Nos Disparan desde el Campanario... Insurgencia sonora. La voz de las mujeres... por Marisa Rosso y Leticia Gambina
Fuente: En El Margen
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Foto: Roger Velázquez
Cuidado editorial: Helga Fernández
“Accesible,
próxima y no perdida permaneció, en medio de todas las pérdidas, sólo una cosa:
la lengua”
Paul Celan
«Una voz de
mujer llegó hasta mí desde muy lejos, como una voz de ciudad natal, me brindó
conocimientos que antaño tuve, conocimientos íntimos, ingenuos y sabios,
antiguos y nuevos como el color amarillo y violeta de fresias reencontrado».
Hélène
Cixous(1)
En muchas comunidades, actuales y pasadas, las
mujeres, como portadoras de las tradiciones, son quienes se ocupan de su
transmisión y se convierten en protectoras de la cultura, en guardianas de los
saberes ancestrales. La lógica oral conforma las culturas y las mujeres han
usado históricamente sus voces, sus tonos, sus cantos para hacer esos pasajes
de generación en generación, cuidar lo propio y transmitir el amor por lo que
se es.
En tiempos recientes, son también las mujeres
quienes han puesto su voz para defender los derechos humanos, promover la
igualdad de género y luchar por la justicia social.
El movimiento «Ni Una Menos» nacido en el 2015
para visibilizar la violencia de género y los femicidios, la enorme
movilización por el derecho al aborto legal que se produjo en 2018, cuyo
impulso continuó hasta el 2020 con la aprobación de la Ley 27.610 (Ley de Interrupción
Voluntaria del Embarazo), la persistente lucha de las abuelas y madres de plaza
de mayo reclamando por sus hijos y nietos desaparecidos durante la última
dictadura militar, las miles de mujeres indígenas que continúan luchando por
preservar sus culturas, tradiciones y territorios, son solo algunos de los
casos en que las voces de las mujeres se han manifestado, amplificándose y
resonando en otros cuerpos. Voces con las que se va armando un gran tejido
sonoro, que da lugar a otro tipo de conectividad, la material, esa que hace
cuerpo. Se va armando una escritura sonora, percutiva, que golpea, sacude,
vibra y resuena en los cuerpos. Podríamos pensar entonces “la escritura del
mundo como la acumulación de pequeños movimientos vibratorios, donde el
antes y el después del sentido no lo marca el discurso ni la sintaxis, sino el
contacto”(2). Escuchar, dice Pascal Quignard, es ser tocado a distancia. La
escritura sonora se inscribe en los cuerpos. El cuerpo tocado, vibrado, es
cuerpo escrito.
Pensamos lo sonoro como un archivo dinámico
que se transmite a través de los tiempos y el cuerpo como el dispositivo
sonoro, donde trascienden y permanecen grabados de manera atávica (ancestral)
los sonidos. El cuerpo como portador de ese archivo, de ese saber inconsciente,
que hay que poder escuchar(3).
La experiencia histórica de las mujeres sienta
el ejemplo de otra forma de pensar y actuar colectivamente. “Una politicidad en
clave femenina es en primer lugar una política del arraigo espacial y
comunitario; no es utópica sino tópica; pragmática y orientada por las
contingencias y no principista en su moralidad, próxima y no burocrática,
investida en el proceso más que en el producto; y sobretodo solucionadora de
problemas y preservadora de la vida en lo cotidiano”(4).
Cuenta Soraya Maicoño cómo al pueblo Mapuche
además de quitarles el territorio, se les prohibió su idioma, el mapuzungun, el
habla de la tierra. Relata que su abuela le habló en mapuzungun cuando
era chica y que por eso sabe que ella es mapuche. No tiene una comunidad y su
mamá no pudo sostener su apellido pero defiende su ser mapuche, se sostiene y
se agarra de su “verdad chiquita”, como la llama ella, de esa voz hablándole
en mapuzungun(5). Esa verdad chiquita es esa voz escrita en el cuerpo,
escritura con la cual sostiene, arma, construye una filiación cuando además del
territorio le quitaron su comunidad y su apellido.
