Nos Disparan desde el Campanario…. Epistemología de la Ignorancia… Por Maher Asaad Baker

 

 

Abstracto

Tradicionalmente, la ignorancia se ha tratado en epistemología como una ausencia pasiva de conocimiento o como un fallo cognitivo temporal que se corrige mediante la indagación. Este artículo cuestiona dicha premisa al proponer una epistemología social del desconocimiento estructurado. Argumenta que la ignorancia no es simplemente lo opuesto al conocimiento, sino una condición epistémica activa y socialmente construida que desempeña un papel central en el mantenimiento de las relaciones de poder. A partir de los avances en epistemología social, teoría feminista y filosofía crítica de la raza, el artículo conceptualiza la ignorancia como un logro sistemático, en lugar de un defecto epistémico. Mediante una síntesis crítica de la agnotología, las taxonomías feministas de la ignorancia y la explicación de Charles Mills sobre la ignorancia blanca, el artículo demuestra cómo el desconocimiento se organiza, normaliza y mantiene estratégicamente en las instituciones sociales. Estas perspectivas teóricas se extienden a contextos contemporáneos, como los sistemas de información algorítmicos, la producción de conocimiento académico y la formación de identidades racializadas, ilustrando cómo las infraestructuras epistémicas modernas reproducen patrones de ignorancia bajo la apariencia de neutralidad o eficiencia. El artículo concluye que abordar la injusticia epistémica requiere más que la acumulación de conocimiento; exige una atención crítica a las estructuras que generan ignorancia y la justifican para quienes se benefician de ella. Al reposicionar la ignorancia como objeto central de la investigación epistemológica, el artículo contribuye a los debates actuales en epistemología social sobre el poder, la responsabilidad y la ética del conocimiento.

1. Introducción

1.1 La ignorancia como problema filosófico

La ignorancia ha ocupado durante mucho tiempo una posición incómoda y marginal dentro de la epistemología occidental. Las tradiciones epistemológicas clásicas y contemporáneas han centrado abrumadoramente sus análisis en el conocimiento: su naturaleza, justificación, límites y transmisión. Dentro de este marco, la ignorancia suele aparecer únicamente como la contraparte negativa del conocimiento, definida como la ausencia de creencia verdadera, un déficit que debe subsanarse mediante la investigación o un obstáculo temporal en el camino hacia el progreso epistémico. Ser ignorante, desde esta perspectiva, es simplemente carecer de aquello que idealmente se debería poseer. Esta concepción trata la ignorancia como epistémicamente irrelevante en sí misma, reducible a limitaciones cognitivas individuales o lagunas de información contingentes.

Este artículo parte de la premisa de que este enfoque tradicional no solo es incompleto, sino activamente engañoso. La ignorancia no siempre es accidental, pasiva o corregible. Tampoco se comprende adecuadamente como un estado mental puramente individual. Por el contrario, la ignorancia suele presentarse como un fenómeno estable, estructurado y socialmente organizado, que persiste incluso en contextos caracterizados por abundante información e instituciones avanzadas de producción de conocimiento. En tales casos, la ignorancia no indica un fracaso epistémico, sino más bien el éxito de determinados acuerdos sociales, políticos e institucionales. La persistencia de la ignorancia generalizada sobre la violencia colonial, la injusticia racial, el daño ambiental o la desigualdad estructural no puede explicarse plausiblemente por una simple falta de evidencia disponible. Más bien, estas formas de desconocimiento apuntan a mecanismos más profundos que rigen lo que se considera visible, creíble o digno de atención dentro de una comunidad epistémica determinada.

La tesis central de este artículo es que la ignorancia debe considerarse un objeto sustantivo de investigación epistemológica. Más precisamente, argumenta que la ignorancia debe entenderse como una forma de desconocimiento estructurado: una condición activamente producida, distribuida y mantenida a través de las relaciones sociales de poder. Al desplazar el enfoque analítico de la ignorancia como mera ausencia hacia la ignorancia como función epistémica, el artículo contribuye a un creciente corpus de trabajos en epistemología social que examinan cómo el conocimiento y el desconocimiento se configuran conjuntamente por las estructuras sociales.

1.2 Del déficit individual a la estructura social

La epistemología tradicional ha tendido a modelar al sujeto epistémico como un individuo abstracto, sin distinción social, que busca la verdad mediante la deliberación racional y la evaluación de la evidencia. En estos modelos, la ignorancia se presenta principalmente como un fallo a nivel del individuo que conoce: evidencia insuficiente, razonamiento erróneo o capacidad cognitiva limitada. Si bien estas explicaciones han aportado valiosas perspectivas sobre la justificación y la formación de creencias, resultan difíciles de explicar patrones de ignorancia duraderos y a gran escala que se correlacionan sistemáticamente con la posición social, el poder institucional o los privilegios históricos.

La epistemología social cuestiona esta orientación individualista al enfatizar el carácter inherentemente social de las prácticas epistémicas. El conocimiento se produce, circula y valida dentro de comunidades estructuradas por normas de testimonio, autoridad, confianza y exclusión. Una vez que se toma en serio esta dimensión social, la ignorancia ya no puede entenderse únicamente como una deficiencia personal. En cambio, emerge como algo que puede distribuirse de manera desigual entre los grupos, incentivado por las instituciones y estabilizado mediante narrativas culturales y estructuras materiales.

Este cambio, del déficit individual a la estructura social, resulta especialmente relevante en los casos en que la ignorancia parece beneficiar a ciertos grupos mientras perjudica a otros. El desconocimiento selectivo de las poblaciones dominantes respecto a la injusticia racial, el daño de género o la explotación colonial suele coincidir con la preservación de la inocencia moral, la legitimidad política o la ventaja económica. En tales contextos, la ignorancia funciona como una forma de aislamiento epistémico, protegiendo a los agentes e instituciones de las exigencias normativas que impondría el conocimiento. Permanecer ignorante no es simplemente no saber, sino eludir las responsabilidades que conlleva el conocimiento.

Comprender la ignorancia de esta manera exige abandonar la suposición de que los bienes y fracasos epistémicos se distribuyen simétricamente o son neutrales en cuanto a valores. En cambio, la ignorancia debe analizarse como parte de una economía epistémica en la que la atención, la credibilidad y la comprensión se asignan según las relaciones de poder. Este artículo adopta esta perspectiva socioestructural como punto de partida.

