Nos Disparan desde el Campanario.... El periodismo ha muerto... por Pablo Serrano

 





El periodismo ha muerto, las mesas de redacción pasaron a ser mesas de operaciones y mesas de dinero al mismo tiempo, en donde según la rentabilidad se operará en consecuencia, dejando a la información y a la verdad arrumbadas en los archivos. En este texto que a continuación les propongo el periodista, analista y ensayista español Pablo Serrano, autor de títulos como Prensa Canalla, Desinformación, Traficantes de Información, La Comunicación Jibarizada y Contra La Neutralidad, entre otros, se explaya sobre el tema….
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El discurso contracorriente, alternativo, que quiere subvertir el modelo para combatir la injusticia, el que cree en otro mundo mejor, necesita espacio y tiempo para explicarse. Como la evolución (involución) de los nuevos formatos y soportes es hacia una información reducida y urgente, una comunicación jibarizada, este cambio no es ideológicamente neutral, favorece el pensamiento conservador y reaccionario en detrimento del que quiere otro mundo diferente.
Los medios de comunicación hegemónicos no pueden ser verdaderamente plurales. En el fondo, su propio funcionamiento supone un claro conflicto de intereses pues, en lugar de responder a necesidades sociales, tienen como finalidad “transmitir los principios y valores del sistema económico en el que se fundamentan y con el que lucran los grupos económicos accionistas de esos medios. Al mismo tiempo se silencia o se criminaliza cualquier propuesta o líder que plantea alternativas al modelo dominante. De ahí que no puede haber pluralidad entre los medios que pertenecen a esas empresas”.
La censura se aplica de numerosas formas, es importante aclarar que, a diferencia de las dictaduras, el sistema no consiste en prohibir la difusión de determinadas noticias, ni siquiera en mentir sistemáticamente. Se trata de métodos más refinados: decir la verdad a medias, omitir información de contexto que permita comprender los hechos, aplicar dobles raseros o permitir con impunidad la mentira de forma que no se pueda diferenciar de la verdad. Al final el resultado desinformativo es tan eficaz como con la censura”. (N de la R: Se censura a la verdad)
“Por un lado es verdad que en cierta medida se ha terminado el oligopolio de la información que tenían los grandes medios, pero eso no está suponiendo ni mejor información ni más democrática, pues la frivolidad, la información basura, la sobresaturación, la falta de rigor y el rumor se ha impuesto en las redes. Lógicamente todo ello se puede combatir, pero hay que advertir que el nuevo panorama de internet, blogs y redes sociales no es la panacea”.
El mensaje del poder, el dominante, el que no quiere cambiar nada y sólo pretende mantenernos en el mismo modelo social, económico, político y, sobre todo, mental, no necesita gran extensión ni profundidad ni elaboración. Basta con repetir los dogmas predominantes.
En cambio, el discurso contracorriente, alternativo, que quiere subvertir el modelo para combatir la injusticia, el que cree en otro mundo mejor, necesita espacio y tiempo para explicarse. Como la evolución (involución) de los nuevos formatos y soportes es hacia una información reducida y urgente, una comunicación jibarizada, este cambio no es ideológicamente neutral, favorece el pensamiento conservador y reaccionario en detrimento del que quiere otro mundo diferente.
Hay que reivindicar soportes y formatos más profundos y elaborados, en lugar de tantas informaciones urgentes, breves, simultáneas, abrumadoras y de fuentes desconocidas, proponer pocas, rigurosas, de fuentes reconocidas, no tragarnos -ni colaborar en su difusión de forma impulsiva- todo lo que nos llega.
Todavía es frecuente oír que en las escuelas de comunicación se habla de un periodismo neutral, de un periodismo cuyo papel sería brindar información objetiva sin tomar postura sobre ninguna de las partes involucradas. Todavía más, los grandes medios de comunicación reivindican esa forma de periodismo y se autodenominan informadores neutrales.
El periodismo de las grandes empresas no es neutral, porque responde a los intereses de los accionistas. Sin embargo, ellos siempre alardean de neutralidad, objetividad e imparcialidad. Todo eso no existe ni puede existir, la mera selección de las noticias ya es un acto subjetivo y parcial. Entonces, de lo que se trata es que tal subjetividad esté a favor de principios y valores, y no del negocio y la rentabilidad.
De modo que si la OTAN bombardea a los civiles que celebran una boda en Afganistán no digamos que hay dos versiones o dos interpretaciones. Hay unos criminales y unas víctimas. La verdad no está en el punto medio de dos versiones. Cuando hablamos del holocausto nazi no decimos que había unos que decían que se cometió un genocidio y otros que decían que intentaban mejorar la raza. ¿Por qué ahora, con muchos conflictos donde está claro quiénes son las víctimas y quiénes los verdugos, seguimos con esa equidistancia?”

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