para pensar un poco de qué se tratan la libertad y la democracia en su real dimensión humanística. Estamos gobernados por malas personas, algunas afanan, otros no, como en todo colectivo político, pero lo que los une es la perversión con relación al concepto que tienen de la política y el disenso. Es curioso que desde la mass media ya no se hable más de la lógica amigo enemigo, endilgada falsamente al populismo, cuando observamos que desde el Estado presente existe una marcada persecución de los que mantenemos nuestras líneas políticas nacionales, populares, inclusivas y soberanas...



miércoles, 28 de diciembre de 2016

“Hay que endeudarse todo lo que podamos”, dijo Macri y la monada se prendió a una joda de futuro inexorable.., ya van 47.000 millones de dólares..



DEUDA PÚBLICA, Otra vez en zona roja


Por Noemí Brenta, Investigadora y docente en IDEHESI/ UBA y UTN FRGP. Para Le Monde diplomatique

Durante la campaña electoral, Macri afirmó: “Hay que endeudarse todo lo que podamos”. Si bien el entonces futuro presidente se refería a tomar deuda en los organismos internacionales para obras de infraestructura, esa promesa fue ampliada a otros fines y cumplida con creces y velozmente.
En once meses de gestión, el gobierno emitió deuda sobre todo en moneda extranjera pero también en pesos, por unos 40.000 millones de dólares, y autorizó unos 7.000 millones a ocho provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Más que para infraestructura, la deuda se aplicó a pagar a los fondos buitre, a sumar a las reservas del Banco Central, y a financiar el déficit fiscal, afectado por la baja de las retenciones sobre las exportaciones principalmente agropecuarias y por la recesión disparada por el ajuste (devaluación, tasas de interés altas, grandes alzas de tarifas de servicios, paralización de la obra pública, despidos, aumentos salariales inferiores a la inflación), que desplomaron el consumo y la inversión, y contrajeron el nivel de actividad (-0,9%, -3,5% y -1,5% en 2016, según las proyecciones del Presupuesto 2017). Los pagos a los organismos internacionales se asemejaron a sus desembolsos, de modo que esa deuda se mantuvo prácticamente igual.
La Secretaría de Finanzas de la Nación calculaba que la deuda bruta del sector público nacional al 30 de junio de 2016, último dato publicado, era de 3,9 billones de pesos (1), a esto hay que sumar las colocaciones posteriores en pesos, dólares y euros, unos 60.000 millones de pesos más. Buena parte de la deuda (unos 164.000 millones de dólares, el 63%) está denominada en moneda extranjera, y el resto en pesos. En síntesis, a mediados de este año la deuda pública bruta bordeaba el 56,9% del Producto Interno Bruto (PIB, cifra no oficial), mientras que a fines de 2015 equivalía al 53,6% (dato oficial). Más allá de la exactitud de estos números, es innegable que en 2016 la deuda pública aumentó más que el PIB, y que el endeudamiento es una herramienta que el gobierno utiliza con entusiasmo.
También sustituyó deuda intra-Estado, principalmente con la ANSES y con el Banco Central, por acreedores privados y bancos, lo que no afecta el stock de la deuda, pero sí su condicionalidad –especialmente en las renegociaciones– y su costo. Por ejemplo, a poco de asumir, en diciembre de 2015, el gobierno emitió 16.500 millones de dólares en bonos, en sustitución de la deuda del Tesoro con el Banco Central, pero mientras que antes de ese canje los intereses permanecían dentro del mismo Estado, posteriormente el Tesoro quedó endeudado con terceros y obligado a pagar intereses y amortizaciones con un nivel de exigibilidad mucho mayor. Por otra parte, el aumento de la deuda en moneda extranjera, además de agravar la fragilidad fiscal, acentúa la vulnerabilidad del país a las salidas súbitas de capitales en respuesta a shocks externos –nada extraños en este oscuro escenario global–, y anticipa el castigo al pecado original de financiarse en moneda ajena, y de reingresar a la secta de las finanzas globales que ya llevó a Argentina y muchos otros países al infierno del sobreendeudamiento, la crisis y la desposesión.