Entre las muchas miles de lenguas,
posiblemente decenas de miles, habladas en el curso de la historia, muy pocas
han sido plasmadas en papel o en un soporte similar. Hasta ahora no hay modo de
calcular cuántas lenguas han desaparecido o han transmutado en otras. Incluso
actualmente, cientos de lenguas en uso activo no se escriben nunca(6). Salari
Gintsburg, investigadora del Marie Curie del Instituto Cultura y Sociedad de la
Universidad de Navarra ha advertido que estas lenguas ágrafas están prontas a
desaparecer. De ahí la importancia de su transmisión, ya que con cada lengua
que muere «se pierde un sistema de comunicación singular, una lógica única.
Esto supone un menoscabo para la diversidad, que es una habilidad de pensar de
forma diferente, uno de los recursos más importantes del ser humano”(7).
En la cultura matriarcal chaná, la madre le
enseña la lengua a la hija mayor para que esta, a su vez, la transmita.
Palabras, voces, modos de pronunciar que no tienen forma escrita van pasando de
generación en generación. Así se salvó una de las 15 lenguas nativas que aún se
hablan en Argentina. Durante doscientos años de proscripción, censura y
autocensura, la lengua chaná fue un secreto de madres a hijas. Llaman a la
mujer que preserva la lengua, la cultura y las tradiciones de su pueblo, Adá
Oyé Nden, mujer guardiana de la memoria(8).
“… en mi cultura, la mandinga, la tradición
griot se transmite de madre a hija, de abuela a madre… pero no todos los
miembros de la familia tienen el don, el carisma, la paciencia, o, sobre todo
el amor de recibir ese legado, porque los ancianos no te transmiten el saber,
sino observan tu pasión y entrega”(9)
En las culturas orales el conocimiento debe
ser repetido en voz alta a fin de que no desaparezca. Esas palabras,
cuidadosamente atesoradas en la memoria, pueden adquirir fuerza performativa
solo si se las delega a la voz, que es su soporte, y que, aunque se desvanece
sin huella, como hacen las voces, sigue reverberando en la historia, porque
reverbera en los cuerpos. La transmisión oral que llevan a cabo las mujeres es
un modo de escritura a partir del cual lo sonoro se inscribe en el cuerpo de
quien escucha.
“… me acuerdo de mi abuela contando historias
por la noche, sin luz, encendíamos una lámpara de gasolina. Otras veces
salíamos y hacíamos una hoguera delante de la casa, todos nos sentábamos en
torno a ella, y nos contaba historia de griot, de la vida, cuentos… siempre
pidiendo atención. Decía: “no voy a repetir ninguna palabra”. Así nos enseñaba
a saber captar”(10)
Esa abuela transmite no sólo historias, sino
también la importancia del tiempo de narrar y de escuchar, así como también de
ese lugar, de ese espacio, que se construye entre quien habla y quien escucha.
“Ese tejido que le da a la palabra un lugar”(11).
La voz, es pura alteridad, objeta la reflexión
sobre sí y cumple una función social crucial. Toda nuestra vida social está
mediada por la voz. Las voces constituyen la textura misma de lo social así
como el núcleo íntimo de la subjetividad. La resonancia entre cuerpos y voces
es un constante ejercicio de percusiones alcanzándose entre sí. La voz que
reverbera en el propio cuerpo, se encuentra con otros cuerpos, a los que a su
vez toca, y en esa afectación se componen mutuamente. La topología paradójica
de la voz instala justamente esa zona de intermediación, un entre-dos,
intrínseco al lazo y al vínculo con el otro(12).
La mujer como portadora de la transmisión oral
es una figura clave en la historia. En el desarrollo de la oralidad, tanto en
las culturas ancestrales, como en la actualidad, las mujeres han tenido una
participación muy activa. Esta transmisión ha sido, también, un acto de
resistencia.
Pilar Guancha, una médica tradicional consagró
su vida al arte ancestral de sanar con las plantas de su tierra. Pilar alivia
cuerpos pero también almas, transmitiendo el profundo respeto por la naturaleza
y la conexión con sus raíces. Su tarea va más allá de la curación: es un puente
entre el conocimiento ancestral y las necesidades actuales de su comunidad. En
estas tierras la medicina tradicional no es sólo ciencia, es vida, es magia, es
herencia.
