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martes, 27 de junio de 2017

Los oradores de Cristina – Aceptando las novedades del discurso del otro, porque “la patria, para nosotros sigue siendo el otro”...Por Oscar Steimberg, Semiólogo y poeta.







Por Oscar Steimberg, Semiólogo y poeta - Profesor emérito de la Universidad Nacional de Buenos Aires, para La Tecl@eñe


Los que rodearon a Cristina en el acto del 20 pertenecían a todos los sectores sociales que pueden coincidir con su proyecto político; que pudieron y que pueden coincidir. Es difícil reunir, presentar y comentar esa diversidad; en ese discurso nada común aparecieron en sus diferencias tanto como en la coincidencia en la gravedad actual de sus momentos personales y económicos. Esa coincidencia apareció tan natural que pudieron, tal vez, no advertirse algunas de las novedades de esas proposiciones; por ejemplo, la de que se planteara un compartir la palabra o el relato con unos invitados elegidos precisamente a partir de la gravedad de su situación actual. En las crónicas del día siguiente se informó en general que esos diálogos-testimonios estuvieron en la parte final del discurso; creo que es útil señalar que esa parte final fue extensa, además de novedosa.

Mostrar, y no sólo relatar, la abarcatividad de esa gravedad del momento es compartir, aún en los momentos de ejemplificación, la toma de la palabra, nada menos que en la instancia de las frases de cierre. Sin que esta novedad enunciativa, en este caso, quite presencia a la palabra de la oradora. El “organizarnos” centralizado en las propuestas de acción terminó de articularse así con un “nosotros” en presencia que está en la base de la propuesta política. La propuesta transpartidaria es dicha así a partir de la presencia de una multisingularidad que fundamenta la elección de una opción por la organización política presente de un movimiento social. Una opción elegida a partir de un presente reconocido en su condición cambiante y en buena parte imprevisible para todos, incluido todo orador. Se está diciendo que no se trata de seguir una marcha preestablecida en sus modos y objetivos, sino de sumarse a un espacio que no puede no afrontar las oscuridades de su reconstitución organizativa ante las fracturas venidas de un desastre social, y ante la escala de prioridades redefinida en cada momento de la confrontación. Ahí toman su lugar instancias explicativas como la del señalamiento abarcativo de la importancia, hoy, de unas elecciones de medio término: “allí –se dijo- la sociedad expresa si está o no está de acuerdo”; momento, podría decirse, en el que cada uno se enfrenta a algo suficientemente nuevo y complejo como para que no pueda asumirse solamente con alguna predefinición partidaria.

 
Y también está la elección de los invitados a compartir ese cierre de discurso. Conviene reiterar la condición novedosa –y acá podríamos agregar: riesgosa- de esa elección de cierre: los oradores de tribuna suelen ingresar en la última parte de su alocución en una instancia de ascenso del tono, en unidad e intensidad. Y debe ser muy difícil encontrar casos en los que, así sea muy fragmentariamente, la enunciación de ese momento siempre firmemente elevado se comparta. En todo discurso político hay una reconstrucción de relato, y no hay relato en que no importe la instancia de cierre. Y allí el drama de ese relato mostró su pluralidad. La secuencia de las convocaciones fue también social y políticamente novedosa: las jóvenes investigadoras del CONICET que perdieron sus becas estuvieron ahí junto con los migrantes latinoamericanos que perdieron su trabajo o los jubilados que ya no tienen para comprar sus remedios.

Como en todas sus intervenciones, Cristina Fernández de Kirchner habla desde su propia pluralidad enunciativa: la terminología técnica del derecho o la economía es asumida con la naturalidad con que se la incluiría en un discurso docente o parlamentario. Y la interpelación coloquial se alterna con esas proposiciones que abrieron instancias metodológicamente ordenadas, en las que una bibliografía aparecerá también pertinentemente implicada. Como si los diversos conjuntos de destinatarios (diversos en lugar social, en formación política y en estilo) fueran invitados a aceptar y compartir esa inevitable diversidad del discurso político de este tiempo. Aceptando, cada vez, las novedades del discurso del otro. Porque “la patria es el otro”.


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