Fuente: Bloghemia
Link de origen: https://bloghemia.com/2026/05/la-maquina-de-fabricar-presidentes-carolina-camacho.html
Había una vez un país en el que todos
querían ser presidentes. Una especie de máquina de fabricar políticos como
homenaje a la maquinaria capitalista que se propone tener un plantel de
presidentes latinoamericanos a los que poder manejar como títeres. No había
motivo aparente para pensar que en Argentina había una escuela para formar
presidentes. O, a lo mejor, ya éramos escuela y recién ahora nos estamos
empezando a dar cuenta. La máquina de hacer chorizos goza de buena salud. Tal
vez estábamos haciendo escuela mirando House of Cards desde hace
bastante tiempo.
Lo cierto es que todos querían y
deseaban, en su fuero más íntimo y no tan íntimo, ser presidentes. Sabían que
llegar al sillón de Rivadavia les garantizaba vivir en Puerto Madero o en un
country de la zona norte de la ciudad, como mínimo.
Es verdad que somos un país
presidencialista por historia, pero tal vez deberíamos atrevernos a empezar a
ponerlo en duda. Tal vez haya que cambiar la Constitución e inventar nuevas
cosas.
Fabricar presidentes como quien
fabrica pan caliente o churros rellenos es, mínimamente, sospechoso en un país
donde el hambre y la miseria están a la orden del día. Tal vez, justamente por
eso mismo, la pobreza no garantiza nunca seres educados, y viceversa. En un
país donde todos quieren llegar a ser presidentes es notorio que a la gente no
le gusta demasiado trabajar y que la educación hizo agua desde hace largas
décadas. Hizo agua en el vacío de contenidos; hizo agua en ignorar los mercados
que, guste o no, existían; hizo agua en no hablar sinceramente de la poca
demanda social que había y hay para la gente profesional —y esto está pasando
desde hace muchísimo tiempo—; hizo agua en bajarse del podio ni bien dejaron de
escucharse los aplausos. Hizo agua en no reflexionar sobre una verdadera pedagogía
de lo que nos estaba pasando como sociedad.
Digamos las cosas como son: el
neoliberalismo nunca se fue del todo. Un proyecto cultural como el kirchnerismo
inventó cargos para un grupo de personas privilegiadas que tenían contactos e
hicieron caudillismo desde siempre. Y nadie tiene por qué ofenderse por decir
la verdad. Esas personas, contadas con los dedos y bañadas de cargos, le dieron
una inyección de adrenalina al Estado cuasi muerto que había dejado el proyecto
cultural del menemismo y, por ende, esa inyección se hizo extensiva a la
sociedad. Durante algunos años algo pareció reflotar y, de hecho, reflotó
ciertamente, pero no tardarían en verse los distintos deterioros en el Estado y
una economía que se fue debilitando dentro de sus cuatro paredes.
Duele, pero existen personas en este
país que no quieren que el país progrese, y están en ambos lados de la grieta.
Eso es lo peligroso: que estamos rodeados de enemigos por todos lados.
Lo más doloroso para todos es que los
partidos políticos y, por ende, los sindicatos se siguieron ensalzando en su
propia mentira durante años. Siguieron tirando de la cuerda y empujando hacia
adelante un peronismo vencido, como quien empuja un muerto. Lo estiraron y lo
estiraron, subestimando el daño profundo que ya existía en la economía de
antaño, porque no se puede inflar el Estado como un globo de helio y seguir
inflando e inflando sin pretender que, en algún momento, explote y vuele todo
por el aire. Se podría decir que nos subestimaron a todos, sobre todo a los que
conocemos muy bien el Estado desde adentro.
El globo de helio finalmente explotó,
con todos nosotros adentro. Hipotecaron la casa de todos con nosotros adentro.
En la historia de la política y la
cultura siempre hubo personas que renunciaron a los privilegios naturales de
sus respectivas clases sociales en pos de defender una amistad o simplemente de
hacer prevalecer las ideas en las que uno cree. Pero aquí, en esta Argentina,
lo que se viene observando es que nadie quiere renunciar a ninguno de los privilegios
que le fueron dados naturalmente. Claramente, la guita enferma de muerte a los
capitalismos, y nosotros, por supuesto, no somos la excepción. Padecemos de una
absoluta falta de personalidad, como todo país en el que plantar bananas es más
fácil que llegar a ser presidente argentino.
Argentina garantiza facilidades para
llegar a la presidencia en cómodas cuotas, sin que nadie sospeche el verdadero
plan macabro que es clavarse la banda presidencial para violar al pueblo
argentino con su consentimiento mediante el voto. Es una violación lo que
vienen haciendo. Con la palabra “democracia” estamos exentos de todo, pero el
que llega al sillón ya vendió el alma del pueblo entero al diablo.