“El conocimiento es una tradición de familia,
de mi abuela, de mi mamá, esa es como una herencia que tengo en mis manos, se
puede decir que es algo como mágico”(13)
La palabra de Pilar fluye como susurros
antiguos dice la locutora que la entrevista, donde la magia es ese toque sutil
que pasa de mano en mano, de corazón en corazón, la medicina en su historia no
es sólo un remedio, es el eco de su linaje que pasa de abuela a madre y de
madre a hija a lo largo de las generaciones, como guardianas del saber
ancestral. Ellas saben que no son solo remedios lo que se aplica, “saben que la
salud del cuerpo está ligado al espíritu, a las fuerzas que lo rodean”.
La medicina de los pastos es un legado que se ha ido tejiendo, no se
trata solo de un acto de curación sino de un acto de entrega, de poner al otro
por encima del propio interés, en cada palabra de Pilar se siente la voz de su
madre, quien le enseñó que el acto de curar es también un acto de amor, ajeno
al deseo de ganancia y a la lógica de mercado(14).
Vemos en la transmisión ancestral de las
mujeres y en las luchas sociales que se vienen dando, la fuerza de lo femenino.
Una fuerza particular, que se constituye en el una por una(15).
“Las cantoras y cantores indígenas son
incontables e infinitos. Algo muy importante que transmiten todas estas
cantoras es que ellas son solo algunas. Todo el mundo canta. Entonces no es que
tengan algo en especial, sino que ellas son difusoras, ocupan escenarios,
se dedican a esto particularmente”(16). A través del canto ellas muestran la
potencia ancestral que tiene su lucha, buscan despertar los sonidos que ya
están ahí, escritos en el cuerpo, ellas saben que tenemos a mano una
biblioteca entera, pero hay que poder escucharlos, como los libros, hay que
poder leerlos.
Pommier califica lo femenino de “subversivo”,
“inalienable”, “incolonizable”. Dirá que lo femenino introduce “una corrupción
irremediable en el sistema anterior” y que la verdadera revolución la hacen las
mujeres – no todas- al pensar en una política sin filiación, ya que el
poder de lo femenino está en el lazo, con otras, con otros, carece de líder y a
diferencia de los hombres, “es un poderío sin reinado”. Cuando el poder reside
en lo masculino la lógica que impera es la fraterna y en toda fratría hay
Un-Padre, cuya voz manda. El modelo freudiano de la horda primitiva conserva
así su eficacia. Pommier va a plantear, haciendo una lectura de la revolución
francesa, que fueron las mujeres las que estuvieron en la primera línea, y que
la rebelión estalló, sin dudarlo, en el registro femenino, pero que los hombres
después, renunciaron a esa exaltación. “Ellos se rebelan en masa contra el
tirano que los castra, pero su culpabilidad los hace recaer más o menos pronto
en su fascismo masculino”(17). Lo femenino supone en cambio, una forma de lazo
diferente y por eso mismo permite el encuentro con la diferencia. La
fraternidad, por el contrario, tal como precisa Helga Fernández(18), suprime la
distancia, transforma la diversidad en una igualdad forzada, anula la
pluralidad, tiende hacia la fusión y la eliminación de la diferencia. Pensamos
lo femenino entonces como la posibilidad de un lazo otro, que tensione la
rivalidad fraterna, que rompa con su posición dominante, aunque también los
feminismos y la sororidad, deberán estar atentos de no reproducir las lógicas
patriarcales que pretenden combatir.
Lo femenino como aquello que insistió y que va
a seguir insistiendo y resistiendo, con sus nuevos modos de acuerdo a lo
epocal(19). Lo femenino como aquello que no puede ser apresado, que pone sobre
el tapete los malestares de la época. Y son las mujeres, muchas veces, las
portadoras de esa fuerza de resistencia, del poder de la objeción, de la
corrupción del sistema estatuido, de la ruptura necesaria para la creación, de
la reintroducción del sinsentido, de lo sensible, lo prioritario, del valor de
la vida.
