Nos Disparan desde el Campanario…. OTRO OBISPO ASESINADO !!!... por Eduardo Schiel

 

 

                  Aunque terminé mi secundario en el Colegio Nacional Julio Roca, prócer si los hay de los gauchócratas oligarcas, el resto de mi adolescencia transcurrió dentro de instituciones católicas. Incluso, aunque cubrí algunas horas extras como monaguillo, no llegué a ser un devoto practicante en ese momento, ni tampoco a lo largo de la vida. No obstante, en esos años estuve muy vinculado con la militancia del MSTM - Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo - por distintos canales. Con una influencia bastante directa, me dejó huellas de su impronta el Obispo de Avellaneda Mons. Jerónimo Podestá, incluso con su libro “La Violencia del Amor”, con los Cristianos para la Liberación, con el cura Carlos Mugica, entre muchos.

Como consecuencia de todo ello, conocí la labor de los principales pastores surgidos de las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de la Conferencia de Medellín de 1968, referenciados en distintos curas y obispos que hacían una Opción Preferencial por los Pobres. Por lo tanto, no podría decirse que me resultaban ajenos gran parte de la estructura nacional y la feligresía de la Iglesia Católica, de uno u otro lado “de la grieta”, en aquellos años de transformaciones del 60 y del 70, de potentes movimientos sociales y políticos del mundo post colonial. No obstante, cuando pude volver a ver a mi mamá y a mi papá, en la cárcel de San Nicolás, después de un tiempo de estar detenido desaparecido a fines de 1976, me causó sorpresa enterarme que esto era posible no sólo por su incansable y dolorosísima constancia de golpear todas las puertas y mantener firme la denuncia y el reclamo, sino por la importante colaboración del Obispo de San Nicolás –ciudad donde permanecí torturado y secuestrado- Carlos Ponce de León, de quien jamás había escuchado hablar ni tenía registro alguno de su existencia..

Entre otras importantes ayudas, la certeza de quienes me tenían detenido desaparecido, que no eran otros que los militares de ejército del Batallón de Ingenieros de Combate 101 de dicha ciudad, responsables de la mayoría de los asesinatos, robos y desapariciones clandestinas de la zona.

Mi papá, abogado respetuoso y practicante de toda la liturgia del derecho liberal, la primera puerta que fue a golpear fue la del juzgado federal de la ciudad, donde el que hacía de juez negó todo conocimiento de la desaparición de mi compañera y la propia. También de cualquier recurso para intentar alguna respuesta. Mi Viejo desconocía en ese momento que este individuo llamado Luis Milesi había sido proclamado en esa poltrona directamente desde ese mismo cuartel militar, ascendido de sargento mayor a juez federal dibujado, con mucho olor a bosta de caballo del corral de donde saltó para violar la ley y la constitución, en un escarnio –inclusive para los domesticados, con cincha y bozal- miembros de la judicatura dictatorial. Este era una pieza central del engranaje criminal. Estando desaparecido, torturado y seriamente lastimado, pretendió hacerme firmar una declaración incriminatoria bajo amenaza de muerte. El único apoyo efectivo, entonces, fue el del obispo que preparó una severa nota dirigida al jefe del regimiento y del Área Militar 132 coronel Manuel Saint Amant, exigiendo nuestra aparición con vida. Fue recibida por el mayor Fernando Bossier, que en ese mismo momento - que negaba todo conocimiento sobre nuestro paradero - estaba al mando de la patota que nos estaba torturando hasta muy cerca de la muerte. Allí les dice que es una muy mala recomendación porque “ese es uno de los cuatro obispos rojos de la Argentina”.

A las semanas fuimos “legalizados” en la cárcel de San Nicolás. Gracias a las gestiones de mi mamá -ferviente católica- y de otras madres de prisioneros logramos que Ponce de León pudiera ingresar a darnos una misa. Lo conocí personalmente junto a su inmenso valor humano y pastoral, aunque sin poder intercambiar comentarios, pudo decirnos entre medias palabras, lo que estaba ocurriendo en el país y en su diócesis. Al año siguiente cuando estaba trasladado a la temida cárcel federal de La Plata UP9, en la visita semanal, mi mamá muy compungida me dice que Ponce de León había muerto en un accidente de tránsito. En esas circunstancias donde me encontraba totalmente aislado, sin ningún tipo de noticia del exterior, le contesté sin dudar -con una íntima convicción- que había sido asesinado.

Este 11 de JULIO SE CUMPLEN 49 AÑOS DEL HOMICIDIO DEL OBISPO CARLOS PONCE DE LEON EN 1977, QUE HOY SIGUE IMPUNE.

