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sábado, 2 de enero de 2016

Como en anteriores procesos de restauración conservadora y liberal, la capacidad de engaño ha sido proverbial.



La ley y el orden
FRANCISCO BALAZS para Miradas al sur

Quienes argumentaron que el gobierno de Mauricio Macri representaba una nueva derecha, que aprendió de experiencias anteriores, que sería prudente en no arremeter con virulencia revirtiendo la matriz económica y distributiva, que respetaría la legalidad de las conquistas y derechos adquiridos en los últimos doce años, vieron tan sólo en dos semanas cómo la realidad se llevó puesta su ingenuidad. Como en anteriores procesos de restauración conservadora y liberal, la capacidad de engaño ha sido proverbial.
Avanzaron con la batería de argumentaciones falaces de herencias y “tierra arrasada” para justificar el retorno al orden, a poner cada cosa en su lugar, a terminar con los desmadres del populismo.
El gobierno de Macri, es decir, del PRO, y la Unión Cívica Radical, escondidos bajo la entelequia del nombre Cambiemos, han decidido gobernar dando claras señales, inequívocas, de ser la contracara del kirchnerismo en todos los planos, el de las decisiones políticas, económicas y sociales concretas y también en lo simbólico. El andamiaje mediático de los medios hegemónicos aporta de manera sustancial a este objetivo. Es de esperar que sus dispositivos actúen con mayor contundencia y efectividad, cuando en poco tiempo más desguacen los medios públicos que hasta estas horas representaban voces disidentes a las hoy oficialistas. En eso de ir a contramano de todo lo que huela a kirchnerismo y al ideario bajo el que gobernaron Néstor y Cristina, curiosamente asumieron la estrategia de profundizar lo que ellos llamaron grieta durante todos estos años, cargándose cada una de las medidas políticas del kirchnerismo. No es de esperar que el 49% que votó al Frente para la Victoria sienta que lo están convocando a la unidad y al fin de los enfrentamientos cuando se barre con todas las medidas y decisiones políticas que sostuvieron con sus más de 12 millones de votos.
La estrategia de gobierno PRO-UCR lleva igualmente a consolidar un electorado que en gran medida, y desde hace muchos años, aunque no ganaran una elección presidencial, venía pidiendo ajuste y represión, lo que finalmente ahora están haciendo desde el poder.
Desde el año 2003 demandaron poner fin a la protesta social, a la anarquía de los cortes de calles y rutas. Machacaron con el aislamiento internacional y a que el país se encaminaba a ser Argenzuela.
Pidieron mano dura, cárcel y balas para combatir la inseguridad. Bramaron por reducir el gasto público y terminar con los planes sociales para vagos. Pusieron a la inflación en el centro del debate nacional para dar lugar a un ajuste que, sin duda bajará la inflación, a la par del consumo, el poder adquisitivo y el empleo.
El último decreto, bien republicano, para llevarse puesto el Afsca será, para ese electorado, liberar a los medios hegemónicos de los ataques K a la libertad de expresión y poner fin al objetivo populista de pluralizar la palabra. También estarán de acuerdo en “sincerar” los 75.000 empleos que el Ministerio de la Modernización, figura Orwelliana, decidirá calificar en los próximos tres meses en base a la supuesta idoneidad de quienes disponen contratos con el Estado desde los últimos tres años. En tanto, como está sucediendo desde el 22 de noviembre, puertas adentro, el Frente para la Victoria se encuentra en un proceso de reflexión para analizar y comprender las razones de la derrota. Primer paso para, no sólo resistir y aguantar, sino para emprender el camino de regreso al poder.



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