Nos Disparan desde el Campanario... Miriam Fernández y su deriva, Historias Desobedientes, y la tragedia de cinco décadas en cuerpo presente… por Gustavo Marcelo Sala
El caso de Miriam Fernández nos pone delante de un dilema existencial. Dilema del que toma partido político, acaso porque su subjetividad como apropiada fluye por su sangre, tanto o más que su ADN.
Es una mujer grande, que seguramente ha tenido muy buena vida de la mano de sus apropiadores la cual la amaron como propia. Y está muy bien que Miriam exhiba su gratitud y amor sincero por la pareja que la crió y le dio todo su amor. Pero lo que resulta contradictorio a esa postura empática es la ausencia de comprensión humanista que tiene por la historia trágica de sus padres y el dolor de su familia biológica, amén que ella se considere así misma como un polvo casual, y no una búsqueda amorosa por parte de sus padres, cosa que seguramente ni se detuvo a pensar.
Recuerdo las operaciones que se hicieron con los mellizos Miara, chicos que durante los 90 fueron manipulados macabramente por el establishment intentando romantizar las apropiaciones, tal como ocurre con esta señora.
Acaso Miriam, mujer ya cincuentenaria, por edad, no tenga la oportunidad de revertir sus conceptos como si se permitieron hacer los chicos Miara, por eso se prestó a tamaña obra macabra que armó el gobierno nacional, pues de haber tenido un mínimo de conciencia humanista no se hubiera prestado para desaparecer nuevamente a sus padres biológicos y apretar la herida de sus familiares.
Hay algunos nietos restituidos que mantuvieron sus lazos afectivos entendiendo buenamente el dilema, de manera que no es una cuestión obligatoria optar, sino entender, pero para entender es necesario ser moral y éticamente humano.
Por sus dichos y a esta altura de la vida la única manera que esta mujer tiene para reconsiderar sus visiones, humanizarlas, a mi modo de ver, es ante una situación límite, propia o de alguien de su descendencia, la cual la obligue a recurrir a sus orígenes biológicos y podrá allí entender de qué se trata el dolor ajeno, el dolor olvidado, negado, tal vez sea la única forma de que pueda visibilizar a sus padres terroristas, como ella injustamente los califica.
Lo que no dice este informe del gobierno nacional y tampoco la protagonista es que también existen hijos e hijas, nietos y nietas que rechazaron a sus padres biológicos que participaron directamente como mano de obra ejecutora del genocidio, incluso muchos de ellas y ellos cambiaron sus apellidos, cuestión que en lo personal también me hace ruido, aunque humanamente lo observo mucho más comprensible, víctimas y victimarios de crímenes de lesa humanidad no pueden ponerse en un mismo plano. Sus relatos se conocen como Historias Desobedientes, crónicas que merecen ser leídas y difundidas.
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