Nos Disparan desde el Campanario.... Lo principal en la vida es no tener miedo de ser humano, afirmó Pau Casals... por Gustavo Marcelo Sala
Gráfica: Obra de Zdzislaw Beksinski
Ante tanto fascista disfrazado de liberal, convoquemos a un verdadero liberal. De inmediato notaremos la infame farsa del presente libertario. Pues cuando uno cita a Pau Casals, está citando no solo a un incomparable músico y eximio cultor del violoncello, además está delante de un notorio alegato de resistencia ante el fascismo instalado en Europa con su inquebrantable decisión de no exponer su arte públicamente ni grabar muy a pesar de las millonarias ofertas y de los entusiastas pedidos de sus colegas, hasta que las potencias democráticas no condenasen política, humana y económicamente al régimen del dictador hasta su dimisión definitiva, cuestión que para su tristeza nunca ocurrió. Imaginemos en el presente un artista consagrado, o un deportista de elite negarse a pisar tierras estadounidenses la marcada criminalidad del pedófilo Trump.
Sufrió la persecución y el olvido de las mayorías, no la de sus pares que siempre esperaron por alguna señal que les permitiera pensar sobre el final de un ostracismo voluntario. Casals es el rostro de la resistencia ante un poder omnímodo y al mismo tiempo es la solidaridad para con el exiliado y el refugiado perseguido por el régimen, compatriota desesperado que luego de cruzar la frontera franco-catalana hallaba en su casa de Prades, pequeña aldea francesa de los Pirineos orientales todo lo necesario para su existencia y la de su prole. "La tierra se vuelve cielo cuando liberas tu miedo. Lo principal en la vida es no tener miedo de ser humano. Nosotros debemos pensar que somos una de las hojas de un árbol, y el árbol es toda la humanidad. Soy un hombre primero, un artista después. No se puede separar a la música de la vida"... Llegar a los 70 y seguir resistiendo al fascismo del sistema es una epopeya, un acto de juvenil y sabia rebeldía. Son pocos. Mi admiración. No es necesario hacer el bien, aseguró Isaac Asimov, otro gran hombre, con no hacer el mal, con no hacerle daño al prójimo, alcanza.
Por otro lado, tanto la ironía como el sarcasmo, al igual que el cinismo encierran una alta dosis de pensamiento en donde las premisas y las conclusiones maridan en un sentido específico, pero metafóricamente, trazando paralelos, algunos tácitos. Gastar a alguien o hacerse el vivo argumentando ironía, sarcasmo o cinismo, como se hace en la modernidad, en nada se relaciona con la cuestión, por eso ante tanto piola suelto en la política es mejor pasar por gil. Un consejo de un viejo que sin el talento ni la capacidad de otros se está acercando a los 70, raje de esos lugares en donde no pueden explicar de qué se tratan sus contenidos. Me acabo de ir de uno de esos sitios tenebrosos en donde la brutalidad toma formato de viveza... Ergo la imbecilidad, tristemente, no es solo resorte exclusivo de los adherentes al neoliberalismo, pues buena parte de nuestros compañeros defecan por la boca la mierda que tienen en la cabeza, y se envalentonan con el hedor.
Juzgar a la revolución bolivariana desde la inacción ante las injusticias que nos caracterizan como pueblo, cuando no fuimos capaces ni siquiera de defender los logros obtenidos durante la década ganada me parece una afrenta muy burda, muy de progre palermitano. El término revolución popular, en tanto acción política que transcurra en el tiempo, es demasiado complejo como para trivializarlo con percepciones burguesas de pizzería, y más cuando esas revoluciones se enfrentan a la disyuntiva de tener que soportar los embates de los más sanguinarios déspotas del planeta.

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