Gráfica: PRT
Un postulado insolvente y carente de evidencia reiterado durante mucho tiempo se transforma tristemente en una verdad revelada a caballo de la ausencia de la refutación y del pensamiento crítico. Acaso la más notable que podemos mencionar en estos días es aquella que reza sobre la supuesta superioridad política e intelectual que ostenta el electorado porteño. Esto se debe a que extrañamente se asocia de manera caprichosa una relación causa efecto en tanto ingreso per cápita, formación, información, accesibilidad de servicios y PBI distrital, con cierta capacidad deliberativa y racionalmente superior a la hora de entender la política arribando siempre a conclusiones irrefutables sobre sus decisiones colectivas.
Estimo que esta antojadiza
aseveración no es inocente pues intenta configurar una moral etnocentrista a
seguir que no se debe discutir y más cuando ese electorado se exhibe
históricamente hostil hacia los movimientos populares. Por eso tanto el
progresismo como las derechas, políticas y fácticas, y los medios de comunicación, suelen laudar endulzando el paladar del electorado capitalino haciéndole creer
que su capacidad analítica debe ser resaltada como tendencia por sobre el resto de los nacionales.
Hasta los
intelectuales supuestamente progresistas caen fácilmente en la celada cuando el
sufragio no deseado sorprende a su lógica. Recuerdo al bueno de Pino Solanas denostando
la calidad del voto norteño porque éste se había inclinado hacia opciones
populares soslayando y no calificando del mismo modo el voto macrista en CABA
muy a pesar de su ideología sectaria, y esto no se debe a que Pino en el fondo fuera un
gorila reduccionista sino porque en su inconsciente ya tiene asumido que la Capital
posee racionalidades superiores que no dejan lugar para ser refutadas, insolvencias
que él percibe claramente en el sufragio formoseño, chaqueño o santiagueño. El
sentido común dominante entiende que el voto porteño posee una lectura elevada de la
realidad sociopolítica que no existe en otras comarcas de la Patria.
Pues estos
comicios, más allá de los resultados han demostrado, como tantas otras veces, que esta idea instalada no posee evidencia alguna para que se siga acentuando,
diría que mencionarla ya significa un despropósito.
Votar, por cualquiera
de las opciones del menú electoral, y esto incluye el voto en blanco como
alegato crítico para manifestar el descontento, es la única opción que tenemos
los ciudadanos para participar activamente en el diseño sociopolítico de
nuestra sociedad, de manera que evitar dicho compromiso, no aprovechando tan
vital herramienta política o absteniéndose, desvanece cualquier relato superior
que pueda existir sobre esa comunidad. Y eso es lo que sucedió en CABA sin
distinción de clases sociales y barriadas, sean ellas populares, medias o
aristocráticas, pues es justamente no entender de qué se trata la política y
sobre todo la democracia.
Como muchos
lectores saben he residido durante más de dos décadas en el Distrito de Coronel
Dorrego, paraje situado a 600 Km en dirección sudoeste de la Provincia de
Buenos Aires y no me imagino bajo ningún concepto un desinterés similar al
acontecido en CABA y menos a escala distrital, tal vez las escalas provinciales
y nacionales posean ciertas distancias y en consecuencia nos choquemos con
algún dígito preocupante, pero la política de la localidad está muy arraigada
como factor determinante de la suerte de cada ciudadano teniendo este absoluta
conciencia de tal cuestión. Sus calles, su hospital, sus instituciones, su
higiene, su seguridad, sus espacios verdes, sus veredas, están puestas en
advertencia cada dos años, y los dirigentes lo saben, esto lo digo más allá de
mi valoración particular sobre elegidos ejecutiva y legislativamente, notando
con esa actitud un compromiso con su distrito que no tiene el ciudadano
porteño, entonces me pregunto ¿en dónde descansa esa supuesta tesis sobre la
superioridad cívica y moral del coto etnocentrista en el cual actualmente resido? Y digo Coronel Dorrego, y
hago extensivo el razonamiento, siempre hablando en términos distritales, hacia
Coronel Pringles, Monte Hermoso, Coronel Suarez, Punta Alta, Tres Arroyos,
Gonzales Chávez, Benito Juárez, sitios en donde aún los dirigentes políticos,
por exigencia y participación ciudadana, mantienen además un interés cardinal
para estar presentes ante los dilemas cotidianos. Esperemos que de cara al
futuro esta conducta etnocentrista supuestamente vectora no derrame en sitios
como los mencionados, nada superior se puede construir socialmente con el
descompromiso, no existe nada para imitar sobre lo ocurrido en CABA, sobre todo
porque ello implica una deslegitimación de la democracia, de la política,
bajarles sus intensidades, y para nada se constituye como crítica a las
dirigencias.
*Gustavo Marcelo
Sala. Editor

Es cierto. Aquí en Dorrego los hilos se ven, nos conocemos todos, que votemos para el orto es otro tema.
ResponderEliminarLLA salió primero en los centros urbanos, Jujuy capital por ejemplo. Mil moscas que eligen m. no equivale a que esa m. sea deseable...
ResponderEliminarEstoy de acuerdo. Vox Populi no es Vox Dei, este es otro sofisma. Pero entiéndase algo. Los que no fueron a votar no son oficialistas, sino hubieran avalado lo hecho. No ir a votar no es un signo de protesta sino de desinterés por la política y por la democracia. O quizás esten aguardando por una oposición menos atomizada y más coherente. En el mientras tanto la no participación fue funcional al desmadre del presente. El voto en blanco tiene mucho mayor impacto político que la difusa abstención, recordemos los comicios de 1963 y el impacto que tuvo voto en blanco peronista por estar proscrito.
EliminarLos analistas dicen q en la zona de mayores ingresos la participación en la caba, fue de maso 60%, si muy baja en zona sur donde además , si se inunda y los vecins estaban en muchos caso limpiando y secando, como en el corredor norte inundado. eso bajó el promedio
ResponderEliminarLos analistas mandan cualquier verdura para justificar sus limitadas e interesadas percepciones, pretendiendo menguar los efectos de algunas cuestiones mucho más complejas que climatológicas. La población afectada al fenómeno climatológico que justifica ese análisis alcanza alrededor del 2% de la población de CABA.
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