1.3 Ignorancia, poder e injusticia epistémica

El vínculo conceptual entre ignorancia y poder es fundamental para el argumento aquí desarrollado. El poder no solo moldea lo que se sabe, sino también lo que se desconoce, lo que resulta difícil de conocer y lo que se vuelve ininteligible o inverosímil dentro de los marcos interpretativos dominantes. La ignorancia, en este sentido, no es ajena al poder, sino uno de sus instrumentos clave.

Las teorías de la injusticia epistémica han demostrado cómo los grupos marginados se ven sistemáticamente perjudicados en su capacidad de conocimiento mediante prácticas que socavan su credibilidad o los privan de los recursos conceptuales necesarios para comprender sus experiencias. Sin embargo, la injusticia epistémica también tiene una dimensión complementaria: la protección sistemática de los grupos dominantes frente al conocimiento que cuestionaría su posición. En este caso, la ignorancia opera de forma asimétrica, aislando a los poderosos y, al mismo tiempo, imponiendo a los marginados el costo de ser conocidos, examinados y expuestos.

Esta asimetría sugiere que la ignorancia debe analizarse no solo como un daño infligido a quienes se les niega el conocimiento, sino también como un privilegio del que disfrutan quienes pueden permanecer en la ignorancia. La capacidad de permanecer ignorante sin consecuencias —de considerar la ignorancia como razonable, excusable o incluso virtuosa— se distribuye de manera desigual. El desconocimiento estructurado funciona, por lo tanto, como un mecanismo de injusticia epistémica, reforzando las jerarquías sociales al determinar quién debe saber y quién puede permanecer ignorante.

Al destacar esta dinámica, el artículo busca integrar las perspectivas de la epistemología feminista y la filosofía crítica de la raza en el marco analítico de la epistemología social. Estas tradiciones han enfatizado durante mucho tiempo la forma en que las normas epistémicas se entrelazan con las relaciones de dominación, exclusión y resistencia. En lugar de considerar estas perspectivas como críticas externas, el artículo argumenta que son indispensables para cualquier explicación adecuada de la ignorancia como fenómeno social.

1.4 Marco teórico y alcance

El argumento desarrollado en este artículo se basa en tres conjuntos de trabajos interrelacionados. En primer lugar, aborda la literatura sobre agnotología y la epistemología de la ignorancia, que ha cuestionado la suposición de que la ignorancia es meramente accidental o epistémicamente neutra. En segundo lugar, se apoya en análisis epistemológicos feministas —en particular, taxonomías de la ignorancia— que revelan cómo el no saber está situado, cargado de valores y, a menudo, se mantiene activamente. En tercer lugar, incorpora análisis críticos de la ignorancia racializada, especialmente el concepto de ignorancia blanca, que teoriza la ignorancia como un requisito estructural de la dominación racial.

Estos marcos conceptuales no se tratan como elementos independientes, sino como perspectivas que se iluminan mutuamente sobre un fenómeno compartido. En conjunto, respaldan la afirmación de que la ignorancia puede ser epistémicamente productiva, socialmente funcional y normativamente relevante. Este artículo no pretende ofrecer un catálogo exhaustivo de todas las formas de ignorancia, ni tampoco una sociología puramente empírica de la misma. Su objetivo es, en cambio, conceptual y normativo: esclarecer cómo funciona la ignorancia dentro de los sistemas epistémicos y por qué merece una atención filosófica constante.

Para demostrar la relevancia actual de este marco teórico, el artículo examina diversos ámbitos en los que el desconocimiento estructurado resulta especialmente evidente, como los sistemas de información algorítmicos, la producción de conocimiento académico y la formación evolutiva de las identidades sociales. Estos casos no se tratan como estudios empíricos en sí mismos, sino como aplicaciones ilustrativas de las afirmaciones teóricas desarrolladas previamente.

1.5 Estructura del documento

El artículo se estructura de la siguiente manera. La sección 2 sitúa el análisis dentro de la epistemología social, trazando el cambio conceptual de la ignorancia como ausencia a la ignorancia como fenómeno socialmente estructurado. La sección 3 examina las taxonomías feministas de la ignorancia, centrándose en cómo las diferentes formas de no saber cumplen funciones epistémicas y políticas distintas. La sección 4 desarrolla un análisis detallado de la ignorancia racializada desde la perspectiva de la ignorancia blanca y la racialización de las normas epistémicas. La sección 5 aplica el marco teórico a los regímenes epistémicos contemporáneos, incluyendo las infraestructuras digitales, las instituciones académicas y la formación de la identidad. La sección 6 ofrece una discusión normativa sobre la responsabilidad, la agencia y la culpabilidad en relación con la ignorancia. El artículo concluye reflexionando sobre las implicaciones de tratar la ignorancia como un objeto central de la epistemología social y esbozando líneas de investigación futuras.

2. De la ausencia a la estructura: la ignorancia en la epistemología social.

Tradicionalmente, la ignorancia se ha conceptualizado en epistemología como una ausencia pasiva, una pieza faltante en el rompecabezas epistémico definida por la falta de conocimiento, creencia verdadera o justificación. Dentro de este paradigma, la ignorancia se consideraba epistémicamente irrelevante: simplemente lo que queda cuando no hay conocimiento. Sin embargo, trabajos filosóficos e interdisciplinarios recientes desafían este marco centrado en la ausencia, argumentando que la ignorancia no puede entenderse adecuadamente sin considerar las estructuras sociales que la producen, la perpetúan y la normalizan. Esta sección describe el cambio de perspectiva, pasando de ver la ignorancia como una falta a comprenderla como un fenómeno socialmente estructurado, dependiente del contexto e intrínsecamente ligado a las relaciones de poder.

2.1 La negligencia de la ignorancia en la epistemología tradicional

La mayoría de los marcos epistemológicos canónicos se centran en el conocimiento como el bien epistémico central, relegando la ignorancia a una categoría derivada definida por lo que le falta en relación con el conocimiento. Incluso en los debates sobre el error, el escepticismo o las limitaciones cognitivas, la ignorancia suele presentarse como un fallo epistémico que debe superarse, en lugar de como un objeto de investigación en sí mismo. Esta laguna ha atraído un creciente escrutinio filosófico, ya que los investigadores señalan que no toda ignorancia se reduce a la ausencia de creencia o evidencia. Algunas formas de ignorancia son persistentes, presentan patrones y se resisten a la corrección incluso cuando la información es fácilmente accesible. Estos fenómenos requieren herramientas conceptuales que vayan más allá de los modelos de déficit y se pregunten por qué y cómo persiste dicha ignorancia en contextos sociales e institucionales, en lugar de simplemente afirmar que existe.

