Nos Disparan desde el Campanario.... CONSIGNAS: una política de la obediencia... por Daniel Rubinsztejn
Fuente: En El Margen
Link de Origen:
https://enelmargen.com/2026/05/11/consignas-una-politica-de-la-obediencia-por-daniel-rubinsztejn/
Cuidado Editorial: Laura Gobbato y Yanina Marcucci
Imagen: Las Musas Inquietantes de Giorgio de Chirico.
Me pregunto si la obediencia es un cuarto sin llave
o un sueño que repetimos con la voz
y las manos atadas1
Julieta Lopérgolo
El texto invita al lector a detenerse
en 6 consignas que circulan en la comunidad psicoanalítica, a fin de
interrogarlas, desmembrarlas, ponerlas a trabajar. Un recorrido a contrapelo 2,
sin obediencia, atreviéndonos al error.
G. Steiner escribió: “Qué maravilla
poder equivocarse. Y decirse: ¡He metido la pata! Y así es como empieza el
siguiente capítulo: El mayor privilegio, la mayor libertad es no tener nunca
miedo de equivocarse” 3.
Si evitar los errores, lleva al
mutismo, a un sometimiento mudo, prefiero a(l)zar la voz.
Devolver
“Hacerle una devolución al paciente
al final de cada sesión para que no se angustie”.
Es lo contrario a la irrupción de la
interpretación que sorprende tanto al analizante (no escribo paciente) como al
analista. Pero si hubiera devolución sería como el relato del caldero:
− ¡Usted me devolvió el caldero todo
agujereado!
− Primero, se lo devolví intacto.
− Segundo, cuando me lo prestó ya
estaba agujereado.
− Tercero, jamás me prestó un
caldero.
El mensaje retorna siempre en forma
invertida al emisor, más allá de la intención.
Acotar
La consigna “acotar el goce”, resuena
en acatar, obedecer. Prefiero acot(e)ar, un neologismo que rescata el a
côté, al lado, una intervención al costado, que en la voz del analista
toca al cuerpo, en el momento preciso. Si la intención fuera hacer el bien, lo
mejor para el paciente (no-analizante), supondría que alguien sabe qué es lo
mejor.
El deseo del analista, un deseo
sin intención.
Atender
Hablar de una clínica de la ternura,
muestra la ranura por la cual los significantes que ordenan gozar se escabullen
sin posibilidad de escucharlos, de interrogarlos. La ilusión de transmutar así
la crueldad del Superyó por otro menos cruel, más benigno, no cesa de fracasar.
El malestar en la cultura lo confirma porque la renuncia no lo calma, al
contrario, exacerba su sadismo.
En inglés tender es
ternura, atender es nuestra práctica, mejor dicho: a-tender- La basura,
restos de goce en el núcleo del amor de transferencia.
También significa “presentar una
oferta” y es exactamente eso: la presencia del analista es oferta que crea
demanda. En castellano “tender una mano” me recuerda el testimonio de un
analizante de Lacan que decía que él lo sostenía con una mano, pero con la otra
lo sacudía.
Un deseo sin buenas intenciones.
Alojar
“El significante no representa
al sujeto sino para otro significante”.
Elijo esta frase (Seminario 16) que
resalta que no representa, es decir que no representa plenamente, una función
de representación que en el instante que emerge lo representa y lo abisma. Un
tiempo de inclusión/exclusión… expulsión.
Hay un rechazo en, de, la estructura
significante. Es la privación.
Cuando se escucha que hay que alojar
al paciente, hay renegación del rechazo; como si el analista pudiera extraer la
barra de S(Ⱥ), transformarlo, coagularlo en S(A), sin castración. Hay
renegación de la división del sujeto al nombrarlo paciente, por eso analizante
es la actividad que conviene para transmitir lo que sucede en un análisis. Es
la ley del significante la que queda rechazada en la consigna alojar, porque el
significante divide, borra y (no) representa a un sujeto.
Una pregunta que se transmuta en
enigma: Es eso lo alojable, la presencia del analista en el núcleo del síntoma,
es decir en el cuerpo de la transferencia4.
Asumir
Definición de asumir: tomar para uno
mismo, dar consentimiento, asentimiento. Se dice que habría que asumir la
castración y hacerse cargo, responsable; pero ¿quién es el agente de esta
actividad? ¿el uno mismo que cuando dice se divide?
Responsabilizar
El sujeto del Inconsciente se realiza
(se hace real), existe en calidad de falta. El Inconsciente puede decir todo…
menos “yo soy”; entonces al invitar, al ahora analizante, a decir todo lo que
se le ocurra, se inicia un viaje por las estaciones del no soy. Sin analista no
hay viaje.
En la asociación el sujeto no está,
mejor dicho: está a la espera. Una espera sin ser. La asociación libre horada
al ser.
Basta el inicio de la asociación para
que el SsS caiga: el saber inconsciente dirige, la asociación libre es ya el
primer tiempo de la interpretación, y nachträglich, se habrá
sabido a partir de la interpretación. Por eso el nombre del padre es término de
la interpretación, hace falta(r) al objeto, vacía al significante de cualquier
sentido. Punto de anclaje que reordena la sucesión.