Manel, una joven argelina de 23 años,
reflexiona junto con otras acerca del papel de la mujer y del uso del
velo: “Hoy las mujeres reciben más comentarios con velo que sin velo, porque
los hombres sienten curiosidad por saber quién se esconde detrás del velo”.
“Siempre tienes que esconder tu femineidad. Empiezas a vestirte de determinada
manera para ser invisible”(20). Lo que inquieta, lo que se teme es la
femineidad, lo femenino, es eso lo que se trata de esconder, de invisibilizar, pero
al mismo tiempo la joven argelina da cuenta que no hay velo que
alcance.
Por eso se las ataca, se las somete, se las
abusa, se las invisibiliza, se las segrega, se las mata, en un intento siempre
fallido de disciplinar, acallar, colonizar lo femenino.
Ante la reciente amenaza del gobierno actual
de sacar de la legalidad la figura del femicidio, Zuleika Snal se pronuncia en
las redes y dice:
“Sacar la figura del femicidio es
sacarnos a todas a las calles. Nosotras no tenemos precio, nosotras somos el enemigo
más peligroso que ustedes pueden tener, porque no paramos, porque no nos vamos
a callar, porque no nos vamos a cansar y porque no pueden comprarnos”
“Con nosotras no pudo la inquisición, no
pudieron los milicos, a nosotras nos forzaron a parir en cautiverio, nos
secuestraron, nos violan, nos asesinan todos los días, de verdad piensan que
les vamos a tener miedo?”(21)
Estas palabras —pronunciadas con tanta carga
visceral — no sólo buscan informar, se convierten en un grito colectivo. Las
palabras de Zuleika tienden un puente temporal: conecta a las mujeres que
enfrentaron la Inquisición y la dictadura con las que hoy salen a la calle para
defender la figura del femicidio. No es una lucha que recién empieza; se
transmite como una herencia de resistencia, se transmite la convicción de que
la unión y la persistencia («no nos vamos a cansar») son las herramientas que
vuelven al movimiento inquebrantable. Es como si le dijera a las mujeres de la
nueva generación: «No son las primeras en tener miedo, pero tampoco serán
las primeras en vencerlo. Luchen«.
Entonces ¿Por qué rescatar las voces de las
mujeres indígenas? Simplemente porque ellas fueron no solo las sobrevivientes
de uno de los genocidios más grandes de la historia, sino porque son nuestras
antecesoras, forjadoras de palabras, de esa oralitura, término que combina
«oralidad» y «literatura», y que reivindica el valor de las tradiciones
literarias que son transmitidas de generación en generación de forma oral. El
término fue propuesto por el poeta mapuche Elicura Chihuailaf para dar un
nombre a las expresiones literarias de los pueblos originarios. Estas
expresiones incluyen refranes, mitos, leyendas, canciones y poemas, y son
vitales para la preservación de la memoria cultural y el conocimiento ancestral.
Si no se transmiten se extinguen, las mujeres cumplen un papel fundamental para
que eso no se pierda, para que la escritura sonora tenga lugar. Entre el pasado
indigena y las actuales voces encontramos la esencia ancestral como valor
intrínseco.
Sé sembrar con la Luna los frutos del
alimento. Teñir la lana para hacer tejido. Hacer medicina como me enseñó mi
abuela. Cantar al nuevo día. Sé amasar sencillamente con fidelidad y con
ternura. Soy mujer indígena(22).
La transmisión oral y el ámbito doméstico
resultan cruciales para la preservación de lo propio, de la lengua, de las
costumbres, de la cultura, del territorio. Y vemos que son, en su mayoría,
mujeres, las encargadas de cuidar el territorio, lo doméstico, lo cotidiano, en
resumidas palabras, al otro. Posiblemente la propia construcción de su
sexualidad las acerque a las mujeres, no a todas, más a lo sensible, a lo
vital, a lo real. Las mujeres protagonizan aventuras corporales fundamentales,
como la menstruación, el embarazo, el parto, la lactancia y los orgasmos, que
instituyen una relación diferente con el cuerpo y con el sentir.