 

Siempre que se habla del asesinato de un Obispo de la Iglesia el conocimiento popular sólo piensa en Angelelli. A Ponce de León no se lo registra, no figura en los listados de crímenes de lesa humanidad. En 1984, como parte de la CONADEP, tomé declaración a una persona que viajaba en el Renault 4 con el Obispo, en el momento del atentado, de nombre Víctor Martinez (Legajo Conadep Nro. 734) , que pese a su inmediato secuestro por los militares y su posterior exilio ayudado por la Iglesia, regresó al país para testimoniar sobre todas las amenazas y agresiones sufridas y es la prueba viva de cómo fue el homicidio, justo al año del exitoso “acchidente”, al estilo de Vito Corleone, donde la misma dictadura cívico militar asesinó en la Rioja al Obispo Enrique Angelelli, con la misma matriz criminal. Luego de ese horrendo crimen, Ponce de León comentó en una reunión “ahora me toca a mí”.

Como redactor del Informe Nunca Más incorporé el caso Ponce de León (pág.359) dentro del capítulo más extenso “Religiosos” (pág 347 y sig.) sin que hasta ese momento ni siquiera existiera denuncia, obviamente tampoco condena, como tampoco existe hoy día, después de medio siglo. Sin embargo, en esas páginas del Nunca Más no se encuentran individualizados una considerable cantidad de miembros de las iglesias, sacerdotes, pastores, seminaristas, laicos, monjas y catequistas que sufrieron la agresión, la desaparición y la muerte durante el año previo de preparación del golpe de estado. Intenté cubrir ese vacío con el capítulo 12 “Los Religiosos” en mi libro “Nunca Más ni Nunca Menos”, pág.173 a 193.

Desde aquel momento, luego del “juicio a las juntas militares”, en el país transcurrieron veinte (20) años de impunidad, olvido y encubrimiento, las leyes de Punto Final, Obediencia Debida, y finalmente los Indultos de Menem, dando una libertad insoportable a homicidas, torturadores, saqueadores, apropiadores de bebes y genocidas, para que pudieran zafar de la ley y la persecución penal, por olvido, fuga, exilio, incapacidad cierta o fraguada, senilidad o muerte natural.

A partir de 2006, gracias al presidente Néstor Kirchner, se recuperó el estado de derecho pleno y la vigencia de la Constitución Nacional. Se reabrieron los juicios y después de la denuncia del crimen por el Secretario de DD.HH. Eduardo Luis Duhalde, me presenté como querellante en la causa penal en representación de la familia del Obispo Ponce de León. Antes de ello, también como querellante en causa propia, con otras partes víctimas y desaparecidos logramos la condena a cadena perpetua del mayor (torturador) – luego ascendido a coronel en mérito a los valiosos y patrióticos servicios prestados - Fernando Bossier y algunos otros secuaces. El principal señalado era el jefe, coronel Saint Amant, pero no llegó al momento dilatado de la sentencia por haber partido impune antes al mundo subterráneo "clan – y- sin –destino", privándonos a todos los querellantes y víctimas de un claro día de Justicia. En un careo que solicitó el criminal Bossier, que nuestra defensa y el tribunal me sugería no aceptar, por el riesgo de facilitar a las defensas alguna acción penal en mi contra por falso testimonio, como la ocurrida con el testigo presencial del homicidio de Ponce de León, le insistí para saber quienes eran los “otros cuatro obispos rojos de la Argentina !” sin que se animara con ninguna contestación, bajando la vista y repitiendo que él no había sido....

Con mi actuación profesional en el caso Ponce de León la causa recayó en el titular del juzgado federal dr.Villafuerte Russo, a quien conocía de su época de estudiante por haberle prestado algunos libros de derecho civil. El sargento mayor, aunque muy menor de altura y de moral -antecesor en dicho juzgado- ya había fugado hacia abajo, impune por muerte prematura. Tomando un café con Villafuerte Russo luego de asegurarme que “Carlitos” Menem Jr. había sufrido un accidente con el helicóptero y no un atentado como repetía su madre, según la causa que atendía en su juzgado, distendido me confesó también estar convencido que el obispo había muerto en un accidente automovilístico, según lo que había podido colectar con distintos sectores de la sociedad de San Nicolás. Y eso realmente era así, por la complicidad y el encubrimiento de los poderosos sectores empresarios, políticos, sindicales y ruralistas, incluso alguno eclesial, en el homicidio del Obispo. Solo como un dato de ello, el presidente de la sociedad rural local se llamaba homónimamente Luis Milesi. Todo esto era concordante hasta ese momento con la actuación de Villafuerte Russo, entre otros, la acusación al único testigo Victor Martinez por falso testimonio, amenazándolo con prisión y dejándolo fuera del proceso. Recusamos entonces a este juez. Luego también con otras querellas a quien lo suplantó, un juez de apellido Martinez, razón por la cual bauticé jocosamente dicho trámite como “la causa de los Martínez”, siendo también el apellido del supuesto chofer de la camioneta que atropelló al Obispo, que nunca pudo ser indagado ni hallado, después de su declaración en comisaría en la época de los hechos en 1977.

