EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

viernes, 5 de febrero de 2016

Maestros del Blues. Carlos Johnson y el cuento breve Palabras a Dios




Nacido en 1953 en Illinois, Chicago. Fabuloso y agresivo guitarrista zurdo, que para los detallistas del instrumento bueno es hacer notar que toca con orden diestro.  Justamente su primer disco solista lo grabó en el año 2001 en Buenos Aires a pesar de haber mantenido una ininterrumpida carrera desde las setenta basadas en presentaciones en vivo dentro de los EE.UU y giras por todo el mundo, teniendo enorme aceptación en el lejano oriente..





Palabras a Dios

Las palabras lo sedujeron, o lo que es lo mismo, los años y sus silencios de ausencia provocaron esa seducción. Jamás desconfió. No tenía razón para hacerlo, se sospechaba poco importante para que la dama, a partir de sus labios y su boca, diseñara tan ligera ingeniería afectiva. Su pecado, muy a pesar de su agnosticismo, fue creer que el amor había visitado los linderos de sus oscuras barriadas, cuadrículas dispersas a las cuales tiempo atrás les habían sido podados de manera definitiva los pocos espacios verdes que aún intentaba caminar, acaso a tientas, cual fiel esclavo de su ceguera. Cuando le dijeron te quiero escuchó te quiero, cuando le susurraron te necesito escuchó te necesito. No es recomendable exagerar o en el mejor de los casos utilizar equivocadamente las palabras con los poetas, más aún con aquellas que se escriben. Sus instancias de tristeza y felicidad circulan bajo su tutela, son su sangre creadora y destructiva, y aún atendiendo a la metáfora muchas de ellas no  merecen estar sujetas a la interpretación. El hombre de poca fe se inclinó ante la potestad de lo divino que la dama expresaba sin la defensa de la refutación, el amor no permite atajos, su antagonista había hecho los méritos suficientes para que la duda quedara fuera de los límites urbanos, acongojada y vergonzosa, presta para el suicidio.
Me confiesa el poeta que comenzó a intuir la existencia del sofisma afectivo cuando en cierta ocasión aquel “te quiero” supuestamente incondicional, por lo menos así se lo hicieron saber, había mutado hacia fines específicos, el “te quiero para” incluyó limitaciones no ponderadas, detalle dialéctico imposible de soslayar, estrago que de manera inmediata puso al poeta en manos del preaviso. Días después, y fiel a su costumbre de escuchar atentamente, reparó que esa necesidad declamada también conllevaba el auxilio limitante de una advertencia, del mismo modo sucedió cuando su amada interpuso peajes sugestivos a la nostalgia, inciso que implicaba la premisa “te extraño”. Y pensó en el valor de las palabras y en nosotros, sus voceros, herramientas y operarios que pueden, sin solución de continuidad, hacer que nuestro corazón pulsione al ritmo de sus verbos casi de manera despiadada. Vocablos que es necesario conjugar debidamente para no caer en insolvencias ni provocar quebrantos. Me cuenta el poeta que ante el mínimo intento de debate sobre la situación la dama expuso su disgusto so pretexto de una instancia persecutoria, acusación que ciertamente lo perturbó. Nadie como él deseaba la dicha de su amada.  Haciendo caso de la molestia apenas atinó a un par de mensajes timoratos que el espectro nunca respondió. Como buen caballero se retiró de la contienda llevando consigo sus tristezas no sin antes escribir de su puño y letra ciertos desacuerdos que a vista de lo vivido aún hoy mantiene con Dios, relato que me solicitó publique sin hacer mención de su autoría. Como puede el lector observar el poeta asume sus falencias y erratas religiosas buscando como evocación, nexo y oración a su inasible espectro…

                                “Ante el mandato de sus creencias y lo taxativo de ellas debo entender que Dios la puso delante de mí para amarla. Del mismo modo, debido a su libre albedrío y sabiduría debo asumir que Dios me puso delante suyo sin que para usted medie tal condición. Vaya los destinos y las suertes que nos tiene diseñados el Creador. Por el momento no pienso contradecirlo e ingresar en herejía al campo de su fe, pero considero que en esta oportunidad Dios ha cometido un desafortunado y sospecho que innecesario desliz. Por un lado usted ha sufrido la pérdida de un entrañable y querido aliado, poeta que la colmaba de sortilegios e inéditas satisfacciones emocionales y que le agregó a su vida aquella dosis de poesía que tanto afirmó precisar, sombra a la que le resulta imposible disimular su amor y que por ventura ha decidido partir para que no sea involuntaria testigo de sus desechos y ese permanente estado de melancolía y dolor, pesada carga emotiva que usted no debe ni merece llevar ya que su vida encierra el encanto de la belleza afectiva que bien bocetan sus linderos. Por otro lado, y en mi caso, sufro la amargura de obligarme a olvidarla porque de alguna manera me es cardinal licenciar a este amor y transformarlo en osadía, acaso para proseguir respirando, aunque le confieso que no pocos esfuerzos llevará la empresa. En cambio, y sobre la base de mis no creencias hubiéramos festejado en cuerpo y alma, libres y desprovistos, sin prevenciones, sin balances ni inventarios, diseñando al unísono ese mundo paralelo imprescindible que le permita al amor y a los amantes mantener con vida aquello indomesticable que poseen. Dudo que Dios se hubiera disgustado con usted, es más mi agnosticismo, capaz de leer con intención, intuye que el Todopoderoso, ante la probanza de lo sucedido y con toda magnanimidad, partió sin destino cierto en la búsqueda de un gestor por secreto de confesión…  

Autor: G.M.S
   



6 comentarios:

  1. Me gusta su blog. Suelo ingresar una vez por semana y lo leo como si fuera una revista. Notas de opinión propias y de medios alternativos, cuentos, poesía, música. El nivel y el buen gusto que muestra hace que le perdone su fanatismo kirchnerista.

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    1. Le agradezco pero no es necesario que me perdone. Llevo mi pecado con sumo orgullo

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  2. Es un cuento muy complicado ya que propone muchos temas siendo tan corto. Soy católica, pero tengo las mismas contradicciones. La infelicidad de las personas no creo que sea un deseo de Dios, hay veces que lo ponemos como excusa para sacarnos las responsabilidades de encima.

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  3. El párrafo final es de antología

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