2.2 Agnotología y construcción social de la ignorancia

Un enfoque influyente que cuestiona el modelo de ausencia es la agnotología, definida en términos generales como el estudio de la ignorancia producida cultural y socialmente. La agnotología pone de relieve los mecanismos mediante los cuales se genera la ignorancia, haciendo hincapié en la intencionalidad, la organización social y las estructuras de incentivos institucionales. En su formulación original dentro de los estudios de ciencia y tecnología, la agnotología examinó casos como la fabricación deliberada de dudas por parte de la industria tabacalera sobre los riesgos para la salud del tabaquismo, demostrando cómo la ignorancia puede construirse activamente en lugar de simplemente ocurrir pasivamente. [1]

Los análisis agnotológicos revelan que la ignorancia puede moldearse deliberadamente mediante prácticas de omisión, ofuscación, énfasis selectivo o priorización institucional. Estos mecanismos suelen implicar asimetrías de poder: las corporaciones, los estados y las instituciones influyentes pueden contar con los recursos y la autoridad necesarios para moldear la comprensión pública o suprimir ciertos recursos epistémicos. La contribución de la agnotología a la epistemología social radica en la comprensión de que la ignorancia puede ser una condición socialmente construida, no solo una laguna incidental, y que su persistencia a menudo refuerza las estructuras de poder preexistentes.

2.3 Más allá de la ausencia: una perspectiva ampliada de la epistemología social

La epistemología social amplía la epistemología tradicional al destacar el papel de la interacción social, las instituciones, las normas de testimonio y la confianza comunitaria en la configuración de los resultados epistémicos. Desde esta perspectiva, tanto el conocimiento como la ignorancia son productos de procesos sociales que involucran a múltiples agentes, redes de información y normas colectivas. Dentro de este marco, la ignorancia no es simplemente lo que un individuo desconoce, sino una condición socialmente estabilizada con dimensiones colectivas. Casos de ignorancia generalizada sobre problemas sociales apremiantes —como el racismo sistémico, la negación del cambio climático o los impactos del colonialismo— sugieren que la ignorancia puede reforzarse institucionalmente incluso ante la existencia de pruebas sólidas.

Las principales contribuciones en este campo destacan que la ignorancia puede perpetuarse mediante factores como la exclusión de testimonios, las asimetrías de información y la complacencia epistémica dentro de las comunidades. Al analizar la ignorancia como un fenómeno mediado social e institucionalmente, la epistemología social permite una comprensión más profunda de por qué ciertas áreas de ignorancia persisten a pesar de los esfuerzos por difundir el conocimiento, y cómo dicha ignorancia se relaciona con las relaciones de poder.

2.4 Conceptualización de la ignorancia dentro de la epistemología social

Trabajos filosóficos recientes identifican distintas concepciones de la ignorancia que van más allá del modelo de ausencia. Una taxonomía influyente distingue entre (1) la ignorancia como simple falta de conocimiento o creencia verdadera, (2) la ignorancia sostenida por perspectivas falsas mantenidas activamente, y (3) la ignorancia como una práctica sustantiva con sus propias propiedades normativas y funcionales. [2]

Este esquema tripartito subraya un cambio importante: la ignorancia no siempre es un subproducto de la evidencia limitada o del error cognitivo, sino que puede ser constitutiva de ciertas prácticas sociales. Puede mantenerse mediante normas discursivas, prioridades institucionales o incentivos epistémicos que recompensan el desconocimiento. Por ejemplo, las normas sociales que valoran la ignorancia de hechos históricos incómodos pueden funcionar para proteger la autoimagen colectiva y los privilegios arraigados. La mera posibilidad de que la ignorancia sea un estado deseable en algunos contextos indica que su carácter epistémico no puede ser comprendido completamente solo por los modelos de ausencia.

Esta reconceptualización sienta las bases para comprender la ignorancia como un fenómeno socialmente estructurado que refleja y refuerza las relaciones de poder. Al situar el análisis dentro de la epistemología social, comenzamos a comprender no solo por qué la ignorancia es relevante desde un punto de vista filosófico, sino también cómo funciona dentro de sistemas sociales más amplios. Las secciones posteriores se basan en este fundamento, integrando perspectivas feministas y de la teoría crítica de la raza que revelan otras dimensiones del desconocimiento estructurado.

3. Taxonomías del no saber: Contribuciones feministas

3.1 La ignorancia como fenómeno situado y con carga normativa

La epistemología feminista ha desempeñado un papel decisivo en la desestabilización de la visión de la ignorancia como algo epistémicamente neutro o meramente accidental. Frente a las suposiciones epistemológicas tradicionales que consideran a los sujetos cognoscentes como intercambiables y socialmente anónimos, las teóricas feministas argumentan que tanto el conocimiento como la ignorancia están situados: surgen de posiciones sociales específicas moldeadas por el género, la raza, la clase y el poder. Desde esta perspectiva, la ignorancia no es simplemente la ausencia de una creencia justificada, sino una condición que a menudo se produce, se mantiene y se justifica dentro de estructuras sociales particulares.

Una idea central de la epistemología feminista es que la ignorancia no se distribuye de manera uniforme. Por el contrario, los patrones de desconocimiento se correlacionan con estructuras de dominación y exclusión. Quienes se encuentran más cerca de los centros de poder suelen estar protegidos de ciertos tipos de conocimiento, mientras que los grupos marginados se ven obligados a adquirir una amplia conciencia epistémica para desenvolverse en entornos hostiles. La ignorancia, en este sentido, funciona de forma asimétrica: perjudica a algunos y protege a otros. Esta asimetría no puede explicarse únicamente por un fallo cognitivo individual; exige un análisis estructural y normativo de las prácticas epistémicas.

3.2 Nancy Tuana y la epistemología de la ignorancia

La obra de Nancy Tuana representa uno de los intentos más sistemáticos de teorizar la ignorancia como un fenómeno epistémico complejo. En su influyente análisis de la ignorancia en el contexto del movimiento por la salud de las mujeres, Tuana argumenta que la ignorancia debe entenderse como un fenómeno activamente producido y mantenido, en lugar de una laguna pasiva en la comprensión científica o social [3]. Su contribución es particularmente significativa porque proporciona un vocabulario conceptual para distinguir diferentes formas de desconocimiento, cada una con funciones epistémicas y políticas distintas.

