EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

lunes, 29 de agosto de 2016

Homo carroñero, especie en franco desarrollo en el sudoeste bonaerense, entre el río Quequen Salado y el río Sauce Grande



Imagen: Gentileza Página Oficial AM 1470 La Dorrego




El término carroñero procede del latín “carnis”, significado de “carne”, es de utilización biológica,  ya que se refiere a aquellos animales que se alimentan de carroña (cadáveres) por lo que también se los puede llamar necrófagos (del griego “nekros” en el sentido de cuerpo muerto”). Dichos productos orgánicos aptos para su nutrición son encontrados muertos, de manera que la característica fundamental es que aquellos que los disfrutan no han tenido que sobrellevar la fatigosa y riesgosa empresa de la caza. De manera que exigirles a estos animales ciertos comportamientos naturales como pensados constituye un despropósito intelectual, sin embargo solemos condenar a estas especies como malvadas y de espantoso rango, incluso merecedoras de extinción, cuando de calificaciones se trata. Así la hiena, el buitre, el tejón, el dragón de Komodo, el demonio de Tasmania son inmediatamente estigmatizados a pesar de ser seres cuya racionalidad no les permite evaluar comportamientos y son solo sus instintos los que determinan el modo de supervivencia. Ahora es realmente curioso que no seamos igualmente de exigentes con aquellos que teniendo capacidades superiores se comportan de igual modo.
Me refiero puntualmente al género humano. Metafóricamente y en sentido peyorativo se les llama carroñeros a aquellos individuos que sacan ventaja de los errores, horrores y desaciertos de los demás o aquellos que rescatan residuos para su aprovechamiento. Y me quiero detener en este punto. La ostentación de la ventaja, o como se diría en mi Flores de la adolescencia, pegarle al tipo que está caído, sujeto al que no enfrentaría en condiciones de paridad. Lo que hace peor al homo carroñero, y allí radica su máxima debilidad, es la necesidad, por placer y egoísmo, de contar con la víctima minutos antes de morir, nada de pasos intermedios que garanticen la vida. Científicamente está comprobado que ciertos individuos de esta especie necesitan para su satisfacción y goce que la carne se encuentre templada y la sangre no llegue coagular. ¿Y por qué dije debilidad?. En innumerables ocasiones esa soberbia vestida de necrofilia se vio sometida al último suspiro de la víctima, a la mordedura póstuma, a la “garra conclusión”, al epílogo y el zarpazo. Y así, el carroñero deja de ser invitado y anfitrión para formar parte del banquete, pero como carroña, a la espera de otros iguales a él. No tengo idea las razones por las cuales este texto decora a modo de prefacio la nota que a continuación cuelgo y que publica la página de la AM 1470 La Dorrego. Tal vez, más temprano que tarde, encontremos la respuesta…






6 comentarios:

  1. La tan mentada (y a veces poco atendida) Constitución de 1853 eliminó expresamente la confiscación de bienes luego, por supuesto de haber confiscado los bienes de Juan Manuel de Rosas). Todas las posteriores Asambleas Constituyentes lo ratificaron, poniendo en manos de la Justicia en lo Civil y Comercial, el destino de los bienes en caso de fallidos y demás avatares económicos. Hasta la misma Revolucion
    Libertadora, tropezó con estas intentonas propias de resentidos e ignorantes. Estamos en tiempos de una restauración conservadora que nos quiere llevar a tiempos pre-
    Yrigoyenianos, pero los Radicales Dorreguenses van un poco mas allá en su afán de chupamedismo a los poderosos, y nos quieren llevar a tiempos pre-Constitucionales. Sería divertido, si no fuera por la memoria de Juan B. Maciel, Juan Costa, y demas compañeros de martirologio. Alguna vez le dije, en son de broma, que si Maciel viviera, habría un Radical Dorreguense en el campanario señalándolo al tirador. Ahora veo que no es broma...

    ResponderEliminar
  2. Antonio. Sucede que en Coronel Dorrego la vara de la exigencia está bastante la ras. Los funcionarios saben que sus dichos no corren riesgos porque el grado de genuflexión a la pauta es alarmante. Salvo escasísmas excepciones no existe ni pensamiento crítico ni motivación alguna para proponer cierto cosquilleo intelectual. En lo personal considero que si se elevara la exigencia este tipo de idioteces encontraría un correlato que sin necesidad de ser inquisidor por lo menos puede llegar a promover pensar con mayor profundidad la precaria realidad de nuestro distrito. Los tipos están cómodos en su mediocridad.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo de hoy de Di Pacuale fue lamentable. Se nota mucho.

      Eliminar
  3. Escuché a Di Pascuale y fue lo más parecido a esos tipos que van a vender planes de autos. No te olvidés que la segunda mañana de la AM tiene el auspicio de la cámara de diputados de la provincia y supongo no se pueden negar a que este impresentable de la política regional tenga que hacer su bardo publicitario con guita nuestra. Son una lacra, fuera del salario tienen 450000 para gastos reservados que manejan a su antojo. Mirá si tienen guita para comprar voluntades, espacios radiales y televisivos, y quedarse con algún restito.

    ResponderEliminar
  4. La editorial de Madera no tuvo desperdicio. El caradurismo radical en Dorrego no tiene techo. Un funcionario ejecutivo anotado para el plan de viviendas. Transparencia ante todo

    ResponderEliminar
  5. Este Zarzoso, comerciante del rubro almacén, es el concejal que motorizó desde el HCD y por la fuerza de su presencia en la Asociación de Comercio e Industria, una resolución que duró más de 6 meses para que no se pueda instalar en el distrito ningún emprendimiento comercial de más de 150 m2 de superficie para intentar frenar la competencia del supermercado chino. Este disparate no solo atentaba contra el bolsillo del consumidor, también contra las fuentes de trabajo local y contra la propia intención de muchos de crecer comercialmente. Vale decir, Zarzoso utilizó al Estado Municipal para tratar de frenar el crecimiento comercial de una Pyme que competía con él. Por supuesto que una vez vencido el plazo tal disposición no se extendió, y no por falta de ganas del concejal sino por lo ridículo y torpe de la medida.

    ResponderEliminar