Nos Disparan desde el Campanario... ¿Se puede vencer desde la moral humanista a una moral psicópata?.. Por Gustavo Marcelo Sala

 


La dimensión psicópata de esta gente que gobierna nuestra Argentina es directamente proporcional al sufrimiento que nos están infringiendo. Y disfrutan con él, y sienten orgásmica satisfacción ante la posibilidad de que cada día se sumen nuevas presas a sus caníbales ágapes. Lo dicho, dirigentes, sus praecones de la administración pública, sus confidentes y adherentes poseen un correlato enfermizo común, disfrutar con el dolor ajeno para poder robarles a esos desdichados cadáveres lo poco que tenían: Un trabajo, algunos pocos derechos laborales que muchos empresarios e incluso el Estado incumplían, la posibilidad de curarse y educarse gratuitamente, jubilarse, y morir con la satisfacción de no haber dejado un modesto legado y de no haber jodido a nadie. Para un psicópata el daño inferido siempre es poco, su ego necesita más aún pues es su néctar y esencia, de manera que siempre vamos a estar varios casilleros por detrás pues jamás vamos a estar a la altura de su perversión.
Para ello y para no ser sorprendido habría que ser su calco y copia, ser naturalmente ellos, pero habida cuenta tanto la historia como la realidad marcan que en dicho inciso su superioridad y eficiencia son escandalosas.
En aquel tiempo fue Libertad, igualdad, fraternidad, propiedad y guillotina. Algunos dirán, por lo menos se intentó. Aunque a la hora de cortar cabezas la burguesía psicópata se entusiasmó demasiado y terminó degollando a los que fraternalmente los igualaron y los liberaron. ¿Todo para qué? Para que antes de cumplirse una década de la revolución arribe, con buena prensa mediante y ansias de orden, un psicópata más sanguinario que Luis XVI, que Robespierre, que Saint Just.... ese que los superó, un tal Napoleón Bonaparte, hombre imperial que enamoró a esas mismas masas que tan solo un par de años antes clamaban por la ciudadanía y la república, cuestiones que para ellas, y ante la figura del nuevo y poderoso demente, dejaron de tener relevancia.
Por cuestiones ideológicas no soy peronista, me sitúo sobre la izquierda del espectro político, abrigado por las ideas de la intransigencia. No obstante tal cosa no me priva en reconocer que nadie ha desarrollado en nuestra Patria políticas más inclusivas y equitativas que el peronismo, incisos varios y puntuales que ni sus más acérrimos enemigos desprecian en su vida cotidiana. De hecho acompañé y seguiré acompañando electoralmente en tanto esas políticas se den. Ahora bien. No existe nada más despreciable que el antiperonismo como idea. Allí está el mal argentino, incluso Félix Luna detalló que el antiperonismo es anterior al peronismo. Esta visión mesiánica y estigmatizante de un grupo político deriva de una sospechosa superioridad moral solo posible de ser motorizada, entendida y asumida por psicópatas, que hasta se dan el lujo de suponer que por tal condición son beneficiarios de ejercer además una superioridad inmoral. Los vemos, leemos y escuchamos a diario, hasta de sus conductas más abyectas y delitos más flagrantes se justifican haciendo responsable de tales perversiones al peronismo.
A comienzos del año 2016 el hoy progre e increiblemente citado Marcos Peña sentenció “En la Argentina se piensa que ser crítico es ser inteligente, pero nosotros creemos que ser entusiasta y optimista es ser inteligente, y que el pensamiento crítico, le ha hecho mucho daño a la Argentina”, tiempos aquellos en donde la psicopatía comenzaba a profundizar sus manipulación, hasta se inventaron probadores de comidas de supuestos testigos que inculparon por delitos a morsas políticas que nunca existieron.
Los psicópatas poderes fácticos habían comenzado a taladrar la realidad aplicando definitivamente el ya ensayado libreto lobotomizador by Jorge Lanata, el cual tardó algunos años en ganar la batalla. En el año 2019 recibieron un golpe duro, perono obstante el pésimo gobierno de Macri la pandemia les fue funcional pues con la gente en cuarentena, temerosa, enojada y desesperada por el futuro solo tuvieron que bombardear al ciudadano con operaciones, confusión y desinformación para debilitar aún más sus defensas. Fue simplemente echarle leñita seca a un fuego que había comenzado a despuntar.
Sucedió que a la par de los serios errores del gobierno encabezado por Alberto Fernández y bajo el estúpido lema “de la pandemia vamos a salir mejores” estaba circulando algo en el subsuelo social que no se supo leer, o mejor dicho que acaso no se quiso leer a pesar de que algunos lo estaban advirtiendo. Un singular monstruo social había dejado la adolescencia, un nuevo ciudadano estaba madurando, el individuo extremo, el narcisista que estuvo durante mucho tiempo mirándose a sí mismo, delate de la tele y a su ordenador, piedra basal de la psicopatía.
Según el Psicólogo Criminalista Robert Hare, todas las acciones de un psicópata se corresponden a conductas propias de un depredador, el cual no mide más que su satisfacción individual sin importarle la debilidad de su presa, es más, si presenta menor o nula resistencia mejor, por eso generalmente sus energías dañinas tienen como destino inicial a los más débiles de la manada.
En el año 2017 advertíamos que aquel gobierno en curso era una compleja patología social. El presente ya estaba en la cabeza de la plutocracia y los poderes fácticos.

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