Tuana cuestiona la premisa de que el crecimiento del conocimiento elimina naturalmente la ignorancia. En cambio, demuestra que los avances en el conocimiento pueden coexistir con la persistencia de la ignorancia e incluso contribuir a ella. Las agendas de investigación científica, las prioridades de financiación y las normas institucionales pueden descuidar sistemáticamente ciertas cuestiones mientras amplifican otras. La ignorancia se convierte así en un subproducto de la selectividad epistémica moldeada por valores sociales, más que por consideraciones puramente epistémicas.

Fundamentalmente, Tuana insiste en que la ignorancia está cargada de valores. Las decisiones sobre qué merece la pena saber son inseparables de los juicios morales y políticos, incluso cuando se presentan como neutrales o técnicos. Esta perspectiva vincula la epistemología feminista con la epistemología social al revelar cómo las normas epistémicas están integradas en relaciones de poder social más amplias.

3.3 Formas de ignorancia: una taxonomía feminista

Tuana desarrolla una taxonomía de la ignorancia que ilustra la multiplicidad de formas en que se puede producir y mantener el desconocimiento [3]. Si bien las categorías específicas dependen del contexto, la taxonomía cumple una función filosófica más amplia: muestra que la ignorancia no es un fenómeno monolítico, sino una familia de estados epistémicos con diferentes orígenes y efectos.

Una forma de ignorancia implica lagunas reconocidas que, sin embargo, se consideran irrelevantes para una investigación más profunda. En estos casos, los agentes pueden ser conscientes de su desconocimiento, pero carecen de la motivación, los incentivos o el apoyo institucional necesarios para adquirir ese conocimiento. Otra forma se refiere a la ignorancia no reconocida, donde los marcos conceptuales dominantes hacen que ciertas preguntas sean literalmente impensables. En este caso, la ignorancia no se experimenta como ausencia, sino como completitud epistémica.

Otra categoría abarca la ignorancia deliberadamente cultivada, donde la información se retiene, se oculta o se descarta activamente para proteger las relaciones de poder existentes. Esta forma de ignorancia es particularmente significativa para la epistemología social porque revela cómo el desconocimiento puede ser instrumentalmente racional para los agentes dominantes, a la vez que resulta epistémica y moralmente injustificable.

Finalmente, Tuana introduce la noción de ignorancia amorosa: un reconocimiento éticamente motivado de los límites de nuestra comprensión de las experiencias vividas por otros. A diferencia de las formas opresivas de ignorancia, la ignorancia amorosa no busca preservar el dominio, sino resistir la arrogancia epistémica. Esta distinción subraya la complejidad normativa de la ignorancia y advierte contra la idea de considerar todas las formas de desconocimiento como fallos epistémicos.

3.4 Ignorancia feminista e injusticia epistémica

Los análisis feministas de la ignorancia están estrechamente vinculados a concepciones más amplias de la injusticia epistémica. Cuando ciertos grupos son sistemáticamente excluidos de la autoridad epistémica o se les niega la credibilidad como conocedores, sus experiencias no logran moldear los recursos epistémicos compartidos. Esta exclusión no solo perjudica a esos grupos, sino que también empobrece la comprensión colectiva. La ignorancia, en este sentido, no es simplemente algo que sufren los grupos marginados, sino algo de lo que se benefician los grupos dominantes.

Al poner de relieve estas dinámicas, la epistemología feminista replantea la ignorancia como un ámbito de preocupación ética y política. La ignorancia deja de ser una mera deficiencia epistémica que debe corregirse para convertirse en un fenómeno cuya persistencia exige explicación y crítica. Este replanteamiento sienta las bases para análisis de la ignorancia que se centran explícitamente en la raza y el poder colonial, donde el desconocimiento se convierte en un requisito estructural de la dominación, en lugar de un subproducto incidental.

3.5 De ​​la ignorancia feminista a las estructuras epistémicas racializadas

Las taxonomías feministas analizadas en esta sección establecen dos afirmaciones esenciales para el resto del artículo. Primero, la ignorancia está socialmente situada y cargada de connotaciones normativas. Segundo, la ignorancia puede producirse y perpetuarse activamente de maneras que sistemáticamente benefician a algunos grupos sobre otros. Estas afirmaciones crean un puente conceptual hacia los análisis de la ignorancia racializada, donde el desconocimiento está inmerso en estructuras históricas y políticas a gran escala.

La siguiente sección parte de esta base examinando el concepto de ignorancia blanca, que teoriza la ignorancia no solo como una actitud individual o una negligencia institucional, sino como una característica estructural de la dominación racial. Al extender las perspectivas feministas al ámbito de la raza, este trabajo aclara aún más cómo la ignorancia funciona como una forma de poder epistémico.

4. La ignorancia blanca y la racialización del conocimiento.

4.1 La ignorancia como estructura epistémica racializada

El concepto de ignorancia blanca representa uno de los desarrollos teóricos más significativos en la epistemología de la ignorancia. En lugar de considerar la ignorancia como un subproducto incidental de la desinformación o la limitación cognitiva, la literatura sobre la ignorancia blanca conceptualiza el desconocimiento como un logro epistémico sistemático integrado en órdenes sociales racializados. Desde esta perspectiva, la ignorancia no solo se correlaciona con la dominación racial, sino que es una de sus condiciones posibilitantes.

En el ámbito de la epistemología social, esto representa un cambio decisivo. La ignorancia ya no se entiende como un déficit epistémico distribuido uniformemente entre los agentes, sino como un fenómeno estructuralmente diferenciado cuya persistencia depende de la posición social. La ignorancia blanca designa los patrones por los cuales los grupos raciales dominantes permanecen ajenos —o mal informados— sobre la injusticia racial, la violencia histórica y la desigualdad estructural, a pesar de la amplia evidencia disponible. Fundamentalmente, esta ignorancia no es accidental. Se sustenta activamente mediante normas sociales, prácticas institucionales y marcos epistémicos que hacen que ciertas formas de conocimiento resulten ininteligibles, inverosímiles o moralmente inconvenientes. [4]

Los análisis filosóficos de la ignorancia blanca, por lo tanto, amplían las explicaciones feministas de la ignorancia situada al poner de relieve la raza como un eje central a lo largo del cual se distribuyen la autoridad epistémica y la ceguera epistémica.

4.2 La ignorancia blanca y la distorsión de las normas epistémicas

Una contribución clave de la literatura sobre la ignorancia blanca es la afirmación de que la dominación racial opera no solo a través de mecanismos materiales o políticos, sino también mediante la distorsión epistémica. Las normas epistémicas dominantes —como los ideales de objetividad, neutralidad e indiferencia ante las diferencias raciales— pueden ocultar, en lugar de revelar, las relaciones de poder racializadas. De este modo, la ignorancia se reproduce no solo mediante falsedades explícitas, sino también a través de marcos interpretativos que tergiversan sistemáticamente la realidad social.

