Tranquilos, todo va a empeorar…
Sindemia se le denomina al conjunto de brotes malignos que se manifiestan al unísono
"Habiendo tanto tirador espontáneo y vocacional en EE.UU, armado con calibres imponentes, ahí tienen un blanco desafiante, espécimen pedófilo y depredador de pelaje y quincho anaranjado, disponible a por vuestra gloria y quedar en la historia como héroes, en lugar de ir y disparar criminalmente en los colegios o en los centros comerciales de vuestras ciudades, hiriendo y matando inocentes.
Tienen la posibilidad entonces de demostrar que el capitalismo salvaje posee algunas cosas buenas, por caso asumir cierta conciencia por el peligro, autodepurarse sanitariamente de los peores en su especie, aislándolos, eliminándolos, tal como nos advirtiera Charles Darwin en su tratado El Origen de las Especies.
Y si lo desean tienen la posibilidad además de extender sus éxitos en los cotos de caza existentes en Centroamérica, en Medio Oriente, en Sudamérica, en África y en Europa, debido a que dicha especie depredadora se está multiplicando peligrosa y perversamente gracias a la globalización de las aplicaciones monstruosas. La recompensa no es material, será más importante, lindante con la épica y la gloria hasta el fin de los tiempos, pues, ha quedado demostrado, que el derecho internacional ya no existe más, y todo será por la ley del más fuerte, o el más hábil, o el más impune, o el que más recursos belicos posea…
Esta introducción distópica me surgió cuando ayer cuando haciendo un ejercicio antropológico me puse a ver y a escuchar a un grupo de ciudadanos venezolanos en Santiago de Chile los cuales se autoperciben como exiliados, reporteados por una emisora trasandina, en donde todos estaban de acuerdo que en Venezuela, a partir de ahora, era necesaria una depuración del chavismo, es decir, eliminar a ese compatriota que a partir de año 1999 comenzó a tener derechos ciudadanos cuando a Chávez se le ocurrió, por caso, censarlos y documentarlos para que puedan comenzar a tener participación política y de ese modo ejercer ciudadanía y poder inclusivamente opinar sobre el modelo de país deseado, una Nación por entonces exclusiva, excluyente y desigual en manos de la élite petrolera. Estas masas fueron las que luego, gracias a las políticas proteccionistas bolivarianas, definían los comicios a favor del modelo chavista, pues el porcentaje que excluía aquel modelo vigente antes de 1999 alcanzaba casi a un 25% de los venezolanos, es decir había exiliados venezolanos dentro de Venezuela, invisibilizados y sin derechos sociales, políticos, ni económicos, exiliados venezolanos que a nadie le importaban...
De todas maneras no me ha llamado la atención cierta pulsión fascista que por estos días ha dominado no solo a la opinión púbica callejera sino además a la opinión publicada, sobre todo en nuestro país, brote intolerante y sectario que emerge ante cualquier acontecimiento, sea importante o banal. Puede ser un amorío de verano, las guerras mediáticas, el fútbol, el concepto de libertad o la nueva ley de inteligencia.
Me refiero por un lado a los que adhieren a los actos llevados a cabo por Trump y por otro lado a aquellos que están en contra de esos actos. Ambos sectores coinciden en algo: “el otro se debería callar”.
Y las razones por las que unos y otros determinan que otros y unos deberían callar en nada se relacionan con las causas centrales del debate, las cuales estarían encuadradas dentro de la verdad, cosa que evidentemente a nadie le importa un carajo, es simplemente ejercitar el poder de silenciar a quien no opina del mismo modo. Porque omitiendo la verdad en ninguno de los dos casos se puede defender cierta construcción pensante, se trata solamente de opiniones genitales, intestinales o en el mejor de los casos viscerales.
