EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

lunes, 31 de diciembre de 2012


Dos Diamantes Esmeralda
Cuento


 



DOS DIAMANTES ESMERALDAS

Cuento en concurso



domingo, 30 de diciembre de 2012


Acaso lo más notable que he 
observado durante el transcurso 
del año que está finalizando


EL ODIO
por Rafael Barrett



Hay odios que no son más que amor. Cuando Zola, en el primer arranque de su talento titánico, escribió el famoso artículo Mes haines, que es una fulmínea imprecación a los imbéciles y a los hipócritas, demostró heroico amor a la ciencia y a la sinceridad. Benvenuto Cellini discutía escultura a puñaladas en las calles de Florencia. Su puñal estaba tan enamorado al defender la belleza, como su cincel al retratarla. Delante de Napoleón no había enemigos que aniquilar, ni aborrecimientos que estrangular, sino problemas que resolver. “Para un espíritu superior, decía el sublime combinador de batallas, no existen más que hechos”. Napoleón amaba la guerra sin odiar a nadie. Los grandes ambiciosos, nacidos del pueblo para apoderarse del pueblo, fueron grandes amantes de sí mismos. Su vitalidad desbocada engendró el sueño insolente de la gloria, y con fanatismo profético transfiguraron su destino en leyendas deslumbradoras. ¿Quién cuenta las víctimas anónimas del tirano que funda naciones? Su mano ensangrentada es venerable. Su espada y su látigo son reliquias. Sólo el amor arraiga y procrea.

Los fuertes no pueden odiar. Se odia de abajo a arriba. La salud no odia, y el odio absoluto, la obsesión del mal por el mal, el designio de la destrucción inútil es cosa de enfermos. La lucha por la vida, con todas sus ferocidades, no es más que el santo amor a la vida. De las decepciones que exageró sin soportarlas nuestro cerebro anémico, de las humillaciones merecidas que nuestra cobardía y nuestra debilidad hicieron fáciles y no dejó castigadas, se amasa nuestro odio. Los que apenas tienen fuerzas para no ser aplastados las emplean únicamente en odiar, y destilan la última defensa de los organismos inferiores: veneno.

El odio y la corrupción juntos. “Compadezco al demonio, exclamaba Santa Teresa, porque le está prohibido amar”. El amor se queda a la puerta donde Dante leyó la inscripción terrible. El Infierno es el lugar del odio eterno. Si en los instantes de dolor y de angustia, cuando nos rodean las tinieblas y la maldad humana, somos aún capaces de amar, de combatir sin odio, estamos salvados. Si odiamos, estamos perdidos. Cuando los romanos empezaron a odiarse y a delatarse bajamente, comenzó la agonía de Roma. No eran los emperadores crueles, sino viles los ciudadanos. Llegó un día en que los cristianos odiaron también, y se hicieron católicos. Los instrumentos de tortura que el odio inquisidor imaginó en España asesinaron por segunda vez a Cristo, y Cristo no resucitó. La religión española, deshonrada desde entonces, se ha convertido en un materialismo grosero. Así mueren los cultos, alma de las razas, y así mueren las almas de los hombres. Odiar es obedecer a la muerte.

“No es al amor a quien hay que pintar ciego. Es el odio el que no ve ni comprende. Las ideas se aman, y sólo se odian las personas. El odio es mezquino como su objeto. Toda la ilusión del que odia consiste en herir la miserable envoltura ya condenada por leyes fatales a desvanecerse. ¿Cuál será tu triunfo, odio que caminas con los ojos bajos, buscando un arma que se clave, un alfiler que pinche, un pedazo de lodo que manche? Desgarrar unas entrañas: ahí concluye tu obra. El amor las fecunda, y su obra no tiene fin.
Odiamos demasiado. Al despojarse del prestigio que le daban los tradicionales factores históricos, semi-anulados hoy por la democracia, el odio social se ha desnudado de cuanto lo volvía interesante y casi poético. Ha sido, como tantas otras cosas, reducido a su verdadero tamaño por el positivismo del siglo XIX. Se ha revelado individual, vulgar y monótono. Ha descubierto netamente su repugnante raíz, la envidia, y su procedimiento habitual, la calumnia. De gigante que dislocaba fronteras se mudó en microbio que infecciona el hogar y hace irrespirable la política”.

Pero la trágica cuestión económica tornará a organizarlo bastamente. La humanidad se ha dividido en Caín y Abel; el rico y el pobre. Los desniveles de dinero, en vez de producir energía matriz, como todos los desniveles mecánicos, producen odio mortal. La estúpida y salvaje dinamita había de ser el verbo de ese odio. El trabajo es un tormento, el afán de libertad, sed de venganza, y el progreso, crimen. Emponzoñada en sus fuentes vivas, la civilización se siente más en peligro que cuando el Asia volcó sobre Europa el mar furioso de sus hordas innumerables.

Hasta a la Naturaleza odiamos. Nuestras horrendas construcciones profanan los suaves y profundos paisajes que hubiéramos cantado en otro tiempo. Esclavos del oro, cotizamos los encantos del planeta, explotándolo sin compasión. Nuestra admiración es industrial. Hemos olvidado el virgiliano amor a la tierra madre. No es ya el secular arado quien abre con ternura su vientre para preparar la venida de la simiente misteriosa. Encontramos mayor placer en hendirlo a golpes de explosivo para saquearlo. Y también nos odiará la tierra. Vagaremos hambrientos sobre su seno destrozado y estéril. Temblará de ira formidable, y hará desplomarse nuestras fútiles torres de Babel.


sábado, 29 de diciembre de 2012



Desquite 
Cuento
José Saramago


El muchacho venía del río. Descalzo, con los pantalones arremangados por encima de las rodillas, las piernas sucias de lodo. Vestía una camisa roja, abierta en el pecho, donde los primeros vellos de la pubertad empezaban a ennegrecer. Tenía el pelo oscuro, mojado por el sudor que le escurría por el cuello delgado. Se inclinaba un poco hacia delante, bajo el peso de los largos remos, de los que pendían hilos verdes de limos aún goteantes. El barco quedó balanceándose en el agua turbia y, allí cerca, como si lo espiasen, afloraron de repente los ojos globulosos de una rana. El muchacho la miró, y ella le miró. Después la rana hizo un movimiento brusco y desapareció. Un minuto más y la superficie del río quedó lisa y tranquila, y brillante como los ojos del muchacho. La respiración del limo desprendía lentas y muelles burbujas de gas que la corriente arrastraba. En el calor espeso de la tarde los chopos altos vibraban silenciosamente y, de golpe, flor rápida que naciese del aire, un ave azul pasó rasando el agua. El muchacho levantó la cabeza. Desde el otro lado del río una muchacha le miraba, inmóvil. El muchacho levantó la mano libre y todo su cuerpo dibujó el gesto de una palabra que no se oyó. El río fluía, lento.