Linda Martín Alcoff sostiene que la ignorancia blanca debe entenderse como un fenómeno epistémico que moldea la percepción, la interpretación y la memoria tanto a nivel individual como colectivo [4]. En lugar de simplemente carecer de información, quienes operan dentro de marcos epistémicos dominados por la perspectiva blanca suelen poseer un conocimiento distorsionado que se resiste activamente a la corrección. Los testimonios de personas racializadas pueden ser descartados por sesgados o excesivamente subjetivos, mientras que las narrativas dominantes se tratan como universales y autorizadas. El resultado es una forma de aislamiento epistémico que protege a quienes ostentan el poder de reconocer su propia posición.

Esta distorsión se extiende a la comprensión histórica. Las prácticas de memoria selectiva, la creación de mitos nacionales y la omisión curricular funcionan como mecanismos de amnesia social, permitiendo a los grupos dominantes disociar las desigualdades actuales de las historias de conquista, esclavitud y exclusión. Dicha amnesia no es mera ignorancia histórica; es una estrategia epistémica que sustenta la inocencia moral y la legitimidad política.

4.3 La ignorancia blanca como motivación y función

Un paso analítico importante en la teorización de la ignorancia blanca es el rechazo de las explicaciones puramente causales en favor de las funcionales. La ignorancia blanca persiste no solo porque los individuos no encuentran la evidencia adecuada, sino porque el desconocimiento cumple funciones sociales y morales cruciales. Permite que los agentes dominantes se beneficien de estructuras injustas sin sentirse cómplices de la injusticia.

Desde esta perspectiva, la ignorancia opera como una forma de cognición motivada. Reconocer la plena realidad de la injusticia racial requeriría no solo una revisión cognitiva, sino también una reflexión moral y una redistribución material. Por lo tanto, la ignorancia blanca funciona como una fuerza estabilizadora, preservando los acuerdos existentes al hacer que las alternativas resulten inimaginables o irrazonables. Esto explica por qué dicha ignorancia suele demostrar una notable resistencia ante la evidencia en contra. [5]

La epistemología social resulta particularmente idónea para analizar este fenómeno, ya que pone de relieve cómo las prácticas epistémicas se insertan en las estructuras de incentivos. Cuando las instituciones premian la conformidad con las narrativas dominantes y penalizan la indagación crítica desde una perspectiva racial, la ignorancia se vuelve epistémicamente racional dentro de esos contextos, aunque siga siendo moralmente indefendible. La ignorancia blanca, por lo tanto, ejemplifica la afirmación más amplia que se plantea en este artículo: la ignorancia puede ser epistémicamente funcional sin dejar de ser normativamente injusta.

4.4 Testimonio, credibilidad y autoridad epistémica

La ignorancia de la población blanca también se reproduce a través de asimetrías en la credibilidad de los testimonios. Quienes hablan sobre sus experiencias de injusticia suelen enfrentarse al escepticismo, el rechazo o la distorsión interpretativa. Su testimonio a menudo se considera anecdótico, cargado de emotividad o con motivaciones políticas, mientras que las perspectivas dominantes se presentan como objetivas e imparciales. Estas asimetrías de credibilidad refuerzan la ignorancia al filtrar sistemáticamente los recursos epistémicos que podrían cuestionar las concepciones dominantes.

Esta dinámica ilustra cómo la ignorancia no es simplemente una falta de atención, sino un patrón estructurado de asimilación selectiva. La autoridad epistémica se racializa: algunas voces se amplifican, otras se silencian. Con el tiempo, estas prácticas dan forma a los recursos epistémicos colectivos, determinando qué se considera sentido común y qué se descarta como radical o inverosímil. La ignorancia blanca se reproduce, por lo tanto, a nivel de las normas epistémicas mismas, y no solo a través del prejuicio individual.

Es importante destacar que este análisis evita psicologizar la ignorancia. La ignorancia blanca no requiere que todos los individuos blancos rechacen conscientemente la evidencia ni que se engañen intencionadamente. Más bien, opera a través de la socialización en entornos epistémicos donde ciertas formas de ignorancia se normalizan y se recompensan. Este análisis estructural relaciona la ignorancia blanca con teorías más amplias sobre la ignorancia socialmente producida, analizadas en secciones anteriores.

4.5 De ​​la ignorancia racializada a la responsabilidad epistémica

Reconocer la ignorancia como un fenómeno racializado plantea interrogantes normativos sobre la responsabilidad epistémica. Si la ignorancia se produce socialmente y se mantiene institucionalmente, ¿hasta qué punto se puede responsabilizar a los individuos por ella? La literatura sobre la ignorancia blanca sugiere que la responsabilidad no desaparece con una explicación estructural; más bien, se desplaza de actos aislados de conocimiento a patrones de participación epistémica.

Los agentes inmersos en estructuras epistémicas dominantes tienen la responsabilidad de examinar críticamente las normas y los supuestos que configuran su comprensión. Esto incluye la responsabilidad de prestar atención a los testimonios marginados, cuestionar las pretensiones de neutralidad y resistir la comodidad epistémica cuando entra en conflicto con la justicia. Desde esta perspectiva, la ignorancia blanca no es meramente lamentable; tiene una gran relevancia ética precisamente porque puede evitarse mediante un trabajo epistémico que los agentes dominantes a menudo se muestran reacios a emprender.

Esta reflexión sienta las bases para la siguiente sección, que examina cómo las instituciones y tecnologías contemporáneas reproducen formas estructuradas de ignorancia en condiciones que a menudo parecen neutrales, eficientes o libres de valores.

5. Regímenes contemporáneos de desconocimiento estructurado

5.1 Ignorancia algorítmica e infraestructuras epistémicas digitales

Los regímenes contemporáneos de ignorancia están cada vez más mediados por infraestructuras digitales que organizan el acceso a la información a una escala sin precedentes. Los motores de búsqueda, los sistemas de recomendación y las plataformas de redes sociales suelen presentarse como herramientas de empoderamiento epistémico, que prometen neutralidad, eficiencia y acceso personalizado al conocimiento. Sin embargo, trabajos recientes en epistemología social y estudios críticos de la información demuestran que estos sistemas también funcionan como poderosos mecanismos generadores de ignorancia. Lejos de limitarse a reflejar las preferencias de los usuarios, los sistemas algorítmicos configuran activamente qué se puede conocer, cómo se accede a la información y qué preguntas parecen relevantes.

