EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

lunes, 24 de julio de 2017

“Estigmatizapolio”




¿Cuántos de los ciudadanos que otrora se inclinaron fervorosamente por el kichnerismo hoy le dieron la espalda a propósito de la propaganda y el denuesto falsario? Acaso en política la estigmatización de grupos por parte de la poderosa mass media sea un arma extremadamente eficiente para inclinar la balanza. Históricamente no sólo existen hitos a destacar sobre el tema, sino además grandes matanzas. Nadie con las defensas bajas, permeable a la opinión publicada, desea adherir a una agrupación acusada (sea cierto o no) de desquiciada y corrupta, y menos aún que lo relacionen directamente con ella más allá de coincidir con sus lineamientos políticos.
De todos modos no llama tanto la atención que las demás opciones políticas exhiban tantos o más granos que el propio kirchnerismo en estas cuestiones teniendo en cuenta que dichos eczemas se encuentran mimetizados, acaso protegidos por la propia mass media acusadora. Si nos detenemos puntualmente sobre los triunfadores en cada distrito notamos que el tema de la corrupción no ha tenido su correlato electoral. Es la estigmatización mediática de los grupos y personas lo que produce la fuga en sí y no la corrupción misma. Que los kirchneristas somos naturalmente corruptos está tan instalado políticamente como que los judíos se quedaban con las rentas colectivas de los alemanes. No importa que sea cierto o no, es así, es útil como argumento político y no se modifica.
Esta suerte de sayo instalado produce fugas inerciales. Se me dirá que dentro de un cuarto oscuro uno decide autárquicamente, pues me atrevo a soslayar que uno también desea pertenecer socialmente a un colectivo que lo contenga, dejar de ser estigmatizado, siendo el camino más corto deshacerse del sayo. Por eso temo que la estigmatización es otra de las grandes vencedoras de las PASO; sucede que para su tristeza no puede salir a festejar, resultaría vergonzoso que el prejuicio y la falacia conceptual determinen el futuro de una sociedad.




VERDADES, VERSIONES, MENTIRAS, CALUMNIAS Y MANIPULACIONES


por Sebastián Olaso (para La Tecl@ Eñe)


Vivimos en tiempos en que el concepto de verdad se ha vuelto increíblemente complejo. Estoy de acuerdo con que no hay verdades únicas, con que algunas supuestas verdades son apenas factores de poder, visiones fundamentalistas o elementos de dominación o de manipulación. Tengo muy en claro que la idea de un pensamiento único, sin posibilidad de disidencia, puede derivar en sociedades violentas, totalitarias, intolerantes, homogéneas, hegemónicas, represivas. Pero me niego al “borramiento” del concepto de verdad. Me niego a que, como contracara, se anule el concepto de mentira. Me niego a que haya un nuevo totalitarismo donde no haya más que supuestas verdades particulares, personales, que permitan mentir a mansalva, de modo impune. Me niego a que el debate use la expresión su verdad cuando debería usar la expresión su versión: versión que, luego se verá, quizás en algunos casos sea una verdad personal, pero quizás en otros casos sea una mentira lisa y llana.

Por lo tanto, entiendo que es necesario que todos volvamos a considerar hasta dónde vamos a relativizar el concepto de verdad. ¿Toda, toda, toda versión entrará en el criterio de verdad personal?
En este juego de excesos y omisiones que se crea muchas veces cuando se necesita visibilizar algo importante, creo que es necesario, además, no aplanar las miradas. Creo que es necesario restituir un espacio al concepto de verdad. Si lo logramos, vamos a poder ser realmente fuertes en nuestros argumentos, en nuestras opiniones, en nuestro posicionamiento. Si en un lugar hay violencia, ilegalidad, represión, abuso, estafa o cualquier tipo de acción digna de atención, intervención, concientización, ¿para qué adulterar los hechos?

La respuesta no está en mis manos; pero según mi opinión (según mi versión, que luego se verá si califica para ser considerara mi verdad), la adulteración está favorecida, entre otras cosas, por la estigmatización del concepto de verdad. ¿Para qué voy a decir que la última dictadura argentina se apropió de mí, si está probado que se apropió de otros quinientos niños? Y si alguien sigue siendo escéptico con el número, lo indudable es que se apropió, al menos, de los más de 120 nietos recuperados a la fecha. Las atrocidades de la dictadura no necesitan de mi mentira para agravarse. Por lo tanto, mi mentira no solamente me convertiría en un mentiroso, sino que además ayudaría a quienes buscan impunidad para los terroristas de Estado y desprestigio para quienes buscan justicia. Lo mismo ocurre con todo tipo de calumnia, de denuncia falsa, de adulteración de la realidad.


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