Sin distinción de nacionalidades, etnias, géneros, clases sociales o credos observamos que buena parte de la población global se encuentra apoltronada sobre cojines rellenos de imbecilidad y de perversión lo que hace del planeta un lugar muy cómodo para los fabricantes de cojines multinacionales, pero a la vez tóxico pero adictivo, para aquellos que, primero los compran seducidos por el marketing del sistema y segundo, para luego descansar sobre ellos.
Nada más organizar un mundial de fútbol para que tal cosa se vea con exponencial claridad, pues dicha actividad potencia y revela el grado de psicopatía que posee el entusiasta en el presente, colectivo que sin exclusiones aúpa desde el sencillo hincha barrial de trapo al viento hasta del más sesudo intelectual; incluso en el marco de los medios de comunicación, los que supuestamente jugaron al futbol parecen no haberlo hecho nunca, pues sus análisis y comentarios de la cosa mutó y dista mucho de aquel juego que ellos conocieron y jugaron, a la necesidad de toxicidad que requiere un sistema en el cual sus voces y micrófonos ayudan a vender cojines.
Esta poltrona de estupidez, en la cual descansan los cojines, desde luego se encuentra predictada y está construida moral y culturalmente con dos elementos básicos de la modernidad y que hacen a su nefasta lógica cuyas dosis depende del evento, por lo que hace a un mundial un hecho exponencial, ellos son el fascismo y el machismo, pues desde sus costumbres, pasando por su lenguaje, el modo de imponer sus formas, sus alegorías y metáforas no dejan lugar a dudas sobre la “necesaridad” de tan singular estructura predictiva.
Quién no acepta esa estructura predictiva es una anomalía del sistema, acaso un sano alienado social, no entenderá muchas cosas de lo que ayer era un deporte y hoy es un negocio, su ámbito y menos comprender su lógica.
Por eso es tan natural que emerjan antojadizas teorías conspirativas las cuales son respondidas con otras tantas y delirantes teorías contraconspirativas, y esto es así porque esa estructura predictada hace que los entusiastas lo vean como asequible.
Si leemos con atención la conclusión de Varoufakis, hombre que respeto, el cual encabeza mis consultas cuando de economía deseo comprender algún fenómeno global, intelectual por el que sentí enorme tristeza cuando sus esfuerzos por una Grecia económicamente soberana fueron traicionados y derrotados, se come la curva casi panglossianamente, angelando la mismo tiempo la derrota de Argentina y la victoria de España, algo así como un soplo de justicia, entendiendo que quien representa la feroz comercialización y los trucos empresariales de la actividad es una nación marginal y con su única atracción en retirada.
Y esto es así porque el bueno de Yanis aceptó con gracilidad la teoría conspiranoica difundida e impuesta por los medios eurocentristas, tomada como vademécum por los medios de América Latina, la cual indica que Argentina, supuestamente una Nación no multicultural, disfuncional e insalubre, era tributaria de beneficios espurios muy alejados de las coyunturas deportivas.
El ejemplo Varoufakis es demoledor para entender que no es necesaria la ignorancia para arribar a los senderos de la estupidez. Como vemos también en este inciso el progresismo es tal y nunca será revolucionario porque su lógica está alineada al sistema para corregirlo, no para transformarse en una anomalía.
Es cierto que estamos gobernados por un grupo de desquiciados, nadie mejor que nosotros lo sabe, una minoría intensa de las tantas que pululan por el mundo y que quien sufre ese desquicio es el pueblo profundo, es decir esos millones de hombres y mujeres que en todo caso deberíamos ser tratados con algo más de compasión, mayorías que están muy alejadas de los tributos mercantiles de los que habla Varoufakis.
También es cierto que estamos padeciendo un clima de época insalubre en Argentina, como no es descabellado sospechar que en breve suceda lo mismo en España con el avance de la ultraderecha global de VOX en alianza con el PP.
¿Qué dirá Varoufakis entonces ante una España en la que llegue el día que deje de ser multicultural y sana? ¿Tal vez considere que debería devolver la copa porque asesinaron aquel espíritu justo ?

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