El torniquete fiscal


La cuestión ahora es saber si Argentina está cerca de la línea roja del sobreendeudamiento, del ajuste perpetuo y de subordinar todas las políticas que demandan recursos estatales –jubilaciones, salud, educación, ciencia– a renovar u obtener fondos frescos en los mercados y al pago de intereses y comisiones, como ocurrió en la etapa neoliberal, entre 1976 y 2001. Esto parecería tan difícil de contestar que el Fondo Monetario Internacional (FMI) nunca lo hizo a tiempo de modo de evitar o suavizar las crisis, aunque cada vez que Argentina se sobreendeudó, tenía acuerdos y supervisión del organismo. Así pasó durante la presidencia de Frondizi (1958-1962); en la dictadura, cuando tras vencer los stand by de 1976 y 1977, el gobierno contrató un experto del FMI para calcular cuánta deuda Argentina podía tomar de los bancos internacionales, y desde 1983 hasta la crisis de 2001, período en el que el país estuvo todo el tiempo bajo programas del FMI o tratando de negociar su aprobación.
Sin embargo existen criterios bastante claros para identificar el sobreendeudamiento, por ejemplo el de la Eurozona, que impone un límite a la deuda pública del 60% del PIB, suponiendo que más allá de este umbral la estabilidad económica peligra. Según el criterio de Maastricht, Argentina, ya con un índice de 57%, tiene algún margen para endeudarse, pero no demasiado. La sustentabilidad de su deuda, no obstante, depende del crecimiento del PIB, pero también de las tasas y plazos, y de la política de impuestos y gasto público, que a su vez influyen sobre el crecimiento.
Veamos cuál es el panorama para 2017. En el corto plazo, el problema principal del aumento de la deuda es la reasignación de partidas presupuestarias para atenderla: más para pagar intereses y menos para los otros gastos. En el proyecto del Presupuesto Nacional para 2017 los intereses aumentan mucho más que el gasto público (32,3% y 21,2%, respectivamente), y alcanzan al 2,53% del PIB, frente a un 2,36% de 2016, mayor que el 1,6% de 2015. En definitiva, en 2017 el servicio de la deuda pública es la erogación que más crece, representará el 10,5% del gasto de la administración nacional, frente a 9,7% de 2016 y mucho más si se compara con 2015: 8%.
Aunque el gobierno proyecta un déficit fiscal algo menor que el de 2016 (4,93% del PIB, y 5,02%, respectivamente), el mayor peso de los intereses por el crecimiento de la deuda pública desplaza otros gastos. La principal reducción es la de los subsidios a las empresas de servicios, compensados por los aumentos de las tarifas a los consumidores. Pero también caerán las transferencias a las universidades nacionales, porque crecerán mucho menos que la inflación. Y como el gobierno prevé seguir tomando deuda para financiar el déficit –a su vez afectado por los mayores pagos de intereses y las reducciones de impuestos diversos durante 2017, como bienes personales y ganancia mínima presunta– el panorama empeora para 2018. Pasado el año electoral el ajuste se vislumbra más profundo; por eso es difícil creer en las proyecciones de crecimiento del 3,5% anual del PIB, con una política fiscal contractiva. En definitiva, si la deuda pública continúa creciendo, como está anunciado –el Presupuesto 2017 prevé aumentarla cerca de 45.000 millones de dólares–, pero el PIB no, no sólo peligra la sustentabilidad de la deuda, sino también su costo aumentaría, y el torniquete fiscal se apretará. Esperemos que esta película repetida no vuelva a proyectarse.


