Nos Disparan desde el Campanario.... Crónica de un exterminio anunciado.... por Gustavo Marcelo Sala



Obra del pintor polaco Maruisz Lewandowski (1960-2022)


Más allá de que Lula pueda dar vuelta los comicios o no, hay algo que resulta inescrutable, y esto es el avance y la solidificación de la perversión y la psicopatía de la humanidad, allende fronteras, latitudes, hemisferios, idiomas, culturas o credos.

¿Qué puede implicar esto de cara al futuro? Evidentemente nada bueno, pues el proceso de degradación moral que las generaciones contemporáneas están motorizando les impide ver a las sociedades las consecuencias de sus elecciones.

Los que hace más de una década y media veníamos advirtiendo como moralmente peligroso desde una modesta publicación de una pequeña localidad del sudoeste bonaerense ha tomado estatus dominante. Algunos optimistas de por entonces creyeron que se trataba de conductas meramente pasajeras, climas de época le llamaban. Siempre estuve en desacuerdo con tal simpleza pues dicho sentido común conformista, vago y culposo, adolecía del examen sociológico y antropológico que las conductas sociales ameritan y más cuando estas logran la anuencia de las mayorías por comodidad o por conveniencia.

Entonces las injusticias se comienzan a naturalizar y los pretextos se transforman en textos casi institucionales. Por ese sendero transita la humanidad del presente, y cada vez más a prisa, pues la idea cardinal de los sectores dominantes que las promueven desde varios flancos, tecnológicos y no tecnológicos, es prescindir de la mayoría de ella y que al mismo tiempo llegué lo más rápidamente posible a su auto exterminio, de modo eficientizar los costos operativos de la masacre, pues los que manejan los hilos de esa perversión son socios globales, las mismas recetas para todo el planeta.

Además y como circunstancia transcendental dentro del dilema es que lo menos importante en el presente es la política en sí propia como ciencia social, resolutiva de la pulsiones y sobre todo humanista. Esto es: Si un gobierno fue bueno, si mejoró los estandares de vida, si tuvo políticas humanistas, si la infraestructura mejoró, si se logró avanzar en tanto la inclusión y la equidad, etc. Es decir, la política concreta, la praxis de la "realpolitik" aplicada es lo que menos importa. Lo vemos claro en Brasil. Lo que importa es la "fictionpolitik", es el management (mediático) psicológico de las emociones inividualistas y hedonistas, o como afirmara Byung Chul Han, la psicología socio-política, la cual logró instaurar una nueva moral dominante que no incluye ni la solidaridad social, ni el humanismo.

 


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