Grandes
Mujeres de la Historia
Policarpa Salavarrieta, “La Pola”
Se
llamaba Policarpa Salavarrieta, pero en las guerras -sobre todo en las guerras
por la independencia americana- no había tiempo para nombres largos, y para la
gente del pueblo que luchó junto a ella, que la amó y la guardó en su recuerdo,
fue sencillamente "la Pola". Sin embargo, a su muerte no faltó el
poeta aficionado que se encargara de formar con las letras de su nombre un
anagrama: "lace por salvar la patria".
Su
vida y su epopeya se inician en los últimos años del siglo XVIII en Guaduas,
poblado sobre el camino que desde Santa Fe de Bogotá, en Colombia, baja a
Honda, a la orilla del caudaloso Magdalena. Allí se había hecho legendaria la
memoria de José Antonio Galán, cabecilla de aquellos comuneros cuyo
levantamiento hacia 1781 preludió la gran revolución americana.
Pola
fue aprendiendo desde temprano a amar esa leyenda de fragancia libertadora, y
averiguó, no sin emoción, que en la misma causa había luchado con valor
temerario otra mujer, Manuela Beltrán, que se adelantó sola, furiosa, y ante el
pueblo cohibido y silencioso arrancó la tabla donde se había inscripto el
edicto que establecía los nuevos impuestos de alcabala, y el estanco al tabaco
y aguardiente.
Era
Pola una criolla de estirpe vascongada, sin mezcla alguna de sangres, aunque
provenía de una familia humilde, de costumbres sencillas y honestas. Su casa
poco más que una chozase alzaba a dos cuadras de la plaza principal. El techo
de paja cubría dos habitaciones de pocos metros cuadrados, con paredes de caña
brava y barro y suelo de tierra apisonada.
Se
vivía al aire libre, y el poblado estaba siempre lleno de los aromas y de la
gente de campo. Visto desde lejos parecía un lugar idílico, un remanso de paz,
con su iglesia blanquísima destacándose en el valle verde salpicado de grandes
manchas de la bambúcea que le había dado su nombre. Pero al
pasar por el sitio donde la cabeza de Galán había sido expuesta sobre una pica,
todos se santiguaban y rezaban un avemaría, y por las noches, en torno de los
fogones y braseros, se recitaba con fondo de guitarras mal encordadas el
romance de los comuneros de Nueva Granada.
Cuando
en 1810 estalló la Revolución, Pola encontró enseguida su lugar en ella. Era ya
una joven bien parecida, de modales bastantes refinados para proceder del
campo, y, sobre todo, vivaz, resuelta y además inteligente.
Su método de acción consistió en organizar en la aldea una red de espionaje, ojos y oídos de la guerrilla rural y urbana. Así combatió a las tropas prepotentes de Pablo Morillo, el "Pacificador", enviado por Fernando VII para aquietar las inquietudes coloniales.
Su método de acción consistió en organizar en la aldea una red de espionaje, ojos y oídos de la guerrilla rural y urbana. Así combatió a las tropas prepotentes de Pablo Morillo, el "Pacificador", enviado por Fernando VII para aquietar las inquietudes coloniales.
Pero
pronto las sospechas de las autoridades comenzaron a caer sobre ella. Fue
preciso trasladarse a otra zona, y un día Pola se apareció en Santa Fe de
Bogotá, hospedada en la casa de Andrea Ricaurte. Allí funcionaba una de las
centrales de inteligencia de los insurrectos.
Audaz,
disimulada, hábil, diplomática, Policarpa entraba en los cuarteles y salía de
ellos como tantas otras mujeres del pueblo que llevaban a los soldados comida,
mensajes y cuidados. De esta manera conseguía enterarse de los movimientos y
preparativos de las tropas realistas. Las noticias marchaban luego con rumbo
patriota, escondidas en el dobladillo del poncho de algún paisano montado en
muía, que pasaba taciturno y sin apuro ante los puestos de guardia a la salida
de la ciudad, o bien bajo las faldas de alguna vendedora que se alejaba
contoneándose, con su cesto en la cabeza, del lugar donde Pola hacía sus
"contactos": el atrio de la iglesia.
Pero
también sabía moverse en el ámbito chismorrero del mercado, y se metía en las
casas grandes, donde solían correr noticias de más alto nivel. Cuando calculaba
que podía hablar, daba rienda suelta a la lengua, y acabó haciendo tribunas independistas
de los costureros donde iba a coser para las señoras. Muchas veces sus amigas
debieron advertirle que reprimiera un entusiasmo que podía costarle caro. Pola
permanecía entonces un rato -solo un rato- silenciosa.
