EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

martes, 10 de abril de 2018

Cuando el arte explica.... Los noventa y un copy paste, acaso un déjà vu






La novela “Cárdenas, cosecha noventa”, fue escrita promediando la primera década del nuevo siglo y publicada en el año 2012. Es una historia negra que narra con detalles escabrosos el único derrame que el sistema neoliberal le propone a la humanidad: la perversión y un correlato psicopático a la hora de decidir y actuar en función de satisfacer los egoísmos individuales que él mismo promueve e incentiva. Aquí un párrafo, tal vez una editorial, porque no, una crueldad...


Cárdenas se mostró un tanto desencantado por la falta de valoración ante tan pensado asunto. La crónica periodística burocratizó el incidente sin la exposición de los rasgos artísticos que la escena detentaba. No se cotizaron supuestos ni se profundizó sobre posibles esfuerzos extras que el asesino tuvo que realizar para obtener éxito en la empresa. Se sintió mancillado, plagiado. Llamativamente no se hacía mención que para realizar un trabajo con signos misteriosos es necesario poseer líneas de pensamiento y racionalidad que lindan con lo científico y hasta con lo artístico. Pensó en Thomas de Quincey y su novela “Del asesinato como una de las bellas artes”. Cada tempo, cada orlado, cada óvolo grecorromano, detenta un correlato lógico y deliberado que evita y anula toda acción azarosa o casual. Por el momento lo atormentaba la idea de no ser reconocido como un ente intelectual trascendente y si se quiere, de cuidado, temía que sus superiores no lo consideren a la altura de las circunstancias. Poco le importó haber degradado hasta los umbrales del exterminio, admitiendo además como ciertas las máximas que el mismo Luis conservaba cual postulados de vida. Sospechaba que no había razón para refutarle a su amigo que los noventa estaban bosquejando en la piel y en el corazón de la sociedad un esquema individualista con muescas mesiánicas y que nada se podía hacer para cambiarlo, y que para mal mayor tal cosa costaría mucho tiempo erradicar, incluso a pesar de su seguro fracaso. El favorecido por el sistema tenía el deber de gozar sus mieles sin pensarse pecador, así lo instruían los textos de autoayuda, y obligado a sentirse envidiado si el derredor le censuraba haber tomado algún recodo miserable; mientras que el desafortunado debía admitir con resignación su falta de astucia para aprovechar las ventajas que el sistema le proporcionaba. La vida y la muerte se codeaban, se entregaban como amantes, seduciendo a propios y extraños. Se puede asesinar y no importa, no interesan las víctimas ni los victimarios, las causas, los efectos, las consecuencias, daba igual, nadie se detiene a observar lo que está ocurriendo, el vértigo y el apuro por llegar a ningún lado forma parte del boceto. Cada uno está muy ocupado en sus individualidades como para demorarse en la recomposición del tejido social. Y así va la cosa. Se desteje ominosamente una malla que era imprescindible para que el infortunado no cayera al hondo de un vacío irreparable, se construyen más huecos, y hay más caídas y hay mayor cantidad de desdichados. También hay más testigos que no tienen ganas de declarar y moralistas que bajaron definitivamente sus brazos porque es necesario conservar. Las autoridades supieron hacer su tarea de manera eficiente. Plantaron cientos de miles de absurdas zanahorias en el urbano camino del invencible déspota interno que cada uno tiene guardado, haciéndole honor al llamamiento que a fines del siglo XIX hiciera Ibsen: “Las mayorías nunca tienen razón, no importa donde vayas en este mundo. Los tontos son abrumadora mayoría”. Era imposible sentir algún tipo de remordimiento dentro de ese contexto. Y Cárdenas no escapará a la generales de la ley. Había cometido su primer asesinato. Y la vida seguía como si tal cosa...”


Cárdenas, Cosecha 90

Finalista Certamen Gregorio Samsa – Editorial Ápeiron – España – 2016






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