FRASE DE EDUARDO GALEANO

EL ARTE Y LA CIENCIA EN UN DIÁLOGO ENTRE DOS SILENCIOS

lunes, 3 de abril de 2017

Durante los 15 meses de gestión macrista 5 de cada 6 nacidos vivos fueron a parar a la indigencia. Claudio Lozano, para Revista sin Permiso



Argentina: tres de cada diez personas son pobres y dos de cada diez pobres son indigentes

Por Claudio Lozano, economista, diputado nacional por Unidad Popular. Tomás Raffo, Economista, miembro del Instituto Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), de la CTA. Samantha Horwitz y Javier Rameri, Economistas, colaboradores del IPyPP, han elaborado el aparato estadístico de este artículo.

Fuente: Revista sin Permiso
http://www.sinpermiso.info/



1) El dato: 3 de cada 10 personas son pobres y 2 de cada 10 pobres son indigentes

Recientemente el INDEC presentó la situación en materia de pobreza por ingresos al 2do semestre 2016. Las tasas dan cuenta de que el 30,3% de la población está sumida en la pobreza al tiempo que 6,1% pasan hambre ya que no logran cubrir los requerimientos kilocalóricos necesarios. En términos poblacionales lo anterior implica que 13.276.730 de personas son pobres y 2.672.873 indigentes.



Tales datos resultan ser los segundos de una nueva serie inaugurada a partir de recuperación del INDEC y particularmente de la EPH. La magnitud de las tasas presentadas insiste una vez más en situar en el centro de la escena política el escenario de fragilidad social por la que atraviesa la sociedad argentina en el momento actual. La misma, de todos modos, ya viene teniendo expresión en el significativo nivel de movilización y conflictividad social de los últimos quinces meses. Concretamente, se contabiliza un total de 13 grandes movilizaciones protagonizadas por distintos colectivos sociales que tuvieron como horizonte el cuestionamiento a las decisiones llevadas a cabo por el actual gobierno, prácticamente una por mes.
En términos económicos, la estrategia desplegada por la actual gestión que consiste básicamente en establecer una pauta distributiva de mayor regresividad en relación a la existente en la etapa anterior, es absolutamente compatible con el cuadro de empobrecimiento publicado. La caída más pronunciada en la participación de los ocupados en el PBI se verificó durante la primera parte del año 2016, en la cual la incidencia de las retribuciones al trabajo descendió un 3,4% implicando una transferencia de ingresos de $63.000 millones apropiados por el excedente empresario. En consecuencia, con el nivel salarial contenido y en deterioro constante por el crecimiento de precios, el consumo privado se mantuvo bajo y con tendencia decreciente durante todo el año 2016.
Por otra parte, no es sólo la situación vigente la que está comprometida en términos de marginalidad y exclusión social. La pobreza de los sectores populares tiene una característica histórica distintiva vinculada al rasgo de infantilización de la misma. No se dispone aún de la tasa de pobreza de la población infantil al 2do semestre del 2016, pero es válida la referida al período trimestral inmediatamente anterior, la cual señalaba que mientras la tasa general era del 32,2%, la correspondiente a la población menor de 14 años ascendía al 45,8%. Lo anterior refleja que más de la mitad de los pobres son niños y niñas.

2) La comparación: Aparente efecto de mejora semestral que esconde un fuerte deterioro anual. Semestre o año, esa es la cuestión.