Espiral descendente


La deuda pública en moneda extranjera suma otro tipo de problemas, como el requerimiento de divisas para atender los servicios, suponiendo que el capital se renueva, y también hay que tener en cuenta el aumento de su peso en el gasto público si ocurriera una devaluación. Por ejemplo, en 2001, con un tipo de cambio muy atrasado, los intereses pagados representaron el 20% del gasto, que ya era mucho, pero tras la devaluación casi todo el gasto público nacional hubiera debido destinarse a pagar intereses. Lo mismo vale cuando se compara la deuda con el producto bruto: en 2001 representaba un 48% pero después de la devaluación superó el 100% y se volvió impagable. Si para evitar ese descalce el gobierno hubiera adoptado la dolarización con eliminación del peso –idea que sobrevoló durante toda la administración menemista– el destino de Argentina hubiera sido profundizar la depresión y la miseria, como Grecia, que endeudada y sin poder devaluar pronostica un desempleo de dos dígitos hasta mediados de este siglo. También existen indicadores de sustentabilidad de la deuda en moneda extranjera, como su relación con las exportaciones y con las reservas internacionales, el ratio entre los servicios anuales y los saldos del comercio exterior. Todos estos indicadores se están deteriorando; el gobierno ha publicado unos pocos sólo hasta marzo de este año. Los expertos aseguran que la luz amarilla aparecería cuando el valor actual neto de la deuda en moneda extranjera supere una vez y media las exportaciones; para alcanzar este umbral todavía queda resto, pero otros factores pueden debilitar la solvencia externa, como los largos plazos acordados a los exportadores para liquidar las divisas al Banco Central, que podrían llevarlos a retener el cambio si avistan una devaluación, o la vía libre para comprar dólares, que podría secar las reservas en pocos días.
Por eso, aunque Argentina todavía no está al borde del precipicio, preocupa que las proyecciones del Presupuesto 2017 asumen un déficit comercial permanente y creciente para los próximos años, en el que las importaciones crecerían más que las exportaciones. Este drenaje de divisas, sumado a los intereses crecientes de la deuda externa, y a los otros conceptos que componen el déficit tradicional de la balanza de servicios, sólo puede financiarse con ingreso de capitales: préstamos e inversiones en moneda extranjera, que a su vez requieren más divisas para su atención, para pagar intereses y utilidades. Pero ésta es la vía segura a una crisis de pagos internacionales y a un ajuste fiscal perpetuo, un camino en espiral descendente que Argentina ya recorrió muchas veces, como otros países, y jamás llevó al desarrollo, sino a las pérdidas en muchos sentidos. ¿Perderemos en esta aventura la soberanía sobre nuestros recursos naturales? ¿Una rebanada de la Antártida? ¿Nuestros yacimientos de litio?
Un signo alarmante es el atraso de las publicaciones oficiales de las estadísticas de la deuda pública. La Secretaría de Finanzas informa las colocaciones de deuda de 2016 sólo hasta el 31 de julio; mientras que la información estadística detallada de la deuda termina en el primer trimestre de 2016. Para el segundo trimestre, cuando la deuda creció más aceleradamente, sólo presenta un avance preliminar muy compacto y sin indicadores de sustentabilidad ni continuidad con los datos de 2015, lo que dificulta el análisis de su evolución y las comparaciones. Asimismo, en su Información Económica al Día, el gobierno dejó de publicar las estadísticas de pago de intereses desagregado en moneda nacional y moneda extranjera, que presenta agregados, aunque la información de la Secretaría de Hacienda sobre la ejecución del presupuesto rescata aquella falta. La opacidad de la información sobre la deuda pública argentina siempre ha acompañado los períodos de sobreendeudamiento.
Los riesgos para Argentina de avanzar en un nuevo ciclo de sobreendeudamiento son ciertos y conocidos, a pesar de las leyes y mecanismos de participación del Congreso para limitar la deuda pública. La deuda ya contraída por el gobierno de Macri y las proyecciones de aumentarla en 2017 señalan el camino elegido. Ojalá esta vez sea distinto y frenen antes del abismo. 
1. Esta cifra incluye la deuda no presentada al canje y sus intereses, y los valores negociables vinculados al PIB. Fuente: Ministerio de Economía de la Nación, Secretaría de Finanzas.




1. Endeudamiento neto
Sector Público Nacional no Financiero. Base caja mensual, en millones de pesos. Año 2016





Fuente: Oficina Nacional de Presupuesto, Secretaría de Hacienda, Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas




2. Presupuesto 2017
Servicios de la Deuda Pública y Otros Gastos





PEN, Mensaje del Proyecto de Ley de Presupuesto General de la Administración Nacional para el Ejercicio Fiscal 2017



Anexo: Por José Natanson





© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur


lunes, 26 de diciembre de 2016

Macri representa el límite que imponen los capitalistas a la recuperación de las condiciones de vida de los trabajadores”.


(N de las R: Muy interesante y discutible artículo de Ocvirk en Le Monde)

