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martes, 13 de diciembre de 2016

La "épica" de la derecha desilustrada: El kirchnerismo era una insoportable afrenta cultural a buena parte de las élites sociales..


Aprehender el Estado

Por Gabriel Vommaro, Sociólogo, para Le Monde diplomatique Cono Sur


Pasó un año desde la sorprendente victoria de Cambiemos en la segunda vuelta de las presidenciales, que coronó una construcción épica de algunos sectores políticos y sociales que habían visto en el kirchnerismo una amenaza a sus ideas y sus posiciones. El PRO logró movilizar a elites hasta entonces reticentes al compromiso político directo. A través de dispositivos adecuados para personas que desconfiaban de la política de partidos (fundaciones, ONG), tendió puentes con esas elites y les mostró que sí se puede. “Inculcamos un sentimiento de trinchera”, me dijo hace unos días una activista que participó de esa movilización. El PRO, y luego Cambiemos, lograron ser más que eso, pero desde allí partía el impulso ganador, la épica y la confianza.
El triunfo consolidó la polarización. Desde sus primeros meses en el gobierno, el macrismo dio a entender, en sus acciones antes que en su discurso, que el ya probado clivaje K-anti K seguiría dominando la escena. Así como el kirchnerismo era una insoportable afrenta cultural a buena parte de las élites sociales, el gobierno de Cambiemos pareció ir uno a uno por todos los símbolos que sostenían la identidad kirchnerista entre el progresismo clasemediero. Su primera gran acción de gobierno fue entonces dar un último batacazo en la batalla cultural que dejó a la intemperie simbólica a miles de simpatizantes inorgánicos y silvestres para quienes el Estado devino un otro.
¿Qué pasó, entre tanto, en la economía y la sociedad? La devaluación, la baja de impuestos al agro y las demás formas del “sinceramiento” – framing que se repite en la historia de los ajustes regresivos en Argentina –, más la extrema familiaridad de los nuevos cuadros de gobierno con el mundo de los negocios, hicieron crecer las expectativas en base a la idea de que una mejora del “clima de negocios”, de la “confianza” y de la “pacificación” iban a producir la llegada de inversiones. Una vez confirmado que los negocios se hacen con el bolsillo y no con el corazón, sólo quedó recurrir al endeudamiento público, el mayor en mucho tiempo. Eso patea el problema, pero no trae soluciones. Los nuevos cuadros del Estado descubren los viejos problemas de Argentina teniendo que ser ellos mismos quienes median los intereses. Un experimento inédito en las últimas décadas.
Como el PRO desde sus orígenes, el actual gobierno es antes un proyecto de poder que uno de experimentación social, por lo que debe también lidiar con las demandas de una Argentina plebeya que acumulaba problemas pero también un envión de más de una década de crecimiento de los recursos públicos destinados al mundo popular, formal e informal. Las políticas sociales siguen regando el mundo informal, pero en condiciones de recesión. No sabemos qué sucederá con esta tensión en el mediano plazo.


Fuente: © Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

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