Nos Disparan desde el Campanario... Prefiero el olvido, gracias por el olvido... por Gustavo Marcelo Sala

 


 

Mendigar afectos: Dos terminos muy humanos que al unirnos malamente la soberbia de autoayuda ha logrado estigmatizar

 

Hay personas que se encuentran absolutamente cooptadas por la perversión del sistema, en algún caso de manera inconsciente, cosa que les ha corrido el eje de los valores de manera muy llamativa. Y lo vivo con pena, parece que no me conocieran o que han olvidado qué clase de sentimientos humanistas me movilizan. Y hablo de personas con las cuales compartimos muy lindos momentos, viejas relaciones que aprecié y aprecio.

Algunos están muy bien desde lo económico, otros han conchabado cargos o han podido mantenerse dentro del sistema a pesar del notable sesgo excluyente que éste programa posee, aun sabiendo que el modelo deja buena cantidad de mogotes construidos por osamentas humanas.

Son varios los que por estos meses de infortunio se han comunicado conmigo, pero no para preguntarme cómo estoy, cómo ando de salud, solidarizarse por los nefastos resultados que estoy sufriendo en medio de este siniestro bingo neoliberal, si vislumbro alguna posibilidad de mejora, si guardo alguna expectativa de cara al futuro. No, nada de eso. Se comunican conmigo para pedirme explicaciones sobre lo que escribo, si mis letras los incluyen, si mi pluma los apunta.

Pues quédense todos tranquilos y no se priven de disfrutar de sus suertes dolarizadas, jamás le apuntaría a un afecto, a quien supo entregarme durante algún tiempo de su vida algo de atención fraternal y respeto intelectual.

No soy de “mendigar” afecto, como ahora afirma el Ser superado posmoderno (concepto repugnante para el dilema solo digno de hallarse en los perversos libelos de autoayuda)  aunque comprendo a quien por debilidad lo hace, al igual que comprendo, ante la urgencia y la desesperación, la necesidad de la mendicidad material, nadie mendiga por placer o satisfacción, pero lo que no acepto bajo ninguna forma, sea directa o subrepticiamemte, es la mendicidad humana que motoriza la soberbia del exitoso el cual considera, a ese quien que suplica, como un miserable cuyo dolor no merece el mínimo respeto.

Como homenaje a esos lindos momentos, los cuales recuerdo con enorme sensibilidad, prefiero que no se comuniquen conmigo. Prefiero que me olviden, o en todo caso que me tomen como un mendigo desechable. Creo que pedirle explicaciones a una persona que se encuentra en una delicada línea emocional debido a cuestiones personales ajenas a su voluntad es ciertamente egoísta, y no deseo que esa imagen enlode aquellos abrazos sinceros, aquellas sonrisas cómplices que supimos compartir.

Gocen de sus días y sus vidas, no se permitan que nadie les oscurezca sus dichas, la vida, como alguna escribí, es un mesurado promedio de sinsabores...

 

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