La quimera del Estado-empanada

Por Verónica Ocvirk, periodista, para Le Monde diplomatique Cono Sur


El macrismo no demoniza al Estado como en los 90 e incluso reivindica la importancia del sector público. Pero detrás de un discurso que alude a la transparencia y la eficacia se esconde una mirada que disimula los conflictos inherentes a toda política pública.
Comencemos con un juego. Los siguientes son fragmentos –desordenados– de los discursos que Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Néstor Kirchner, Cristina Kirchner y Mauricio Macri pronunciaron al asumir la presidencia. ¿Quién dijo cada cosa?
a) “Es preciso promover políticas que permitan el crecimiento económico, la generación de puestos de trabajo y una distribución del ingreso más justa. [...] Sabemos que el mercado organiza económicamente, pero no articula socialmente. Debemos hacer que el Estado ponga igualdad donde el mercado excluye y abandona.”
b) “Vamos a luchar por un Estado independiente. Esto significa que el Estado no puede subordinarse a poderes extranjeros ni a los grupos financieros internacionales, pero tampoco a los privilegiados locales. […] Las oligarquías tienden siempre a pensar que los dueños de las empresas tienen que ser los dueños del Estado.”
c) “Desde el Estado Nacional vamos a dar el ejemplo,a través de una cirugía mayor que va a extirpar de raíz males que son ancestrales e intolerables (...) Todo aquello que puedan hacer por sí solos los particulares no lo hará el Estado Nacional.”
d) “El Estado va a estar donde sea necesario, para cada argentino y en especial para los que menos tienen. Vamos a universalizar la protección social para que ningún chico quede desprotegido. Vamos a trabajar para que todos puedan tener un techo con agua corriente y cloacas y vamos a urbanizar las villas para transformar para siempre la vida de miles de familias.”
e) “No sólo las instituciones del Estado en sus tres poderes deben abordar la reconstrucción de nuestro país, creo que también otros estamentos de la sociedad, empresariales, dirigenciales, medios de comunicación, deben saber que el hecho de no integrar el espacio gubernamental no los exime de esa responsabilidad. Así como tienen un poco más de poder, bastante más poder que el resto de los ciudadanos, tienen también la obligación moral de construir un país distinto.”
f) “Debemos asumir que asistimos a un Estado ausente que entre todos tenemos el deber de refundar para que sea un Estado para la gente, capaz de hacer eficiente la inversión social, eliminando gastos superfluos y reduciendo burocracias parásitas que distorsionan la equitativa distribución de los recursos. Cada peso mal gastado o perdido por la corrupción significa un niño sin zapatillas, o un chico desnutrido, o una escuela sin libros, o un hospital sin remedios.”
Hasta aquí los discursos. Es cierto que la voluntad de las personas a cargo de las palancas del Estado no siempre se corresponde con lo que éstas terminan llevando a cabo, porque el Estado es en sí mismo “una condensación material de relaciones de fuerzas”, según la definición de Nicos Poulantzas, y porque hay una serie de condicionantes económicos, sociales, internacionales y culturales que gravitarán para que las declamadas metas lleguen o no a materializarse. Así y todo, estos fragmentos de discurso permiten trazarse una idea sobre la manera en la que los últimos presidentes elegidos pensaron cuestiones centrales, como para qué el Estado hace lo que hace, cuáles son sus tareas prioritarias y cuál su papel en la distribución del ingreso: Alfonsín prevenía sobre la avanzada de los poderes financieros (b); Menem proponía “cirugía mayor” (c); De la Rúa combatir la corrupción (f) y Kirchner crecimiento con distribución (a). Cristina, en tanto, advertía la influencia de los poderes fácticos (e). Y Macri definía un Estado que va a estar “donde sea necesario” (d).
Al menos desde el discurso, Macri no se muestra tan lejos de presidentes progresistas como de Menem, al que se lo suele asimilar. Y si bien queda claro que el líder del PRO difícilmente vaya a hablar de combatir al capital, de oligarquías o de la necesidad de reparar desigualdades (ni siquiera va a hablar de desigualdades), lo cierto es que su discurso tampoco descansa en una demonización abierta del Estado al estilo de los 90. De hecho sostiene que su intención es construir “un Estado integrado, eficiente, inteligente, transparente, participativo e inclusivo”.
No hubo tampoco ajuste burocrático: desde que Cambiemos ocupa la Casa Rosada la cantidad de ministerios no se redujo sino que se amplió, aunque sí se eliminaron programas, el gasto público no bajó (el déficit fiscal presupuestado para el 2017 es similar al del 2015 y 2016) y la cantidad de empleados públicos se mantuvo estable. Hasta el momento no se han concretado reprivatizaciones masivas, por más que el fútbol televisado estaría volviendo a ser pago, el presupuesto de Aerolíneas se achica, planes como Conectar Igualdad se desangran, Arsat coquetea con el capital privado y Tecnópolis se parece cada vez más a un salón de eventos empresariales, decisiones menores en comparación con la probable liquidación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses, que sin embargo hasta ahora no ocurrió.
Pero esto no significa que el PRO no tenga un enfoque propio sobre el Estado. ¿De qué Estado habla Macri cuando habla de Estado? ¿Hasta dónde su construcción discursiva se corresponde con la realidad? Partiendo de la premisa de que el “Estado ausente” no existe (por acción o por omisión, siempre está), el presidente suele señalar que el Estado “no puede ser un obstáculo”. Pero tampoco ha sostenido abiertamente que el Estado no debe interferir en la economía ni que el mercado debe ser el único asignador de recursos. Quizás, como creen algunos, Macri sólo quiera dejar tranquila a una opinión pública que, según Flacso Ibarómetro prefiere cierta intervención estatal. Sin embargo las cosas nunca son tan simples. Tiene que haber algo más: un clima de época, un planeta en crisis o doce años de un fenómeno llamado kirchnerismo que inevitablemente tenían que cuajar en algo distinto desde donde parir, aun con fisuras y contradicciones, un nuevo relato sobre el Estado.