El muchacho subió la ladera, sin mirar atrás. La hierba se acababa allí mismo. Hacia arriba, hacia allá, el sol calcinaba los terrones de los barbechos y los olivares cenicientos. Metálica, durísima, una cigarra roía el silencio. En la distancia la atmósfera temblaba.

La casa era baja, achaparrada, bruñida de cal, con una franja de ocre violento. Un lienzo de pared ciega, sin ventanas, una puerta en la que se abría un postigo. En el interior el suelo de barro refrescaba los pies. El muchacho apoyó los remos, se limpió el sudor con el antebrazo. Se quedó quieto, escuchando los golpes del corazón, el pausado brotar del sudor que se renovaba en la piel. Estuvo así unos minutos, sin conciencia de los rumores que venían de la parte de detrás de la casa y que se transformaron, de súbito, en gañidos lancinantes y gratuitos: la protesta de un cerdo atado. Cuando, por fin, empezó a moverse, el grito del animal, esta vez herido e insultado, le golpeó en los oídos. Y en seguida oyó otros gritos, agudos, rabiosos, una súplica desesperada, una llamada que no espera socorro.

Corrió hacia el patio, pero no pasó del umbral de la puerta,. Dos hombres y una mujer sujetaban al cerdo. Otro hombre, con un cuchillo ensangrentado, le abría un tajo vertical en el escroto. En la paja brillaba ya un óvalo achatado, rojo. El cerdo temblaba entero, lanzaba gritos entre las quijadas que apretaba una cuerda. La herida se alargó, el testículo apareció, lechoso y rayado de sangre, los dedos del hombre se introdujeron en la abertura, tiraron, retorcieron, arrancaron. La mujer tenía el rostro pálido y crispado. Desataron al cerdo, le liberaron el hocico y uno de los hombres se agachó y cogió las dos piezas, gruesas y suaves. El animal dio una vuelta, perplejo, y se quedó con la cabeza baja, respirando con dificultad. Entonces el hombre se los tiró. El cerdo los mordió, masticó ansioso, tragó. La mujer dijo algunas palabras y los hombres se encogieron de hombros. Uno de ellos se rió. Fue en ese momento cuando vieron al muchacho en el umbral de la puerta. Se quedaron todos callados y, como si fuese la única cosa que pudiesen hacer en aquel momento, se pusieron a mirar al animal, que se había echado en la paja, suspirando, con el hocico sucio de su propia sangre. El muchacho volvió al interior. Llenó un puchero y bebió, dejando que el agua le corriese por las comisuras de la boca, por el cuello, hasta el vello del pecho que se volvió más oscuro. Mientras bebía miraba fuera las dos manchas rojas sobre la paja. Después, con un movimiento de cansancio, volvió a salir de la casa, atravesó el olivar otra vez bajo el bochorno del sol. El polvo le quemaba los pies y él, sin darse cuenta, los encogía para huir del contacto escaldante. La misma cigarra rechinaba en tono más sordo. Después la ladera, la hierba con su olor a savia caliente, la frescura atontadora debajo de las ramas, el lodo que se insinúa entre los dedos de los pies e irrumpe por arriba. El muchacho se quedó quieto, mirando el río. Sobre un afloramiento de limo, una rana, parda como la primera, con los ojos redondos bajo las arcadas salientes, parecía estar esperando. La piel blanca del buche palpitaba. La boca cerrada formaba un pliegue de escarnio. Pasó un tiempo y ni la rana ni el muchacho se movían. Entonces él, desviando con dificultad los ojos, como para huir de un maleficio, vio al otro lado del río, entre las ramas bajas de los salgueros, aparecer una vez más a la muchacha. Y nuevamente, silencioso e inesperado, pasó sobre el agua el relámpago azul.

El muchacho se quitó la camisa despacio. Despacio se acabó de desvestir, y sólo cuando ya no tenía ropa ninguna sobre el cuerpo, su desnudez, lentamente, se reveló. Así como si se estuviese curando una ceguera de sí misma. La muchacha miraba de lejos. Después, con los mismos gestos lentos, se liberó del vestido y de todo cuanto la cubría. Desnuda sobre el fondo verde de los árboles.

El muchacho miró una vez más el río. El silencio se asentaba sobre la líquida piel de aquel interminable cuerpo. Círculos que se alargaban y perdían en la superficie tranquila, mostraban el lugar donde por fin la rana se había sumergido. Entonces el muchacho se metió en el agua y nadó hacia la otra orilla, mientras el bulto blanco y desnudo de la muchacha se recogía hacia la penumbra de las ramas.






Mateando con la Ciencia. Hoy ceba Giovanni Battista Morgagni


En 1760 el anatomista italiano Giovanni Battista Morgagni publicó un libro en el que describía las 640 autopsias que había realizado en su vida. En él detallaba cuidadosamente la vida de sus pacientes. La presencia y el desarrollo de enfermedades y su manera de morir, tratando de interpretar la información desde el punto de vista anatómico. No en vano se considera a Morgagni como el fundador de la Patología.

Fuente. Isaac Asimov . Historia y Cronología de la Ciencia


Maestros del blues
Muddy Waters
“El Mojo”




Muddy Waters - Tren Fare Inicio Blues (1968)



El señor del Blues de Chicago. Su Ritmo salvaje FUE Punto de Partida Para Que Cientos de músicos de los Dos Lados del Atlántico lo Tomen Como Referente indiscutido. Desde Mick Jagger Hasta Eric Clapton, desde la maravillosa Koko Taylor Hasta el enigmático Johnny Winter.
“El Mojo se ha ido, El Maestro ha vencido” reza en su tumba. Mojo es “argot” blusero SIGNIFICA "Hombre Negro marginal PESE Estadounidense Que un Las penurias siempre Mantiene su espíritu optimista". En el ocaso de su vida Afirmo: “Los Negros Somos Los Mejores cantantes de Blues, los Blancos intentan Hacerlo, Pero una Manera su”. 





