EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

jueves, 20 de abril de 2017

Aniversario 116 de José A. Guisasola – Partido de Coronel Dorrego




Se han disipado los fuegos artificiales, se han higienizado las calles del desprolijo y colorido cotillón, se han silenciado los altavoces de los cuales emanaban pobres y banales oratorias, renglones insípidos saturados de pésima literatura, se han acallado por fin los micrófonos mediáticos que muy oportunamente les fueron ofrecidos a los representantes del establishment local para hacer gala de un presente que solamente ellos observan con infame cinismo.

Pero como cantó Serrat “el sol nos dice que llegó el final a pesar de que una noche se olvidó que cada uno es cada cual”. Y las moscas volvieron, en realidad nunca se fueron, un camioncito fumigador anti-plagas modelo “Fusiladora 1955”, acaso conducido por Baby Etchecopar, a modo de placebo, las mantenía fuera del área asfaltada del festejo, de manera no aterricen su maldad en las neoliberales calvas de nuestros psicóticos salvadores, y más aún, tratando de impedir expresamente su ingreso vandálico dentro de las fauces de los funcionarios disertantes; impensable que ello pudiera ocurrir justo en el preciso momento en donde la mitomanía y la perversión discursiva lucieran sus mejores galas.

Y por un rato en los suburbios del pueblo no hubo moscas, y había agua, Alcoyana-Alcoyana nos dijimos. Simbiosis crepuscular, planetas alineados, el ideal. Cuatro horas después de terminada la verbena, y ya sin nuestros heráldicos visitantes, de la canilla no caía una gota y todo lo que había en el exterior era un ejército de moscas enfurecidas con nosotros por culpa de un camioncito que hacía rato había partido, para nosotros con destino incierto, rumbo a otro acto “proctolocar”.

Tristemente al ser nosotros forasteros en nuestra casa y no anfitriones y menos aún propietarios nos es imposible decidir el orden de nuestro hogar, y justamente quienes deciden sobre ese orden no viven en nuestro pueblo.  Anahí “Whatsapp” Dumrauf, Delegada de facto – y cabe la aclaración ya que es un cargo que no deviene de una elección popular muy a pesar de tomar decisiones que inciden en un colectivo socioeconómico y cultural – no vive en nuestra localidad, y eso ya de por sí dificulta su capacidad para racionalizar los inconvenientes que el ciudadano habitante debe afrontar a diario y los trastornos que por mínimos que sean mal predisponen al vecino. El proceso de acumulación suele llenar de fastidio tanto a los ovarios como a los testículos. Muchos sospechamos, incluso vecinos que adhieren políticamente al oficialismo, que la mencionada funcionaría ni siquiera finalizó el curso de Gestión de Delegaciones que dictó Coti Nosiglia en la academia Todos por Dos Pesos. Debo reconocer que no soy el creador del apodo de nuestra Delegada, la especie me llegó a través de personas que trabajan muy cerca de ella y su política para encarar la gestión administrativa.

Pasadas 48 horas de Semana Santa, al haberse cumplido, el día martes 18 de abril, el 116 aniversario de nuestro pueblo y como hace 30 años “la casa está orden”. La basura sigue estando en el mismo lugar, pero más podrida, los elementos contaminantes y sus responsables públicos y privados, que tampoco viven en la villa, gozan de la más absoluta impunidad para seguir transformando la aldea en su “fondo” residual, la pauperización de los servicios médicos se acentúa mes tras mes como consecuencia de los recortes presupuestarios, hay sectores del pueblo que son intransitables hasta en caballo y a la par que son verdaderas bocas de lobo, eso sí en breve tendremos una línea lumínica de 3 km en la avenida de ingreso, obra de costo general indescifrable cuya prioridad social podría estar ubicada, siendo optimista, en el número 65 de las necesidades colectivas locales.

Feliz cumpleaños Guisasola, algunos te mienten, otros creen que ganan cuando te mienten, de unos y otros ya hablamos un rato largo; acaso los menos te escribimos poesía, te adoptamos como el único escenario posible para nuestros cuentos y relatos, te fotografiamos, te pintamos, te cantamos, embellecemos tus entrañas cuidando tu salud, le contamos al mundo de qué se trata esta aldea maltratada, tan poco defendida, tan claramente extranjera a la hora de comprender sus azares.



Estación José A. Guisasola

Es probable que nos quede
tan sólo un vago recuerdo
de esa fiesta improvisada
cuando tu sola llegada
era motivo de prisas
coquetería y rubor.

La caminata de espera
por el andén señorial
nuestro aljibe de testigo
y un beso despreocupado
que por entonces valía
como rúbrica de amor.

Nube negra que delata
tu silueta de primicia
y otear entre las caricias
alguna arruga indiscreta
que a la fuerza y por demora
en la falda se instaló.

De fileteado preciso
se ufanan tus ventanales
testigo de temporales
que prestan conformidad,
ventarrones de perfumes
gominas y soledad.

El durmiente es testimonio
nadie olvida haber servido
maderas que el magro olvido
no ha logrado arrinconar,
huellas en las baldosas
talladuras, corazones,
archivos que el diablo quiso
en la estación preservar...

El andén se va poblando
las fragancias se confunden
un catango estacionado
reclama vía y labor
aromas que el ferroviario
conquista cual polizón.

En forma lenta y pausada
nos delatas tus perfiles
un presagio de pregunta
de identidad y cortesía
cual enigma indispensable
hoy silencio, y poesía.

Los fierros dan testimonio
nadie olvida haber vivido
listones que el magro olvido
no ha logrado marginar,
pisadas en las baldosas
madreselvas, corazones,
historias que el diablo quiso
en la estación custodiar...







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