Tania Safura, africana, habla de la negritud y
no de la africanidad. La negritud, esa “presión significativa sobre la
sensibilización y todos sus derivados capaz de desmantelar el sistema en el que
estamos” se transmite con el cuerpo, está en el cuerpo, alguien puede mudarse a
otra cultura pero en algún momento sabrá que sabe algo por eso que retorna y
que pasa por el cuerpo, “a través del retorno de sonidos”(23). El cuerpo es
portador de un archivo, de memoria, permeable a las sensaciones. Esta
sensibilidad se contrapone a la lógica de la época actual, época donde se
evidencia una falla en la transmisión, donde se piensa el pasado como un hecho
perimido y no como hechos que deben entrar en una trama discursiva, que deben
ser relatados, escuchados, elaborados, integrados. El pasado no pasa, hay que
hacerlo pasar. En tiempos donde el neoliberalismo destruyó la narrativa de la
otredad, produciendo una subjetividad que ya no se piensa en términos de lazo
social, sino que fomenta la individualidad, ponerse y sostenerse en relación a
la sensibilidad podría ser una manera de desarticular no sólo la lógica fálica
(machismo, fascismo, colonización, etc.) sino también la lógica voraz de
mercado que destruye los territorios, contamina el agua, elimina derechos,
obtura la memoria, cosifica los cuerpos, extermina lenguas y arrebata las voces
y con ello la posibilidad de la transmisión.
“… nos contaban hermosas, y muchas leyendas. Y
como te dije, éramos tan miedosas nosotras que todo lo creíamos. No como ahora
que uno le cuenta algo a los chicos, y dicen ¡ya está contado qué! ¡Ay, ya está
la abuela inventando!, ¡y no invento! Eso nos decían a nosotros y lo creíamos.”(24)
Sabemos desde el psicoanálisis, en tanto
práctica discursiva, que solo se tiene acceso a lo acontecido, a través de los
relatos, de la ficcionalización. El pasado importa, no por aquello que pasó,
sino fundamentalmente por aquello que no pasó, es decir, aquello que se repite
en la medida en que no se inscribe. Un relato narrado, un poema, una canción,
el juego, cualquier acto creador ofrece las ficciones para poder organizar las
pulsiones y entrar en una trama discursiva, es decir, cumple una función nodal
en la subjetivación, hace marca, letra, escritura.
Al ser lo femenino alteridad irreductible y la
voz en sí misma también, así como por su ubicación, unheimlich, la transmisión,
soportada en la voz de las mujeres, tiene una función estructural
estrechamente similar a la del tiempo. Dicha transmisión nos acerca a una
manera particular de estar en y con el movimiento del tiempo.
“Sí, les canto algunas cosas a mis nietos: la
canción de la luna, del sol, del cóndor, del águila, de la madre tierra. Les
introduzco palabras en Comechingón, les enseño la cerámica ancestral y de donde
procedemos, qué tenemos para proseguir… Preguntan y les explico… porque ellos
tienen que saber de dónde venimos y estar orgullosos de sus raíces” (25)
Históricamente las mujeres han actuado y se
han pronunciado en defensa de las lenguas, los territorios, las costumbres, las
tradiciones, los derechos; para objetar prejuicios, prohibiciones,
desconocimientos, para presentificar ausencias, para denunciar atrocidades, para
gritar los silencios. La voz de las mujeres ha tenido una profunda implicancia
en la constitución de lo político. Vemos en lo femenino la posibilidad de
rescatar una sensibilidad y vincularidad no sólo diferente y necesaria sino
fundamentalmente vital. Será imprescindible que sus voces no se apaguen, que
sigan siendo ese vehículo de insurgencia sonora. Que se sigan inscribiendo en
los cuerpos, haciendo oralitura, para que la historia, la memoria, lo propio,
lo sensible no nos sea arrebatado.
Palabras
hermosas bullen de mi mente, mi lengua
es como la pluma de un escritor.
Voy a decir. Voy a recitar mi poesía.