Grandes Mujeres de la Historia. TÉANO
Teano, nacida en Crotone, fue una matemática griega esposa de Pitágoras y miembro de la escuela pitagórica. Se le atribuye haber escrito tratados de matemáticas, física y medicina, y también sobre la proporción áurea. Se conservan fragmentos de sus cartas; la mayor parte de los textos que han llegado a nuestros días de mujeres de esta época, quizás por ser los que resultaban más interesantes a los religiosos que los han conservado, hablan de problemas morales o prácticos. Tras la muerte de Pitágoras, Teano, continuó dirigiendo la escuela junto con sus dos hijas.
Fuente ETYMOE – fundamentosporcar.wordpress.com

viernes, 28 de diciembre de 2012



Periodistas e Intelectuales



Según afirmó Paul Groussac “el programa del hombre que vive para pensar, sobre todo en estas sociedades embrionarias y entregadas al afán material, comprende desde luego la abstinencia del placer y el olvido del aplauso frívolo, que la opinión vulgar sólo tributa al que se le parece, quien se preocupa de lo que pasa no es digno de lo que dura, y el desdén del éxito es el principio de la sabiduría”, mientras que pocos años después Horacio Rega Molina sentenciaba “el que rompa el silencio, tendrá que hacerlo con una palabra maravillosa”.

Algunos periodistas, políticos, analistas e intelectuales argentinos deberían brindar y a la vez levantarle un monumento a la corrupción o cuando menos a la mitad de la corrupción existente - la pública por supuesto, la privada como bien sabemos, no es tema de cuestionamiento social-
El protagonismo personal en sus distintas actividades deriva de ella, ocultando de manera escandalosa que las usinas informativas denuncistas ostentan largamente más vergüenzas que bondades. Mueve a risa, o no tanto, que el periódico de Mata haya sido en su momento quien más operó en las denuncias contra la recientemente juzgada Felisa Miceli. Esto no implica de mi parte licenciar las responsabilidades de la ex Ministra de Economía, me refiero a ese doble estándar que tanto mortifica al condenado cuando de justicia se trata, primer síntoma que visibiliza un estado de derecho enfermo, una sociedad colosamente hipócrita.

¿Le conviene a ciertos individuos que no exista la corrupción? De ningún modo, ya que se verían obligados a pensar en términos políticos. Tal ausencia debería comprometer sus  análisis en notas y editoriales donde deban expresar y potenciar sus visiones sobre el mundo. De modo que cuando no existen casos impactantes de corrupción pública bueno es inventarlos de lo contrario muchos de estos actores mediáticos deberían dedicarse a romper el silencio con palabras maravillosas o en el peor de los casos a quemar sus naves y días tejiendo crochet.


Como en la formidable película española dirigida por Mario Camus, el establishment, a fuerza de trazos gruesos -  colonización cultural -  manipula la voluntad de seres humanos que ni siquiera sospechan que lo son. Tipos que se observan a sí mismos como leales justicieros, prestos recolectores de los cadáveres que siembran en el campo las certeras y poderosas escopetas de las corporaciones.

Hoy tiene mayor valor simbólico, desde el punto de vista ético, un indecoroso y censurable manotazo de dineros públicos que un sistema de escuchas en donde se intenta vigilar a opositores, empresarios, delegados gremiales y hasta propios familiares. ¿Acaso no alcanzan a percibir nuestros intelectuales del establischment la enorme diferencia que existe entre ambas cuestiones? Desestimar los gradientes no deja de ser un insulto a la inteligencia.

Nuestras estrellas mediáticas, ungidas por una sospechosa aura de inmunidad, se presentan como parafiscales con el sólo objeto de condenar a antagonistas políticos sopretexto de cuestiones que bien podrían desempolvar dentro de sus ámbitos corrientes. Pero esta no es su tarea. Su razón de vivir es recoger los cuerpos de los oponentes vencidos.

Como describió José Pablo Feinmann, Heidegger y su inteligencia no podían ignorar en 1932 que Auschwitz se estaba gestando mucho tiempo antes de su tangible construcción. ¿Sabrán nuestros intelectuales del establishment qué es lo que se está gestando? ¿Intuirán para qué personeros están desplegando sus enormes talentos? A contrapelo del sentido común no creo que sea una simple cuestión de dinero. Esas mismas cantidades las podrían ganar de otro modo. Existe algo superior en la individualidad de estos sujetos y tiene que ver ese supuesto grado de pertenencia social que incluye un desprecio sanguíneo a todo aquello que se manifieste colectivamente. En una sociedad horizontal y democrática, en donde todos somos protagonistas, no hay estrellas, no hay vedettes, de modo que no existirá la lisonja del aplauso frívolo del que nos habla Groussac. Y para dicha lisonja no existe nada superior que el sentido común y el análisis vulgar, como quién orejea una baraja marcada. Se corre tras el éxito inquisidor, facilista, abandonando de plano el principio de la sabiduría.

Se afirma que la corrupción pública mata, cosa que en ciertos incisos estoy de acuerdo, pero también mata la corrupción privada, el delito de guante blanco, público y privado, matan las políticas que atentan contra la distribución de la riqueza, matan los siniestros mensajes levantiscos, mata la ausencia de una justicia para todos, mata la calumnia, la mentira, la injuria. Uno mata cuando nada se hace al ver que un asesino prepara su celada... Se mata de muchas maneras en una sociedad. Claro está, excepto la corrupción pública, las restantes no cuentan con las codiciadas credenciales para la obtención de un lugar destacado en el firmamento.

Entonces ¿Interesa la muerte cómo tal? No observo que se rasguen las vestiduras por esos asuntos aquellos que son patrocinados por Cariglino, menos aún los que trabajan para el oligopolio cuyas manos conservan notorias manchas de sangre y ni que hablar sobre los que a tambor batiente, desde sus tribunas de doctrina, elevan apologías a favor de los dictadores y sus cómplices. (La Nación- Jaime Smart)

El neoliberalismo de la segunda década infame mató, pero no por la corrupción como nos quieren hacer creer algunos especuladores; ejecutó a millones de ciudadanos a través de sus políticas exclusivas. Nada se debatía al respecto, los bienpensantes de hoy sólo se entretenían con cuestiones tan menores como insustanciales.

Alguna vez Borges en charlas privadas con Ulises Petit de Murat afirmó de Macedonio que era un hombre gris y mágico que se había entregado, único en su siglo, a la rara ocupación de pensar... y agregaba luego que una persona que desprecia la vida intenta adueñarse de la nuestra...