Estado, ¿qué Estado?

“Son dos contextos distintos”, sostiene la politóloga Mabel Thwaites Rey para explicar por qué el antiestatismo no es hoy tan fácil de instalar como en los 90. “No vinimos de un proceso de hiperinflación ni de degradación de la estructura estatal. Y ya no está presente ese relato mundial del neoliberalismo triunfante con su idea de apertura de los mercados, baja del gasto y privatizaciones.
Independientemente de lo que se plantea como ‘herencia’, Cristina Kirchner fue capaz de mantener hasta el final las riendas de la economía”, agrega. “Macri no asume tras una derrota del campo popular, como pasó con la dictadura y luego con la hiperinflación, que provocaron terror dictatorial y terror en la vida cotidiana. La efervescencia, el malestar y las luchas actuales, en un mundo en transformación veloz, no presentan el mismo escenario que en el pasado”, afirma.
De acuerdo a la especialista, en el primer año de gobierno del PRO se advirtió una estrategia de shock macroeconómico basado en una apuesta por las inversiones a las que se les garantizan “reglas de juego claras”. “La seguridad que se ofrece es política, la seguridad jurídica es un justificativo. No hay seguridad jurídica per se, porque las leyes no vienen del aire: son producto de disputas políticas. Hablar de reglas de juego inmutables es lo mismo que decir que no va a haber ninguna constelación que dispute esas ventajas”. Para Thwaites Rey, “durante la discusión de la 125 el papel del Estado quedó en evidencia: la disputa pasaba por quién tenía la capacidad de disponer del excedente, si el Estado o los propios capitalistas del agro que quieren mantener esa renta y distribuirla como derrame. Las clases altas suelen pensarse muy empáticas con el sufrimiento del pobre al que estarían dispuestos a ayudar si existiera un conducto directo entre éste y su bolsillo. Lo que no quieren en el medio es al Estado”.
Entonces, ¿es neoliberal el Estado de Macri? No necesariamente, dice Igal Kejsefman, y agrega que, dada la cantidad de procesos abiertos a nivel local y regional, es imposible ser taxativo a la hora de etiquetar este momento político. “El 2001 significó una ruptura respecto de lo que había. Pero también se pueden apreciar rasgos de continuidad, especialmente en lo que hace a la estructura productiva y el peso de la agroindustria. Es cierto: el kirchnerismo amplió las retenciones y hubo política social. Y en ese sentido significó un quiebre, pero no un quiebre de lógica. No existe el borrón y cuenta nueva”, señala el economista de la UBA. Y agrega: “Para caracterizar la etapa que comenzó en 2001 muchos hablan de neodesarrollismo, y lo que el neodesarrollismo pondera es un Estado que promueve las ventajas comparativas. Cristina dijo cien mil veces que hay que sumar valor agregado. Y Macri piensa igual. Y no porque Macri y Cristina sean lo mismo, sino porque hay procesos mundiales a los que nadie puede escapar. Para el caso, el kirchnerismo tampoco fue marcadamente estatista: mientras las cosas funcionaban bajo la lógica del mercado, persistieron. Cuando no fue así, el Estado intervino. El neodesarrollismo implicaría algo así como ‘tanto mercado como sea necesario, tanto Estado como no quede otra’. Por eso tampoco resulta tan paradójico que el gobierno de Cambiemos expanda la política social”, advierte.
Kejsefman sostiene que en 2001 los trabajadores impusieron al capital un límite: no mejorar sus condiciones de vida hubiera puesto en jaque al sistema mismo. “Néstor y Cristina Kirchner nunca fueron de lleno contra los trabajadores, y es ahí donde me parece que asoma la principal ruptura de este gobierno con respecto al anterior: Macri representa el límite que imponen los capitalistas a la recuperación de las condiciones de vida de los trabajadores”.

