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miércoles, 20 de junio de 2018

El neoliberalismo sostiene la idea de que la universidad no solo tiene que producir cualificaciones para el mercado sino que ella misma debe ser un mercado (Boaventura de Souza Santos, Dr. en Sociología del Derecho)





“La universidad puede ser un campo para articular la resistencia”

El reconocido sociólogo Boaventura de Sousa Santos brindó un discurso en Córdoba durante la inauguración de la CRES 2018 en la que analizó el contexto actual a nivel global y el lugar que ocupan las universidades como blancos del neoliberalismo. “Cuanto más agresivo es el capitalismo, más necesita de racismo, colonialismo y patriarcado. Es por eso que la lucha tiene que ser integrada”, dijo. Para ello, propone refundar las universidades como espacios de encuentro y reconocer los conocimientos que poseen los movimientos sociales y las comunidades excluidas.

Por Lucía Maina para La tinta

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Desde su propuesta de las “epistemologías del sur”, el reconocido sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos realiza una profunda crítica a la cultura occidental dominante y a la arrogancia de la universidad y la ciencia al concebirse como única fuente de conocimiento frente a la diversidad de saberes que existen en la sociedad. La semana pasada, brindó una conferencia en la inauguración de la Conferencia Regional de Educación Superior CRES 2018, donde analizó las características del capitalismo actual y propuso radicalizar la lucha de las universidades no solo para detener su mercantilización sino también para que las mismas sean espacios de resistencia y encuentro de movimientos sociales y comunidades excluidas.
Además de ser Doctor en Sociología del Derecho y Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Córdoba, De Sousa Santos es también un “activista de la universidad”, como el mismo se definió el pasado lunes 11 de junio frente a las miles de personas de toda América Latina reunidas en la CRES 2018. Desde allí, reflexionó sobre las dificultades y desafíos que las universidades deben enfrentar hoy a la luz del centenario de la Reforma de 1918 y de los cincuenta años de mayo del ´68.

“Si los estudiantes de 1918 estuvieran acá, si fuéramos nosotros, ¿cuál sería nuestra responsabilidad para hacer las nuevas reformas que son necesarias?”. Con esta pregunta, el pensador de Portugal inició su conferencia para remarcar que conmemorar el centenario de la Reforma exige pensar en el actual contexto social, del mismo modo en que los reformistas lo hicieron en su tiempo para proponer una verdadera transformación en las universidades del continente.
“Hoy en día es muy importante que sepamos en contra de qué estamos. Tenemos que ir a la raíz de los movimientos para pensar cómo estamos hoy posicionados en nuestras luchas”, señaló para destacar que muchas veces estos movimientos de ruptura son descontextualizados en el presente.
“Tenemos que admitir que estamos en un contexto que quizás es más fuerte, más poderoso que el contexto de Córdoba del ´18 y de mayo del ´68. Porque de alguna manera el comienzo del siglo era también toda la turbulencia de la revolución rusa y empezaba otro momento político, aquí en el continente también había una esperanza de una sociedad que empezaba a democratizarse con todos los dolores que eso implica. En mayo del ´68 estaba la idea de una alternativa socialista. En ese entonces había un contexto que permitía alternativa. Nuestro contexto es un poco más complicado porque parece que el capitalismo ganó a todos los adversarios, es un capitalismo sin miedo, que implica que toda la gente puede tener miedo excepto una pequeña minoría de un 1 por ciento. Es realmente un enemigo muy fuerte”, expresó al analizar la época actual.
Y agregó: “En este momento el neoliberalismo está siendo epistemológico, quiere decir que es una política sin alternativas (…) esta ausencia de alternativas que el neoliberalismo intenta producir todos los días en nuestras cabezas con el monopolio de los medios. Y si no hay alternativas no hay política. Por eso muchas de las medidas en contra de la universidad pública no parecen políticas, son recortes financieros. Pero lo que está detrás es esta idea de que la universidad puede ser un fermento de alternativas y resistencias”, expresó el intelectual en el estadio del Orfeo ante una multitud.
Capitalismo universitario o bien común
El intelectual remarcó que estamos en el marco de un dominio total del capital financiero sobre otras formas de capital: “Hoy vivimos la primacía de los derechos de los mercados por sobre todos los derechos humanos. La universidad ha sido un punto de resistencia a esto, y en esa medida es un blanco para el neoliberalismo, que lo que quiere es que el derecho del mercado tenga primacía también dentro de la universidad”.

En ese marco, llamó “capitalismo universitario” al modelo que se está intentado imponer y que se relaciona con los intentos de privatización y con “la idea de que la universidad no solo tiene que producir cualificaciones para el mercado sino que ella misma debe ser un mercado, y para ello debe ser gobernada como una empresa”. “Si dejamos que todo el conocimiento tenga que tener un valor de mercado, entonces no hay futuro para la universidad”, advirtió.