Consignas escuchadas y leídas, dichas y escritas a modo de sentencias inescrutables:
• Que ahora los “venecos” (apodo que el porteño logró imponer para distinguir al venezolano) se vayan, gritan algunos…
¿Y por qué se van a ir? ¿Por qué se deberían ir? Y más si medianamente han logrado establecerse, acaso enamorarse, formar familia, hacer amigos, socializar, aportar comunitariamente, eso no implica que no deban manifestar su satisfacción política por el nuevo destino que parece haber tomado su patria, más allá de que me incomode. Esto es lo mismo que haberle exhortado a los exiliados argentinos que regresasen en 1983 sin contemplar esos años de vida vivida en otro país. Pienso en Héctor Alterio, en Cortázar, y en tantos otros que optaron por no regresar o venir solamente de paseo o por motivos profesionales. Incluso Venezuela acogió a exiliados argentinos durante la dictadura 76-83, como el caso del ex ministro radical Rodolfo Terrado y el respetado matemático Manuel Sadosky, y por supuesto Juan Domingo Perón luego del golpe que lo derrocara.
He conocido exiliados argentinos que más allá del advenimiento de la democracia en 1983 decidieron quedarse en esos sitios que los acogieron, incluso tramitar su ciudadanía, y no solo en ningún momento los invitaron a emigrar cuando la caída de la dictadura sino que el quedarse significó hasta un acto de gratitud y amistad recíproca, y esto en nada se relacionó con las visiones políticas. La premisa planteada bajo esos términos las observo lindante con el discurso fascista.
• Si se quedan sigan pedaleando para Rapi o a manejando un Uber
Horroroso. Tan fascista como el discurso anterior. Recuerdo aquello del Sudaca que tanto nos enojaba, el cual por medio de dicha calificación le reservaban a los sudamericanos trabajos supuestamente inferiores o denigrantes, como si tales trabajos no fueron ni dignos ni necesarios para la sociedad. Tres cuartos de lo mismo.
• Venecos, ustedes no pueden opinar sobre la política en Argentina
¿Y por qué, no? ¿Acaso no trabajan, viven y socializan aquí, no sufren con lo malo y no disfrutan de lo bueno? ¿No tienen afectos a los que les va bien y a otros no tanto? ¿No son portadores de ideas? Sin ir más lejos es una demanda endogámica que personalmente sufrí durante mi residencia de más de dos décadas en una localidad del interior bonaerense, lógica bastante arraigada dentro del corazón del pequeño enano fascista argentino, en donde se desvalorizaban o directamente se censuraban mis opiniones porque no era de allí, directamente se me enviaba a callar, incluso lo han hecho políticos y periodistas de la localidad, de ideologías varias.
• La superioridad moral a la cual suscribieron muchos exiliados por su condición de tal
Eso también es cierto. Muchos venezolanos han adoptado una posición beligerante y violenta contra aquellos argentinos que simpatizaron o simpatizan con el modelo bolivariano. Es natural que así sea, y el argentino lo debe comprender, pero lo que me parece desubicado y fascistoide es la posición moral del venezolano con relación a aquellos que tenemos visiones progresistas o de izquierda sobre la política, habida cuenta que nunca el problema serán las ideas, las cuales ello estigmatizan per se, sino los psicópatas que al mal leerlas y peor interpretarlas las pueden estar llevando a cabo.
Por caso, no creo que las ideas liberales sean malas o estigmatizables, en todo caso serán debatibles, los nefastos, los que las pervierten son los Trump, los Milei, las Meloni, los Bukele, los Orban, los Kast, los Zelenski, de igual modo sucede con las ideas populistas, progresistas o de izquierda.
El venezolano migrante acusa al peronista, estigmatiza al populista, denuesta al izquierdista, establece una moral subjetiva basada en su condición sin intentar comprender la historia política y los sufrimientos que hubieron en este sitio a donde arribó, y sobre todo qué le sucedió a esas personas cuando las ideas que él y su moral defienden estuvieron ejerciendo el poder.

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