Los profetas del odio – devenidos en intelectuales mediáticos – lejos están del espíritu altruista de Macedonio, desprecian la vida y en consecuencia ese desinterés humanista impacta directamente en la consideración que tienen por el destino del resto de la sociedad. Pretenden adueñarse de nuestros deseos y elecciones por medio de sofismas y embustes, nos consideran feos, malos y brutos, nos quieren convencer que nuestra única opción de vida es ir por los cadáveres (en definitiva nuestros propios cadáveres) de aquellos pobres pichones ejecutados, esqueletos que dejan sobre los campos las infames balas de las corporaciones.


jueves, 27 de diciembre de 2012



Coronel Dorrego 2013


La realidad tiene cosas que no se parecen a ninguna cosa...
Gilbert K. Chesterton

Cuántas veces los dorreguenses hemos pensado en nuestra realidad y hemos llegado a la misma conclusión del notable novelista británico. Los temas que nos acucian, por recurrentes, ya no forman parte de nuestros desvelos, vivimos una suerte de acostumbramiento lindante con el tedio, menesteroso estado de espera. Acaso, como advenediza hipótesis, un dorreguense no es otra cosa que un ciudadano cuya vida consiste en disfrutar únicamente de las vísperas, cosa para nada desechable y si se me permite hasta deseable, si de amores, de fiestas o de citas se trata, pero que en cuestiones de salud, infraestructura o desarrollo, dicha situación resulta muy poco gratificante.

Hace bastante tiempo que nada escribimos sobre el Pago. No es por falta de interés, tampoco es que no existan temas a debatir; quizás estamos habituados a no contar con oídos e “intelligentzias” prestas para atender a cuestiones terrenales, acaso vulgares, esas que hacen a la vida cotidiana de las personas. Las últimas sesiones del HCD hablan por sí de la “Banalidad Aplicada”, asignatura que temo, nuestros doce jinetes “hacia” el Apocalipsis, han cursado y aprobado con la máxima calificación.

Me llama mucho la atención que varios de sus proyectos aprobados por unanimidad no han contado con la decisión ejecutiva para llevarse a cabo. Por caso el monumento en recordación de los vecinos desaparecidos y o asesinados por la dictadura militar o la implementación de la oficina en defensa del consumidor. En este último caso el Intendente adujo cuestiones presupuestarias. Pregunta. ¿Cuándo se aprobó la normativa no se le incluyó la partida correspondiente?. Esto sucede mientras varias decenas de vecinos “del palo” ingresaron a la administración pública (comprometiendo presupuesto) como siempre, por puertas traseras, bajo el prima clientelista, sin que sepamos cómo, para qué y dentro de cuáles parámetros de necesaridad. Y después algunos cretinos (en estos casos con c, como realmente es y son) hablan del populismo y la demagogia del Gobierno Nacional. Uno no está en contra de que el Estado, en este caso el municipal, oficie como vector laboral, lo que me incomoda sobremanera es que tal cosa, realizada por otro colectivo político, es vista como nefasta. Si fuera por ello aplaudo a Zorzano por ser tan Kretino (según dichos de algunos de sus correligionarios más notorios) como Cristina. Evidentemente el Intendente nada tiene que ver con parte de sus compañeros de lista, o quizás, el doble estándar político del que tanto hablamos ha hecho pie de modo definitivo en el Coronel Dorrego. 

En Guisasola buena parte de los vecinos estamos haciendo frente a la obra general de gas y al cordón cuneta; sería muy interesante dejar de lado los embustes y continuar hablando sobre inversiones municipales en infraestructura cuando dichos costos caen sobre las espaldas del pueblo. En otro orden de cosas hace pocos días me enteré que a una querida vecina, con necesidades de traslado a Bahía Blanca, se le solicitó una contraprestación monetaria para la utilización de la ambulancia de la Unidad Sanitaria, trescientos pesos fue el monto estipulado. Disconforme e indignado con tal actitud su esposo fue hasta la Cooperativa Eléctrica local, en su calidad de socio activo, para solicitar idéntico servicio. En este caso cuatrocientos pesos fue la respuesta. ¿Puede ser esto posible? La realidad tiene cosas que no se parecen a ninguna cosa...
Me parece que tal cuestión amerita una profunda investigación, y de ser cierta la operatoria, sospecho que el municipio deberá hacer algo para morigerar aquellos estados de vísperas de la cual es notorio responsable.

Ahora que viene el período estival, tiempos en los que se sospecha son momentos de visitantes, me atrevo a citar a Borges. “Conozco gente con la curiosa ansiedad de conocerme mejor, cuestión que hace muchos años, sin demasiados esfuerzos, he trabajado con el mismo objetivo”. ¿Cuántos dorreguenses, con funciones públicas determinantes, están interesados, más allá de sus salarios, en lo que sucede desde el Quequén hasta el Sauce, desde la Ruta 51 hasta el mar?

Se viene un año electoral. Los comicios de medio término siempre proponen un poco más de diversidad.  Ojalá que la semipeatonal, que la colocación de un par de baños químicos, que el metraje de la terminal de ómnibus, que si te miro que si no te miro, que el empedrado, que el llenado de piletas Pelopincho, que el estacionamiento sobre la Avenida Fuertes, que lavar un auto, que un semáforo más que un semáforo menos, que un baden si y otro no, que la basura, que los perritos sueltos, que declarar ciudadanos ilustres, mujeres notables y demás declamaciones galeritas, no se constituyan en temas centrales de debate.

Sinceramente esperamos escuchar vulgaridades: algo sobre salud, algo sobre infraestructura, algo sobre cultura, algo sobre inclusión social, algo sobre desarrollo. Pero claro. No se le puede pedir a la derecha lo que la derecha nunca hará. Es necesario alternativas políticas que pongan estos temas sobre la mesa, de lo contrario aquellas nimiedades exhibidas seguirán marcando la agenda de preocupaciones. Un conjunto de humedades instaladas como cuestión de estado. Asuntos que se deben resolver ejecutivamente, con practicidad, con premura, con agilidad y sin utilizar los escasísimos tiempos que tienen nuestras esporádicas y minusválidas sesiones del HCD.

Y ya que nombramos a Borges es probable que nuestros funcionarios deban acercarse a sus lecturas, descender (o ascender) a su enorme modestia y aplicar parte de su pensamiento: ¿Quién sos vos para no discutirme?

miércoles, 26 de diciembre de 2012


Entre lo público y lo privado
...con la plata de mis impuestos...


