Nos Disparan desde el Campanario... Dormir tranquilo y pegarse dos duchas por día cómo máximas de la felicidad. .. por Gustavo Marcelo Sala
Dormir tranquilo y pegarse dos duchas por día cómo máximas de la felicidad.
Ambas, frases burguesas de autoayuda. Pero la realidad circula por otro lado pues los turros duermen bien y huelen mejor. El insomnio y la mugre de la hedionda jornada de subsistencia solo son propiedad de los utópicos que resisten ante la ignominia.
Hoy disfrutan de derechos laborales millones de personas que nada hicieron por conseguirlos, llevándose puesta a la memoria de los mártires, tal vez aquí descansa su falta de valoración pues siempre consideraron que era los incisos subyacentes prenatales que acompañaban al parto, mayorías que para peor son incapaces de levantar la voz contra aquellos que quieren limitarlos o directamente anularlos, pero que sí la levantaron contra aquel modelo kirchnerista que deseaba ampliarlos, universalizarlos, jugando aquellos a favor de los intereses de la plutocracia que los entienden como un simple costo dentro de un asiento contable.
Paradojas de un proletariado aspiracionalmente aburguesado, no en la praxis desde luego, manipulable y en consecuencia manipulado, que se ha rendido al “encantatonto” sofisma “clase media”, esto es SER extremadamente individual, aspiracionalmente distinto, y que por serlo se olvidó de Estar dentro de un Estado y entre iguales, marioneta que ha sido quebrada por un sistema que ya no necesita de hilos para manejarla. El concepto grácil "me da trabajo" o "tal o cual da trabajo" encierra el auténtico grado de subsumisión existente. Feudalismo palermitano. Es la psicopolítica, estúpido, diría Byung Chul-Han.
El capitalismo financiero ha logrado que la justicia social y el trabajo dejen de constituirse como derechos humanos, por el caso del trabajo es aceptado como un bien escaso que maneja coercitivamente el mercado como ariete de dominación. Al igual que durante el feudalismo el vasallo decía. “el señor me da comida y un lugar, no le puedo negar a mi hija, y menos a mi mujer." Los derechos no se piden, se toman, se arrancan, no se mendigan escribió José Martí.... y me atrevo a agregar, cuando se pierden también no los arrancan sin pedirnos permiso.
No es preciso darle poder a un tipo para saber lo qué es, su moral, su ética, su humanismo.
Con solo hacérselo creer alcanza
Gráfica : Universidad Nacional Arturo Jauretche

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