El Estado que forjaron mis abuelos y
mis padres se hizo trizas frente a nuestros ojos sin que pudiéramos hacer nada
para impedirlo, pero existen muchos responsables directos del desastre.
La oficina de favores mutuos estaba
que explotaba de gente y había largas colas todos los días, a toda hora,
mientras muchos mirábamos la fiesta desde afuera, siendo de adentro por
pertenencia familiar, pero viendo la fiesta desde afuera.
La máquina de fabricar presidentes
gozó de vigor masculino y patriarcal hasta llegar a eyacular vorazmente y
escupirnos un león muy peculiar que aún no podemos definir muy bien qué
significa con su presencia estoica, egocéntrica y violenta, aunque lo
sospechamos.
Esta gente que desembarcó en el
gobierno es una síntesis del peor peronismo, eso en el caso de que existiera un
mejor peronismo, algo que a esta altura ya está absolutamente en duda.
¿Cuándo fue mejor el peronismo? Creo
que fue en nuestros sueños trasnochados más fugaces y profundos, fantaseando
con la idea de que el General era de izquierdas. Una marea de amplias
izquierdas quiso apropiarse del peronismo y hacérselo propio, haciéndose cargo
de que Perón había sido un militar rupturista que estaba arrepentido de serlo y
que nada tenía de burgués. Muchos recibieron un baldazo de agua helada al
percatarse de que el General nunca fue de izquierda y, no solo eso, sino que se
mofó de echar a los izquierdistas apasionados de la plaza tratándolos de
infiltrados, imberbes y estúpidos.
Esa foto define bastante al General
echando a la chusma como si fueran ratas. Por eso el peronismo osa ser un
movimiento tan fascinante como siniestro al mismo tiempo, y posee esa doble
cara ambivalente que lo hace tan psicopático y complejo por momentos.
La tercera posición. La estudiamos.
La entendimos. La teorizamos. La nombramos. La embanderamos. Tal vez el
peronismo sea la única salida que existe en un país tan grande y complejo como
Argentina, pero hay que decir que hoy por hoy existen dos grupos, dentro del
peronismo y dentro del antiperonismo, que ya se convirtieron en enemigos
directos del pueblo. Y creo que entre ambos grupos se propusieron acabar con la
Argentina y con todos nosotros. Creo que les importamos tres carajos todas las
personas que vivimos adentro.
Argentina es un territorio complicado
donde hay recelo, mentira, mediocridad, envidia, competencia y venganza. Y la
verdad es que no hay una verdadera voluntad de cambio.
Hablo con mucha gente que tiene muy
buenas intenciones y todavía observo solidaridad en algunas personas, pero
falta fuerza y amor, y no nos estamos dando cuenta de que tenemos un enemigo
muy potente enfrente.
Este gobierno de este sujeto llamado
Javier Milei, que sabemos muy bien a qué grupos favorece, es la peor pesadilla
llevada a la realidad. Es un gobierno horriblemente espantoso y hay que empezar
a decirlo sin pelos en la lengua.
Otra cosa que hace el peronismo
permanentemente es decepcionarte constantemente y luego pedirte que vayas a
militar con ellos. Y pienso que no todo el mundo nació para militar en
política; es una vocación que no es para cualquiera. A algunas personas les
gusta y está perfecto que se dediquen a eso y le entreguen todo el tiempo que
deseen de su vida, pero las personas que tenemos que trabajar para sobrevivir y
tenemos muchas obligaciones no podemos dedicar tiempo a eso.
Además, todo se corrompió. Se supone
que se milita por vocación, para transformar la realidad de tu país, y no para
acceder a distintos privilegios a cambio de militancia. Esto fue siempre así,
pero hay momentos en que resulta escandaloso. Militar a cambio de un puesto de
trabajo me parece horroroso y una forma de prostituirse. Esto no debería ser
así: todas las personas tienen que tener acceso al trabajo en un país donde las
cosas funcionan bien.
En un país donde sucede eso de manera
tan alevosa significa que las cosas no están funcionando nada bien.
“Las fuerzas del cielo” nos
acompañarán hacia las puertas del infierno si todos no tomamos real conciencia
de lo que vino a hacer este gobierno.
Hubo responsables, sí. ¿Y ahora qué
hacemos los que no votamos esto bajo ningún punto de vista y nos estamos viendo
muy afectados?
“Viva la libertad, carajo”.
Una pena, realmente, vivir con el
enemigo.
Carolina Camacho es realizadora audiovisual y licenciada en
Enseñanza de las Artes Audiovisuales por la UNSAM/ENERC. Ha trabajado en
teatro, cine y producción audiovisual en áreas como actuación, dirección,
producción y guion, además de desempeñarse en la docencia. Escribe sobre cine,
arte, cultura, filosofía y otros temas vinculados a la sociedad contemporánea,
y dirige la revista Dada Cine, dedicada al cine y al audiovisual nacional
e internacional.

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