Relleno

“Este mundo que me ofrece este gobierno está despojado de memoria y no comprende la historia y la política más que como gestión. Sin los pliegues infinitos de la historia y sin esa memoria de combates culturales y políticos no se puede construir un país en serio”, decía hace poco la cantante Liliana Herrero. Macri casi nunca habla de historia, sino de mirar para adelante; no de luchas, sino de tirar para el mismo lado; no de justicia social, sino de igualdad de oportunidades. Tal vez el ejemplo más elocuente de esta perspectiva aparentemente cándida de un Estado sin conflictos fue aquel comentado spot de la empanada, un mensaje publicitario en el que el gobierno mostraba cómo, para hacer una empanada, hace falta “alguien como Edgardo, que críe las vacas, alguien que siembre el trigo y alguien que amase la masa, a Nilda con sus cebollas y a una abuela como María Teresa, con buena mano para el repulgue”. Luego aparecían también la industria camionera, fábricas de hornos, transportistas y mecánicos cooperando en envidiable armonía. En este esquema, el lugar del Estado quedaba encuadrado en “gobernantes que se ocupen de tener buenas rutas para que no haya pozos”.
El video, aunque podría parecer inspirado en Adam Smith, introduce un cambio esencial respecto de la teoría económica neoclásica: para elaborar la empanada macrista el mercado no se autorregula tanto por el afán de lucro de las personas sino que es su buena onda intrínseca la que termina haciendo girar virtuosamente el mecanismo. Como lo plantea Byung-Chul, el discurso neoliberal actual se ve dominado por una positividad que parece –o simula– desconocer esos conflictos. “En lugar de operar con amenazas, opera con estímulos positivos. No emplea la medicina amarga, sino el ‘me gusta’. Lisonjea el alma en lugar de sacudirla y paralizarla mediante shocks. La seduce en lugar de oponerse a ella. Con mucha atención toma nota de los anhelos, las necesidades y los deseos. Por eso la psicopolítica neoliberal es una política inteligente que busca agradar en lugar de someter”.
En un trabajo clásico, Oscar Oszlak y Guillermo O’Donnell consideran a las políticas públicas como “nudos de procesos sociales”. Frente a una cuestión que ha sido socialmente problematizada, tanto el Estado como la sociedad van tomando posición en el intento de resolverla y, al hacerlo, desatan una lucha en varios planos: en primer lugar, porque hay algunas cuestiones que se toman y otras que se dejan afuera en una agenda estatal que claramente no es infinita, pero también porque la forma en la que cada tema se aborda y arbitra es diferente, lo que dependerá en buena medida del peso que los diferentes actores sociales tengan para plantear, promover y a fin de cuentas hacer primar sus intereses. Cualquier decisión de política pública produce ganadores y perdedores. Incluso para hacer una empanada: el precio del kilo de carne, el valor de las retenciones al trigo, las condiciones de contratación de los cultivadores de papa, el modo de transportar los insumos y el terreno sobre el cual se construirán esas rutas sin pozos necesariamente involucrarán disputas políticas.


Fuente: Le Monde diplomatique

sábado, 24 de diciembre de 2016

Maestros del Blues. Canned Heat.. Regalo navideño de Javier “Paco” Miró


por Javier "Paco" Miró






La historia de la banda me llevaría varios días ya que va desde el 65 hasta la actualidad.
La formación más conocida estuvo integrada por:
Bob Hite (vocals), Alan Wilson (guitar, harmonica and vocals), Henry Vestine and later Harvey Mandel (lead guitar), Larry Taylor (bass), and Adolfo de la Parra (drums).
Tocaron en lo grandes festivales de fines de los 60’s Woodstoock y Monterrey.
Grabaron y tocaron con John Lee Hooker, y John Mayall(este sacó músicos de la banda para llevarlos a los Bluesbrakers) contaron entre sus filas a nada menos que Dr Johns, Walter Trout y Junior Watson.
Personalmente me gusta mucho el sonido de la armónica de Allan Wilson, vale la pena prestarle atención...


Lo mas importante es que este sonido sirva de compañía por un rato, les deseo a todos Feliz Navidad