Desde la perspectiva que se desarrolla en este artículo, la ignorancia algorítmica ejemplifica el desconocimiento estructurado: una ignorancia que no surge de la censura explícita ni del engaño, sino de decisiones de diseño, lógicas de clasificación y estrategias de optimización que priorizan la participación, la rentabilidad o la conveniencia institucional sobre la justicia epistémica. La opacidad de los sistemas algorítmicos agrava aún más este problema. Cuando los usuarios no pueden ver cómo se filtra o prioriza la información, la ignorancia se normaliza como una característica inevitable de la vida digital, en lugar de un resultado cuestionable del diseño sociotécnico.

Análisis filosóficos recientes sostienen que tales sistemas ejemplifican lo que podría denominarse ignorancia por diseño [6]. La información puede estar técnicamente disponible, pero permanecer epistémicamente inaccesible debido a la supresión de la jerarquía, las posibilidades de la interfaz o las configuraciones predeterminadas que desvían la atención del conocimiento perturbador o incómodo. En este sentido, la ignorancia algorítmica se alinea estrechamente con explicaciones anteriores de la ignorancia estructural: no se trata de la ausencia de información, sino de la gestión de la atención.

5.2 Búsqueda, elección y externalización de la agencia epistémica

Los sistemas algorítmicos también reconfiguran la capacidad de acción epistémica al externalizar funciones epistémicas clave —como la selección de fuentes, la evaluación de la relevancia y la valoración de la credibilidad— a procesos automatizados. Esta externalización suele presentarse como una solución a la sobrecarga de información. Sin embargo, al mismo tiempo, reduce las oportunidades para el análisis crítico y refuerza la dependencia epistémica de sistemas cuyos valores y prioridades permanecen opacos.

En tales entornos, la ignorancia se vuelve razonable. Los usuarios pueden confiar justificadamente en los resultados de búsqueda o en las recomendaciones sin cuestionar activamente sus limitaciones. Sin embargo, esta confianza racional tiene un costo: la responsabilidad epistémica se traslada de los agentes a las infraestructuras, mientras que las consecuencias normativas de la ignorancia siguen distribuyéndose de manera desigual. Al igual que con la ignorancia racializada, quienes ya están marginados tienen más probabilidades de sufrir los perjuicios del conocimiento distorsionado o suprimido, mientras que los grupos dominantes permanecen epistémicamente aislados.

Es importante destacar que la ignorancia algorítmica no opera de manera uniforme. Interactúa con jerarquías sociales preexistentes, amplificando las narrativas dominantes y marginando las perspectivas disidentes o subalternas. Esta dinámica refleja debates anteriores sobre la injusticia testimonial y las asimetrías de credibilidad, ahora manifestadas en el ámbito de los sistemas sociotécnicos.

5.3 Ignorancia institucional en la academia contemporánea

La universidad suele idealizarse como un espacio de investigación crítica y producción de conocimiento. Sin embargo, desde la perspectiva de la epistemología social, las instituciones académicas también funcionan como poderosos focos de reproducción de la ignorancia. El diseño curricular, las fronteras disciplinares y las normas de legitimidad académica pueden marginar sistemáticamente ciertas formas de conocimiento, al tiempo que ensalzan otras.

La ignorancia institucional en el ámbito académico se manifiesta frecuentemente a través de pretensiones de neutralidad o pureza disciplinaria. Los temas de investigación que desafían los supuestos políticos o epistémicos dominantes pueden ser descartados como activistas, anecdóticos o insuficientemente rigurosos. Al mismo tiempo, los marcos epistémicos eurocéntricos o coloniales suelen considerarse universales y sin distinción. Esta asimetría refuerza la ignorancia al determinar qué se considera investigación legítima y quién se considera un conocedor creíble.

Estas prácticas institucionales guardan una estrecha relación con análisis previos sobre la ignorancia blanca. La academia no solo no logra corregir la ignorancia social, sino que a menudo participa en su estabilización al reproducir jerarquías epistémicas bajo el pretexto de la objetividad. En este contexto, la ignorancia se perpetúa no por falta de conocimientos especializados, sino por el uso selectivo de la autoridad epistémica.

5.4 Ignorancia basada en el desarrollo y la identidad

La ignorancia estructurada no es solo institucional o tecnológica; también es evolutiva. Las identidades sociales se forman dentro de entornos epistémicos que normalizan ciertas formas de desconocimiento y problematizan otras. Desde la primera infancia, los individuos aprenden no solo qué es conocimiento valioso, sino también qué es mejor dejar sin examinar.

Las investigaciones sobre la socialización racial indican que la ignorancia sobre la injusticia estructural a menudo se aprende activamente, en lugar de heredarse pasivamente. El silencio, la evasión y los llamamientos a la indiferencia ante las diferencias raciales funcionan como lecciones epistémicas, enseñando a los individuos cuándo no deben hacer preguntas y cómo interpretar la falta de conocimiento como neutralidad moral. Estos procesos de desarrollo ilustran cómo la ignorancia se interioriza, moldeando la percepción y las emociones tanto como las creencias.

Estas dinámicas respaldan aún más la afirmación central del artículo: la ignorancia no es un fallo epistémico marginal, sino un mecanismo fundamental a través del cual los órdenes sociales se reproducen a lo largo de las generaciones.

6. Discusión: Ignorancia, responsabilidad y agencia epistémica.

6.1 Reconsiderando la responsabilidad epistémica en condiciones estructurales

Una implicación fundamental de considerar la ignorancia como un fenómeno socialmente estructurado es que complica las explicaciones tradicionales de la responsabilidad epistémica. La epistemología clásica tiende a situar la responsabilidad en el nivel del agente individual: una persona es culpable de ignorancia en la medida en que no reúne pruebas, no razona adecuadamente o no revisa sus creencias al enfrentarse a pruebas en contra. Si bien este marco abarca ciertos casos de ignorancia culpable, resulta inadecuado para analizar la ignorancia que se produce y se consolida mediante normas institucionales, infraestructuras tecnológicas y prácticas sociales heredadas.