El juez subrogante que asumió era de nombre Marcelo Bailaque, del juzgado federal nro. 4 de Rosario. A lo largo de muchos años a cargo de la querella de Ponce de León, la causa no superó la carátula de “averiguación preliminar de las causas de muerte” con la contumaz acción de Bailaque de “pisar la causa” por todos los medios que le fuese posible, pese a la ímproba tarea de los fiscales federales, que como en las otras causas de lesa humanidad cumplieron una tarea enorme. Aún, frente a una pericia accidentológica realizada con un programa casi único en el mundo, provisto por la policía de Austria y utilizada por la policía federal para casos muy controvertidos y ejecutada en la causa por un profesional de alta capacitación, aportado por nuestra parte, donde se concluía que con los datos puros de los dos vehículos colisionados, la temperatura ambiente, la visibilidad, el estado de la ruta 9 donde fue el choque, la velocidad, la forma en la cual se encontraron los vehículos, etcétera, incorporados al sistema tecnológico surgía que indubitablemente no se correspondía a la conclusión del juzgado de ¿accidente de tránsito?  sino al arrollamiento intencional, provocado por una camioneta nueva de gran porte, con radicación domiciliaria a unos metros de la sede del cuartel de la SIDE en la ciudad de BsAs.. Sin embargo, no se hizo lugar al cambio de carátula y se siguió dilatando el tiempo esperando que muriesen los principales acusados y se gastara la causa. Todo eso hasta el año 2016, fecha desde la cual no pude seguir personalmente al frente de la querella. El Obispo doctor Carlos Ponce de León se había comprometido con mi vida y yo me prometí comprometerme por el esclarecimiento de su muerte. Sentí que no lo había logrado. Finalmente llegamos a este presente. Hoy Marcelo Bailaque, está separado de la magistratura y dictado su prisión preventiva con una domiciliaria en su mansión de un country en las afueras de la ciudad de Rosario, imputado en tres causas penales ligadas al narcotráfico, extorsión y mal manejo de fondos públicos. Se le prohibió la salida del país y embargó sus cuantiosos bienes y cuentas. Acusado de presionar a testigos, borrar prueba judicial de dispositivos informáticos, extorsión con coimas a dos financistas para cerrar una causa promovida por la AFIP. Está acusado también de prevaricato, abuso de poder, corrupción, cohecho, en varias causas, presunto favoritismo a redes delictivas vinculadas al narcotráfico y de haber incorporado durante años en su propio juzgado al hijo de su íntimo amigo, contador del narcotraficante más importante de Rosario que se encuentra preso en Ezeiza. Cuando esta noticia tomó estado público - al estilo Adorni - le consiguió otro conchabo en otro Tribunal Oral Federal 1, donde también trabaja uno de sus hijos. Los otros dos hijos también están dentro del mismo poder federal, asi como su esposa, todos los cuales se hayan bajo investigación judicial de su patrimonio, por sus oscuros manejos de lavado de dinero. Todas estas decisivas imputaciones en el Consejo de la Magistratura para destituirlo de su cargo donde “hacía de juez” con una injustificable demora desde hace años. Acorralado y agobiado, hace algunos meses pidió la renuncia, pero este reciente 1 de julio pasado Javier Niley le aceptó la misma, salvándolo del juicio político y evitando la pérdida de su abultada jubilación. En las causas penales los fiscales le están pidiendo diez años de cárcel.

Hoy la causa de Ponce de León finalmente está caratulada como homicidio y habrá que esperar si en algún momento habrá condenados, algunos de los que oportunamente fueron imputados, sobretodo si se encuentran con vida y en condiciones de responder por los delitos de lesa humanidad que han cometido.

HACE MEDIO SIGLO ASESINARON AL OBISPO DR.CARLOS PONCE DE LEON.

PRESENTE !!!

DIOS Y LA PATRIA LO DEMANDAN



EDUARDO SCHIEL es abogado, integrante de la CONADEP como miembro redactor del NUNCA MÁS.  Fue docente como ayudante en derecho constitucional II en la cátedra de la UBA del Dr. Arturo Enrique Sampay (1973/74) quien fuera presidente de la Convención Constituyente en la Reforma de 1949, y Profesor Adjunto en igual cátedra de la UNLZ del Dr. César Arias (1986/87), ministro de justicia y firme impulsor de la reforma constitucional de 1994. Eduardo Schiel es autor del Libro NUNCA MÁS, NI NUNCA MENOS, además fue ex dirigente sindical de la seguridad social, detenido desaparecido y preso político entre 1976-1981. Testigo en el “Juicio a las Juntas Militares”, Causa 13/84 en donde fueron condenados Videla y Massera. Abogado laboralista en varios sindicatos e integró distintos Organismos de DD.HH. Querellante en causas de lesa  humanidad, apoderado de Abuelas de Plaza de Mayo en el Juicio por la Verdad de Mar del Plata (2000). 

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