Los lectores de este espacio conocerán de nuestro rechazo visceral hacia aquellas generalizaciones que no se  encuentren sustentadas a partir del conocimiento científico. Si bien no nos declaramos como fervientes refutadores – cuestiones de ignorancia vio -  preferimos estar seguros que nuestras palabras contengan las suficientes certezas de modo no caer en la banalidad que encierra una simple declamación denuncista. En consecuencia nos permitimos entrecomillar ese “todos mienten” del Dr. House. Para el caso sólo mentirán los que mienten, pueden ser muchos o pocos, pero serán únicamente ellos los incluidos en dicho conjunto.

Lo que claramente podemos visualizar dentro del análisis político, como formato establecido, casi como conducta aceptada, es el alto grado de dualidad conceptual sobre un mismo fenómeno. Curiosamente dicha dualidad no parte de posibles diferencias entre los eventos que protagonizan el dilema sino simplemente se consideran como tales según los actores que se deslizan por la escena. Así pues el doble estándar resulta moneda corriente dentro del análisis político-social: La corrupción dentro de la administración estatal es motivo de dura crítica sopretexto de la utilización de los dineros públicos mientras que la corrupción privada es vista como un simple quebranto del mercado cuyos dineros “privados” no ameritan análisis políticos exhaustivos. Como si ambas conductas estuvieran ejercidas por individuos disociados, segmentos que en apariencia no entrecruzan sus intereses a favor de cuestiones particulares.

La publicidad es otro ejemplo del caso. Si el Estado (5% del mercado) decide establecer estrategias publicitarias puntuales es visto como un ente viciado de nulidad con intención hegemónica, mientras que a nadie se ocurre inferir que la torta publicitaria privada (95% del mercado) también está direccionada sobre la base de estrategias preestablecidas, tácticas que conservan los mismos índices discriminatorios que las exhibidas por los oficialismos – y digo oficialismo debido a que todas las administraciones públicas mantienen casi las mismas conductas, a lo largo y a lo ancho del país -.

Dinero público y dinero privado, poder público, poder privado. ¿Es posible separar de ese modo la cuestión? ¿Son cultivos distintos, se generan a partir de dos fuerzas productivas y laborales distintas?

Ahí es donde comienza el dilema existencial de nuestra sociedad. Considerar la ausencia de interconexiones tangibles y concretas, relaciones que hacen al modelo económico capitalista.
Si de segmentar se trata debemos entonces contemplar a todos los segmentos y no solamente a aquellos que favorezcan a mis argumentaciones.

Estructura Estatal – política y administrativa 
Empresas Privadas Subsidiadas por los Estados (servicios o líneas de crédito)
Empresas Privadas Contratadas por los Estados
Empresas Privadas que bajo el régimen de concesión prestan servicios públicos
Empresas Privadas que gozan de los beneficios de las políticas de importaciones
Empresas Privadas que exportan debido a las políticas intercambio comercial
Empresas Privadas beneficiadas con exenciones impositivas
Organizaciones Intermedias subsidiadas
Organizaciones no gubernamentales subsidiadas
Educación Pública y gratuita
Salud Pública y gratuita
Sistema de pensiones y jubilaciones 
Seguridad pública – fronteras afuera y fronteras adentro
Infraestructura de obra pública
Deuda pública y privada

¿En dónde colocamos, entonces, tal disociación del sistema productivo si en cada inciso intervienen, desarrollando su fuerza laboral, millones de actores que al mismo tiempo también cuentan con servicios subsidiados por el Estado? ¿Acaso podemos permitirnos analizar nuestra sociedad partiendo de una segmentación tan antojadiza?

El dinero público y el dinero privado forma parte del mismo colectivo, esfuerzo social a favor de una entidad llamada Patria, Nación, País. Cuando se instala dicho fenómeno de manera escindida sólo se pretende la aviesa intencionalidad de lograr beneficios extraordinarios de sesgo corporativo de forma tal disciplinar (acotar) las políticas sociales. No existe inocencia ni ética al respecto.

Aceptando los términos enunciados, cuando observamos que la corrupción estatal es tan criticada celebramos son sumo entusiasmo y marcada indignación la visualización de dichos desvíos. Nos solemos quebrar cuando observamos que esos mismos actores callan el campo de la corrupción privada.  En oportunidades sospechamos que la cuestión camina por un eminente tema de mercado y para nada transita senderos morales: El intento permanente del capitalista por llegar a su punto de Cournot. Ergo: eliminar a la competencia para monopolizar el mercado, en este caso, el de la corrupción social.



Curiosamente los que abrevan de estas tesis disociadas son aquellos que aceptan la teoría de los dos demonios. Es decir la violencia estatal y la violencia grupal en un mismo plano de debate. Para estos el Estado tiene derecho a torturar, desaparecer, matar y robar de modo discrecional si las circunstancias así lo ameritan pero no tiene facultades concretas para administrar políticas públicas. Para el caso el Estado resulta una carga. Claro está, excepción hecha cuando tales políticas resultan beneficiosas para el armado de siniestros monopolios.

Los éticos, los supuestos dechados de virtudes, dejan de serlo cuando en sus editoriales pretenden convencernos que la corrupción es un fenómeno que le pertenece con exclusividad al Estado sin tener en cuenta la multiplicidad de relaciones que existen entre ese Estado y la actividad privada. En oportunidades son fervientes denuncistas, en otras prefieren el silencio cómplice. Varios casos en nuestra historia colocan blanco sobre negro con relación a la cuestión: Papel Prensa, AFJP, El predio de la SRA, el Sistemas de Medios Privados, las recurrentes Licuaciones de Pasivos, la Ley de Bienes Culturales, las Privatizaciones a precio vil, etc, etc, etc... Muchos de ellos patrocinantes de aquellos dechados de virtudes que tanto exhiben algunos de nuestros vicios sociales más notorios.

Aparece entonces la receta del buen cronista de Natalio Botana, vademécum fundacional de su Diario Crítica: 20% de verdad, 80% de ficción y que no se distinga bien una de otra es la base para una buena nota...



