EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

lunes, 22 de febrero de 2016

JUSTICIA POLÍTICA por WILLIAM GODWIN






Mientras si investigamos si el gobierno puede mejorar, sería bueno pensar en sus efectos presentes. Desde hace mucho tiempo se sabe que la historia del género humano no es más que el registro de sus crímenes. La guerra se consideró hasta el momento como aliada de la institución política.
Si el gobierno admite, como la matemática, a la filosofía y la ética, argumento y demostración, podemos con justa razón esperar que los hombres alguna vez se pongan de acuerdo. Las ventajas de la justicia política se comprenderían mejor si consideramos a la sociedad desde un punto de vista más comprensivo. Debemos incluir en el cálculo las instituciones erróneas por las cuales se sofocó con frecuencia el entendimiento humano en su carrera, y también las opiniones de interés público e individual que sólo necesitan ser explicadas con claridad para ser admitidas.
Un gobierno despótico está destinado a volver dóciles a los hombres, y un gobierno libre, a volverlos decididos e independientes.
Si todo ser humano pudiera fácilmente obtener lo necesario para vivir, y luego de ello no sintiese apetencias de persecución de superficial, la tentación perdería poder. El interés privado y el público serían lo mismo, y la sociedad civil se constituirá en lo que la poesía imaginó durante la Edad de oro.
La legislación de cada país, en general, favorece al rico contra el pobre. Ese es el carácter del juego legal por el cual el trabajador sin educación tiene prohibido destruir al que devora las esperanzas de su futura subsistencia o de proveerse de alimento que encuentra, sin buscarlo, en su camino.
No existe característica humana que parezca tan primordial o de tanta importancia para la ciencia moral como la perfectibilidad del individuo. No hay ciencia alguna que no tenga adicciones ni arte que no pueda perfeccionarse.
En ningún pueblo el enemigo de la libertad es la gente, sino sus estratos más altos, que se aprovechan del sistema. Realmente no existe una verdad que convenga ocultar por causas de interés general. El hombre es producto de sus hábitos. Mejorar gradualmente constituye una importante ley de su naturaleza. De ese modo, cuando la comunidad llega a concretar una etapa determinada del progreso, ésta a su vez contribuye a una mayor ilustración del hombre y posibilita así los avances.
Pese a que el político y el filósofo, en sus especulaciones, sostienen la opinión del libre albedrío, nunca piensan aplicarla a su concepción práctica de los hechos.
Un hombre que no osa confiar en su propia imaginación, en su temor a un cambio de circunstancias, ha de ser necesariamente una persona pusilánime y vacilante.
La democracia es un sistema de gobierno del cual todo integrante de la sociedad es considerado exclusivamente hombre. Pero existen desventajas que parecen ser consecuencia necesaria de la igualdad democrática. Uno de los mayores motivos de error en el juicio que se hace a la democracia está en creer que los hombres son tal como los forjaron la monarquía y la aristocracia, y en juzgar inexistente su capacidad de gobernarse a sí mismos.
El camino hacia la perfección humana es sencillo. Consiste en hablar y actuar de acuerdo con la verdad. Proclamar la verdad, sin reservas, siempre, impartir justicia imparcialmente, son normas que, de adoptarse, demostrarán ser las más fecundas.
Siempre que un poder pretende evitarles a los ciudadanos la molestia de pensar por su cuenta, consigue aumentar la torpeza e imbecilidad colectiva. Si mi patria se empeña en una acción injusta serle fiel es un delito. La capacidad de perfeccionarse es característica del espíritu humano. El hombre renuncia a su atributo más elevado cuando adhiere a principios que su conciencia rechaza, aunque antes los hubiera hallado justos. Deja de vivir intelectualmente desde el momento en que se cierra a sí mismo el camino de la investigación. Ya no es un hombre, sino un espectro.
Si la justicia tiene algún sentido, es inicuo que un hombre posea lo superfluo mientras existan seres humanos que no dispongan adecuadamente de los elementos indispensables. Los mayores bienes personales son la independencia espiritual y la actividad alegre que proviene de emplear nuestras energías para crear objetos útiles según nuestro propio juicio.
El resultado del sistema de propiedad establecido es el espíritu de opresión, el de servilismo y el dolo. Y es tan hostil al progreso intelectual como al progreso moral. Para que un objeto sea calificado como de mi propiedad, debe ser necesario para mi bienestar. Mi derecho es inherente a esa necesidad. Es realmente mío lo que requiero para mi uso, el resto, aunque lo consiga trabajando, no me pertenece y retenerlo es una usurpación.


1 comentario:

  1. Si le vas a poner un clip musical yo te propongo "Para quien canto yo entonces".Porque la raiz del problema son los millones de parcialmente educados, falazmente informados e incapaces de entender con claridad lo imprescindiblemente escencial que es para nuestro futuro este tipo de analisis.Brillante lo de W Godwing

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