Nos Disparan desde el Campanario... La fórmulas para esterilizar la conciencia social... Gustavo Marcelo Sala


“Las fórmulas de esterilización de las conciencias (dominantes en los medios de comunicación) se ensayan e imponen con más éxito que los planes de control de natalidad”

(Eduardo Galeano)





Son tiempos en los cuales los que argumentamos con honradez intelectual, va de suyo que desde nuestra subjetividad, que además lo hacemos con un lenguaje pulcro, esmerándonos en nuestra prosa para que no queden oscuridades conceptuales de modo las dudas puedan debatirse buenamente, y que asimismo no ahorramos en esfuerzos y en extensiones filológicas a favor de que nuestro interlocutor posea todos los elementos de evaluación, sean teóricos o prácticos, y ninguno quede furtivo a la espera de una celada, pues esa clase de personas, que nos importa la letra gruesa pero más la fina, vamos a tener que pedir perdón, porque resulta a las claras que evidentemente molestamos. Cuentan los entusiastas lectores de Coleridge, de Byron, de Shelley, de Keats y de Wordsworth que el hombre del sombrero partió repentinamente, si dar cuenta de su destino. Dicen que llevaba una maleta vacía, ropa de gala y anteojos ahumados, esto último lo hacía para que no sean detectados sus humores de congoja...
Es claro, el objetivo de los medios de comunicación del sistema es sedimentar mediocridad fijando gruesas capas de detritos, los cuales una vez solidificados se transforman en rocas inexpugnables, resistentes a la erosión que buenamente realiza el pensamiento crítico, el arte y la excelencia. Esto les permite tener masivos consumidores de fermentaciones mercantilizadas, segmento probadamente mayoritario, y por el cual esos tres o cuatro componentes del sistema oligopólico (los cuales se turnan a la hora de acompañan de modo transparentar negocios demasiado oscuros para que no se vean) asisten hasta el paroxismo brindando recetas cada vez más devaluadas en tanto diversidad, sabor, aroma y estética. Son tiempos en donde los medios han decidido licenciar a los fundamentos racionales a favor de conjugar el verbo en donde los pretextos justifiquen plenamente los prejuicios, de ese modo cada consumidor buscará el fermento que complazca a los suyos, en lugar de acercarse al sencillo y honesto placer que naturalmente propone la complejidad y la crítica.
Sucede que durante la primera década y media de este siglo Sudamérica ha sido un mal ejemplo y un pésimo negocio para el norte imperial, pues con lo propio ha expandido de modo horizontal su base de inclusión y equidad social a costa de limitar ciertos privilegios de los sectores dominantes, solo algunos, ni por lejos todos los necesarios y deseable para que la sociedad sea realmente inclusiva y equilibrada. La plutocracia global, ávida por instalar deuda, en donde el capitalismo financiero es la herramienta economicista del momento, se está cobrando dicha afrenta en sociedad con aquellos intereses locales que fueron afectados por aquellas políticas públicas y distributivas. No repararon medios ni miedos para llegar a sus fines.
El medio pelo, mientras tanto, lobotomizado cual fermentado mico duranbarbeano, se frota las manos y celebra junto a los caníbales de siempre, sin comprender que estos voraces e insaciables conjuntos corporativos, luego de habernos eliminado, se hallarán prestos para bocetar un nuevo banquete, orgía que tendrá a ese sector medio cumpliendo el rol de medular ingrediente culinario.
La sana politización que vio la luz de modo exponencial durante los años kirchneristas es un inciso escasamente analizado en el presente. Detalle no menor si tenemos en cuenta que ha sido característica transversal del establishment un desprecio absoluto por el debate político, estigmatizándolo, cuestión que siempre quedó supeditada a la agenda mediática de los grupos concentrados. Nada es casual. Denostar a la política con imputaciones forzadas que en nada se relacionan con su epistemología (por caso la corrupción) es la mejor manera de ocultar sus virtudes.
Trazando un paralelo con el primer período histórico peronista y ante esta hipótesis planteada me permito percibir un paisaje muy similar al observado posrevolución fusiladora. Jamás ninguna fuerza política alternativa pudo arropar a aquel colectivo peronista por más esfuerzos y proscripciones que hubo en el medio. Esta lucha popular, acaso inconsciente, silente, en algún caso violenta y contradictoria, también propició que determinados derechos obtenidos durante aquel gobierno curiosamente jamás fueran revocados, por más deseos que la plutocracia haya tenido, medidas que hubiesen sido lamentablemente lógicas en función de las posiciones políticas de los antagonistas de entonces. Sin embargo estas licencias sociopolíticas de los inquisidores de turno nunca alcanzaron para que las masas olviden qué colectivo político había sido el motor de su inclusión social.
El hecho maldito del país burgués ha escrito desde el año 2003 hasta el años 2015 un capítulo de doce años cardinalmente políticos, inolvidable para muchos sectores, ampliando derechos, acercando a la masas a lugares hasta ahora vedados, desempolvando debates inconvenientes, politizando a la política, tratando de discutir de igual a igual con el poder al poder real. Ante este nuevo hecho maldito, que volvió para romper la ordenada pretensión civilizadora del establisment dominante por tener dos partidos burgueses, uno de derecha y otro liberal progresista, modelo europeizante que nunca pondrá en riesgos los privilegios del poder real, no obstante se observa a los oficialismos fascistas demasiado cómodo de cara al futuro, pues cuando uno levanta el carbónico observa que si bien la copia sale algo borroneada y difusa los elementos comunes se exhiben sin pudor.
No nos debe extrañar entonces en el presente que en aquel pasado ignominioso Alfredo Palacios, ícono progresista, haya sido funcionario de la fusiladora, que los laboristas y sindicatos de izquierda festejaran los bombardeos y el posterior derrocamiento de Perón y que el Radicalismo, orgánicamente, más allá de haber participado directamente con violentos hechos de sangre haya aceptado participar de comicios en donde las grandes mayorías se encontraban proscriptas, sin olvidar su estrecha colaboración con cuanta dictadura se diera, se proveyendo funcionarios o militando por ellas dentro del poder judicial.
En la cresta de la ola neoliberal macrista afirmábamos que “La herramienta política en manos adecuadas tiene la “mala” costumbre de politizar todo, y eso es maravilloso porque molesta y devela, de manera que urge a por ello y a por una nueva anomalía...”

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