La comparación que surge de forma inmediata a partir de la información oficial disponible consiste en comparar el presente dato correspondiente al 2do semestre 2016 respecto al inmediatamente anterior, del 2do trimestre del mismo año. Cabe resaltar, que en términos estrictamente técnicos, tal confrontación contiene ciertas dificultades para ser realizada en forma inmediata y sin reparos ya que los períodos corresponden a intervalos de tiempo diferentes.
Una de las limitaciones más importantes, en vistas de considerar la alta sensibilidad del indicador ante cambios repentinos de precios e ingresos, consiste en la posibilidad que brinda el semestre de prorratear la percepción del aguinaldo suavizando su impacto más eficazmente que el dato trimestral. De esta manera, las cuotas del sueldo anual complementario, el aguinaldo -devengadas en Junio y Diciembre pero cobradas mayormente en Julio y Enero- se reparten en dos semestres haciendo factible su comparación e inhibiendo los efectos estacionales, al menos en este aspecto, en los ingresos. Sin embargo, lo anterior no ocurre en comparaciones trimestrales ya que en éstas se alternan trimestres que pueden tener o no el efecto ingreso del aguinaldo.
De todos modos, en esta oportunidad la diferencia estaría dada en que el segundo trimestre, que recorre los meses de Abril a Junio, no incorpora el aguinaldo como un efecto ingreso transitorio mientras que sí está presente en el segundo semestre constituyéndose como un factor que hace tender a la baja el indicador de pobreza. Según el propio INDEC, y en ocasión a la presentación de la tasa de pobreza trimestral, el comunicado de prensa aclaraba que el relevamiento continuo de este indicador produce datos con frecuencia semestral aunque, por única vez, se mostraría la información trimestral al segundo trimestre. Cabe destacar que la decisión institucional del nuevo INDEC, si bien permitió disponer rápidamente de información sin necesidad a esperar un año para la producción de un dato semestral, sumó más complicaciones y reparos a la ya existente imposibilidad de efectuar comparaciones de tasas conforme a la manipulación de la gestión anterior. Sin embargo, esta encerrona estadística respecto a cómo considerar la información para establecer alguna posible tendencia en el tiempo, como ya lo hemos señalado en más de una oportunidad, no responde a otra cosa que a la resonancia de un daño que todavía persiste en el sistema de estadísticas pública y que tiene origen en la burda intervención y manipulación de los datos cometida durante nueve años corridos.
Por lo tanto, si bien la comparación es dudosa, lo cierto es que, así sea de un trimestre con un semestre, resulta ser inevitable.
Se observa entonces del cuadro 2 que la tasa de pobreza pasa del 32,2% al 30,3% verificándose una caída del 6% y una disminución de la población pobre en 760 mil personas. Por su parte, la indigencia demuestra quedar prácticamente estancada al pasar del 6,3% al 6,1% resolviendo la situación de indigencia a cerca de 74 mil personas.




Como primera cuestión cabe resaltar que el impacto de la caída de la pobreza duplicó a la caída de la indigencia (-6% vs -3%). Ello se debe a que la canasta básica de alimentos creció por encima de la canasta total como resultado de una aceleración en el aumento de los precios de los alimentos en relación al resto de los bienes y servicios no alimentarios. Mientras la CBA aumentó un 9,4% en el último semestre, el componente no alimentario lo hizo cerca del 7%.

Cabe señalar algunas cuestiones que permiten explicar la dinámica de la última parte del año 2016:
Durante el segundo semestre del año 2016 se experimentó una importante desaceleración del ritmo inflacionario. Así como la tasa de inflación anual culminó en 39,4% la tendencia fue marcadamente heterogénea: mientras el primero semestre (enero – junio) implicaba una tasa de inflación anualizada del 56%, la tasa análoga correspondiente al segundo (julio – diciembre) era del 17,7%. En este sentido, cabe destacar que los aumentos tarifarios y un conjunto de servicios con precios regulados tuvieron aumentos exponenciales (ver cuadro) que se concentraron mayormente durante la primera parte del año mientras que durante la segunda mitad se dio marcha atrás con varios aumentos, vía los límites impuestos por cuestionamiento social y los derivados del ámbito judicial.




