EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

lunes, 31 de julio de 2017

George B. Shaw insistió que el odio es la venganza de un cobarde intimidado. Ante este flagelo mediático es hora de profundizar la Formación Política




Escuchados los discursos oficialistas y colectores no veo otra cosa que odio y sed de venganza. Los chacales, hambrientos y desesperados huelen a sangre, babean sus apetitos y sospechan que están a punto de devorarse a su presa preferida. Vitorean a sus más crueles y despiadados exponentes. Sabemos que lo único que tenemos nosotros es la voluntad y algo de astucia. Recordemos que con un 22% nadie daba dos monedas por nuestro futuro y llevamos adelante 12 años solidarios. No dudo que la soberbia les hará cometer algunos errores. Si queremos sobrevivir, si no queremos ser devorados por los caníbales deberemos aguzar nuestra astucia política y esa voluntad que nos hizo aguantar durante muchos momentos de nuestra historia hasta los peores tormentos...

En Diciembre del 2015 afirmábamos la tristeza que nos causaba  comenzar a despedirnos de aquellas cosas lindas y equitativas que supimos conseguir en estos años. La dinámica de los pueblos es así. Por eso los que creen que interpretan la realidad de manera absoluta más temprano que tarde le pifian. Hay veces que los pueblos dicen basta. Basta de distribución, basta de equidad, basta de inclusión. Queremos otra cosa, sin importar si falta o no falta. Es derrota, sin atenuantes. Ganaron Carrió, Lanata, Magnetto, Morales Solá, el fin de los juicios a los genocidas, Melconian, Singer, Espert, y eso es lo peor que le puede pasar a nuestra sociedad. Pero que va. Seguramente ahora Kovadloff no va a sentenciar que Hitler llegó al poder por medio de elecciones ni hablará de fraudes.

El restaurante está atendido por sus propios dueños; ellos comen gratis y somos nosotros los que trabajamos en la cocina, les mantenemos limpios los baños y le pasamos la bruja al piso, todo por un mendrugo, el resto espera en la parte de atrás por las bolsas de sobras, y es allí en donde descansa el conflicto.
Claro estuvo Nicolás Casullo cuando sentenció que desde la mirada K la política en democracia es intervenir y actuar la conflictividad, no negarla. El conflicto hace inteligible la política en democracia. Se trató desde el presidente de reinstalar democráticamente la idea de por lo menos “dos” proyectos o programáticas en pugna real. Una lucha de perspectivas sociales distintas dentro del respeto a los marcos institucionales. Contienda ya sea con los factores agroexportadores, con las empresas de servicios privatizadas, con los monopolios fijadores de precios, con los criterios corporativos de las fuerzas armadas, con ciertos sectores de la iglesia, con organismos y dominancias en el plano internacional. Gobernar sería partir de la conciencia de conflictos, de poderes en disputa, de intereses opuestos, de negociaciones, de acuerdos desde una programática político social y cultural a cumplir.
Esto fue percibido muy críticamente por un campo no sólo empresarial, sino político, cultural, informativo como aparición de dimensiones por demás negativas de crispación, aspereza, “populismo”, malos modos. Destemplanzas que corroen una cosmovisión de época dominante por excelencia: “Hay una única gran administración de las cosas y de la crisis contemporáneas, un modelo pactado por izquierdas y derechas que se alternan desde una programática consensuada, salvo cuestiones menores a lo socioeconómico”. Esto es, la política necesita partir de un consenso como categoría natalicia de sí misma. Consenso de gobernabilidad que prescribe qué se discute, qué ya no se discute más, qué se plantea, qué se incluye y qué se excluye, espacio imaginario imprescindible donde todos se ponen de acuerdo: los con poder y los sin poder.

Noto que milita un llamativo consenso, sobre todo dentro del campo de la comunicación política, para suprimirle relieve a los dilemas. Deberíamos permitirnos sospechar de la llanura en la cual están embutidas las temáticas. Las disyuntivas pueden ser blancas, negras o grises, y estas últimas en distintas tonalidades, pero lo que no podemos a mi entender, es aceptar livianamente los colores a simple vista, cosa que se pretende instalar de manera taxativa. Se me ocurre que por lo menos nos debemos la obligación de esmerarnos por rasgar las superficies para saber cómo llegamos a esas coloraciones; es decir qué preexiste bajo lo que existe y a su vez intentar relacionar los fenómenos entendiendo que nada es totalmente autárquico dentro de una sociedad. La catarata de conflictos y eventos llamativos que se dispararon recientemente eran previsibles si tenemos en cuenta lo determinante del corto plazo. Estábamos todos avisados, vale. Ahora bien y pasados los primeros acomodamientos, ¿nos podemos conformar y a la vez justificar porque sabíamos qué “algo raro” iba a suceder?  Esto es más o menos lo mismo que sabiendo sobre la llegada de un próximo cataclismo nada hacemos al respecto a modo de prevención.

La ausencia de debate político y si se me permite de una mínima instrucción política, falta de ejercicio diría, ha nivelado la categoría de los antagonistas y no precisamente porque el oficialismo haya elevado sus talentos. Queda claro entonces que dentro de la pobreza política triunfarán aquellos que son probos nadadores en dichas aguas.

2 comentarios:

  1. "somos nosotros los que trabajamos en la cocina, les mantenemos limpios los baños y le pasamos la bruja al piso, todo por un mendrugo, el resto espera en la parte de atrás por las bolsas de sobras, y es allí en donde descansa el conflicto."

    Mas de una vez pensé en la ironía de llevar a cabo a rajatabla la grieta y repartido el país en dos, vamos a ver quien les haría esa parte.
    Claro que en el reparto ellos tienen la Pampa húmeda y he ahí que en este país era harto imprescindible esa reforma agraria que nunca se hizo.

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    1. Tristemente esa medida equitativa cardinal solo es posible en el marco de una sociedad que asuma con conciencia la ignominia. Que esa conciencia supere aún las clases sociales, y se transforme en conciencia humanista. En mi Pago esa ausencia de conciencia hace que hasta lo crotos estén de acuerdo con el orden establecido. Acaso debe ser por eso que suelo remar en dulce de leche cuando pretendo dar el debate político en otro plano.. ni los del palo apoyan darle al debate un salto de profundidad..

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