Los análisis desarrollados en secciones anteriores sugieren que muchas formas contemporáneas de ignorancia —racializada, algorítmica o institucional— no son resultado de una negligencia epistémica aislada. Más bien, surgen en entornos que recompensan sistemáticamente el desconocimiento y penalizan la disrupción epistémica. En tales contextos, la ignorancia puede ser epistémicamente normal, incluso racional, en relación con los incentivos y normas disponibles. Esto plantea una aparente tensión: si la ignorancia es inducida estructuralmente, ¿se puede responsabilizar epistémicamente a los individuos por ella?

La respuesta que aquí se defiende es que la explicación estructural no elimina la responsabilidad, sino que la reconfigura. La responsabilidad pasa de actos discretos de formación de creencias a patrones de participación epistémica. Los agentes no son responsables de ocupar entornos que generan ignorancia, pero sí pueden ser responsables de cómo se relacionan con esos entornos: si se ajustan acríticamente a las normas epistémicas dominantes o si cuestionan activamente las condiciones que hacen que la ignorancia sea razonable.

6.2 Ignorancia culpable, no culpable e ignorancia privilegiada

Distinguir entre las distintas formas de ignorancia es crucial para atribuir responsabilidades adecuadamente. Cierta ignorancia no es culpable: los individuos pueden carecer de acceso a la información, el tiempo o los recursos conceptuales necesarios para saber lo contrario. Otras formas de ignorancia, sin embargo, se comprenden mejor como ignorancia privilegiada: estados de desconocimiento que son posibles y se mantienen gracias a las ventajas sociales.

La ignorancia privilegiada se distingue epistémicamente porque suele ir acompañada de una protección frente a las consecuencias negativas de la ignorancia. Quienes se benefician del privilegio racial, institucional o tecnológico pueden permanecer ignorantes sin afrontar los costos materiales o morales que sufren los demás. Esta asimetría es fundamental para comprender por qué persiste dicha ignorancia. No solo se tolera, sino que se fomenta tácitamente, presentándola como neutralidad, objetividad o sentido común.

Dentro de este marco, la culpabilidad no depende de si los agentes buscan intencionalmente la ignorancia, sino de si rechazan la fricción epistémica; es decir, si se resisten a afrontar desafíos creíbles a su comodidad epistémica. La ignorancia se vuelve culpable cuando los agentes evitan activamente el conocimiento desestabilizador, desestiman testimonios marginados o recurren a normas estructurales como excusas para la complacencia epistémica.

6.3 Agencia epistémica más allá del individualismo

Una de las contribuciones más significativas de una epistemología social de la ignorancia es su replanteamiento de la agencia epistémica. Si la ignorancia se produce socialmente, entonces la agencia epistémica no puede entenderse únicamente en términos de gestión individual de creencias. En cambio, la agencia debe analizarse relacionalmente, como algo que se ejerce dentro de las estructuras epistémicas y, a veces, en contra de ellas.

Desde esta perspectiva, la agencia epistémica implica la capacidad de reconocer los límites de la propia posición epistémica, cuestionar las normas que rigen la credibilidad y la relevancia, y abordar afirmaciones de conocimiento que desestabilizan los marcos interpretativos dominantes. Esta forma de agencia se distribuye de manera desigual. Los agentes marginados a menudo se ven obligados a desarrollar una mayor conciencia epistémica como condición para la supervivencia, mientras que los agentes dominantes tienen la opción de la retirada epistémica.

Reconocer esta asimetría es fundamental para evitar una falsa equivalencia entre la ignorancia en distintas posiciones sociales. No toda ignorancia tiene el mismo peso moral, ni exige el mismo esfuerzo epistémico para superarla. Una concepción de la agencia epistémica situada socialmente permite esta diferenciación sin caer en el relativismo ni justificar la injusticia.

6.4 Ignorancia, racionalidad y bienestar moral

Un tema recurrente en este artículo es la distinción entre racionalidad epistémica y justificación moral. Muchas formas de ignorancia estructurada son racionales dentro de sus entornos epistémicos específicos. Confiar en los sistemas algorítmicos, acatar la autoridad institucional o aceptar las narrativas históricas dominantes pueden ser estrategias razonables para desenvolverse en entornos informativos complejos. Sin embargo, la racionalidad en este sentido estricto no implica permisibilidad moral.

La ignorancia se vuelve éticamente problemática cuando sirve para preservar estructuras sociales injustas o para impedir que los individuos reconozcan su propia implicación en el daño. En tales casos, las mismas características que hacen que la ignorancia sea epistémicamente conveniente —eficiencia, comodidad, plausibilidad— también la convierten en moralmente sospechosa. Esta tensión subraya la necesidad de normas epistémicas que sean sensibles no solo a la búsqueda de la verdad, sino también a la justicia.

La epistemología social de la ignorancia, por lo tanto, cuestiona la premisa de que las virtudes epistémicas pueden definirse independientemente del poder social. Sugiere que la humildad intelectual, la apertura y la responsabilidad deben reinterpretarse a la luz de las condiciones estructurales en las que se producen el saber y el no saber.

6.5 Objeciones y aclaraciones

Una posible objeción al planteamiento aquí desarrollado es que corre el riesgo de politizar excesivamente la epistemología, reduciendo la evaluación epistémica a una crítica moral o política. Sin embargo, esta objeción presupone una clara distinción entre normas epistémicas y valores sociales, precisamente la distinción que la epistemología social ha demostrado ser insostenible. La afirmación no es que toda ignorancia sea moralmente reprochable, sino que algunas formas de ignorancia no pueden comprenderse adecuadamente sin hacer referencia a las relaciones de poder.

Otra preocupación es que enfatizar la estructura pueda menoscabar la capacidad de acción individual al presentar a los agentes como productos pasivos de su entorno. Este artículo rechaza esa implicación. El análisis estructural no niega la capacidad de acción, sino que constituye una condición previa para comprender las circunstancias en las que se ejerce. Al visibilizar estas condiciones, la epistemología de la ignorancia amplía, en lugar de restringir, el espacio para la acción epistémica responsable.

6.6 Hacia una ética del saber y del no saber

El análisis desarrollado en esta sección apunta hacia un proyecto ético más amplio: la articulación de normas que rijan no solo lo que debemos saber, sino también cuándo la ignorancia misma se vuelve éticamente inaceptable. Dicha ética debe atender a las asimetrías de poder, acceso y consecuencias. Asimismo, debe reconocer que la responsabilidad epistémica se distribuye de manera desigual, exigiendo más de aquellos cuya ignorancia está protegida estructuralmente.