¡Ud. lo ha dicho! indica un punto sin
retorno, se leyó escuchando y la voz escribe/inscribe al decir. Se escuchó
leyendo.
Un cálamo escribe en el cuerpo del
análisis —como la mano en las paredes de Babilonia, como la fórmula de la
trimetilamina en el sueño de la inyección de Irma— es decir, del consultorio.
¿Y la respuesta? La salida de una
escena miserable, un pasaje al acto en el que decir es hacer. A veces, si hay
coraje ante el umbral de la angustia, ocurre. Pero si cede, si retrocede, no
hay cuerpo, no hay salida, solo imagen que se cree autosuficiente hasta que se
vuelva a partir; una interpelación sin consecuencias.
Propongo articular responsabilidad
subjetiva con destitución subjetiva y des/ser del analista. Este es el
territorio del no soy.
“La responsabilidad es un para el
otro, su ser desaparece para el otro, su ser muere en significación. Soy
responsable del otro sin esperar la recíproca aunque ello me cueste la vida” 5.
Del lado del analista entonces,
responsabilidad para sostener un deseo abstinente, de sostener con su
acto la tarea analizante hasta el fin, hasta su final
Pero leemos y escuchamos con
frecuencia: “Se trata —para el sujeto— de asumir la responsabilidad del lugar
que se ocupa en el discurso para dejar de ser objeto, para convertirse en
sujeto de su propio decir. Sujeto activo de su deseo”6.
Me detengo aquí por un instante para
pensar estas expresiones.
De ser objeto a convertirse en
sujeto, ideal de pasaje de la pasividad a la actividad. Convertirse en sujeto
activo, es una afirmación que merece nuestra atención. Lacan sostenía que lo
activo es el objeto a y el sujeto es lo subvertido por esa actividad
del objeto. Esta subversión es desmentida cada vez que se postula que habría
que llegar a ser responsable.
Tampoco el análisis transita desde la
alienación a la separación, porque son dos operaciones que instituyen sujeto.
Es imposible desentenderse del Otro, auto/fundarse.
“El imperativo goethiano lo que
has heredado de tus padres, adquiérelo para poseerlo, no da por sentada una
pasiva operación filiatoria del sujeto sino un movimiento de apropiación que al
mismo tiempo que filia, desafilia, al mismo tiempo que tiene en cuenta el lazo
con el Otro, se distancia paradojalmente de él”7.
Wo es war soll ich werden.
Lacan lee al Ich como
sujeto y se apresura a interrogar… ¿pero adviene?
Estallido de tiempos que se
entrecruzan, entre lo que podría haber sido, lo que hubiera querido que sea, y
lo que aún no ha sido. Declinaciones del verbo ser, que en el tiempo del
análisis, es des/ser.
El ternario instante-tiempo-momento
precipita en identificaciones constituyentes de ninguna identidad.
Sabemos que “asumir la
responsabilidad” es una expresión freudiana8,
pero interrogar lo ya sabido es esencial a nuestro quehacer.
¿Qué es lo propio? el núcleo, el
carozo del ser, lo extraño, extranjero, extimo, unheimlich. Entonces
¿cómo apropiarse de lo que por definición es ajeno?
Por el gusto de escribir algo:
después de muchos días de silencio escritural me ha asaltado, en el baño,
mientras me lavaba las manos antes de irme a acostar, el deseo de estar, a la
luz de la lámpara, escribiendo. Deseo de escribir; no de decir algo. Pero
deseo, también, de escribir en tanto que escritor: sin que ninguna razón, como
no sea el deseo de estar a la luz de la lámpara, escribiendo, haya motivado mi
acto. Mecerme en el equilibrio infrecuente y perecedero de la mano que va
deslizándose de izquierda a derecha, oyendo los rasguidos de la pluma sobre la
hoja del cuaderno, victorioso por el hecho de haber comprendido por fin que el
deseo de escribir es un estado independiente de toda razón y de todo saber,
liberado de toda exigencia de estructura, de estilo o de calidad, y lleno del
silencioso clamor de las palabras que no son de nadie, que nadie puede acumular
ni guardar para sí —la voz del mundo y de cada uno que resuena a través de
mí en la noche apacible—. Cada vez que este deseo me viene, trae consigo la
validez del universo entero y la de esa partícula sin nombre del universo que
soy yo mismo9.
Tal vez Saer indique aquí un camino
para pensar una apropiación posible, sublimatoria, sin yo, sin nombre y sin
imagen, en la que confluyen —para él— deseo y goce de escribir. Un salto desde
la mano que se lava, a la mano que escribe. Es y no es la misma mano, la que
sostiene y la que sacude.
Es y no es una partícula sin nombre.
Como el oído en el momento de la interpretación, que al escuchar lee y al leer
escribe.
Non liquet
Adenda
El a(l)zar
No se es responsable de la ley de
gravedad ni de la rotación de la tierra sobre su eje. Si la caída de un rayo
inicia el primer foco de un incendio en el bosque ¿quién es responsable del
incendio? ¿el rayo, la sequía, el destino, un castigo de los dioses?