Su
compañero era Alejo Sarabáin, delgado, de romántica y fiera palidez viril, con
grandes cejas y ojos negros. Tenía la misma edad que Policarpa y, como ella,
había abrazado desde el primer instante la causa revolucionaria, por la cual
había pasado momentos muy difíciles. Se encontraron en Bogotá y quedaron unidos
para siempre por el amor, la guerra y la muerte.
DESTINO SUDAMERICANO
El gobernador español Sámano se hallaba perplejo. Los patriotas que acampaban en los llanos de Casanare estaban evidentemente enterados de los movimientos realistas, pero no se sabía por qué canal se filtraban las noticias hasta ellos. .El contraespionaje fue estrechando el cerco, y uno a uno cayeron los chasquis de Policarpa. Vega y Juancho Molano fueron capturados y fusilados.
Las
tertulias subversivas en casa de Andrea se hicieron muy peligrosas. Los
mensajeros que regresaban a la ciudad comenzaron a entrar por la noche. El
espionaje perdió todo rasgo de aventura divertida: el peligro y el miedo eran
grandes.
Andrea
y la Pola apenas dormían. A cualquier hora de la noche un chasqui apurado y
nervioso podía golpear a la puerta mientras aguzaba el oído para no ser
sorprendido por la ronda. Una noche, cuando todavía no se habían acostado, un
crujido estrepitoso las dejó paralizadas. Era la puerta de la cocina, que había
cedido a los culatazos de los soldados que irrumpían en la sala segundos
después, encabezados por un sargento que las increpó con altanería. Al oírlo,
Pola sacó a relucir su lengua cargada de improperios
-¡Busque,
grandísimo...! ¡ Busque por donde le dé la gana! ¡Escarbe en la cama, en los
baúles, a ver si encuentra algo!
-¡Todos presos! -vociferó el sargento.
-¡Eso no! -replicó la Pola-. Andrea no tiene culpa de haberme dado posada, y además está criando.
Los
soldados dejaron a Andrea, pero se llevaron a Bibiano, hermano de Pola de solo
quince años. A la mañana siguiente, con Pola aferrada a los barrotes de su
celda y descargando cataratas de insultos sobre ellos, los soldados desnudaron
a Bibiano en el patio de la prisión.
-Los nombres de los que conspiran con Policarpa, o aquí están las varas ...
Silencio
de Bibiano. La vara silbó en el aire y comenzó a cortar carne, a teñir de rojo
la piel. "¡Perros cobardes!", rugía Pola. Pero fue inútil: el
muchacho no habló y a los tres días lo soltaron.
En
la redada había caído también Alejo, a quien se le descubrieron papeles de
Policarpa. Ambos estaban perdidos y lo sabían, de modo que en el juicio Pola se
dio el gusto de decir todo lo que pensaba, menos los nombres de los otros
conspiradores. El escribano tuvo que dejar de escribir, porque ya ninguna de
las expresiones de Pola era re-producible en autos.
LA MUJER Y LOS FUSILES
El 14 de noviembre de 1817 la Plaza Mayor de Bogotá amaneció con inusitado despliegue: tres mil soldados, nueve patíbulos, sordo redoble de tambores. Por primera vez se iba a fusilar a una mujer, y junto con ella a Alejo Sarabáin, a seis soldados patriotas y a un desertor.
Cuando
apareció la Pola, muy elegante con su camisón de zaraza, su mantilla de paño
azul y su sombrero cubano, no hubo ojos más que para ella. Pronto tampoco hubo
oídos más que para ella, porque su alta voz se hizo oír de continuo.
-¡Viles
americanos! -increpó al batallón Numancia-. ¡Volved esas armas contra los
enemigos de la patria!
Ya sobre el tablado, al advertir lágrimas en los rostros, dijo:
-No lloréis por mí. Llorad por la esclavitud y la opresión de vuestros compatriotas. ¡Levantaos y resistid los ultrajes que sufrís con tanta injusticia!
Seis
balas lograron por fin hacerla callar. Pero en ese mismo instante pasó a ser un
símbolo de la lucha por la independencia. El pueblo colombiano la entronizó en
sus conciencias, y los poemas e himnos escritos en su honor fueron recitados en
toda América,, Esteban Echeverría y Bartolomé Mitre escribieron en la Argentina
sendos dramas dedicados a esta heroína.
Fuente Consultada: Vida y
Pasión de Grandes Mujeres - Las Reinas - Elsa Fólder –
http://www.portalplanetasedna.com.ar/mujeres_notables.htm
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