Nos Disparan desde el Campanario... En aquel primer cuarto del siglo XXI... por Gustavo Marcelo Sala
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Cuadro de Zdzisław Beksiński
En aquellos años de la primera mitad del siglo XXI la moral de la injusticia y la muerte se codeaban, se sabían dominantes, se entregaban como amantes, seduciendo a propios y extraños, mentores de novedades sepias que poco y nada entendían de las complejidades que nidaban en ambas. El modelo político para armar debía contener en su anatomía IA insumos influencers, emprendedor, celebrity, resiliente si fuera posible, gestionalista, y sobre todo exitoso.
Se podía asesinar y no importaba, sea directa o culposamente, no interesaban las víctimas ni los victimarios, las causas, los efectos, las consecuencias, todo daba igual, apenas un puñado de desertores y exiliados se detenía a observar lo que estaba ocurriendo, el vértigo y el apuro por llegar a ese edén hedónico, es decir solo y a ningún lado, formaban parte del boceto emprededor, resiliencia le llamaron por entonces.
Cada uno estaba muy ocupado en sus individualidades como para demorarse en la recomposición del tejido social. Y la vertiginosa inercia se comió los años, el tiempo, nuestra máxima catastrofe, el único capital no amortizable y valioso que tiene el ser humano, la vida por vivir.
Se destejió ominosamente una malla ya de por sí débil, que era imprescindible para que las mayorías infortunadas, algunas conscientes otras no, no cayeran al hondo de un vacío irreparable, y se construyeron más huecos, y hubo más caídas y hubo mayor cantidad de desdichados.
Y también hubo más testigos pero que no tuvieron coraje para declarar, para dar testimonio, y hubo falsos moralistas palermitanos, de los altos de cada barriada, que bajaron definitivamente sus brazos porque era necesario conservar, sobrevivir burguesmente, con el poco derrame que goteaba.
Adrede, son homenajeados los pérfidos como ejemplo de civilidad, de profesionalidad y heroísmo, mientras que aquellos que le rindieron con coraje honor humanístico a la acción y al testimonio son olvidados por la misma razón. El paradigma y la metáfora del Arca mutó hacia el egocentrismo del Homo Garca emprendedor el cual "la vio" y aranceló con obediencia debida dolarizada el acceso a la salvación: El sueño occidental y judeocristiano del Arca Privatizada.
Las autoridades supieron hacer su tarea de manera eficiente. Plantaron cientos de miles de absurdas zanahorias en la segura ruta que conduce al invencible déspota interno que cada uno tiene guardado, haciéndole honor al llamamiento que a fines del siglo XIX advirtiera Ibsen: “Las mayorías nunca tienen razón, no importa donde vayas en este mundo. Los tontos son abrumadora mayoría”

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