Nos Disparan desde el Campanario ... Los protocolos insensatos de la imbecilidad..por Gustavo Marcelo Sala
Como humanista me asusta por sobre manera cuando la psicopatía, la malevolencia y la estupidez se potencian una con otra abrevando de las canteras de un supuesto y falso determinismo histórico, inescrutable, al cual no se lo puede interpelar. Me perturba cuando en las redes compañeras leo argumentos solo posibles de ser hallados en ese nefasto libelo anónimo titulado Los Protocolos de los Sabios de Sión, alegato propagandístico antisemita que sirvió para justificar los pogromos que sufrían los judíos en la Rusia de los zares, baldón que usufructuó el nazismo para desarrollar su plan de exterminio.
Me cuesta mucho entender cómo es posible tensar tanto los argumentos hasta llegar a un punto extremo en donde algunos (muchos) logran acordar con los criminales zaristas y nazis en su visión con relación al pueblo judío, omitiendo de exprofeso los matices culturales, políticos e históricos que tiene la cuestión.
La mayoría de las naciones del mundo han tenido en su historia tiempos oscuros, en donde estuvieron al frente de sus decisiones políticas a psicópatas y criminales (nosotros los tuvimos y tenemos), es el actual caso del Estado de Israel, podemos citar centenares de ejemplos en la historia en los cuales naciones coyunturalmente poderosas se vieron impunes para desarrollar sus apetitos y es algo que debemos afrontar con firmeza y rigor denunciando y enfrentando cada atrocidad que cometen, pero de ahí a transformar ese dilema en un tema eminentemente étnico relacionado a una suerte de naturaleza endémica me parece lindante con el extravío.
Para el caso es muy importante saber utilizar los términos. Semita, sionista, hebreo, judío, ciudadano israelí propiamente dicho, o el ciudadano que pertenece a la diáspora debido a las persecuciones, no son términos asociables más allá de la intención que tenga cada quien a la hora de argumentar, cosa que habitualmente se presenta como antojadiza para justificar sus prejuicios.
Por caso semita es todo pueblo cuya génesis se encuentra en Etiopía y en el oriente medio y que mantuvieron ciertas coincidencias lingüísticas, nos referimos a los hebreos y a los árabes entre los actuales. Por lo tanto ser antisemita es acumular una gran cantidad de prejuicios que excede al pueblo judío y que incluye por ejemplo al pueblo palestino. De manera que posicionarse en contra de las políticas imperiales que desarrolla Israel en nada se relaciona con el absurdo de plantear la cuestión bajo caracterizaciones semitas o antisemitas.
El sionismo es un movimiento político nacionalista judío del que probablemente abreva el actual gobierno Israelí pero que no representa a la totalidad de los judíos. Sería como asumir que Milei representa a la totalidad del pueblo argentino. Es una idea extrema que encuentra adherentes de extrema derecha y hasta socialistas, incluso religiosos, y además existen desde la diáspora visiones críticas y revisionistas de las teorías nacidas a fines del siglo XIX en Europa de la mano del periodista Theodor Herzl. Entonces el sionismo no incluye la calidad de Judío per-se y menos la de Israelí, en donde parte de su población tampoco es religiosa. Acaso a buena parte del pueblo israelí le esté sucediendo lo mismo que a nosotros gracias a la fuerza que en democracia imponen las minorías intensas. Resumiendo nadie puede afirmar con seriedad y menos con nobleza que Italia fue sinónimo de fascismo, ni que Alemania fue sinónimo de nazismo, ni que Estados Unidos es sinónimo de trumpismo, ni que Argentina en sinónimo de mileismo, y menos que tal cosa pueda relacionarse con las creencias y con la etnografía de sus pueblos. Un detalle no menor es entender las causas del nacimiento del sionismo como teoría política. Nace como respuesta a las persecuciones que a fines del siglo XIX se estaban dando contra los judíos en Europa, sobre todo en Rusia, y la necesidad de poseer un territorio Nación para su supervivencia.
Qué el proyecto político de Netanyahu es imperial y sanguinario nadie, con cierto grado de cordura, lo puede poner en dudas, lo que me permito subrayar es que resulta necesario, no ridiculizar la argumentación bajo los sofismas que plantea Los Protocolos de los Sabios de Sion, pues esto es muy funcional a la victimización pre-textual que desea y pretende imponer el actual Primer Ministro de Israel.
AQUÍ BREVE HISTORIA SOBRE EL SIONISMO
Considero que demás está aclarar que ser judío está relacionado con una religión, con una fe, con una creencia personal y ser israelí con una nacionalidad. De manera que las generalizaciones que suele elaborar el sentido común deberían acotarse a su máxima expresión para tratar de entender que existen algunos caminos que es mejor no tomar pues su destino es el abismo.
No hay que combatir ni al judío ni al israelí ni al semita y me atrevo a extenderme al sionista, simplemente porque lo son, pues cualquiera puede creer, identificarse, opinar o pensar lo que se le cante sobre la realidad política, es una cuestión de conciencia, a los que hay que limitar y si es necesario combatir es a los psicópatas estilo Netanyahu, Trump, Milei, Orbán, Bolsonaro, Bukele, Corina Machado, Meloni, etc.
Ver esa imagen en donde se exhibe en El Chalten a una turba desquiciada persiguiento, echando e insultando a cinco jóvenes, supuestos turistas israelíes (que lo sean o no, no cambia el grado de barbarie) me retrotajo a aquellas imágenes de la alemania Nazi, y más cuando observo el beneplácito de las redes ante tal actitud. (AQUÍ EL TESTIMONIO AUDIOVISUAL)
No tengo en la actualidad amigos judíos, los tuve y la vida, por esas trampas que tiene, nos ha separado, personas las cuales guardo en mi corazón con enorme cariño, además conocí a muchos no solo durante mis cinco años trabajando en el Instituto ORT, sino que tuve la oportunidad de relacionarme cultural e institucionalmente con la comunidad. Hemos tenido algún debate fuerte con relación a sus designios bíblicos, tomados por ellos como referencia y derecho, pero jamás me topé con ciertos argumentos extremos que hoy se les endilgan, por lo menos con relación a Argentina y esa vil premisa que afirma intentar su posesión, al punto de desarrollar teorías conspirativas incendiarias. Convengamos que hace años se vienen dando estos fenómenos igneos y siempre es por la misma causa, la impericia ciudadana, con la enorme colaboración de la falta de eficacia e inversión por parte de los Estado para abortarlos prontamente. Es el mismo argumento que utiliza Bullrich para estigmatizar al pueblo Mapuche.
La Argentina de Milei se presenta, gracias a sus políticas destructivas, como un botín en disputa en donde se entremezclan apellidos de toda etnia, moral, credo e ideología, incluso nacionales, los cuales en ocasiones se hallan asociados por puntuales intereses. No necesitan incendiar tierras para que Milei les otorgue la posesión si esa es su intención.
Y ese es el problema, Milei, el cual le ha puesto bandera de remate y precio vil a nuestra Nación, manjar apetitoso en función de sus riquezas, aderezado su propósito por mayorías que se exhiben lamentablemente desinteresadas y subsumidas, entretenidas más en fábulas prejuiciosas que en realidades específicas.

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