***
Minuto 3,30 de la película Brazil
(1985): una mosca cae en el telex y en lugar de la T, salta la tecla y escribe
la B y el apellido del buscado ahora es otro, y la dictadura detiene a Buttle
en lugar de a Tuttle.
***
“Se te perdona la vida si nos dices
dónde está. Tienes un cuarto de hora para reflexionar. Advierte que es la
gran maniobra para ablandarlo. No obstante, no piensa decir el paradero de
Gris, que conocía perfectamente: se escondía en casa de su primo. Vienen a
buscarlo. El oficial gordo dice: ¿reflexionaste? Los miraba con curiosidad como
a insectos de una especie muy rara. Les dije: sé dónde está. Está
escondido en el cementerio. En una cripta o en la cabaña del sepulturero. Era
para hacerles una jugarreta.
Poco tiempo después, regresa solo el
oficial gordo, quien lo envía al patio sin explicaciones. Ibbieta, aturdido, no
sabe qué sucede. Llegan más prisioneros; entre ellos, el panadero García, un
conocido de Ibbieta.
−¡Maldito suertudo! No creí volver a
verte vivo.
−Me condenaron a muerte dije, y luego
cambiaron de idea. No sé por qué.
−Me arrestaron hace dos horas, dijo
García.
−¿Por qué? García no se ocupaba de
política.
−No sé dijo, arrestan a todos los que
no piensan como ellos. Bajó la voz:
−Lo agarraron a Gris. Yo me eché a
temblar:
−¿Cuándo? −Esta mañana. Había hecho
una idiotez. Dejó a su primo el martes porque tuvieron algunas palabras. No
faltaban tipos que lo querían ocultar, pero no quería deber nada a nadie. Dijo:
me hubiera escondido en casa de Ibbieta, pero puesto que lo han tomado, iré a
esconderme en el cementerio»11
***
”Hace falta buena parte de
preparación intelectual para creer en la casualidad; el primitivo, el hombre
sin ilustración y, seguramente el niño, saben dar una razón a todo lo que
sucede”12.
Referencias
Julieta Lopérgolo, Contra las cosas quietas, Ed Salta el
pez, Buenos Aires 2025. ↩︎
La idea de lectura a contrapelo, es de Walter Benjamin.
La tesis VII, en particular, es donde plantea la necesidad de «cepillar la
historia a contrapelo». Esta frase sugiere una manera de abordar la
historia que se opone a la idea tradicional de un progreso lineal y homogéneo. En
lugar de seguir el flujo lineal de la historia, propone un enfoque que se
enfrenta a la corriente, que busca desentrañarla no como un todo continuo, sino
como una serie de momentos discontinuos y contradictorios. Tras lo
escrito, algo más se puede leer”
Gabriel Sedler, tomado de su texto: “Formación del analista, una frase a
contrapelo”, en Analistas en formación, Ed Ricardo Vergara, Buenos Aires
2025. ↩︎
G. Steiner, Un largo sábado, Conversaciones con Laure
Adler, Ed Siruela, Madrid 2020. ↩︎
Hallazgo en un diálogo con Roberto Bellorini en radio Monk.
Mi agradecimiento. ↩︎
Emmanuel Lévinas, Ética e infinito, Visor, Madrid 1991. ↩︎
Psicoanálisis lacaniano, ver en facebook. ↩︎
D. Kreszes, Filiación y juridicidad de la lengua, en Redes
de la letra 7, Ed Legere, Buenos Aires 1997. ↩︎
“He de experimentar entonces que esto, negado por mí, no sólo
está en mí, sino que también actúa ocasionalmente desde mi interior”. “Es
preciso asumir la responsabilidad por los impulsos oníricos malvados. ¿Qué otra
cosa podría hacerse con ellos?. Si el contenido onírico —correctamente comprendido—
no ha sido inspirado por espíritus extraños, entonces no puede ser sino una
parte de mi propio ser”. “Está por verse si llegará en la vida a algo más que a
la hipocresía o a la inhibición, quien no satisfecho con ello, pretenda ser
mejor que lo que ha sido creado”. S. Freud, “La responsabilidad moral por el
contenido de los propios sueños” O.C. Biblioteca Nueva, Madrid 1948.
↩︎
Juan José Saer, Introducción a Papeles de Trabajo
I, Seix Barral, Barcelona 2012. ↩︎
JP Sartre, El Muro, Losada, Buenos Aires 1992. El
texto me lo sugirió Carlos Gutierrez. Mi agradecimiento.
↩︎
S. Freud ,“La femineidad”, O.C. T2 ,B Nueva, Madrid
1948. ↩︎
Daniel Rubinsztejn. Psicoanalista. Dr. en Psicología (UBA) y Profesor
titular en la maestría de psicoanálisis de la Universidad Nacional de Rosario.
Autor de Psicoanalisis, una práctica imperfecta (2000), Modos de
abstinencia (2006), De una práctica que no sería una ciencia (2012),
Variaciones del sujeto (2021), El analista sin tejado (2022), Travesias, ensayo
psicoanalítico de lo singular (2026).
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