Según el sociólogo, otro de los motivos que vuelven a la universidad un peligro para el neoliberalismo de nuestra época es que ofrece la posibilidad de analizar el pasado y el presente con vistas a otro futuro, cuestionando así el presente eterno y una sociedad sin memoria que busca imponerse desde el poder. A ello se suma su rol en la creación de un proyecto nacional y, en todo caso, una internacionalización solidaria, que se opone “a un internacionalismo de franquicia, donde todo el mundo pueda comprar productos académicos, reconocidos como mercancía”. Por todo esto, consideró que actualmente nos encontramos en una encrucijada, ya que frente a este “capitalismo universitario” que busca imponerse hay un movimiento desde abajo que defiende la universidad como un bien común. “¿Y qué significa ser un bien común? –puntualizó-. No quiere decir que sea producido por el estado solamente: puede ser producido por cooperativas, por otras entidades, siempre y cuando el objetivo no sea la ganancia”.
Ante ello, retomó y replanteó el pensamiento de Karl Marx para señalar que en el contexto actual “tenemos que reinterpretar el mundo para poder transformarlo, necesitamos de otra epistemología”. En ese marco, el sociólogo dijo ante lxs asistentes de la CRES que no solo se trata de que la universidad defienda lo logrado, sino que se trata, especialmente, de que rompa sus propios límites y de “radicalizar la lucha democrática por el derecho a la universidad y por la universidad como bien comúnLos saberes de lxs de abajo: pluriversidad y subversidad
De Sousa Santos planteó que hoy existe una triple dominación basada en el capitalismo, el colonialismo y el heteropatriarcado: “Cuanto más agresivo es el capitalismo, más necesita de racismo, de colonialismo y de patriarcado. Es por eso que la lucha tiene que ser integrada”.

Sin embargo, mientras la dominación capitalista se articula con colonialismo y patriarcado, advirtió, la resistencia ante estos poderes está fragmentada. En este contexto, destacó, “la universidad puede ser un campo donde pensar cómo articular la resistencia”. Y para ello, agregó, es necesaria una ruptura epistemológica, otra manera de pensar.

“El conocimiento científico -que es muy importante- no es el único. Hay otros conocimientos, otras sabidurías, vernáculas, de los pueblos indígenas, de los hombres y las mujeres populares, urbanas, rurales. Hay una diversidad enorme de conocimiento que se quedó por fuera de la universidad, y esto se debe a la imitación de la universidad latinoamericana de todo este predominio de la ciencia, en un continente donde había tanto conocimiento que existía fuera de la universidad. Pero la universidad no lo tuvo en cuenta porque no se descolonizó, y por eso sus contenidos y sus ciencias sociales son colonizadores, porque son la historia de los vencedores, nunca la historia contada por los vencidos. Por eso la universidad, para ser una resistencia, para defenderse como bien público y común extremadamente poderoso tiene que ser una resistencia en su contra, una autocrítica profunda”.
El doctor honoris causa remarcó en este sentido su teoría fundamental, que se centra en lo que él denomina “las epistemologías del sur” y en la articulación de la ciencia con otras formas de conocimiento, en el marco de un diálogo o ecología de saberes. “La universidad no puede seguir con la idea de que es la única fuente de conocimiento, de tener la arrogancia de un solo conocimiento (…). Según los objetivos tenemos distintos conocimientos y esta diversidad epistemológica del mundo es lo más nuevo que tenemos que realizar en relación a 1918 y 1968”, dijo. Y advirtió que también los estudiantes del ´68 mantenían esa arrogancia al no interpretar el trabajo de los obreros como conocimiento sino como mera información.
“Mi conocimiento es más valioso cuando logra una conversación con otros conocimientos, cuando no tiene miedo y sabe a dónde puede ir y hasta donde no puede ir. Hay cosas como la espiritualidad que nosotros en las ciencias sociales no somos capaces de concebir, pero un campesino, un indígena sabe muy bien qué es la espiritualidad, y no la confunde con religión. Necesitamos esta articulación novedosa”, ejemplificó. Otro objetivo de su propuesta es generar también un acercamiento entre los diferentes movimientos sociales, obreros, feministas, campesinos, LGTTB, etc., ya que muchas veces hay prejuicios entre ellos que impiden articular los conocimientos que poseen.

“La otra ruptura en relación a 1918 es dónde está ese conocimiento: no es en las clases urbanas de Córdoba, en las clases medias. Son las clases empobrecidas, los de abajo, los que son víctimas de colonialismo y de patriarcado. Son los cuerpos sexualizados y racializados de nuestro tiempo, las comunidades donde hay una exclusión, que están del otro lado de la línea abismal. La universidad a lo largo de los siglos fue quien mejor diseñó la línea abismal entre la sociedad metropolitana y la sociedad colonial. Entonces esta universidad tiene que refundarse para denunciar esta línea y poder realizar encuentros entre los que están excluidos y los que no lo están”.
“Y para eso es necesario articular la resistencia anticapitalista. Porque para ellos la población que es víctima de racismo, de violencia y femicidios no son sujetos de derechos humanos, son objetos de discursos de derechos humanos. La universidad tiene una responsabilidad enorme en este sentido”.
Finalmente, el reconocido académico concluyó: “Para mantener su identidad como bien común, la universidad tiene que transformar muchas de sus ideas del pasado. Entonces ya no va a ser una universidad, va a ser una pluriversidad. Pero eso no es todo: el ataque del neoliberalismo es tan grande, que no estoy seguro de que eso no exija otro neologismo: la universidad tiene que pasar a la pluriversidad, pero para garantizar eso tiene que ser también una subversidad”.



* Por Lucía Maina para La tinta




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