Cuando compro un colchón no sólo compro un colchón. Además de la renta que tienen todos los actores de la cadena productiva y que a la vez morotizan mediante el consumo propio a otros actores productivos, compro el costo de producción que ese puntual insumo posee: Impuestos, tecnología, fuerza laboral, gastos en publicidad, logística, servicios, muchos de estos ítems incluyen incisos subsidiados, de modo que a la vez cuando adquirimos un colchón también el Estado nos está subsidiando indirectamente parte del precio final, por fuera del sistema que directamente nos impacta en nuestros ingresos corrientes. ¿Cuál es nuestra plata entonces? ¿Qué modelo se está proponiendo cuando de propiedad privada se habla? ¿Cuál es el concepto que se tiene sobre la propiedad privada? ¿Cuántos de los bienes que gozamos – nuestra propiedad privada -  están construidos a partir del esfuerzo colectivo? 

Disyuntivas, incisos, tópicos que nuestra porción egoísta y victimizante del objeto-mercado que tenemos internalizado no nos deja percibir...

Ojalá que el 2013 nos depare debates más florecientes. Hablamos de modelos de distribución, rol del Estado, el poder real, los poderes fácticos, incidencia de cada colectivo social, rol de las corporaciones, significado y significante de la democracia, rol de los sindicatos, rol de los medios, la estructura judicial, etc... 

Resumiendo: Espero que en un año electoral la protagonista de nuestra obra teatral sea la política y no como hasta ahora en donde lo superfluo y lo banal han sido el continente y el contenido de la discusión. Canibalismo mediático, pura gesticulación, el insulto como argumento, el sentido común como metro patrón del ensayo social...


lunes, 24 de diciembre de 2012


Irresponsabilidad Dirigencial







Algún día los actores políticos nacionales con responsabilidad dirigencial deberán darse cuenta el alcance de sus palabras y el correlato que tienen sus arengas. Que no exista el delito de calumnias e injurias debe comprometernos doblemente de modo aguzar equilibrios de modo no corrernos de los cánones críticos aceptables pasando una línea que por experiencia histórica sabemos no tiene retorno.
Durante este año que finaliza hemos observado con estupor una multiplicidad de eventos, proclamas y discursos  en donde la violencia dialéctica ha sido ejercida con extrema virulencia como estrategia política. Si algunas cuestiones nos sorprendieron en el 2011, este año podemos asegurar que el dilema ha demostrado no tener techo.
La constante amenaza dialéctica ha tomado un siniestro formato conceptual siendo curioso cómo dichas construcciones extemporáneas y con un alto grado de intolerancia han ocupado el centro del debate político.



Que el Gobierno no llega a fin de año, que la gente se halla encolerizada y con miedo, que estamos viviendo una situación socioeconómica terminal, que se vive bajo un régimen totalitario, que la situación es similar a la del 2001, que estamos a punto de una guerra nuclear, que el Gobierno es revanchista y rencoroso, son algunas de las irresponsabilidades que siembran el horizonte mediático.
Cada vez nos parecemos más a Venezuela, pero no por las políticas oficialistas – cuestiones que exhiben notorias diferencias -, sino por el comportamiento opositor: Destituyente, malevolente, inquisidor, deseoso que a nuestro Gobierno – y a la sociedad – le vaya mal, aliado con los más abyectos intereses corporativos – nacionales e internacionales – esperanzados que un cáncer terminal decida lo que las urnas por el momento les han negado.
Son fechas que invitan a pensar y a sentir. Tal vez por eso elegí al Pampa José Larralde para que nos ayude a meditar la cuestión. Nadie pone en duda que falta mucho por hacer pero no es menos cierto que no existe fuerza política como el Kirchnerismo que tenga los suficientes antecedentes como para atender a las cuestiones sociales que aún nos golpean. Especular con el fogoneo de asonadas minusválidas y vandálicas resulta de una miserabilidad y de una escasez política e ideológica suprema. Acaso algunos añoren los tiempos de la Revolución Productiva, - cuanto peor, mejor - esa misma que gracias a las políticas aplicadas por nuestro Gobierno Nacional finalizó sus días de modo inconcluso,  y que a pesar del tendal dejado se le ha puesto sumo coraje e inteligencia para revertir una inercia que parecía inexorable.





"Hojas quietas, aves inmóviles... Frases sin verbo. Tal vez sea el equilibrio último. O a lo mejor es simplemente mentira... Después de todo mentir es un procedimiento penoso por mantener las cosas tal cual están. El cambio se evita con falsedad, negando los gradientes. Por el contrario, la verdad precipita los acontecimientos, levanta ventarrones. El que está quieto miente". (Alejandro Dolina)



domingo, 23 de diciembre de 2012



El Premio
Cuento




Nunca se enteró de su amor. Apenas lo tenía registrado como uno de los tantos chicos que transitaban por la aldea improvisando etapas entre changas mal pagas y alguna cortesía huérfana de gratificación. De traza desordenada y sonrisa despareja, el pibe era pobre, muy pobre, no entendía la vida de otro modo. Fuera del ámbito escolar acudía a misa cuando estaba seguro de su presencia. Al igual que dentro del aula se sentaba en el último asiento, la cuestión era no incomodar a sus vecinos. Sólo quería observarla comulgar. Imaginarse abrigado por sus manos entrelazadas, por sus ojos color plegaria, estar allí, acaso ausente, como posible báculo o lazarillo ante una posible contingencia. No precisaba más que eso, contemplarla desde un rincón apartado, en la iglesia y en el aula, retiro hosco, espacio que no alcance a conspirar ni a confundir la cadencia del espectro. Jamás se hubiese perdonado perturbarla. Sus rodillas sucias no merecían ser atendidas, su guardapolvo remendado y amarillento obligaban a las maestras licenciarlo sin penalización cuando de fiestas se trataba. Era muy buen alumno, pero las banderas exigían de abolengos y bellezas que el chico no portaba. Diestro futbolista representaba al club del pueblo en los torneos locales, séptima y octava división eran las categorías en donde exhibía sus notables habilidades. Todos los sábados, antes de comenzar los partidos, miraba hacia los laterales de la cancha en busca de sus ojos. Nunca los halló. Los viernes por la noche solía quedarse dormido esperando que al día siguiente su amada lo sorprenda festejando sus jugadas. Ese estado de espera lo reconfortaba, se percibía cuidado, protegido; junto a sus magras cobijas, moraba la ilusión.
Promediando el año la Directora de la escuela les informó a los alumnos del sexto grado que estaban invitados a participar de un concurso nacional organizado por la Armada. El tema: La primera expedición Argentina al Polo Sur. El premio consistía en dos computadoras: Una para el establecimiento y otra para el alumno. De inmediato solicitó las bases con la firme convicción de intervenir en el certamen. No era el premio la principal motivación del compromiso asumido, aun sabiendo perfectamente que era la única instancia posible para gozar de un ordenador personal; ser tomado en cuenta por aquellos ojos color plegaria era el fundamento del esfuerzo.