Muy lejos de que lo anterior implicara un efectivo control del proceso inflacionario, se verificó que el mismo tuvo su origen en la agudización del cuadro recesivo de la actividad económica: mientras el PBI alcanzó casi un -4% de caída al tercer trimestre, la industria y la construcción se desplomaron (el EMI verificó un piso en octubre con una caída del -8% y la construcción, en sistemática retracción, concentró su punto más crítico en julio con una caída de su actividad de casi -24%). El empleo, sin embargo, se mantuvo estancado y asistió a una marginal recuperación durante el segundo semestre. Pese a la proliferación de despidos y suspensiones, fuertemente vinculadas con la industria manufacturera, asistimos a un contexto (que al menos en los primeros meses) demuestra una contención del empleo vía la transición a la informalidad o a formas flexibles y precarias de trabajo así como también un sostenimiento del empleo público.
Los puntos anteriores son importantes para matizar el posible optimismo de adeptos al presente gobierno sobre la llegada del tan ansiado segundo semestre a partir de la mejora de la tasa de pobreza. Pues bien, otros indicadores que permiten contextualizar esta mejora relativa indican que el transitorio alivio no es más que la estabilización de un salto extraordinario de deterioro social durante la primera parte del año que resultaba insostenible e ingobernable en estos nuevos tiempos.
No obstante lo anterior, ninguna indagación seria que pueda realizarse respecto a lo sucedido concretamente durante el último semestre del año 2016 debe pasar por alto que, afirmar la existencia de una tendencia favorable en términos de pobreza, es tributaria a ocultar el ostensible deterioro experimentado durante los primeros meses del año 2016. Por lo tanto, no es para nada ingenua la postura oficial que seguramente intentará situar en el 32,2% el punto de partida de toda comparación de su gestión, siendo que tal recorte está de por sí sesgado. Expresamente lo enunció el presidente Macri en ocasión a la presentación de aquella tasa como “este es el punto de partida con el que acepto ser evaluado” intentando con ello pasar por alto que su política económica de ajuste a los sectores populares inaugurada con una fuerte devaluación, instauró un piso salarial más bajo y un deterioro de la pauta distributiva que se expresó en un salto de la pobreza e indigencia. Esta práctica, nada novedosa ni privativa de la actual gestión, de utilizar los momentos más críticos como punto de referencia para evaluar el desempeño de los gobiernos, son engaños que conllevan un serio error conceptual o una manipulación de sentido para mostrar públicamente aparentes mejoras.
En el siguiente cuadro presentamos la comparación de las recientes tasas con respecto a la última situación del año 2015 con el fin de tener una lectura menos sesgada que la que permite el período semestral.
Como se observa, la información presentada está muy lejos de conformarse en evidencia que permita al actual Presiente de la Nación jactarse de su labor en materia de pobreza e indigencia:
- El año de Macri culmina con un aumento de la tasa de pobreza que pasa del 29,5% al finalizar el año 2015 al 30,3% a fines del 2016 que implica una extensión de la condición de pobreza a medio millón de personas más.
- El aumento superlativo de la indigencia implicó que la tasa de indigencia se expandiera en un 16% pasando del 5,3% al 6,1%. En términos poblacionales se expresa en nada menos que 388 mil personas más que pasan hambre.
- El deterioro en las condiciones de vida de la población durante la era Macri, no tuvo grises y precipitó en la emergencia social que implica cotejar que el 77% de nuevos pobres son indigentes.


Por lo tanto, la tasa de pobreza e indigencia del segundo semestre 2016, lejos de ser una buena noticia, resulta ser una convalidación del nivel de deterioro de las condiciones materiales de vida superior al existente hace más de un año atrás.

3) El momento actual: Durante los 15 meses de gestión macrista 5 de cada 6 nacidos vivos fueron a parar a la indigencia.

No obstante lo analizado, conviene precisar que el segundo semestre 2016 a pesar de ser el último dato oficial disponible, representa un dato desfasado en el tiempo respecto a lo que podemos denominar nuestro presente.
Finalizando el mes de marzo del año 2017 se verifica que el nivel de ingresos de los sectores populares se mantiene prácticamente estancado desde finales del 2016. La conclusión anterior surge de considerar que la mayor parte de los acuerdos salariales de los principales sectores, o bien no se han cerrado o no se han efectivizado así como tampoco está vigente la actualización de otros conceptos de ingresos como las jubilaciones y asignaciones familiares. Sin embargo, no corre la misma suerte para el caso de la evolución de los precios. Como los mismos no precisan de paritarias ni de fórmulas estrambóticas (como la fórmula de movilidad) para ascender, surge que asistimos a período de ingresos planchados y costo de vida en ascenso.
Para estimar el consecuente impacto que términos de tasa de pobreza e indigencia implica el escenario planteado, presentamos a continuación, un ejercicio de proyección de tales indicadores al primer trimestre del presente año.
En el cuadro 4 se presenta un resumen de los supuestos utilizados. Los mismos consisten en suponer que la relación (variación de pobreza) - (variación de precios) se mantienen estable en el tiempo tal cual se experimentó durante el primer semestre del 2016. Es decir, que por cada punto de aumento de los precios de la CBT, la tasa de pobreza aumenta en 0,34% mientras que por cada punto de inflación del la CBA, la tasa de indigencia aumenta un 0,86%.






De este modo, en el marco de un crecimiento de los precios de la CBT del 4,6% y de la CBA del 3,7% para el primer trimestre 2017 surge que la proyección de aumento de la tasa de pobreza será del 1,6% y la correspondiente a la indigencia del 3,2%. Ello indica, según la proyección, que tasa de pobreza alcanzaría casi el 31% y la indigencia un 6,3%. Como consecuencia, en los últimos tres meses habría 240 mil pobres más y 92 mil personas indigentes más.
La situación incluso se agrava al considerar el período macrista en su conjunto. En base al cuadro social proyectado para el año 2017 y en función de lo verificado a fines del año 2015 surge que la política económica arrojó a la pobreza a casi 750 mil personas mientras que confinó al hambre a medio millón en tan sólo 15 meses de gobierno. Es decir, que un equivalente de 5 de cada 6 nacidos vivos fueron a parar a la indigencia.


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