Comprender la ignorancia como poder no implica su eliminación —un objetivo imposible e indeseable—, sino la transformación de las estructuras que hacen que ciertas formas de ignorancia resulten sistemáticamente ventajosas. Esta orientación ética sienta las bases para las reflexiones finales del artículo sobre la justicia epistémica y las implicaciones políticas del desconocimiento.

7. Conclusión

Este artículo sostiene que la ignorancia no debe entenderse como una mera ausencia de conocimiento, ni como un fallo contingente de la cognición individual, sino como un fenómeno epistémico socialmente estructurado y con consecuencias políticas. Al situar la ignorancia en el marco de la epistemología social y basándose en análisis feministas, críticos de la raza y de las instituciones contemporáneas, el artículo demuestra que el desconocimiento suele producirse, mantenerse y recompensarse activamente dentro de estructuras sociales específicas.

La idea central —que la ignorancia puede funcionar como una forma de poder— se ha desarrollado en diversos ámbitos. Las epistemologías feministas revelan cómo la ignorancia se distribuye y estabiliza de manera diferencial mediante normas de credibilidad y autoridad. La teoría crítica de la raza expone cómo las formas racializadas de ignorancia, en particular la ignorancia blanca, operan como escudos epistémicos que protegen a los grupos dominantes de la responsabilidad moral y política. Casos contemporáneos relacionados con algoritmos, instituciones académicas y la formación de la identidad demuestran que el desconocimiento estructurado no es una anomalía histórica, sino una característica definitoria de la vida epistémica actual.

En conjunto, estos análisis cuestionan los modelos epistemológicos individualistas y neutrales en cuanto a valores. Demuestran que las normas epistémicas no pueden desvincularse de las condiciones sociales en las que se produce y se retiene el conocimiento. La ignorancia, al examinarla detenidamente, emerge no como lo opuesto al conocimiento, sino como uno de sus elementos constitutivos, que moldea lo que se ve, lo que se ignora y lo que se vuelve ininteligible.

Reconocer la ignorancia como un fenómeno estructurado no implica pesimismo epistémico. Más bien, permite una comprensión del conocimiento más realista y éticamente atenta. Al identificar los mecanismos mediante los cuales la ignorancia se normaliza y legitima, la epistemología social adquiere las herramientas conceptuales necesarias para criticar la injusticia epistémica y articular estándares más exigentes de responsabilidad epistémica. La tarea, entonces, no consiste en eliminar la ignorancia por completo, sino en cuestionar las estructuras que hacen que ciertas formas de ignorancia resulten persistentemente ventajosas.

8. Limitaciones y direcciones para futuras investigaciones

A pesar de su amplitud, este artículo presenta varias limitaciones que apuntan a futuras líneas de investigación.

En primer lugar, el análisis ha sido principalmente teórico. Si bien se abordaron ejemplos contemporáneos, el artículo no realizó una investigación empírica sobre los mecanismos que generan ignorancia dentro de instituciones o sistemas tecnológicos específicos. Investigaciones futuras podrían combinar provechosamente la epistemología social con métodos empíricos de la sociología, los estudios de ciencia y tecnología o los estudios de datos críticos para examinar cómo opera la ignorancia estructurada en contextos concretos.

En segundo lugar, el debate sobre la responsabilidad siguió siendo en gran medida normativo. Es necesario seguir investigando para desarrollar análisis más detallados de la culpa, la obligación y la reparación epistémicas en contextos de ignorancia estructural. Esto incluye cuestiones sobre la responsabilidad colectiva, la rendición de cuentas institucional y la distribución del trabajo epistémico en contextos marcados por profundas asimetrías de poder.

En tercer lugar, si bien este artículo se centró en la raza, el género y la posición institucional como ejes principales de la diferenciación epistémica, otras dimensiones —como la discapacidad, la desigualdad global y la vulnerabilidad ecológica— merecen una atención más exhaustiva. Los análisis comparativos entre las distintas formas de ignorancia estructural podrían esclarecer qué mecanismos son generales y cuáles son específicos de cada ámbito.

Finalmente, el concepto de desconocimiento estructurado invita a un mayor refinamiento. Futuros trabajos filosóficos podrían explorar su relación con conceptos afines como la resiliencia epistémica, la ignorancia estratégica y el desconocimiento deliberado, así como sus implicaciones para la deliberación democrática y la razón pública.

En conjunto, estas directrices subrayan la importancia más amplia de la epistemología de la ignorancia. Lejos de ser un subcampo marginal, ofrece una perspectiva crítica a través de la cual se pueden reevaluar las prácticas epistémicas contemporáneas y sus implicaciones éticas.

 

·         Maher Asaad Baker escritor y periodista sirio.

Fuente: Philosophie.ch Link de Origen: https://www.philosophie.ch/2026-01-13-baker

 

 

Lecturas adicionales recomendadas:

 

-          Injusticia Epistémica, texto en PDF de Miranda Fricker

La Filósofa británica Miranda Fricker acuñó en el año 2007 el concepto en función de definir una injusticia testimonial la cual ocurre cuando el conocimiento de una persona es ignorado o su credibilidad es cuestionada por los prejuicios derivados de la pertenencia de esta persona a un determinado grupo social,  y una injusticia hermenéutica, la cual ocurre cuando la experiencia de una persona no es comprendida (por ella misma o por los demás) porque no hay ningún concepto disponible que pueda identificar o explicar adecuadamente aquella experiencia.

https://infanciastrans.org/wp-content/uploads/2023/07/Injusticia-Episte%CC%81mica.pdf

 

-          Milei, el topo, y la epistemología de la ignorancia… por Darío Balvidares

La epistemología de la ignorancia se convierte en matriz política del gobierno: un dispositivo que intenta naturalizar la precarización, la desinformación, controlar el acceso al conocimiento y legitimar la represión sistemática.

La epistemología de la ignorancia permite comprender cómo el poder organiza la ausencia de saberes como una trama que selecciona qué conocimientos circulan y cuáles se silencian. En esa administración del desconocimiento se inscribe la injusticia epistémica, que deslegitima voces y experiencias, ya sea porque se las considera poco fiables —como ocurre con los testimonios de jubilados reprimidos o de familias que denuncian el gatillo fácil— o porque se les niegan las herramientas conceptuales necesarias para nombrar su propia situación.

La ignorancia se convierte en un recurso político que disciplina y precariza, y la injusticia epistémica en el mecanismo que impide que esas voces puedan disputar el sentido, un poco más allá del instrumental sentido común.

 

 

Texto completo:

https://huelladelsur.ar/2026/01/02/milei-el-topo-y-la-epistemologia-de-la-ignorancia/

 

 

 


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