Luego de dos semanas de un duro trabajo de investigación le presentó a su maestra una prolija y exquisita monografía de diez hojas encarpetadas en las que incluía mapas y fotografías del evento. De puño y letra – según me cuentan su mano derecha se le acalambró en varias ocasiones -  logró narrar con propia y atildada prosa, basado en las lecturas aprehendidas y utilizando todas las fuentes de información posible, la épica de aquella expedición, incursión científica de la que se cumplía el cincuenta aniversario.
Su empeño fue muy valorado por las autoridades de la entidad educativa las cuales no dudaron en incluirlo dentro de los tres trabajos a presentar. Lamentablemente para su suerte la monografía de su amor también formaba parte del envío, de modo que ganar significaría la tristeza de su espectro. Comenzó a deplorar su tesón, maldecía los gráficos, las diez hojas escritas y su esmerada narrativa. No deseaba ganar, prefería a la distancia, contemplar la bella y orgullosa alegría de su amada.
Poco a poco comenzó a darse cuenta que ni él ni ella tenían posibilidades ciertas de victoria. Nunca, en sus más de cien años de historia, la aldea había sido galardonada con un primer premio en un certamen a escala nacional, dentro del campo de las probabilidades no había razón para pensar que esta vez ocurriría algo distinto. Miles de monografías concursarían provenientes de todo el país, la mala suerte no podía jugarle la peor de las zancadillas. El transcurrir de las semanas provocó que todos olvidaran el asunto entendiendo que el determinismo renovaba, gratamente en este caso, sus históricas derrotas – bienvenida la desdicha, pensó -.
Bien entrada la primavera, a muy pocos días de finalizar el año lectivo y totalmente ajenos de aquel compromiso asumido, reciben la buena nueva que al día siguiente el conjunto de los alumnos de sexto grado sería llevado de excursión a la Base General Belgrano distante cien kilómetros de la villa. No era necesario llevar uniforme escolar ni vianda, esto último debido a que almorzarían en la dependencia de la Armada, acaso se les recomendaba precaverse algo de dinero, no más treinta pesos, y un buzo o rompevientos por si la temperatura descendía abruptamente. La única condición era presentar ante la maestra una autorización firmada por cualquiera de los padres o por el tutor encargado prestando conformidad para efectuar la travesía. Luego de una hora y media de viaje la combi ingresó al predio militar estacionando en el lugar indicado para tales efectos. Varios vehículos similares detenidos en el playón les indicaron que no serían los únicos invitados a la base. En efecto, a poco de andar, debidamente escoltados por cierto, dieron con un patio interno en donde no menos de un centenar de alumnos de colegios de la zona aguardaban por el último contingente – en este caso ellos -  para comenzar la visita. Incluso tuvo el chico la posibilidad de cruzarse con algunos de sus ocasionales rivales de los torneos sabatinos a los cuales saludó afectuosamente con alguna broma mediante.
La mañana transcurrió ciertamente entretenida: simuladores, antiguas maquinarias, radares, aviones modernos, elementos de rescate, todo apuntaba al asombro y a la sorpresa. Arribaron a la explanada destinada para el almuerzo sin darse cuenta que el tiempo había pasado de manera vertiginosa. De todos modos en varias ocasiones el chico se detuvo en aquellos ojos color plegaria que atontados seguían con marcada atención cada palabra que el guía dictaba a modo de lección. Le hubiese gustado aunque sea por un rato vestir ese uniforme de marino, hablar tonteras que nadie recordaría y recibir el regalo de una mirada que por el momento le era esquiva. La niña no lo despreciaba ni mucho menos, no había malicia en su actitud. La niña solamente lo ignoraba, no lo tenía incorporado como paisaje cotidiano de su vida, cuestión que lo laceraba doblemente.
Finalizadas las hamburguesas y en pleno tiempo del helado un oficial de alto rango, micrófono en mano, le solicitó a la concurrencia un momento de atención con el objeto de permitirse anunciarle al auditorio una importante novedad.

 - “Queridos visitantes, alumnos de la sexta sección electoral de la Provincia de Buenos Aires, ahijados de la Base. Aprovechando vuestra presencia tengo el enorme agrado de informarles que la Institución ganadora del Concurso Nacional lanzado a mitad de año con motivo del celebrarse el quincuagésimo aniversario de la primera expedición de nuestra Armada al Polo Sur se encuentra entre ustedes. Se trata del establecimiento Escolar número 4 de la localidad de El Perdido, Partido de Coronel Dorrego. Obtuvo dicha distinción debido al formidable trabajo presentado por el alumno Lisandro Arrieti, en breve estaremos coordinando con las autoridades del establecimiento la entrega efectiva de los premios tanto al colegio como al autor de la monografía. Felicitaciones a ambos, muchas gracias y que sigan disfrutando el día” -...


Estaba incómodo, desanimado, excesivamente contrariado, demasiadas contradicciones internas. Las palmadas y los besos que siempre le fueron esquivos estaban en ese momento abusando de su confusión. Se resistía a levantar la vista, suponía que la niña lo estaría observando, cosa que deseaba desde que tenía memoria, entendiendo que ese instante era el peor para encontrarse con el rigor de su mirada. De algún modo la niña había perdido porque él había ganado y eso lo colocaba en un lugar equivocado, instancia olvidable, acaso dolorosa. El beso de la maestra resultó por demás prolongado, si se quiere pegajoso. ¡Es la primera ves, es la primera vez!..., gritaba con exagerada exaltación y vergonzante entusiasmo. Terminados los escándalos, Lisandro sacó fuerzas de donde no tenía, levanto la vista en la búsqueda de sus ojos color plegaria, no los encontró. Varios de sus compinches futboleros se acercaron para abrazarlo, despeinarlo y hacerle sentir el peso de la gloria. Siguió buscando por un buen rato hasta que pudo distinguirla entre la muchedumbre de chicos; venía desde la zona de los sanitarios, en directo sentido hacia él, escoltada  por Inés, su inseparable amiga y también su compañera de banco. Tenía los ojos color plegaria llorosos, mirada acuarelizada, tierna e hiriente, al mismo tiempo. La niña lo felicitó, le dio un beso en la mejilla y pidió un generoso aplauso de todos los presentes para su compañero. Años estuvo esperando Lisandro ser observado por esos ojos color plegaria, cuando llegó el momento había tristeza en la mirada. La niña ignoraba que ese joven ignorado la amaba, tampoco sabía que ese pibe de rodillas sucias y guardapolvo remendado, amarillento, hubiera dado todo de sí para devolverle la sonrisa: Retrotraer el tiempo, no participar en el concurso y volver a ser ignorado. Lisandro estaba triste por haberla entristecido; la niña, jamás sabrá de su amor...