¿Por qué duermes? ¡Despierta! ¡Despierta!
¿Por qué te escondes? Escucha lo que voy a decirte:
Yo haré que tu nombre se recuerde en cada generación y
que los pueblos te alaben por siempre.
Se alegrará el monte.
que salten de alegría los pueblos wichi
para que puedan contar a las generaciones futuras.
Un ave pasó volando como mis antepasados.
Las flechas son agudas y se clavan en el corazón.
¡Allá en el extremo Norte es la alegría de toda la tierra!
Mujeres wichi, tu amor a la tierra es como a tus hijos que
transmiten la cultura de generaciones en generaciones.
¡No te quedes ni te escondas!
Mira que es tu misma raza.
Yolanda Alfaro(26)
(1)Cixous, Hélène. La risa de la medusa: Ensayos
sobre la escritura. Capítulo: Vivir la naranja. Barcelona.
Editorial Anthropos, 1995
(2)García Leyva, Cinthya. La materia del
sonido, Editorial Gris Tormenta, 2025.
(3)Rosso, Marisa y Gambina, Leticia. Lo
sonoro, tierra natal. Colección de Plaquetas Trazas de lo sensible.
CABA, Edición En el Margen, 2024.
(4)Segato, Rita. Contra-pedagogías de la
crueldad, CABA, Prometeo Libros, 2018, página 15.
(5)Maicoño, Soraya, Pewma ull. El sueño
del sonido. Reunión: Movimiento x la lengua 2023. https://reunionreunion.com/El-Sueno-del-Sonido
(6)Ong, Walter J. Oralidad y escritura.
Tecnologías de la palabra. Buenos Aires, Fondo de cultura económica, 2000.
(8)Andruetto, Maria Teresa. Como si
fuesen fábulas, CABA, Random House, 2025.
(9)Safura Adam, Tania. Voces negras. Una
historia oral de los músicos populares africanos, Barcelona, Editorial Malpaso,
2024.
(10)Safura Adam, Tania. Op. cit.
(11)Fernández, Helga.
(12)Rosso, Marisa y Gambina, Leticia. Había
una vez un sonido, un tiempo y una voz. https://enelmargen.com/2023/05/18/habia-una-vez-un-sonido-un-tiempo-y-una-voz-por-marisa-rosso-y-leticia-gambina/
(13)Voces del territorio. Podcast
(14)Voces del territorio. Podcast
(15)Ningún significante puede definir que es
la mujer. Esta ausencia de significante deja indeterminada una identificación. Por
eso la mujer se constituye con varias identificaciones, no sólo con una, lo que
devela la imposibilidad de definir un modelo femenino. Lo femenino entonces, es
múltiple. Lacan ha escrito, «la mujer no toda es» en el goce fálico. Implica
Otro goce que el del Falo, en el cual el hombre está enteramente tomado.
(16)podcast
Copla viva. Un podcast cantado con caja.
(17)Pommier, Gérard. Lo femenino, una
revolución sin fin, CABA, Paidós, 2018.
(18)Fernández, Helga. La función del
amigo. Una tensión deseante, CABA, Edición En el Margen, 2026.
(19)Coincidimos con Roudinesco en ¿Por
qué el psicoanálisis? donde plantea que todo sucede como si fuera
necesaria la emergencia de ese femenino que estuvo en el origen del
psicoanálisis, para la realización de una transformación de la subjetividad.
(20)H’na Barra (Nosotras, fuera),documental
dirigido por Bahia Bencheikh El Fegoun y Meriem Achour Bouakkaz, Argelia, 2016.
(21)igsudestadarevista
(22)Gentile, Ángela. Palabras. La voz de
las mujeres indígenas. Ed. Espacio Hudson, 2023, página 53.
(23)Safura Adam, Tania. Op. cit.
(24)Pedraza Graciela – Durán Yaraví. Mujeres
indígenas. Las que bajaron del cielo. 2020
(25)Pedraza Graciela – Durán Yaraví. Op. cit.,
página 34(25)Gentile, Ángela. Op. cit.
(26)Gentile, Ángela. Op. cit.
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