Fuente: En El Margen. Revista de Psicoanálisis
Link de Origen: https://enelmargen.com/2026/06/16/cancion-para-naufragos-por-carlos-gutierrez/
Imagen de portada: Valeria González
Cuidado editorial: Mariana Castielli
y Valeria González
La tierra gira hoy menos veloz.
En ciertas cosas el diablo siempre es neutral.
I. S.
La despedida al Indio Solari tuvo esa
curiosa combinación de canto y lágrimas. No era un contraste sencillo, pero el
amor popular se las arregló para que nada de eso tuviera algún borde grotesco.
La caminata de la despedida estaba agitada por los cantos para luego salir
llorando del último encuentro. Fue una fiesta del dolor porque, como alguien
dijo, las despedidas son esos dolores dulces.
En la larguísima y gruesa caravana
que hacía las veces de fila, se dijeron palabras tan sonoras que brillaban en
un domingo en que no lucía el sol y con la lluvia como amenaza.
Las voces que se oyeron en esa
caminata son parte de un tesoro en el que nadie es inocente de lo que
afirma. El Indio nos habla al oído, decía alguien que encontró ahí el
rescate para una vida al borde de la nada. El Indio nos escribió y nos
habló a cada uno de nosotros, chorros, drogadictos, suicidas, apaleados, decía
una muchacha, y agregaba que esa voz la retuvo de este lado cuando la
muerte me besó la frente en dos ocasiones. Otra dice: Hoy leí que el
Indio hizo bailar a los filósofos y leer a los ladrones. Y otro afirma que
fue el poeta de los desangelados. ¿De dónde brotan todas esas palabras que
exhalan poesía y que en su soledad encuentran que les sopla al oído un ángel de
la desolación?
Si alguna vez se decía que las letras
del Indio eran incomprensibles, se pudo medir más tarde, una vez más, que el
cuerpo se las arregla para oír lo que no puede la sordera de gente sensata.
Como cuando nos asalta el recuerdo de un sueño en mitad del día, esas palabras
extranjeras se meten intrusas en frases evocadas imprevistamente; se las
encuentra cuando no habían sido invitadas. Giros que antes nadie podía
explicar, daban ahora la medida de lo que se quería decir cuando las palabras
faltaban. Esos giros que permitían hablar no eran instrumentos; no se los
usaba, sino que eran ellos los que nos encontraban; hallaban en cada quien el
vehículo que empuñara esas figuras y metáforas que habíamos logrado,
finalmente, leer al escuchar sus canciones.
Hablados por el Indio, nuestra lengua
encuentra modulaciones nuevas que permiten, al menos por un momento, salir de
las palabras gastadas, de hablar con siglas porque no hay tiempo que perder, de
toda esa moneda falsa con la que financiamos nuestra afasia cotidiana. Al
lidiar con nuestras muletillas, cuando tropezamos con nuestros cordones,
nuestro modo de hablar muestra la enfermedad que la habita.
Nuestra lengua, acosada por el grito
insultante de las redes sociales, maltratada por la jerga y jibarizada por el
chat, encuentra en esa poesía destellos de belleza donde antes parecía haber un
enigma con cerrojo. Cuántas veces hemos escuchado señalar que las letras de sus
canciones eran un texto oscuro para que luego encontremos que nuestras voces
están pobladas de luces que vienen de los sótanos.
La lengua popular que pisa la tierra,
recibida de tantos sitios y de tantos escritores y letristas como Manzi o Yupanqui
–poetas que rodearon sus palabras de la música que suena en estas pampas– supo
encontrar en el Indio Solari a alguien –junto a otros, porque no está solo en
eso– que se inscribe en esa tradición y construye con sus palabras el oxímoron
del rock nacional. El rock es nacional porque se canta en nuestra lengua.
Como la sangre peregrina de José
Arcadio Buendía –que recorre todo Macondo hasta los pies de su madre que la
recibe con un grito– las canciones del Indio, urdidas en los subsuelos del
under, treparon las escaleras, rodaron por los adoquines y tomaron el brillo de
la luna para penetrar en cada rincón de la lengua urbana, barrial, argenta,
haciendo hablar a todas las tribus de todas las calles.
Pero no era el mensaje funesto que
anunciaba una muerte sino palabras que venían al rescate y audibles sólo para
quienes pudieran leerlas. No fue el caso de un agente de espionaje de la
Policía Bonaerense quien, luego de la pesquisa sobre los Redonditos, dice en su
informe: Para una persona que los escucha por primera vez, las letras no
dicen nada y diría que carecen de sentido. De esa miel no comen las
hormigas.
La búsqueda del sentido, ¿no será
siempre una operación policial que persigue a la palabra para obligarla a decir
lo que se quiere? La poesía desafía siempre esa línea recta e imprime rizos y
desvíos en los que se extravían los agentes del orden.
Era necesario oír otra cosa en esas
letras para dejarse iluminar por lo que brotaba de ese pozo de sombras, y que
expresaba todas esas torsiones de la palabra ante las que retrocede la cordura.
De a poco, las letras que
supuestamente nadie entendía, fueron impregnando nuestro habla, se abrieron
paso en nuestros diálogos amigos, garabatearon las paredes que siempre hablan,
se subieron a los epígrafes de escritos de academia. Ahora nuestra lengua
encontraba ahí esquirlas de belleza subterránea.
Para nosotros, habitantes de un
tiempo en que el presente se estrecha y el futuro es todavía más angosto, reos
de la propiedad, sumidos en este mismo turbio río de una libertad fanática que
es fiebre, mar gruesa y oscuridad, llega en nuestro auxilio la munición sonora
de esa poesía. Llega y nos recuerda que también se batalla con la palabra.
La historia suele tomarse algunas
revanchas de grandes derrotas. Tanta bala y miseria a los nativos de nuestra
tierra para que ahora, como retorno de lo oprimido, emerja una ironía
impensada. ¿No es acaso un prodigio que, tras la campaña del desierto que no
cesa, finalmente sea un Indio el que nos dona la palabra? Y el modo en que lo
hace no puede ser ignorado: deja a un lado la consigna que busca masas porque
no les habla a todos, sino a cada uno; busca a cada quien diciéndole que el
gesto político de tomar la palabra es una decisión, y que este asunto está
ahora y para siempre en tus manos.
Esta revista se sustenta gracias a la publicación, la difusión y la
edición, sin ánimo de lucro, de cada uno de los miembros que la componen.
Agradecemos la colaboración económica que el lector o la lectora quiera y pueda
para lo cual dejamos nuestros datos.
CVU: 0000003100004469954568
Alias: enelmargen.mp
Mercado Pago
Desde el exterior: https://www.paypal.me/flagelodelverbo

Comentarios
Publicar un comentario