                                                                            Autor: Gustavo Marcelo Sala


sábado, 22 de diciembre de 2012


 Maestros del Blues
John Lee Hooker


 



Su voz y su manera de tocar la guitarra han contribuido a favor de un estilo inconfundible, obsesivo y a veces dramático. Como dijo un productor de entonces: Nadie conoce el blues como él, porque el Blues es él. Su blues es un canto que nos informa cómo se sobrevive en los ghettos negros de las grandes ciudades.


Usted, harta de lo suyo...


...descubre sin prisa el artificio de lo mío
de mirada impostada, acaso liberada
detrás del llanto, y entre los fuegos: la celada
su Hades engaña, no duermo, a veces me río.

Quizás mal inteprete, y se sienta acosada
cortejo y espejismo cedo ante su hastío
indulta primaveras con nubes y con frío
 despótica y sin Cristo, asúmase olvidada.

Usted, harta de los suyo censura lo mío
tras su cumbre inasible aventuro una mirada
farsante asequible de mala verba me inspiro

exhausta por lo suyo disciplina su sino
enfado de la amnesia, corrupción eclipsada
su Hades que engaña, lo sabe, a veces conspiro.

                                                                                   Autor: Gustavo Marcelo Sala







Mateando con la Ciencia. Hoy ceba Jean Antoine Nollet


Es de observación común que los líquidos empapan unos materiales pero no otros. Si un líquido penetra a través de un material concreto parece razonable suponer que lo hace en ambas direcciones. Sin embargo cuando en 1748 en científico francés Jean Antoine Nollet encerró una solución alcohólica en una vejiga de cerdo seccionada y la introdujo en una tinta de agua, la vejiga empezó a hincharse al cabo de un período de tiempo, pues la entrada de agua superaba en cantidad a la solución que salía. Más adelante la membrana reventó.
De esta manera Nollet descubrió lo que hoy conocemos como membrana semipermeable, es decir, permeable a algunos fluidos y a otros no. Si hay diferentes fluidos a ambos lados de una de esas membranas (ejemplo: agua pura en un lado y una solución alcohólica por el otro), la cantidad de fluido que discurre en una dirección puede ser mayor que en la otra. Este fenómeno se llama ósmosis, término derivado de la palabra griega que significa “empuje”, pues el fluido acaba por empujar en una dirección. La explicación definitiva de la ósmosis tendría que aguardar por medio siglo hasta que se comprendiera la noción de moléculas de diferentes tamaños.

Fuente: Isaac Asimov – Historia y Cronología de la Ciencia





Grandes Mujeres de la Historia. Hiparquía de Manorea




Hiparquía, nacida en Manorea en el 346 a.C., fue una de las primeras mujeres filósofas. Convivió, pese a la inicial oposición de su familia, con Crates de Tebas y compartió con él la peculiar forma de vida de la Escuela Cínica. Cuenta la leyenda que Teodoro el Ateo, sabio que solía mofarse de ella, le preguntó por qué no se dedicaba a las tareas propias de su sexo. Hiparquía, consciente de lo que podía haber de revolucionario en su actitud, le respondió: “¿Crees que he hecho mal en consagrar al estudio el tiempo que, por mi sexo, debería haber perdido como tejedora?”.

Fuente ETYMOE – fundamentosporcar.wordpress.com

jueves, 20 de diciembre de 2012


CARTAS MARCADAS
ALEJANDRO DOLINA



Manuel Mandeb, los sueños del “Ruso” Salzman, Jorge Allen, el mozo Mansilla, el verdulero Lamensa, el alquimista Marco Ferenzky, dueño del cabaret Sartori, las hermanas Bevilacqua, Ives Castagnino, Nadine, Artola, Kristine, el matrimonio ente Bella y el Doctor Poniatowsky, dos mazos de naipes franceses, 108 cartas, 108 capítulos, algunos simulados, otros inexistentes, otros ilegibles, todos marcados. Cartas con doble lomo, barajas que cambian en la mano de los propios jugadores antes de ser puestas a consideración de la mesa. Un poker de reinas que mágicamente, soberbia mediante, se transforma en nada, vencido casi burlonamente por un escuálido par de sietes. La cerrazón verdusca domina el  barrio de Flores, un hombre en la cornisa que nunca se termina de decidir y el calvario que sufren las cenizas de Bugallo. Entrelineas se intuyen las presencias de Enrique Cadícamo y de Alfredo Le Pera mientras los amantes se prometen no enamorarse jamás, sospecho que para no ensombrecer el momento, colocando a las vísperas en su lugar de privilegio.
Subrepticiamente las tachaduras van diseñando la contratapa...
Barthes, Graves, Goethe, Crowley y Shakespeare, y una partida de cinco en donde participan activamente los brujos de la calle Chiclana, acaso como solapados tahúres.  Aquellas tachaduras enigmáticas perforan la cerrazón de Flores (pudo haber sido otro barrio, pero Flores, según “El Negro”, no requiere de explicaciones adicionales) prometiendo un sentido alucinante y final. La realidad es engaño, hasta el mismo engaño lo es, todo es perfecto. El amor como medio,  como guía, como fin, la finitud entendida como cruel totalidad.
Entre la niebla, y a pura intuición, el arte nos permite descubrir los secretos de los personajes, percibir que en cada uno de ellos ese supuesto universo asequible no es otra cosa que otro engaño más, acaso ausencia pura... 
Todo el curriculum artístico del autor se afirma y se potencia en Cartas Marcadas. Una obra con mayúsculas, ficción armoniosa y plena de sabiduría, en franco antagonismo con el insensato sentido común. En momentos donde las novelas, por cuestiones de mercadeo, vienen formateadas – en cuanto a su extensión - por un deber ser comercial, Alejandro Dolina nos propone ir contra la corriente, acercarnos a los clásicos del género a través de su maravillosa pluma. Mientras disfrutaba de su lectura, de su humor, me crucé en la esquina de Artigas y Avellaneda con Gog y con Papini, con la melancolía de Macedonio, con Arlt, con Borges... con Dolina...