EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

viernes, 23 de octubre de 2015

Lo tengo que matar, le dije al tipo. Y el tipo me respondió, dele don Sala, yo sé que usted tiene una buena razón…







Alteridad se denomina a la condición o estado de ser otro o del ser diferente y como tal a toda la amplia gama de imágenes y representaciones del otro y del nosotros que esta trae consigo. Dicho esto la humilde saga político-costumbrista “Lo que me dijo el tipo” me ha dado enormes satisfacciones literarias y también políticas, sobre todo aquellas ligadas a las complicidades relacionadas con la profundidad del mensaje. Uno ha intentado mediante un diálogo ficcional muy básico y sencillo recrear situaciones cotidianas en donde un par de tipos muy distintos pero complementarios se encuentran a diario debido a que su mundo es tan pequeño que no logran evitarse. Sus senderos, sus toscas, sus rutinas son sus inexorables continuidades. Y qué hacen para romper esa rutina. Conversan, se cruzan chicanas, se aprenden, se aprehenden. Así de simple, así de tonto me atrevería a decir.
Pero quien no entiende de alteridad, de transformarse en el otro, en sus dolores y en sus alegrías, menos puede distinguir la diferencia entre la realidad y la ficción, incisos que conviven y que forman parte de esa falsa unidad llamada individuo. Desdoblarse, en dos, en tres, en cuatro, en tantas cantidades como esa propia falsa unidad requiere. Y resulta que uno se encuentra en una situación límite y debe matar una parte de “su” tipo, porque nuevamente la barbarie y la ignorancia han ganado la pulseada.
Fascistas con y sin carnet, protagonistas y correveidiles, no busquen más al tipo, lo acabo de llevar a un cementerio literario íntimo, dejen de joder a los inocentes habitantes reales que me rodean circunstancialmente so pretexto de una risible peligrosidad. Abandonen esa fatigosa tarea de censores, no es necesario que sigan indagando, violando esas almas sensibles y honestas que por suerte aún existen en la villa. Nadie me da letra, hace muchos años que el tipo observa con mis ojos y yo hablo por su boca, son tan previsibles y evidentes que uno termina acertando en el marco de la ficción por fuerza de su propia estupidez. No les alcanza con hacer mierda a Coronel Dorrego, la destrucción debe ser completa.
Es probable que dentro de un tiempo publique la saga completa a modo de epitafio en donde este triste texto labore de preludio. Lo reconozco, son invencibles, tanto como la imbecilidad.






5 comentarios:

  1. Colorado del Monte23 de octubre de 2015, 8:04

    Ufff !!! Compañero...
    De tan obvios resultan aburridos los adversarios que supimos conseguir.
    Con toda la la solidaridad que me permite mi condición de docente al que alguna vez lo tildaron de "peligroso" por dejar entrar al aula a Sasturain, a Mempo, a Ariel Dorfman o al boliviano Augusto Céspedes.
    Ni que hablar del día en que planteé que la capacidad del lenguaje era una herencia evolutiva de nuestros antepasados Australopithecus...
    ¿Hereje?
    Jajaj !!!
    Usted tiene una imaginación muy frondosa, compañero.
    Abrazo patagónico !!!
    ...

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  2. No permitamos que nos induzcan al suicidio... sigamos pensando, imaginando y actuando. Multipliquémonos en tantos como podamos (y soportemos) ser. El infinito es el todo, ergo: con uno solo que no sea imbécil, se establece la certeza que la imbecilidad no es infinita, el problema es que sus límites, como muchas cosas en Coronel Dorrego, todavía no están bien señalizados. Abrazo fraterno

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  3. Estimados compañeros. Varias sensaciones se entrecruzan. Cuando me enteré de estas solapadas y cobardes amenazas a personas que viven de su salario quedé muy conmocionado, sobre todo porque aplican la peor de las torturas, la de los cuerpos ajenos. Y no pude menos que hacerle caso a Porchia cuando afirmó: "Hay sueños que necesitan reposo"...

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  4. Suena a lo que le pasaba al actor de JR en los tiempos de Dinastia la gente lo puteaba y escupia por la calle , la estupidez humana es infinita , en el immenso extremo opuesto un grande como Silvio, como ese tren que se aleja despacio y uno piensa que lo alcanza corriendo por el anden, no importa cuanto corras el maestro siempra va adelante, muy acertado el tema y los comentarios.Debe ser terrible dar el profile del sospechoso del tipo en el pueblo.Que lo pario'

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